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	<title>fantasia &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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	<description>---TU WEB DE RELATOS ERÓTICOS--- (SOLO MAYORES DE +18 AÑOS)</description>
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	<title>fantasia &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Celos de mi rival&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 12:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Celos de mi rival. Celos: Los celos son la angustia ante la posibilidad de que el objeto del deseo -que no necesariamente es el objeto amado- te sea sustraído por otra persona. Rival: Persona que compite contigo, luchando por obtener un mismo fin o por superarlo. Amante: &#8220;Lo que nos apasiona&#8221;. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Hay veces que las definiciones no concuerdan, no casan con la idea preconcebida que uno tiene de ella, pero en otras ocasiones son un fiel reflejo de lo que sentimos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial;">Celos de mi rival.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial;">Celos:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial;">L<span style="letter-spacing: -0.15pt;">os celos son la angustia ante la posibilidad de que el objeto del deseo -que no necesariamente es el objeto amado- te sea sustraído por otra persona.</span></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial; letter-spacing: -0.15pt;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial; letter-spacing: -0.15pt;">Rival:</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Persona que compite contigo, luchando por obtener un mismo fin o por superarlo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="font-family: Arial;">Amante:</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">&#8220;Lo que nos apasiona&#8221;. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Hay veces que las definiciones no concuerdan, no casan con la idea preconcebida que uno tiene de ella, pero en otras ocasiones son un fiel reflejo de lo que sentimos en lo mas hondo de nuestra mente.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Hoy, tengo que reconocer que tengo celos de mi rival, ese que compite conmigo en la imaginación de mi amante.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Celos enfermizos, angustia brutal que me obliga a recrearme en una auto inflingida tortura. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Estocada hiriente en mi autoestima. Fue brutal oir de sus labios que le gustaba otro. Los cimientos de mi orgullo se tambalearon al escucharla.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Fue un comentario casual, que dejado caer dentro de una larga conversación, me ha hecho reconsiderar que siente ella por mí.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">En la cama es un fiera, tigresa agresiva que busca el placer mutuo. Largas noches de excitación avalan su atracción. No tengo ninguna razón para dudar, que al desnudarse se siente atraída por mí. Sus pezones al igual que su sexo reaccionan en cuanto me acerco, les da igual si es en la oficina, en un restaurante, o en la intimidad de una cama de un hotel. Solo mi proximidad hace que se levanten duros de su letargo y se anegue su cueva. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://images.pornpics.com/1280/201801/18/4327910/4327910_085_00a7.jpg" width="424" height="636">Muchas veces lo he constatado e incluso jugado con esa debilidad. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Unas veces sirviéndome de la vergüenza que siente y aprovechando que su jefe está presente, la he piropeado sabiendo que invariablemente dos pequeños bultos van a aparecer emergiendo paulatinamente a través de la tela de su camisa. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Otras en cambio mi juego es mas intimo como cuando desde mi despacho, contemplando su figura sentada en su mesa, le mando un correo donde le recuerdo como me gusta verla desnuda mientras ella arrodillada rinde culto a mi extensión. No lo puede evitar, al leer mi mensaje, inconscientemente tiene que cerrar sus piernas en un intento de sofocar el incipiente fuego que le nace en su interior.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Entonces, ¿qué le ocurre?.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">No sabe acaso, que aunque han pasado ya cinco años, desde que la tomé por vez primera entre mis brazos, es incapaz de evitar acudir a mi llamada. Que se vuelve loca, solo con que le diga que esa tarde tengo tiempo para ella. Que es adicta a mi cuerpo. Que solo yo entre los millones sé que debajo de su sujetador lleva un pequeño mechón de mi cabello. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Se olvida acaso, de la pasión desenfrenada que le provoca una caricia de mis manos. De lo mal que se siente, cuando estamos solos y no le hago caso. De cómo es la primera en ofrecerse voluntaria para acompañarme en un tedioso viaje de trabajo. De cómo nada mas traspasar mi puerta, se despoja de su ropa y busca el placer que sabe que yo solo le otorgo.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Entonces, ¿por qué su subconsciente la delató al acudir a esa exposición de arte?. ¿por qué se quedó petrificada al verlo?, ¿por qué solo con pararse a su lado, su pulso se acelera?. ¿por qué me obligó a permanecer a su lado, mientras con la boca abierta no dejaba de babear al contemplarlo?.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Tengo celos, celos brutales. Me gustaría con una tijeras agujerearlo de arriba abajo, apuñalarlo repetidamente hasta esparcir sus restos por toda la calle. Quemarlo, destrozarlo, pisotearlo, hacerle desaparecer de la memoria de mi amante. </span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">Estoy loco, profundamente loco.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<div><span style="font-family: Arial;">No es posible pero estoy celoso.</span></div>
<div><span style="font-family: Arial;"><!-- [if !supportEmptyParas]--><!--[endif]--></span></div>
<p><span style="font-family: Arial;">Celoso de un cuadro, metro cuadrado de lienzo que ha conseguido dejarme en un segundo plano. Ya no soy lo más bello, ya no soy lo único, al lado de ese Kandinssky soy una bazofia. Y lo peor, lo que mas me encorajina es que en cincuenta años, habrá otras amantes que babearan al contemplarlo, mientras a mí, si Dios me los da, solo mis hijos se acordarán que he existido.</span></p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://images.pornpics.com/1280/201801/18/4327910/4327910_134_a610.jpg" width="569" height="379"></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La mejor amiga de mi hija y la criada luchan por mi FIN&#8221; (POR GOLFO)</title>
		<link>https://pornografoaficionado.com/relato-erotico-la-mejor-amiga-de-mi-hija-y-la-criada-luchan-por-mi-fin-por-golfo</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Sep 2026 08:50:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[no consentido]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[28 Con todo listo, Estefany usó un teléfono recién comprado para llamar a Ricardo y quedar en verse. El que durante años había fungido como su padre quiso quedar con ellos en su oficina para negociar. La chavala se negó y propuso verse en un lugar público por miedo a que los intentara secuestrar.&#160; Tras un breve tira y afloja, se citaron en el santuario de Monserrate. Fue la propia colombiana la que propuso ese sitio al saber que a Ricardo le molestaría. Que un nigromante como él aceptar pisar ese templo la descolocó e incapaz de cambiar de opinión, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h1 class="wp-block-heading">28</h1>



<p>Con todo listo, Estefany usó un teléfono recién comprado para llamar a Ricardo y quedar en verse. El que durante años había fungido como su padre quiso quedar con ellos en su oficina para negociar. La chavala se negó y propuso verse en un lugar público por miedo a que los intentara secuestrar.&nbsp; Tras un breve tira y afloja, se citaron en el santuario de Monserrate. Fue la propia colombiana la que propuso ese sitio al saber que a Ricardo le molestaría. Que un nigromante como él aceptar pisar ese templo la descolocó e incapaz de cambiar de opinión, se preguntó el por qué y al colgar, exteriorizó a los demás sus sospechas. &nbsp;Como Gonzalo y Antía no lo conocían, lo primero que tuvo que hacer fue explicarles que se hallaba en lo alto de una montaña desde la que se contemplaba Bogotá y que había varias formas de acceder, pero las dos más usadas era por medio de un funicular o subiendo a un teleférico.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿No se puede ir andando? ― &nbsp;quiso saber la pelirroja.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Diana fue la que contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― Por poder, se puede. Pero el camino es durísimo y entre otras cosas, son más de 1.100 escalones. Piensa que la altura del cerro es de 3.152 metros sobre el mar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ejecutivo desestimó de inmediato la opción de ir caminando y centrándose en la angustia de la morena, le preguntó qué era lo que temía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― No es lógico que haya accedido a vernos ahí. En suelo sagrado, se sentirá fuera de lugar al no poder hacer uso de sus poderes.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabiendo que sus propias palabras ratificaban que Monserrate era una elección correcta y al no poder dar una razón a sus recelos que sonara convincente, se decidió continuar con el plan cuando Antía sugirió adelantar la marcha y salir de inmediato para así no darle tiempo de preparar una emboscada. A pesar del horrendo tráfico de esa mañana, llegaron con hora y media de adelanto a la base del funicular.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/316/83355995/83355995_004_45fd.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― Tenías razón al decir que ir a pie era una locura― &nbsp;Gonzalo comentó a su nueva pupila cuando el tren comenzó a subir por la empinada cuesta que daba acceso a Monserrate y comprobó lo empinado de su cuesta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― Son casi quinientos metros de desnivel y dos kilómetros y medio de distancia.</p>



<p>A pesar de hallarse en buena forma, el ejecutivo respiró por no tener que enfrentarse a esa subida y con interés se puso a observar a la mezcla de peregrinos y turistas que iba con ellos en el vagón. En particular se centró en descubrir si alguno podía ser un agente de Ricardo y aliviado decidió que al menos en ese momento estaban a salvo al no ver nada que le indicara peligro. Por eso, se puso a disfrutar de las vistas de la ciudad. Al hacerlo comprendió el motivo por el que ese cerro es uno de los mayores atractivos de Bogotá, pero también que se estaba metiendo en la boca del lobo:</p>



<p>«Es una ratonera. Solo hay una salida», pensó mientras en compañía de sus mujeres bajaba del funicular.</p>



<p>Preocupado buscó una ruta alternativa por la que huir en caso necesario. Al no encontrarla, desistió y trató de tranquilizarse observando a Estefany y a Antía. Conscientes del peligro al que se iban a enfrentar y siguiendo el plan que habían elaborado, bruja y meiga estaban preparando el terreno colocando unos hatillos de hierbas a la entrada del templo que hiciera imposible cualquier tipo de magia, incluso la suya. Cuando le contaron sus intenciones, no lo entendió. Y para dar el visto bueno a esa maniobra que le parecía sumamente arriesgada al dejarlas sin poderes, le tuvieron que convencer que era lo más sensato.</p>



<p>― Aunque es una toma de contacto, es mejor que seamos precavidos y no darle oportunidad de lanzarnos un hechizo― &nbsp;la que había sido su criada comentó.</p>



<p>No muy de acuerdo, reconoció su inexperiencia y poniéndose en sus manos, aceptó que lo hicieran a pesar del riesgo que enfrentarían al asumir que con tanta gente era imposible que intentara secuestrarlos. Sin otra cosa que hacer, se acercó a ver al Jesucristo que se veneraba en esa iglesia. La belleza de esa talla barroca lo envolvió y fijándose en el realismo de sus heridas, temió que ese malnacido hubiese torturado a su hija.</p>



<p>― La salvaremos― leyendo sus pensamientos, Diana susurró a su lado.</p>



<p>Girándose hacia ella, vio en sus ojos una adoración cercana a la idolatría y quizás por primera vez comprendió lo que ellos representaban para esa joven.</p>



<p>«Tras tantos años buscando alguien a quien aferrarse, nos ve cómo el ancla que evitará que su vida siga dando tumbos», meditó molesto por haber embarcado a la rubia en ese fregado mientras sin darse cuenta le acariciaba una mejilla.</p>



<p>El sollozo de placer que brotó de su garganta lo dejó pasmado porque en su interior estaba convencido que la atracción que sentía la chavala era producto de su don recién descubierto. Cómo en teoría estaban en medio de una burbuja libre de magia, creyó que de algún modo habían fallado los esfuerzos de sus acompañantes al respecto y acercándose a Estefany, se lo comentó.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/316/83355995/83355995_007_f4ea.jpg" alt="" width="472" height="315"/></figure></div>


<p>― ¡Por dios! ¿Todavía no te crees que tus niñas puedan estar enamoradas de ti? ― &nbsp;contestó desternillada.</p>



<p>&nbsp;Tan segura estaba de la efectividad de sus conjuros que, al ver que seguía dudando, le pidió que intentara influir en alguien como había hecho en el avión.&nbsp; Buscando un candidato a su alrededor, se fijó en un monaguillo que estaba limpiando el altar.</p>



<p>«Deja todo y vete a ver al cura», pensó.</p>



<p>El nulo efecto de sus intentos apaciguó sus temores, pero creó otros nuevos. Aceptando al fin que las tres mujeres bebieran los vientos por él, se sintió abrumado por la responsabilidad que eso acarraría sobre sus hombros. Temblando de ira, supo que debía de dejar aparcado el tema hasta que liberaran a Patricia y por ello, se puso a repasar en silencio cómo habían previsto vencer a su enemigo.</p>



<p>«Ese cabrón desconoce lo que soy capaz de hacer y así debe continuar», se dijo para que Ricardo se centrara en atacarlas a ellas y así tener la oportunidad de sorprenderle.</p>



<p>Más calmado, buscó alivio en sus creencias religiosas y se puso a rezar al yaciente Cristo en busca de su intersección.</p>



<p>«Patricia es inocente y no se merece lo que le ocurre», suspiró mientras se ofrecía a tomar su lugar: «Estoy dispuesto a morir para que ella se salve», concluyó mientras se levantaba del reclinatorio.</p>



<p>Al contemplar en su reloj que todavía faltaban tres cuartos de hora para la cita, se sintió agobiado entre esas cuatro paredes y con el corazón encogido, decidió salir a tomar aire. Sus prisas no le dejaron advertir que la rubia se había levantado tras él hasta que fuera de la iglesia se le acercó y le preguntó qué le pasaba:</p>



<p>― No lo sé, pero no dejo de pensar que Estefany tenía razón cuando decía que esto es una encerrona― &nbsp;respondió mientras desde el promontorio observaba a los peregrinos subir por la cuesta.</p>



<p>Fue entonces cuando reparó en dos grupos de hombres cuyo aspecto resaltaba sobre el resto y es que a pesar de no ir uniformados le resultó evidente que no traían buenas intenciones al ver que llevaban chaqueta a pesar del calor que hacía y que todos estaban cortados por el mismo patrón.</p>



<p>«Parecen militares», sentenció observando el ritmo con el que ascendían sin que la caminata les hiciera mella y asumiendo que bajo sus ropas llevaban armas, pidió a Diana que volviese al templo y avisara a sus compañeras que habían caído en una trampa.</p>



<p>Al quedarse solo, Gonzalo comprendió que debía darles tiempo para que pudiesen huir y por eso, en vez de esperarlas, decidió sacrificarse acudiendo al encuentro de sus adversarios. Todavía no se había entregado a la gente de Ricardo cuando a su espalda oyó los gritos de sus mujeres rogándolo que volviera.</p>



<p>― Os quiero― &nbsp;mirándolas respondió mientras cuatro sicarios caían sobre él.</p>



<p>Totalmente desolada, Antía observó cómo maniataban a su adorado y reaccionando, obligó al resto a tomar el funicular antes de que el resto de sus enemigos llegara al promontorio.&nbsp; Una vez se cerraron las puertas del atestado furgón se sintieron a salvo, pero pronto descubrieron su error cuando un par de tipos que los acompañaban se pusieron unas máscaras antigases mientras lanzaban una bomba de humo en su interior.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/316/83355995/83355995_021_372c.jpg" alt="" width="493" height="329"/></figure></div>


<p>«Nos han capturado», la gallega alcanzó a pensar antes de perder el conocimiento&#8230;</p>



<p>Un par de horas después, las tres muchachas despertaron atadas en un salón. Estefany fue la única que reconoció la estancia y supo que se hallaban en la hacienda donde había pasado su niñez. Todavía aturdida, intentó librarse de sus ataduras y tras comprobar que no podía zafarse de ellas, descubrió que ese maldito había aprovechado para despojarlas de sus ropas. Sabiendo que el brujo buscaba con ello que se sintieran humilladas, mantuvo la entereza mientras escuchaba los lloros de Diana y queriendo que reaccionara, le susurró que no se dejara intimidar por su desnudez:</p>



<p>― Desnuda, eres todavía más bella.</p>



<p>La azafata la miró sin comprender la razón de sus palabras, pero al menos dejó de llorar. Durante muchos minutos, permanecieron postradas sin que ninguno de sus captores apareciera en escena y eso lejos de tranquilizarlas, incrementó su desasosiego al asumir que quizás Gonzalo estuviera muerto. Por eso cuando de improviso se abrió la puerta y vieron cómo dos hombres entraban llevando a su amado, se sintieron aliviadas a pesar de ser notorio que había sido torturado y que apenas se podía mantener en pie.</p>



<p>― Está vivo― &nbsp;sollozó Antía sin reparar en la llegada de su enemigo acompañado de Patricia y de una joven negra.</p>



<p>― Por poco tiempo― &nbsp;rugió satisfecho el nigromante mientras se acercaba a ellas.</p>



<p>A pesar de la difícil situación en que se hallaba, la meiga tuvo los arrestos de observar a la hija del que consideraba su marido y supo al ver su cara que venía drogada. Asumiendo que nada podía esperar de ella, miró a la desconocida que la acompañaba y por su vestimenta comprendió que era la sumisa de ese maldito.</p>



<p>«Debe ser su favorita», en silencio, decidió viéndola como otro enemigo.</p>



<p>Esa sensación se incrementó al contemplar la tranquilidad que mostró cuando Ricardo se acercó y se puso a valorarla como si fuera ganado:</p>



<p>― Antonella, ¿qué te parecen las hembras que he apresado? ¿Crees que se merecen un lugar en mi cama? ― &nbsp;preguntó mientras le manoseaba los pechos.</p>



<p>― Amo, son muy guapas. Seguro que sabrá darles buen uso― &nbsp;la escuchó decir mientras se arrodillaba a sus pies.</p>



<p>El colombiano recogió su respuesta desternillado y dejándola en paz, centró su atención en la rubia. Diana gritó despavorida al ser puesta en pie:</p>



<p>― Por favor, nada tengo que ver con ellos.</p>



<p>La traición que denotaban sus palabras engañaron al nigromante y queriendo saber quién era y por qué estaba con sus enemigos, se lo preguntó:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/316/83355995/83355995_006_4a9f.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― Soy la azafata que les sirvió en el vuelo. Le reitero que no sé qué ocurre aquí y solo quiero volver a casa.</p>



<p>Dando por cierta esa afirmación, se olvidó de ella y centrándose en la muchacha que había educado, le pidió que le traspasara voluntariamente sus poderes.</p>



<p>― Jamás. ¡Antes prefiero la muerte! ― &nbsp;desde el suelo, contestó Estefany.</p>



<p>― Eso no es incompatible― &nbsp;muerto de risa, respondió el que había sido como su padre y repitiendo la pregunta, le hizo la misma oferta a Antía.</p>



<p>Tal y como anticipó, la meiga negó saber de lo que hablaba.</p>



<p>― ¿Crees que no sé quién eres? ― &nbsp;cuestionó sin dar la mínima importancia a su respuesta.</p>



<p>― Soy solo la criada de Gonzalo― &nbsp;insistió mientras intentaba mandarle un sortilegio que lo incapacitara.</p>



<p>Para desgracia de la gallega y a pesar de la fuerza que imprimió al hechizo, esté solo hizo tartamudear al nigromante.</p>



<p>― Cómo no tardarás en darte cuenta las sogas que te mantienen inmóvil están bañadas en sangre de recién nacido y eso hace imposible tu ataque.</p>



<p>Asustada hasta el tuétano, la pelirroja comprendió que no mentía y que por tanto nada podía esperar de su magia. A pesar de saberse indefensa, no quiso darle el placer de que la viera indefensa y revelando su naturaleza, le aseguró que, si la mataba su madre, vengaría su muerte.&nbsp;</p>



<p>― No creo que ni todo el aquelarre en pleno pueda hacer nada contra mí cuando tenga vuestros dones― &nbsp;comentó de vuelta este mientras comenzaba a vaciar sobre sus cuerpos una vasija.</p>



<p>Tanto Estefany como ella se percataron de inmediato de la clase de líquido que estaba derramando sobre ellas:</p>



<p>― Veo que habéis reconocido el aroma de Patricia― &nbsp;rugió el maldito al ver sus caras mientras se desnudaba: ― Como ambas la habéis amado, usaré su flujo para arrebataros vuestros dones.</p>



<p>Ninguna de las dos puedo hacer nada por evitar que el malnacido se acercara y que, cogiendo en primer lugar a la morena, de un solo empujón hundiera su pene en ella.</p>



<p>― Maldito degenerado, ¡soy tu hija! ― &nbsp;chilló mientras el hombretón comenzaba a cabalgarla.</p>



<p>― ¡Sabes que no! Y aunque así fuera, sería lo mismo― &nbsp;replicó eufórico el brujo sin dejar de acuchillarla con su estoque.</p>



<p>El asco de Estefany al ser violada no evitó que su cuerpo reaccionara y que contra su voluntad el placer llamara a su puerta cuando en su mente se vio amada por Gonzalo.</p>



<p>― Resiste― &nbsp;le gritó Antía: ― Estás bajo el influjo de un sicótico. No es nuestro marido quien te está poseyendo.</p>



<p>Esa advertencia no sirvió de nada porque para la morena quien la tenía sujeta y la poseía era el padre de Patricia:</p>



<p>― Amor mío― &nbsp;sollozó mientras se corría.</p>



<p>Ese brutal orgasmo asoló sus defensas y gozando la ilusión de estar en brazos del hombre que amaba, nada pudo hacer para evitar que sus poderes fueran fluyendo a través del miembro que tenía incrustado en su interior.</p>



<p>― ¡Ya son míos! ― &nbsp;gritó satisfecho el nigromante al ir acumulando con cada penetración un porcentaje de los mismos y por ello siguió violándola hasta que notó que se los había drenado por completo.</p>



<p>Entonces y solo entonces, centró sus atenciones en la pelirroja. La cual trató de mantenerse cuerda cuando separándole las rodillas notó que los pliegues de su coño eran cruelmente forzados.</p>



<p>― Conmigo no te será tan fácil― &nbsp;sollozó intentando postergar lo inevitable.</p>



<p>El nigromante ni siquiera se tomó el esfuerzo de rebatir sus palabras y llevando la cara entre sus tetas, comenzó a morderle los pezones mientras se apoderaba de ella. La brutalidad de su tortura la hizo aullar e intentando que Gonzalo se despertara, le pidió ayuda. Supo que además de sus heridas, su amado estaba impedido por un hechizo cuando sonrió al ver que su enemigo la estaba violando.</p>



<p>La desesperación cundió en ella con esa sonrisa y sintiendo que su cuerpo era pasto de las llamas, hizo un último esfuerzo por mantener la cordura.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/316/83355995/83355995_024_21e7.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«Debo concentrarme y no dejarme llevar», meditó asustada al sentir que la humillación se iba convirtiendo en gozo y que, contra su voluntad, la excitación la estaba dominando sin remedio.</p>



<p>― Madre, ¡auxilia a tu hija! –inútilmente imploró mientras todas las células de su cerebro se sumían en el placer.</p>



<p>Ese lamento anunció al brujo su derrota y acelerando la velocidad con la que penetraba en ella, aulló satisfecho al sentirla inminente.</p>



<p>― ¡Dios! ¡Qué poderosa es esta zorra! ― &nbsp;exclamó con alegría al experimentar que a pesar de sus intentos los dones mágicos de la pelirroja iban fluyendo hacia él.</p>



<p>El empujón que llevó a su completa claudicación fue observar a Gonzalo besando a Diana como si su destino no le importara. Vencida y exhausta, nada pudo hacer para contener el trasvase de sus poderes y como una cáscara vacía se derrumbó en el suelo mientras oía a su agresor exigiendo a la rubia que se acercara al que iba a ser su nuevo dueño.</p>



<p>Dejando de lado a Gonzalo, Diana acudió a su mandato maullando como gata en celo. Ricardo estaba eufórico y sin haber asimilado todavía lo que había arrebatado a sus legítimas dueñas, no vio nada extraño en que la azafata se le ofreciera voluntariamente poniéndose a cuatro patas. La belleza de ese trasero despertó su lujuria y a pesar de haber poseído a dos mujeres antes, hundió su erección entre esas blancas nalgas.</p>



<p>― Fóllame― &nbsp;rugió Diana al sentir su sexo horadado.</p>



<p>La entrega de la muchacha debió de alertarle, pero era tal su estado de euforia que no vio el peligro que entrañaba y afianzándose en sus pechos, comenzó a poseerla con fiereza.</p>



<p>― Hazme tuya― &nbsp;suspiró la rubia como si su vida dependiera de ello cuando notó como el glande del colombiano rellenaba su vagina.</p>



<p>Impresionado por la presión que ese coño ejercía sobre su pene, la obligó a cambiar de posición y que ella misma se empitonara dejándose caer sobre él. Nuevamente, la joven no puso reparo alguno en obedecer y empalándose, comenzó a mover sus caderas al ritmo que le marcaba.</p>



<p>― ¡Qué maravilla! ― &nbsp;Ricardo suspiró al sentir el interior comenzaba a ordeñarlo de una manera jamás sentida.</p>



<p>Excitado como hacía años que no recordaba, el brujo se apoderó con los dientes de sus pechos cuando la rubia se los ofreció como ofrenda y fue entonces cuando se percató del peligro, pero incapaz de contener la lujuria siguió poseyéndola a pesar de ya ser consciente de su verdadera naturaleza.</p>



<p>― Eres un súcubo― &nbsp;chilló sin dejar de martillear su interior.</p>



<p>― Lo soy. Y tú eres mi víctima― &nbsp;la escuchó decir mientras incrementaba la velocidad de su galope.</p>



<p>Indefenso ante ella, Ricardo notó desde el principio como Diana iba drenando sus fuerzas y experimentado en carne propia lo que habían sentido Antía y Estefany nada pudo hacer por contener la marea que salía de su cuerpo.</p>



<p>― No pares de follarme― &nbsp;ordenó la azafata mientras trataba de absorber la energía que iba fluyendo hacia ella.</p>



<p>Obedeciendo a su dictado, usó sus manos para forzar el contacto con ese ser, aunque sabía que ello conllevaría su muerte y gozosamente aceptó su destino. Lo que la joven nunca previó fue ser incapaz de contener en su interior los dones que le estaba robando y cuando creía que iba a colapsar y que sus neuronas iban a terminar siendo incineradas, recordó la presencia de Gonzalo:</p>



<p>― Ámame- le pidió llamándolo a su lado.</p>



<p>Como un autómata sin voluntad, el maduro se colocó tras ella y separando sus cachetes, sumergió su pene en el rosado esfínter de la muchacha. Nada más traspasar las fronteras de su trasero, Gonzalo despertó del sueño y comprendiendo qué era lo que ocurría aceleró las incursiones mientras llorando de alegría Diana agradecía su ayuda.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/316/83355995/83355995_029_39b1.jpg" alt="" width="467" height="311"/></figure></div>


<p>― Posee a tu mujer y toma su regalo― &nbsp;rugió la chavala al sentir sus dos entradas horadadas mientras le traspasaba la energía que estaba arrebatando al malnacido.</p>



<p>El vigor del cincuentón le permitió ir asimilando los dones que estaba recibiendo y con nuevas ansias siguió galopando sobre ella con decisión.</p>



<p>― Mi señor, mi patriarca, mi amor― &nbsp;sollozó la de Bogotá agradecida al notar que la tensión de su interior iba menguando hasta hacerse soportable.</p>



<p>Mientras su adversario y ese engendro disfrutaban, Ricardo se iba consumiendo poco a poco. Pero curiosamente eso no le importó y vio en esa forma de sucumbir algo sublime. Lo que ni él, ni Gonzalo o Diana previeron fue que cuando daba su último aliento Antonella se acercara y sacando un estilete, se lo hundiera a su antiguo amo en el corazón diciendo:</p>



<p>― No te mereces morir de placer, sino como el cerdo que fuiste en vida.</p>



<p>El fallecimiento de su adversario los devolvió a la realidad y viendo el estado de Antía y de Estefany quisieron recargarles las baterías amándolas. Pero cuando las estaban liberando de sus ataduras, Doña Mariana hizo su aparición:</p>



<p>-Alejaos de ellas.</p>



<p>A pesar de no saber quién era, ambos obedecieron y encarándose a la recién llegada, se prepararon para el combate pensando que era otra adversaria. La fantasma se echó a reír al ver su valentía y presentándose como amiga, les hizo saber Antía y Estefany habían cambiado:</p>



<p>― Esas damiselas has perdido sus poderes. Si yacéis con ellas, sería su fin. Ninguna de las dos podría soportar la experiencia y les drenaríais las pocas fuerzas que les quedan.</p>



<p>― ¿Hasta cuándo? ― &nbsp;preguntó Gonzalo confiando que al recuperarse todo volviera a la normalidad.</p>



<p>El espectro respondió:</p>



<p>― Jamás volverán a ser quienes fueron. Es mejor que os hagáis a la idea y las dejéis irse en paz y que se consuelen entre ellas. Si no lo permitís, os terminarán odiando ya que vuestra presencia les recordará lo que perdieron.</p>



<p>La sentencia que acababan de oír cayó como una granada en ambos y mirando a las convalecientes, prefirieron no arriesgarse cuando Antonella se ofreció a cuidarlas.</p>



<p>― Sé que mi dueña estará de acuerdo cuando se reponga de las drogas que circulan por su cuerpo― &nbsp;comentó señalando a Patricia que seguía con la mirada perdida sin enterarse de nada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Impresionados por el amor que leyeron en los ojos de esa negrita, comprendieron que no les quedaba más que despedirse y acercando a las antiguas brujas quisieron hacerlo con un beso. Pero al rozar Diana con los labios la frente de Antía, la pelirroja palideció al sentir que le costaba hasta respirar.</p>



<p>― Diana, mejor nos vamos. Ya tendremos tiempo de hablar con ellas― &nbsp;le aconsejó el que ya era algo más que su patriarca.</p>



<p>Al girarse hacia él, la rubia descubrió que el maduro había desaparecido y que era un hombre joven quien le tendía la mano.</p>



<p>― ¿Cómo es posible? ― &nbsp;preguntó mirando a la fantasma.</p>



<p>― Cuando matasteis al criollo, tu hombre y tú habéis heredado su longevidad. Os espera una existencia larga. Solo os advierto que no malgastéis los siglos que compartiréis juntos causando el mal sino ejerciendo el bien, o volveremos a vernos― &nbsp;contestó la difunta antes de desaparecer entre brumas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conscientes de la losa que había caído sobre ellos, Gonzalo tomó de la cintura a Diana y juntos salieron de la habitación para no volver jamás a las vidas de las mujeres que dejaban en esa hacienda.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Dónde te apetece ir? ― &nbsp;preguntó el muchacho a su pareja.</p>



<p>―&nbsp; Donde quiera mi amado brujo&#8230;.</p>



<p class="has-text-align-center">FIN</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/316/83355995/83355995_032_56f4.jpg" alt="" width="567" height="378"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La mejor amiga de mi hija y la criada luchan por mi 10&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Sep 2026 07:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
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					<description><![CDATA[Tras haber sido violada, Patricia no se quejó cuando el magnate la encerró en una habitación. Al contrario, vio en quedarse sola una liberación. Agotada y desolada, se acercó al pequeño catre y tumbándose en él, comenzó a preguntarse de quién era la voz que había escuchado en su cerebro y que tanto la había consolado. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Ya me conoces― oyó nuevamente en su interior. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Confusa, abrió los ojos para comprobar que nadie le acompañaba. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―No es así, pero gracias― suspiró creyendo que era producto de su imaginación. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Una carcajada retumbó en su mente: &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ― ¿Tan [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Tras haber sido violada, Patricia no se quejó cuando el magnate la encerró en una habitación. Al contrario, vio en quedarse sola una liberación. Agotada y desolada, se acercó al pequeño catre y tumbándose en él, comenzó a preguntarse de quién era la voz que había escuchado en su cerebro y que tanto la había consolado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ya me conoces― oyó nuevamente en su interior.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confusa, abrió los ojos para comprobar que nadie le acompañaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No es así, pero gracias― suspiró creyendo que era producto de su imaginación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una carcajada retumbó en su mente:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Tan fugaz es tu memoria que has olvidado a la dama que te amó en la morada de tu progenitor?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tú no eres Antía― replicó al fantasma que le hablaba en su mente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ciertamente no lo soy, pero eso no significa que tu bello ser no haya sido objeto de mis lisonjas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La joven cautiva se quedó pasmada al reconocer el anticuado modo de expresarse con el que se dirigía a ella y extrañamente tranquila, contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Sigo sin saber quién eres, pero gracias. Tu ayuda me permitió soportar la tortura.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mi pequeña damisela, solo te puedo decir que soy tu amiga y que siempre me tendrás a tu vera cuando lo requieras.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa voz consiguió calmar sus nervios y abriéndose a ella, preguntó qué quería ese hombre de Estefany.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El criollo es un ser aborrecible carente de sentimientos que anhela para sí los dones mágicos de esa dulce criatura.</p>



<p>― ¿Dones mágicos? Pero si es una chavala normal.</p>



<p>―Te equivocas, mozuela. Estefany es bruja desde niña. Por la herencia recibida de sus antepasados, dispone de grandes poderes.</p>



<p>&nbsp; Aunque su torturador ya se lo había comentado y no tenía motivos para dudar ella, Patricia seguía sin creerlo. Le parecía imposible que su amiga fuera capaz de realizar magia y más aún que se lo hubiese ocultado.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/17958654/17958654_005_ffb8.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―Me hubiese dado cuenta. La conozco desde hace años y nunca le vi realizar nada extraordinario.</p>



<p>―Te comprendo, pero piensa en las veces que estabas triste y esa joven te llamó para consolarte sin necesidad de que le dijeras nada. Medita sobre todas las ocasiones en las que de improviso tus problemas desaparecieron después de estar con ella. Estefany lleva protegiéndote desde que la conoces.</p>



<p>Sus palabras le hicieron pensar en Manuel, su antiguo novio y por primera vez dio credibilidad a la mujer que le hablaba. Ya dudando, se pudo a meditar sobre las personas que habían sido importantes en su vida y tras pensar en su padre, fijó su atención en su adorada pelirroja.</p>



<p>―Antía también me ha ayudado siempre― susurró.</p>



<p>―Lo sé. A través de ella he llegado a ti y si consigo hablarte a través de los siglos mediante el vínculo que nos une.</p>



<p>―No entiendo. ¿Por qué dices a través de los siglos? ― preguntó justo cuando se abría la puerta de la habitación.</p>



<p>La entrada de una mulata vestida como una mucama de antaño cortó el contacto y disimulando su turbación, prestó atención a la recién llegada que en silencio se acercaba a ella. La trasnochada vestimenta de la morena no impidió que Patricia se percatara de su belleza y que esas ropas no podían ocultar unas atrayentes y voluptuosas curvas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―El amo me ha ordenado que la prepare para la cena― murmuró la chavala mientras la ayudaba a incorporarse.</p>



<p>Intimidada por su propia desnudez, Patricia dejó que la llevara hasta el baño y tapándose los pechos, quedó de pie mientras la empleada de Ricardo llenaba el Jacuzzi. Ésta, tras comprobar que el agua estaba a la temperatura ideal, fue a por la muchacha y tiernamente le tendió la mano para que se apoyara en ella mientras entraba en la bañera.</p>



<p>―Gracias― musitó la joven extrañada de que alguien en esa casa fuese dulce con ella.</p>



<p>Al entrar al agua, los arañazos producto de las penurias a la que había sido sometida comenzaron a escocerle y no pudo evitar comenzar a llorar.</p>



<p>―Tranquila, señorita― consciente de que esas heridas eran resultado de la lujuria de su dueño, comentó la mulata mientras usaba una esponja para enjabonarla: ―Deje que su Antonella la mime.</p>



<p>&nbsp;Cortada por esas imprevistas caricias, permaneció inmóvil sin levantar la mirada. En su fuero interno temía que la actitud serena de la mujer fuera otra manera que Ricardo hubiese organizado antes de volverla a torturar. Ajena al miedo que lucía en sus ojos, la mulata siguió cuidándola con ternura mientras de reojo observaba que los pechos de Patricia eran imponentes a pesar del maltrato y contra su voluntad, sintió que las aureolas rosadas de la joven pedían a gritos ser besadas. Asumiendo que si lo hacía sería castigada, siguió admirándola mientras le pedía que se relajara. La joven cerró los ojos al escucharla y eso le permitió reparar en la hermosura del monte que escondía entre las piernas.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/17958654/17958654_051_bc33.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>«Es precioso», escandalizada con la atracción que sentía, pensó al comprobar que lo llevaba exquisitamente depilado.</p>



<p>La mulata se había convertido en bisexual bajo el dominio de su amo y tuvo que reconocer que la hembra que estaba bañando la atraía y solo el miedo que tenía a don Ricardo evitó que ansiosamente se lanzara a devorar ese sexo, que estaba tan cerca, pero a la vez tan lejos.</p>



<p>«Pobrecilla», pensó sabiendo que esa noche la niña que estaba aseando iba a ser el juguete con el que el dueño de la hacienda satisficiera su lujuria.</p>



<p>Eso le hizo recordar el funesto día en que la compró y la cruel forma en que la abusó de ella durante semanas hasta que se cansó de ella.</p>



<p>«Va a necesitar todo el consuelo que pueda darle», se dijo mientras inconscientemente se ponía a recorrer con la esponja los muslos de la española.</p>



<p>Para entonces, Patricia estaba disfrutando del baño y de las tiernas caricias de la mulata. Desde que había descubierto que las mujeres le gustaban, siempre había tenido la fantasía que una la masturbara en el agua, pero el terror a su reacción evitó que se lo pidiera cuando como una descarga eléctrica sintió como la mano de la mulata recorría su sexo al enjabonárselo.</p>



<p>«No debo excitarme», murmuró para sí totalmente aterrorizada.</p>



<p>La temperatura del agua había conseguido calmarla, relajarla, pero el contacto de las manos de Antonella había avivado su deseo. Se volvía a sentir la mujer que había sido antes de caer en manos de ese maldito, con sus apetitos y sus deseos, una mujer que usaba y disfrutaba del sexo. Por ello, no pudo evitar un gemido cuando en su imaginación vio a esa mujer entreteniéndose con sus pechos antes de acomodarse entre sus piernas.</p>



<p>«Está solo cumpliendo órdenes», insistió sospechando que bajo la profesionalidad con la que la bañaba, la morena escondía una sensualidad encubierta.</p>



<p>Temblando ya excitada, soportó como un suplicio el resto del baño y aliviada, obedeció cuando la criada le pidió incorporarse y salir de la tina. Ya de pie, intentó esconder su calentura mientras la secaba. Pero la suavidad de la toalla al recorrer su piel, el aliento de la criada al agacharse entre sus piernas, hicieron que la humedad inundara su cueva. Lejos quedaba la humillación y el dolor sufridos, diluidos por su deseo, por la necesidad de ser tocada, de ser amada por esos labios gruesos que la consolaban, separó los muslos. Cualquiera que hubiese contemplado la escena, hubiese caído en que ambas deseaban lanzarse en brazos de la otra y que temerosas de dar el primer paso, la dos estaban preparadas para amarse.</p>



<p>Con Patricia ya seca, Antonella no podía prolongar el placer que sentía viéndola y acariciándola desnuda, por lo que cogiendo de un cajón un camisón de un cajón, se lo empezó a poner. La muchacha levantó los brazos para facilitar su maniobra, pero sin querer su pecho golpeó la cara de la criada al hacerlo. La criada tuvo que cerrar sus piernas, para que su deseo siguiera siendo algo privado y que la joven no supiera de su calentura. Pero la suavidad de esos senos blancos sobre su mejilla, provocó &nbsp;que soñara con abalanzarse sobre ella y tumbándola en la cama como una loca apoderarse de su sexo. El miedo que tenía a la reacción de dueño de la hacienda si se enteraba, la convenció de no intentarlo y con el sudor recorriéndole la piel, la sentó en frente de un espejo, y empezó a peinarla.</p>



<p>«Si me entrego a ella, el amo nos castigaría a las dos», pensó mientras el cristal le devolvía la imagen de un escote que además de mostrar la rotundidad de sus formas, transparentaba el color rosado de sus areolas.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/17958654/17958654_061_4e47.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>El llanto de la joven que estaba acicalando la devolvió a la realidad:</p>



<p>― Señorita ¿por qué llora? ― &nbsp;preguntó sin esperar respuesta al saber perfectamente qué le ocurría, qué provocaba su desamparo.</p>



<p>― Le odio― &nbsp;contestó la muchacha, comparando el trato que había recibido de su captor y el que le estaba dando esa criada.</p>



<p>― Por favor, contrólese. No debe oírla― apiadándose de ella, musitó en voz baja la mulata: ―Si la escucha, la hará sufrir. ¡Lo sé en carne propia!</p>



<p>Consciente de que sería así y que ese malnacido aprovecharía su debilidad para torturarla, dejó de llorar y preguntó:</p>



<p>― ¿Desde cuándo estás en su poder?</p>



<p>Aunque sabía que no debía de contestar, Antonella decidió ser honesta con la chiquilla porque, al fin y al cabo, ambas iban a compartir un destino común:</p>



<p>―Tenia dieciséis años cuando me compró al hombre que creí que era mi novio. Llevo sirviendo en su casa y siendo de su propiedad desde entonces.</p>



<p>Patricia, la miró desconcertada al escuchar su respuesta. Aunque sabía por propia experiencia lo perverso que podía ser el padre de Estefany jamás había caído que su estancia en ese lugar podía eternizarse en el tiempo.</p>



<p>― ¿Qué edad tienes? – asustada preguntó.</p>



<p>Al contestar que veintitrés, se echó a llorar:</p>



<p>― ¡Llevas siete años aquí!</p>



<p>―Así es, señorita― respondió mientras intentaba ocultar su dolor peinándola.</p>



<p>― ¿No has intentado huir?</p>



<p>Con dos lágrimas surcando sus mejillas, la mulata sollozó:</p>



<p>―No tengo donde ir.</p>



<p>La rendición que mostraba ante su destino indignó a la española y sin saber cómo esa monada se tomaría la propuesta, le insinuó que si la ayudaba a escapar tendría un hogar a su lado.</p>



<p>―No soy nadie y usted es muy bella― susurró la criada con un raro fulgor en sus ojos sin llegárselo a creer.</p>



<p>&nbsp;Por un momento, Patricia se quedó callada mirándola y recordando el placer que había experimentado al sentir cómo recorría su cuerpo al bañarla nuevamente la humedad invadió su sexo. Temiendo que se riera de ella, decidió que valía la pena arriesgarse. No muy segura de lo que hacía, aprovechó su cercanía para tomar su mano y poniéndola sobre su pecho, decir:</p>



<p>― Si conseguimos huir, me encantaría que vivieras conmigo para que yo te cuidara.</p>



<p>Antonella se quedó petrificada al sentir bajo sus dedos los senos de Patricia y pegando un gemido, suspiró que la ayudaría a escapar pero que no la acompañaría.</p>



<p>― ¿No te gusta la idea de que vivamos juntas? ― insistió al notar que, a pesar de su indecisión, la mulata estaba acariciándola.</p>



<p>Excitada, la morena sollozó:</p>



<p>―Me he acostumbrado a ser esclava y no sabría cómo vivir sin tener a alguien al que obedecer.</p>



<p>&nbsp;Al escucharla, Patricia comprendió que no era una excusa y que esa atractiva mujer hablaba en serio al decir que necesitaba un amo. Meditando sobre ello, se vio mimándola mientras la ayudaba a rehacer su vida y dando un salto al vació, se giró hacia ella.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/17958654/17958654_079_36f9.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―Me encantaría ser tu dueña y que tú fueras la muñequita que me mimara por las noches― le soltó mientras tomándola de la cabeza la acercaba a sus pezones.</p>



<p>&nbsp;Aunque el miedo a don Ricardo seguía allí, Antonella no pudo rechazar la atracción que sentía por esas rosadas areolas y sacando la lengua, comenzó a lamerlas ya totalmente entregada. Enternecida por la pasión que denotaba al mamar de ella, la secuestrada comprendió que debía afianzar su dominio y dulcemente le ordenó que se masturbara.</p>



<p>―Mi señora― suspiró mientras la obedecía por primera vez.</p>



<p>Al contemplar cómo separaba los muslos y se ponía a tocarse, decidió ayudarla y sustituyendo los dedos de la morena por los suyos, se levantó y la besó. La ternura con la que la lengua de la muchacha jugaba dentro de su boca mientras le rozaba con los dedos su clítoris fue algo que la mulata nunca esperó sentir y de improviso se vio inmersa en un placer tan dulce como intenso.</p>



<p>―Soy y seré su esclava, pero ahora debo prepararla. No quiero ser la culpable de que el amo la haga sufrir más de lo que ya tiene planeado― separándose, sollozó apesadumbrada al saber lo que le tenía reservado.</p>



<p>Ver que esa monada de piel morena bebía los vientos por ella la permitió afrontar sus penurias con nuevos ánimos y mientras se dejaba maquillar por ella, vio necesario insistirle en lo felices que serían viviendo juntas en Madrid.</p>



<p>― ¿No tiene allá un marido? ― preguntó Antonella.</p>



<p>―Ni lo tengo ni lo necesito― contestó la que ya se sabía su dueña y demostrando que así era, le dio un tierno azote sobre sus formadas posaderas mientras añadía: ―Para las noches frías, tendré a ¡mi dulce negrita!</p>



<p>La ilusión con la que la mucama acogió sus palabras le hizo saber que a pesar de su desesperada situación tenía una aliada&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">22</h1>



<p>En su chalet, Gonzalo seguía intentando digerir que la razón por la que su hija había sido secuestrada por el padre de Estefany era el deseo de este por apoderarse de los poderes mágicos de la morena. Como europeo del siglo XXI se le hacía cuesta arriba reconocer la existencia de la magia y más en manos de alguien que lo amara tan profundamente como esa muchacha. Por ello, no las creyó de primera y ambas tuvieron que demostrarle que podían bucear en su pasado.</p>



<p>«No es posible», se dijo cuándo, tanto Antía como la colombiana, comenzaron a narrarle escenas de su vida que eran imposible que supieran.</p>



<p>Por ello, sin ceder, les pidió otra prueba por que con esa no les bastaba.</p>



<p>―Gonzalo, mi amor. ¿Cómo podemos convencerte? ― preguntó la gallega asumiendo lo difícil que les resultaría vencer su incredulidad.</p>



<p>&nbsp;Mirando a la pelirroja, respondió:</p>



<p>―Para que crea que sois dos brujas, necesitaría que hicierais algo que rebasara la lógica&#8230; no sé&#8230; haced algo que no pueda rebatir.</p>



<p>Tomando el testigo, Estefany le tomó del brazo y lo sacó de la casa sin decirle nada. Convencido de que nada de lo que hicieran podría hacerle cambiar de opinión, se dejó llevar por la calle hasta la casa de al lado. Una vez allí, la amiga de su hija le pidió que intentara abrir la puerta de su vecino.&nbsp; Mirando la cadena que cerraba las dos hojas, respondió que no era Superman.</p>



<p>― ¿Si consigo abrirlas de par en par sin siquiera tocarlas sería suficiente para creernos? ― argumentó la joven.</p>



<p>Asumiendo que era algo imposible, contestó que sí con una sonrisa en sus labios. Al oír su respuesta, la chiquilla se concentró y durante un minuto no ocurrió nada.</p>



<p>― ¿A qué esperamos? ― satisfecho comentó.</p>



<p>―Amor, aguarda un poco― estaba insistiendo la pelirroja cuando el camión de la basura apareció por la esquina.</p>



<p>Pensando que la espera sería en vano, se sentó sobre un coche aparcado mientras veía a los empleados municipales recoger las bolsas depositadas en la acera.</p>



<p>«Esto es ridículo», exclamó para sí sintiendo que era una pérdida de tiempo.</p>



<p>Acababa de hacerlo cuando de pronto, el conductor del vehículo aceleró, pero en vez de meter primera, puso reversa y con gran estruendo tiró no solo la puerta sino una gran parte de la verja.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/17958654/17958654_056_71ba.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―No has sido tú, sino ese inútil― pálido exclamó al ver cumplida la profecía.</p>



<p>―Gonzalo, por supuesto. Ese hombre cometió un error que yo provoqué. Una bruja se aprovecha de su entorno y lo tuerce a su favor. ¿Cuántos años lleva pasando el camión de la basura por esta calle sin romper nada? ¿No te parece al menos extraño que justamente haya ocurrido cuando yo lo necesitaba?</p>



<p>No pudiendo negar ese aspecto, Gonzalo siguió sin dar su brazo a torcer y señalando a un corredor, les pidió verlo tropezar.</p>



<p>―Para eso, no necesito magia― muerta de risa, respondió Antía.</p>



<p>El sujeto jamás esperó que, al pasar al lado de la pelirroja, ésta se levantara la camisa y le mostrara los pechos desnudos. La sorpresa le hizo trastabillar y mirando embelesado las pecas que lucían esas tetas, cayó sobre los adoquines del paseo.</p>



<p>―Has hecho trampa― rugió divertido al verlo en el suelo.</p>



<p>―Para nada, he aprovechado mis atributos femeninos para cumplir tu deseo. Pero te comprendo y por eso, te doy otra oportunidad para que elijas otra cosa más difícil.</p>



<p>En esta ocasión, el hombretón se lo pensó mejor antes de hablar y en compañía de las dos, caminó por el barrio buscando qué prueba ponerles. Debía ser algo tan extraordinario que no le cupiera duda si lo conseguían y por eso aguardó paciente a que se le ocurriera. El destino quiso que mientras se acercaban a un centro comercial Gonzalo se diera cuenta del inminente desprendimiento de una cornisa sobre una anciana que estaba tomando el sol en un banco. La cual debía ser dura de oído porque, a pesar de gritarle que se alejara, siguió sentada:</p>



<p>―Sálvala mientras nosotras la sujetamos― le ordenó Antía.</p>



<p>La seguridad de su voz permitió al hombretón reunir el valor y agarrando a la buena señora la puso a salvo. Acababa de dejarla en mitad de la avenida cuando un ruido atroz le informó de lo cerca que habían estado de morir. Al mirar a sus acompañantes, observó en ellas las secuelas del esfuerzo que habían realizado.</p>



<p>―Volvamos a casa, tenemos que hacer mi equipaje. ¡Me voy con vosotras! ― comentó mientras la gente se arremolinaba a su alrededor alabando su valentía. Ya no necesitaba más evidencias, aunque le costase reconocerlo, ¡la magia existía!&#8230;</p>



<p>Como el vuelo de Avianca no salía hasta las tres de la tarde, Gonzalo ocupó el resto de la mañana en hablar con Tomás Guijarro, su segundo en la compañía, sobre lo que tenía que resolver en su ausencia. Conocedor del día a día de la empresa, el financiero lo tranquilizó diciendo que no se preocupara y que se divirtiera.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;«¿Divertirme? ¡Si tú supieras!», pensó el ejecutivo mientras colgaba la llamada.</p>



<p>Al no servir de nada el comentarle el verdadero motivo de su estancia en Colombia, el treintañero asumió que era un viaje de placer, jamás sospechó que su jefe iba a cruzar el charco a intentar liberar a su hija. De haberlo sabido, quizás ese bonachón hubiese insistido en acompañarle, ya que era evidente para todos que secretamente estaba enamorado de Patricia.</p>



<p>&nbsp;«Si consigo traerla de vuelta, organizaré una cena entre ellos», se dijo viendo en ese ejecutivo un candidato para su retoño.</p>



<p>Con ese pensamiento en mente, fue a buscar a las dos mujeres a las que amaba. Quería hablar con ellas sobre los peligros que iban a correr. Pero cuando las encontró en el salón, se encontraban en trance y no queriendo romper su concentración, se sentó a observarlas desde el sofá.</p>



<p>Como para un neófito como él todo lo relativo a la magia era cuando menos extraño, se examinó interesado a las mujeres. Lo primero que le extraño fue lo inexpresivo de sus rostros. Conociéndolas como las conocía, no entendía que, siendo tan pasionales, sus caras no reflejaran emoción alguna. Estudiándolas, se concentró en descubrir cualquier cambio en sus facciones que revelara lo que en ese momento pasaba por sus mentes. Al hacerlo, comenzó a notar cada cuando respiraban, cómo las venas de sus cuellos se inflaban con cada pálpito de sus corazones y sin darse cuenta siquiera, se puso a explorar su interior. Estudiando su cuerpo, advirtió que sus pulmones y su corazón se ralentizaban mientras en su cerebro crecía una rara quietud.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/17958654/17958654_092_e746.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Sorpresivamente comenzó a oír unas voces a lo lejos. Buscando su origen, se centralizó en ellas y pudo reconocerlas.</p>



<p>&nbsp;«Son Antía y Estefany», se dijo mientras abría los ojos y ante su sorpresa vio que nada había cambiado y que, a pesar de seguirlas escuchando, ninguna de las dos movía los labios.</p>



<p>Extrañado, volvió a concentrarse y entonces le llegaron claramente:</p>



<p>―Señora― escuchó a la colombiana: ― Aunque no nos gusta, nuestro hombre insiste en acompañarnos y no sabemos qué hacer para convencerle de que se quede.</p>



<p>― ¿Por qué dudáis? ― la voz contestó: ―Está en su derecho en desear ayudar a liberarla. Piensa que Patricia es su hija.&nbsp;</p>



<p>Le alegró el apoyo de esa voz anónima, pero decidió permanecer callado para así averiguar de lo que hablaban y conocer los peligros que preveían.</p>



<p>―Madre, nos vamos a enfrentar a un brujo muy poderoso y la presencia de Gonzalo no nos beneficia― Antía declaró apoyando a Estefany.</p>



<p>Al oírla, comprendió que era doña Bríxida con la que hablaban y recordando que esa anciana era la líder de un aquelarre de meigas, quiso escuchar su respuesta.</p>



<p>―Hija, creo que no has caído en que el tal Ricardo ve a vuestro hombre como un enemigo y, por tanto, querrá vencerlo. Mientras lo hace, parte de su atención estará enfocada en él y no en vosotras.</p>



<p>―No puedo estar más de acuerdo― contestó para sí el aludido.</p>



<p>Las tres que conversaban se quedaron en silencio y demostrando que lo habían oído, al unísono comenzaron a hablar entre ellas sobre cómo era posible que Gonzalo estuviera en ese plano astral. La mayor de ellas reaccionó examinando al intruso y soltando una risotada, comentó ante la incredulidad de las otras dos:</p>



<p>―Por lo visto, nos hemos equivocado al partir de una suposición errónea.</p>



<p>―Madre, ¿a qué te refieres? ― su hija se atrevió a preguntar.</p>



<p>Desternillada, desde su aldea, la gallega contestó señalándolo:</p>



<p>―Hemos dado por hecho que era un hombre normal sin cuestionarlo. Con solo analizar que dos mujeres como vosotras os sintierais tan atraídas, ¡me debería haberme hecho pensar! Debería haber sabido que vuestro amor por Gonzalo se debía a que es un latente.</p>



<p>― ¡No es posible! ― refutó Estefany más como instinto que por convencimiento mientras Antía permanecía callada.</p>



<p>Sabiéndose descubierto, el propio maduro decidió pedir que le aclarara que significaba ser un latente. Sin dejar de sonreír, la meiga replicó:</p>



<p>―Si estas bobas se han enamorado de ti es porque en tus genes corre la magia y aunque hasta ahora ninguna nos hayamos dado cuenta, eres un hechicero en ciernes. Es más&#8230;ha bastado que tu niña esté en peligro para que tu faceta sobrehumana esté aflorando. Para confirmar mis sospechas, ¡necesito examinarte!</p>



<p>Sin saber a qué atenerse, pero asumiendo la importancia de ese escrutinio, el sorprendido hombretón abrió su mente de par en par&#8230;</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/91/17958654/17958654_096_fc38.jpg" alt="" width="570" height="855"/></figure></div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La mejor amiga de mi hija y la criada luchan por mi 3&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 17:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
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					<description><![CDATA[Esa hora de siesta fue cómo un bálsamo y sintiendo que había recuperado todas sus fuerzas, Gonzalo se despertó para descubrir abrazada a él al bombón que lo llevaba martirizando desde que aterrizó en Madrid. Asustado por las sensaciones que se acumulaban en su cuerpo al sentir la dureza de los pechos de esa monada contra su piel, evitó moverse para no despertarla. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «¿Qué ocurre aquí?», se preguntó todavía alelado mientras de reojo la miraba descansar. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; El dulce aroma que desprendía lo traía loco y preocupado por si se excitaba tuvo que reconocer que la belleza morena de [&#8230;]]]></description>
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<p>Esa hora de siesta fue cómo un bálsamo y sintiendo que había recuperado todas sus fuerzas, Gonzalo se despertó para descubrir abrazada a él al bombón que lo llevaba martirizando desde que aterrizó en Madrid. Asustado por las sensaciones que se acumulaban en su cuerpo al sentir la dureza de los pechos de esa monada contra su piel, evitó moverse para no despertarla.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¿Qué ocurre aquí?», se preguntó todavía alelado mientras de reojo la miraba descansar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El dulce aroma que desprendía lo traía loco y preocupado por si se excitaba tuvo que reconocer que la belleza morena de esa mujer se realzaba sobre el blanco de su camisón.&nbsp; Recordando que, durante la comida, esa criatura había expresado que lo encontraba atractivo, se vio azuzado a seguir espiando a ese espectáculo de mujer. Todo en ella era perfecto. Sus largas piernas, perfectamente contorneadas, no eran más que un mero anticipo de su magnífico y atlético trasero.</p>



<p>«¡Qué buena está!», tuvo que valorar mientras recorría con los ojos las voluptuosas caderas que tenía a pesar de ser delgada. Supo con un deje de tristeza mientras la miraba que, si no llega a ser la amiga de su hija y por qué no reconocerlo de su tierna edad, jamás hubiera dudado y directamente se hubiese lanzado a amarla.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/183/16198217/16198217_007_0e2a.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Nada más reconocer que tenía dudas, se quedó horrorizado al percatarse de que deseaba a esa mujer.</p>



<p>«Una cosa era amarla en sueños y otra muy diferente era desear tocarla», se dijo mientras de reojo disfrutaba de su vientre liso y de sus enormes, juveniles y duros senos.</p>



<p>&nbsp;Mientras esos calificativos se acumulaban en su mente, asumió que esas dos maravillas además de ser producto de sus genes, eran el resultado de largas horas de duro trabajo en el gimnasio y nuevamente se sintió tentado a tocarlos. Martirizándose con la visión de ese cuerpo semidesnudo al que el encaje que lo cubría no hacía más que resaltar su hermosura, seguía sin comprender qué era lo que veía en él:</p>



<p>&nbsp;«Debe de tener cientos de pretendientes mucho más jóvenes y atractivos que yo», se dijo al sentir que la colombiana se pegaba involuntariamente más a él, deslizando la pierna sobre su muslo.</p>



<p>El cambio de postura lo aterrorizó al darse cuenta que bajó el pantalón del pijama iba creciendo irremediablemente su apetito demostrando las ganas que experimentaba de tocarla, aunque eso contraviniera todas las normas morales que había mamado.</p>



<p>«Patricia me va a matar», se lamentó mientras en su interior se iba afianzando la idea de sucumbir a la atracción que tanto le perturbaba.</p>



<p>&nbsp;Prueba de ese lento cambio fue que, sin realmente haber tomado una decisión al respecto, sus dedos comenzaron a recorrer el trasero duro y respingón que lo tenía obsesionado desde que dos días antes y durante la película alucinó poseer. El recuerdo del placer que había experimentado hundiendo su hombría en él lo aguijoneó a subir por su cuerpo con sus yemas.</p>



<p>«¡Dios! ¡Estoy cachondo!», reconoció mientras acariciaba su espalda.</p>



<p>Al oír que de la chavala brotaba un suspiro, se quedó inmóvil.</p>



<p>―Sigue por favor― protestó Estefany haciéndole ver que sus mimos eran bien recibidos mientras se daba la vuelta para facilitar que continuara tocándola.</p>



<p>El trasero de esa criatura rozando su pene y su explícito permiso permitieron que prosiguiera y que sus yemas llegaran hasta esos voluminosos pechos que lo subyugaban.</p>



<p>«Son impresionantes», sentenció al verse sorprendido de ser incapaz de abarcar con la mano la totalidad de su volumen mientras tanteaba con el pulgar uno de sus pezones.</p>



<p>El ritmo acelerado de su respiración hizo saber al maduro que también ella estaba excitada y por eso él mismo jadeó al sentirla presionando su miembro con las nalgas.</p>



<p>―Gonzalo, no sabes cuánto te deseo― fue su tierno saludo mientras con un sensual movimiento de caderas daba cobijo a la erección del padre de su amiga entre sus piernas.</p>



<p>«No lleva bragas», comprendió al sentir la humedad que desprendía su coño sobre su tallo.</p>



<p>Ese descubrimiento y su entrega demolieron sus últimos reparos y con el corazón a mil por hora, reunió el valor para deslizar una mano por su cuerpo y llegar hasta su sexo.</p>



<p>«Está empapada», exclamó en su interior al ratificar con los dedos entre sus pliegues que Estefany estaba excitada.</p>



<p>Aun así, le sorprendió que levantando la cabeza de su pecho y con el deseo brillando en su mirada, susurrara:</p>



<p>―Desde siempre supe que debías ser tú quien me hiciera mujer.</p>



<p>Esa confesión debía haberle echado para atrás, pero curiosamente saber que esa criatura era virgen lejos de paralizarlo, lo estimuló a continuar y cogiendo uno de los pezones de la morena entre sus dedos, acercó la cara y lo lamió.</p>



<p>―Quiero ser tuya.</p>



<p>Ese sollozo le permitió intensificar sus caricias y regalando un suave pellizco a la areola de la chiquilla, aguardó su reacción. Estefany, al notarlo, ratificó la urgencia de sentirse mujer acelerando el roce de su sexo contra la virilidad del maduro. Con el coño, ya anegado, presionó su pene con un suave ímpetu dejándole de manifiesto que estaba lista para ser amada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Princesa, deja que yo sea el que lleve la iniciativa― extrañamente tranquilo susurró al oído de la joven.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La cariñosa reprimenda del hombre y la promesa que encerraba alegró a la colombiana y mientras le cedía el mando, sonrió sabiendo que, si su amante había dejado atrás sus objeciones, se debía en gran parte al conjuro:</p>



<p>&nbsp;«Con él, solo he adelantado tu rendición. Tu destino era ser mío».</p>



<p>Ajeno a la manipulación, Gonzalo buscó los besos de la colombiana. La suavidad de sus labios le recordó su juventud y por un momento dudó si continuar al sentirse un viejo.</p>



<p>―Necesito dejar de ser virgen y que me conviertas en mujer― repitió la joven notando su indecisión.</p>



<p>Azuzado por ella y por el efecto del sortilegio que había bebido, forzó la boca de la chiquilla y jugando con la lengua en su interior, aprovechó para apoderarse de las nalgas que tanto deseaba con las dos manos, mientras le insistía en que lo dejara a él actuar.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/183/16198217/16198217_011_06c0.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―Soy enteramente tuya, mi amor― suspiró Estefany al notar que comenzaba a deslizarse por su cuerpo dejando un húmedo surco en su camino a base de tiernos besos y largos lametazos.</p>



<p>Excitada y satisfecha de haber usado sus poderes, gimió como una bebé cuando el aliento de su don Juan a escasos centímetros de su sexo le anticipó que solo faltaban unos instantes para que finalmente se hiciera su dueña:</p>



<p>«Sigue, ¡hunde tu lengua en mi coño! ¡Y reconoce en mí a tu mujer!».</p>



<p>Desconociendo que en cuanto catara el flujo de Estefany cerraría el conjuro que los uniría de por vida, ralentizó la velocidad con la que se acercaba a la meta y alargando el trámite antes de apoderarse del botón que la amiga de su hija escondía entre los pliegues, tiernamente la torturó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Qué me haces? ¡Por qué paras! ― desesperada por su lentitud, protestó la joven bruja.</p>



<p>Con la necesidad de no decepcionarla y subyugado por el aroma que le llegaba de su vulva, Gonzalo decidió culminar su camino y retirando con delicadeza los labios que escondían el tesoro que tanto ansiaba lamer, con la punta de la lengua, lo rozó. En cuanto el sabor de Estefany impregnó sus papilas la calentura creció en él, convirtiéndose en un incendio. Dominado por una lujuria sin par y sabiendo que solo podía apagarla bebiendo de su flujo, se lanzó desbocado a devorarla mientras notaba que el cuerpo de la chiquilla colapsaba.</p>



<p>―Ya eres mío― escuchó que ésta gritaba sin percatarse de lo que significaba mientras su sed se incrementaba.</p>



<p>Estimulado por su sabor, prosiguió bebiendo de los pliegues de su sexo con la lengua hasta que incapaz de contenerse y seguir amándola con dulzura, llevó una de las manos hasta su pecho y se lo pellizcó. Esa ruda e imprevista caricia profundizó el éxtasis de la inexperta bruja y gritando de placer, buscó el pene con el que tanto ansiaba ser desflorada.</p>



<p>―Por favor, ¡cógeme! ¡Ya no aguanto más! ― rugió desesperada mientras lo acercaba entre las piernas.</p>



<p>La potencia del grito sorprendió hasta a su misma autora y moviendo las caderas, bajó el tono, pero no su exigencia.</p>



<p>―Tómame― le rogó nuevamente.</p>



<p>Gonzalo comprendió muy a su pesar que debía seguir alargando los preparativos para que esa primera vez fuera inolvidable para ella y por eso se entretuvo rozando la entrada que tanto deseaba traspasar con la cabeza de su pene.</p>



<p>― ¡Cógeme de una maldita vez! ¡Te lo ordeno! ― exigió imprudentemente mientras se pellizcaba los pezones.</p>



<p>Sabiendo que había cometido un error al ver la cara de Gonzalo, no le quedó otra que reparar el daño e impregnando de dulzura su ruego, le repitió que la amara. Esa rectificación dio resultado y su maduro galán creyéndose nuevamente al mando se introdujo en ella hasta topar con su himen.</p>



<p>― ¿Estás segura? ― necesitado de su permiso, preguntó.</p>



<p>Con un brusco movimiento de caderas, Estefany mandó al olvido la virginidad mientras sellaba su dominio sobre el padre de Patricia:</p>



<p>―Ya soy tu dueña― gritó de dolor y satisfacción sin saber que a quinientos kilómetros su victoria era sentida por Antía como una derrota.</p>



<p>De haber estado atenta a lo que pasaba a su alrededor y no tanto a la lujuria que la embargaba, se hubiese percatado del enfado de la gallega a través de la distancia.</p>



<p>―Esa porca rouboume o marido! ― exclamó la criada en su idioma natal al sentir como un agravio su estreno.</p>



<p>Ajeno a la rivalidad existente entre las dos mujeres, Gonzalo notó que la excitación de la muchacha crecía y ya sin oposición su pene entró completamente en ella. Y siguiendo el dictado de sus hormonas quiso acelerar la cadencia, pero su mente se lo prohibió y por eso durante unos minutos siguió amándola lentamente. Ese ritmo pausado pero constante llevó a Estefany a un estado cercano a la locura y olvidando toda prudencia, clavó las uñas en el trasero de su víctima mientras le exigía que incrementara el ritmo. Obedeciendo su mandato, pero ciertamente indignado, Gonzalo maximizó la dureza de su asalto tomando entre sus manos los pechos de la hispana.</p>



<p>―Calla y disfruta de tu hombre, ¡puta! ― gritó defendiendo su hombría mientras elevaba al máximo la velocidad y la profundidad de sus embestidas.</p>



<p>Ese imprevisto conato de rebelión intensificó más si cabe la calentura de la inexperta hechicera y deseando no haber necesitado del conjuro para ser suya, chilló descompuesta su placer:</p>



<p>― ¡Por dios! No pares de amarme. ¡Lo necesito!</p>



<p>Satisfecho al oír el ruego de Estefany y deseando que su clímax coincidiera con el orgasmo de la joven, la agarró de los hombros mientras machacaba una y otra vez sus defensas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Más fuerte, hazme saber quién es mi hombre― gritó la bruja con la respiración entrecortada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obedeciendo tanto a su orden como al dictado de su naturaleza, el hombretón llevó las manos a sus tetas y estrujándolas con fiereza, se dejó llevar derramando su simiente mientras Estefany no paraba de gritar. Contento y aliviado al escuchar sus gritos de placer, siguió poseyéndola hasta que agotado cayó sobre ella.</p>



<p>Satisfecha y realizada al ver su sueño cumplido, la colombiana lo recibió en sus brazos:</p>



<p>―Llegué a tu cama siendo una niña y ahora salgo convertida en tu mujer&#8230;</p>



<p>Mientras eso ocurría en el chalet de Madrid, muy lejos, en la habitación de un hospital gallego, Antía estaba llorando al haber sentido en sus propias carnes la forma en que la joven le había arrebatado al hombre que consideraba su marido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Mataré a esa cerda», pensó mientras desde la cama su convaleciente madre la miraba preocupada.</p>



<p>Asumiendo que su retoño iba a plantar batalla a la advenediza, no tuvo más remedio que pedirle que se tranquilizara porque antes de actuar debía obtener la aprobación del consejo de ancianas:</p>



<p>―Hija, hace mucho que fuiste obligada a no hacer uso de tus poderes y si quieres enfrentarte a esa mujer, los vas a necesitar. Si es tu deseo, convocaré el aquelarre que te libere de ese juramento.</p>



<p>Enternecida pero aun furiosa por haber permitido que esa latina le robara el amor de su jefe por no haber tenido el coraje de hacerle ver que lo amaba, se tomó unos segundos en contestar mientras meditaba si debía renunciar a su existencia como una mujer normal.</p>



<p>―Madre, usted mejor que nadie sabe los motivos que me llevaron a apartarme del camino que marcaba mi herencia― sollozó derrumbándose en la silla aceptando implícitamente que la liberara.</p>



<p>Comprendiendo tanto su dolor pasado como el actual, doña Bríxida supo que debía olvidar el papel de madre para actuar como meiga. Y sin mayor prolegómeno, entrando en trance, se comunicó con el resto de sus hermanas:</p>



<p>―Como sabéis, he sido víctima de un ataque mágico. Aunque sus consecuencias no son irreparables y me recuperaré, he decido que no quede sin respuesta&#8230;</p>



<p>Ya con la atención de todas sus acólitas y mientras su hija no paraba de llorar al saber que no tardaría en oír lo que durante años había anhelado, la anciana prosiguió:</p>



<p>―Está decidido. Cuando esa mujer atacó a la matriarca nos atacó a todas y por ello os pido que juntas levantemos la prohibición a la más fuerte de nosotras para que, en nuestro nombre, nos vengue.</p>



<p>Desde Abadín, un pueblo de Lugo, la segunda en jerarquía protestó:</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/183/16198217/16198217_025_0d8a.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―Maestra, recuerde los esfuerzos que tuvimos que realizar para contener a su hija cuando abusando de sus dones intentó imponernos su voluntad.</p>



<p>―Sabela, lo recuerdo bien. No en vano fui la primera en sufrir su insensatez, pero eso fue hace mucho tiempo. Lejos de nosotras, Antía ha madurado y es hora que recupere la libertad de actuar.</p>



<p>La mujer de la que hablaban no pudo evitar echarse a temblar al rememorar cómo con apenas veinte años quiso saltarse todos los escalafones y erigirse en la líder indiscutible de la hermandad. Sin otra opción para demostrar a las meigas que había cambiado, dejó caer sus defensas y se abrió a ellas.</p>



<p>Una tras otra, las veinte mujeres examinaron a la exiliada en busca de algún rencor y al no encontrarlo, disolvieron el mágico impedimento que contenía sus poderosos dones.</p>



<p>―Antía, arrodíllate y acepta la misión que te encomendamos. Ve a Madrid y venga la afrenta.</p>



<p>― ¿Qué desea el aquelarre que haga con la bruja? ― preguntó desde el suelo y con la cabeza agachada en señal de sumisión.</p>



<p>―Una vez la hayas vencido, tráela para que acepte entrar a formar parte de nuestro círculo como la última de nosotras.</p>



<p>― ¿Y si se niega?</p>



<p>―Entonces, ¡mátala!</p>



<p>Reparando los muros de su mente para que nadie se advirtiera el rumbo de sus pensamientos, internamente supo que no le daría la opción de unirse. Pero acatando externamente el mandato, proclamó:</p>



<p>―La bruja que ha osado atacarnos será nuestra hermana o morirá&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">6</h1>



<p>Esa misma tarde, Antía se reunió con las cinco meigas llegadas de sus bases repartidas por Galicia que su madre había mandado para apoyarla. Tras saludarlas y en mitad del claro de un bosque se desnudó ante ellas. La lozanía que conservaba su cuerpo a pesar de las tres décadas que llevaba viviendo sorprendió a sus hermanas y mientras preparaban la ceremonia con la que pedirían su protección a Dios y a la madre naturaleza, no dejaron de alabar la forma y el volumen de sus atributos femeninos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si no llego a saber qué es imposible, hubiera jurado que has hecho uso de tus poderes para evitar que los años hubiesen hecho mella en tus pechos― impresionada por la verticalidad y dureza de sus tetas, comentó Sabela.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asumiendo que era un piropo y no una recriminación por parte de la segunda de su madre, la pelirroja contestó muerta de risa:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Además de magia, existe algo que se llama ejercicio.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confirmando el sentir general y su total sintonía al acogerla como hermana, Aldara, la meiga de Lodeiros añadió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No comprendo cómo teniendo ese pandero, diste opción a que la bruja se te anticipara. Si yo tuviera uno medianamente parecido, no necesitaría de ningún conjuro para retener a mi Xosé.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sonrojada por el piropo, Antía tuvo que reconocer que durante todo el tiempo que había permanecido viviendo con su jefe había mantenido sus encantos ocultos bajo el uniforme de criada para que se enamorara de ella y no de su cintura estrecha o de su voluminoso culo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Usando sus mismas palabras, Ximena, la meiga que vivía en Villanueva de Arosa replicó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Además de magia, existe algo llamado hormonas y si las hubieses dejado actuar, ese hombre estaría babeando por ti y nosotras no tendríamos este problema.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Molesta de que indirectamente, la oronda le echase la culpa de la llegada desde la otra orilla del Atlántico de la arpía que quería robar su hombre, se puso en mitad del pentagrama que habían dibujado sobre el prado esparciendo sal traída desde la costa de la muerte por Rosalía, su meiga.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estoy lista para recibir vuestras bendiciones― musitó tumbándose con los brazos y las piernas en cruz.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acercándose las cinco ocuparon cada una los extremos de la estrella de cinco puntas. Anxela, la última de ellas y meiga de la Sierra del Candán comenzó el ritual repartiendo entre sus hermanas las cinco rojas brevas que había personalmente cortado de una milenaria higuera de su bosque natal. Tras lo cual, haciendo una incisión en forma de cruz en la que todavía conservaba, untó con la carne del fruto las piernas de su hermana mientras recitaba:</p>



<p>―Con tres te veo, con cuatro te ato, con cinco, la sangre te riego y el corazón te parto.</p>



<p>Imitándola, Sabela aplastó la breva en los brazos de la pelirroja, rezando:</p>



<p>―Cristo, míranos y en virtud de nuestro ruego, libra a nuestra hermana de todo mal. Y dale el poder para que, enfrentando al enemigo, oh, Justo Juez, si este si trae ojos, que no la vea.</p>



<p>Sumándose a su ruego, Ximena esparció la breva que portaba sobre el pecho de la mujer mientras añadía:</p>



<p>―Si trae manos, que no la toque; si trae armas, que no le hagan daño.</p>



<p>Interviniendo, Rosalía exprimió la suya y dándosela a beber a la hermana que yacía sobre la hierba, proclamó:</p>



<p>―Santa Cruz de Mayo, cuando vaya a casa de su marido, ayúdale en la misión que tu aquelarre ha ordenado y evita que la seguidora de tu hermano Satanás pueda vencerla.</p>



<p>Aldara, la última en actuar, hundió la breva en el sexo de la encargada de ejecutar la misión, proclamando:</p>



<p>―Antía, somos cinco las que te hacen entrega a los poderes místicos, uniéndote a ellos disfruta de las caricias que te den.</p>



<p>Ya todas juntas gritaron “Amen” mientras en el suelo la oveja descarriada que había vuelto al corral era asaltada, zarandeada y golpeada por un brutal orgasmo que no terminó hasta que cayendo sobre la hierba e incapaz de soportar la crueldad de placer al que se vio sometida, se desmayó entre balbuceos&#8230;</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/183/16198217/16198217_028_09ac.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>A quinientos kilómetros, sola en el cuarto principal de la casa de la que se sabía ya dueña y mientras su amado se bañaba, la bruja nacida en Antioquia se estaba limando las uñas de los pies cuando notó como si fuera una brisa los efectos del sortilegio que Antía y sus hermanas habían realizado en su contra.</p>



<p>A pesar de su corta edad, la chavala no era ninguna tonta y de inmediato se puso a buscar por el chalet el origen de la amenaza sin entender qué había hecho para granjearse la enemistad de alguien y menos de una persona dotada de poderes místicos.</p>



<p>«¡Qué raro! He notado el aliento de la magia cayendo sobre mí» meditó extrañada al ser incapaz de detectar quién o quiénes la amenazaban.</p>



<p>Aun así, decidió no tentar la suerte y sacando de su bolso, las imágenes de los santos que desde niña velaban por ella, frotó con ellas los dinteles y los pomos de cada puerta y de cada ventana de la casa para que nadie con genes mágicos pudiera traspasarlos sin haber obtenido su permiso. Tras lo cual sabiendo que en el interior de esos muros se encontraba a salvo, fue en busca de su hombre.</p>



<p>Mientras subía por las escaleras, sonrió al recordar qué gratamente le había sorprendido su desempeño y cómo había disfrutado cuando demostrando su carácter Gonzalo la había amado con dureza a pesar de estar hechizado.</p>



<p>«Tengo que soltarle un poco para que me demuestre lo cerdo y pervertido que puede llegar a ser», sentenció sintiendo la humedad creciente de su sexo mientras se acercaba a él.</p>



<p>Desconociendo en absoluto que pronto se vería inmerso en mitad de la lucha entre dos tipos de magia, su hombre se estaba enjabonando los brazos cuando la vio desnuda y pellizcándose los pechos entrando al baño. De inmediato, su pene se alzó por tercera vez y por ello rugió de alegría cuando sin tenérselo que pedir, Estefany se metió en la ducha.</p>



<p>― ¿Has echado de menos a tu dueña? ― relamiéndose los labios, preguntó.</p>



<p>No intuyendo que esa monada de ojos verdes hablaba en serio al decir que era de su propiedad, se echó a reír:</p>



<p>―Sí, mi bruja. Soy tu siervo y tu ausencia me resulta dolorosa.</p>



<p>Encantada por su respuesta, la colombiana se empezó a acariciar las tetas mientras lo miraba. Incapaz de rehusar tamaña invitación, un bramido salió de su garganta al ver el sensual modo en que se las estaba estrujando.</p>



<p>―Tienes unas ubres enormes que llaman a ser ordeñadas.</p>



<p>Descojonada por el exabrupto de su pareja, Estefany cogió ambos senos con sus manos y mostrándoselos como si fueran un trofeo, comentó:</p>



<p>― ¿Acaso no te gustan?</p>



<p>Pensando que su comentario la había molestado, suspiró:</p>



<p>―Son maravillosas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La dueña de esos turgentes senos se rio al comprobar el nerviosismo de Gonzalo y dando una vuelta completa sobre el plato de la ducha, brevemente modeló para él antes de preguntar:</p>



<p>― ¿Y qué parte de tu ama te gusta más?</p>



<p>―El culo― admitió su hombre incapaz de retirar la mirada de esas oscuras y duras nalgas.</p>



<p>Estefany, con la confianza de saberlo en su poder, tiró de él y restregando su piel mojada contra su pecho, esperó a que intentara meterle mano para rechazarlo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nadie te ha dado permiso para tocarme.</p>



<p>Haciendo ver a la joven que le parecía absurdo e innecesario pedir algo así, el ejecutivo agachó la cabeza y mientras comenzaba a mordisquearle un pezón, musitó entre dientes:</p>



<p>―No necesito tu autorización, putita mía.</p>



<p>Sorprendida por el insulto y entusiasmada por la audacia de ponerse a mamar de su pecho sin pedirle autorización, no solo no se quejó, sino que emitiendo un gemido de placer riendo declaró que su anciano era un descarado.</p>



<p>―Ancianos, ¡los cerros y reverdecen! ― chilló cambiando de teta mientras con la mano libre buscaba el tesoro que escondía entre las piernas.</p>



<p>La bruja cada vez más excitada separó las piernas para darle acceso libre a sus pliegues. Su amante demostró la vasta experiencia que tenía, cuando al encontrar el clítoris, usando dos yemas comenzó a torturarlo. La víctima de tan inesperado agasajo, dando un grito, le pidió que fuera más tierno.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/183/16198217/16198217_019_9181.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―Haberlo pensado antes de meterte en la ducha, ahora calla― contestó el maduro.</p>



<p>Estefany sonrió sabiendo que, con solo un movimiento de sus pestañas, ese hombre que se sentía tan macho caería a sus pies. Pero como siniestramente le daba morbo hacerse la indefensa y simular que él llevaba el mando, abrió más si cabe las rodillas mientras gemía pidiéndole perdón. Viendo en ella señales claras de que le estaba gustando ese trato, Gonzalo certeramente retorció un poco más el botón haciendo emerger de su garganta un sollozo.</p>



<p>―&nbsp;Eres una zorra ninfómana – le soltó al notar que su coño se empapaba producto de esas maniobras.</p>



<p>Esa dulce reprimenda y sus reiterados insultos la convirtieron en una hembra hambrienta de sexo y sorprendida por la violencia de su lujuria, ella misma separó sus labios mientras le gritaba:</p>



<p>―Cógete a tu puta, ¡no esperes más!</p>



<p>Sin hacer caso a su calentura, el maduro paseó dos dedos por la raja de&nbsp;su coño antes de introducirlos en su interior. El aullido que Estefany pegó al notar esa súbita violación, le aconsejó tratarla con dureza.</p>



<p>― ¿Sabes que tienes un culo precioso? ― preguntó.</p>



<p>La sonrisa que brotó en su cara al escuchar el piropo, desapareció cuando le dio la vuelta y separando los dos cachetes que lo volvían loco, jugueteó con una yema en su entrada trasera.</p>



<p>― ¿Qué haces? ― protestó indignada.</p>



<p>―Cómo te dije, tienes un culo precioso y voy a rompértelo― susurró a su oído mientras introducía el dedo en su interior.</p>



<p>Contra todo pronóstico, esa amenaza despertó un aspecto de su carácter que desconocía tener y totalmente excitada con ser objeto de esa práctica, en vez de rechazarla, solo pidió a su amante que fuera cuidadoso con ella.</p>



<p>― ¡No voy a dañar algo que es mío! ― gritó antes de ponerse a relajar el esfínter de la latina mientras con la otra mano estimulaba su clítoris.</p>



<p>―Oh, ¡oh! ¡Dios mío! – gimió tan abochornada como excitada al valorar en su medida el placer que le producía ese trato mientras intentaba forzar mis caricias presionando su culo contra el que en realidad era su esclavo.</p>



<p>Haciendo honor a su palabra, Gonzalo cogió una botella de aceite Johnson que había en un estante y echando un buen chorro sobre sus dedos, exigió a la joven que se separara las nalgas con las manos. La bruja obedeció de inmediato y dando su aprobación, le imploró como una damisela en peligro que lo hiciera con cuidado.</p>



<p>―O te quedas quieta, o lo dejo y desgarro tu precioso trasero. ¡Puta! ― le amenazó al ver que no paraba de menear las caderas y acto seguido le dio un azote.</p>



<p>Impactada al sentir esa dura caricia comprendió que, contra todo pronóstico, le gustaba y poniendo cara de zorrón, imploró a su don Juan que la premiara con otra nalgada.&nbsp; Muerto de risa, se negó y mordiéndole una oreja, la informó de que iba a follársela en plan salvaje. Como respuesta, Estefany presionó las nalgas contra su pene, demostrando de nuevo su aceptación.</p>



<p>&nbsp;Gonzalo, que no quería hacerle más daño del necesario, siguió relajando su esfínter hasta comprobar que se encontraba suficiente relajado. Entonces y solo entonces, llevando su pene hasta él comenzó a introducirlo lenta y suavemente su glande en el interior del virginal trasero. Estefany chilló de dolor al experimentar que su entrada trasera había sido traspasada pero no hizo ningún intento de separarse. Al contrario, esperó a que se disminuyera su dolor para echar hacia atrás su culo provocando que el tallo de su violador se le incrustara hasta el mango. Estimulada por el sufrimiento y llevada a la locura, exigió a su siervo que hiciera uso de él como viera oportuno.</p>



<p>―Tú lo has querido― rugió entusiasmado mientras retomaba el vaivén de sus caderas con auténtica pasión.</p>



<p>Totalmente apabullada por ese ritmo alocado, la bruja permitió que la erección de Gonzalo deambulara libre en su interior. Es más poseída por un salvaje frenesí y haciendo uso de sus poderes, le ordenó que incrementara su dureza. &nbsp;Sin darse cuenta de ser manipulado, usó sus pechos como apoyo y acelerando la cabalgó como si fuera una potra. Estefany, totalmente descompuesta, gimió su placer cuando, excediéndose, el maduro acercó su boca al hombro de la bruja y se lo mordió con fuerza. Su grito de dolor no le intimidó y clavando los dientes en su carne, forzó su espalda mientras con los dedos mimaba curiosamente su excitado clítoris.</p>



<p>― ¡Qué maravilla! ― suspiró la latina al sentir el pene violentando su conducto mientras la masturbaba dulcemente con la mano y retorciéndose como una anguila, informó a su amante que se corría.</p>



<p>Esa confesión mientras se apoyaba en los azulejos de la ducha gritando que no parara de amarla, lo volvió loco y acelerando sus embestidas, eyaculó en ella al oír que, aullando como una loba en celo, se corría.</p>



<p>Agotados se separaron y comenzaron a besarse cuando desde la habitación, escucharon que les llegaba el sonido del teléfono.</p>



<p>―No contestes, deja que suene― pidió Gonzalo al verla salir de la ducha.</p>



<p>―Puede ser importante― pensando que quizás se había pasado al provocar el ictus de la madre de la criada y que esta había fallecido, lo descolgó.</p>



<p>Al escuchar quien llamaba, sin importarle mojar la cama, se sentó y comenzó a charlar animadamente con Patricia, su mejor amiga y aunque ella no lo supiera, ¡su hijastra!&#8230;</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/183/16198217/16198217_016_0f68.jpg" alt="" width="759" height="505"/></figure></div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La mejor amiga de mi hija y la criada luchan por mi 2&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2026 17:03:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
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					<description><![CDATA[El sonido del despertador lo sorprendió en mitad de un sueño el que Estefany llegaba a su cama en silencio y sin preguntar se acostaba a su lado totalmente desnuda. Lejos de cabrearle la interrupción, al abrir los ojos y percatarse de que nada era real, sonrió y decidió que esa tarde quedaría con Alicia a echarle un polvo. «Tengo las hormonas a flor de piel, parezco un adolescente», de mejor humor al haberlo decidido, se metió al baño. Tras la ducha, se vistió y bajó a desayunar donde para su extrañeza, su joven invitada estaba tomándose un café mientras [&#8230;]]]></description>
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<p>El sonido del despertador lo sorprendió en mitad de un sueño el que Estefany llegaba a su cama en silencio y sin preguntar se acostaba a su lado totalmente desnuda. Lejos de cabrearle la interrupción, al abrir los ojos y percatarse de que nada era real, sonrió y decidió que esa tarde quedaría con Alicia a echarle un polvo.</p>



<p>«Tengo las hormonas a flor de piel, parezco un adolescente», de mejor humor al haberlo decidido, se metió al baño.</p>



<p>Tras la ducha, se vistió y bajó a desayunar donde para su extrañeza, su joven invitada estaba tomándose un café mientras leía el ABC.</p>



<p>― ¿Qué tal has dormido? ― preguntó al verla recuperada.</p>



<p>―Estupendamente, hacía tiempo que&#8230; no me sentía tan bien.</p>



<p>Que nuevamente usara la misma frase que la actriz durante su entrega en la película, le hizo sospechar que la joven se estaba burlando de él, pero al ver su mirada franca comprendió que había sido casualidad y mientras la criada le ponía enfrente un plato de frutas, la vio tan interesada leyendo que quiso saber qué era lo que la tenía ensimismada.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/273/89342710/89342710_004_3de2.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Levantando la mirada del periódico contestó señalando un anuncio de una subasta:</p>



<p>―Gonzalo, ¿cómo es posible que subasten este edificio a este precio? ¿No es demasiado barato?</p>



<p>Al ser algo de su actividad, el cincuentón lo cogió y comenzó a leer mientras contestaba:</p>



<p>―El precio de salida no suele ser el de cierre, sino otro mucho más elevado.</p>



<p>Acababa de decirlo, cuando de manera imprevista reparó en que la propiedad que estaban licitando era la misma que él llevaba años intentando comprar, pero que nunca había podido llegar a un acuerdo con su dueño.</p>



<p>«No me jodas, ¡ese cretino debe haber quebrado!», se dijo y recortando la página, ya se iba a toda prisa, cuando recordó que no se había despedido y retrocediendo sobre sus pasos, tras dar a la chavala un beso en la mejilla, le dijo adiós.</p>



<p>―Que te vaya bien el día― escuchó a la colombiana decir ya en el pasillo.</p>



<p>Sin exteriorizarlo, pensó:</p>



<p>«Gracias a ti, seguro».</p>



<p>Nada más llegar a su despacho, llamó a Manuel Guijarro, su director financiero y le pidió saber cuánto dinero le podía conseguir antes de las doce.</p>



<p>― ¿Lo quiere en efectivo?</p>



<p>―No joder. Quiero pujar por esta propiedad― enseñándole el recorte del periódico, contestó: ―pero antes de comprometer unos fondos que luego pudiésemos necesitar, quiero que llames a todos los bancos y me digas cuál es la suma que se comprometen a prestarnos si llegamos a ganar la subasta.&nbsp;</p>



<p>El pequeño margen de maniobra que le había dado hizo que a las once y media volviese con las orejas gachas y le reconociera solo haber sacado el compromiso del Banco de Santander por seis millones de euros.</p>



<p>―Con eso no tenemos nada qué hacer― malhumorado al ver esfumarse la oportunidad contestó, pero aun así abrió la web donde se subastaba y viendo que las pujas iban en tres millones y medio, la incrementó en un millón.</p>



<p>«No tardarán en sobrepasarme», seguro de perder, se dijo mientras iban pasando los minutos.</p>



<p>Sobre las doce menos cinco, sus temores se hicieron realidad cuando otro pujador ofertó cinco millones. Como solo tenía uno de margen, no lo dudó y tecleó en el tejado cinco cien.</p>



<p>«Ese edificio vale al menos diez», se dijo temiendo que su rival respondiera con una cantidad inasumible para él.</p>



<p>Pero para su sorpresa, la subasta cerró y nadie había superado su puja. Sin llegárselo a creer, llamó a la empresa que lo subastaba y confirmó que se convertiría en su dueño, si depositaba antes de una semana la suma marcada.</p>



<p>«Al final, esta chiquilla me traerá suerte», concluyó y alegre por tamaño éxito decidió llamar a Alicia para celebrarlo entre sus brazos.</p>



<p>El destino hizo que la abogada estuviera inmersa en un asunto legal de enorme importancia y lamentándolo mucho, le dijo que no. Por lo que al salir del trabajo sobre las siete, no le quedó otra que volver a su casa. Allí se topó con Estefany esperándolo en la puerta, vestida igual que Halle Berry en la película. No creyendo en las coincidencias, la saludó temeroso mientras intentaba evitar hundir sus ojos en el profundo escote de la blusa de tirantes que llevaba puesta. Aun así, no pudo evitar caer en la tentación y mientras la niña le preguntaba por su día, buceó con la mirada entre sus pechos.</p>



<p>«¡Como está la condenada!», exclamó mentalmente mientras veía crecer dos gruesos botones bajo esa tela morada.</p>



<p>Completamente desconcertado por la reacción involuntaria de la chavala, preguntó por Antía.</p>



<p>―Está en la cocina preparando uno de sus platos preferidos― con sus mejillas todavía coloradas al sentirse descubierta, respondió.</p>



<p>Intrigado por esa respuesta, Gonzalo se acercó donde la treintañera se debatía entre fogones y alucinado descubrió que la colombiana no había mentido al tomar de una fuente una croqueta y descubrir que estaba hecha con queso de cabrales. &nbsp;Ese sabor lo retrotrajo a su infancia y a su aldea perdida en los picos de Europa.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/273/89342710/89342710_024_08d7.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>«No puede ser», pensó mientras una lágrima corría por sus mejillas: «Es la receta de Mamá».</p>



<p>Sintiéndose niño después de tantos años, no pudo dejar de coger una segunda y mientras saboreaba ese manjar, se preguntó cómo era posible. Sin pensarlo dos veces, preguntó a la pelirroja de donde había sacado la idea, pero sobre todo quién le había dado la receta.</p>



<p>―Fue la chiquilla. Por lo visto, recordó que un verano en Santander la llevó a un chiringuito donde usted se hartó de comer este tipo de croquetas.</p>



<p>Aunque no lo recordaba, lo dio por bueno e impulsado por el hambre tomó la tercera antes de volver donde la cría a darle las gracias. La colombiana al escucharlo, sonrió y como si fuera una práctica habitual a la que no pensaba renunciar, le pidió si después de cenar podía quedarse dormida como la noche anterior.</p>



<p>―Fue la primera vez en semanas que pude descansar― comentó al ver su cara de espanto.</p>



<p>La desolación de su rostro pensando que se iba a negar lo enterneció y siendo consciente de lo poco apropiado que era permitir que esa cría descansara usando su muslo como almohada, iba a ceder cuando en el último momento le informó que no le apetecía ver la televisión, sino leer.</p>



<p>―Entonces, perfecto. Te prometo no incordiar mientras disfrutas del libro.</p>



<p>&nbsp;Que le hubiera malinterpretado y viera en su respuesta una aceptación, lo dejó sin argumentos y se quedó callado. La cría parecía satisfecha y sin despedirse, se dirigió hacia su cuarto. Gonzalo, que para entonces no entendía nada, se percató que de espaldas el parecido con la actriz era todavía más patente y que incluso la forma con la que caminaba embutida en esa minifalda, se la recordaba.</p>



<p>«Quizás sea todavía más guapa», se dijo buscando unas diferencias que no veía y siniestramente excitado al recordar la escena, prefirió ponerse una copa.</p>



<p>Sin darse cuenta, escogió entre todas las botellas de su bar una de Jack Daniels. Al dar el primer sorbo, fue cuando cayó en la cuenta de esa elección y asustado como pocas veces al saber que era la misma bebida con la que los protagonistas se habían emborrachado, decidió no tentar la suerte y tirándola en el baño, rellenó su copa con vodka.</p>



<p>«Esto es ridículo. Ha sido casualidad», meditó menos convencido que horrorizado.</p>



<p>Se acababa de sentar para disfrutar de la copa cuando por la puerta apareció su criada y tomando asiento frente a él, le preguntó de dónde había sacado a esa extraña joven. Su pregunta lo cogió con el pie cambiado cuando sabía a ciencia cierta que la treintañera conocía perfectamente que era la amiga de su hija Patricia.</p>



<p>―Señor, no se lo digo porque no sea encantadora, que lo es, sino porque parece conocer cada uno de sus gustos como si hubiese vivido siempre en esta casa. Por ejemplo, hoy cuando acomodaba su ropa en el armario me equivoqué y puse una de sus camisas de sport junto a las de trabajo, con dulzura me reprendió diciendo que usted tiene tan aprendido dónde van que ni siquiera se fija en la que toma.</p>



<p>―Coño, Antía. Cualquiera se hubiese dado cuenta de que estaba fuera de sitio― respondió sin darle importancia.</p>



<p>―Quizás, pero hay otros detalles que no me cuadran― y sacando del bolsillo, un papel se lo puso en las manos: ―Fíjese en la lista de la compra que hoy elaboró y dígame si alguien que no le conozca a conciencia es capaz de hacerla.</p>



<p>Leyendo con detalle la misma, no vio nada extraño y así se lo hizo saber.</p>



<p>― ¡Por dios! ¿No se ha dado cuenta? Sabe la marca de desodorante que usa, las frutas o las verduras que prefiere, los cortes de carne que le entusiasman e incluso algo tan privado como el tipo de antiácido que toma cuando se le pasan las copas.</p>



<p>Siendo extraño, no le pareció descabellado que con ganas de agradar hubiese hablado con Patricia y comentándoselo a la mujer, volvió a quitarle hierro. La pelirroja, nacida en la Galicia más profunda, reveló su creencia en lo sobrenatural diciendo:</p>



<p>―Puede ser, pero a mí me parece que esa niña es capaz de leer los pensamientos como una meiga.</p>



<p>Al escuchar esa memez, se echó a reír provocando el cabreo de la gallega. La cual indignada se marchó farfullando de vuelta a la cocina que la cena estaba lista. Pensando en las croquetas, fue a avisar a la muchacha. Cuando iba a pasar a su habitación, recordó cómo la había pillado duchándose y prefirió tocar antes de entrar.</p>



<p>―Ya salgo― la oyó decir mientras la puerta se entreabría y a través de la rendija, veía que se estaba subiendo la falda.</p>



<p>Casi se desmaya al comprobar no tanto la perfección de su trasero, sino que llevaba el mismo tipo de tanga de la escena erótica que se había visto protagonizando con ella en su alucinación. Sin esperar a que saliera, bajó totalmente confundido las escaleras. Mientras esperaba su llegada, comprendió que, por alguna razón al darse cuenta de lo mucho que le impresionó ver a Halle Berry haciendo el amor, Estefany había decidido imitarla. Por eso cuando la cría llegó, la recibió con uñas y sentándose en la mesa, apenas habló durante la cena.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/273/89342710/89342710_006_3b2b.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Si la hispana se dio cuenta de su cabreo, no lo demostró. Es más, demostrando que además de guapa tenía una cabeza perfectamente amueblada, comentó las noticias de la jornada haciendo especial hincapié en una en la que el locutor había hablado de una compañía que iba a salir a bolsa al día siguiente:</p>



<p>―O mucho me equivoco o ese valor va a subir como la espuma.</p>



<p>Aunque parte de su dinero estaba invertido en ese tipo de valores, no le prestó atención y siguió cenando. Al terminar, pidió a Antía que le preparara un café y se fue al salón. Una vez allí, de la estantería donde tenía los que todavía no había leído, cogió uno al azar y sentándose en el sofá, se puso a ojearlo. Al ver que trataba sobre el inconfesable amor entre un maduro y una joven, pensó en tomar otro. Pero entonces, trayendo ella el café, apareció Estefany y tras dejarlo sobre la mesa, se tumbó en la posición de la que había hablado.</p>



<p>Sintiéndose contra la pared y observando de reojo que tenía ya los ojos cerrados, comenzó a leer. Muy a su pesar, no tardó en verse subyugado por la historia y a la tercera página ya se había olvidado de la chavala. Sus temores volvieron con fuerza, al comprobar francamente acojonado que en ese libro el autor con pelos y señales reseñaba lo que había sentido él al descubrirla enjabonándose en la ducha.</p>



<p>«¡Es imposible!», exclamó para sí y releyendo el mismo pasaje una y otra vez no halló nada que difiriera de lo que había vivido.</p>



<p>Intrigado, aceleró la lectura para quedarse horrorizado cuando vio en blanco y negro que el ejecutivo se hacía rico siguiendo los consejos de su musa sin que esta le pidiese a priori nada sexual a cambio. Recordando la subasta de la mañana se vio reflejado y siguió leyendo.&nbsp; Ya en el segundo capítulo, la joven cambió de actitud y un buen día al llegar de la oficina, el maduro se la encontró semidesnuda esperándolo en la puerta. Tan impactado se quedó el protagonista al verla en negliggé que nada pudo hacer para evitar que agachándose lo descalzara mientras le informaba de lo mucho que su cachorrita lo había echado de menos.</p>



<p>Dejando el libro sobre la mesilla, Gonzalo cerró los ojos y se imaginó a Estefany actuando como la musa. Contra su voluntad, se vio levantándola del suelo y metiendo las manos bajo el sugerente camisón. Por raro que parezca, le pareció sentir la calidez de la piel de la hispana bajo sus yemas y su pene reaccionó adquiriendo un grosor que no recordaba. Fue entonces, cuando sin previo aviso tuvo que volver a la realidad al escuchar un gemido a su lado.</p>



<p>―Por favor, sigue imaginando― con la cabeza todavía sobre su muslo oyó a Estefany suspirar.</p>



<p>Dominado por una extraña lujuria al notar que seguía dormida, cerró de nuevo los párpados y en su mente, la empotró contra la pared mientras le desgarraba el tanga.</p>



<p>―Hazme tuya― percibió el sollozo de la joven mientras en su cerebro jugaba con los pliegues de su feminidad.</p>



<p>Excitado y sintiéndose culpable, se imaginó su pene tomando posesión de la joven lentamente y a ella retorciéndose al sentir su vagina avasallada de esa forma. Sin llegarlo a comprender notó como terminaba de incrustárselo como si fuera real y preso de lo que estaba experimentando, comenzó a cabalgarla con decisión.</p>



<p>― ¡Me encanta! ― sobre su muslo, chilló la morena entusiasmada cuando en su imaginación la acuchillaba sin pausa.</p>



<p>Ya sin ningún pudor, la sujetó de los pechos mientras aceleraba sus embestidas. La Estefany de su sueño no solo no se quejaba, sino que colaborando con él comenzaba a mover desenfrenadamente el trasero al ritmo que su tallo le marcaba. Sin llegar a ser consciente de que lo que hacía en su mente era sentido por la chavala, siguió poseyéndola una y otra vez alternando cada embestida con un pellizco en sus pezones.</p>



<p>― ¡No pares de follarme! ― llegó a sus oídos el alarido de la joven mientras en su cerebro le soltaba el primero de una serie de azotes.</p>



<p>Azuzado por sus gritos siguió castigando sus nalgas al tiempo que como si fuera un martillo neumático su hombría iba demoliendo una a una las defensas de la mujercita en su imaginación.</p>



<p>―Me corro― escuchó que balbuceaba la real mientras la otra sucumbía al placer salpicando con flujo sus piernas.</p>



<p>En ese instante, para Gonzalo, la escena era tan vivida que incluso le pareció oler el aroma a sexo que desprendía cada vez que la empalaba y contagiándose de su placer, su pene explotó derramando su imaginaria semilla en el interior de Estefany. Al eyacular en ella, la chavala se retorció en un nuevo orgasmo y cayendo lentamente al suelo, comenzó a reír diciendo:</p>



<p>―Hoy sí que voy a dormir como una bebé.</p>



<p>Entonces y solo entonces, el cincuentón abrió los ojos para descubrir que, sobre su muslo, la chavala sonreía. Cortado como pocas veces, trató de disimular y lo primero que se le ocurrió fue preguntar qué era lo que había dicho.</p>



<p>Desternillada de risa, la joven se levantó y acomodándose la minifalda, contestó:</p>



<p>―Lo sabes bien, mi amado maduro.</p>



<p>Pálido hasta decir basta, la vio caminando hacia la puerta con las piernas abiertas como si estuviera escocida tras haber follado salvajemente y antes de marcharse por el pasillo, se giró y lanzándole un beso, añadió:</p>



<p>―Esta noche, intenta no soñar conmigo, ¡me has dejado agotada!&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">4</h1>



<p>Ya en la soledad de su cuarto, Gonzalo intentó infructuosamente dar sentido a lo que había vivido minutos antes, pero al no conseguir una explicación racional decidió que no había existido y que todo era producto de un sueño. Aferrándose a eso, se desvistió e intentó dormir mientras se repetía como un mantra que su imaginación le había jugado una mala pasada y que se debió quedar traspuesto sin darse cuenta. Aun así, cada vez que su mente divagaba y se veía a punto de amar a la amiga de su hija, haciendo un esfuerzo la echaba de su cerebro y se obligaba a pensar en otra cosa.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/273/89342710/89342710_012_0ecb.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por eso, cuando en la mañana, bajó a desayunar y se encontró cara a cara con la hispana, intentó simular una tranquilidad que no sentía depositando un fraternal beso en su frente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Has conseguido descansar? Se te nota agotado― preguntó con un cariño y una ternura más propia de una novia que de una invitada.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con los nervios a flor de piel, no quiso reconocer que apenas había pegado ojo y bebiéndose de un trago el café, se despidió de ella y huyó hacia la empresa. De camino a la misma, recordó el comentario que había hecho sobre la empresa que iba a comenzar a cotizar y tomando el teléfono, llamó a su corredor de bolsa para que le comprara cien mil euros de esa startup.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Es una apuesta arriesgada― le comentó el financiero haciéndole ver el peligro que suponía invertir en tecnológicas de nueva creación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como esa cría le había hecho más que doblar su dinero al avisarle de la subasta, consideró que valía la pena el riesgo e insistió que las adquiriera en su nombre.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No se hable más. Te envió los comprobantes de la transacción en cuanto los tenga― molesto por que su cliente no hubiese seguido el consejo, contestó el agente y colgó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al no ser una cantidad que le quitara el sueño, Gonzalo olvidó el tema y llegando a la oficina se embarcó en resolver los asuntos pendientes, entre los que estaba poner en venta el edificio que había comprado, aunque todavía no le hubiese dado tiempo de escriturar su compra. Curiosamente, no tardó en encontrar un inversor interesado y pactando un precio cercano a los once millones, comprendió que no solo había hecho el día sino el año.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Jamás he ganado tanto en una sola operación», se dijo mientras pensaba en cómo compensar a la colombiana.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin ganas de seguir trabajando y dado que era viernes, guardó su portátil para dar así por terminada su jornada laboral. Amalia, su secretaria, lo vio marchar y sonriendo, le deseó que un buen fin de semana. Ya en su coche, comprobó en su reloj que todavía le daba tiempo para llegar a una joyería y enfilando la calle Ayala, aparcó cerca de Goya. Caminando por esa calle comercial, entró en Durán donde saludando a una empleada que conocía le pidió ayuda sobre qué comprar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Qué edad tiene la homenajeada? ― fue su única pregunta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un tanto cortado contestó que sobre veinticinco. Que no supiera sus años con seguridad hizo ver a la eficaz vendedora que su conocido tenía un affaire y sabiendo que sería presa fácil, le sacó un muestrario con las joyas más caras de la tienda.</p>



<p>Gonzalo se vio incapaz de elegir una y pidiendo auxilio a las musas, cerró los ojos para imaginar cual elegiría Estefany. De inmediato a su mente, le llegó la imagen de la hispana llevando un collar de raso negro con un colgante de forma rara. Al describírselo, la señora comprendió que la destinataria era una joven de piel morena que el día anterior había estado chismeando en la tienda y sacándolo de un cajón, lo puso a su disposición avisándole que además de ser su precio elevado era un símbolo mágico.</p>



<p>Al reconocerlo cómo el que había visualizado en el cuello de su invitada, se hizo el despistado mientras preguntaba si podía decirle qué representaba:</p>



<p>―Según su autora, que es un poco excéntrica, simboliza la unión de la mujer lo luzca con el autor del regalo.</p>



<p>Por un momento, dudó si comprarlo. No le apetecía si quiera figuradamente unirse a Estefany y por eso dejándolo sobre el mostrador, insistió que le mostrara otros parecidos. Por desgracia ninguno de los que puso a examen lo convenció y señalando el primero, sacó la tarjeta y lo pagó sin reparar en los cuarenta y cinco mil euros que costaba tras haber ganado millones con su información.</p>



<p>Con el broche bajo el brazo, volvió a su casa donde la cría le comentó nada más entrar que estaban solos porque Antía se había tenido que ir urgentemente al pueblo.</p>



<p>― ¿Ha pasado algo con sus padres? ― preguntó sabiendo que ambos eran ancianos.</p>



<p>Asintiendo le informó que a la madre le había dado un ictus y que estaba en el hospital. Gonzalo no pudo más que sentir pena por la pobre mujer y tomando el teléfono y marcó su número para que se tomara el tiempo que considerara necesario para volver.</p>



<p>―Según los médicos, en cosa de dos semanas podré llevarla a casa― contestó ésta ratificando de esa manera lo que ya se temía, que su ausencia sería larga.</p>



<p>―No hay problema y no te preocupes, ahora mismo te ingreso dos meses de sueldo por anticipado para que al menos no tengas que preocuparte por el dinero.</p>



<p>Para su sorpresa, tras agradecerle el detalle, su fiel empleada le alertó que se anduviera con cuidado con la joven por que le parecía muy raro que su llegada coincidiera con la enfermedad de su vieja. Asumiendo que eran los nervios los que guiaban sus palabras, evitó reírse y mientras pensaba que era absurdo achacar a la amiga de su hija un accidente cerebrovascular ocurrido a quinientos kilómetros, contestó que lo tendría en cuenta y colgó.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/273/89342710/89342710_028_7ec3.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Al ver que la aludida seguía plantada junto a él, recordó que le había comprado un broche y se lo dio haciéndole saber que gracias a su avispado comentario sobre la subasta había hecho un negocio estupendo.</p>



<p>―Es lo menos que puedo hacer por el hombre que me ha acogido en su hogar― respondió la cría mientras lo abría.</p>



<p>Su cara de alegría fue total cuando vio en qué consistía el regalo. Y sacándolo del estuche, lo puso en sus manos para acto seguido pedirle si podía ser él quien se lo abrochara. Al ser su presente, Gonzalo lo vio normal y dijo que por supuesto. Lo que no fue tan normal fue que la joven se arrodillara para facilitar que se lo pusiera y menos que tras cerrarlo en torno a su cuello, Estefany se echase a llorar.</p>



<p>― ¿Qué te pasa criatura? ― preguntó horrorizado pensando quizás que la depresión había vuelto.</p>



<p>Pero entonces, abrazándolo, contestó:</p>



<p>―No sabes la ilusión que me hace este regalo y que hayas sido tú quien voluntariamente y sabiendo su significado, me hiciera llevarlo.</p>



<p>La excitación que sintió al tenerla entre sus brazos no fue óbice para que aterrorizado lamentase no haber escogido otra joya, pero decidido a no revelar que la empleada de Durán le había prevenido de que la mujer a la que se lo diese quedaría unida a él se abstuvo de comentar nada al respecto y únicamente quiso saber dónde le apetecía que le llevara a comer.</p>



<p>―No hace falta ir a ningún sitio. Sabiendo que vendrías con hambre, he cocinado un plato de mi tierra― alegremente respondió y meneando su maravilloso pandero en dirección a la cocina, le pidió que se sentara a la mesa.</p>



<p>El olor que le llegaba le anticipó que era alguna clase de marisco y como era algo que le encantaba, comenzó a babear aún antes que su imprevista cocinera le plantara en frente una cazuela con camarones, calamares, ostras, varias variedades de pescado, llegando al extremo de incluir langosta.</p>



<p>―Se ve delicioso― comentó.</p>



<p>―Mejor sabrá― contestó Estefany mientras esperaba a que Gonzalo lo probase.</p>



<p>&nbsp; Metiendo la cuchara, probó primeramente el caldo y en él descubrió que además de todos esos ingredientes, llevaba leche de coco, verduras y demás especias.</p>



<p>― ¡Está cojonudo! ― exclamó al sentir la explosión de sabores en su boca.</p>



<p>― ¿A qué no sabías que además de ser una monada soy una cocinera de lujo?</p>



<p>Al oír el modo que se auto alababa con picardía, no quiso quedarse atrás y mirando el prominente escote donde lucía el broche que le acababa de alabar, contestó muerto de risa:</p>



<p>―Lo primero es evidente, lo segundo lo acabo de comprobar&#8230; ¿qué otras maravillas me quedan por descubrir?</p>



<p>Colorada como un tomate al sentir la descarada mirada en sus pechos, bajando la cabeza como si estuviese avergonzada, suspiró:</p>



<p>―Debo decirte que, además de guapa, simpática y estupenda chef, soy un poco bruja.</p>



<p>Creyendo que iba de guasa y que había usado esa palabra para definirse aludiendo a la fama que tenían las mujeres entre los hombres, se echó a reír:</p>



<p>―Dime algo que no sepa. ¡Eres una bruja preciosa capaz de hechizar a cualquier bobo que se te antoje!</p>



<p>―No eres ningún bobo― nuevamente con las mejillas rojas de vergüenza, replicó: ―Eres un hombre adorable y tremendamente sexy.</p>



<p>El camarón que Gonzalo estaba a punto de llevarse a la boca se le cayó y levantando su mirada, la observó y se percató de que lo decía completamente en serio. No sabiendo cómo actuar, ni qué decir, volvió al recoger el sabroso manjar y se lo comió haciendo como si no hubiese escuchado la opinión que tenía esa criatura de él.</p>



<p>«¿No se da cuenta de que tengo la edad de su padre?», se preguntó sin exteriorizarlo: «¡La llevo más de veinte años!».</p>



<p>Sabiendo la lucha interior de su acompañante, la morena sonrió:</p>



<p>«Antes de darte cuenta, estarás entrelazando tus piernas con la mías mientras me susurras palabras de amor».</p>



<p>Ajeno a que las intenciones que albergaba hacia él, al terminar de comer, en vez de un café prefirió un té con el que bajar el banquete que se había dado. La chavala recordó que la noche anterior había dormido poco y le aconsejó que se fuera a recostar mientras se lo preparaba. Asumiendo que necesitaba esa siesta, la considero casi obligatoria y se fue a su dormitorio. Mientras se desnudaba para ponerse el pijama, en la cocina Estefany se puso a calentar agua. Cuando comenzó a hervir, se despojó del tanga que llevaba tres días usando y lo metió en la olla:</p>



<p>―Con esta agüita de calzón, mi hombre me entregara su corazón― tomando el broche entre sus manos, recitó el sortilegio que le uniría por siempre a ella: ―Con el agua de mis calzones, me dará sus posesiones. Con la esencia de mis pantaletas, se volverá loco con mis tetas. Con el sabor de mi braga, clavará en mí su daga.</p>



<p>Durante cinco minutos lo tuvo burbujeando para asegurarse de que la prenda había desprendido todas sus propiedades y sacando del fuego el recipiente, llenó una taza. Donde tras colocar una bolsa de té, se lo llevó a su presa. Medio dormido, Gonzalo se lo bebió sin saber qué tipo de mejunje era mientras la amiga de Patricia lo observaba.</p>



<p>«Es por tu bien. Desde que te conocí el primer verano, decidí que terminaríamos juntos», pensó y asumiendo que debía dar tiempo al conjuro para actuar, feliz cómo no recordaba, se fue a cambiar de ropa para culminar su estreno.</p>



<p>Al cabo de media hora, salió ataviada únicamente con un camisón blanco que simbolizaba su pureza para que el que sería su amante supiera que ningún varón podía adjudicarse el mérito de haberla desvirgado. Con ello en mente, se acercó a donde yacía dormido su destino y abrazándose a él aguardó su despertar. Ya con la cabeza apoyada sobre el pecho desnudo del hombre que consideraba suyo, se puso a susurrar en su oído:</p>



<p>&nbsp;―Estabas haciendo el amor a la zorra de tu esposa la primera vez que supe que eras mío y juro que no comprendí que la madre de Patricia no estuviera disfrutando mientras la poseías. No era justo ni para ti, ni para la chiquilla de veinte años que alborozada descubrió la excitación mientras veía a ese hombretón intentar satisfacer a su hembra.</p>



<p>Mirándolo todavía dormido se sintió libre de comentar al saber que, aunque no pudiese oírla, su mensaje quedaría grabado en el cerebro:</p>



<p>―Yo hubiese dado mi vida por ser la mujer que estaba siendo amada en tu cama. Ganas me dieron de sacarla de los pelos y volviendo a tu lecho, poner mi cuerpo a tu disposición, pero era imposible porque seguías enamorado de ese putón.</p>



<p>El sonido de su respiración le permitió continuar a pesar de las dos lágrimas que amenazaban con aflorar en sus ojos:</p>



<p>―Ese día decidí renunciar a mi padre, a mi país, a todo, por ti. Desde la distancia, fui yo la que te mandó el mail con las pruebas de su traición. Cinco años esperé a que estuvieses listo para recibirme. Cinco años en los que soñé con este momento en el que finalmente vas a unirte a mí&#8230;</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/273/89342710/89342710_018_5b1d.jpg" alt="" width="705" height="469"/></figure></div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La mejor amiga de mi hija y la criada luchan por mi&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 16:56:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Con casi cincuenta años y tras un tormentoso divorcio, la vida sonreía a Gonzalo Sierra. Dueño de un pequeño emporio inmobiliario y una vida sexual más que decente, se consideraba un hombre medianamente feliz. Solo tenía un problema, los tres hijos que había tenido con Marta, su ex mujer. Por motivos genéticos, por el ejemplo que les había dado, o sepa qué azar del destino, sus descendientes habían sido incapaces de mantener una pareja estable. Alberto, el mayor, saltaba de una novia a otra a cada cual más rara. La que no era mucho mayor que él, venía de una [&#8230;]]]></description>
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<p>Con casi cincuenta años y tras un tormentoso divorcio, la vida sonreía a Gonzalo Sierra. Dueño de un pequeño emporio inmobiliario y una vida sexual más que decente, se consideraba un hombre medianamente feliz. Solo tenía un problema, los tres hijos que había tenido con Marta, su ex mujer. Por motivos genéticos, por el ejemplo que les había dado, o sepa qué azar del destino, sus descendientes habían sido incapaces de mantener una pareja estable. Alberto, el mayor, saltaba de una novia a otra a cada cual más rara. La que no era mucho mayor que él, venía de una familia conflictiva, era alcohólica o directamente una psicópata. Patricia, la mediana, ni siquiera eso. Siendo una mujer guapísima, apenas había tenido novios y si se le preguntaba por los motivos de su soltería, siempre contestaba que los hombres le tenían miedo. Y la pequeña, Isabel, una médica recién graduada que dudaba todavía con veinticuatro años sobre cuál era su sexualidad, pasando de tener como pareja un hombre y a la semana siguiente pasear colgada de una mujer. Según ella, era pansexual.</p>



<p>Siendo Gonzalo de la vieja escuela, la primera vez que su hija le había hablado de esa orientación sexual tuvo que buscarla en internet y así se enteró que la pansexualidad consistía en la atracción hacia otras personas independientemente de su sexo o identidad de género.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/257/23797706/23797706_003_9d69.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Joder, en mis tiempos a eso le llamábamos bisexualidad», recuerda que pensó al leerlo y por mucho que tanto la responsable de sus dudas como el resto de sus retoños le intentaron explicar la diferencia, lo cierto es que para él era lo mismo: «A mi hija le gusta la carne y el pescado».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque ya no vivía con ellos, no era raro que alguno lo llamara para comer y por eso no le extrañó cuando una mañana, Patricia le mandó un WhatsApp pidiendo verlo. Hasta para eso era anticuado y en vez de contestar tecleando su teléfono, la llamó y quedó con ella en verse en un restaurant para cenar. Nada más colgar recordó que había quedado con anterioridad con una conocida con derecho a besos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «A Alicia no le importará», se dijo mientras pensaba en qué excusa darle. Pero decidió decirle la verdad, porque también para ella los hijos eran lo primero y varias veces le había cancelado sus citas para ocuparse de ellos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal y como previó, la abogada comprendió la razón, pero no por ello le obligó a compensarla con un fin de semana romántico en Londres. Aceptando el chantaje como mal menor, le prometió que el siguiente la llevaría a recorrer la capital inglesa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Dudo que nos dé tiempo», sonrió recordando la fogosidad de esa rubia de pechos operados, «es más, no creo que salgamos de la cama».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nada le alertó cuando esa noche salía de la empresa que la conversación que mantendría con su nena cambiaría su vida. Mientras encendía su flamante BMW, lo único que se le pasó por la cabeza fue el sablazo que seguramente sufriría su cuenta corriente y es que a pesar de estar empleada en un despacho top de Ingenieros y ganar un buen salario, Patricia tenía un agujero en el bolsillo y cada equis tiempo le pedía dinero. Por eso, casi no habían empezado a charlar cuando decidió ir directo y preguntar cuánto pasta tendría que darle esta vez.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No es eso. Lo que necesito es un favor― hasta indignada contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sorprendido de que sus problemas no fueran monetarios, interesado preguntó en que podía ayudar entonces.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Recuerdas a Estefany, mi amiga colombiana?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era imposible no acordarse de ese terremoto que Patricia había conocido haciendo Erasmus en Paris. Además de medir uno ochenta, esa morena de ojos verdes era una descarada tan divertida como guapa, que desde el primer día que la conoció le pareció una cría encantadora.</p>



<p>―Sí, que pasa con ella.</p>



<p>―Lleva un par de años pasándolo mal y parece ser que se ha peleado con su viejo.</p>



<p>―No me extraña, ese Ricardo es un perfecto cretino― contestó al recordar cuando durante una visita lo conoció en Madrid y le pareció el clásico potentado iberoamericano que se creía un iluminado por la mano de Dios: ―Pero, ¿qué tiene eso que ver?</p>



<p>―Como trabajaba en la compañía de su padre, se ha despedido y por miedo a buscarse la enemistad de ese hombre, nadie de su ciudad quiere contratarla. Sin otra salida que marchar, me ha pedido ayuda para instalarse en Madrid.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/257/23797706/23797706_005_6807.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Siendo su hija un tanto descerebrada, ante todo era una buena persona y por eso pensó que lo que le quería pedir es que la contratara.</p>



<p>―Puedo darle trabajo, si es eso lo que te preocupa.</p>



<p>De repente sus mejillas se tornaron coloradas:</p>



<p>―Eso le vendría muy bien, pero anda deprimida y no creo que sea lo mejor. Quizás más adelante.</p>



<p>― ¿Entonces?</p>



<p>―Me ha pedido vivir conmigo mientras se aclara―&nbsp; como no le pareció raro siendo tan amigas, Gonzalo aguardó a que continuara: ―Pero es imposible, aunque no te lo haya contado, estoy viviendo con un chico.</p>



<p>― ¿Tienes novio? ― preguntó alucinado.</p>



<p>―Sí. Acabamos de empezar y por eso quería pedirte que se quedara en tu casa.</p>



<p>―Pero, ¡Patricia!</p>



<p>―Serán solo un par de meses, mientras se adapta&#8230; ¡por favor! ¡Papito! Tu chalet es enorme.</p>



<p>Mientras en la empresa y en la vida era un tipo duro, con sus bebés era un blando y aunque no le apetecía en lo más mínimo que esa cría viniera a trastocar su vida de solterón, no pudo negarse y únicamente preguntó cuándo tenía pensado aparecer por España. Demostrando cómo de calado tenía a su progenitor, la chavala contestó:</p>



<p>―Papa, te conozco y sé que, si te hubiese dado tiempo, hubieras pensado en alguna forma de escaquearte&#8230;</p>



<p>― ¿Cuándo llega? ― con un visible y creciente cabreo, la interrumpió.</p>



<p>―Tenemos tiempo de cenar tranquilamente, su vuelo no aterriza hasta las doce― respondió mientras llamaba al camarero para pedir la comanda.</p>



<p>De buen gusto, la hubiese castigado con un par de azotes como hacía cuando era una cría, pero con sus veinticinco años y en un local público eso era algo impensable y por eso decidió reprenderla del modo más cruel que se le vino a la cabeza y con una sonrisa de oreja a oreja, puso sobre la mesa sus condiciones:</p>



<p>―Este sábado me presentarás a ese noviete que me has tenido escondido o ya puedes buscar sitio a tu amiga en un sofá de tu casa.</p>



<p>― ¡No me puedo creer que seas rencoroso! ― exclamó molesta por la imposición.</p>



<p>―Rencoroso es mi primer apellido y Vengativo el segundo. ¿Realmente creías que me iba a quedar callado? Cuando me tengo que enterar que tienes pareja, ¡el mismo día que metes con calzador a una amiga en mi casa!</p>



<p>―Vale, perfecto. Pero esta cena y la comida del sábado las pagas tú&#8230; ¡estoy sin un euro!</p>



<p>Sonriendo por esa simbólica, pero inservible victoria, rellenó su copa y se puso a leer la carta mientras trataba de pensar si acomodar a Estefany en el bungaló de la piscina o en una de las habitaciones de la casa. Como lo último que deseaba era tener a esa hispana deambulando por la misma planta donde él dormía, decidió llamar a Antía, la criada, para que prepara esa habitación. Al decírselo, la treintañera que llevaba con él desde el divorcio, le hizo ver que era invierno y que es esa casita no había calefacción.</p>



<p>―Papá, lo mejor es que se quede en mi habitación. ¡Recuerda que es mi invitada!</p>



<p>A punto de soltarle que llevaba tres años sin dormir ahí, prefirió quedarse callado y no decirle que sus reparos en acogerla ahí provenían de que, al ser el cuarto que estaba frente al suyo, la colombiana estaría al tanto de sus movimientos y eso haría imposible que se llevara a alguien a dormir con él.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/257/23797706/23797706_010_c5b8.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>«Tendré que llevármelas a un hotel», se dijo refunfuñando.</p>



<p>Su enfado se fue diluyendo gracias a los mimos de la manipuladora criatura que había engendrado y es que, sabiendo el enorme sacrificio que hacía, se dedicó a compensárselo a base de cariño.</p>



<p>―Te quiero mucho, papito― le dijo mientras arrancaba el coche para ir al aeropuerto.</p>



<p>―Yo más, mi pequeña― con el corazón henchido de orgullo respondió al sentir sus palabras como una medalla.</p>



<p>No en vano al romper con su madre y aunque ella lo abandonó por otro, siempre le había quedado la duda de si la razón de la ruptura era el poco tiempo que había dedicado tanto a ella como a sus retoños.</p>



<p>Mientras se dirigían a recoger a la colombiana, Gonzalo se intentó auto convencer de que la presencia de esa morena no trastocaría su día a día.</p>



<p>«Puede ser hasta agradable», se dijo recordando el carácter travieso y juguetón que siempre había demostrado las temporadas que había pasado veraneando con Patricia en su casa de Santander.</p>



<p>A su mente llegó un par de trastadas que conjuntamente hicieron y que le sacaron de las casillas como podía ser el robarle el coche para irse de juerga a Pedreña o la fiesta de espuma que montaron el jardín.</p>



<p>«Estefany es encantadora y no dará problemas», concluyó más tranquilo mientras aparcaba en el parquing de la T4 y en el reloj del coche marcaban casi las doce.</p>



<p>Asumiendo tenían tiempo por el tamaño de la terminal y el hecho que viniendo de Hispanoamérica tuviera la obligación de pasar el control de pasaportes, no tuvo prisa alguna en llegar a la sala de espera. Por eso no supo que decir cuando se la encontraron llorando aterrorizada con la idea de que su amiga se hubiese olvidado de su llegada.&nbsp; Es más, le costó reconocer en ella a la joven que recordaba. Siempre la había visto como una cría que se comería el mundo a bocados y por eso le resultó tan duro verla sollozando en brazos de Patricia.</p>



<p>«Menuda depresión», pensó impresionado al comprobar que las profundas ojeras de su rostro.</p>



<p>Impactado, se quedó observando que lejos de venir vestida de acuerdo a su edad, su indumentaria parecía la de una monja. Con un jersey de cuello alto y una falda hasta los tobillos esa niña anteriormente tan coqueta hubiese pasado desapercibida en una congregación religiosa.</p>



<p>«Algo le ha ocurrido, Este cambio no puede ser motivado por una discusión con su padre», concluyó mientras recogía su equipaje.</p>



<p>Al ser algo que no le incumbía, no preguntó y prefirió adelantarse para que Patricia y la cría pudieran hablar en confianza. Cuando llegaron a donde había aparcado, la tristeza de la chavala parecía haberse incrementado. Su sospecha de que hasta verse su hija no le había anticipado el cambio de planes y que en vez de quedarse en su piso viviría con él, quedó de manifiesto cuando lanzándose a sus brazos se echó a llorar por ser tan bueno de acogerla. Enternecido por el dolor que encerraban sus palabras, dejó que se desahogara en su pecho mientras le decía que podía quedarse todo el tiempo que quisiera.</p>



<p>Su desinteresado apoyo la hizo berrear aún más y mientras intentaba calmarse, le juro que intentaría no ser un incordio.</p>



<p>―Jamás lo serás. Eres de la familia.</p>



<p>―Estefany, Papá está encantado de recibirte y verás como con su ayuda no vas a tardar en recuperarte.</p>



<p>Las palabras de Patricia consolando a la colombiana ratificaron sus sospechas de que su estado tenía otro origen al que su hija había dicho.</p>



<p>«Debió ser terrible para que tuviera que dejar su país con tantas prisas», abriendo la puerta para que pasara al coche, meditó.</p>



<p>Como tenía la seguridad de que tarde o temprano se enteraría, no dijo nada y condujo hasta el chalet. Una vez allí, únicamente se ocupó de subir las maletas y cediendo la responsabilidad de ejercer de anfitrión a su chavala, se encerró en su habitación mientras a través de la puerta le llegaron hasta pasadas las dos el sonido de sus voces charlando o mejor dicho de Estefany llorando y Patricia consolándola&#8230;.</p>



<p>A la mañana siguiente, su hija le estaba esperando para desayunar. Que se hubiese quedado a dormir en casa, no anticipaba nada bueno. Gonzalo, bien hubiese podido echarle en cara el marrón que le había colocado sobre sus hombros, pero prudentemente se abstuvo de hacerlo y solo preguntó cómo había pasado la noche su invitada.</p>



<p>―Está peor de lo que pensaba.</p>



<p>Que su niña estuviera tan triste era algo que consideró lógico.</p>



<p>―Ya verás qué pronto se le pasa. Un par de días que te la lleves de juerga y volverá a ser la misma.</p>



<p>―Ojalá fuera tan fácil. Tiene mucho que pensar y lo último que quiero es presionarla.</p>



<p>Nuevamente el cincuentón estuvo a un tris de pedir que le confiara lo que le pasaba a su amiga, pero la llegada de ésta al comedor lo impidió. Observando las profundas ojeras que lucía, comprendió que la morena apenas había podido descansar y torpemente al querer entablar conversación con ella, le preguntó si había avisado en Colombia que había llegado bien.</p>



<p>Supo que había metido la pata al oír su contestación:</p>



<p>―No tengo a nadie que me importe en ese país.</p>



<p>La angustia de su tono lo dejó petrificado y sin saber cómo actuar, optó por lo fácil. Dio un beso a su niña y otro a su amiga y se marchó a trabajar. Ya de camino a la empresa, se quedó pensando en que podía haberle sucedido. Por un momento, se le pasó por la cabeza que su depresión fuera debida a un abuso paterno, pero rápidamente lo desechó por lo inconcebible que le parecía una actuación así.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/257/23797706/23797706_014_a710.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>«Debe ser otra cosa», prefirió pensar.</p>



<p>Ya en la oficina, el día a día del trabajo le impidieron seguir reconcomiéndose con la difícil situación de su invitada, hasta que sobre las seis de la tarde recibió la llamada de Antía avisándole que la joven se había encerrado en su cuarto y que ni siquiera había bajado a comer. Preocupado, dejó todo y corrió hacia la casa. Al llegar se dirigió hacia la habitación donde dormía y comenzó a tocar la puerta. Cuando no contestó sus llamadas, empezó a aporrearla y temiéndose lo peor, tomó impulso y consiguió derribarla.</p>



<p>&nbsp;La escena que se encontró le hizo ver que sus temores estaban fundados al ver a la colombiana tirada en la cama y sobre la cómoda, un vaso y un bote de somníferos vacíos. Asumiendo que la cría había intentado suicidarse, gritó pidiendo ayuda. La pelirroja, al oír sus gritos, subió corriendo y mientras llamaba a emergencias, metió los dedos en la garganta de Estefany haciéndola vomitar parte del veneno que había ingerido.</p>



<p>Siguiendo las instrucciones que les marcaba el sanitario al otro lado del teléfono, entre los dos la desnudaron y la metieron a duchar mientras llegaba la ambulancia. Aun así, fue una suerte que el contacto con el agua helada la hiciera reaccionar y que terminara de echar los barbitúricos que todavía tenía en el estómago. Como su interlocutor les había dicho que tenían que evitar que se durmiera, Gonzalo Sierra no reparó en que estaba desnuda y durante media hora, la tuvo caminando por la habitación hasta que el sonido de la ambulancia llegando le hizo percatarse de su desnudez.</p>



<p>―Váyase a cambiar― dijo la criada cuando llegaron los enfermeros: ―Yo me quedo.</p>



<p>Su jefe agradeció la sugerencia y yendo a su habitación, se quitó la ropa y se secó antes de ponerse otra. Mientras se vestía, no pudo dejar de lamentar el no haberse percatado del verdadero alcance de la angustia de esa criatura y por ello cuando le informaron que el peligro había pasado y que solo había que dejarla descansar, el duro hombre de negocios se desmoronó y dudó si llamar a su hija o no.</p>



<p>Fue la propia colombiana la que avergonzada le pidió que no lo hiciera:</p>



<p>―Su hija insistiría en quedarse conmigo y no quiero que su novio se enfade.</p>



<p>Aunque le pareció una memez lo que decía, no quiso contrariarla y optó que al menos esa noche no diría nada. La gallega que hasta entonces se había mantenido un poco al margen, viendo que seguía sin ropa, le pidió salir del dormitorio mientras ella se ocupaba de ponerle un camisón.</p>



<p>―Tiene que comer algo. Voy a la cocina y vuelvo― comentó a su jefe que esperaba tras de la puerta.</p>



<p>No queriendo dejarla sola, Gonzalo se acercó a la cama y al verla más tranquila, se sentó junto a ella. Lo malo fue que al tenerlo a su lado se volvió a desmoronar y reclamando sus brazos, se puso a llorar contra su pecho diciendo que no quería seguir viviendo. Nunca había soportado a los que se dejaban derrotar y quizás por ello, de haberse hallado en otra situación o con otra persona, la respuesta del maduro ejecutivo hubiera sido cruzarle la cara con un tortazo, pero al verla tan indefensa se vio impulsado a abrazarla e intentar consolarla.</p>



<p>Desgraciadamente, cuánto más se esforzaba en tranquilizarla, más lloraba y desolado tuvo que soportar que sus gemidos y llantos se prolongaran hasta que Antía apareció con la bandeja de la comida. Avergonzada por su comportamiento, dejó que la dieran de cenar y con el estómago lleno, se consiguió relajar y poco a poco se fue quedando dormida mientras el padre de su amiga y la criada no la perdían de vista.</p>



<p>―Esta muchacha está sufriendo.</p>



<p>Su jefe no respondió mientras se hundía desesperado en el sillón.</p>



<h1 class="wp-block-heading">2</h1>



<p>Esa noche, el cincuentón se quedó despierto velando a la chiquilla. Aunque no fuera su hija, se sentía responsable de ella y por eso solo se separó de ella cuando sobre las ocho llegó la pelirroja a sustituirle. Agotado tras la noche en blanco, se metió a duchar para despejarse. Bajo el agua pensó que de no haber tenido una cita ineludible a las diez se hubiese quedado durmiendo. Tras vestirse y mientras se anudaba la corbata, se asomó a la habitación de la colombiana y viéndola en buenas manos, se fue a trabajar asumiendo que sus problemas no habían hecho más que empezar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La confirmación de que así sería le llegó a modo de conferencia y es que nada más llegar a su oficina recibió la llamada de Ricardo Redondo desde Bogotá.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¿Qué coño querrá este capullo?», se preguntó mientras Amalia, su secretaria, se lo ponía al teléfono.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al pasárselo, el tipo directamente le preguntó si Estefany estaba en Madrid. Pensando que esa pregunta venía motivada por la preocupación paterna, no vio nada malo en contestar que sí y que no se preocupara porque se estaba quedando con él, absteniéndose de comentar nada de lo sucedido la noche anterior. Para su sorpresa, el muy hijo de perra comenzó a despotricar y de malos modos le urgió a echarla porque según él su hija era un peligro para todos aquellos que la tuviesen cerca y que solo él era capaz de cuidarla. Durante poco menos de un minuto soportó sus impertinencias, pero cuando el colombiano se atrevió a amenazarle directamente lo mandó a la mierda y colgó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Menudo imbécil», exclamó para sí mientras a su mente volvía la sospecha de que ese malnacido hubiese abusado de Estefany, ya que su actitud era lo último que alguien podría esperar de un buen padre, y parecía la de alguien sumamente celoso.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Esta niña no se va a ninguna parte, ¡de eso me ocupo yo!», se dijo convencido de que su deber era ayudarla.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resto de la mañana no pudo dejar de pensar en ella y en las razones de su sufrimiento mientras trataba infructuosamente centrarse en la oferta que tenía que mandar a una empresa americana.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Si consigo que me hagan su socio en España, al día siguiente mi compañía valdría el triple», meditó prohibiendo que Amalia le pasara otra llamada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No fue hasta el mediodía cuando viéndose incapaz de terminar la oferta decidió llamar a casa y preguntar por la chiquilla. Antía le contestó que había conseguido que Estefany se tomara el desayuno, pero que no había podido conseguir que saliera del cuarto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No deja de llorar― añadió cuando la interrogó sobre lo qué hacía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tenla vigilada, no vaya a ser que haga una tontería― le ordenó, aunque sabía por la bondad de la mujer que no hacía falta.</p>



<p>Tras colgar, decidió llamar a Patricia para hacerle partícipe de que el padre de su amiga lo había llamado exigiendo que la pusiera en la calle, por si así conseguía que le contara cual era la verdadera razón que había llevado a la morenita a cruzar el charco. Tras tres timbrazos, lamentó que tuviese el teléfono apagado y por eso únicamente le pudo dejar en el contestador que necesitaba hablar con ella.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/257/23797706/23797706_016_7f4f.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>Reconociendo que era incapaz de concentrarse, decidió volver a casa y comprobar en primera persona, el estado de la chavala. Durante el trayecto, intentó pensar en qué decir para sacarla de la depresión, pero como el trato con la gente no era uno de sus fuertes no se le ocurrió nada. Tras aparcar en el chalet y oyendo que la gallega a su servicio estaba ocupada en la cocina, subió por las escaleras en dirección al cuarto que había puesto a disposición de la latina.</p>



<p>Al llegar y no verla, entró en el dormitorio temiendo que la joven estuviese llorando en el baño o algo peor. Por ello, no pensó en que se estuviera duchando cuando abrió la puerta. La silueta de Estefany completamente desnuda bajo el agua lo impactó y durante unos segundos se quedó admirando su indudable belleza. Aunque ya sabía que esa cría era un monumento, no pudo dejar de asombrarse del tamaño y forma de sus pechos.</p>



<p>«¡Por Dios! ¡Es preciosa!», se dijo mientras intentaba retirar la mirada.</p>



<p>Ajena a estar siendo observada, su invitada se estaba enjabonando el trasero y eso le permitió valorar los impresionantes cachetes de los que era dueña. Instintivamente, comenzó a babear deseando que fueran sus manos las que estuviesen recorriendo esas maravillas.</p>



<p>«¡Qué coño hago!», se dijo al darse cuenta de la atracción animal que sentía y muerto de vergüenza, huyó de la habitación.</p>



<p>Ya en el salón, se sentó y se puso a lamentar que, comportándose como un cerdo, se hubiese quedado espiando absorto los atributos de la colombiana.</p>



<p>«No me puedo creer que Patricia haya metido esa tentación en mi casa», descargando la culpa en su hija, masculló mientras intentaba dejar de pensar en las contorneadas piernas que a través del vapor había disfrutado.</p>



<p>Con esa sensual imagen grabada en su cerebro, se sirvió un whisky que le hiciera más pasable el pavor que sentía por haber obrado como un viejo verde.</p>



<p>«Le llevo veintitantos años, ¡puedo ser su padre!», hundido en la miseria, estaba murmurando cuando un ruido le hizo girar y vio que la culpable de su azoramiento se acercaba con cara triste.</p>



<p>―Don Gonzalo, le pido perdón por lo de anoche― con dos lágrimas cayendo por sus mejillas, susurró.</p>



<p>El dolor que destilaba su tono le hizo abrazarla y tratar de consolarla. Como ya había ocurrido con anterioridad, Estefany se desmoronó al sentirse quizás a salvo. Lo que no sabía la morena y Gonzalo nunca lo confesaría es que al mimarla el recuerdo del agua cayendo por su piel volvió con fuerza a su cerebro y espantado por el peligro de sentirse descubierto, el maduro intentó no pensar en ello. Por eso cuando ya su pene comenzaba a crecer bajo el pantalón, recibió con agrado que la chavalilla se separara de él y preguntara a qué se debía su presencia en el chalet, ya que lo usual era que llegara de trabajar entrada la noche.</p>



<p>―Estaba preocupado por ti― reconoció sin ambages.</p>



<p>Por raro que parezca, esa confesión molestó a la joven y separándose de él, le pidió no volver a cambiar ningún aspecto de su rutina por su causa.</p>



<p>―Júremelo o me voy― le gritó bordeando la histeria.</p>



<p>Su reacción despertó las alertas de Gonzalo y pensando nuevamente en el viejo de su invitada creyó ver en su nerviosismo que temía que el estricto control parental se volviese a repetir, pero teniéndole a él como protagonista.</p>



<p>Asumiendo que era así, bajando el tono de su respuesta, replicó:</p>



<p>―Si lo que te da miedo es que intente controlarte, ya puedes irlo olvidando. No soy tu padre y menos tu pareja, por mí puedes comportarte como quieras&#8230; siempre que lo de anoche no se vuelva a repetir.</p>



<p>Prometiendo que nunca volvería a intentar quitarse de en medio, sonrió y esa sonrisa que iluminó su cara la convirtió en una diosa y a él en su firme admirador. Conteniendo las ganas de quedarse adorándola, preguntó a Antía si tenía lista la comida porque tenía hambre. Para su sorpresa, la eficiente criada llegó muerta de vergüenza y le recoció que no había tenido tiempo de terminar de cocinar y que al menos tendría que aguardar una hora.</p>



<p>«No tengo tanto tiempo», pensó y mirando a Estefany, preguntó si le apetecía ir a comer con él al restaurante de la esquina.</p>



<p>De primeras se negó, aduciendo que no se sentía con ganas de cambiarse de ropa. Observando que llevaba un jersey ancho y una falda larga, indumentaria muy parecida a la que llevaba cuando la recogió en el aeropuerto, Gonzalo no aceptó sus excusas y únicamente le mostró la puerta.</p>



<p>―Te vienes conmigo. No se hable más.</p>



<p>Bajando la mirada mientras esbozaba una sonrisa, pícaramente, contestó:</p>



<p>―Sí, amo.</p>



<p>Por un momento, el cincuentón se quedó helado. Pero al mirarla y ver que estaba de broma, reconoció por primera vez en ella a la dulce y traviesa criatura que había conocido años antes. Viéndolo como un síntoma de su recuperación, riendo la avisó que se diese prisa o se la llevaría a rastras.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/257/23797706/23797706_025_a153.jpg" alt=""/></figure></div>



<p>―No hace falta, soy una niña muy obediente― cogiendo su bolso, comentó y con paso alegre salió de la casa.</p>



<p>La comida resultó un agradable interrogatorio por su parte en el que nada quedó a salvo de sus preguntas. Desde los motivos de su divorcio, si tenía novia o la marcha de su empresa. La forma tan divertida en que planteó esas cuestiones evitó que se sintiera molesto e incluso le reconoció las dificultades que había tenido esa mañana para centrarse en el nuevo contrato.</p>



<p>Aun así, le sorprendió al dejarla en casa que esa niña le diera un beso en la mejilla mientras le avisaba que no le quería de vuelta hasta que hubiese dejado finalizada la oferta.</p>



<p>―Sí, bwuana― respondió muerto de risa a lo imperativo de esa orden.</p>



<p>―Cuando acabes y si no te importa, me gustaría que viéramos juntos un capítulo de Blacklist, una serie a la que soy adicta.</p>



<p>Despelotado, el maduro hombretón confesó que él también estaba totalmente picado con la historia de ese gánster y que estaba a punto de terminar de ver la séptima temporada.</p>



<p>―Te llevo dos capítulos de ventaja, pero no me importaría volverlos a ver.</p>



<p>Con ello acordado, Gonzalo se fue a la oficina y sin darse cuenta se enfrascó completamente en el asunto con los americanos, descubriendo aspectos en los que podrían sumar fuerzas que hasta entonces no había caído. Eran ya las once de la noche cuando al terminar se percató de lo avanzado de la hora y mandando por email la oferta, se fue a casa.</p>



<p>Al llegar, se dirigió a la cocina a ver qué le había dejado la pelirroja y ante su sorpresa, se encontró a Estefany esperándolo con una sonrisa.</p>



<p>― ¿Qué tal te fue? ¿Conseguiste darle forma?</p>



<p>Algo en su tono hizo que más que una pregunta hubiese sido una afirmación y desternillado, bromeó con ella diciendo que era un hombre de palabra y que si había llegado tan tarde era porque le daba miedo entrar en la casa sin haberlo terminado.</p>



<p>―No soy tan mala― protestó.</p>



<p>La ternura de su voz lo dejó sin habla y tratando que no notara su nerviosismo, preguntó si había cenado.</p>



<p>―No, te estaba esperando. Ahora sé niño bueno y vete a descansar en el sillón mientras la caliento.</p>



<p>Que lo tratara como un crio lo hizo reír y cogiendo una cerveza de la nevera, no vio nada malo en dejarse mimar por la chavala. Ya en el salón, se dejó caer en el sofá de tres piezas, sin saber que al llegar Estefany se sentaría a su lado en vez de hacerlo en el otro. Tampoco le pareció tan extraño al ver que así la televisión le quedaba de frente y charlando con ella, cenaron.</p>



<p>Cuando acabaron, Gonzalo buscó en la pantalla Netflix para seleccionar la serie, pero entonces la casualidad quiso que hubiesen repuesto una película de Halle Berry que le habían dicho que era un peliculón. Sin saber realmente nada sobre su contenido, preguntó a la morena si le apetecía verla.</p>



<p>―Ponla, veo que a ti sí y prometiste que no ibas a cambiar nada para agradarme.</p>



<p>Como en parte tenía razón, no dudó en seleccionar Monster´s Ball en la televisión y se pusieron a verla.&nbsp; Desde el principio al cincuentón le pareció una obra de arte en la que se mezclaba racismo con una descarnada historia de amor entre la mujer de un hombre que acababa de ser ejecutado y su verdugo. En cambio, a la chiquilla le debió aburrir porque cerrando los ojos posó la cabeza en el hombro de su benefactor y se quedó dormida. Como eso era algo que muchas veces habían hecho sus hijas, Gonzalo lo aceptó con naturalidad y siguió viendo la película.</p>



<p>En un momento dado, cuando el protagonista se ofreció a llevar a la viuda a casa, recordó que si le habían hablado de esa cinta era por la escena en que Halle Berry se entrega al carcelero. Sabiendo que era brutalmente erótica, se removió incómodo al tener a Estefany durmiendo en su hombro. Mirando de reojo, oyó su respiración y decidió continuar. La pantalla mostraba para entonces a la pareja llegando a donde vivía la viuda e invitándolo a pasar, abrió una botella de Jack Daniels que era la preferida de su difunto esposo.</p>



<p>El dolor que llevaban acumulado en sus precarias vidas se desbordó y ya borrachos, comenzaron a ver unos dibujos que había realizado el marido y el hijo de la camarera mientras a su lado Estefany comenzaba a roncar con la suavidad de una gatita. Viendo su tranquilo dormitar, paró la cinta y se sirvió una copa. Al volver la cría, se movió y dejándose caer, apoyó la cabeza sobre el muslo del cincuentón. Por un momento, sintiéndose incómodo, estuvo a punto de despertarla. Pero no lo hizo y volvió a poner la película.</p>



<p>En ella, Halle Berry llevaba una blusa de tirantes de color morada y una minifalda negra que parecían sacadas de un rastrillo. La humildad de su ropa no menguaba la belleza de la actriz.</p>



<p>«Aun así está buenísima», se dijo mientras en la pantalla se echaba a llorar recordando a su hijo.</p>



<p>Cuando el tipo la intenta consolar, se vio siendo el protagonista masculino de la historia mientras la femenina por arte de magia se había convertido en la colombiana.</p>



<p>―Quiero que me haga sentir mejor― Estefany le rogó en la pantalla mientras se bajaba los tirantes y ponía los pechos a su disposición.</p>



<p>Horrorizado, giró la cabeza hacia abajo y al ver que seguía dormida, no tuvo fuerzas de apagar la cinta al ver que, subiéndose sobre él, le pedía que le hiciera sentir bien.</p>



<p>«Estoy soñando», se dijo mientras observaba a su otro yo despojándola de la blusa.</p>



<p>― ¿Puedes hacerme sentir bien? ― insistía la amiga de Patricia al sentir los labios de Gonzalo en sus senos mientras llevaba las manos hasta su falda.</p>



<p>La necesidad de la mujer se incrementó al verse solamente en bragas y girándose sobre el sofá, se puso a cuatro patas para que el cincuentón y no el actor la hiciera suya.</p>



<p>Sin entender cómo era posible vio que el trasero al que se estaba follando en la cinta era el mismo que había visto duchándose.</p>



<p>«No es posible», se dijo mientras su alter daba unos bruscos azotes en el pandero de la colombiana.</p>



<p>La rapidez con la que en la televisión iban cambiando de postura y del perrito pasaban al misionero lo tenía totalmente alelado.</p>



<p>«Somos nosotros», exclamó advirtiendo que hasta el protagonista tenía su misma marca de nacimiento en el trasero.</p>



<p>Ya totalmente excitado, vio en la pantalla a Estefany empalándose sobre él y a los pechos que tanto le habían impresionado rebotando al ritmo en que lo montaba hasta que cayendo sobre él se corría mientras su yo la tenía sujeta con las manos en el trasero. La sensualidad con la que la morenita movía las nalgas para disfrutar de los últimos coletazos de placer lo aterrorizó y más cuando oyó la voz de la chiquilla agradeciéndole en el oído que lo necesitaba, que no sabía cuánto necesitaba sentirse amada.</p>



<p>Sin entender qué pasaba, apagó la televisión y durante más de un minuto, se quedó callado temiendo incluso bajar la mirada por si la joven se hubiera percatado de su erección. Cuando al fin pudo reunir el coraje suficiente para mirarla se la encontró todavía durmiendo, pero con la misma sonrisa que muchas veces había visto en sus amantes después de haber follado.</p>



<p>«Estoy imaginándomelo todo», pensó y negando lo que había sentido y visto, adujo esa alucinación al cansancio.</p>



<p>Comprendiendo que no podía dejar a la cría durmiendo en el salón, la tomó en brazos y como tantas veces había hecho en el pasado con Patricia o con su hermana, la llevó hasta la cama. Una vez allí, con la ternura de un padre, la tapó y estaba apagando la luz cuando entre sueños escuchó a Estefany susurrar:</p>



<p>―Gracias, por hacerme sentir bien&#8230;</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/257/23797706/23797706_020_9857.jpg" alt="" width="597" height="896"/></figure></div>
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		<title>Relato erótico: “Doce noches con mi prima y su amiga en una isla 5” (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 06:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[fantasia]]></category>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Capítulo 7. Eran casi las diez, cuando ese par de inconscientes se despertaron todavía con las secuelas de su falta de sentido común. Asumiendo que iban a tener dolor de cabeza, las dejé dormir y por eso cuando al final consiguieron levantarse, llevaba dos horas trasteando por esa isla. Desde el amanecer, me había puesto a trabajar esperando que esa rutina consiguiera hacerme olvidar que era el noveno día que llevábamos varados en ese inhóspito lugar, desgraciadamente no lo conseguí y mientras daba de comer a los cerdos, no pude dejar de pensar en nuestro futuro. «Estamos jodidos», mascullé mirando [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Capítulo 7.</strong></p>



<p><br>
Eran casi las diez, cuando ese par de inconscientes se despertaron todavía con
las secuelas de su falta de sentido común. Asumiendo que iban a tener dolor de
cabeza, las dejé dormir y por eso cuando al final consiguieron levantarse,
llevaba dos horas trasteando por esa isla. Desde el amanecer, me había puesto a
trabajar esperando que esa rutina consiguiera hacerme olvidar que era el noveno
día que llevábamos varados en ese inhóspito lugar, desgraciadamente no lo
conseguí y mientras daba de comer a los cerdos, no pude dejar de pensar en
nuestro futuro.</p>



<p>«Estamos
jodidos», mascullé mirando al horizonte en busca de un rescate que estaba
empezando a sospechar que nunca llegaría. A pesar de tener las necesidades
esenciales cubiertas con la pesca, los cerdos y las frutas silvestres,
comprendí que debíamos prepararnos mejor si nuestra estancia se prolongaba
indefinidamente. «Si llegan las lluvias, esta choza no nos servirá de nada»,
concluí al echarle un vistazo y recordar lo aprendido en la escuela sobre los
monzones: «volará hecha pedazos en cuanto soplé el viento con fuerzas».</p>



<p>La
certeza que eso pasaría me hizo apresurarme con las labores diarias, tras lo
cual, salí a explorar la isla en busca de un mejor refugio.</p>



<p>«Lo
ideal sería una cueva», sentencié a sabiendas que en una isla de coral era
imposible. Por ello, en vez de buscar algo natural, me concentré en rebuscar en
las antiguas edificaciones, alguna que pudiésemos reparar.</p>



<p>La
iglesia era la más sólida pero su tamaño hacía impensable que consiguiera
adecentarla y por ello tras revisar todas, me centré en la que parecía haber
soportado mejor el paso de los años y levantando a las muchachas, les exigí que
se pusieran a barrer el suelo mientras yo intentaba arreglar el tejado.</p>



<p>Estaba
encaramado a lo más alto de la casa cuando de pronto escuché que mi prima daba
un grito de terror. Al llegar a su lado, me encontré a María con la cara
desencajada y a Rocío tratando de calmarla.</p>



<p>―
¿Qué ha pasado? – pregunté al no advertir ningún peligro.</p>



<p>Señalando
donde había estado barriendo, gimoteó:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft is-resized"><img decoding="async" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/1316/13.jpg" alt="" width="424" height="495"/></figure></div>


<p>―
¡Vamos a morir aquí!</p>



<p>Asumiendo
que había visto algo que la había dejado acojonada, me acerqué con cautela al
lugar que decía, pero al no hallar nada, levanté un cartón y fue entonces
cuando me encontré cara a cara con un esqueleto.</p>



<p>―
¡Mierda! ― exclamé dando un salto hacia atrás.</p>



<p>Como
las dos muchachas seguían llorando, me tuve que hacer el macho y volviendo a
los restos, me puse a observarlos. No supe qué decir ni qué hacer al descubrir
que el cráneo tenía un agujero en mitad de la frente. No tuve que devanarme
mucho los sesos para intuir que era producto de un tiro.</p>



<p>«Alguien
se lo cargó», decidí para mí, totalmente asustado, pensando en que sus asesinos
podían seguir por la zona. De ser así, corríamos peligro porque verían en las
dos muchachas un rico botín al que echarle el diente. Asumiendo que su destino
sería ser violadas para acto seguido venderlas a algún burdel, tenía claro cuál
sería el mío:</p>



<p>«Me
matarían para no dejar testigos», me dije mientras buscaba una solución al
problema que suponía la hoguera.</p>



<p>Si
la manteníamos encendida, podía llamar la atención de los culpables por lo que
debíamos apagarla. Pero esa solución me resultaba del todo inaceptable. Sin
ella, no tendríamos con qué calentarnos y lo que era más grave, con qué hervir
el agua o cocinar.</p>



<p>La
única medida que se me ocurría era cambiar nuestro campamento y llevarlo tierra
adentro para no ser visible desde la playa. Bajo el abrigo de los árboles, el
humo quedaría difuminado y llegado el caso que alguien lo viera, tendríamos
tiempo de escondernos o de preparar nuestra defensa.</p>



<p>Al
no convenirme incrementar sus miedos, no comenté lo que había descubierto y lo
más tranquilo que pude, las ordené que se prepararan porque nos íbamos de
excursión tierra adentro. Mi prima y su amiga no pusieron reparo alguno a la
idea porque estaban deseando alejarse de esos huesos.</p>



<p>Pero
mientras hacía acopio de lo más básico, Rocío se percató que algo raro ocurría
al verme coger los dos cuchillos y la mayoría de las herramientas que habíamos
podido salvar del naufragio.</p>



<p>―
¿Qué es lo que pasa? Tú sabes algo que no nos has contado― me soltó.</p>



<p>Decidí
no mantener el secreto y juntando a las dos, les expliqué mis temores y que
había tomado la decisión de trasladar la ubicación de nuestro refugio. Curiosamente,
mi prima se lo tomó con tranquilidad y me pidió que le dijera que tenía que
llevar ella.</p>



<p>―Coge
las mantas y Rocío las ollas― contesté y aprovechando que eran conscientes de
lo peliagudo de la situación, les pedí que estuvieran atentas y que no hicieran
ruido mientras nos internábamos en la selva.</p>



<p>―
¿Temes que no estemos solos en esta isla? ― me preguntó María.</p>



<p>―No,
pero más vale ser precavido― respondí.</p>



<p>No
llevábamos más que unos minutos caminando entre los arboles cuando comprendí
que había sido una mala idea… los tres juntos hacíamos demasiado ruido. Por
ello, esperé a que la playa desapareciera de nuestra vista para parar nuestra
improvisada expedición.</p>



<p>―Vosotras
os quedáis aquí mientras yo busco un lugar seguro donde quedarnos.</p>



<p>Como
esperaba, tanto María como Rocío empezaron a protestar, pero al explicarles mis
razones y que allí nadie podía localizarlas, ambas admitieron que tenía razón y
me dejaron seguir adelante solo con la única compañía de un cuchillo.</p>



<p>―Tardaré
unas cuatro horas en regresar― las dije antes de alejarme.</p>



<p>Según
mis cálculos, cruzar a lo ancho el islote y volver me tomaría máximo tres, pero
exageré porque no quería que se preocuparan si algo me retenía. Ya sin el
lastre que suponían, me sumergí en la selva en silencio.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright is-resized"><img decoding="async" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/1316/14.jpg" alt="" width="424" height="220"/></figure></div>


<p>Supe
que había hecho bien al observar que mi presencia apenas perturbaba la vida de
los pájaros que anidaban en esa floresta, pero no por ello me relajé y cada
poco minuto, me paraba a comprobar que nada ni nadie me seguía. No tenía miedo
de toparme con un depredador porque la existencia de las piaras de cerdos hacía
imposible que los hubiera. Solo podían haber proliferado de esa manera no
habiendo enemigos. A lo que realmente tenía pavor era a los animales de dos
patas.</p>



<p>Aún
así no pude abstraerme de la belleza del camino e involuntariamente, empecé a
disfrutar de lo que contemplaba a mi paso. Para un urbanita como yo, la
naturaleza salvaje de esa tierra era algo jamás visto y por ello me pilló
desprevenido descubrir las huellas de unos pies desnudos junto a un pequeño
estanque.</p>



<p>Mi
primer instinto fue huir de ahí, pero tras pensarlo otra vez, decidí prestar
atención a esas pisadas. La dirección y orientación de estas me demostraron que
era un solo sujeto quien las había dejado y fijándome en su tamaño, comprendí
que además era alguien de pequeño tamaño.</p>



<p>«O
es un niño o alguien bastante bajo», pensé mientras decidía que hacer.</p>



<p>Que
esas huellas estuvieran junto al agua, me hicieron sospechar que el otro
habitante del islote acudía ahí a beber y deseando verificar ese extremo, me
escondí tras unos densos matojos de vegetación desde donde podía observar sin
ser descubierto.</p>



<p>Apenas
llevaba media hora agazapado, cuando escuché el sordo crujido de una rama al
romperse. Confieso que ese ruido hizo me arrepintiera de estar allí, pero
asumiendo que no podía salir corriendo porque eso revelaría mi presencia, me
quedé quieto. No paraba de pensar en la idiotez que había cometido al quedarme
escondido.</p>



<p>«Seré
gilipollas».</p>



<p>No
tardé en escuchar que el recién llegado se metía en el estanque y se ponía a
chapotear. La curiosidad pudo al miedo y sacando la cabeza, la escena que
contemplé me dejó a cuadros. El sujeto no era bajo, ¡era una mujer!</p>



<p>La
desconocida ajena a estar siendo observada y acostumbrada a la soledad se
estaba bañando completamente desnuda y eso me permitió comprobar que era de
raza europea.</p>



<p>«Debe
de ser otra náufraga», pensé mientras la observaba lavándose su melena de color
rojo.</p>



<p>La
tranquilidad con la que tomaba el baño, me permitió examinarla a conciencia y
por eso pude confirmar que además de ser dueña de unas pechugas considerables,
la desconocida debía de ser al menos diez años mayor que yo.</p>



<p>«Rodará
los treinta», calculé mientras inconscientemente me fijaba en la blancura casi
nívea de su piel, la cual hacía más evidente en bosque que lucía en la entrepierna.</p>



<p>No
tuve que ser un genio para comprender que lo descuidado de su sexo se debía a
la imposibilidad de depilarlo en esas circunstancias, pero por extraño que
parezca lejos de producirme rechazo, me atraía.</p>



<p>La
desconocida se entretuvo en esas cristalinas aguas durante más de media hora
hasta que decidió salir y ponerse a tomar el sol sobre una piedra. Al hacerlo
me quedé casi sin respiración debido a la perfección de sus curvas.</p>



<p>«¡Es
impresionante!», exclamé en silencio mientras grababa en mi memoria el caminar
de esa pantera pelirroja de largas piernas.</p>



<p>Con
mi corazón bombeando a mil por hora, admiré desde mi escondite su impresionante
trasero sin dejar pensar en su reacción si me descubría. No tardé en pasar de
la dureza de sus glúteos a la exuberancia de sus senos y con auténtico frenesí,
admiré el profundo canal que discurría entre ellos mientras mi razón me pedía
que me tranquilizara,</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft is-resized"><img decoding="async" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/1316/2.jpg" alt="" width="424" height="220"/></figure></div>


<p>Dejando
al lado mis temores y viendo que había cerrado los ojos, salí de mi escondite
para observarla más de cerca. Desde cerca, advertí que tanto tiempo en el agua
había endurecido sus pezones y por ello no pude más que soñar en que algún día
los tendría en mi boca. Estaba todavía disfrutando de su desnudez, cuando un
ruido proveniente de la selva la hizo girarse hacía mí y durante unos segundos
que se me hicieron eternos, nuestras miradas coincidieron.</p>



<p>Al
reponerse de la sorpresa, la pelirroja se puso de pie y salió huyendo. Su
agilidad era tal que ni siquiera intenté seguirla y en un intento de hacerla
comprender que no representaba un peligro, me despojé del traje de baño, me
metí al estanque y empecé a cantar con la esperanza que después de tanto tiempo
sola en ese lugar, la voz humana la atrajera.</p>



<p>Ignorando
si realmente esa mujer se iba a sentir interesada por mí, me concentré en
parecer tranquilo, aunque en realidad estaba aterrado por si esa superviviente
se tomaba mi presencia como una invasión y respondía con violencia.</p>



<p>«Si
tomo en cuenta el estado de los huesos, debe llevar años perdida aquí», cavilé,
«y eso la hace además de hábil para subsistir, peligrosa».</p>



<p>A
pesar de que no conseguí saber si me estaba espiando, actué como si lo
estuviera haciendo y una vez me había quitado la roña, salí del estanque para
secarme al sol. Tumbándome desnudo sobre la misma piedra que ella, separé mis
piernas para que desde donde estuviese pudiese contemplar mi cuerpo en
plenitud.</p>



<p>«Espero
gustarle, aunque sea mucho más joven que ella», rumié para mí mientras me
estiraba luciendo mis abdominales.</p>



<p>Sabía
que, al estar tumbado, era un objetivo fácil, pero obviando el riesgo, decidí
que valía la pena si conseguía que esa mujer se pasara a nuestro lado por su
valía para enfrentarse a las dificultades que significaba vivir aislado.</p>



<p>Cuarto
de hora tardó en dejarse ver. Al principio, se mantuvo a una distancia
considerable pero no por ello me pasó inadvertido el modo en que su cintura se
ensanchaba para dar entrada a sus caderas. Temiendo no tener otra oportunidad,
me quedé inmóvil contemplándola.</p>



<p>Lo
que no preví es que de tanto admirarla, me empezara a excitar y que, contra mi
voluntad, mi pene empezara a crecer ante sus ojos.</p>



<p>«Tranquilízate,
tío», me repetí temiendo que mi erección pudiese recordarle al muerto y que la
razón por la que lo hubiese matado fuera evitar que la violara.</p>



<p>En
sus ojos descubrí que la visión de mis partes no le era indiferente pero no
deseando desperdiciar el tenerla tan cerca, con voz suave, comenté:</p>



<p>―El
barco en el que veníamos naufragó durante la última tormenta.</p>



<p>Supe
que me había entendido y por ello seguí decirle que tenía compañía femenina
para que así no me temiese en el aspecto sexual:</p>



<p>―Estoy
con dos amigas.</p>



<p>Me
pareció ver en su rostro una ligera decepción al enterarse y tratando de
compensar ese error, la solté con voz dulce:</p>



<p>―Me
llamo Manuel― y extendiendo mi mano hacia ella, dije: ―Eres preciosa pero no sé
tu nombre.</p>



<p>La
falta de compañía hizo que la desconocida viera en ese gesto una amenaza y
reaccionando con una rapidez que me dejó apabullado, se escabulló entre los
árboles.</p>



<p>―Voy
a ir por mis compañeras. ¿Te importa que acampemos esta noche aquí? ― pregunté
dando un grito. No me contestó, pero no contaba con que lo hiciera.</p>



<p>Además,
tenía un arma secreta que usar para atraerla a nuestro lado. Si como
sospechaba, la escurridiza mujer carecía de fuego: el calor de una hoguera en
mitad de la noche sería una tentación imposible de resistir. Por ello, me
interné en la selva dejando a mi paso unas marcas que hicieran posible retornar
al estanque sin perderme y lo que es más importante, con tiempo de levantar un
improvisado campamento.</p>



<p>Una
hora después me encontré con Rocío y con María, las cuales esperaban ansiosas
mi vuelta. Cuando les conté que era una mujer el otro habitante de la isla, se
sintieron más tranquilas, pero cuando les expliqué que debíamos intentar que se
uniera a nosotros, las dos empezaron a protestar diciendo que no la
necesitábamos. La mas firme antagonista resultó ser mi prima, la cual con tono
cabreado insinuó que el único motivo por el que lo quería era poder disfrutar
de otro coño.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright is-resized"><img decoding="async" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/1316/3.jpg" alt="" width="424" height="220"/></figure></div>


<p>―No
seas bruta― repliqué― piensa que, si lleva sola tantos años y ha sobrevivido,
podemos usarla para hacerlo nosotros también.</p>



<p>Llena
de celos, me preguntó si era guapa.</p>



<p>―Lo
es, pero menos que mis dos princesas― contesté mientras la acariciaba: ― A
vuestro lado es una vieja.</p>



<p>Mi
caricia diluyó sus reparos y a regañadientes aceptó seguir mis planes, pero
antes de marchar selva adentro me avisó:</p>



<p>―Júrame
que siempre disfrutaremos de ti nosotras antes que ella.</p>



<p>―Te
lo juro― respondí sin reconocer que se me hacía la boca agua al pensar en el
estupendo trasero que poseía la pelirroja…</p>



<p><strong>Capítulo
8</strong></p>



<p><br>
Ya era bastante tarde cuando llegamos al estanque porque al contrario que la
primera vez, en esa ocasión íbamos completamente cargados con los bártulos
necesarios para pasar la noche. Y es que además de mantas y otros enseres,
llevábamos a cuestas uno de los lechones, así como un recipiente con las brasas
que nos servirían para hacer la fogata. Por ello mientras Rocío con la ayuda de
María se ocupaba de levantar una improvisada tienda, yo ocupé mi tiempo en
apilar suficiente leña para pasar toda la noche.</p>



<p>Aunque
no conseguí detectar su presencia, algo en mí, me decía que esa pelirroja no
perdía detalle de nuestro proceder y por ello, recordando que se había sentido
atraída por mi voz, me dediqué a cantar mientras encendía un fuego lo
suficientemente grande para ser visto desde lejos.</p>



<p>Cuando
comprendí que era suficiente, me senté a desollar el lechón haciendo tiempo
para que hubiese suficientes brasas donde cocinarlo.</p>



<p>«No
va a poder resistir el olor», me dije y viendo que mi prima y su amiga ya
habían terminado, las llamé a mi lado y les pedí que cantarán porque así la
demostraría que lejos de ser un tirano que esclavizaba a mis compañeras,
formábamos un equipo.</p>



<p>Desconociendo
mis razones, las dos muchachas respondieron con alegría a mi deseo y
demostrando que ambas tenían una estupenda voz, me deleitaron con una serie de
canciones que me hicieron olvidar al menos momentáneamente nuestra precaria
situación.</p>



<p>―Además
de guapas, sabéis cantar― comenté feliz por ese descubrimiento.</p>



<p>Encantadas
con el piropo, incrementaron el volumen acallando con su canto el ruido de la
selva mientras en mi interior pensaba satisfecho que la mujer se sentiría
atraída por el calor humano.</p>



<p>Estaba
tan abstraído que si no llega avisarme mi prima que nuestra cena estaba lista,
con seguridad se nos hubiese quemado. Sacando el lechón de las brasas, lo corté
en cuatro partes y mostrando nuevamente sentido de compañerismo, les pregunté a
ellas que trozo querían.</p>



<p>Rocío
que no era tonta, se percató que tanta amabilidad tenía alguna razón, pero no
queriendo perder la oportunidad de disfrutar de un trasero del animal, lo cogió
para sí. Como María se había cebado con fruta durante todo el camino, prefirió
un cuarto más pequeño.</p>



<p>Entonces
alejándome unos metros de la hoguera, dejé el trozo más grande sobre una piedra
y hablando a la oscuridad, dije a la mujer que esa porción era para ella. Tras
lo cual, me dirigí de vuelta con las muchachas. Ni siquiera me había dado
tiempo de sentarme cuando mi prima me susurró:</p>



<p>―Eres
un cabrón, no es una vieja y además está muy buena.</p>



<p>Al
girarme para comprobar de qué hablaba, me encontré a la desconocida sentada en
cuclillas y comiendo caliente por primera vez en años. Sin hacer ningún
comentario, me puse a disfrutar yo también del asado. Habiendo dado buena
cuenta de mi parte, aproveché que mis compañeras de infortunio habían también
terminado para susurrarles que me apetecía hacer el amor.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft is-resized"><img decoding="async" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/1316/5.jpg" alt="" width="424" height="220"/></figure></div>


<p>―
¿Enfrente de ella? ― preguntó María.</p>



<p>―Sí―
contesté e imprimiendo a mi voz un tono lascivo, pregunté a las dos si no les
daba morbo tener público.</p>



<p>―A
mí, mucho― reconoció la morena y sin darme tiempo de reaccionar, me empezó a
acariciar diciendo a su amiga: ―Demostrémosle, lo bueno que es Manuel haciendo
el amor.</p>



<p>Mi
prima no necesitó que se lo repitiera otra vez para pegarse a mí y besarme. La
lujuria de ambas fue lo que necesitaba mi falo para ponerse erecto y ya
luciendo como en las mejores ocasiones, erguido esperó su siguiente paso. María
al comprobar el éxito de sus besos, sonrió y agachándose entre mis piernas se
lo fue introduciendo en su boca mientras yo observaba que a pocos metros una
desconocía no perdía detalle de lo que ocurría. La parsimonia con la que se lo
embutió permitió a esa mujer notar que no era algo forzado, sino que realmente
la muchacha deseaba mi extensión entre sus labios.</p>



<p>&#8211;
¡Bésame! ― me pidió desde el otro lado Rocío.</p>



<p>Sin
aguardar que lo hiciera, la morena se lanzó sobre mí y con una urgencia que me
dejó sorprendido, buscó el consuelo de mis besos mientras su amiga disfrutaba
haciéndome una mamada de campeonato. Me hizo gracia ver la cara de sorpresa de
la otra náufraga cuando llevé mi mano a la entrepierna de la muchacha, pero
supe que estaba empezando a disfrutar con la escena cuando la vi estremecerse
al verme tomar el clítoris de la chavala entre mis dedos.</p>



<p>―
¡Dios! ¡Cómo me pone que nos espíe! ― gimió esta al sentir mis yemas sobre su
botón.</p>



<p>La
calentura de la escena se incrementó de sobremanera cuando introduje uno de mis
dedos en su abertura y más cuando, completamente desbocada, se levantó y a
horcajadas sobre mi cara, puso su sexo en mi boca para que se lo comiera.</p>



<p>«Si
después de esto, me cree un violador, no hay nada que hacer», pensé poniendo en
contacto mi lengua los pliegues de la vulva de la morena.</p>



<p>Mi
amiga se creyó morir y a voz en grito me pidió que no parara mientras azuzaba a
la otra diciendo:</p>



<p>―
¡Demuéstrale a esa puta que sabes mamarla!</p>



<p>Azuzada
por Rocío, María incrementó el ritmo y la profundidad de su felación,
incrustándose mi miembro hasta el fondo de su garganta. Os juro que creí que a
lo mejor nos estábamos pasando al tener un coño en la boca mientras mi prima me
ordeñaba y que la pelirroja podía sospechar que estábamos actuando.</p>



<p>Pero
al observar de reojo que ésta nos miraba con envidia, ya totalmente verraco,
usé mi lengua como si fuera mi pene para penetrar con ella el estrecho conducto
que tenía a mi disposición. Coincidiendo con ello, un enorme aullido me informó
que Rocío había llegado al orgasmo.</p>



<p>―
¡Me corro! ― gritó derramando su flujo por mi cara.</p>



<p>Queriendo
prolongar su éxtasis y con ello incrementar la desazón de nuestra observadora,
me dediqué a absorber el manantial que brotaba de entre sus piernas, pero
debido al morbo que le daba tener público presente cuanto más bebía mayor era
el caudal que salía del sexo de la morena y asolada por el placer, se caer
sobre la manta que habíamos puesto como improvisada cama.</p>



<p>Liberado
de la obligación de seguir satisfaciéndola, me concentré en María y llevando mi
mano a su cabeza, empecé a acariciarle el pelo mientras decía a la mirona:</p>



<p>―
¡Mi prima no sabe ni hacer una mamada!</p>



<p>La
reacción de la aludida no se hizo esperar y elevando el ritmo de su boca, lo
convirtió en infernal mientras con una de sus manos, me acariciaba los
testículos. Decidido a incrementar el morbo de la desconocía, insistí:</p>



<p>―Si
no puedes, ¡tendré que pedirle ayuda a la pelirroja!</p>



<p>Ayudando
a su amiga, Rocío se incorporó y acercándose a donde la rubia se afanaba en
busca de mi placer, se juntó a ella diciendo:</p>



<p>―
¡Dejemos seco a esta bocazas! ― tras lo cual su boca se unió a la de María y
entre las dos, empezaron a competir en cuál de las dos absorbía mayor extensión
de mi miembro.</p>



<p>Para
la náufraga, la visión de las dos chavalas maniobrando como locas en búsqueda
de mi semen fue brutal y completamente absorta, se empezó a pellizcar los
pezones con un ansia que me hizo comprender que no tardaría en unirse a
nosotros en busca del placer.</p>



<p>El
morbo de tenerla ahí y la sensación de esas dos bocas exprimiendo mi pene fue
más de lo que pude soportar y sin previo aviso exploté derramando mi simiente
sobre sus labios.</p>



<p>Mi
eyaculación fue engullida ante su atenta mirada, no perdiendo detalle de la
forma en la que se dedicaron a vaciar mis huevos.</p>



<p>«Se
ha puesto cachonda», certifiqué al descubrir que discretamente la pelirroja se
estaba masturbando.</p>



<p>Sus
carantoñas no cesaron al correrme, sino que se intensificaron al ver que las
muchachas trataban de reanimar mi pene e involuntariamente empezó a gemir sin
importarle que la escucháramos.</p>



<p>―
¡Esa zorra está deseando que te la folles! ― susurró en voz baja mi prima al
oírla.</p>



<p>Asumiendo
que tenía razón, me reí mirando a la náufraga. La mujer sonrió convencida por
fin que no era peligroso. Creyendo que estaba preparada, cometí el error de
invitarla a nuestro lado y eso provocó que se internara en la espesura, huyendo
quizás de los fantasmas de su pasado.</p>



<p>«Es
una pena, me apetecía estar con ella», pensé sin preocuparme en exceso porque
estaba convencido que tarde o temprano, vendría a mí.</p>



<p>Viendo
en su huida, una oportunidad para seguir disfrutando, Roció cogió mi miembro
entre sus manos para empalarse con él. La lentitud con la que lo hizo me
permitió notar cada uno de sus pliegues mientras iba desapareciendo mi pene en
su interior.</p>



<p>Al
verla así abierta de piernas con mi sexo en su interior, despertó una rara
fijación en María y adueñándose del clítoris de la morena, empezó a masturbarla
frenéticamente.</p>



<p>―
¡Dadme más! – gritó Rocío, increíblemente excitada por nuestros dobles manejos
y acelerando su loco cabalgar, buscó el fundirse con nosotros antes que su
interior explotara en brutales sacudidas de placer.</p>



<p>Su
chillido exacerbó a mi prima, la cual incrementó la presión metiendo uno de sus
dedos en el ojete de su amiga, la cual al sentirlo estalló retorciéndose como
posesa.</p>



<p>María,
al verla agotada y exhausta, supo que era su turno y viendo que mi pene seguía
erecto, me preguntó:</p>



<p>―
¿Te sientes con ganas de darme por culo?</p>



<p>―
¡Por supuesto! ― exclamé muerto de risa al comprobar que antes que la respondiera,
había metido sus dedos en el coño de la morena y recogiendo parte de la humedad
que desbordaba, se había empezado a embadurnar su propio ojete….</p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="http://contenido.rubias19.com/elnoticiario/galerias/1316/1.jpg" alt="" width="600"/></figure>



<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Doce noches con mi prima y su amiga en una isla&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 07:15:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La fantasía de todo hombre y de muchas mujeres, es tener a dos bellezas a su entera disposición. Si encima una de ellas es su prima y la otra, la clásica amiga buenorra todavía más. En este relato os cuento eso, como hice realidad mi sueño y como un accidente terrible, se convierte a la larga en lo mejor que me ocurrió en la vida. Cómo llegamos a la isla. &#160; Todo ocurrió durante unas vacaciones familiares en Indonesia. Mi tío Enrique es un capullo al que la suerte y el trabajo constante, le han hecho millonario y anualmente invita [&#8230;]]]></description>
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<p><span style="color: #333333; font-family: Arial, sans-serif; font-size: 12pt;"><br />
La fantasía de todo hombre y de muchas mujeres, es tener a dos bellezas a su entera disposición. Si encima una de ellas es su prima y la otra, la clásica amiga buenorra todavía más. En este relato os cuento eso, como hice realidad mi sueño y como un accidente terrible, se convierte a la larga en lo mejor que me ocurrió en la vida.</span><br />
<b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><br />
</span></b><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Cómo llegamos a la isla.</span></b></p>
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<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Todo ocurrió durante unas vacaciones familiares en Indonesia. Mi tío Enrique es un capullo al que la suerte y el trabajo constante, le han hecho millonario y anualmente invita a mi familia y a otros amigos a acompañarle en un viaje a un lugar exótico. Para lo que no lo sepan, ese país consta de más de 17.000 islas de las cuales apenas unas quinientas están habitadas, el resto o bien nunca han tenido presencia humana o actualmente están desiertas. La historia que os voy a contar, trata sobre una de ellas, Woholu un islote de cinco kilómetros cuadrados que estuvo habitado pero que desde hace más de cincuenta años solo viven en ella, monos, cerdos y pájaros.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Ese verano, el caprichoso de mi pariente decidió que fuéramos a Bali y no solo se llevó a mis viejos y a mí sino que invitó a Rocío, la mejor amiga de mi prima&nbsp; María. El plan era cojonudo, nos pasaríamos un mes navegando entre las islas teniendo como base un hotel alucinante en la capital, Denpasar. El “Four Season” donde nos alojábamos era enorme, además de seis piscinas, no sé cuántos restaurantes y discotecas, tenía embarcadero propio. De allí salían los yates de pesca que los huéspedes alquilaban por horas.&nbsp;&nbsp; Como el tío quería dejar claro que él era un personaje importante, alquiló, durante todo el mes, ¡Dos!. Uno enorme en el que salían los mayores y uno de ocho metros para los jóvenes.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Como podréis comprender, no puse reparo alguno a esa clara marginación porque tanto mi prima como su amiga estaban buenísimas. Reconozco que eran unas pijas insoportables, que se lo tenían creído pero verlas en bikini hacía que se me olvidaran todos los feos que ese par acostumbraban a hacerme. Para ellas, yo era el primo pobre, el mendigo que recogía las migas que caían de la mesa, pero me daba igual.&nbsp; María, por ejemplo, era una diosa de veintidós años, rubia teñida y un cuerpo de los que hacen voltear a cualquiera al pasar a tu lado. Daba igual que tuviera poco pecho, su trasero te hacía obviar la falta de glándulas mamarias porque era todo vicio. Al mirarlo, os juro que hacía que me sintiera en el paraíso vikingo, deseando que ella fuera mi valkiria particular. Rocío, su amiga, no se quedaba atrás. Castaña de pelo y con la piel morena, tenía una cara de morbo que me hacía suspirar cada vez que me pedía que le trajera aunque fuera un puto refresco. Dotaba por la naturaleza con más pecho, su breve cintura maximizaba no solo este sino el magnífico culo que movía sin parar. En suma, yo, con mis veinte años recién cumplidos, me creía dueño de un harén aunque realmente mi función fuera la de bufón. Sabía que el hermano de mi padre me invitaba para así no tenerse que ocupar de su hija.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Ocúpate de qué se lo pase bien!- me soltó mi tío hace dos veranos y a partir de ahí siempre había sido ese mi cometido.</span></div>
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<div style="clear: both; text-align: center;"><a href="http://i.imgbox.com/abndq63g"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/abndq63g" alt="" width="423" height="573"></a></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Daba igual el capricho que se le ocurriera a mi adorada prima, ahí estaba yo para pedirle una copa, echarle crema o incluso conseguirle el teléfono de algún macizo con el que quisiera ligar. Era su sirviente veinticuatro horas al día, siete días a la semana pero no me quejaba porque también tenía sus recompensas. Por ejemplo, en Suecia durante un crucero la había visto desnuda por un segundo o en Australia le tuve que quitar de un pecho un alacrán y donde&nbsp; me permití el lujo de que&nbsp; mis manos se recrearan en sus tetas buscando otro que pudiera haberse quedado en ellas.</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María sabía que me gustaba y por eso no perdía&nbsp; ocasión de excitarme. Continuamente se mostraba casi desnuda con el afán de turbar a su primo “pequeño” y por eso, no sé la cantidad de pajas que me había hecho en su honor. Si intentaba cualquier acercamiento, esa zorra se reía de mí e incluso me chantajeaba con decírselo a sus padres.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Todo eso cambió un feliz y desgraciado día en que los viejos quisieron ir a visitar unos templos, mi prima se negó a ir diciendo que prefería hacer submarinismo a una zona de la que le habían hablado. Lógicamente, su esclavo tuvo que acompañarlas y por eso, estaba yo en el yate cuando en mitad de la travesía, el capitán, un balinés entrado en años le informó que teníamos que volver porque se anticipaba tormenta. No os podeos imaginar el berrinche de niña malcriada que se cogió cuando el profesional le explicó que era peligroso. Enfurruñada y con el apoyo de su amiga hicieron de todo para ralentizar nuestra huida, de modo que cuando al final partimos de vuelta hacía puerto era demasiado tarde.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Supe que estábamos en problemas cuando vi la cara de terror de Wong. Luchando contra olas de seis metros y un viento huracanado, el marino intentó evitar el tifón pero no pudo, por lo que en un momento dado, decidió que nuestra única esperanza era embarrancar contra la primera isla que nos encontráramos. En un inglés penoso, el indonesio nos pidió que nos pusiéramos los salvavidas e histérico, explicó cuáles eran sus intenciones. María y Rocío fueron tan bobas que no se creyeron el peligro hasta pocos segundos antes que chocáramos contra el arrecife. Entonces y solo entonces se pusieron a gritar muertas de miedo. El choque fue tan brutal que nuestro barco se partió en dos. Yo, por mi parte, me vi lanzado por la borda y durante un instante, creí que moría al no poder respirar. Afortunadamente, conseguí salir a flote y nadar hacia los restos del yate. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Me encontré a mi prima con una brecha en la cabeza y a su amiga desmayada. Aterrorizado, conseguí agarrarme a un trozo de quilla que flotaba cerca, lo que me permitió recoger a mis acompañantes pero cuando intenté ayudar al capitán, lo hallé muerto con un golpe que se le había llevado media cabeza. No comprendo todavía como conseguí llevar a mi prima y a su amiga hasta la orilla. La tempestad era tal que nadamos a ciegas y cuando ya creía que no íbamos a sobrevivir, apareció de la nada la playa. Haciendo un último esfuerzo, toqué la arena y caí agotado sobre ella.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Desconozco cuanto tiempo, me quedé tumbado mientras me recuperaba. Solo sé que mientras trataba de tomar aire, ese par no hacía otra cosa que llorar. Cabreado, me levanté y sin mirar atrás busqué un cobijo donde guarecernos. Cosa que fue fácil porque a pocos metros de la playa se alzaba una iglesia y los restos de un antiguo poblado. Creyendo que estábamos a salvo, llamé a las dos muchachas mientras entraba en el lugar.</span></div>
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<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://i.imgbox.com/adnYMfln" width="426" height="571"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Reconozco que se me cayó el alma al suelo al comprobar que estaba en ruinas pero asumiendo que cuando amainase el temporal encontraríamos ayuda, busqué en la sacristía un sitio donde evitar el seguirnos mojando. Aunque no sea lógico, no llevábamos más de cinco minutos a resguardo cuando la arpía de mi prima me ordenó que saliera en busca de auxilio.&nbsp; Como comprenderéis me la quedé mirando como si estuviese ida y me negué. María, furiosa al comprobar que no le obedecía, me juro que me arrepentiría de ello. Sus reproches en ese momento me entraron por un oído y me salieron por el otro, pero lo que realmente me sacó de quicio fue cuando me exigió de malos modos que hiciera una hoguera porque tenía frio.</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-A ver cariño. ¿Cómo cojones quieres que haga fuego?- repelé con muy mala leche.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Por su cara, comprendió lo inútil de su exigencia y hundiéndose en la desesperación, se echó a llorar. Por suerte, en ese momento, Rocío se buscó en el short que llevaba y con una expresión de alegría en su cara, se sacó el encendedor del bolsillo con el que le había visto encenderse un par de porros.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Esto servirá?- dijo con tono tímido.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Por supuesto- contesté y mirando a mi alrededor, caí en que los asientos de la iglesia, nos podía servir de leña. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Poniéndome de pie, rompí un par de ellos y recogiendo las astillas y unos periódicos, al cabo de un rato, los tres disfrutamos del reconfortante calor de una fogata. Ni siquiera entonces mi primita me dejó en paz porque viendo que había reducido su intensidad la tormenta, quiso que me adentrara en la oscuridad y buscara ayuda.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Tú estás loca!- contesté muy cabreado- si te fijas no hay una jodida luz que confirme que alguien vive por los alrededores. ¡Mañana! buscaré una carretera o una casa pero ahora, me niego-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Eres un maldito cobarde-&nbsp; respondió –No sé cómo mi padre confió, en un niño, nuestro cuidado-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Perdona, bonita. Primero no soy un niño y segundo, lo único que me ordenó mi tío fue que os cumpliera todos vuestros caprichos, nunca se imaginó que la idiota de su hija fuera tan irresponsable de hacernos naufragar-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi respuesta la indignó y dándose la vuelta, buscó acomodo entre los brazos de su amiga. Rocío, comprendió que estaba entre dos frentes y decidió no optar por ninguno de los bandos. Mientras acogía a su amiga, me lanzó una mirada comprensiva cómo pidiéndome tiempo para que recapacitara. Todavía no lo sabía pero tiempo era lo único que podríamos obtener de esa jodida isla. Esa noche dormí fatal, porque además de dormir en el suelo cada vez que lo conseguía, me venía a la mente la inútil muerte del capitán.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Descubrimos que estamos solos.</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">A la mañana siguiente con el albor del día, me desperté. Ya no llovía y tras recargar la hoguera, decidí ir a dar una vuelta por los alrededores. Os tengo que reconocer que fui un idiota porque en vez de recoger de la playa los restos del naufragio, busqué un lugar alto desde donde buscar ayuda. Al ser una isla de coral, no había una maldita montaña desde donde otear el horizonte por lo que&nbsp; decidí continuar por la playa, no fuera a perderme. Al cabo de dos horas, me quedé petrificado porque sin darme cuenta había dado la vuelta al islote sin encontrar más que cocoteros y un pequeño arroyo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
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<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">“Estamos jodidos” pensé al ver la torre de la iglesia porque o mucho me equivocaba o en todo ese maldito lugar no había más almas que las tres que ya conocía.</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Al entrar en el edificio, me las encontré hablando tranquilamente. Mirándolas no solo me di cuenta que no estaban asustadas como yo, sino que sus ropas, es decir sus bikinis estaban desgarrados y por eso, lo único que les preocupó al verme fue taparse sus vergüenzas. Haciendo caso omiso al espectáculo que me ofrecían, les expliqué a las dos lo ocurrido. Mientras Rocío comprendió al instante pero &nbsp;la idiota de María dijo sin ser consciente de nuestras dificultades que no había que preocuparse porque su padre la encontraría. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Eso espero, pero lo dudo. No tuvimos tiempo de dar la alarma y para colmo estoy seguro que aunque supieran cual era nuestro destino, nadie sabe dónde estamos o si hemos sobrevivido-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No entiendo- replicó todavía muy segura de sí misma.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-María, ¿Tienes idea de cuantas islas hay en este archipiélago?. Primero buscarán el barco y luego al cabo de los días, empezarán por las grandes y habitadas. ¡Hazte a la idea! ¡Si queremos sobrevivir, tenemos que hacerlo solos!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">A la princesa se le cayó hechos pedazos el castillo que su mente había construido para evitar enfrentarse con su realidad y llegando a mi lado, me lanzó un tortazo mientras me decía:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Mentiroso! Nos has mentido para asustarnos-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Si eso crees, haz lo que yo. Coge la playa y da la vuelta a la isla. Yo te espero aquí, tratando de recuperar algo que nos sirva del barco-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María sin dar su brazo a torcer, cogió a su amiga y enfiló hacía la playa. Por la actitud de Rocío, comprendí que me creía pero no queriendo contrariarla, decidió acompañarla. Las tres horas que tardaron en regresar, las usé para salvar todo lo que pudiera del naufragio. Afortunadamente, conseguí sacar de los restos, aparejos de pesca, cañas, cuatro mantas e incluso dos ollas con las que el marino pensaba prepararnos la cena. También encontré un par de cuchillos pero aunque lo intenté nada del yate nos servía para comunicarnos con el exterior. Al acabar de rescatar todo lo útil que encontré, recargué la fogata y cogiendo las ollas me dirigí hacía el arroyo que había visto esa mañana.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Una vez nuevo en la iglesia, calenté el agua que había traído y sacando las cañas, me puse a pescar. Estaba tranquilamente sentado en la playa esperando que algún pez picara cuando las vi venir en dirección contraria a su marcha. Venían con los ojos rojos, síntoma que habían llorado y por eso las dejé descansar antes de decirles:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Como habéis comprobado, no he mentido. Estamos en una maldita isla desierta. Si queremos sobrevivir hay varias cosas que tenemos por narices que hacer. Primero, la fogata siempre tiene que estar encendida. No sabemos el tiempo que pasará hasta que nos encuentren y no podemos malgastar el gas del mechero. Segundo, hay que beber agua hervida por lo que todos los días una de vosotras tendrá que ir a por agua. Tercero, mientras yo pesco, la otra debe de buscar cocos o cualquier vegetal consumible ya que no podemos depender de la pesca únicamente. Quinto….-</span></p>
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<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/aceRhYlB" width="425" height="576"></div>
<p><a style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;" href="http://contenta.babesandgirls.com/digital-desire/0088/14.jpg">&nbsp;</a></p>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Pero tú quien te crees para mandarnos!- respondió hecha una energúmena mi prima –Hay que ahorrar fuerzas y me niego a cumplir tus ordenes-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Como me esperaba esa reacción, la dejé terminar de explayarse y solo cuando ya había acabado, le respondí:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Tu misma. Hay dos cañas, dos cuchillos, cuatro mantas y un mechero. Yo pienso que es mejor que lo hagamos en común pero si queréis nos dividimos lo poco que tenemos. Yo quiero una caña, un cuchillo y una manta, lo demás quedároslo vosotras pero desde ahora te digo que no pienso trabajar para vosotras sin que me prestéis ayuda-. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Y cogiendo la parte que me correspondía busqué una choza donde guarecerme mientras Rocía se debatía entre que bando elegir. Viendo que se quedaba con mi prima, apilé un montón de leña y cogiendo un rescoldo de la de ellas, encendí mi propia hoguera.&nbsp; Tras lo cual, agarré mi caña y me puse a pescar. Afortunadamente, se me dio bien y a la hora de comer ya tenía doss jureles en mi poder. Os reconozco que disfruté al ver sus caras hambrientas mientras yo me daba un banquetazo bien regado del agua de un coco que había conseguido partir. Sé que fui un poco cabrón pero me deleité haciendo ruido al comer, diciendo lo buenos que estaban mientras a cincuenta metros ellas seguían discutiendo sobre como lanzar la caña. Al terminar, esperé que se enfriaran los pescados y ya helados, se los llevé para que comieran. Era una labor de zapa y si las cosas venían mal dadas iba a necesitarlas sanas.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María ni siquiera me miró cuando le acerqué la comida pero su amiga me lo agradeció con un beso en la mejilla mientras dejaba que su pecho se pegara al mío en agradecimiento. Al percatarme que lo había hecho a propósito, ni corto no perezoso, acaricié uno de sus pezones, diciendo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Rocío, si quieres dormir calentito esta noche, ya sabes dónde me encuentro-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Tras lo cual, me fui a dar una vuelta por los alrededores mientras ellas dos se enfrascaban en una agría discusión. Mi prima le echaba en cara el haberse dejado magrear por mí mientras la otra le recriminaba nuestra delicada situación. Sonreí al escucharlas e internándome en el bosque, busqué algo de comer. Tal y como había previsto, aunque la isla estuviera deshabitada, sus antiguos habitantes debían de haber plantado árboles frutales por lo que a la media hora, volví a mi choza con una cantidad ingente de mangos e incluso una penca de plátanos. Pero lo mejor no fue lo que recogí sino lo que vi en un claro: alertado por el ruido, descubrí una piara de cerdos salvajes que careciendo de enemigos naturales, se habían acercado a mí a curiosear. Si hubiese tenido el cuchillo, podía haber matado a un par de crías pero como me lo había dejado en el poblado, tuve&nbsp; que conformarme con el mero descubrimiento</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">De vuelta a la hoguera, la recargué y sentándome en una sombra, me puse a comer fruta. Rocío no tardó en acercarse y pedirme que le compartiera parte de lo recolectado pero me negué a hacerlo hasta que en compensación me trajera un poco de leña. Ni siquiera protestó y al cabo de diez minutos volvió con lo que le había pedido. María viendo que estábamos comiendo, llegó a nuestro lado y pidió su parte, pero nuevamente me cerré en banda a no ser que trajera agua que calentar.&nbsp; Tal y como había previsto, me mandó a la mierda y dejándonos solos, siguió intentando pescar.</span></div>
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<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Crees que no rescatarán?- preguntó su amiga mientras daba buena cuenta de uno de los mangos.</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Sin duda- contesté – el problema es cuando. Tenemos que mantenernos vivos mientras tanto y la idiota de mi prima no quiere comprenderlo-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Dale tiempo, ¡Se tiene que dar cuenta que te necesitamos!- murmuró en mi oído mientras se pegaba en plan meloso –Yo confío en ti-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Aunque sabía que esa zorrita se acercaba a&nbsp; mí por conveniencia, me dejé querer y abrazándola, le planté un beso en la boca.&nbsp; Me respondió con pasión y por eso mientras nuestras lenguas jugaban, mis manos recorrieron su cuerpo palpando y disfrutando de cada centímetro de su piel. Descubrí que María nos miraba alucinada cuando mi boca ya había hecho presa en uno de los pezones de su amiga. Con los gemidos de la morena como música ambiente, me puse a lamer y a morder esas dos maravillas mientras mi prima se hacía la digna pero seguía observando. &nbsp;Ni siquiera hice intento alguno de ocultarnos, a la vista, bajé la parte inferior del bikini de Rocío dejándole claro que a partir de ese instante ella era mía. Al hacerlo me encontré con el sexo que llevaba días soñando y metiendo mi lengua entre sus pliegues, me puse a mordisquear su clítoris mientras ella no paraba de aullar complacida por la mamada que le estaba obsequiando.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">No sé si fue la propia desesperación que sentía la muchacha por nuestra desgracia, pero la verdad es que llevaba menos de un minuto enfrascado entre sus piernas cuando escuché los primeros síntomas de su orgasmo. Incrementando su deseo con pequeñas incursiones de mis dedos en su vulva, la llevé hasta el borde del abismo en poco tiempo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me corro!- gritó sin importarle que su amiga la escuchara.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi propia calentura me hizo salirme de su entrepierna y bajándome el traje de baño, saqué mi miembro de su encierro y colocando mi glande en su entrada, lo inserté de un solo golpe hasta el fondo de su vagina.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Dios!- chilló de placer la otrora niña pija y meneando sus caderas en plan goloso, convirtió su sexo en una especie de batidora con la que vapuleó mi pene.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Con mayor intensidad, seguí machacando su cuerpo al notar su excitación. Cada vez que la empalaba de su garganta salía un berrido de hembra en celo y por eso uniendo una descarga de placer con la siguiente, Rocío se entregó por entero a mí. Todavía no había descargado mi simiente en su interior cuando poniéndose enfrente, María le reclamó que se estaba tirando a su primo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sin separarse de mí y con sus piernas forzando otra penetración, la morena le contestó:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Lo querías para ti sola? ¡Pues te jodes!, me ha elegido a mí-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi pariente no se debía esperar semejante respuesta porque completamente indignada salió huyendo con el sonido de nuestra pasión rebotando en sus oídos. Absortos en una danza ancestral, seguimos disfrutando de nuestra unión hasta que me derramé en su interior dando gritos.&nbsp; Acababa de sacarla y ni siquiera me había dado tiempo a descansar cuando poniendo una sonrisa de oreja a oreja, esa muchacha me soltó:</span></div>
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<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Espero que te acuerdes que yo fui la primera, no quiero que luego me dejes insatisfecha por follarte a esa tonta-</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Ni se me había pasado por la cabeza, beneficiarme a mi prima porque siempre había sido un objeto de deseo fuera de mi alcance pero las palabras de su amiga, me hicieron plantearme que era posible y solo imaginármelo, levantó mi alicaído miembro. Ella se rio al advertir que estaba nuevamente dispuesto y mientras bajaba por mi pecho en dirección a mi entrepierna, exclamó:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Creo que aunque haya poca comida, ¡No voy a echar de menos el exterior!.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Nuestra primera noche:</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://i.imgbox.com/adp4xtPJ" width="425" height="576">Aproveché el resto del día para restaurar como pude una cerca donde encerrar a los cerdos que había visto esa mañana.&nbsp; Comportándose como una buena asistente, mi nueva amante colaboró sin protestar y lo más raro sin preguntar para que la necesitaba.&nbsp; María debía de seguir enfadada porque no apareció hasta la hora de cenar. Cuando quiso acercarse a compartir nuestra comida, fue la propia Rocío la que se negó de plano y le exigió que al menos trajese más leña. Sin querer dar su brazo a torcer, la mandó a la mierda y volviendo a la iglesia, nos dejó en paz.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Reconozco que me dio pena y por eso al terminar, me acerqué con un racimo de plátanos y se los di sin exigirle contrapartida alguna. Mi prima me miró con angustia pero su orgullo le impidió darme las gracias. No me importó, quedaba bien poco para que claudicara y corriera a nuestro lado, implorando ayuda. El resto de la fruta la coloqué dentro de la cerca pero antes instalé una trampa para que si algún animal entraba, se cerrara.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Al llegar a mi choza, acababa de empezar a llover y previendo que la noche iba a ser muy larga, me dispuse a recargar la hoguera cuando observé con satisfacción que Rocío lo había hecho en mi ausencia.&nbsp; Al mirarla, me quedé extasiado al comprobar que me esperaba desnuda y que con gestos me pedía que la estrechara entre mis brazos. No me lo tuvo que repetir, cogiendo su barbilla le di un beso mientras mis dedos recorrían esos preciosos pechos que no me cansaría jamás de disfrutar. La morena ni siquiera me dejó tumbarme, cogiendo mi pene entre sus manos, me empezó a besar mi extensión sin dejar de masajear mis huevos.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿No has cenado bien?- pregunté con recochineo al ver que abriendo su boca, se lo metía sin hablar.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Como respuesta, lentamente se fue introduciendo mi falo mientras su lengua jugueteaba con mi extensión. Dotando a sus maniobras de una sensualidad brutal, no cejó hasta que con el enterrado en su garganta, besó la base de mi miembro con sus labios. Sorprendido por la facilidad que lo hubiera conseguido sin sufrir arcadas, me quedé quieto mientras ella daba un ritmo lento a su mamada. Poco a poco, fue acelerando el compás con el que se metía y sacaba el pene hasta que ya parecía que en vez de una boca era un sexo el que lo hacía. Sabiendo que estaba al mando y que esa cría seguiría estando al día siguiente, no intenté retener mi eyaculación y al poco tiempo, exploté en el interior de su boca. Rocío disfrutó de cada explosión y de cada gota hasta que relamiéndose de gusto, dejó mi polla inmaculada sin resto de semen.</span></div>
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<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mientras ella, sin dejarme descansar,&nbsp; intentaba reanimar mi sexo, le pregunté por su urgencia.&nbsp; Al oírme soltó una carcajada diciéndome:</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No quiero que esa puta disfruté de ti sin habérselo trabajado-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sin entender a qué se refería, no me importó que se empalara con mi miembro pero al verla saltando sobre mí, no pude dejar de preguntar porque lo decía:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Esta noche, ¡Tu prima vendrá a por auxilio!. No ves que la muy&nbsp; idiota no ha echado leña a su fogata. Cuando lo intente, no encontrara nada seco y por eso empapada pedirá nuestro calor-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Muerto de risa, comprendí que tenía toda la razón pero advirtiendo que había usado nuestro en vez de tu calor, le pregunté directamente a que se refería. Mientras se pellizcaba un pezón, me respondió:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Yo he trabajado y no esperarás que le deje entrar en nuestra manta: ¡Sin pedirle una compensación!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">El sonido de la lluvia ocultó el sonido de mi risa al asimilar que esa muchacha era bisexual y que compartiría gozosa conmigo el cuerpo de su amiga. Después de hacer el amor, la aguardamos desnudos. Nuestra espera se alargó hasta cerca de las dos de la mañana y por eso cuando María hizo su aparición en la choza, Rocío estaba dormida. Completamente empapada y con los labios amoratados por el frio, me pidió permiso para entrar. Sin hacer ruido se acercó a la hoguera y temblando alargó sus manos al reconfortante calor del fuego.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Ven, metete entre nosotros para calentarte- dije sin especificar lo que le teníamos preparado.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Totalmente colorada, se percató de nuestra desnudez aun antes de sentir nuestra piel contra su piel. Intentando no forzarla en demasía, la abracé dándole ese calor que tanto necesitaba. Tímidamente apoyó su cabeza en mi pecho y dejó que mi mano se aposentara en su culo sin quejarse. La morena que se había despertado también la abrazó, diciendo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Pobrecita, ¡Estas helada!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Tras lo cual, sin pedirle permiso empezó a acariciar su cuerpo, dando a sus caricias un sentido más alla del mero auxilio. Me di cuenta que mi prima estaba escandalizada por esos mimos no pedidos al mirarme con los ojos abiertos. No dejé que protestara porque cerrando su boca con mis labios la besé mientras mis propias manos empezaban a&nbsp; sobrepasarse con ella. Pálida tuvo que soportar que mis besos fueran bajando por su cuello al estar más preocupada porque las manos de su amiga habían separado sus rodillas y esta se dedicaba a lo mismo que yo pero en sus muslos.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Por favor- rogó muerta de miedo cuando sintió que me apoderaba de sus pezones.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Obviando sus protestas, seguí mamando de esos pechos de ensueño mientras de sus ojos brotaban unas lágrimas de vergüenza. Rocío hizo lo propio, recreándose en el cuerpo que la casualidad le había puesto a su disposición, se dedicó a dar pequeños mordiscos en el camino hacia su meta.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No soy lesbiana- protestó sin éxito al sentir el aliento de su amiga acercándose a su sexo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Completamente excitado, seguí bebiendo de esos pechos que me encantaban desde niño y que nunca soñé en poseer, mientras la morena separaba los pliegues de nuestra víctima. &nbsp;&nbsp;Entonces, mi prima hizo el último intento de zafarse de nuestras caricias pero se quedó quieta cuando reteniéndola entre mis brazos, le expliqué con voz suave:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Somos tres en una isla desierta, si quieres que te cuidemos y te demos de comer, debes compartir con nosotros todo-</span></div>
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<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
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<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Vencida y humillada, esperó tensa y asqueada que la lengua de su amiga llegara hasta su clítoris. Al hacerlo no solo se limitó a lamer ese botón de placer sino que incrementando su angustia, le metió dos dedos en el interior. </span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Qué rico lo tienes!- sonriendo le soltó – Llevo años deseando comerme tu coño-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La escena de por si cachonda subió enteros al ver que la morena se empezaba a masturbar mientras daba rienda suelta a deseos de antaño. Por mucho que mi prima intentó mantenerse al margen, nuestros mimos fueron derribando una a una las murallas que se había auto impuesto e inconscientemente, empezó a reaccionar moviendo sus caderas. Rocío al comprobar que ese sexo se empezaba a llenar de flujo, incrementó la acción de su lengua y usándola como si fuera un pene, traspasó con ella esa entrada. Su primer gemido también venció mis reparos y llevando su mano a mi entrepierna, le exigí que me hiciera una paja. Lentamente como cogiendo confianza, mi prima me empezó a masturbar&nbsp; con los ojos cerrados. Sus dedos se habían cerrado sobre mi extensión mientras su dueña se debatía entre la moralidad de lo que estábamos haciendo y las sensaciones que estaba sintiendo. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Comprendí que la pasión iba ganando cuando acelerando su muñeca me pidió que la besara.&nbsp; Sé que estuvo mal y que fui un egoísta con mi primer amante pero absorbido por la lujuria, separé a Roció y obligando a mi prima a subirse a horcajadas sobre mí, le exigí que se empalara. Me encantó ver la indecisión en su cara antes de alzarse y cogiendo mi pene, empezárselo a meter. Solo el saber que por mucho que viviera esa imagen iba a quedar en mi retina, hacía que ese naufragio hubiese valido la pena. No sé si fue que en secreto, me deseaba o que su excitación era fruto de esa cuasi violación, lo cierto es que nada más sentir mi pene abriéndose camino en su vagina, mi prima empezó a aullar como loca y a retorcer su cuerpo sobre el mío.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Ves que no era tan difícil!- exclamó su amiga, dándole un beso en los morros.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Esta vez María no le hizo ascos a su boca y devolviendo pasión con más pasión, gritó pidiendo nuestras caricias. La morena no solo respondió mamando de sus pechos sino que al hacerlo puso su coño en mis labios. Comprendí que era lo que quería y separando los pliegues de su sexo, cogí entre mis dientes su clítoris.&nbsp; Rocío al experimentar el suave mordisco, rogó que continuara torturando su botón. No solo le hice caso y con mis dientes apreté fuertemente sino que usando mis dedos empecé a acariciar el oscuro objeto de deseo que se escondía entre sus dos nalgas. El orgasmo de mi prima coincidió en el tiempo con la incursión de mis falanges en su ojete y mientras se dedicaba en cuerpo y alma a las tetas de la rubia, gritó de placer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me enloquece que me den por detrás!- espetó descompuesta sin dejar de mover su culo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">No sé si fueron sus palabras o la sobreexcitación que absorbía a María lo que provocó que esta, uniera un clímax con el siguiente sin dar tregua. Con la cara empapada de los flujos de Rocío y mi pene siendo maltratado por una prima convertida en loba en celo, os tengo que reconocer que me corrí tan brutalmente que dudé que me quedaran fuerzas para el resto de la noche. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Desgraciadamente no tuve oportunidad de comprobarlo, porque en el preciso instante que Rocío y María intentaban recuperar la vitalidad de mi miembro, escuchamos un alboroto en el exterior. Los bufidos y los gruñidos solo podían provenir de una piara que hubiese caído en la trampa, por lo que me levanté de un salto y en pelotas, corrí a asegurar la puerta de la cerca con una cuerda. Al volver empapado, las vi sonriendo desde dentro y nada más acercarme, Rocío me agradeció la captura diciendo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No te basta con dos cerdas, ¡Que has tenido que capturar otras!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Me solté a reír y cogiendo entre mis brazos a mi par de guarras de dos patas, las llevé hasta la manta.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">El segundo día.</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></b></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
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<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/adj6a3jd" width="426" height="577"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Me desperté al alba con una a cada lado. Os juro que si no llega a ser porque tenía que comprobar cuantos cerdos habían caído en la trampa y asegurarme de que estaban bien encerrados, me hubiese quedado con ellas. Sin hacer ruido, me levanté y salí a ver los bichos. Os podréis imaginar la alegría que sentí al ver que eran una cochina con sus cinco lechones, los cautivos. </span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">“Tenemos carne para más de un mes” me dije sin caer en la dificultad de conservarla en un ambiente tan húmedo y caluroso.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Después de revisar la cerca,&nbsp; volví a la choza de un humor inmejorable o eso creía porque nada más entrar, me encontré que mis dos mujercitas se habían despertado y que en ese momento Rocío estaba comiéndose el coño de mi prima. Descojonado por lo rápido que María se había habituado a que su amiga fuera también su amante y aunque me apetecía unirme a esas dos, decidí que era más importante el ponernos en actividad.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Cacho zorras! ¡Levantaos que tenemos cosas que hacer!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">No hice caso ni a sus protestas ni a sus peticiones de que me tumbara con ellas. Enojadas porque les había cortado el placer que buscaban, me obedecieron a regañadientes. Rápidamente, dividí los deberes y mientras María se debía ocupar de ir a por agua, recoger leña y de mantener la hoguera, Rocío y yo debíamos ir a por más fruta tanto para nosotros como para nuestros invitados de cuatro patas. Esta vez no hubo una sola queja y poniéndonos manos a la obras, salí con la amiga de mi prima rumbo a la plantación abandonada. Sin obviar lo delicado de nuestra situación, tengo que confesar que mi estancia en esa isla iba mejor de lo que había supuesto en un principio. Con carne, pescado y fruta a raudales, teníamos asegurado lo básico. El único problema real era saber si algún día nos rescatarían por lo que debíamos actuar como si eso no fuera a suceder.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿En qué piensas?- preguntó la morena al ver que estaba pensativo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Cómo de nada servía ocultarle que quizás nos pasáramos mucho tiempo en ese lugar, le expliqué que quería acondicionar la choza y construir una cama donde dormir, lejos de la humedad, de los insectos e incluso de alguna serpiente que decidiera hacernos una visita. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Por eso no te preocupes, de algo ha tenido que servir mis diez años como Boy Scout. No creo que tener problemas en levantar un sitio decente donde dormir-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Dormir?- señalé muerto de risa al comprender que esa cría acababa de resolver uno de nuestro grandes problemas.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Y follar- respondió encantada – No creas que me conformo con lo de ayer. Pienso explotarte a base de bien-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Anticipando su promesa, se pegó a mí y antes de que pudiera reaccionar ya me estaba besando. Su comportamiento pasado y como se restregaba contra mi sexo, me convenció de que me hallaba frente a una verdadera ninfómana. Sin importarle que estuviéramos en plena selva, me tumbó en el suelo y casi sin ningún prolegómeno, se empaló con mi pene mientras pedía que la tomara en plan salvaje. Su calentura era tal que ya tenía encharcado el coño antes siquiera de coger mi extensión entre sus manos y por eso, mi glande entró en su interior con una facilidad pasmosa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Estás cachonda!- le recriminé de guasa al advertirlo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Rocío, dotando a su voz de una lujuria inaudita, respondió:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Sí y ¡La culpa es tuya!.&nbsp; Me cortaste cruelmente cuando estaba comiéndome el chochito de María y desde entonces, ando verraca-</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Tras lo cual y con una urgencia total, comenzó a saltar sobre mi sexo mientras se pellizcaba los pezones.&nbsp; La velocidad&nbsp; excesiva que imprimió a su cuerpo me obligó a sujetarla, poniendo mis manos en su culo, para evitar que me hiciera daño. La morena al sentir mis garras en sus nalgas, lejos de ralentizar su cabalgar, lo aceleró. Cabreado por su brutalidad, le di un azote mientras le pedía calma. Lo súbito de mi caricia, le hizo parar.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Sigue pero tranquila- reclamé mientras le lanzaba otro viaje a su trasero.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;Aunque sea difícil de creer, en ese momento, un torrente cálido brotó de su sexo empapando mis piernas por completo. Fue entonces cuando comprendí que le excitaba la rudeza y dándole otra nalgada, le pregunté:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Te gusta!, ¿Verdad, putita?-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Sí!- gimió descompuesta.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
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<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su afirmación confirmó lo evidente y por eso, a base de palmadas en su trasero, fui marcando el ritmo mientras ella no paraba de aullar de placer ante cada caricia. El morbo de la situación pero sobretodo el oír como se corría una y otra vez, me obligó a acelerar sus incursiones de modo que en poco tiempo, Rocío se empalaba aun más rápido que antes. Con sus pechos rebotando arriba y abajo siguiendo el compás de sus caderas, esa zorra buscó mi placer mientras gritaba a los cuatro vientos lo mucho que estaba disfrutando. </span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Mi excitación, su entrega y ese elevado ritmo hicieron que en pocos minutos estuviera a punto de explotar. Al notar que mi orgasmo era inminente, agarré sus nalgas con fuerza. Roció chilló como posesa al sentir mi glande presionando la pared de su vagina y cayendo sobre mi cuerpo, se corrió sonoramente mientras mi pene expulsaba mi placer a base de blancos proyectiles de semen. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Dios!- aulló forzando la penetración.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Completamente exhausta, disfrutó de las ultimas sacudidas de mi miembro, tras lo cual, se desplomó sobre mi pecho. Una vez había saciado mi calentura, la eché a un lado y me incorporé.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Tenemos cosas que hacer- le dije mientras la levantaba del suelo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Rocío, con una sonrisa en los labios, me miró satisfecha y saltando de alegría se adelantó. Al ver que se tocaba las nalgas coloradas por los azotes, me reí diciendo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&#8211; Si te duele, espera. Esta noche pienso obligarte a cumplir tu promesa-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Qué promesa te hice?- preguntó.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Qué tu culo sería mío!- respondí.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Si pensaba que eso la sorprendería, me equivoqué, porque retrocediendo sobre sus pasos, se apoyó en un árbol mientras me decía:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡No tienes que esperar! Mi culo es tuyo-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Solté una carcajada al observar la cara de putón verbenero que puso mientras con sus manos se separaba sus cachetes y sin negar que me apeteciera poseer ese rosado esfínter, decidí no hacerlo en ese momento porque nos habíamos comprometido con María en recoger la fruta. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Vamos, guapa. ¡Tenemos cosa que hacer!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Hizo un breve intento de amotinarse pero al ver que me alejaba, corrió tras de mí como si nada hubiese pasado. Ya en la plantación, nos pusimos a recolectar dos bolsones, de forma que tras una hora de trabajo, decidimos que era suficiente por ese día. Estábamos cerca del poblado cuando de improviso, escuchamos un alarido. Comprendiendo que la única persona que podía haber emitido semejante grito era mi prima, salimos corriendo hacia ella. Esos quinientos metros en plena carrera se me hicieron eternos al pensar que María debía estar en peligro y por eso cuando vi lo que ocurría me eché a reír histéricamente.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Imbécil!- me gritó al ver que me descojonaba de ella- ¡Quítamelo!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Reconozco que no pude, tronchado de risa, observé que un macaco se le había subido a los hombros y tal como hacen con otros miembros de su especie, la estaba espulgando el pelo. Rocío en cambio fue mucho más práctica, pues al llegar y ver el “gran problema”, con una sonrisa en su cara, sacó un plátano y llamando al mono se lo dio.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Como si fuera amaestrado, el jodido primate se bajó de mi prima y cogiendo la fruta se la puso a comer mientras su “victima” nos echaba en cara nuestro cachondeo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me podía haber mordido!- reclamó furiosa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">El problema fue que cuanto más repelaba y más indignada se mostraba, nuestro jolgorio se incrementaba:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Es un animal salvaje!- gritó ya hecha una energúmena. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">En ese momento, el bicho pareció darse por aludido y acercándose a mi prima, se agarró a su pierna y comenzó a frotarse contra ella como si se estuviera apareando.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Y en celo!- recalqué.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Lo grotesco de la escena y nuestras continuas risas, terminaron de contagiar a María que cogiendo otro plátano, se lo lanzó lejos para que la dejara en paz. Ya más tranquila, peló otro y haciendo como si en vez de una fruta fuera un pene, lo empezó a lamer mientras me decía:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿A ti, primito? ¿No te pongo bruto?-</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">No hizo falta más para que mi polla saliera de su letargo y cogiéndola entre mis brazos, la besé mientras le decía que era una puta. Mi insulto no solo no la calmo sino azuzó su lujuria y bajando por mi pecho, me empezó a dar pequeños mordiscos. Sus actos que en otro momento me hubiesen parecido imposibles, me recordaron mi papel en esa isla.</span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">“Tenía que complacer a las dos mujeres por igual”</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Habiendo retozado esa mañana con Rocío, me pareció lógico hacerlo con mi prima y por eso, la apoyé contra la pared de la choza y separando sus nalgas, me puse a lamer el precioso coño de mi pariente. La postura me permitió también comprobar que su entrada trasera era virgen y tal descubrimiento me determinó a que dejara de serlo. Alternando las lamidas entre sus dos agujeros, fui elevando la temperatura de la cría. </span></p>
</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Ya inmersa en el placer, no se quejó cuando introduje mi lengua en su ojete sino que pegando un gemido, me dio vía libre para continuar. Al mirar su reacción, me percaté que María tenía sus ojos fijos en algo que sucedía a mis espaldas. Girando la cabeza, comprobé que Rocío, su amiga y amante, se estaba masturbando viéndonos hacer. Decidido a desflorar esa maravilla, seguí follando su culo con mi lengua mientras mis dedos recogían entre ellos su clítoris.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su orgasmo no tardó en llegar y recogiendo parte del flujo que salía de su sexo, embadurné dos dedos y con ellos empapados, me dediqué a relajar el culito que me iba a beneficiar. Mi prima, en cuanto sintió mis yemas en su interior, berreó pidiéndome que me la follara.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Princesa, eso después. Ahora me apetece estrenar tu otro hoyo-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Increíblemente, no había caído en cuales eran mis intenciones hasta que se lo dije y muy nerviosa, me confesó que nunca había hecho el sexo anal.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Esa enfermedad es fácil de curar- le espeté mientras cogía mi pene entre mis manos y lo acercaba a su trasero.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Temblando, esperó que mi glande forzara su esfínter. Sabiendo que le iba a doler decidí no prolongar su angustia y con un movimiento de caderas, penetré en su interior. El grito que pegó fue muestra del dolor que sintió pero no se apartó y por eso fui introduciendo lentamente toda mi extensión hasta que rellené por completo sus intestinos. Con lágrimas en los ojos soportó el sufrimiento y cuando esté llegó a hacerla temer que se iba desmayar, sintió que paulatinamente se hacía más soportable. Decidida a no dejarse vencer, empezó a moverse con mi pene dentro de su culo.&nbsp; Rocío, que hasta entonces se había mantenido a la expectativa, se acercó y mientras le daba un beso, bajó la mano a la entrepierna de mi prima. Cogiendo entre sus dedos el botón de María lo empezó a acariciar sin dejar de consolarla al oído.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Cómo duele!- murmuró convencida de que el suplicio debía de cesar en algún momento.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su amiga forzando sus caricias, le dijo que se relajara. Al oírlas, con cuidado empecé a mover mis caderas, sacando y metiendo mi miembro. Los gemidos de dolor se incrementaron momentáneamente pero cuando llegado un momento que se creía morir, el dolor se fue transformando en placer sin darse cuenta. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Cariño, ¡Déjate llevar!- insistió Rocío al ver que seguía tensa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Reconozco que gracias a esa morena, mi prima consiguió relajarse, llegando incluso a ir marcando ella misma el ritmo. Sé que gran parte del mérito se debió a las caricias que su amiga estaba obsequiando a su amiga pero la realidad es que fui incrementando mi compás hasta que el lento trote de un inicio se convirtió en un galope desenfrenado.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Me encanta!- gritó sorprendida de la manera que su cuerpo estaba gozando y ya dominada por la excitación, me rogó que continuara.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sus palabras fueron el acicate que necesitaba para cogiéndola de los hombros, forzar aún más si cabe la profundidad de mis embistes. Con mi sexo trocado en una maza, seguí golpeando su espléndido culo&nbsp; hasta que con su cuerpo convertido en una pira ardiente, mi prima logró llegar a un clímax desconocido para ella y pegando un aullido, se corrió ferozmente. Su flujo fue tal que parecía que se estaba meando. Su entrega elevó mi lujuria y uniéndome a ella, exploté en sus intestinos. María al advertir que mi esperma se adueñaba de su culo, chilló de placer y extenuada, se dejó caer sobre la arena. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Rocío haciendo un berrinche ficticio, se quejó de que hubiese estrenado el pandero de María antes que el suyo y mientras descansábamos nos amenazó diciendo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Esta noche, espero que los dos, ¡Os ocupéis de mí!-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Y si no lo hacemos?- respondí muerto de risa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Llamaré al mono!-</span><br />
<span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><br />
</span></p>
<div><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://i.imgbox.com/adhgpPr6" width="483" height="655"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><br />
</span><span style="color: #333333; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><br />
</span></p>
</div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí FIN&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 17:50:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
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					<description><![CDATA[En el coche, me empezaron a surgir nervios al darme cuenta de lo poco acostumbrado que estaba a las citas. No en vano la única que había tenido en los últimos dos años había sido con Agda y el mérito había sido suyo ya que ella había llevado la voz cantante, pero en el caso de Sara y dado su carácter, la responsabilidad de cómo se desarrollaran las cosas iba a ser enteramente mía. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «No puedo ni debo fallarla», me dije rememorando su cara de angustia cuando descubrió lo mucho que me deseaba tras permitir que Ua la masturbara [&#8230;]]]></description>
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<p>En el coche, me empezaron a surgir nervios al darme cuenta de lo poco acostumbrado que estaba a las citas. No en vano la única que había tenido en los últimos dos años había sido con Agda y el mérito había sido suyo ya que ella había llevado la voz cantante, pero en el caso de Sara y dado su carácter, la responsabilidad de cómo se desarrollaran las cosas iba a ser enteramente mía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «No puedo ni debo fallarla», me dije rememorando su cara de angustia cuando descubrió lo mucho que me deseaba tras permitir que Ua la masturbara en mi presencia.</p>



<p>Recapacitando sobre ello y como desde un principio se había abierto a mí en la marisquería, comprendí que debía ser galante sin forzarla en lo más mínimo asumiendo que ese papel sería ejercido por el manipulador ser que había dejado en el hotel. Con ello en la mente llegué frente al hostal donde su gobierno la había alojado, descubriendo que me estaba ya esperando en la puerta. Siguiendo el guion que me había marcado, me bajé con la intención de piropearla. Pero al mirarla y comprobar que parecía una ingenua ninfa recién caída del cielo, me quedé petrificado y solo pude mascullar un “buenas noches” mientras recorría con la mirada las maravillosas curvas que realzaba el vestido de lino blanco que llevaba puesto. Supe que la lujuria de mi mirada no le pasó inadvertida al advertir que se removía incómoda mientras recibía de mis manos los chocolates.</p>



<p>―Estás preciosa― alcancé a decir tras retirar mi ojos de sus pechos y haciendo un esfuerzo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_001_81ce.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tú estás también muy guapo― murmuró al ver que le abría la puerta.</p>



<p>Su timidez curiosamente me tranquilizó y tras esperar que se acomodara en su asiento, me metí en el Bentley. El lujo británico del automóvil la había impactado de tal forma que se había olvidado de abrocharse el cinturón, detalle que aproveché para ser yo quien lo hiciera. Mi galantería debió de agradarla porque sin venir a cuento observé que sus pezones florecían bajo su ropa.</p>



<p>―Gracias, Miguel― suspiró al advertir lo ocurrido.</p>



<p>Encendiendo el motor, lo hice sonar un poco para ver su reacción y tal y como había anticipado, sintió ese rugido como un anticipo de mi carácter y mordiéndose los labios, involuntariamente cerró sus piernas sin percatarse que al hacerlo la falda la había traicionado revelando gran parte de uno de sus muslos. Sin pedir su permiso, bajé la tela cubriéndola rozando brevemente su piel con mis yemas.</p>



<p>―Perdona, no me había dado cuenta de que mostraba de más― se disculpó abochornada por si pensaba que lo había hecho a propósito.</p>



<p>Mi silencio no hizo más que profundizar su vergüenza y nuevamente intentó justificar su error, pero cortándola dulcemente le dije que cuando quisiera disfrutar de sus piernas se lo diría mientras le hacía una carantoña en la mejilla.</p>



<p>―No seas malo― sollozó al sentir que le costaba hasta respirar.</p>



<p>Sin apiadarme de ella y mostrando siempre una cortesía inapelable, seguí acariciándola al responder:</p>



<p>―Con una gatita tan bella jamás podría ser malo.</p>



<p>El gemido que brotó de sus labios curiosamente se asemejó a un maullido y eso me hizo decidir que la llamaría así el resto de la noche. Abusando de su desliz y mientras me dirigía de vuelta a reunirme con Ía, le comenté que había reservado una suite para que nadie nos molestara mientras cenábamos.</p>



<p>―¿Te parece bien? Gatita.</p>



<p>―Sí― con un hilo de voz respondió, buscando quizás que no me diese cuenta de lo mucho que le ponía ese sobrenombre.</p>



<p>Desgraciadamente el rubor que decoraba su rostro era demasiado evidente para no advertirlo y recordando tanto el mail que habíamos interceptado en el que sus jefes la ordenaban seducirme como la conversación con su amiga, le pregunté si alguien sabía que había quedado conmigo.</p>



<p>―No― me mintió y pasando a la ofensiva quiso saber por qué lo decía.</p>



<p>Cogiendo mi móvil, le ordené que llamara a alguien y se lo dijera porque no me parecía correcto llevarla a un hotel sin que nadie lo supiera.</p>



<p>―No te entiendo― murmuró.</p>



<p>―Quiero que lo hagas para que estés tranquila y que sepas que no te va a pasar nada―comenté.</p>



<p>―No hace falta.&nbsp;</p>



<p>―Insisto, se una buena gatita y hazlo.</p>



<p>La velada orden provocó que hasta el último vello de su cuerpo se erizara al saber que era la primera, pero no la última que recibiría de mí y totalmente descompuesta llamó a la conocida con la que había conversado de mí. Al no contestar y saltar el buzón de voz, respiró aliviada.</p>



<p>―Mari, te llamo para informarte que he salido a cenar con Miguel Parejo.</p>



<p>Tras lo cual, apagó el móvil y me miró:</p>



<p>―Así me gusta― respondí regalándola otra caricia.</p>



<p>En esa ocasión, no quiso o no pudo disimular su suspiro mientras sus ojos denotaban una creciente adoración.</p>



<p>―¿Falta mucho para llegar? – quiso saber al ver que salíamos de Puerto Jimenez.</p>



<p>―Un par de minutos― contesté: ―Ya estamos cerca.</p>



<p>Acababa de decirlo cuando ante nosotros apareció el cartel del hotel. Al verlo, girándose hacia mí me preguntó si íbamos a Crocodile Bay.</p>



<p>―Así es, es el único a tu altura.</p>



<p>Desencajada al saber que nos dirigíamos al establecimiento más caro de la zona, quiso quitarle hierro diciendo que no me metiera con su tamaño ya que desde hacía muchos años había aceptado que era bajita. Su picara respuesta me hizo reír y le recordé una frase al respecto:</p>



<p>―Gatita, no se debe medir a alguien de la cabeza al suelo, sino de la cabeza al cielo.</p>



<p>―¿Estás seguro? Mi Napoleón― sonriendo respondió haciéndome saber que conocía de sobra a quien se le atribuía dicha frase.</p>



<p>Desternillado al advertir su nuevo error al usar ese posesivo, hurgué en la herida diciendo:</p>



<p>―¿Quieres que sea tu emperador?</p>



<p>La oriental no dudó ni un segundo antes de contestar con otra pregunta:</p>



<p>―¿Quién te ha dicho que no lo seas ya?</p>



<p>El destino quiso que llegáramos justo entonces al hotel y aparcando el coche en la entrada, me giré hacia ella sonriendo:</p>



<p>―¿Qué diría mi gatita si le robara un beso?</p>



<p>En vez de responder se lanzó sobre mí buscando mis labios. La pasión que demostró al recibir mi lengua dentro de su boca fue un preludio que me avisó que no era una dulce damisela la mujer que descubriría esa noche sino una ardiente amante deseosa de caricias. Durante unos momentos me dejé llevar, pero recordando la especial forma que tenía de entender el sexo me separé de ella y salí del Bentley, dejándola insatisfecha. Tal y como esperaba, la oriental se quejó del súbito rechazo haciendo un puchero.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_004_5a21.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Deja de maullar y mueve el culo o ¿prefieres que te devuelva a tu hotel?- respondí con una sonrisa mientras le abría la puerta.</p>



<p>&nbsp;Mi amenaza surtió efecto y aún molesta, se bajó. Incrementé su turbación, entrando al establecimiento sin mirar hacia atrás, sabiendo que me seguía.</p>



<p>-Buenas noches.</p>



<p>El saludo del conserje a cargo de recepción me sirvió para azuzar su carácter cuando pedí disculpas, por anticipado y en plan cabrón, por los gritos que iba a dar mi acompañante cuando me la tirara. Cualquier mujer que no fuera sumisa se hubiera dado la vuelta y huido de mí, pero Sara no dijo nada mientras me perseguía rumbo al ascensor. Esperando que se abriera, observé su nerviosismo con satisfacción al temer ella no poder contener sus ganas de entregarse a mis deseos.</p>



<p>-Pasa, gatita- susurré en su oído metiéndola en el cubículo, donde sin público empecé a sobarle el trasero.</p>



<p>Ese magreo hubiese escandalizado a noventa mujeres de cada cien, pero no fue su caso ya que tras reponerse de la sorpresa se pegó a mí buscando mis besos. Besos que por descontado queda no encontró y se tuvo que conformar con restregarse obsesivamente contra un sujeto que ni siquiera la miraba mientras en su interior se preguntaba qué había hecho mal.</p>



<p>-Acompáñame- ordené ya desde el pasillo al contemplar que se había quedado dentro sin saber qué hacer.</p>



<p>El tono autoritario, pero curiosamente dulce, de esa orden la hizo reaccionar y bajando la cabeza, se deslizó siguiéndome hasta el cuarto. Antes de tocar para que Ía me abriera me fijé en que mi comportamiento, lejos de amortiguar la atracción que sentía por mí, la había maximizado y que estaba a punto de caramelo.</p>



<p>-Espero que te guste la sorpresa que te tengo preparada – comenté tocando con los nudillos en la puerta.</p>



<p>Al abrirse no fue ella sola la que se quedó impresionada. Reconozco que yo también aluciné al ver que la rubia nos recibía vestida con un uniforme de criada que no hubiese destacado en una película porno.</p>



<p>-Amo, su cena está lista- comentó Ía mientras se arrodillaba a mis pies.</p>



<p>Gratificando a mi supuesta sumisa con una breve caricia en su cabeza y sin hacer caso a la cara que lucía al ver la indumentaria de mi ayudante, pedí a Sara que me acompañara. Entrando en la habitación y comportándome como un caballero de los de antes al llegar a la mesa donde cenaría con ella, le acerqué su silla. Era tal la turbación que sentía que en completo silencio se sentó mientras observaba a Ía abriendo el champagne. Tampoco dijo nada cuando rellenó nuestras copas y la chavala rozó con los pechos casi desnudos su cara antes de decir:</p>



<p>-Amo, como usted ordenó, la botella está fría y su sierva caliente.</p>



<p>Disfrutando de la expresión de desamparo de Sara, probé mi bebida y dando mi conformidad, premié a la rubia con un suave azote. La alegría con la que ese bello ser recibió mi caricia incrementó mas si cabe la angustia de mi acompañante, la cual sintió como propio el escozor que la nalgada había provocado en mi “criada”.</p>



<p>-Bebe, gatita- tomando una de sus manos, la ordené suavemente.</p>



<p>La asiática no tuvo valor de contrariarme y llevando la copa a sus labios, dio un sorbo a su copa mientras miraba de reojo el collar que la rubia llevaba al cuello. Percatándome de ello, pedí a Ía que se lo mostrara.</p>



<p>-Lleva tu nombre- tartamudeó consciente de su significado mientras bajo el vestido, sus pezones se erizaban.</p>



<p>No dando demasiada importancia al hecho, comenté que además de mi ayudante y amante se había comprometido a servirme de por vida, tras lo cual, recriminé a Ía que siguiera de pie.</p>



<p>-Perdón, mi señor- murmuró postrándose frente a nosotros adoptando la postura de espera.</p>



<p>Totalmente ruborizada, Sara no perdió detalle de cómo la sensual uniformada se ponía de rodillas, con la espalda erguida y los hombros hacia atrás mirando al suelo, deseando quizás ser ella quien estuviera así esperando la orden de su amo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Sara- llamando su atención y sin mencionar mi sumisa, comenté: -¿Recuerdas que me comprometí en explicar la razón por la cual no había sido honesto contigo?</p>



<p>Mi pregunta la hizo reaccionar y con un hilo de voz, contestó:</p>



<p>-Sí, prometiste que hoy me lo dirías.</p>



<p>Como si estuviéramos solos ella y yo, repliqué:</p>



<p>-No podía ni debía anticiparte que firmaría hoy un acuerdo. Ahora que ya he zanjado con una empresa sueca ese trato, no me importa que se sepa.</p>



<p>-¿Qué clase de acuerdo?- preguntó la burócrata y no la mujer.</p>



<p>-Me he hecho con el control de la tecnológica Alfa Centauro para desarrollar un nuevo sistema de desalinización que me convertirá en uno de los hombres de negocios más importantes del mundo.</p>



<p>Tras lo cual, pedí a Ía que me trajera el dossier resumido de la inversión. Mi ayudante meneando su trasero fue a por él y me lo dio. Nada más tenerlo en mis manos, se lo entregué a Sara.</p>



<p>-¿Por qué me lo das?- musitó impresionada.</p>



<p>Soltando una carcajada, respondí:</p>



<p>-Según mis informadores, tus jefes en la CIA te han ordenado que me seduzcas para sonsacarme información. Si te la doy de antemano, no te hará falta acostarte conmigo.</p>



<p>La norteamericana se puso de todos los colores al verse descubierta, pero aun así se guardó los papeles al saber que era su deber hacerlo.</p>



<p>-Ya que hemos aclarado este punto, ¿sigues interesada en seguir cenando o prefieres que te lleve de vuelta a tu hotel?</p>



<p>-Tengo hambre- alcanzó a balbucear sin sostenerme la mirada.</p>



<p>Al escucharla, ordené a Ía que nos trajera la cena.</p>



<p>-Como usted ordene, amo- contestó trayendo una bandeja.</p>



<p>Al comprobar que le podía en frente unos aperitivos, Sara hizo el intento de coger uno, pero entonces retirando su mano del plato la rubia comentó:</p>



<p>-Señora, usted es la invitada. Deje que yo le de comer.</p>



<p>Tras lo cual y sin esperar su respuesta, cogió un volován y se lo llevó a la boca. La oriental totalmente descolocada abrió sus labios permitiendo que mi supuesta sumisa se lo diera mientras sentía mis ojos fijos en ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_006_9dd9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Gatita. Sé que quizás no estas habituada, pero esta noche ella está para servirte- dije mientras arrodillada a su lado, Ía acercaba una servilleta para retirar una miga que se le había quedado pegada al lado de la comisura de sus labios.</p>



<p>Su desconcierto alcanzó un nuevo clímax cuando apoyando mis palabras la aludida comentó en su oído que, si no estaba satisfecha con la forma en que la cuidaba, debía de castigarla.</p>



<p>-Ese no es el papel que deseaba al venir aquí- murmuró confundida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obviando el significado de su queja, la rubia acercó otro aperitivo a su boca, diciendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Mi amo quiere que cuide a la señora y eso haré.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mimo con el que se lo daba le impidió rechazarlo mientras se removía incomoda en su asiento. Comprendí el plan que había elaborado cuando oí a mi supuesta sumisa comentar a Sara que yo todavía no había probado bocado:</p>



<p>-Don Miguel está esperando que la señora lo alimente.</p>



<p>No sabiendo cómo actuar, Sara me miró y se dio cuenta que era así.</p>



<p>-¿Puedo?- preguntó cogiendo un trozo de queso que había en mi plato.</p>



<p>Sonriendo, abrí mi boca para recibirlo. Temblando como un flan, Sara me lo acercó sin saber que tras cogerlo iba a lamer los dedos que me alimentaban. Al sentir mi lengua recorriendo sus yemas, no pudo reprimir un sollozo.</p>



<p>-Delicioso, gatita- murmuré deslizando la mano bajo el mantel.</p>



<p>&nbsp;Al sentir mi palma sobre su muslo, dos lágrimas de alegría hicieron su aparición en el interior de sus ojos y pegando un gemido, permitió que mi supuesta sumisa le diera un pedazo de jamón mientras instintivamente separaba las rodillas. Ese gesto involuntario me informó de lo excitada que estaba y por ello, acaricié sus piernas mientras la dejaba alimentarme.</p>



<p>-Miguel- suspiró al notar mis dedos recorriendo su piel cada vez más cerca de su sexo.</p>



<p>Desde el suelo, la rubia le corrió mientras le embutía otro aperitivo:</p>



<p>-Para nosotras, es amo.</p>



<p>Esa rectificación causó su estupor y tras una breve lucha en su interior, la muñequita masculló aterrorizada:</p>



<p>-Perdón, amo. No quise faltarle al respeto.</p>



<p>Llegando con mis yemas hasta la tela de su tanga, me entretuve unos instantes jugando con sus pliegues antes de contestar:</p>



<p>-Todavía, no puedes llamarme así.</p>



<p>Llorando como una magdalena al sentir mi rechazo, preguntó que debía hacer para poder hacerlo. La entrega que mostraba me impulsó a separar la mano de su entrepierna:</p>



<p>-Eso es algo que tenemos que discutir, ahora cena.</p>



<p>Tras lo cual, me negué a que me siguiera dando de comer y cogiendo los cubiertos empecé a cenar.</p>



<p>-Por favor, deseo ser tuya- sollozó descompuesta creyendo quizás que había perdido la oportunidad.</p>



<p>Acudiendo en su ayuda, Ía le aconsejó al oído que si quería que la aceptara tenía que pedírmelo como una sumisa. La morenita lo comprendió al vuelo y bajándose de la silla, se arrodilló en el suelo dejando caer su cuerpo hacia adelante. Tras lo cual extendió sus brazos apoyando las manos en el suelo mientras su negra melena caía hacia adelante:</p>



<p>-Esta mujer desea entregarse a usted en cuerpo y alma, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco día del año.</p>



<p>Sin dejar de comer, comenté a Ía que seguía viendo a una mujer. La rubia sonrió y actuando como mensajera, sugirió a la norteamericana que, si quería que su amo la tomara en cuenta, debía antes mostrarse en plenitud.</p>



<p>-Eso quiero, pero ¿cómo lo hago? – protestó desolada.</p>



<p>Sin atisbo de crueldad, le respondió que debía enseñar qué clase de mercancía estaba ofreciendo a su amo.&nbsp; Captando que debía desnudarse por entero si deseaba captar mi atención, la morenita se levantó y sin levantar su mirada, dejó caer un tirante.</p>



<p>-Hazlo despacio, demostrando que sabes excitar a un macho- ejerciendo de maestra, Ía le aconsejó.</p>



<p>&nbsp;Siguiendo su sugerencia, Sara deslizó por sus hombros el otro permitiendo que su vestido se fuera deslizando lentamente. Desde mi silla, observé como se iba revelando ante mis ojos la belleza de la oriental sin dar mi aprobación ni mi rechazo.</p>



<p>-Quítate el sujetador, gatita- escuché a la rubia decir.</p>



<p>Que Ía se refiriera a ella con el mote que le había puesto debió de excitarla porque dejando caer esa prenda, sus pezones aparecieron ante mí totalmente erizados. Su maestra dio un paso y tomando los pechos de la oriental, los sobó durante unos segundos antes de decirme que eran suaves y que lucían firmes.</p>



<p>-Está bien- comenté bebiendo un sorbo de mi copa.</p>



<p>Sara sintió que su sexo se anegaba y que sus piernas flaqueaban cuando regalando sendos pellizcos a sus areolas, la rubia exigió que se diera la vuelta. Deseando complacernos, la oriental se giró lentamente al saber que tenía que exhibirnos su espalda. Tal y como había anticipado al hacerlo, mi sumisa recorrió con los dedos su trasero antes de, con las manos, separar sus nalgas.</p>



<p>-Amo, tiene un culo duro y un ojete de color rosa que parece inmaculado- comentó tras un primer examen.</p>



<p>-¿Acaso nunca la han tomado por detrás? – pregunté interesado.</p>



<p>&nbsp;Intentando responder a mi pregunta, insertó una yema en su apretado hoyuelo. La mercancía sollozó al sentir violada su intimidad trasera mientras su coño se humedecía.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_009_e8f1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-No estoy segura, pero creo que nunca ha sido usado- me informó.</p>



<p>-¿Pregúntale?- dije todavía masticando.</p>



<p>La rubia se permitió el lujo de volver a introducir dos dedos dentro del trasero de la oriental antes de preguntar:</p>



<p>-Gatita, mi amo quiere saber si has entregado antes el culo a un hombre o lo has reservado para tu dueño.</p>



<p>Haciendo esfuerzos para no chillar de placer al notar esas yemas jugando en su interior, Sara replicó:</p>



<p>-Dile a mi futuro amo, que estoy deseando que me haga el honor desvirgarlo.</p>



<p>Sonreí al escuchar que nadie se lo había roto con anterioridad, pero manteniendo mi mutismo esperé a que Ía me trasmitiera el mensaje y solo cuando oí de sus labios que permanecía intacto, quise saber porque seguía llevando bragas.</p>



<p>-Perdón, amo. No había caído en eso- murmuró la rubia antes de desgarrar con sus manos esa coqueta prenda.</p>



<p>La calentura de Sara se maximizó con esa violenta maniobra y con la respiración entrecortada aguardó inquieta.</p>



<p>-¿Qué me dices de su coño?- pregunté.</p>



<p>Pegándole un sonoro azote, la giró y tras revisarlo visualmente, me informó que lucía lampiño con unos labios que no me desagradaría mordisquear. La asiática al escucharla y sobrepasando mis expectativas, sugirió que mi criada debía comprobar su textura para que me hiciera una idea de su sabor.&nbsp;</p>



<p>-Hazlo- ordené a mi ayudante.</p>



<p>La inmediatez con la que la rubia obedeció y pegó un lametazo entre sus pliegues me hizo comprender que examinar a la candidata a sumisa la había excitado. Por ello cuando tras el primero se recreó chupando más allá de lo que se requería no me extrañó, como tampoco que llevando una de sus manos a su propio sexo se empezara a masturbar. La fijación y el ansia como la que Ía estaba devorando su femineidad desmoronó la supuesta tranquilidad de la oriental y presa del deseo busco forzar el contacto de esa lengua presionando la cabeza de la rubia contra ella.</p>



<p>-Gatita, tienes prohibido correrte- dije al contemplar los primeros síntomas del orgasmo en ella.</p>



<p>Mi veto incrementó su angustia y más al escuchar que mi ayudante se ponía a gemir entre cada lametazo ya completamente entregada a la lujuria.&nbsp; Para entonces confieso que solo pensaba en poseerla, pero asumiendo que un buen amo debía quedarse al margen, esperé a que el sudor recorriera la frente de la morenita para preguntar por el resultado del examen. Sara agradeció la interrupción al saber lo cerca que había estado de fallarme dejándose llevar e histérica esperó la opinión de su maestra.</p>



<p>-Es digno de mi amo- sentenció ésta bastante molesta con que hubiera parado su banquete.</p>



<p>-Ven aquí y bésame. Quiero comprobar si no estás exagerando- pedí a la rubia.</p>



<p>Lanzándose sobre mí, esa criatura buscó mi boca exteriorizando su calentura al restregarse contra mí en un intento de calmar el ardor de su entrepierna mientras a un metro escaso, Sara lloraba de envidia. El sabor de la oriental impregnado en los labios de Ía me pareció algo sublime. Por ello, me costó dejar de besarla.</p>



<p>-Tráeme el regalo- le pedí.</p>



<p>Todavía uniformada de criada, la rubia fue por el paquete y me lo dio. Extendiéndoselo a la norteamericana, le pedí que lo abriera. Al hacerlo, se echó a llorar al descubrir que era un collar igual que el que colgaba de su maestra y sabiendo que al dárselo, la estaba aceptando como sumida, se echó a llorar diciendo:</p>



<p>-Mi señor, gracias por compadecerse de mí. Juro que dedicaré mi vida a usted.</p>



<p>Sonriendo, se lo quité de las manos y sin más prolegómeno, lo abroché alrededor de su cuello.</p>



<p>-Acompañadme a la cama- ordené a ambas y sin dignarme siquiera a mirar si me seguían me fui al cuarto.</p>



<p>Las dos mujeres no dudaron en obedecer y por eso, ya frente a la cama al ver el deseo de sus miradas, les pedí que me desnudaran. &nbsp;La morenita sollozó al oír mi orden y conteniendo las ganas de reír de felicidad, se acercó y comenzó a desabrochar mi camisa.</p>



<p>-¿Qué esperas zorra?- pregunté a Ía.</p>



<p>La rubia se quedó petrificada al escuchar mi tono y con los pezones marcándose bajo su uniforme, ayudó a la oriental. Una vez con el dorso desnudo exigí que me quitaran el pantalón. En esta ocasión fue Ía quien se anticipó y aflojando mi cinturón mientras Sara llevaba su mano al botón.&nbsp; Intercambiando la voz cantante, la norteamericana fue la encargada de bajarme la bragueta mientras su maestra deslizaba mi pantalón.</p>



<p>-Desnuda a tu igual- ya en calzoncillos pedí a la sumisa que iba a estrenar esa noche.</p>



<p>La joven sin dejar de mirar ansiosa la erección que escondía bajo la ropa interior, rápidamente despojó a Ía de su uniforme y volviendo a mi lado, esperó mis instrucciones.</p>



<p>-Quitadme el calzón- exigí.</p>



<p>Ambas cayeron a mis pies y llevando sus manos a esa última prenda, descubrieron mi pene totalmente inhiesto. Por el brillo de sus ojos supe que era lo que deseaban, pero en vez de permitir cumplir su anhelo pasé de ellas y me tumbé en la cama. Tanto Sara como Ía creyeron que debían acudir a mi lado y por eso al mismo tiempo se abalanzaron sobre mí.</p>



<p>-No os he dado permiso de hacerlo. Antes he de saber cuál va a tener el honor de probar la exquisitez del miembro de su amo.</p>



<p>Mis palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre sus cabezas y con lágrimas en los ojos me preguntaron cómo dirimiría la cuestión.</p>



<p>-La que haga que la otra se corra antes será la encargada de darme el primer lametón- contesté.</p>



<p>Las dos mujeres se miraron entre ellas retándose.</p>



<p>-Seré yo- respondió la morena y abalanzándose sobre la que había sido su maestra, demostró que era una experta en artes marciales inmovilizándola con una llave de judo mientras hundía la cara entre sus muslos.</p>



<p>Incapaz de liberarse, la rubia buscó mi ayuda quejándose que estaba haciendo trampas. Mis risas le hicieron ver que no iba a auxiliarla y por eso intentó lanzar un par de mordiscos sobre la judoca. Desgraciadamente, la postura que la había obligado a adoptar se lo impidió y chillando comenzó a insultarla mientras la lengua de la oriental se sumergía libremente en su coño.</p>



<p>-Maldita zorra, me pienso vengar- aulló al darse cuenta de la calentura que la estaba dominando al estar sometida.</p>



<p>Impulsada por el deseo de ser la primera en disfrutar de su amo, Sara se apoderó del clítoris de su rival y torturándolo con sus dientes, rugió feliz al notar la humedad que desprendía.</p>



<p>-No quiero hacerte daño, pero no dudaré en hacerlo si te resistes- murmuró mientras se lo mordisqueaba con dureza.</p>



<p>&nbsp;Nada en su vida como humana había preparado a Ía para ello y sentir que cerraba las mandíbulas sobre su botón, experimentó que algo en su interior se rompía y pegando un alarido que debió de oír hasta el conserje, rogó a su agresora que siguiera maltratándola de esa forma. La morena no dudó en profundizar su ataque introduciendo un par de yemas en el coño de su víctima mientras seguía mordiendo con saña su clítoris.&nbsp; &nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_010_fb6c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-¡Puta!- sollozó la rubia mientras dejaba de debatirse al experimentar una nueva, pero no por ello menos gozosa, clase de placer.</p>



<p>Al llenarse su boca del flujo de su antigua maestra, Sara aulló su triunfo prolongando y maximizando el orgasmo de Ía con continuadas incursiones en su sexo, hasta que totalmente vencida la rubia reconoció su derrota licuándose sobre las sábanas.</p>



<p>-Has ganado- murmuró con una expresión de desolación en su rostro: -Lo confieso.</p>



<p>La ganadora la ayudó a incorporarse y luciendo una sonrisa que me dejó totalmente enamorado, me pidió permiso para que la perdedora la ayudara a satisfacerme.</p>



<p>-Es tu derecho- respondí.</p>



<p>Dirigiéndose a la que consideraba su compañera, la oriental le rogó que olvidara lo sucedido y que la acompañara. En vez de acudir entre mis piernas, Ía buscó sus labios. La pasión con la que besó me informó no solo de que la había perdonado, sino que se había entregado sin reservas a la misma forma de amar que tenía Sara.</p>



<p>«Eso sí que no me lo esperaba», pensé encantando viéndolas jugar con sus lenguas, aunque eso supusiera que momentáneamente se olvidaran de mí.</p>



<p>Afortunadamente tras compartir ese beso, entre ambas decidieron que podían dejar ese reconocimiento mutuo para más tarde y girándose, maullaron mientras gateaban sobre el colchón.</p>



<p>-Venid- pedí a las felinas que se acercaban a mí.</p>



<p>-Tu gatita tiene sed- murmuró Sara dando el primer lametazo sobre mi pene.</p>



<p>-Tu minina también- lamiendo mis huevos, comentó su compañera.</p>



<p>La acción coordinada de ese par elevó mi excitación a límites pocas veces alcanzados y satisfecho pensé que curiosamente el papel de amo era un aspecto que debía practicar más mientras con sus bocas envolvían mi tallo.</p>



<p>«¡Qué gozada!», exclamé calladamente al sentir que la oriental besaba mi glande mientras la rubia se dedicaba a lubricar con su saliva el resto de mi extensión.</p>



<p>Tras ese primer escarceo, la vencedora de la lid abrió la boca y lentamente se fue introduciendo su trofeo hasta el fondo al tiempo que Ía se recreaba lamiendo mis testículos. Nuevamente la coordinación que demostraban me dejó impresionado cuando como si lo hubiesen practicado con anterioridad, Sara se puso a mamar metiendo y sacando mi falo de su garganta mientras Ía recorría con la lengua el resto de mi entrepierna.</p>



<p>-Como sigáis así, no tardaré en correrme- les avisé.</p>



<p>Mi alerta lejos de hacerlas menguar aceleró sus caricias e imprimiendo a ellas una velocidad creciente, entre las dos se lanzaron a ordeñarme. La oriental al sentir en su paladar la primera andanada de semen, quiso compartir con su compañera mi simiente y sacándosela de la boca, juntas esperaron la siguiente sin saber que la excitación que llevaba acumulada les iba a explotar en la cara, llenando sus mejillas de mi simiente. Al sentir los blancos chorros sobre su rostro, se echaron a reír y como buenas amigas, ordeñaron mi verga y tras dar buena cuenta de la producción de mis huevos, no satisfechas se lanzaron a chuparse las caras en busca de cualquier rastro de mi leche.</p>



<p>EL erotismo de esa escena no permitió que mi pene se relajara y por ello cuando terminaron de lamerse entre ellas, mi erección seguía presente.</p>



<p>-Toda tuya, gatita mía- riendo Ía cedió el turno a la oriental.</p>



<p>Sara no tuvo inconveniente y poniéndose a horcajadas sobre mí, se empaló con ella.</p>



<p>-Amo, guarde fuerzas para que después de tomar posesión de su propiedad pueda follarse a su otra sumisa- bufó mientras me empezaba a cabalgar…</p>



<h1 class="wp-block-heading">19</h1>



<p>Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente , me encontré a Ía despierta mirándome tiernamente. La dulzura de su mirada me sorprendió y mas cuando cerrando mi boca con un dedo, me empezó a acariciar. Comprendí que con ese gesto me estaba pidiendo no despertar a Sara y por eso atrayéndola hacía mí, respondí a sus caricias con un beso. Durante un par de minutos, nuestros cuerpos se estuvieron rozando lentamente, hasta que sintiendo entre sus muslos la presión de mi erección la joven me rogó que la hiciera el amor. Su belleza a la luz de sol era impresionante y por eso no pude negarme cuando tomando mi virilidad entre sus dedos, se comenzó a empalar. La lentitud con la que se fue introduciendo mi pene en su vagina me permitió disfrutar de la forma en que sus pliegues se iban abriendo a su paso mientras esa criatura buscaba mis besos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_019_940d.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Necesito que sentirte dentro de mí, amo- murmuró ensartada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La adoración que leí en sus ojos era mayor a la que me tenía acostumbrado y quizás por ello no me percaté de que se había referido a mí como amo y no como Íel.&nbsp; El ritmo pausado que imprimió a sus caderas no fue óbice para que sus senos empezaran a rebotar lentamente arriba y abajo mientras con la manos recorría mi pecho.</p>



<p>-Te amo- sollozó al sentir mi tallo deambulando en su interior.</p>



<p>Su tono enamorado me alertó de que algo la preocupaba y sin dejar de acariciarla, pregunté qué ocurría. La muchacha no me contestó e incrementando poco a poco el compás de sus caderas, prefirió cerrar los ojos y disfrutar del momento. Por su silencio, sospeché que en su mente se estaba desarrollando una lucha e ingenuamente creí que se debía a lo que había sentido comportándose como sumisa.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>-Sabes que soy tuya, ¿verdad? – en voz baja me preguntó mientras la humedad de su gruta envolvía mi tallo.</p>



<p>-Lo sé, princesa- respondí sin entender qué le pasaba.</p>



<p>Mi cariño tras una noche en la que disfrutó imitando la sexualidad de la oriental que seguía durmiendo a nuestro lado le hizo llorar y sin dejar de mover sus caderas, se abrazó a mí diciendo:</p>



<p>-Hasta anoche te quería, pero ahora te adoro y ya no deseo ser tu sanadora.</p>



<p>Esa última afirmación me dejó descolocado al temer que me estuviera adelantando que por alguna causa se iba a alejar de mí. Sus lágrimas no hicieron mas que confirmar ese extremo e invadido por la angustia, sentí que la perdía.</p>



<p>-No pienso dejarte ir. Eres mía.</p>



<p>Mis palabras acrecentaron sus lloros y juntando sus labios a los míos, buscó mi boca. Sí apenas unas horas antes habíamos compartido una pasión desbordada y hasta violenta, en ese momento la muchacha solo quería dulzura.</p>



<p>-No quiero que te vayas… te necesito a mi lado- insistí admitiendo por primera vez el amor que experimentaba por ella.</p>



<p>-Por favor, Íel no sigas- susurró mientras buscaba quizás por última mi esencia.</p>



<p>Contagiado de su angustia, la atraje hacía mí deseando eternizar ese instante y que todo fuera un mal sueño.</p>



<p>-Te amo y siempre te amaré, princesa- con ganas de gritar, susurré en su oído.</p>



<p>-Eres mi vida, mi pasado y mi futuro. Nada de lo anterior me importa y lo que el destino me repare, me da igual siempre que sea a tu lado- gimió llorando.</p>



<p>-¿Entonces porque no quieres ser mi sanadora y te quieres ir? – pregunté mientras con los brazos impedía que se fuera.</p>



<p>Una triste sonrisa apareció en el rostro de la chavala mientras sin dejar de trotar sobre mí me decía:</p>



<p>-Mi amado Íel, no es eso. Yo nunca te dejaría.</p>



<p>-¿Entonces qué te ocurre?- exclamé sin importar que con mi grito Sara se despertara.</p>



<p>&nbsp;Supe que la oriental llevaba tiempo observándonos sin intervenir cuando rompiendo su mutismo se abrazó a la chiquilla pidiendo que nos dijera qué le pasaba.</p>



<p>-Siento envidia de ti, de Tomasa y de Agda- sollozó.</p>



<p>-No debes. Eres preciosa, tienes al hombre que quieres y aunque te resulte extraño por lo poco que me conoces, yo también te amo- le dijo mientras la acariciaba la mejilla con sus dedos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_022_dbf6.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>La ternura de Sara azuzó más si cabe sus lamentos y demostrando que a los largo de la noche, le había confesado su naturaleza, gritó:</p>



<p>-¡Quiero ser humana!</p>



<p>-Mi amorcito, lo eres. Da igual que eras antes, ahora eres una mujer maravillosa- insistió la norteamericana.</p>



<p>Entrando de lleno en el tema, apoyé sus palabras diciendo:</p>



<p>-No entendéis, los humanos erais la última esperanza de las hembras de mi especie y siento que las he fallado… porque quiero…</p>



<p>-¿Qué quieres?- pregunté al ver que era incapaz de terminar la frase.</p>



<p>-Quiero… ¡quiero ser madre!- exclamó abrumada mientras se separaba de mí.</p>



<p>El dolor con el que confesó su deseo me dejó anonadado al comprender que en gran parte yo era el responsable de su problema al habérselo pedido y por ello, me vi incapaz de decir nada que pudiese consolarla. Sara, en cambio, no tuvo problema en preguntarla qué era lo que se lo impedía.</p>



<p>-No puedo soportar la idea de que Ua me rechace al saber que he traicionado a las nuestras.</p>



<p>Por un momento estuve a punto de confesar que su hermana estaba gestando un hijo mío, pero al no saber qué pensaría la pelirroja si la descubría me quedé callado mientras escuchaba sus sollozos. Nuevamente la morena demostró ser consciente totalmente de su dilema al decirle que quizás si se embarazaba no estuviera fallándolas sino dándolas una esperanza que antes no tenían.</p>



<p>-No te entiendo, ¿qué clase de esperanza puedo darles teniendo un hijo?-&nbsp; consiguió balbucear antes de volverse a sumir en el llanto.</p>



<p>A pesar de medir sus palabras, no por ello fue menos dura la bella asíatica al decir:</p>



<p>-Por lo que me has contado, tu especie lleva milenios parasitando a otra hasta llevarla al borde de la desaparición.</p>



<p>-Así es- desolada al recordar a sus antiguos protectores confirmó sin dejar de llorar.</p>



<p>-Vuestro error fue nunca verlos como algo vuestro, fuisteis unas sanguijuelas que exprimisteis hasta la extenuación a esos seres.</p>



<p>-¡Lo sé!- chilló descompuesta: ¡Y no quiero eso para los humanos!</p>



<p>-No es necesario y la prueba puedes ser tú.</p>



<p>Sin saber a donde quería llegar, me mostré interesado y le pedí que continuara. Un tanto molesta por mi interrupción, la inteligente morena me pidió que me callara y prosiguió:</p>



<p>-En la tierra existe un tipo de seres a los que llamamos líquenes, ¿los conoces?- al comprobar que no, continuó diciendo: -Son el resultado de la simbiosis entre un hongo y un alga que se unen para crear una estructura que los hace mas fuertes.</p>



<p>Al enterarse de su existencia, Ía dejó de llorar:</p>



<p>-Piensa en ellos como ejemplo. Si juntos han sido capaces de sobrevivir y colonizar otros medioambientes que les estaba vedados, porque no puede pasar lo mismo con las sanadoras y el ser humano.&nbsp; Me has contado y realmente lo creo, que según vuestras previsiones el ser humano se dirige hacia la extinción al igual que tu especie.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>-Eso dicen nuestras ancianas- musitó Ía por primera vez ilusionada.</p>



<p>-Un hijo de vosotras puede ser el germen de un futuro en común y pienso que no debes dejarlo pasar por el bien de ambas especies- al darse cuenta de que había dejado de gimotear y que la miraba esperanzada, concluyó: -Cariño, estoy segura de que, cuando pasen los siglos, tu hermana y tú seréis recordadas como las dos “Eva” que dieron origen a nuevo orden.</p>



<p>Limpiándose las lágrimas, la muchacha buscó mi opinión con la mirada.</p>



<p>-No puedo estar mas de acuerdo. Cuando llegasteis a mí, tenía mis dudas. Pero ahora que os conozco, sé que podéis ser nuestra salvación.</p>



<p>-¿Tendrías un hijo conmigo?- preguntó.</p>



<p>-Ya te dije que sí y ahora te lo exijo, mi pequeña diablesa.</p>



<p>Lanzándose sobre mí, me comenzó a besar mientras llorando, esta vez de alegría, pedía que la amara.</p>



<p>-¿Qué esperas? Fóllate a esta pequeña zorra y conviértete en ¡ADAN!- exclamó Sara mientras cogiendo mi falo lo insertaba dentro del coño de la bella y maravillosa criatura.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Epílogo</h1>



<p>Hoy hace ya veintidós años que ese par de albinas tocaron a mi puerta. Veintidós años en los que el amor que siento por mis cinco compañeras ha rendido sus frutos y actualmente tengo una extensa parentela que vive a mi lado en un rancho de los Estados Unidos. Mientras las tres humanas me han regalado cada una de ellas cuatro chavales que son mi orgullo, las dos simbiontes se han demostrado mucho menos prolíficas dándome entre las dos solo dos hijas. Pero que son mi rubia debilidad al ser un clon de sus madres. Durante este tiempo, la interacción con ellas y con sus privilegiadas mentes han ejercido en la humanidad un efecto beneficioso. Gracias a sus desalinizadoras agua, se ha acabado el hambre mientras que sus nuevos sistemas de energía solar han reducido a la mitad la contaminación acumulada en nuestro ecosistema. ¡Todo ello sin que los ocho mil millones de humanos sepan de su existencia!</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_023_b800.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Todavía no estáis preparados para saber la verdad- recuerdo que me dijo Ara, la anciana sanadora que mandaron a certificar la información que mis “niñas” habían proporcionado al consejo.</p>



<p>La tal Ara, a pesar de haber vivido casi quinientos años y no contar ya con capacidad de procrear, aparenta ser una treintañera de grandes tetas. Debido a que por su edad era también incapaz de soportar otra metamorfosis que la volviera a su estado original, se ha quedado a vivir con nosotros y ha adoptado como nombre las ultimas tres letras de Sara, dada la buena sintonía que la actual directora de la CIA y ella han demostrado a la hora de ordeñar mi esencia.</p>



<p>Si con la oriental habían acertado en el puesto que iba a desempeñar, con Agda erraron ya que, en vez de convertirse en presidenta de la Unión Europea, la nórdica prefirió optar por dirigir la ONU para así vivir con su verdadero amor, que no soy yo, sino ¡Tomasa! La predilección de la sueca por los cantaros de miel de mi mulata no me preocupa porque para la matriarca de nuestra familia sigo siendo su razón de vivir y su sostén.</p>



<p>Respecto a mis dos particulares Evas poco he de decir excepto que he conseguido retener por ahora sus pretensiones de alargar mi vida otros cien años más, aunque temo que en secreto hayan obviado mis deseos y termine por convertirme en el Matusalén bíblico de nuestros días. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tus genes son necesarios – no se cansan de decir mientras esperamos la llegada de las primeras seis hembras de su especie que han escogido para los tres primogénitos que he tenido con mis esposas humanas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque no me lo han confirmado, sospecho que se han aliado con Erik y que van a aprovechar la fiesta que hoy han organizado para celebrar sus aterrizaje en la tierra para presentárselas a los muchachos. Si digo esto es porque el capullo del gigantón, ejerciendo de padrino, ha regalado a cada uno de sus ahijados una mansión donde en un futuro puedan crear una familia. Por eso, me temo que esta misma noche que Miguel, el hijo que tuve con Tomasa, Erik,&nbsp; el de Agda y Peter, el de Sara, sean ordeñados por las parejas de simbiontes que sus madres han seleccionado para ellos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras espero con tranquilidad su futuro y el de sus hermanos varones, me reconcome la idea de que pronto María y Teresa, mis amadas hijitas, alcancen su madurez y requieran como sus madres nutrirse con la esencia de un varón.</p>



<p>¡Puedo ser el Adán moderno, pero ante todo soy el típico padre que no puede dormir cuando sus niñitas se van de juerga!</p>



<p>Por eso, no me da reparo reconocer que me he comprado dos escopetas y las tengo permanente cargadas para cuando lleguen con sus novios poder llamarlos al orden, si no las hacen felices.</p>



<p>Mis dos maravillosas extraterrestres dicen que soy un cerdo machista, yo en cambio pienso que soy… ¡HUMANO!</p>



<p>FIN</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_030_912c.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 9&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Mar 2026 17:40:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[fantasia]]></category>
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<p>Después de una noche donde se mezcló la pasión con el amor, me costó entender que Ua me despertara con una batería de preguntas:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Ayer qué hice? ¿Cómo llegué a la cama? ― susurró en mi oído para acto seguido decirme si la había tomado como mujer.</p>



<p>Sin llegarme a espabilar, contesté que se había emborrachado. Mi escueta respuesta no la satisfizo y con los ojos abiertos de par en par, insistió pidiendo que le confirmara si la había poseído. Creyendo que lo que quería era repertir, la atraje hacia mí y la besé, pero curiosamente la pelirroja se apartó de mí.</p>



<p>―Estoy saciada― me soltó llena de nervios.</p>



<p>Sin saber qué coño le ocurría, me levanté al baño obviando su mal humor. Al contrario de su costumbre, se abstuvo de seguirme y se mantuvo apartada. Aunque me extrañó, no le di mayor importancia y tranquilamente me metí a duchar. Con el agua cayendo por mi cuerpo, me puse a pensar en el día anterior y en que iba a ser padre. La idea de mi futura paternidad me tenía paralizado porque no en vano era algo que realmente nunca me había planteado.</p>



<p>«Encima voy a serlo por partida doble», musité en silencio mientras intentaba aclarar mis sentimientos por las embarazadas.</p>



<p>El cariño y el amor que sentía por Tomasa estaban fuera de dudas, por lo que me centré en tratar de analizar lo que sentía por Agda. No me cabía en la cabeza que conociendo apenas a la diplomática hubiese desarrollado por ella unos emociones tan profundas.</p>



<p>«No es posible que me haya enamorado de ella tan pronto», me dije tratando de asimilar mi ideas cuando un ruido me hizo abrir los ojos.</p>



<p>Me alegró observar a la nórdica totalmente desnuda mirándome desde la puerta. Con un gesto, la llamé a mi lado. La belleza madura de esa mujer se multiplicó por mil al sonreírme y más cuando en plan coqueta se metió junto en la ducha pegando su cuerpo al mío.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_006_776c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Buenos días, papá.</p>



<p>La ternura de su saludo y su alegría me confirmaron lo dichosa Si me quedaba alguna duda que a Agda le apetecía jugar esa mañana desapareció cuando se empezó a acariciar los pechos en plan provocativo mientras me preguntaba si me gustaban.</p>



<p>―¡Me encantan!― respondí que su intención era provocarme.</p>



<p>Descojonada y alagada, la diplomática no se cortó y pellizcándose los pezones, los puso a mi disposición diciendo:</p>



<p>―¿No los tengo muy caídos?</p>



<p>―Para nada― respondí mientras me relamía con la idea de comérselos.</p>



<p>&nbsp;La rubia soltó una carcajada al comprobar que solo con esa maniobra mi pene ya estaba tieso y&nbsp;girándose sobre el plato de la ducha, poniendo su trasero en pompa me volvió a preguntar si no prefería su trasero:</p>



<p>―Todo tu cuerpo es maravilloso― admití babeando al observar que se separaba ambas nalgas con las manos y me regalaba con la visión de su ojete.</p>



<p>Riendo a carcajadas tiró de mí mientras se restregaba contra mí bajo el grifo. Su piel mojada me resultó una tentación irresistible y besándola, mi miembro alcanzó de golpe toda su extensión. Al sentir la presión de mi erección contra su culo, entornando sus ojos, me soltó cómo era posible que teniendo tres bellezas me pusiera cachondo con ella.&nbsp; Al escucharla me reí y mientras llevaba mis manos hasta sus pechos, contesté:</p>



<p>―Porque eres preciosa.</p>



<p>Mi respuesta la hizo reír y poniendo sus areolas en mi boca me pidió que mamara de ella. No rechacé esa invitación y agachando mi cabeza cogí uno de esos maravillosos pezones entre mis dientes. La dureza que habían adquirido ratificó sin error a equivocarme que ella también estaba excitada y más cuando disfrutando del tratamiento que estaban recibiendo, &nbsp;pegó un largo y elocuente gemido de placer. Azuzado por el sabor que manaba de ella, masajeé su otro seno mientras con la mano que me quedaba libre iba bajando por su cuerpo. Al hacerlo un pequeño chorro brotó de él llenando mi pecho de su leche. Agda al sentir mi caricia separó sus rodillas mientras chillaba con la respiración entrecortada lo mucho que me deseaba.</p>



<p>―¡Te necesito!― insistió frotando su entrepierna contra mi sexo.</p>



<p>―Embarazada sigues siendo un poco puta–repliqué al percatarme de la humedad que destilaba su coño.</p>



<p>―¡Y tú sigues siendo el mismo pervertido del que me enamoré! – chilló sin importarle que el resto siguieran dormidas.</p>



<p>Deseando incrementar su calentura, me arrodillé frente a ella y usando mis dedos, separé sus pliegues mientras me quedaba embobado con su inmaculado sexo. Explorando esa belleza pasé una de mis yemas por la raja de&nbsp;su coño antes de introducírselo en su interior. El aullido que brotó de su garganta al notar esa intromisión me informó que estaba disfrutando y por eso me atreví a darle un primer lametazo. Al sentir mi boca en su sexo, la nórdica aulló como loca. Su berrido me azuzó a continuar y aumentando la velocidad con la que mi dedo se la estaba follando su coño, mordisqueé su clítoris. Excitada por esa doble caricia, se estremeció bajo la ducha y ya totalmente entregada, me rogó que siguiera amándola. Aprovechando su entrega, metí mi falange más profundamente en su interior mientras ella restregaba su sexo contra mi cara buscando aliviar la calentura que la consumía.</p>



<p>―Eres un cabronazo― susurró encantada moviendo rítmicamente sus caderas.</p>



<p>Notando que estaba en mi poder, sacando la lengua le pegué un segundo lametazo.</p>



<p>―¡Necesito que me lo comas!― rugió destilando pasión por todos sus poros.</p>



<p>Muerto de risa mientras el agua caía sobre ambos, &nbsp;la chantajeé diciendo que si tanto lo deseaba me tenía que dar algo a cambio. No tuve que explayarme en qué era lo que quería ya que Agda respondió separando sus rodillas. Su entrega me permitió añadir otro dedo a los dos que ya tenía incrustados dentro de ella. La bella rubia, en vez de quejarse, comenzó a sacudir las caderas restregando su sexo contra mi boca mientras forzaba su interior metiendo el cuarto.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_010_87c7.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¡Eres un capullo!― berreó al experimentar tantos dedos explorando su coño.</p>



<p>Su bramido de placer me indujo a mordisquear el botón que escondía entre sus pliegues con tanta fuerza que la sueca tuvo que apoyarse contra los azulejos al sentir que sus piernas flaqueaban.</p>



<p>―¡No pares!– aulló al tiempo que con sus manos presionaba mi cabeza con sus manos.</p>



<p>Alternando la acción de mis dedos con placenteros lametazos, conseguí que alcanzara una excitación desorbitada y sabiendo que no tardaría en alcanzar el clímax, continué sacando y metiendo las yemas cada vez más rápido.</p>



<p>―¡Me corro!– chilló de placer previendo lo inevitable.</p>



<p>Absortó masturbando a la mujer, no paré de lamer su clítoris hasta que de pasada la casualidad quiso que rozara su ojete con una de mis yemas.</p>



<p>―¡Ese es mi culo!― protestó y contra toda lógica, esa caricia le pareció insuficiente.</p>



<p>Sin dejas de gemir, Agda llevó su mano a la mía y me obligó a seguir acariciando su esfínter mientras mi boca se llenaba con su flujo. Un brutal orgasmo me sorprendió y con su flujo empapando mis mejillas, usé mi lengua para beber del manantial en que se había transformado su cueva mientras la obedecía relajando los músculos&nbsp;de su entrada trasera. La cuarentona, con un dedo insertado en su trasero, se puso a temblar pidiendo que no parara. Pero entonces llena de gozo, se dejó caer sobre el plato de la ducha y sonriendo, me soltó que nadie le había comido el chumino mientras le metía un dedo por el ojete.</p>



<p>―¿Te ha gustado?― pregunté tanteando el terreno.</p>



<p>La diplomática, agachando su cabeza avergonzada contestó que sí. Al escucharla, aproveché para darle la vuelta y separando sus cachetes, volví a juguetear con una de mis yemas en su hoyuelo:</p>



<p>―¡Me encanta tu culo!― susurré en su oído mientras hurgaba sensualmente con mi dedo su interior.</p>



<p>Al oír su suspiro, comprendí que deseaba sentir nuevamente mi pene retozando en su entrada trasera y por eso, sin dejar de besarla,&nbsp; fui relajando poco a poco su ano usando toda mi experiencia para hacerlo realidad. La sueca no tuvo que reparo en confesar que estaba cachonda y sin poder soportar la excitación que le nacía de dentro, me rogó que la tomara. Dudando si romperle el culo o follármela al modo tradicional, seguí masajeando su esfínter mientras lo decidía.</p>



<p>―¡Me tienes a mil! – chilló mordiéndose los labios y sin dejar de forzar su trasero con mi dedo.</p>



<p>Aunque mi bella madura estaba entregada, comprendí que debía de relajarlo antes de dar otro paso, pero entonces comportándose como una zorra en celo, llevando su mano hacia atrás, &nbsp;se apoderó de mi erección e intentó ensartarse con ella. &nbsp;Al percatarme de las prisas de la embarazada, solté un sonoro azote sobre sus ancas diciendo que se tranquilizara porque no quería destrozarle su ojete. Contra todo pronóstico, Agda gimió descompuesta al sentir esa dura caricia y poniendo cara de puta, me rogó que le diera otra nalgada.&nbsp;Sorprendido por la naturaleza de su ruego, hice oídos sordos a su petición y seguí relajando su esfínter hasta que comprobé que se encontraba lista al tenerlo ya suficientemente relajado.</p>



<p>―Fóllame, mi don Juan― chilló presionando sus nalgas contra mi pene.</p>



<p>Como no quería desgarrarla, introduje lentamente la cabeza de mi miembro en su interior. Satisfecha al ver que iba a cumplir su orden al sentir mi glande forzando su entrada trasera, esperó pacientemente a que se diluyera su dolor para acto seguido y con un breve movimiento de sus caderas, embutírselo en su interior. La pausada forma en que se empaló me permitió disfrutar de cómo los músculos de su ano se iban abriendo a mi paso. El dolor que sentía lejos de menguar su lujuria, la azuzó y echándose hacia atrás, consiguió clavarse mi verga por completo.</p>



<p>―¡Me duele!― chilló al sentirse llena.</p>



<p>Pasados unos breves segundos de sufrimiento,&nbsp; retomó con mayor frenesí el zarandeo de sus caderas. El compás que marcó permitió que mi sexo deambulara libremente por el interior de sus intestinos mientras me imploraba una y otra vez que la tomara. Complaciéndola, me agarré de sus pechos y mientras estos derramaban su leche sobre la ducha, incrementé el ritmo con el que tomaba posesión de su culo usando mi pene como ariete. Agda no pudo más y con lujuria en sus ojos, gimió pidiendo que me la follara sin contemplaciones. Que la embajadora, olvidando toda diplomacia, se estuviera comportando como una zorra, me terminó de calentar y ya sin rastro de dudas, decidí disfrutar por entero de su culo mientras ella no paraba de berrear.</p>



<p>―No pares de amarme― aulló al sentir que gozaba de su ojete con largas y profundas cuchilladas.</p>



<p>La ferocidad de mis embestidas la obligaron a apoyarse en los azulejos de la ducha para no caer de bruces, pero eso no fue óbice para que gritando me rogara con mayor ansia que siguiera machacando su esfínter con mi polla.</p>



<p>―¡Me corro!― oí que me decía al sentir que me aferraba a sus pechos para incrementar el ritmo de mi follada.</p>



<p>Berrando como cierva en celo, Agda me reclamó que siguiera porque todavía deseaba más. Con ganas de complacerla, supe que debía de olvidar toda precaución y usarla en plan salvaje. Por ello, regalando un azote sobre una de sus nalgas, mordí su oreja mientras le ordenaba que moviera su culo. Al oírme aceleró el movimiento de sus caderas mientras no dejaba de gemir con cada penetración con la que forzaba su esfínter.&nbsp;</p>



<p>―Demuestra que eres el macho que he buscado toda mi vida― exclamó retándome.</p>



<p>Aguijoneado en mi amor propio, reanudé con mayor violencia mi ataque martilleando su trasero. La ferocidad con la que la sodomizaba provocó que quedara aprisionada contra la pared y con las baldosas presionando sus pechos, nuevamente se corrió.</p>



<p>―Déjame descansar― imploró al sentir que no disminuía la velocidad con la que cabalgaba sobre ella.</p>



<p>No me apiadé de su derrota y negándome a sus deseos, le grité que moviese el culo cuando de pronto desde la puerta del baño, escuché a Tomasa decir:</p>



<p>―¡Rómpele el culo a nuestra guarra!</p>



<p>La voz de la mulata fue el acicate que me faltaba para seguir cabalgándola. Derrotada por partida doble, Agda sollozó mientras mi amada se reía a carcajadas observando que era tal la cantidad de flujo que brotaba de entre las piernas de la sueca que, con cada cuchillada que recibía sus nalgas, salpicaba&nbsp;mis piernas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_012_a4cc.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Hueles a puro sexo― señaló la negra mientras se metía a la ducha.</p>



<p>La excitación acumulada junto con la presencia de Tomasa provocó que no pudiese aguantar y sin importarme que en ese momento se estuvieran besando, profundicé mi ataque mientras castigaba sus cuartos traseros con mi polla. No tardé en correrme esparciendo mi semilla en el interior de sus intestinos mientras Agda, moviendo sus caderas, buscaba ordeñar hasta la última gota depositada en mis testículos. Satisfecho y mientras sentía que mi verga iba ya perdiendo fuelle, observé que las dos mujeres sonreían mirándome.</p>



<p>―¿Qué pasa?― pregunté.</p>



<p>Acercándose a mí, Tomasa me besó mientras se quejaba de que no la hubiese esperado.&nbsp;</p>



<p>―Te vi tan bella durmiendo que no quise despertarte― murmuré mientras jugueteaba con mi dedos por sus pechos.</p>



<p>Para mi sorpresa, la negrita rehuyó mis caricias y tomando a la sueca de la mano, le dijo que debía amamantar a nuestras niñas antes de irse. Al oírla, Agda me dejó solo bajo el agua y fue a darles de comer con una sonrisa. Nada pude decir en contra, ya que al igual que ellas sentía que era nuestra obligación el cuidarlas y que nada les faltase.&nbsp;</p>



<p>Una vez seco, entré al cuarto y observé a Ía mamando mientras Ua permanecía agazapada llorando en un rincón.</p>



<p>―¿Qué le ocurre?― pregunté recordando que esa mañana no había querido que la amara.</p>



<p>―No quiere decírnoslo― respondió preocupada Tomasa.</p>



<p>Al comprobar a su compañera tranquilamente asida del pecho de la sueca, pensé que no debía ser nada grave. Por ello, me vestí para ir a ver si Erik se había levantado. Me encontré al magnate con un café en sus manos disfrutando del paradisiaco panorama que se veía desde mi porche.</p>



<p>―¿Qué tal has dormido?― pregunté a modo de saludo.</p>



<p>―Estupendamente― contestó el hombretón.</p>



<p>Acababa de contestarme cuando vi que Patricio, uno de mis operarios más jóvenes, salía de la casa y se despedía de él. No tuve que exprimir mucho mi cerebro para darme cuenta de que de alguna forma mi nuevo socio se las había agenciado para no pasar solo la noche, pero no queriéndome entrometer en su vida me abstuve de comentar nada y me serví un café.</p>



<p>―Este sitio es impresionante― murmuró con una sonrisa de oreja a oreja al percatarse de que no criticaba que se hubiese acostado con ese chaval.</p>



<p>―Por eso lo compré, pero dada la cantidad de mujeres que ahora lo pueblan se me ha quedado pequeño y tendré que mudarme a otro más grande.</p>



<p>Si llego a sospechar su reacción, creo que nunca se lo hubiese mencionado ya que, abriendo los ojos de par en par, me preguntó si vendía la finca.</p>



<p>―No, pero si le interesa se la cedo, siempre que se ocupe de su mantenimiento.&nbsp;</p>



<p>Aceptando al vuelo mi propuesta, el tipo me pidió que le mandara el contrato y las condiciones a su email, porque ahora no tenía tiempo ya que antes de marcharse tenía que ver conmigo unos detalles de la inversión. Sus palabras me hicieron recordar que Agda se iría con él y eso me dolió al darme cuenta de lo poco que me apetecía su marcha.</p>



<p>«Su trabajo está en San José», mascullé jodido al saber que era inevitable y tratando de olvidarlo, me puse a charlar sobre nuestro acuerdo con su compatriota.</p>



<p>Ya habíamos perfilado los últimos flecos sobre donde instalaríamos la fábrica de las depuradoras cuando vimos entrar a Ía acompañando a la embajadora. La ausencia de Ua y de mi mulata me preocupó, pero no quise exteriorizar mi congoja y abrazando a la rubia, le pregunté si quería algo de desayunar.</p>



<p>―No― sollozó hundiendo su cara en mi pecho: ―Me han llamado de la embajada y debo irme.</p>



<p>Que tuviese que anticipar su marcha me perturbó ya que esperaba disfrutar de su compañía al menos durante el resto de la mañana, pero asumiendo que si se iba era por algo importante, tuve que morderme la lengua y aceptar. Aun así, acariciando su melena, susurré en su oído que, si no podía venir ese fin de semana, que no se preocupase, iríamos nosotros.</p>



<p>―¿Harías eso por mí?― preguntó ilusionada.</p>



<p>―Por supuesto, somos una familia― replique besándola.</p>



<p>Ía, que se había mantenido al margen, al oírme murmurando señaló si no recordaba que no podía estar mucho tiempo sin alimentarse y que cuando la viera, pensaba dejarle los pechos secos. Sonriendo tiernamente a ese bello ser, Agda le prometió que serían para ella siempre que los compartiera con Ua, tras lo cual, cogiendo su maleta, me pidió que la acompañara hasta el coche. La tristeza de la despedida se prolongó durante cinco minutos mientras esperábamos a que Erik llegara con su equipajes. Trescientos segundos durante los cuales, me rogó que la echara de menos y que cuidara de nuestras niñas.</p>



<p>―No te preocupes, lo haré – respondí ante su insistencia.</p>



<p>―Te amo, mi don Juan― musitó desde el coche mientras se marchaban.</p>



<h1 class="wp-block-heading">16</h1>



<p>Con el sonido del beso que me lanzó por la ventanilla todavía retumbando en mi oído, entré en la casa para enterarme qué narices le pasaba a la pelirroja. &nbsp;Ahí me encontré con que la chavala se había encerrado en el baño.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_016_4599.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No quiere hablar con nadie― me dijo Tomasa.</p>



<p>―Vamos, princesa,&nbsp; abre y cuéntanos que te ocurre― tocando en la puerta,&nbsp; le pedí.&nbsp;</p>



<p>Al no obtener respuesta, pregunté a Ía si sabía que le ocurría a su compañera:</p>



<p>―Como no sea que le duele la marcha de Agda, no lo entiendo― contestó tan confundida como nosotros.</p>



<p>Si ya de por sí era incapaz de entender a las mujeres, supe que ni siquiera podía llegar a plantearme lo que le ocurría a ese ser y dando por buena la explicación de la rubia, asumí que debido a su naturaleza para Ua era difícil aceptar que una mujer a la que consideraba suya se marchara. Por ello, decidí que no había nada malo en que rumiara sola el duelo de la separación y olvidándome de ella, me puse a revisar los distintos temas que se amontonaban en la mesa de mi despacho.</p>



<p>Al encender la computadora descubrí que por primera vez desde que me había retirado a Costa Rica mi email estaba saturado de mensajes sin abrir. Al irlos leyendo, comprobé que la tranquilidad a la que me había habituado había desaparecido y que muchos de ellos, requerían de un profundo análisis antes de contestar. Afortunadamente, Ía al verme enfrascado me ayudó y junto a ella, una hora después conseguí responder a todos, excepto a uno de la empresa iba a reformar la quinta de Santa Lucía, el coqueto palacete francés donde se suponía que nos iríamos a vivir.</p>



<p>―Tomasa, ¿cuándo te viene bien que vayamos a visitar nuestra nueva casa?― dando un gritó pregunté.</p>



<p>La mulata debía de estar cocinando porque no contestó y levantándome de la silla, fui a verla. Al ver que no estaba en la cocina, di por sentado que debía estar hablando con la pelirroja y sin decir nada a su compañera, subí a mi cuarto. Tal y como había previsto la encontré mimando a Ua, la cual no paraba de llorar. Al pedir que me dijera lo que la pasaba, la morena se levantó y cerró la puerta.</p>



<p>―Por ahora, no quiere que Ía lo sepa― comentó al ver mi extrañeza.</p>



<p>Impactado por que quisiera mantener el secreto de algo ante su compañera, me senté en la cama a esperar que me dijera lo que le ocurría. La seriedad de su semblante me anticipó que era algo grave, pero jamás se me pasó por la cabeza que tras recordarme que le había hecho el amor estando borracha, mi prometida me soltara que la cría se había quedado embarazada.</p>



<p>―No se suponía que era imposible― musité acojonado sin saber a ciencia cierta las consecuencias que eso tendría.</p>



<p>―Sí. Ellas controlan sus cuerpos y evitan ovular, ¡estando sobrias! Lo malo es que anoche, por el alcohol, no pudo hacerlo. Al despertar se notó rara y tras analizarse, se dio cuenta que estaba embarazada.</p>



<p>―¿Qué va a hacer?― medité en voz alta.</p>



<p>Sollozando entre los brazos de la mulata, Ua me respondió que ante todo debía de proteger la vida que había germinado en su vientre, pero que desconocía como iba a reaccionar Ía cuando se enterara. una nueva vida a la que debía de proteger.</p>



<p>―¿Qué temes?― al intuir en su respuesta que desconfiaba de su compañera, pregunté.</p>



<p>La chavala llorando a moco tendido me explicó que ninguna hembra de su raza había procreado jamás y que todas ellas nacían de una cubas de fertilización, por lo que a buen seguro cuando las ancianas se enteraran la harían regresar, aunque eso supusiera su muerte. Comprendiendo entonces que no quisiera que Ía supiera nada hasta que ella lo hubiese asimilado, la tranquilicé prometiendo guardar silencio y señalando además que nada ni nadie iba a separarla de nosotros porque antes de todo era nuestra. Mis palabras la tranquilizaron a medias y lanzándose sobre mí, me colmó de besos mientras me decía que me amaba. &nbsp;</p>



<p>―Mi niña bonita, Íel no va a permitir que te lleven de nuestro lado― susurró Tomasa enternecida.</p>



<p>Justo entonces apareció la rubia y desde el dintel de la puerta, nos preguntó si podía pasar. Tratando de que no se percatara de lo que realmente le pasaba a la pelirroja, comenté en voz alta a Ua que no se preocupara y que, si Agda no podía venir, iríamos nosotros. La muchacha comprendió al momento y con una sonrisa forzada, me hizo prometer que la llevaría a San José si la sueca no podía dejar la embajada. Mirando de reojo a la recién llegada, advertí que, si bien no le cuadraba que le afectara tanto la ausencia de la madura no tenía ningún motivo para sospechar que la estábamos engañando. Aun así y demostrando su buen criterio, Tomasa creyó que lo mejor era mantenerla ocupada lejos de Ua, por ello recordando que esa noche había quedado con Sara le preguntó si había revisado si esa espía había seguido indagando sobre nosotros.</p>



<p>―No, pero ahora lo hago― dijo sacando su portátil.</p>



<p>Comprendí que la mulata quería que ralentizara su análisis para hacerla perder el tiempo y dando por buena su decisión, pedí a esa genio de pelo rubio que me explicara qué iba a buscar y cómo. A pesar de que mi interés la entorpecía, Ía accedió a irme narrando paso a paso donde se metía y la razón sin mostrar ningún tipo de enfado. Es más, creo por su cara que estaba encantada de que valorara su inteligencia de esa forma ya que eso le permitía estar conmigo. &nbsp;&nbsp;Queriendo verificar incluso en los ordenadores del Pentágono que nadie sospechaba del origen extraterrestre de ellas,&nbsp; nos enteramos de que habían encomendado a la asiática que no me perdiera de vista ya que sus jefes preveían que en un futuro muy cercano me pudiera convertir en un dolor de cabeza.</p>



<p>―Les da repelús que seas un ecologista radical y encima mira qué clase de zorra es tu amiga, la agente―dijo la rubia mientras me mostraba indignada un documento en el que, a solicitud de Sara, autorizaban a que me sedujera para así tenerme controlado.</p>



<p>Al darme cuenta de su enfado, me eché a reír y le hice ver que esa mujer, deseando entregarse a mí, había manipulado la situación para que sus superiores no vieran nada malo en que se convirtiera en mi amante.</p>



<p>―Piensa… cuando se enteren de que se acuesta con nosotros,&nbsp; no solo no la van a regañar, sino que verán en ello un sacrificio digno de una medalla.</p>



<p>&nbsp;No muy convencida, ese bello ser hizo un extenso barrido por la red a ver que averiguaba de ella en el que descubrió una conversación personal que había tenido con Mary, una de sus amigas. En ella,&nbsp; Sara le explicaba que iba a quedar a cenar con un hombre que la volvía loca y le pedía consejo de cómo actuar dado que además de millonario, el tipo era un mujeriego que tenía a su alrededor una cohorte de bellezas como ayudantes.</p>



<p>―Tirátelo, pero no te enamores― le aconsejó su conocida. A lo que ella había replicado que lo intentaría, pero que dudaba mucho no caer rendida a mis pies cuando todo su ser reaccionó excitado desde el primer momento que me vio.</p>



<p>―Entonces huye, no vayas― cambiando de parecer la tal Mary le dijo,&nbsp; para acto seguido decirle que ya que tenía claro que no la iba a hacer caso y que me iba a ver, que al menos no me dijera nada sobre sus preferencias sexuales.</p>



<p>«¿A qué preferencias se referirá?» me pregunté antes de leer que Sara le había contestado que se temía que su cita ya lo supiera, dado que se había dejado masturbar en mitad de un restaurante por una de sus amantes.</p>



<p>―¿Dejaste que te metiera mano una mujer solo porque ese hombre lo quería?― horrorizada preguntó la amiga.</p>



<p>―No entiendes cómo es― defendiéndose Sara respondió: ―Cuando estoy cerca de él siento que soy suya y que solo con chascar los dedos, es capaz de hacer que lo adoré.</p>



<p>Después de leer esas palabras, Marí tecleó en su teléfono:</p>



<p>―Pues date por jodida, solo espero que hoy no lleve un collar que anudar a tu cuello.</p>



<p>Esa última frase me hizo comprender que, a pesar de su profesión, Sara tenía alma de sumisa. En cambio, que mencionase esa clase de ornamento, consiguió destantear por completo a Ía:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_019_4b0a.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Que tiene que ver un collar, con que te la folles― preguntó al malinterpretar lo de jodida y no entender la función que representaba esa joya.</p>



<p>―Más de lo que crees, pero si quieres saber cómo tendrás que acompañarme esta noche― respondí sin aclararle nada.</p>



<p>Su falta de picardía le hizo suponer quizás que ponerle un collar al cuello era parte de una postura sexual y por eso insinuó que antes de cenar con Sara, debía pasarme por una joyería a comprar uno. La idea de la muchacha me pareció cojonuda porque me daba un motivo para alejarla de su compañera y llamando a Tomasa, la informé de que me iba con Ía de compras y que no nos esperara hasta el día siguiente.</p>



<p>Mi bella mulata comprendió que de alguna forma la había engañado para alejarla de Ua sin que sospechara nada y por eso, dándome un beso, se despidió de mí. Ya me estaba subiendo al coche cuando de pronto. Tomasa llegó corriendo a mi lado.</p>



<p>―¿Qué te pasa?― pregunté al verla tan acelerada.</p>



<p>Con la respiración todavía alterada, contestó que me iba a echar de menos y en voz baja, añadió que esa noche diera de beber a Ía. Reconozco que me quedé paralizado al escucharla al saber que me estaba pidiendo que abusara de la ingenuidad de ese ser para embarazarla. Analizando sus motivos, comprendí que tratando de proteger a Ua quería que preñara a su compañera y así ambas compartieran el mismo destino.</p>



<p>«Sería cómo violarla», me dije y tras meditarlo, comprendí que no me veía capaz de perpetrar tal felonía por lo que debía buscar otro camino.</p>



<p>Ajena a lo que ocurría en el interior de mi mente, Ía parecía feliz con la perspectiva de pasar el día conmigo. La sonrisa que lucía en su rostro era lo suficientemente elocuente. Todo en ella denotaba alegría y pensando en ello comprendí que acostumbrada a tener que compartirme con su hermana y con Tomasa el poder disfrutar de mi compañía en soledad, era algo nuevo.&nbsp; La canción que empezó a tararear no hizo más que ratificar esa impresión al ser un calco de la emoción que la embargaba al tenerme para ella sola:</p>



<p>Júrame, que me veré siempre en tus ojos bésame<br>Con tus labios dulces sabor a miel<br>Que a tu lado solo quiero estar<br><br></p>



<p>Su prodigiosa voz siguiendo esa melodía me hizo comprender que no podría seguir el consejo de mi mulata y más cuando comportándose como una enamorada me miró mientas cantaba el estribillo:</p>



<p>Y no hay quien, me llena de tanta ternura<br>Con tu amor, puedo llegar hasta la luna<br>Escúchame, no me dejes de querer</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su caricia me dejó pensativo al asumir que a mi lado se sentía mi mujer. Enternecido por el significado de su mirada, tomé su mano y llevándola a mis labios, la besé sin saber que sus ojos se llenarían de lágrimas con ese gesto. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Sabes que te quiero?― le dije impresionado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La joven sollozó al oírme y posando su cabeza en mi hombro, susurró que ella me amaba de una forma que no sabía que se podía amar. Intrigado por sus palabras, le pedí que me dijera que sentía. Mi pregunta la cogió desprevenida y en vez de contestar, siguió cantando:</p>



<p>Solo te pido, no me dejes de querer<br>Que solo, solo, solo<br>Yo vivo por tu querer</p>



<p>Solo te pido, no me dejes de querer<br>Que triste, triste me pongo<br>Cuando no estas a mi lado en noche</p>



<p>No tuve que exprimirme mucho el coco para comprender que esa canción era su respuesta y que, con ella, me quería hacer patente que solo junto a mí se sentía feliz. Haciéndole una carantoña, sonreí acompañándola:</p>



<p>Solo te pido, no me dejes de querer<br>Que solo vivo por tu amor<br>Y me hace falta más de tu querer</p>



<p>Al escuchar que cantaba junto a ella, se echó a llorar nuevamente mientras entonaba de viva voz el final:</p>



<p>Júrame, que me veré siempre en tus ojos bésame<br>Con tus labios dulces sabor a miel<br>Que a tu lado solo quiero estar</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Te lo juro― respondí al terminar.</p>



<p>Fue entonces cuando la criatura comentó algo que me dejó anonadado y es que, posando su cara sobre mi pecho, murmuró que jamás haría nada que pudiera disgustarme porque se sabía mía, enteramente mía.&nbsp; La rotundidad de sus palabras me dejó meditando y aparcando a un lado de la carretera, me giré hacia ella y la besé diciendo que para mí ella era mi mujer. Esta vez su respuesta no se hizo de rogar y lanzándose sobre mí, me cubrió de besos mientras me decía lo feliz que le hacía con mi cariño. Curiosamente, no había nada sexual en esos arrumacos, ya que su efusividad lo único que reflejaban era genuino amor. Quizás por ello tuve el valor de preguntar si llegado el caso tuviese que decidir entre mí y su raza qué es lo que haría.</p>



<p>Entornando sus ojos en plan coqueto, respondió:</p>



<p>―Es algo que no tengo que plantearme. Por mi naturaleza, mi deber es con mi “¿dueño?” “¿padre?” y luego con mis ancestros.</p>



<p>―¿Estás segura?― insistí.</p>



<p>―Sí, amado Íel. Preferiría la muerte a traicionarte… ¡Soy tu mujer!</p>



<p>Mirándola con ternura, comprendí que había dado un paso importante en su humanización al reconocerse como mi mujer y no como mi sanadora, por ello instintivamente y sin pensar, susurré en su oído:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_020_9fd8.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Y yo, ¡tu hombre! ― la alegría de su rostro al oír mi susurro me hizo lanzar un órdago a la grande del que dependería no solo su futuro y el mío sino también el de su compañera: ―Y como tu hombre, me encantaría tener un hijo tuyo.</p>



<p>Mi deseo la cogió con el pie cambiado, pero en vez de negarse sonriendo me rogó que le diese tiempo para pensarlo. Habiendo sembrado la semilla, decidí no insistir y juntando mis labios a los suyos, le dije que tenía ochenta años para decirme algo. Ía rio al darse cuenta de que el plazo que la había dado para contestar era mi esperanza de vida y por ello, arrimándose tiernamente a mí, prometió que mucho antes tendría su respuesta.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Satisfecho con cómo había resultado, volví a la carretera mientras a mi lado, la joven se ponía a cantar dulcemente:</p>



<p>Mi amor, mi buen amor, mi delirio<br>No pretendas que te olvide así, no más<br>Que tu amor fue mar cuando sedienta<br>Me arrimé a tu puerto a descansar<br>Que tu amor, amor, sólo el que un día<br>En tu pecho, vida mía, me dio la felicidad…</p>



<h1 class="wp-block-heading">17</h1>



<p>Deambulando por el pueblo y mientras buscaba una joyería donde comprar el collar con el que anclaría a la agente de la CIA a mi destino, mi bella acompañante me preguntó la razón de ese regalo. Me tomé unos segundos en acomodar mis ideas antes de contestar, no fuera que al enterarse de la forma que Sara entendía el sexo la joven se escandalizara. Midiendo mis palabras, le expliqué que algunos humanos solo se sentían completos cediendo parte de su voluntad a otro. Para mi sorpresa al escuchar que la asiática era una de ellos y que para que pudiera sentirse mía tenía que entregar su poder de decisión a mí, Ía contestó como si nada:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No es tan raro, yo misma confió plenamente en ti y sé que lo que decidas estará bien.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue entonces cuando comprendí que de cierta y extraña manera su naturaleza era también sumisa ya que hasta la forma en que nombraba nuestra relación lo denotaba:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Para ella soy su “¿padre?” “¿dueño?”», me dije.</p>



<p>Seguía pensando en ello cuando desde el asiento de al lado, me preguntó qué tenía que ver el collar en ello.</p>



<p>―Para ella, esa joya es un símbolo de entrega. Si acepta que abroche mi collar a su cuello, será una forma de darse por completo a mi persona y que a partir de ese momento me considera su dueño.</p>



<p>―Entiendo― musitó.</p>



<p>Observándola de reojo, advertí que se había quedado pensativa. Asumiendo que no debía interrumpirla, me quedé callado mientras aparcaba el Bentley. Tras cerrar el todoterreno, comprobé que seguía sumida en su mutismo. Queriendo sacarla de ese estado, la tomé de la cintura y la llevé por la acera hasta la joyería. Al sentir mi mano rodeándola, sonrió y elevando su mirada, suspiró mientras se pegaba a mí:</p>



<p>―Te adoro, mi hombre.</p>



<p>La alegría de su tono me hizo caer en que era la primera vez que paseaba abrazado a ella y dando valor a sus palabras, la besé en la mejilla diciendo:</p>



<p>―Te amo, mi dulce mujercita.</p>



<p>La sonrisa que iluminó su cara fue un regalo y con ese pensamiento en mi cerebro entramos en la tienda. Allí nos recibió la dependienta, una sesentona de muy buen ver, la cual reconociéndome como el españolito que había contratado a Tomasa me saludó usando mi nombre. Tras recobrarme de la sorpresa, pedí que me mostrara los collares que tenía. Rápidamente, la mujer extendió una extensa colección de estos sobre la mesa, pero tras revisarlos ninguno de ellos se ajustaba a lo que quería. Al comentárselo, me preguntó que tenía en mente. Estaba pensando en cómo decírselo cuando tomando la palabra, Ía contestó:</p>



<p>―Queremos algo que regalaría a una princesa y a ser posible con Miguel grabado.</p>



<p>A la señora se le abrieron los ojos y tras decirnos que saldría caro, sacó una gargantilla a la que se le podía unir unas letras decoradas con diamantes formando mi nombre. Sin pedir mi opinión al respecto, Ía decidió que le gustaba al ver como quedaba y sacando su Visa Oro, pidió cinco.</p>



<p>―¿Cinco? – exclamó la joyera sabiendo que con ello no solo había hecho el día sino el mes.</p>



<p>Riendo y a costa de escandalizar a la encargada, Ía respondió:</p>



<p>―¡Cinco! Una para cada una de las mujeres de mi hombre.</p>



<p>Si por si eso no fuera poco, pegándose a mí, la rubia terminó de perturbarla diciendo en voz alta que así quedaría claro que eran mi harén. Demostrando que era una profesional, sonrió antes de decirnos que tardaría una hora en tener preparado el encargo.</p>



<p>―No se preocupe― respondí: ―Mientras lo prepara, me puede decir un buen sitio para comer con esta dulzura.</p>



<p>&nbsp;La paisana no dudó en señalarnos un coqueto restaurant que había en la esquina mientras nos cobraba. Tras lo cual y siempre de mi brazo, Ía me sacó a la calle. Ya fuera del local, murmuré al oído de la chavala a qué había venido eso y ésta muerta de risa me contestó que un buen marido no hacía diferencia entre sus esposas y que, si regalaba algo a Sara, era de justicia que le hiciera el mismo regalo al resto.</p>



<p>―Tienes razón, mi amada princesita― contesté haciendo referencia a la descripción que ella había hecho para inspirar a la joyera.</p>



<p>Nuevamente, ese primoroso ser me dejo pasmado al contestar alegremente que era un mujeriego y que eso se lo decía a todas. Riendo, la tomé de la cintura y sin decir nada más, me dirigí con ella al restaurante que nos habían recomendado. Nada más entrar supe que la joyera había acertado al encontrarme con un sitio coqueto y elegante que desconocía que hubiera en el pueblo.</p>



<p>―Bienvenido don Miguel – me saludó la dueña, una estupenda morenaza de grandes tetas.</p>



<p>La naturalidad con la que se dirigió usando mi nombre me hizo recordar que Tomasa había insistido en que nos fuéramos a vivir a un sitio donde nadie nos conociera para que pudiéramos rehacer nuestras vidas sin que le achacaran que estaba conmigo por mi dinero.</p>



<p>«Que razón tiene, aquí todo el mundo nos conoce», medité mientras me sentaba en la mesa que nos había señalado.</p>



<p>&nbsp;Ni siquiera nos había pedido la comanda cuando la rubia ya estaba pidiéndome información acerca de que había planeado para seducir a la asiática. No pude más que confesar que no había preparado nada.</p>



<p>―Eso no puede ser― declaró al escucharme: ―No podemos dejar nada a la improvisación.</p>



<p>Tras lo cual, me rogó que le explicara lo que sabía del tipo de sexualidad de Sara para poder organizar algo que la dejara totalmente cautivada. Reconociendo mi falta de experiencia en esos temas, le narré brevemente lo que conocía de ese mundo. La chavala escuchó atentamente que la sumisión consistía en someterse, sin cuestionar nada, a la voluntad de otro y que bien entendida era algo voluntario entre sumiso y amo.</p>



<p>―Como te dije es un intercambio de poder que se realiza por consenso y que se basa en el respeto mutuo mientras se explora las emociones que eso provoca en los participantes― concluí mientras observaba el brillo intenso de su mirada.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_025_6615.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Entonces….― comentó: … Sara será tu sumisa y tú, su amo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Básicamente así es. Siento no poderte decir mucho más sobre las prácticas y costumbres que ello conlleva.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tú no, pero internet sí― replicó y muerta de risa, sacó su móvil para acto seguido empezar a navegar por la red en busca de más información.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La velocidad con la que pasaba de una página a otra me alucinó. Observándola vi que pasaba de un interés genuino al desagrado y al revés mientras asimilaba lo que leía. Dando por sentado que esa criatura era capaz de digerir todos esos datos usando un criterio sano, llamé a la camarera y pedí para los dos dando tiempo a que terminara de empaparse de ese mundo. Justo cuando nos traían el primer plato, Ía me soltó que la verdadera relación entre un sumiso y su amo ella entendía que no podía incluir ni violencia ni crueldad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estoy de acuerdo― respondí sin saber a qué conclusión había llegado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por eso me sorprendió escuchar que me decía:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Para mí, se resume en una muestra de amor y de confianza. Es más, lo creas o no, Ua y yo por nuestra naturaleza somos tus sumisas. Nuestro fin en esta vida es protegerte a ti y a todas tus hembras sin cuestionarte nada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No exactamente― refuté: ―dado que conlleva unas prácticas sexuales que nunca os pediría y que además no sé si os gustarían.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desternillada de risa, me soltó que si no las probaban nunca sabrían si abrazarlas para el día a día o por el contrario rechazarlas. Por su tono comprendí que de algún modo me estaba insinuando que practicara con ella y por eso, le pedí sus bragas. Supe que había dado en la diana, cuando bajo su blusa aparecieron dos pequeños bultos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Qué esperas para obedecer? Mi pequeña putilla― insistí usando el poder que me había otorgado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sonrojada por la rapidez en que me había convertido en dominante, llevó sus manos bajo la mesa. Me hizo gracia que se mostrara tan tímida y que buscara disimular cuando solo llevaba unos días usando ropa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Date prisa. No tengo todo el día― añadí con tono duro al comprobar que tardaba en cumplir la orden.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tuve que volver a decírselo porque, ocultando en su mano el tanga que se había quitado, me lo dio diciendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Perdone mi amo la tardanza de su esclava.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cogiendo su presente, en vez de guardármelo discretamente, me lo llevé a la cara y lo olí, tras lo cual, lo extendí sobre la mesa para que todo el mundo que pasara pudiera observar su ofrenda. Comprendí por su expresión que la había excitado verme disfrutando de su aroma.</p>



<p>―Mi amo es un amor por el modo en que exhibe a su sierva― dijo retándome a continuar.</p>



<p>Decidido a darle una lección que nunca olvidara, ordené que se empezara a masturbar mientras hacía un gesto a la camarera para que se acercara. La empleada del local nunca esperó al llegar a nuestra mesa que le pidiera la zanahoria más grande que tuviera.</p>



<p>―¿Una zanahoria?― preguntó la mulata.</p>



<p>―Si, una zanahoria. El conejo de mi amiga tiene hambre― tranquilamente contesté.</p>



<p>La joven creyó que iba de guasa y queriendo participar en la broma, fue a la cocina y trajo una que rivalizaba con el tamaño de mi pene erecto.</p>



<p>―¿Es lo suficientemente grande?― quiso saber mientras me la daba.</p>



<p>Sé que nunca se esperó que pasándosela a mi acompañante pidiera a esta que se la incrustara entre las piernas y menos que Ía, separando sus rodillas, se la metiera hasta el fondo. &nbsp;Lo cierto es que una vez se había repuesto de la sorpresa la mulata, con una sonrisa de oreja a oreja, me comentó que si el conejito se había quedado con hambre podía traer una berenjena. Mi acompañante palideció al escucharla y solo recobró su color cuando prometiendo una generosa propina dije que no hacía falta. La muchacha sin cortarse un pelo soltó una carcajada diciendo:</p>



<p>―Si cambia de opinión, me llama.</p>



<p>Mientras se iba, totalmente colorada, Ía murmuró que su amo era un cabrón. Sin dejar de presionarla, pregunté quién le había dado permiso para hablar y que, en vez de ser tan parlanchina, debía de dar uso a la zanahoria.</p>



<p>―Perdón, amo. No volverá a ocurrir― dijo en plan sumiso mientras se ponía manos a la obra.</p>



<p>Atentamente y sin perder detalle de cómo se masturbaba, fui guiándola hacia el placer ordenando que acelerara o que menguara la velocidad con la que se metía y sacaba el rosado tubérculo hasta que al cabo de poco más de un minuto escuché que se corría. Satisfecho al oír sus gemidos, le pedí que me mostrara la zanahoria. Avergonzada hasta decir basta, me la enseñó todavía chorreando de flujo.</p>



<p>―Ahora cómetela― le pedí dando un sorbo a mi cerveza.</p>



<p>Sin cuestionar mi orden, la puso en el plato y comenzó a comer teniendo mis risas como telón de fondo. Solo cuando ya había dado buena cuenta de ella, pregunté a la muchacha que le había parecido la experiencia.</p>



<p>―Satisfacer a mi amo es el sueño de cualquier sumisa y más cuando es tan bueno que me ha dejado llegar al orgasmo― sonriendo me espetó.</p>



<p>Comprendí al escucharla que implícitamente estaba señalando mi fallo, ya que un verdadero dominante la hubiese llevado al filo del placer sin dejarla culminar.</p>



<p>―Tengo todavía mucho que aprender― señalé.</p>



<p>―Mi amo no tiene por qué preocuparse su amada sierva le asesorará para que esta noche su asiática caiga rendida a sus pies― respondió con picardía.</p>



<p>No tuvo que explayarse más. Me había dado cuenta de que, teniéndola a mi lado, no quedaría como un novato y atrayéndola hacia mí, la besé tiernamente mientras le agradecía sus enseñanzas.</p>



<p>―Antes que tu sumisa, soy tu mujer― respondió llena de alegría al ver que valoraba su ayuda.</p>



<p>El resto de la comida nos la pasamos bromeando y discutiendo sobre cómo exacerbaríamos el deseo de la norteamericana antes de permitir que se entregara a mí sin caer que desde un rincón la mulata nos escuchaba atentamente. Solo caímos en ello cuando tras pagar en la puerta y mientras nos despedía, la camarera se ofreció a sustituir a nuestra cita si cometía el error de dejarnos plantados.</p>



<p>―Si nos falla, vendré por ti― respondió Ía atrayéndola y posando brevemente sus labios en los de la morena.</p>



<p>Con los pitones erectos bajo su uniforme, la empleada del local demostró lo mucho que le apetecía formar parte al decirle que toda su vida había deseado un novio tan atractivo y exigente como yo.</p>



<p>―No sería tu novio sino tu amo…― impregnada de un carácter dominante que no sabía tener, le recriminó la rubia y sin importarle que la muchacha estuviese en su lugar de trabajo, le dio un azote añadiendo: ―… y yo tu maestra.</p>



<p>―Me encantaría ser su pupila, mi señora― llena de deseo, suspiró la cría mientras le besaba la mano diciéndonos adiós.</p>



<p>La endiablada criatura esperó a que llegáramos a la calle para soltar una carcajada y decirme que ese jueguecito le estaba empezando a gustar. Asustado por el monstruo que había creado, me abstuve de decir nada y directamente la llevé a la joyería a recoger nuestro encargo, donde tal y como se había comprometido la encargada ya tenía listas las joyas. Tras revisarlas y ver que todo estaba tal y como habíamos pedido, Ía cogió una y haciendo entrega ceremonialmente de ella, me rogó que se la colocara al cuello.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_032_97ce.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Sabes a que te comprometes si te pongo?― pregunté tanteando el terreno.</p>



<p>Nunca me podré cansar de repetir que ese bello ser es una caja de sorpresas porque al oír mi pregunta y obviando totalmente la presencia de la joyera, se arrodilló frente a mi diciendo:</p>



<p>―Juro servirle fielmente sin cuestionar sus órdenes y desde ahora le confirmo amo que dedicaré mi vida a hacerle feliz.</p>



<p>&nbsp;Con el corazón encogido al saber que no mentía, abroché el collar con mi nombre alrededor de su cuello:</p>



<p>―Así sea, ya que es tu voluntad, acepto tu entrega.</p>



<p>Las lágrimas que brotaron de sus ojos ratificaron la felicidad que sentía antes de que lo hiciera de viva voz:</p>



<p>―Mi señor, mi dueño, mi amor…</p>



<p>Al salir, todavía sobrecogida por la emoción, Ía tardó unos minutos en reponerse. Aunque no lo supiera entonces, para esa extraña criatura ese acto había sido la culminación de su existencia al haber encontrado en mí no solo un “¿padre?” “¿dueño?” sino el sostén que había buscado desde que salió de la cuba de fertilización.&nbsp; Quizás por ello no advertí que, dejando atrás a mi tierna jovencita,&nbsp; había madurado convirtiéndose en mi mujer cuando, tirando de mí, me informó que todavía había mucho que hacer antes de nuestra cita.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Qué más falta?― pregunté al tener en mi bolsillo el collar con el que anudaría a nuestro lado a la bella agente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiernamente, me respondió que teníamos que comprar unos cuantos trapos para luego buscar una ubicación apropiada para que Sara se entregara porque era inadmisible que lo hiciera en un lugar público con gente a nuestro alrededor. Aceptando su punto de vista, la seguí por la calle principal del pueblo en busca de tiendas. Al llegar frente a una debió de ver algo que cuadraba con lo que pensaba porque, dejándome en la puerta esperando, entró sin darme más pistas. Buscando en el escaparate algo que me anticipara que narices iba a comprar, comprobé por los conjuntos de ropa interior que era una lencería y poco más. Tras diez minutos aguardando su vuelta salió con dos bolsas llenas, pero cuando pregunté por su contenido únicamente respondió que podía estar tranquilo. Sus reservas no hicieron más que azuzar mi interés, interés que fue en vano porque cerrándose en banda se negó a aclararme nada.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dándola por imposible, acepté su silencio cuando sin decir agua va me rogó que la llevara al mejor hotel de la zona. Como testigo mudo de sus planes, cogiendo el coche, nos dirigimos a un resort de cuatro estrellas llamado Crocodile Bay que era indiscutiblemente el más caro y que estaba muy cerca del aeropuerto. El lujo exterior del establecimiento le agradó, pero fue al ver su enorme piscina cuando decidió que era lo que estaba buscando y sin encomendarse a dios ni al diablo, pidió en la recepción la suite presidencial. Por su desorbitado precio tuvimos la suerte de que esa habitación estuviera libre y llevándome a rastras, llegamos a ella.</p>



<p>Tal y como había previsto, la suite hacía honor a su nombre al ser digna de un presidente. Aun así, Ía se puso a revisarla con detalle antes de dar su visto bueno. No tuve que esmerarme para saber que lo que más le había gustado fue que contara con un jacuzzi ya que luciendo la mejor de sus sonrisas me preguntó si creía que Sara la dejaría enjabonarla cuando se bañara conmigo.</p>



<p>―No lo dudes― respondí percatándome por fin de parte de sus planes.</p>



<p>Sin darse un segundo de pausa, leyó la carta del establecimiento antes de abrir el servibar y comprobar su contenido. Tras lo cual, llamó al servicio de habitaciones pidiendo dos botellas de champagne y cena para tres, haciendo especial énfasis en que una de las cenas debía de estar lista a las ocho mientras las otras dos tenían que traérnoslas a las nueve.</p>



<p>―¿Y eso?― me atreví a preguntar.</p>



<p>―Cenaré yo antes, para que todo esté listo para cuando mi amado amo llegue con su futura sumisa― contestó sonriendo y mirando el reloj, me azuzó a darme prisa en ducharme.</p>



<p>Sintiéndome una marioneta en sus manos, me desnudé mientras ella preparaba el agua de la ducha. Ya sin ropa, me percaté que observaba con apetito mi pene y recordando que llevaba casi veinticuatro horas sin catar mi esencia, le pregunté tomándolo entre mis manos si quería su biberón. Por un momento la bella criatura dudó, pero resistiendo la tentación me informó que podía ayunar un poco más ya que tenía que guardar fuerzas para esa noche.</p>



<p>―Tú te lo pierdes― respondí entrando en la ducha más cachondo de lo que me gustaría estar sabiendo que esa monada estaba aguardando mi salida.</p>



<p>Al estar solo, diez minutos, salí a ponerme la ropa, llevándome la sorpresa de encontrarme uno de mis trajes perfectamente planchado sobre la cama. No tuve que esforzarme mucho para saber que se las había agenciado para meterlo en el todoterreno sin que yo me diese cuenta y por eso, en silencio, me vestí bajo su supervisión.</p>



<p>―Mi amo es un hombre apuesto― susurró satisfecha mientras acomodaba el cuello de mi camisa: ― Y esa putilla oriental no podrá resistir sus encantos.</p>



<p>Su insistencia en referirse a mí como su amo me dio la siguiente pista de cómo se comportaría cuando volviera con Sara:</p>



<p>«Está ya representando su papel», me dije sin darle mayor importancia y despidiéndome de ella, salí del cuarto.</p>



<p>Estaba a punto de coger el ascensor cuando la chavala llegó corriendo y depositó en mis manos una caja de bombones que habíamos comprado en el pueblo.</p>



<p>―Se te olvidaba tu primer regalo― me dijo mientras buscaba un beso que no llegó porque rehuyendo sus labios le solté que no se lo merecía al haberme ocultado sus planes.</p>



<p>Lejos de molestarle mi gesto, esa condenada sonrió diciendo:</p>



<p>―Poco a poco estás aprendiendo, querido amo.</p>



<p>Su descaro me hizo reír y despidiéndome de ella con una nalgada, marqué el botón de la salida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_029_3045.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 7&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Mar 2026 18:52:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[bisexual]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo]]></category>
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					<description><![CDATA[11 No sé quién estaba más cabreado al salir del restaurante, si Tomasa o yo. Lo cierto es que ninguno de los dos hablamos en el camino de vuelta, pero lo cierto es que, al llegar a la casa, fue la mulata la que dio con la puerta en las narices a las crías. De acuerdo con ella, hice oídos sordos a los lamentos de esas putas pidiéndonos perdón. Se habían pasado dos pueblos y se merecían una reprimenda para darse cuenta de que no se podía jugar con los humanos. La viuda estaba tan indignada que tampoco dijo nada [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">11</h1>



<p>No sé quién estaba más cabreado al salir del restaurante, si Tomasa o yo. Lo cierto es que ninguno de los dos hablamos en el camino de vuelta, pero lo cierto es que, al llegar a la casa, fue la mulata la que dio con la puerta en las narices a las crías. De acuerdo con ella, hice oídos sordos a los lamentos de esas putas pidiéndonos perdón. Se habían pasado dos pueblos y se merecían una reprimenda para darse cuenta de que no se podía jugar con los humanos. La viuda estaba tan indignada que tampoco dijo nada mientras se metía desnuda en mi cama y solo cuando cediendo al cariño que la tenía la abracé, fue cuando bajando el volumen me preguntó qué íbamos a hacer con ellas.</p>



<p>―No tengo ni idea, lo único que sé es que hoy no duermen con nosotros.</p>



<p>―¿No deberíamos decirles que usen mi cama?― preguntó un tanto preocupada con la incapacidad que tenían para valerse por sí solas.</p>



<p>Admitiendo parcialmente sus temores, le conté la conversación de Sara en la que me había confiado que el gobierno estadounidense creía que el accidente era una pantomima para ocultar la presencia de los tripulantes de esa nave en la tierra:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_007_ddc1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tan indefensas no están― concluí.</p>



<p>La viuda al conocer las pesquisas de la oriental y sus sospechas se indignó. Sintiéndose engañada,&nbsp; se olvidó de sus anteriores reparos y susurrando en mi oído, comentó que un poco de hambre no les vendría mal a ese par de zorras pero que las castigara a ellas sin sexo no significaba que eso se aplicara a ella.</p>



<p>―Vienes cachonda perdida― riendo susurré mientras la acariciaba.</p>



<p>Colorada, me reconoció que el gringo la había puesto como una moto y que si no se lo había tirado era por mí.</p>



<p>―Cariño― respondí: ― Si realmente te apetece echarle un polvo, hazlo. Al igual que tu no me recriminaste cuando me tiré a la sueca, yo tampoco te lo echaré en cara. Es más, lo comprendo. Al igual que hicieron con la oriental, no tengo duda de que esas cabronas también nos han exacerbado la sexualidad a nosotros.</p>



<p>―¿En serio no te importaría?― preguntó.</p>



<p>―Mientras sea solo sexo, no. Otra cosa es si pensaras en algo más. Te recuerdo que eres mía y que yo soy tuyo.</p>



<p>Sonriendo al escucharme, buscó con sus manos mi virilidad mientras me decía que solo tenía ojos para mí. Desternillado por su cara dura, dejé que se empalara con ella antes de decir:</p>



<p>―Como pasado mañana he quedado con Sara, quiero que aproveches y te folles al gigantón.</p>



<p>Sus risas me hicieron saber que me iba a hacer caso y demostrando que una vez había recuperado el interés por lo hombres, no iba a olvidarlo, me dijo que la amara moviendo sus caderas. La facilidad con la que mi miembro campeaba en su interior me permitió profundizar en mis embestidas mientras una parte de mi ser se preguntaba si sentiría celos cuando se acostara con otro.</p>



<p>«Sería un capullo si me sentara mal», me dije sabiendo que al día siguiente Agda me haría una visita y que la sueca aprovecharía para darse un revolcón conmigo.</p>



<p>Tomasa debía estar pensando en lo mismo porque mientras aceleraba sus movimientos me preguntó si al día siguiente le permitiría disfrutar a ella también del cuerpo de ese mujeron.</p>



<p>―¿Te apetece probar que se siente?― quise saber un tanto extrañado porque no en vano la negra me había confesado que jamás había estado con alguien de su mismo sexo, exceptuando a las dos crías.</p>



<p>Sonrojada contestó:</p>



<p>―Sí. Me da morbo estar contigo en la cama mientras te la follas.</p>



<p>El tamaño que habían adquirido sus pezones fueron la prueba que necesitaba para confirmar la calentura que le producía esa posibilidad y tomándolos entre mis dedos, le prometí que ambos disfrutaríamos de la embajadora.</p>



<p>―Te amo― rugió satisfecha al ver que con mi colaboración se iba a hacer realidad ese sueño…</p>



<p>Tras la primera noche a solas con ella, nos despertaron unos sollozos que venían desde el salón. Intrigada por si el motivo de esos gemidos era que “nuestras niñas” estaban descubriendo sus cuerpos sin nosotros, Tomasa se levantó a espiarlas. Ni siquiera había salido del cuarto cuando escuché su grito angustiado mientras salía corriendo hacia ellas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_009_0bdb.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Miguel, algo les ocurre― chilló al verlas temblando.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su tono comprendí que no bromeaba y que iba en serio. Asustado por si ese par había hecho alguna tontería, salí de la cama y fui a ver. Al llegar, comprobé que tanto Ía como Ua tenían los labios amoratados.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Qué les pasa?― se preguntó aterrorizada al observar que no reaccionaban.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La debilidad que mostraban me preocupó y consciente de su insistencia en hacernos saber que para ellos mi esencia era una necesidad física, recordé que no me habían ordeñado desde San José. La forma en que esos seres se lanzaron sobre los pechos de la mulata no hizo más que ratificar mis sospechas.</p>



<p>―Están desfallecidas de hambre― musité.</p>



<p>―No puede ser, ayer antes de cenar las di de mamar.</p>



<p>Desolado al caer en que la leche de Tomasa debía de ser un sucedáneo a todas luces insuficiente y que al castigarlas había puesto en peligro sus vidas, me sentí paralizado.</p>



<p>―Hazme una mamada para levantármela― pedí a la mujer poniendo mi pene totalmente flácido en sus labios.</p>



<p>No hizo falta que se lo explicara y mientras se aferraban desesperadamente a sus pechos, comenzó a pajearme con desesperación.</p>



<p>―Por dios, date prisa― me pidió francamente asustada.</p>



<p>Todavía hoy no comprendo cómo consiguió que se me pusiese dura, pero lo cierto es que, tras un par de lametazos, mi pene se irguió. Las chavalas al ver mi erección dejaron las ubres de las que lactaban y se pusieron a intentar lamer mi verga como posesas. Confieso que no me importó el modo en que zarandearon mi pene al ver el hambre que lucían sus rostros. Tomasa suspiró aliviada al ver que intentaban obtener su sustento sacando fuerzas y decidida a ayudarlas, unió sus labios a los de ellas. Al sentir que eran las tres las que me ordeñaban, mi calentura me hizo olvidar sus afrentas y aprovechando que Ua se había metido mi verga en la garganta, busqué eyacular follándola su boca.</p>



<p>Afortunadamente, no tardé en sentir que pronto liberaría mi simiente y sacando mi verga, no esperé a nada y me pajeé. Recibieron mi primera andanada con ansia y ambas intentaron apoderarse de la siguiente. Mientras otras veces, habían hecho gala de generosidad una con la otra, en esta ocasión no fue así y fue Ía quien se apropió de la segunda olvidando a su compañera. Comprendiendo que ese comportamiento se debía a su estado, pedí a la mulata que me ayudara a repartir equitativamente mi semilla. La hambruna la tenía dominada y por ello Tomasa tuvo que usar la violencia para separar a la rubia para que Ua pudiese obtener su parte.</p>



<p>―Dale un poco a tu hermana― con un sonoro bofetón le exigió.</p>



<p>Por segunda vez en pocas horas, Ía sufrió un castigo corporal de sus protectores y creyéndose no querida, comenzó a llorar.</p>



<p>―Tranquila, hay para las dos― enternecida por el volumen de sus llantos, intentó tranquilizarla, pero no lo consiguió y fue la pelirroja la que disfrutó de las dos siguientes explosiones.</p>



<p>―He dicho que compartáis― dando a Ua otro bofetón, ordenó.</p>



<p>La expresión de congoja con la que recibió el golpe fue tal que comprendí que la pelirroja jamás había recibido un correctivo físico y deseando quitar hierro al asunto, la acaricié mientras dejaba que su compañera recibiera las ultimas migajas.</p>



<p>―Tranquilas, dadme unos minutos para que me reponga y os daré más― les dije viendo que seguían con un apetito atroz.</p>



<p>―¿Cómo podemos ayudarte? ¿Necesitas ver que nos amamos? – preguntaron casi al unísono.</p>



<p>Ni siquiera me dieron tiempo a contestar y tumbándose en el suelo, comenzaron a comerse los coños, pensando que con ello acelerarían mi recuperación. Curiosamente fue así. Al ver sus sexos abiertos y recordar que la noche anterior me habían pedido que las desvirgara, como por arte de magia mi erección volvió con una fuerza inusitada y aprovechando que la rubia era la que tenía más cerca, usé mi glande para juguetear con su ella. Ía me sorprendió porque al sentir que recorría sus pliegues, me rogó que la tomara. No sabiendo cómo actuar, busqué a Tomasa con la mirada.</p>



<p>―Fóllatela― fue lo único que dijo.</p>



<p>Con su permiso en la mente, separé los muslos de la criatura y posando mi pene en su entrada, de un empujón se la clavé hasta el fondo. El chillido de dolor que brotó de su garganta me hizo palidecer y por un segundo, dudé si seguir. Pero entonces la mulata insistió en que la tomara. Lentamente saqué unos centímetros mi estoque para acto seguido volvérselo a incrustar. Al repetir la maniobra, la rubia comenzó a gemir descompuesta pidiendo más. La urgencia de la muchacha me azuzó y acelerando la velocidad con la que la penetraba, intenté alargar el momento.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_015_74a3.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No puede ser― aulló al experimentar que el dolor había desaparecido y abrazándome con las piernas, fue ella la que se embutió violentamente mi tallo. La humedad que destilaba su sexo facilitó el trance y sin apenas oposición, acuchillé su interior repetidamente cada vez más rápido.</p>



<p>A pesar de no ser un novato, tengo que reconocer que me asustó observar que en sus ojos un placer nunca visto mientras la tomaba. Mi exempleada debió de contagiarse de su calentura y tomando de los pelos a la pelirroja, la obligó a meterse uno de los pezones de Ía en la boca mientras ella se apropiaba del que se había quedado libre.</p>



<p>―Ayudemos a tu amiga― exigió a Ua.</p>



<p>No tardé en sentir que la rubia se corría y eso lejos de apaciguar mis embates, los aguijoneó y mientras las otras le mordían los pechos, llevé al límite mi ataque. El rugido de gozo de la joven retumbó en el salón al experimentar que su cuerpo humano ya no le respondía.</p>



<p>―Santa Luz― bramó al tiempo que el instinto animal la poseía.</p>



<p>El geiser que brotó de su coño empapó mis piernas y con un ímpetu descomunal, sus caderas buscaron que descargara mi simiente mientras unía ese primer orgasmo con el siguiente. El chapoteo que producía mi pene al entrar en su cueva me hizo saber que estaba lista para recibir mi simiente y dejándome llevar inundé de blanco su vagina mientras su cara reflejaba una sorpresa que en un principio no supe interpretar.</p>



<p>―Es demasiado― exclamó al recibir por esa vía su sustento un segundo antes de caer desplomada al suelo.</p>



<p>He de reconocer que me acojonó la forma en que ese ser comenzó a convulsionar violentamente y no fui el único. Ua al ver que su compañera se retorcía sobre la alfombra, se asustó y metiendo sus hebras en Ía, buscó una explicación.&nbsp; Confieso que se me hicieron eternos los segundos que tardó en examinarla.</p>



<p>―¿Qué le pasa?― pregunté pálido al contemplar que seguía presa de una especie de ataque epiléptico.</p>



<p>Afortunadamente, la cara de preocupación de Ua desapareció al entender que ocurría y girándose hacía mí, preguntó:</p>



<p>―¿Por qué no nos habías dicho que esta es la forma más eficiente de saciarnos?</p>



<p>Solo pude contestar que para mí también era nuevo.&nbsp; La pelirroja me creyó y sin dejar de sonreír, hundió su cara entre los muslos de su compañera en busca de mi simiente. Durante más de un minuto, sorbió con satisfacción el flujo mezclado con sangre y semen que desbordaba el coño de Ía mientras Tomasa y yo alucinábamos tratando de sacar algo en claro.</p>



<p>Ya con su estómago lleno y la cara teñida de rojo, me dio las gracias diciendo:</p>



<p>―Con esto podré aguantar hasta mañana.</p>



<p>Al pedirla que se explicase, ese bello ser nos reveló que al ser inseminada su hermana había absorbido los nutrientes que necesitaba directamente en las venas de su vagina sin que se perdiera nada en el aparato digestivo.</p>



<p>―Cuando la has poseído ― musitó sorprendida: ―no solo las has hecho sentir mujer. ¡Le has dado reservas para una semana!</p>



<p>―Joder, menudo susto que nos habéis dado― exclamé: ―Creía que la había matado.</p>



<p>&nbsp;Con una sonrisa de oreja a oreja, contestó acercándose en plan meloso:</p>



<p>―Estoy deseando que me poseas y así sentirme plenamente tuya, mi amado Íel.</p>



<p>Tomasa no desaprovechó el momento y separándola de mí, le dijo que no tendría esa suerte mientras no prometiera pedir permiso antes de interactuar con otro humano haciendo referencia a lo sucedido con la oriental.</p>



<p>―Amada Asa, hemos aprendido la lección y desde ahora te pido que, si se nos olvida, nos reprendas. Jamás olvidaré tu castigo ni la vergüenza que sentí cuando buscando sustento olvidé mi deber de compartir.</p>



<p>Las palabras de la pelirroja amortiguaron el cabrero de la negra, pero no queriendo dar su brazo a torcer, le pidió que confesara porque nos habían mentido al llegar a nuestra puerta tras el accidente. Temblando de miedo, la joven respondió:</p>



<p>―Supimos por los resultados de un análisis que se hizo hace tres meses que Íel era el espécimen que mi raza había estado buscando para su renacer y por eso forzamos el encuentro.</p>



<p>Elevando su voz, Tomasa insistió en que se explicara. Sonrojada hasta decir basta y sin ser capaz de levantar su mirada, contestó:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_026_5591.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Nuestros antiguos protectores llevan milenios en franca decadencia. Su inteligencia ha ido menguando poco a poco y actualmente no se puede decir que sean inteligentes. Su carácter pasivo ha provocado que se encerraran en ellos mismos dando por buena su existencia.</p>



<p>Al escucharla, mis rencores renacieron con fuerza y rechazando de plano colaborar en la decadencia del ser humano,&nbsp; le exterioricé que prefería el suicidio a ser la causa del holocausto que supondría la presencia de su raza para el hombre.</p>



<p>―Amado Íel, somos conscientes del error que cometimos al unir nuestro destino con una raza tan dócil. Por eso nuestras ancianas decidieron buscar una especie cuya naturaleza les impida someterse. Una cuyo espíritu guerrero e insatisfecho sea imposible de subyugar y que nos obligue por primera vez a buscar una alianza de igual a igual. Un pacto beneficioso para ambos. Sin nuestra ayuda hemos calculado que la humanidad se aniquilará a sí misma en setenta años, pero con nosotros crecerá y se expandirá por las galaxias.</p>



<p>―¿Cómo creeros?― pregunté con desprecio, pero anotando en mi interior el peligro que según ellas se cernía sobre nosotros.</p>



<p>Despertando de su estado, Ía respondió:</p>



<p>―¿No te basta saber que moriríamos por ti? Nunca nadie de nuestra raza se ha entregado a un protector como yo he hecho. Prefiero informar que hemos fracasado a vivir sabiendo que me odias.</p>



<p>El dolor de su tono me hizo dudar, pero dado que me estaba jugando el porvenir de miles de millones de hombres, mujeres y niños me mantuve firme. Tomasa, buscando un punto de acuerdo, comentó:</p>



<p>―¿Esto es algo que debamos decidir hoy? O podemos darnos un tiempo antes de tomar un solución.</p>



<p>Esperanzada, Ua replicó:</p>



<p>―Os podemos asegurar que no habrá más naves hasta que enviemos vuestra aceptación al consejo. Si no la obtenemos, ninguna de mis hermanas vendrá a la tierra y el planeta quedará cerrado para nosotras.</p>



<p>Sin llegar a aceptar sus palabras, comprendí que al menos tendría tiempo para pensar. Postergando el tema decidí centrarme en ese día y por eso les avisé que teníamos que desayunar, ya que en dos horas tendríamos visita. Como si nunca hubiésemos discutido, mostrando una alegría total, esos dos puñeteros seres me soltaron que tenían el estómago lleno pero que, si insistía, no les importaría volver a recibir mi esencia…</p>



<h1 class="wp-block-heading">12</h1>



<p>Sin decírmelo, las dos chavalas habían preparado a conciencia la visita del CEO de la compañía que deseaban comprar. No solo habían elaborado un extenso dosier técnico sobre las nuevas potabilizadoras sino también un estudio de mercado, el impacto medioambiental y social de las mismas. Tras un rápido vistazo me quedé impresionado porque de ser ciertos sus cálculos solo con ese invento mejoraría la calidad de vida de mas de dos mil millones de personas y se podrían evitar una media de quinientas mil muertes por año.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¡Su puta madre!», exclamé mentalmente al darme cuenta del alcance que tendría esas instalaciones en la sociedad global. Mis carencias me impidieron formarme una opinión sobre si eran posibles o solo una entelequia, pero dado la inteligencia que habían demostrado esos seres no pude mas que dar por buena su propuesta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tampoco me pasó inadvertido el aspecto económico, ya que según sus previsiones el beneficio en los próximos veinte años era tal que Alfa Centauro se convertiría en el mayor conglomerado a nivel mundial, rivalizando con la mayoría de los países en cuanto renta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Bill Gates sería un pobretón a nuestro lado», me dije asustado por las consecuencias personales que eso acarraría.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; También habían preparado un estudio sobre nuestro futuro socio, el cual me dejó bastante tranquilo al descubrir que a pesar de ser un ejecutivo de éxito Erik Anderson nunca había descuidado su deber con la sociedad y era un conocido filántropo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Podríamos formar un buen equipo», sentencié tras leer en esos papeles que fuera el sueco la cabeza visible del proyecto, quedando nosotros en un segundo plano.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que no me esperaba fue que, en un apartado especial, totalmente separado, esas dos arpías hubiesen elaborado un documento sobre Agda y sobre Sara, en el cual plasmaban que con un poco de ayuda esas dos mujeres podrían en poco tiempo llegar a ser unas figuras de relieve en sus países de origen. A la sueca le pronosticaban una carrera diplomática que terminaría como presidenta de la Unión Europea, mientras para la agente, vislumbraban que acabaría al mando de la CIA.</p>



<p>«Estas zorras están seleccionando los mejores especímenes humanos para formar parte de mi harén», preocupado concluí al caer que si las cosas de desarrollaban según tenían previsto se quedarían embarazadas y mis descendientes gobernarían la tierra. Su planes me recordaron a las alianzas matrimoniales que fraguaron los reyes católicos colocando a las distintas infantas en los tronos de Austria, Portugal e Inglaterra.</p>



<p>La facilidad con la que asimilé todos esos datos y sus conclusiones me hizo nuevamente sospechar que habían manipulado mi interior para incrementar mi inteligencia. Temiendo que esos cambios hubiesen afectado a mi personalidad hice un examen de conciencia tras el cual comprendí que seguía siendo el mismo hombre, con sus miedos y sus esperanzas.</p>



<p>«Sigo siendo yo», concluí aliviado mientras Tomasa me informaba de la llegada de nuestras visitas.</p>



<p>Dejando aparcados esos temas, salí a recibirlos. Desde el primer momento el vikingo me cayó bien y más cuando tras las oportunas presentaciones, descubrí que Erik se defendía en español. Lo que no me esperaba fue la forma tan liberal con la que la embajadora demostró su complicidad conmigo y es que, contrariando las normas de etiqueta, al verme esperando en la puerta, se lanzó a mis brazos. No tuve que ser un genio para percatarme de que durante el viaje Agda había reconocido a su compatriota nuestro affaire, ya que mi futuro socio no se mostró sorprendido de los besos que me daba. Lo que sí me dio que pensar fue la forma tan amigable con la que Tomasa se había tomado esas carantoñas y que lejos de enfadarse me guiñara un ojo haciéndome recordar mi promesa de que compartiría con ella a la cuarentona.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_027_bcfa.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Erik, muchas gracias por venir. ¿Te apetece un café?- haciéndose notar junto a su compañera, Ía preguntó.</p>



<p>El sueco no pudo evitar darles un buen repaso con la mirada. Las fotografías que había visto en sus perfiles no hacían honor a su belleza debió decidir porque tras saludarlas, me tomó del brazo y sonriendo, me comentó que a pesar de no ser hetero eran tan guapas que estaba dudando si cambiarse de acera.&nbsp; Esa confidencia me alucinó porque nada se decía en los papeles que me habían preparado. Asumiendo que. si fueran humanas, no hubiesen obviado ese detalle, sonreí mientras le contestaba que las cuatro mujeres presentes eran territorio vedado pero que si necesitaba ayuda para buscar compañía podía buscarle un par de adonis para esa noche.</p>



<p>-Lo pensaré &#8211; exclamó muerto de risa al ver que aceptaba de buena gana su orientación sexual.</p>



<p>Ya en el salón, Ua le hizo una breve exposición de lo que le proponíamos y de los fondos que contábamos para llevarlo a cabo. Mirando de reojo su reacción vi que a priori estaba interesado. Pero cuando Ía tomó la palabra y le explicó con detalle las investigaciones que teóricamente yo había financiado fue cuando su cara cambió y con los ojos abiertos de par en par, pidió que le proporcionamos un ejemplar en papel para que pudiese asimilar su contenido.</p>



<p>-Erik, para ti somos un libro abierto. Confío tanto en que vamos a ser socios que no solo te vamos a proporcionar lo que nos pides, sino que te ofrezco que mis ayudantes se queden para resolver tus dudas mientras aprovecho para enseñar a Agda la finca.</p>



<p>No pudo más que agradecer el gesto y tan entusiasmado estaba con lo que le habían anticipado que ni siquiera se despidió de nosotros. Tomasa viendo que su presencia también sobraba, no se lo pensó dos veces y tomando del brazo a la embajadora, le fue mostrando la casa mientras coqueteaba descaradamente con ella. Curiosamente ese galanteo fue bien recibido y por ello cuando al enseñarle mi habitación le anticipó que esa noche ella dormiría allí, la rubia no pudo evitar preguntar a la mulata si acaso no era mi amante.</p>



<p>Interviniendo respondí que era mi mujer, pero que teníamos una relación un tanto peculiar ya que por nuestra cama también pasaban sus dos compatriotas.</p>



<p>-¿Y no te molesta?- insistió mirando fijamente a la morena.</p>



<p>La costarricense, dando un salto al vacío, llevó sus manos a la mejilla de la mujer devolviendo la pregunta:</p>



<p>-Cuando te acostaste con Miguel ya sabías que lo que compartíamos y no por ello, dejaste de hacerlo. ¿Me puedes decir por qué?</p>



<p>La dulzura con la que se lo dijo destanteó a la nórdica, que totalmente colorada reconoció que no había podido evitarlo ya que se sentía cautivada por mí. Al contemplar que el efecto que esa caricia había tenido en Agda, Tomasa insistió preguntando si no sentía lo mismo con ella. Como por arte de magia, dos reveladores bultos emergieran bajo la blusa de la embajadora al sentir los dedos de la mulata recorriendo sus pechos y con la respiración entrecortada, reconoció sus miedos a protagonizar un trio.</p>



<p>-No pienso forzarte a nada- replicó separándose de ella mientras le preguntaba si sabía montar.</p>



<p>Al responder que sí, le ofreció dar una vuelta por la finca a lomos de un caballo.</p>



<p>-Me encantaría- contestó aliviada.</p>



<p>Viendo que venía en pantalones, no tuvimos que esperar a que se cambiara y nos fuimos a seleccionar nuestras monturas sin saber que esa mujer era una experta amazona. Rápidamente me percaté que Agda sabía mucho más que yo al elegir para ella un potro de tres años que acababa de comprar hacía solo un par de meses mientras mi pareja elegía una yegua mucho más fácil de montar. Habiendo elegido ellas primero, me tuve que conformar con “Sagaz”, un testarudo alazán entrado en años que dependiendo del día era una delicia o una tortura. Afortunadamente, esa mañana el jamelgo estaba de buenas y se dejó montar sin demostrar su carácter. El paseo resultó un éxito, ya que comportándose como una perfecta anfitriona la mulata fue describiendo durante todo el trayecto las diversas plantas y árboles con los que nos encontrábamos. EL calor tropical no tardó en hacer su aparición y por eso cuando al llegar a una pequeña laguna, Tomasa preguntó si no nos apetecía un baño. Para esa cuarentona las cristalinas aguas de ese inesperado paraíso le parecieron una tentación irresistible, pero se negó aduciendo que no traía bikini.</p>



<p>-Pensaba que nos bañáramos desnudas- muerta de risa respondió mi adorada viuda mientras alegremente se empezaba a despojar de ropa.</p>



<p>Por un momento, Agda dudó, pero al ver que me estaba quitando la camisa, decidió acompañarnos. La belleza de su cuerpo maduro me resultó impresionante y mas cuando al entrar corriendo a la laguna, observé como rebotaban arriba y abajo sus pechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_030_571b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp; «Está bien buena, pero Tomasa aún más», decidí tras comparar a mis dos acompañantes. Todavía estaba despojándome de los calzones cuando desde el interior de esas aguas escuché las risas de la sueca al ser mojada y sonriendo observé que devolvía la afrenta tratando de hacerle una aguadilla a su atacante.</p>



<p>-¿A que esperas?- preguntó mi amada empleada mientras la embajadora se ponía a nadar cruzando el pequeño lago.</p>



<p>Venciendo la natural reluctancia de un hombre de secano, me fui metiendo poco a poco para dar tiempo a que el castellano que llevaba dentro se acostumbrara a la sensación de estar mojado. Tomasa no me esperó y demostrando que también ella era una buena nadadora siguió la estela de Agda hasta la otra orilla.</p>



<p>-Qué maravilla es este lugar- oí comentar a la vikinga señalando el Edén natural en el que se hallaba.</p>



<p>-¡Pura vida!- respondió Tomasa orgullosa de las tierras en las que había nacido.</p>



<p>La cordialidad con la que cuchicheaban entre ellas me debió de poner sobre aviso, pero no lo hizo y por ello cuando llegué a su lado, su ataque me pilló desprevenido. Acababa de darles alcance cuando esas dos bellezas me hundieron la cabeza jugando. Por un momento no pude pensar en otra cosa que no fuera respirar, pero reponiéndome al instante las abracé para devolver la afrenta. Para mi sorpresa, Tomasa buscó mis besos mientras su compinche pegaba sus pechos al mío. Sus pieles restregándose contra mí despertaron mi lujuria y tras dejar los labios de mi morena busqué y encontré los de la rubia. Agda recibió mi boca con pasión y demostrando que era algo pactado, no le importó que al posar su mano en mi miembro se encontrara con la de Tomasa.</p>



<p>-Sois un par de salidas- exclamé al sentir que se coordinaban haciéndome una paja.</p>



<p>&nbsp;Supe que lo habían hablado cuando desternilladas de risa me dejaron de lado y se pusieron a besar entre ellas. Esa escena lésbica elevó mi calentura de golpe y ya totalmente erecto intenté que me hicieran caso, pero para mi consternación ambas estaban demasiado interesadas en la sensación de estar con otra mujer para tomarme en cuenta. Aunque Tomasa había disfrutado de las caricias de “nuestras niñas” jamás había besado a una humana y por ello al sentir la dulzura de unos labios femeninos recorriendo su cuello, gimió excitada. Agda por su parte tampoco entendía la atracción que sentía con los hinchados pechos de la mulata y por ello antes de decidirse a asaltarlos, tímidamente preguntó si podía. El sonrojo que lucía la nórdica mirando sus negras tetas enterneció a la viuda y tomando ella la iniciativa, bajó la cabeza y se apoderó de las areolas que el destino había puesto en su camino. Agda al sentir la lengua de la mujer recorriendo sus pezones sollozó gozosa y atrayéndola hacia ella, le pidió que mamara de sus senos.</p>



<p>Con un gesto, Tomasa me rogó que me apoderase del que había dejado libre y como todo el mundo comprenderá, no puse ningún reparo en apoderarme de ese rosado botón que solo unos días antes había sido mío mientras acariciaba su trasero con mis dedos. Nuestro acoso acrecentó la excitación de la embajadora y ya sin recato alguno, aceptó la oferta de hacer un trio llevando su boca a los cantaros de la morena sin saber que al chupar de ellos su boca se iba a llenar de leche. El sabor dulzón de esa secreción inesperada la volvió loca y en plan goloso, se puso a devorarla mientras sentía los dedos de Tomasa hurgando entre sus pliegues.</p>



<p>-¡Dios!- chilló al ser consciente de lo cerca que estaba de correrse, pero no por ello trató de zafarse e instintivamente separó sus rodillas para facilitar el acceso a su sexo.</p>



<p>La calentura de la vikinga azuzó a mi mulata y centrándose en el botón que crecía entre los labios del coño de su oponente, se dedicó a torturarlo mientras susurraba a la mujer que siempre sería bienvenida en nuestros brazos. Agda al escucharlo aulló descompuesta dejando que un potente orgasmo se apoderara de ella. La confirmación de que esa noche sería todo menos tranquila llegó cuando en mitad de su clímax, la rubia alzando la voz juró que jamás se había sentido tan completa como entonces.</p>



<p>-Quiero que sepas que Miguel y yo lo compartimos todo y que me ha dicho lo mucho que le apetece hacerte un hijo- murmuró la viuda mientras sumergía uno de sus dedos en la húmeda cavidad de la cuarentona.</p>



<p>&nbsp;El ser madre debía ser un sueño insatisfecho porque al escuchar esa nada velada propuesta Agda experimentó un nuevo orgasmo todavía más potente.</p>



<p>-Quiero ver como la tomas- me pidió Tomasa mientras la tomaba de la mano y la sacaba del agua.</p>



<p>Ni que decir tiene que al ver la alegría de Agda me vi tentado en hacerlo en ese instante, pero recordando que en la casa nos estaban esperando, decidí que debía posponerlo por unas horas. La decepción con la que ambas recibieron mis palabras me hizo prometerles que después de cenar me entregaría a ellas en cuerpo y alma.</p>



<p>-¿Nos lo juras?- preguntó la diplomática y haciendo gala de su oficio, regateó conmigo las condiciones obligándome a aceptar que al menos una vez al mes ella podría visitarnos.</p>



<p>-Dalo por hecho- la viuda respondió por mí: -Nuestra casa es tu casa y desde ahora te digo que te puedes venir a vivir a nuestro lado.</p>



<p>La felicidad con la que Agda recibió esa invitación me hizo saber que, si bien no creía que se mudara, era posible que todas las semanas viniera a compartir nuestras caricias. Por ello no me extrañó que una vez vestidas, las dos mujeres caminaran cogidas de la mano hacia los caballos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «A este paso, tendré que agenciarme una buena provisión de viagra», pensé al saber que entre ellas y las dos chavalas iban a exprimirme mas de lo que era natural…</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/367/51102348/51102348_031_e728.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 6&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Mar 2026 18:37:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[9 Pasadas las cuatro de la tarde llegamos a la finca, donde preocupado descubrí la presencia de dos camionetas negras aparcadas en su puerta. No tuve que exprimirme mucho el cerebro para saber que eran miembros del gobierno y que nos harían preguntas. Repasando con las tres mujeres nuestra versión, me bajé del todoterreno. Los cinco forasteros, tres uniformados y dos de paisano con pinta de gringos se acercaron a nosotros y me preguntaron si era el dueño de la casa. Sacando mi pasaporte, me presenté como Miguel Parejo, el propietario. Viendo mis papeles en orden, les pidieron a las [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">9</h1>



<p>Pasadas las cuatro de la tarde llegamos a la finca, donde preocupado descubrí la presencia de dos camionetas negras aparcadas en su puerta. No tuve que exprimirme mucho el cerebro para saber que eran miembros del gobierno y que nos harían preguntas. Repasando con las tres mujeres nuestra versión, me bajé del todoterreno. Los cinco forasteros, tres uniformados y dos de paisano con pinta de gringos se acercaron a nosotros y me preguntaron si era el dueño de la casa. Sacando mi pasaporte, me presenté como Miguel Parejo, el propietario. Viendo mis papeles en orden, les pidieron a las mujeres que me acompañaban los suyos. Tomasa les dio su cédula costarricense mientras las dos chavalas me pedían las llaves del vehículo porque los tenían en sus maletas. Tras traerlo y verificar el militar que no había nada raro en ellos, tocó el turno a los americanos. Por sus trajes impecables, supuse que eran de la CIA y haciendo que no tenía nada que ocultar, les invité a pasar adentro y disfrutar de aire acondicionado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mujer, una asiática que se presentó como Sara Quan, fue la primera en aceptar mientras me preguntaba qué sabía del accidente de la avioneta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_002_8454.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―El incendio que provocó― contesté y señalando un montículo, expliqué que desde la casa solo pudimos divisar la estela de humo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tenemos su llamada a la policía registrada y en ella usted hablaba de accidente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Advirtiendo que la tal Sara no era inmune a mis encantos, más tranquiló comenté que era la única explicación lógica dado que estábamos en época de lluvias y la selva estaba enfangada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Trata de hacer fuego con todo encharcado― sonreí mirándola a los ojos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La asiática rehuyó mi mirada, consciente de lo mucho que la atraía y pasando a las chavalas les preguntó por su presencia ahí. Ía recordando como los humanos se escandalizaban con el sexo, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Follar como loca desde que Miguel me dio posada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La investigadora no se dejó engañar por la burrada y haciendo su trabajo, &nbsp;la miró con desprecio mientras observaba que la pelirroja se había agarrado a mi brazo. Molesta por ese arrumaco, le preguntó a ella lo mismo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Disfrutar como una perra con este macho. No se imagina lo cerdo que es en la cama― replicó Ua frotando su sexo contra mí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La desfachatez de las muchachas la indignó y tomando sus pasaportes, fue a su coche a comprobar sus identidades mientras su compañero repetía las mismas preguntas a la mulata.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Soy la cocinera, pregunte en el pueblo― contestó ésta disfrutando al ver el deseo reflejado en los ojos del rubio aquel: ―Deseas algo de picar, puedo traértelo de la cocina, muchachón.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El agente enmudeció al sentir la mano de la mulata recorriendo su trasero y más cuando en plan coqueta, quiso saber si tenía novia. Por eso agradeció que Sara volviera con el portátil y se pusiera a corroborar con las dos suecas sus identidades.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por lo que veo, ambas han pedido una excedencia de dos años en sus trabajos, ¿puedo saber por qué?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tomando la palabra, Ua respondió siguiendo con el carácter descerebrado que había mostrado hasta entonces:</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estábamos cansadas de la monotonía y decidimos hacer un paréntesis para vivir la vida. Usted hubiera hecho lo mismo si sus únicos amantes fueran descendientes de vikingos más interesados en beber que en complacerla. ¿No le apetece un mojito? La empleada de Miguel los prepara de lujo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No, gracias estoy de servicio― cabreada quizás al ver que esas crías habían podido realizar sus sueños y ella no, preguntó desde cuando me conocían.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cinco días con cinco largas noches― imitando a su teórica compatriota, Ía se pegó a mí mientras respondía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al contemplar a esas dos insensatas colgadas de mis brazos, la oriental comprendió que poco iba a sacar de nosotros todos juntos y por ello, se dio por vencida todavía con la mosca tras la oreja.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Jerry, tenemos que seguir― dijo al advertir que el rubio no podía retirar sus ojos del pandero de Tomasa y dirigiéndose a mí, me informó que si tenían preguntas volverían.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si vienen por la mañana, con seguridad estaremos en la playa. Este par están obsesionadas con tomar el sol ― respondí magreando los culos de las nórdicas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La cara de placer de las aludidas dio veracidad a mis palabras y sintiendo que estorbaban, los dos agentes acompañados por los militares se subieron a sus vehículos y se fueron. Al marcharse me quedé con la sensación de que esa tipa sospechaba algo y así se lo hice saber a las chavalas. Dando verosimilitud a mis palabras, Ía cogió su ordenador y se puso a rastrear qué clase de información había consultado la agente. Tras comprobar que no solo se había centrado en organismos oficiales, sino que también las había buscado en redes sociales, declaró muy ufana que no había problema y que lo tenía controlado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_001_6294.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Me puedes enseñar tu perfil en Facebook?― pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al revisarlo confirmé mis temores. Era demasiado perfecto, preciso e impersonal, impropio de una joven de su edad. No había referencias a borracheras, fiestas o actitudes juveniles. Todo se circunscribía a sus estudios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tenemos un problema― comenté haciéndoles partícipes de sus fallos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comprendieron de inmediato a qué me refería. Bajo un prisma humano, esas ausencias hacían intuir una manipulación deliberada y que esa manipulación estaba destinada a ocultar una actividad poco clara. Asustadas, me pidieron consejo y fue entonces cuando nuevamente Tomasa demostró que, además de saber cocinar, tenía una mente bien amueblada:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Hay que darle carnaza. Vi cómo os miraba y la indignación que sentía al veros en plan melosas con un hombre que teóricamente os dobla la edad. Si le dejáis que descubra un tejemaneje con Miguel, morderá el anzuelo y podréis dirigir sus pesquisas a otro lado.</p>



<p>―¿En qué piensas?― dije interesado.</p>



<p>―Según me habéis dicho, te han convertido en un hombre riquísimo mientras ellas lucen como un par de cerebritos. Debes hacerla creer que la has mentido y que al contrario de lo que la habéis dicho, las niñas llevan trabajando para ti desde hace tiempo en un proyecto secreto.</p>



<p>Pensando en voz alta, comenté que dado los múltiples sectores económicos en los que se suponía estaba involucrado, podían fungir como mis asesoras en la sombra y que por ello habían borrado cualquier tema que pudiera ser usado en su contra.</p>



<p>―Tiene que ser algo gordo. Un tiburón no deja de perseguir a una gran presa por que se le cruce una pequeña― recalcó la viuda.</p>



<p>Pensando que esos agentes estaban investigando una presencia alienígena no se me ocurría nada. Las prodigiosas mentes de esos seres viendo el problema se pusieron a trabajar y tras un par de minutos, Ua preguntó si sería suficiente un nuevo sistema de desalinización que no requiriera gran cantidad de energía. Aunque en un principio no caí en su relevancia, al meditar sobre lo que supondría hacer potable el agua del mar para la humanidad, comprendí su importancia dado que no solo se podría dar de beber a millones de personas, sino que teniéndola en ingentes cantidades podría ser usada para cultivar extensiones que hasta entonces eran secarrales.</p>



<p>―¡Se acabaría el hambre del mundo!― exclamé.</p>



<p>―Y el poseedor de las patentes se convertiría en uno de los hombres más poderosos del mundo. Sería capaz de tumbar gobiernos con la sola amenaza de dejarles fuera del reparto― dejó caer.&nbsp;</p>



<p>Confieso que me dio vértigo el oírla porque no en vano me había retirado a ese edén huyendo del día a día de la que era mi empresa. La certeza que mi supuesta retirada de los negocios sería vista por los investigadores como lógica al concentrar todos mis recursos en ese hito me hizo acceder a que prepararan esa cuartada, sin olvidar el beneficio global que ese invento provocaría por todo el orbe. Por eso, únicamente pregunté cómo lo harían. Riendo a carcajadas y mientras volvía a insertar sus hebras en el ordenador, Ía comentó que ya era dueño desde hacía dos semanas de una veintena de patentes que la harían posible y que solo faltaba darlo a conocer.</p>



<p>―Para dar mayor credibilidad deberíamos aliarnos a una tecnológica de prestigio― respondí. Al ver sus sonrisas, comprendí que ante de decirlo había ya conseguido una candidata: ―¿Cuál tenéis en mente?</p>



<p>―¿Serviría Alfa Centauro?</p>



<p>No me pasó inadvertido que habían elegido esa gigantesca corporación sueca por algún motivo y cabreado porque me estuvieran soltando la información poco a poco, les exigí que se explicaran.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_005_fdba.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Llevan años investigando sobre nanotecnología y ya que vamos a utilizar masivamente esos compuestos, es la que mejor encaja. Sus balances no están demasiado aseados y su actual presidente no vería con malos ojos que un inversor con dinero fresco se haga con la mayoría si con ello blinda su puesto.</p>



<p>―Contacta con él y pídele una cita― respondí viendo por otra parte que cualquier extraño no vería raro que eligiera una empresa del país natal de mis dos principales asesoras.</p>



<p>―Ya lo he hecho, mi amado Íel y está esperando tu llamada.</p>



<p>―Nena, ¿no te olvidas de algo? ¡No hablo su idioma!</p>



<p>―Tú no, pero yo sí― cayendo en el problema, comentó.</p>



<p>Mientras su compañera se dedicaba a conseguir los fondos que necesitaríamos deshaciendo posiciones de bolsa, la puñetera criatura tomó el teléfono y lo llamó. La conversación duró poco. Al cabo de cinco minutos,&nbsp; luciendo la mejor de sus sonrisas, me contó que tal y como había previsto, el empresario se había mostrado interesado en reunirse con nosotros cuanto antes.</p>



<p>―¿Para cuándo nos has sacado los billetes de avión?― pregunté asumiendo que la cita sería en Estocolmo.</p>



<p>―Mañana a las siete de la mañana, Erik Anderson llegará a San José donde tomará otro vuelo hacia aquí― respondió para acto seguido demostrar por enésima vez que iba por delante de mí mil pueblos al decirme que sería conveniente que llamara a la embajadora por si quería acompañarlo.</p>



<p>―¿Qué tiene que ver Agda en este asunto?</p>



<p>Despelotada de risa, esa arpía replicó:</p>



<p>―Esa zorrita está rendidamente enamorada de ti y su presencia nos viene bien por si los de la CIA siguen indagando. Se andarán con pies de plomo para no crear un problema diplomático.</p>



<p>Fijándome en Tomasa, no vi en ella ningún rastro de celos y extrañado, decidí guardármelo para mí, sabiendo que tendría tiempo para averiguar los motivos por los que, al contrario de lo sucedido con la camarera, que la nórdica babeara por mí no despertaba sus iras.</p>



<p>Para entonces el reloj marcaba las cuatro y tal como era mi costumbre decidí contemplar el aguacero que se estaba formando desde el porche de la casa mientras me tomaba un whisky. La viuda vio mi petición como una normalidad a la que agarrarse y olvidando momentáneamente el cambio que esos seres habían provocado en nuestra rutinaria vida, fue por él. No me quedó duda que tampoco quería estar presente cuando llamara a la cuarentona y por eso, tomando mi móvil no esperé su vuelta para llamar a la embajadora. Agda no tardó en contestar. Al explicarle que deseaba que nos sirviera de enlace con su paisano y que le pedía que lo acompañara a verme, no dudó en aceptar. Y susurrando al micrófono me hizo saber que esperaba que durante la visita pudiera disfrutar de mis brazos.</p>



<p>―No he podido dejar de pensar en ti.</p>



<p>―Yo tampoco― le mentí mientras me despedía de ella hasta el día siguiente.</p>



<p>Todavía no había vuelto Tomasa con mi acostumbrado Cardhu cuando las primeras gotas hicieron su aparición regando los platanales. Ensimismado como tantas tardes con ese fenómeno, no pude dejar de pensar en la forma que solo unos días antes las chavalas que tenía a mi lado habían aparecido llenas de barro y temblando de frio. Sin ser capaz de valorar todavía los efectos que tendrían en mi futuro, comprendí que bien llevadas podían ser una bendición para el ser humano siempre y cuando no se apoderaran de su destino. No podía dejar de valorar su interés por el bien común, pero no por ello podía obviar el peligro que representaban esos seres.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_007_40e3.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;«Si dos son capaces de acabar con la sed en el mundo,&nbsp; ¿qué harían miles o millones de ellas interactuando conjuntamente?», medité preocupado mientras escuchaba los pasos de la mulata acercándose.</p>



<p>Respetando mi concentración, tras dejar la bandeja sobre la mesa, Tomasa pidió a las crías que la acompañaran adentro para que no me molestaran. Agradecí el gesto y meneando con un dedo los hielos en el vaso, seguí disfrutando de las columnas de agua cayendo sobre la finca sin dejar de pensar en cómo afrontar el problema. Media hora más tarde el diluvio cesó, no habiendo obtenido una respuesta y meditabundo, entré a la casa. En el salón, Ua e Ía miraban absortas la televisión. Al fijarme en ellas, descubrí que estaban llorando y alucinado me senté a su lado con la intención de saber qué era lo que las había impactado tanto. Ante mi sorpresa estaban viendo “el lago azul”, la vieja película interpretada por una Brooke Shields adolescente que narraba la experiencia de dos niños que se había quedado varados en una isla desierta y cómo poco a poco habían descubierto su sexualidad.</p>



<p>«Esto ha sido cosa de la mulata», comprendí y que no había sido casual que el primer film que contemplaran fuera ese: «Dos huérfanos ante un ambiente desconocido y sin nadie que les explicara qué sucedía a sus cuerpos».</p>



<p>Las risas de las crías cuando en la pantalla Brooke descubre a su compañero masturbándose se convirtieron en lágrimas cuando se daban el primer beso y sintiéndose identificadas, giraron sus caras hacia mí al contemplar la dulce manera en que los protagonistas perdían su virginidad. Reconozco que me sentí incómodo al saber que de alguna forma el siguiente paso en su humanización pasaba por hacerles el amor y levantándome del asiento, dejé que terminar de ver la película ellas solas.</p>



<p>Sabiendo que Tomasa había seleccionado esa historia con un propósito, decidí salir de dudas hablando con ella. Encontré a la viuda preparando la cena ajena a lo que se le venía encima, pero al verla en sus actividades cotidianas no fui capaz de plantarle cara y cogiendo una silla, me puse a observarla en silencio. La belleza de su cuerpo y el meneo de su trasero mientras cocinaba me parecieron algo sublime.</p>



<p>«Es preciosa», sentencié admitiendo por fin que llevaba colado por ella mucho antes que esas mujercitas llegaran a nuestras vidas y que, si no había caído antes rendido ante ella, se debía a sus reparos a que la gente de su pueblo la catalogara como una buscavidas. También fui consciente de que los sutiles cambios en su anatomía solo habían hecho avivar la hoguera de mi interior, convirtiéndola en un incendio.</p>



<p>Saber que mi amor era correspondido me hacía más difícil comprender que no sintiera celos de Agda cuando no era un secreto que me había acostado con ella. Por ello cuando se percató que la espiaba, no pude dejar de atraerla hacia mí y besarla, tratando de compensar que al día siguiente esa rubia llegara a la que ahora era su casa por derecho. Riendo al recibir mis caricias, me pidió que la dejar terminar la cena no fuera a quemarse, pero obviando sus suplicas la abracé con más fuerza. Esta vez no rehuyó mis besos y reaccionando con una pasión que desbordó mis previsiones, me rogó que la amara. Desabrochando su delantal, lo dejé caer al suelo mientras Tomasa buscaba despojarme de la camisa. La urgencia con la que nos desnudamos fue una muestra del deseo que nos dominaba y sin importarnos la cazuela que seguía al fuego, nos lanzamos de cabeza a sellar nuestro amor.</p>



<p>―Tómame, lo necesito― sollozó mientras entrelazaba sus piernas alrededor de mi cintura.</p>



<p>Esa necesidad era la mía y por eso no dudé en acercar mi erección a su sexo. Al sentir mi glande rozando su vagina, la mulata se empaló lentamente dejándose caer. Esa calma me permitió disfrutar de cómo sus labios se iban abriendo y sentir cómo mi pene se sumergía en la hogareña humedad de su coño.</p>



<p>―Te amo, mi dulce negrita― susurré en su oído absorbiendo las sensaciones.</p>



<p>―Te amo, mi perverso blanquito― contestó feliz al notar que la llenaba por completo y con la misma parsimonia con la que se había empalado, comenzó a moverse mientras buscaba mis besos.</p>



<p>Nuestras lenguas se entrelazaron en su boca y mis manos recorrieron sus pechos al ritmo que ella marcaba izándose y dejándose caer sobre mi miembro. Poco a poco fue exigiéndome más forzando y alargando mis penetraciones hasta que ya presa de lujuria, buscó su placer pidiendo que mamara de sus pechos. Ni siquiera había aproximado la boca a sus areolas cuando de pronto vi dos pequeños chorros emergiendo de ellas. Incapaz de rehuir a su llamada, abrí mis labios para apoderarme de sus pezones. Al sentirlo, gimió descompuesta acelerando los movimientos que tanto placer la proporcionaban mientras me rogaba que, aunque sabía que me tendría que compartir, nunca la dejara.</p>



<p>&nbsp;―Mi corazón siempre será solo tuyo― respondí impresionado con la hondura de sus sentimientos.</p>



<p>Esa frase con la que ratificaba que lo nuestro no era solo sexual la impulsó a incrementar más si cabe la velocidad con la que buscaba que derramase mi simiente en su interior. No me importó que esa belleza de ébano zarandeara mi virilidad como tampoco que en su lujuria clavara sus uñas en mi espalda marcándome como suyo. Tenía claro que el destino y esas arpías iban a proporcionarme distintas mujeres para que las fertilizara, pero también que al llegar la noche buscaría siempre los brazos de Tomasa. &nbsp;Asumiendo que quizás hubiesen reservado un papel parecido a la mujer que estaba amando, curiosamente lo comprendí.</p>



<p>«Para ese par, somos la Eva y el Adán que formalizaran el nuevo pacto con su especie», pensé mientras una y otra vez mi glande chocaba con la pared de su vagina. Los sollozos de Tomasa me hicieron volver a la realidad y no pude más que olvidando mis reparos, buscar complacerla sin que el oscuro nubarrón que se cernía sobre nosotros pudiera ocultar mi alegría al saber que siempre la tendría a ella iluminando mi existencia con su cariño.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_008_29f9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>El placer no tardó en llamar a su puerta dada la insistencia con la que estaba horadando su fértil sembradío y voz en grito me informó que se corría al sentir que un orgasmo brutal se iba formando en el fondo de sus entrañas. Queriendo que mi propio clímax coincidiera con el suyo, aceleré el compás de mis caderas.</p>



<p>―Me corro― repitió mientras su cuerpo ardía de gozo con el cambio de velocidad.</p>



<p>Dando un lugar prominente a mi amada pareja, me olvidé de mi placer y busqué únicamente que ella disfrutara mamando de sus pechos. Al sentir nuevamente mi boca succionando hambrienta en sus pezones, Tomasa rugió convertida en una pantera y mordió mi cuello marcándome para siempre como su propiedad. Todavía no comprendo, pero sus dientes hundiéndose en mi carne me liberaron y sucumbiendo ante ella, acepté su autoridad como la gestora de mi destino mientras esparcía mi semilla dentro de ella.&nbsp;</p>



<p>Seguíamos abrazados sobre la mesa de la cocina, disfrutando con los estertores de nuestros orgasmos cuando a nosotros llegó el olor a quemado. &nbsp;Muerta de risa mientras apagaba la lumbre y tiraba el guiso a la basura, mi adorada diosa me acusó de ser el culpable de que esa noche tuviésemos que salir a cenar fuera.</p>



<p>―¿Dónde te apetece ir? – descojonado reconocí el pecado.</p>



<h1 class="wp-block-heading">10</h1>



<p>De acuerdo en cenar fuera, fuimos a notificar a “nuestras niñas” que esa noche iríamos a un restaurante especializado en pescado. Al llegar al salón, ambas seguían absortas viendo el final de la película sin percatarse de nuestra llegada mientras en la pantalla los actores se dejaban llevar por la corriente pensando que era el final de sus días. Viendo la angustia con la que recibían esas imágenes decidí que terminaran de ver como el padre del muchacho los recogía de la balsa salvándoles la vida. Tal y como esperaba, al ver que acababa bien y que la pareja era rescatada, sonrieron sintiéndose quizás representadas.</p>



<p>―Veo que os ha gustado― comenté al advertir que respiraban relajadas con ese final.</p>



<p>―Sí― contestó Ua mientras se secaba con una de sus mangas las lágrimas: ―Me sentía fatal pensando que esos muchachos y su hijito iban a morir sin poder hacer nada por evitarlo.</p>



<p>Por sus palabras comprendí que creían que lo que habían estado viendo era algo real y no producto de la imaginación de unos guionistas. Sentándome junto a ellas, les expliqué que no era un documental sino una historia ficticia. Como no parecían comprender lo que les decía busqué en mi móvil a Brooke Shields en la actualidad y mostrándosela en la pantalla, comenté que la joven que habían visto en esa isla ya tenía cincuenta y cinco años.</p>



<p>―Entonces, ¿no era cierto? ¿El cocinero no murió? ¿Ni nada de lo que vimos pasó en la realidad?</p>



<p>Desconcertado al comprobar lo poco que sabían de los humanos a pesar de sus mentes prodigiosas, dediqué más de un cuarto de hora en explicarles que al igual que los escritores plasmaban en sus libros historias, que o bien habían oído o bien se habían inventado, los directores de un film hacían lo mismo. Cogían sus vivencias o las de otros, le daban forma y creaban un producto con el que los espectadores disfrutaran. Que como en “el lago azul” algunas veces podía ser en plan romántico, pero también podía ser una comedia o incluso una película de terror.</p>



<p>―¿Quién paga para pasar miedo?― preguntó la rubia escandalizada.</p>



<p>Me abstuve de anticiparla que también había de guerras o de desgracias naturales, si se quedaban en la tierra ya tendrían tiempo de saberlo y dándolas por imposibles, les comenté que debido a la torpeza de Asa tendríamos que salir a cenar fuera.</p>



<p>―Serás cretino, mi pérfido amor. Si se me quemó la cena fue por tu insistencia en desperdiciar una simiente que tanto necesitan nuestras zorritas― respondió haciéndome también responsable de que esos dos bellos seres pudiesen pasar hambre.</p>



<p>―No te preocupes, Asa― replicó la pelirroja acariciando las ubres de la cocinera:― Nuestro macho tiene suficiente reservado para nosotras y si no lo tiene, buscaremos nuestro sustento en ti.</p>



<p>No pude evitar la carcajada al ver crecer bajo la blusa de la mulata sus pitones e imprimiéndoles prisa, les pedí que se cambiaran porque el sitio al que íbamos era el más elegante del pueblo y quería que estuvieran guapas para los parroquianos del lugar. Aceptando mi sugerencia las tres mujeres se fueron a preparar mientras me quedaba pensando en qué más ignoraban esas criaturas de los humanos. Media hora tardaron en estar listas, pero no me quejé al comprobar el esmero con el que se habían acicalado y sintiéndome un jeque árabe en compañía de su harén, les abrí la puerta del coche para que se subieran. No habían aposentado sus traseros en los asientos cuando empecé a escuchar a Gloria Estefan cantando uno de sus éxitos.</p>



<p>«Menos mal que nos les ha dado por el Heavy», sonriendo medité pensando que, si ese hubiera sido el caso, cualquier mañana me hubiesen despertado con el vocalista de Iron Maiden desgañitándose.</p>



<p>Los quince kilómetros hasta Puerto Jimenez me parecieron pocos al volante de ese prodigio de la ingeniería y apenas diez minutos después aparqué frente a Soda Marbella. Al ver la humildad de ese sitio, temí que la comida fuera acorde con el ambiente, pero Tomasa viendo mi cara me aseguró que era el mejor lugar para comer marisco de toda la zona. Creyéndola, apagué el coche y nos bajamos. Al aparecer en el local, la dueña dejó todo y acudió a saludar a su paisana. El afecto con el que las dos mulatas se trataron me tranquilizó ya que era seguro que la tal María se esmeraría en darnos de cenar estando su amiga entre nosotros. Lo que no preví fue que Manuel, el sargento, estuviese cenando en una de sus mesas con los gringos y menos que alzando la voz, nos invitase a acompañarnos. No deseando mostrar las pocas ganas que tenía de disfrutar de la compañía de los agentes de la CIA intenté disculparme, pero entonces actuando con una temeridad indiscutible vi que Ua e Ía se sentaban, dejando a Tomasa entre los dos hombres y a mí a la derecha de Sara.</p>



<p>―Me viene estupendo su llegada― dijo la oriental en cuanto tomé asiento y señalando discretamente a las supuestas nórdicas preguntó: ―¿Me puede explicar por qué prefirió que pasaran como sus amantes y no como sus estrechas colaboradoras?</p>



<p>&nbsp;Tomando la servilleta y llevándola a mis piernas, contesté:</p>



<p>―Secreto industrial. Si me da dos días, comprenderá porque estas crías se han desplazado hasta aquí.</p>



<p>―¿No puedes anticiparme algo?― insistió tuteándome por vez primera.</p>



<p>Por su tono, intuí que esa monada de ojos rasgados estaba afectada por mis hormonas y que lo que realmente quería era saber si tendría alguna posibilidad de acabar en mi cama. Sonriendo, cogí su mano y murmuré en su oído:</p>



<p>―Pasado mañana, la invito a cenar y le cuento todo lo que usted ya sabe.</p>



<p>No supe si enrojeció al sentir mis dedos jugueteando con los suyos o porque hubiese descubierto que había violado mi intimidad escarbando en mis negocios, lo cierto es que no hizo ningún intento de quitarla mientras las dos criaturas no perdían detalle de mi comportamiento. Y no menciono a Tomasa, porque bastante tenía la pobre con defenderse del acoso al que la estaban sometiendo tanto Manuel como el rubio gigantón compitiendo entre ellos para que les hiciera caso.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_010_71a2.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Sara, ¿tienes un marido o una pareja esperando en Estados Unidos?― con desfachatez preguntó Ua forzándola a descubrirse.</p>



<p>Para mi sorpresa, la agente no se quejó de esa intromisión en su vida privada y sin dejar de mirarme a los ojos, le respondió que vivía en San José y que estaba soltera y sin compromiso. Juro que me quedé helado al ver que disimuladamente la pelirroja hundía sus hembras en el brazo de la oriental y más cuando satisfecha con lo que había encontrado en ese breve examen, sin preguntarme le ofreció que la próxima vez que viniera a la zona se quedara en mi casa.</p>



<p>―No me gustaría molestar― ajena a haber sido auscultada, respondió diplomáticamente no queriendo evidenciar la ilusión que le había hecho esa propuesta.</p>



<p>Supe que habían visto algo en los genes de la investigadora que cuadraba con su misión, pero nunca me imaginé que desde el otro lado de la mesa y apoyando a Ua, Ía insistiera:</p>



<p>―No molestaría, Miguel tiene una cama grande donde le haríamos un sitio.</p>



<p>O bien durante el examen habían preparado el terreno con una inyección de estrógenos o por el contrario esa joven policía tenía la sexualidad a flor de piel, porque en vez de escandalizarse se mordió los labios mientras contestaba que se lo pensaría. Nuevamente Ua, haciéndole una carantoña en la mejilla, traspasó los limites susurrando en su oreja el placer que obtendría cuando yo, su amado jefe, hundiera mi boca entre sus piernas. En vez de levantarse e irse, Sara instintivamente cerró sus rodillas al imaginarse mi lengua jugando en su sexo. Su entrega hizo que bajando la mano por debajo del mantel la pelirroja comenzara a recorrer con sus dedos los muslos de la mujer mientras las miraba petrificado.</p>



<p>―Una cerveza― pedí al camarero consciente de que en esos precisos instantes Ua estaba explorando los límites a los que podría llegar la calentura de esa asiática.</p>



<p>―Otra para mí― sollozó ésta al sentir una yema hurgando por debajo del tanga que llevaba puesto.</p>



<p>Tras comprobar la pelirroja la humedad que anegaba la entrepierna de su víctima, decidió que era suficiente. Sacando su mano de debajo de la mesa, llevó sus dedos impregnados de flujo mientras dulcemente me pedía que se los lamiera para que así pudiese confirmar si me iba a gustar el conejo que pasado mañana tendría para cenar. Al comprobar que Sara esperaba ansiosa el resultado, saqué la lengua y caté por anticipado ese manjar. No mentí cuando cediendo a mi propia lujuria, respondí que estaba delicioso pero que prefería tomarlo directamente de su envase. Al escuchar mi burrada, la agente empezó a temblar y ante mi sorpresa, se corrió calladamente mientras, ignorando el orgasmo que estaba sufriendo su compañera, Erik contaba un chiste a la mulata, tratando de ganarse su favor.</p>



<p>Con las risas de Tomasa todavía resonando en sus oídos, Sara se disculpó diciendo que necesitaba ir al baño y levantándose, huyó. Ua esperó a que desapareciera para reírse de sus prisas en ir a masturbarse y como si fuera una información que me interesara, me hizo saber que estaba en sus días fértiles por lo que, si la acompañaba al servicio, era seguro que la dejaría embarazada.</p>



<p>―Los hombres no siempre buscan tener descendencia al tomar a una mujer― musité en voz baja: ―La mayoría de las ocasiones es lo último que queremos. Con el placer nos basta.</p>



<p>Mis palabras las dejaron pensando y fue la rubia la que finalmente me hizo la pregunta que debía estar rondando en sus mentes desde hace un par de días:</p>



<p>―Entonces, no te importaría amarnos como mujer sabiendo que con ello no tendrías un hijo.</p>



<p>Tal y como había planeado si se entregaban a mí, eso las haría humanizarse y por eso, &nbsp;contesté :</p>



<p>―No tenéis por qué preocuparos al no querer ser madres. Si algún día decidís que os tome, decídmelo y lo haré encantado.</p>



<p>―¿Puede ser hoy? Mi amado Íel― preguntó totalmente colorada su compinche.</p>



<p>Comprendí que la dichosa película y la forma en que la protagonista había descubierto su sexualidad les había entusiasmado cuando, acompañando a la pelirroja, la rubia propuso esa noche que durmiéramos en la playa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_012_0fee.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿No preferís la cama? Es bastante más cómodo para vuestra primera vez.</p>



<p>&nbsp;Para mi sorpresa, aceptaron siempre que me comprometiera a amarlas otro día a la luz de la luna con el rumor de las olas como música ambiente. No me quedó duda que esa cursilada la habían sacado de una canción. Lanzándolas un beso, se lo prometí mientras pedía una botella de vino para saciar la sed que esa petición había creado en mi garganta. Si bien era algo que buscaba, saber que en cuanto llegara a casa las tendría por fin me tenía de los nervios, ya que no recordaba haber desvirgado a alguien.</p>



<p>«La primera vez es importante», me dije pensando en mi ex y en los miedos que un estreno lamentable había provocado en ella y que, por culpa del bruto de su novio de entonces, quedó marcada para siempre.</p>



<p>Seguía pensando en eso cuando acomodándose la ropa Sara salió del baño y volvió a la mesa. Su sofoco no había desaparecido y por eso cuando se sentó le costó hablar y permaneció callada mientras Erik monopolizaba la conversación contando anécdotas de su trabajo. La cordialidad que mostraban los investigadores asignados al accidente me informó que nos habían descartados como sospechosos y por eso me permití preguntar a la oriental cómo iban sus pesquisas.</p>



<p>―Estamos en un callejón sin salida― reconoció: ―Todo lo que envuelve a este caso es muy raro. Nuestros jefes nos mandaron a indagar creyendo que era o una nave rusa o una china dado que según el radar apareció de improviso a más de diez mil de altura y solo los aviones militares llegan a esa altura. Al tomar muestras del amasijo de hierros, nuestros científicos comprobaron que eran de una aleación desconocida de la que nunca habíamos oído hablar.</p>



<p>―Entonces habéis llegado a la conclusión que sea de quién sea os llevan la delantera― comenté.</p>



<p>―Eso pensaban, pero tras un segundo análisis descubrieron la presencia de metales que no existen mas que teóricamente y eso ha abierto otras posibilidades― declaró en voz baja, temiendo ser oída.</p>



<p>Esa locuacidad en una espía no era normal en una espía y con el convencimiento de que algo habían tenido que ver Ua y su examen, insistí en qué país centraban ahora sus sospechas. Viendo que Erik seguía tonteando con mi mulata, musitó:</p>



<p>―Una parte de los expertos consultados no creen posible que su origen sea terráqueo.</p>



<p>Quitando importancia a la confidencia que me acababa de hacer, me reí haciéndole ver que solo los muy crédulos creían en Ovnis.</p>



<p>―Eso pensé al principio, pero al investigar los restos biológicos llegaron a la conclusión que esos seres respiraban amoniaco.</p>



<p>Esa información sobre los antiguos protectores de las muchachas me interesaba y a pesar de que intenté que no se me notara, no estoy muy seguro de que lo hubiera conseguido al preguntar:</p>



<p>―¿Me estás diciendo que lo que en teoría eran unos pulpos en realidad eran los tripulantes y que encima eran alienígenas?</p>



<p>Dudó antes de responder:</p>



<p>―Que no eran de aquí, parece claro… pero gracias a que sus cuerpos estaban casi intactos los biólogos pudieron examinarlos y hallaron que, por el tamaño de sus cerebros, esos bichos no podía ser los pilotos ya que debían tener una inteligencia muy limitada.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/54/94618823/94618823_013_8088.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>Mi cara de sorpresa alertó a las crías que algo pasaba y por ello pudieron escuchar a la oriental comentando que esa era la razón por la que ellos seguían ahí, ya que buscaban supervivientes.</p>



<p>―No habéis pensado en que pudiera ser una nave no tripulada― pregunté tratando de abrir otra línea de investigación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo hemos contemplado, pero la trayectoria que siguió antes de estrellarse sugiere que esa nave dejó algo en la superficie antes de volverse a elevar y estrellarse.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Olvidándome de ella, observé a las crías y descubrí que rehuían mi mirada al darse cuenta de que Sara acababa de desmontar la versión que nos habían dado. El accidente era una coartada para ocultar que premeditadamente las habían dejado frente a mi casa. Mi cabreo no evitó que siguiera indagando y acomodando mis ideas, pregunté si entre las diversas hipótesis de trabajo creían que los pasajeros del ovni habían desembarcado con anterioridad al accidente. Temiendo quizás haber hablado ya de más, Sara aprovechó que llegaba el camarero con la comida para no responder. Reconozco que me quedé con ganas de averiguar qué más sospechaban,&nbsp; pero sabiendo que en dos días cenaría con ella a solas, decidí no insistir y probé mi langosta.</p>



<p>Al comprobar que Tomasa no había mentido al alabar la cocina del lugar, miré a la negrita y comprobé que estaba gozando con las atenciones del gigantón. Recordando lo mal que lo pasó durante su matrimonio y que apenas acababa de redescubrir el sexo, no quise que dejara de disfrutar de su renovado atractivo y me dediqué a agasajar a Sara preguntándole por su vida. Así me enteré de que llevaba en Costa Rica dos años y que antes había estado destinada en México. Nuevamente la oriental se fue de la lengua comentando pasajes por los que ni siquiera le había interrogado y me explicó que su novio la había dejado apenas hacia seis meses por que no aguantaba sus prolongadas ausencias.</p>



<p>―No podía aceptar que antepusiera mi trabajo― se quejó.</p>



<p>Rompiendo el mutismo en que se había instalado, Ía le preguntó si se había buscado alguien que le supliera.</p>



<p>―No he tenido ni tiempo ni ganas hasta ahora― respondió buscando en mis ojos una señal que le permitiera creer que estaba interesado en ella.</p>



<p>Su desamparo me impactó porque no en vano la había catalogado como una persona autosuficiente, capaz de conseguir al hombre que le viniese en gana. Al saber que no era así y que tras la fachada de funcionaria de inteligencia se escondía una mujer indecisa, me permití decir:</p>



<p>―No te preocupes ya llegará tu momento. Eres una mujer preciosa.</p>



<p>Mi piropo consiguió el efecto contrario al que quería. En vez de sonreír, Sara se echó a llorar desconsolada diciendo que su tren había pasado. Para mi sorpresa, Ua que estaba a su lado dejó de comer y la acogió entre sus brazos, intentando consolarla.</p>



<p>―Desahógate, estás entre amigos― susurró mientras acariciaba a la joven.</p>



<p>Desde mi silla, estaba observando que esos mimos no tenían ninguna connotación sexual y que únicamente buscaban confortarla, cuando de repente caí en las lágrimas que recorrían las mejillas de la pelirroja. Intrigado miré a su compañera y descubrí en sus ojos, que de alguna forma ambas estaban compartiendo el dolor de Sara.</p>



<p>«No pueden dejar de sentir empatía por ella», me dije viendo en ello un arma que usar contra esos seres.</p>



<p>La confirmación que en su naturaleza estaba el solidarizarse con los desafortunados e intentar hacerles mas llevaderas su angustia vino cuando imitando a Ua, la rubia acercó su silla a donde permanecían abrazadas y trató de ayudarla preguntando qué podía hacer para que se sintiera mejor mientras hundía sus apéndices bajo el pelo de la oriental. Consciente que nadie podía ver lo que estaba haciendo, me quedé esperando el resultado de su examen. Solo habían pasado unos segundos cuando, girándose hacia mí, Ía me rogó que tomara de la mano a Sara.</p>



<p>―Necesita tu contacto― me dijo con tono dulce confirmando de esa manera que había visto en la mente de la oriental que yo era la solución a sus problemas.</p>



<p>No pensé en cómo lo había averiguado ni en que quizás la congoja de esa mujer se había visto magnificada por haber sido manipulada por ellas e instintivamente cogí la mano de Sara. Tal y como había previsto la rubia, ese gesto consiguió aplacar la espiral autodestructiva de la agente y poco a poco se fue tranquilizando.</p>



<p>―Gracias― sin soltarme, musitó ya más repuesta y viendo que del otro lado de la mesa su asistente seguía charlando animadamente con Tomasa, intentó disculpar su arrebato bajando el volumen de su voz.</p>



<p>―No has hecho nada por lo que tengas que pedir perdón― le dije mientras recriminaba con los ojos a los dos seres su supuesta metedura de pata. Confirmé que era así y que habían contribuido a incrementar la zozobra de esa agente cuando totalmente avergonzadas fueron incapaces de sostenerme la mirada.</p>



<p>«Eso les ocurre por sentirse Dios», murmuré para mí cabreado: «No comprenden a los humanos y aun así se atreven a manipularnos».</p>



<p>Haciendo un gesto a la rubia, le pedí que me acompañara al baño. Sabiendo sus culpas, Ía se levantó acojonada y en silencio me siguió por el restaurante. Cuando ya nadie podía vernos, la cogí del brazo y le eché una bronca que no estaba destinada solo a ella sino a las dos, acusándolas de ser una irresponsables al no saber medir sus actos.</p>



<p>―Los humanos no somos vuestras mascotas y menos vuestras cobayas― le dije mientras la zarandeaba.</p>



<p>Hoy sé que me pasé de violento y que no medí mi fuerza, pero estaba fuera de mí cuando al ver que no parecía comprender su pecado le solté un tortazo que la tumbó. Lejos de compadecerme de ella al verla despatarrada en el suelo, volví a mi sitio. Ua supo que algo había pasado al verme solo y disculpándose con la oriental, fue en busca de su compañera. Sara aprovechó que se habían ido para comentar la suerte que tenía al tener dos colaboradoras tan amables.</p>



<p>«Amables, ¡mis huevos! ¡Son un par de zorras!», mentalmente exclamé sin exteriorizar mi disgusto ante ella.</p>



<p>Al cabo de unos minutos y cuando ya estábamos en el postre, retornaron cabizbajas y en silencio se sentaron lo más alejado posible de mí. Pasando de ellas,&nbsp; pedí un whisky que me hiciera olvidar mi enfado. Tomasa que hasta entonces se había mantenido al margen se percató al instante de la actitud reservada que mantenían y corriendo a su lado, les preguntó que había ocurrido. Con lágrimas en los ojos, Ía se lo explicó creyendo quizás que obtendría consuelo, pero en vez de ello, la mulata se indignó y les dijo que ella les hubiese dado una paliza por irresponsables.</p>



<p>―Habéis tenido suerte que fuera Miguel y no yo― les espetó dejándolas solas rumiando su desesperación.</p>


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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 5&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Mar 2026 18:25:00 +0000</pubDate>
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<h1 class="wp-block-heading"><em>7</em><em></em></h1>



<p>La sensación de ser usado apenas me dejó dormir. En cuanto intentaba cerrar los ojos, el convencimiento que esos dos seres solo buscaban la supervivencia de las hembras de su especie volvía con fuerza a mi mente. Daba igual que personalmente no tuviera queja del trato que había llegado con ellas, me reconcomía saber que el futuro de la humanidad dependía de cómo con Tomasa afrontaríamos esa situación. Por la noche y gracias al alcohol, Ua me había revelado parte de sus planes y según la poca información que tenía, me querían usar como semental para dar un futuro a su gente. Tenía que averiguar qué coño eran esas criaturas y por qué habían elegido a los humanos como nuevos simbiontes. Al pensar en ello, caí en la cuenta de que por algún motivo habían decidido abandonar a los que hasta entonces les habían servido y buscarse un nuevo reino donde al amparo de los belicosos homínidos conquistar la galaxia y seguir creciendo. Meditando sobre ello, tampoco entendía que entre los siete mil millones de humanos me hubieran elegido. No creía en las casualidades y menos que tras un viaje de trillones de kilómetros, se hubiesen estrellado frente a mi casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Debió de algo ser premeditado», me dije dudando incluso que fuese un accidente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Según Manuel, la gente del gobierno no había encontrado nada útil entre los amasijos de hierros y por eso habían concentrado sus esfuerzos en los restos de los supuestos pulpos.</p>


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<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_026_1614.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Si sospecharan que era un ovni lo que había colisionado, hasta la CIA se hubiese dejado caer por la zona y hubiera tomado el mando», concluí dando verisimilitud a la versión del policía. &nbsp;Aunque era bueno en términos egoístas que buscaran supervivientes en el mar, no me quedaba ninguna duda que tarde o temprano mirarían tierra adentro y que acudirían a mi finca.</p>



<p>«Por eso se han buscado una identidad, antes de nada. No es lo mismo ser unas indocumentadas que habían aparecido por ahí sin nada que lo demostrase, a que cuando tocaran su puerta y preguntaran quién vivía ahí, fueran unas suecas con sus pasaportes en regla y con un pasado como coartada las que contestaran». Estaba pensando en ello cuando Ía se comenzó a desperezar a mi lado y como si nada hubiese pasado, me preguntara cómo habían llegado a la cama. Riendo, le expliqué que se habían emborrachado y que tuvimos que subirlas a la habitación antes de que hicieran una tontería. &nbsp;</p>



<p>―¿Cómo te encuentras?― pregunté pensando que debía de tener resaca.</p>



<p>―Estupendamente y con hambre― respondió llevando sus manos a mi entrepierna.</p>



<p>No queriendo que sospechara nada, la dejé continuar y que buscara su sustento. Como otras veces, la rubia no se esmeró en los preparativos y directamente buscó con lametazos mi erección. Confieso que me molestó saber que para ella solo era un pedazo de carne en el que buscar la esencia que necesitaba y quizás eso motivó que a pesar de sus intentos no se me levantara.</p>



<p>―¿Qué te ocurre mi amado Íel? ¿Ya no te gusta tu mujercita?― preguntó al ver que mi sexo no daba muestras de excitación.</p>



<p>Temiendo que incrustara sus hebras en mí para averiguar mi falta de entusiasmo, decidí buscar una excusa y atrayéndola hacía mí, la besé mientras decía que si quería obtener mi semen debía de intentar al menos excitarme.</p>



<p>―No entiendo― contestó al sentir que comenzaba a acariciarla.</p>



<p>Sin dejar de recorrer con mis yemas su piel, comenté que los hombres necesitaban estimularse y que la mejor forma de conseguirlo era ver que sus parejas eran coparticipes de su excitación.</p>



<p>―¿Por eso cuando haces el amor con Tomasa os tocáis?― preguntó.</p>



<p>―Exactamente, preciosa.</p>



<p>―¿Y cómo lo hago?― insistió mientras seguía intentando inútilmente levantar mi tallo.</p>



<p>Echándole la culpa de mi falta de entusiasmo, le pedí que se tocara para que al verla se me contagiara su calentura. Mis palabras la hicieron dudar y buscando ayuda en su compañera, se percató que seguía profundamente dormida al igual que Tomasa.</p>



<p>―¿Me podrías ayudar?― me rogó: ―Estoy desfallecida.</p>



<p>Recordé que aun que se sirvieran del sexo para conseguir sus fines, seguía siendo una novata que ni siquiera era consciente de su sexualidad y por eso tumbándola a mi lado, comencé a recorrer con mi boca su cuello. El suspiro que salió de su garganta al sentir que besaba su cuello me dio la clave y dejando un surco con la lengua, me dirigí hacia sus pechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_036_f9b4.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No entiendo por qué me gusta que hagas esto― susurró al sentir que, bordeando su areola, me dedicaba a amasar lentamente su seno.</p>



<p>―Eres una mujer en brazos de tu hombre― respondí abriendo mis labios y tomando entre ellos, su rosado pezón que involuntariamente y siguiendo los dictados de los genes que había tomado prestados de los humanos, se encogió.</p>



<p>El sollozo de ese ser al percatarse de que realmente era la primera vez que me dedicaba a ella fue un aviso de que iba por buen camino y tomándolo entre mis labios, lo mordisqueé lentamente mientras mis manos seguían su camino recreándose en su trasero.</p>



<p>―¿Es esto el estar excitada?― quiso saber al notar que como en el avión su chumino se llenaba de humedad y que su respiración se entrecortaba.</p>



<p>―Eso es algo que tienes que averiguar por ti misma― dije mientras tomaba una de sus manos y la llevaba hasta su vulva.</p>



<p>―¿Qué quieres que haga? ― preguntó mientras como me había visto hacer con la mulata me ponía a mamar de sus tetas.</p>



<p>Haciendo un inciso, la miré y mostrándole el camino, le pedí que se tocara en el botón que escondía entre sus pliegues. Sin saber que le iba a pasar, Ía accedió a probar, pasando una de sus yemas por su clítoris. El gemido que pegó al hacerlo la asustó e intentó parar.</p>



<p>―Sigue putita. Para que se me levante, necesito verte haciéndolo― repliqué volviendo a llevar sus dedos entre sus muslos.</p>



<p>La sed que lo embargaba obligó a ese ser a volver a acariciar ese inhiesto apéndice y tal como había ocurrido antes, al acariciarlo sintió que su cuerpo reaccionaba.</p>



<p>―Hazlo un poquito más rápido― sin levantar la voz,&nbsp; le pedí sospechando que para obtener de ella respuestas debía primero conocerse.</p>



<p>La joven no necesitó que insistiera mucho dado que de cierta forma estaba interesada en explorar qué eran esas sensaciones que estaba descubriendo y mientras seguía lamiendo sus pezones, se puso a masturbarse sin ser consciente de lo que hacía.</p>



<p>―Siento que ardo por dentro― balbuceó al sentir mis labios succionando de sus pechos y sin que se lo tuviese que decir imitó mis maniobras llevando sus yemas sobre el botón que acababa de descubrir en su sexo.</p>



<p>El brillo de su flujo manando de su coño me excitó y señalando mi creciente erección le pedí que continuase antes de lanzarse a buscar mi leche. Al contemplar que había crecido gracias a su toqueteos, su estómago rugió de hambre y convencida que solo la saciaría si lograba que se alzara, incrementó la velocidad con la que torturaba su clítoris.</p>



<p>―Avísame cuando es suficiente― rogó cerrando los ojos para concentrarse en la desconocida sensación que crecía entre sus piernas.</p>



<p>&nbsp;La certeza de que esa extraño criatura debía terminar de descubrir que no necesitaba a nadie para obtener placer me obligó a mantenerme a distancia y cogiendo su mano libre, la posé sobre uno de sus pezones. Ía entendió la razón y tomándolo entre dos de sus yemas lo estiró. Al sentir al hacerlo que en su interior crecía su calentura, no se quedó ahí y lo retorció mientras hundía una de sus yemas dentro del coño. El chillido que pegó con ese doble ataque me informó de lo cerca que estaba su cuerpo del placer y le pedí que no parara aduciendo que mi pene necesitaba más.</p>



<p>―Falta poco para darte de comer― murmuré en su oído al ver que sus caderas seguían el ritmo de sus dedos al torturarse ella sola.</p>



<p>Ese susurro fue el acicate que la rubia necesitaba para dejarse llevar y pegando un gemido sintió que todo sus ser se licuaba y nuevamente le dio miedo. No queriendo que se enfriara, comprendí que debía de hacer algo y poniéndome de rodillas sobre el colchón acerqué mi pene ya erecto a su boca mientras le decía que no parara. Al posar mi glande sobre sus labios, vio culminado su deseo y acelerando la acción de sus dedos, abrió su boca.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_050_1568.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Sigue, mi pequeña. Sigue― le pedí mientras incrustaba mi verga en su garganta.</p>



<p>Incapaz de contenerse al saborear las gotas de mi líquido pre seminal, buscó con más ahínco y sin saber el origen de su placer mientras sentía mis acometidas.</p>



<p>―Santa luz― sollozó al estallar por dentro.</p>



<p>Asumiendo que se estaba corriendo, seguí con el papel de profesor y mientras metía y sacaba mi falo, la exigí que si quería que le diese de comer tenía que seguirse tocando. Mi insistencia hizo que el placer se intensificara y uniendo un segundo clímax al primero, la mujercita obedeció metiendo otro dedo dentro de su coño.</p>



<p>―Por favor― gritó no pudiendo asimilar las sensaciones de su cuerpo humano.</p>



<p>Para entonces, Ua se había despertado y alucinada nos observaba sin intervenir. En sus ojos vislumbré, además de incomprensión, deseo e impulsado por el morbo que me daba el ser espiado por ella, cogí la cabeza de su compañera con mis manos, y en plan salvaje follé su boca con largas y rápidas penetraciones.</p>



<p>―No puedo más― sollozó Ía al sentir que era imposible absorber todos los efectos que ese modo de buscar su sustento estaba provocando en ella.</p>



<p>―Sigue zorra, ya falta menos― mirando a la pelirroja, comenté al ver que no entendía por qué sus pechos le pedían que se los tocara.</p>



<p>Entregada por primera vez como mujer, sentía que le faltaba algo más a su cuerpo y creyendo que era mi semen permitió que forzara su garganta metiendo mi estoque hasta el fondo mientras a nuestro lado, su compañera de viaje se pellizcaba por instinto los pezones. La confirmación de que hasta la recién despierta estaba descubriendo el deseo, me terminó de excitar e informé a la chavala que estaba a punto de derramar mi esencia. Me sorprendió que, al sentir mi primera explosión, esta fuera directamente al estómago de Ía y que no compartiera con su hermana.</p>



<p>―Yo también tengo hambre― protestó Ua viendo que no le daba nada.</p>



<p>A regañadientes, la rubia la llamó a su lado y sacando mi verga de su garganta, le cedió las últimas migajas disculpándose diciendo que ella había tenido que trabajar para obtenerla y que se había dejado llevar. En plan hambriento, la pelirroja devoró lo poco que la había dejado mientras se echaba a llorar.</p>



<p>―Siempre habíamos compartido todo― sollozó destrozada al sentirse abandonada por el ser que había sido su pareja desde que nació.</p>



<p>―Lo sé y te pido que me perdones. No entiendo qué me ocurrió, pero caí en un estado raro en el que Íel era en lo único que podía pensar.</p>



<p>Sonriendo desde el otro lado de la cama, Tomasa comentó:</p>



<p>―Debes de compensarla.</p>



<p>―¿Cómo? – preguntó la rubia deseosa de hacerlo, pero indecisa de cómo llevarlo a cabo.</p>



<p>Como hombre entendí a lo que se refería, pero no sus intenciones y sabiendo que tarde o temprano me las contaría, atraje a la doliente pelirroja y la besé diciendo:</p>



<p>―Deja que te hagamos el amor entre los tres.</p>



<p>Tal y como había previsto, la mulata se acercó y señalando el camino a la rubia se apoderó de uno de los pechos de Ua. El pelirrojo ser pegó un sollozo al sentir los labios de la humana en su pezón. La rubia entendió qué debía hacer y arrojándose con una pasión desconocida en ella sobre el que estaba libre, buscó su leche como había hecho con los pechos de Tomasa. El no encontrar ese líquido en los cantaros de su compañera no la detuvo y sin parar de succionar siguió pidiéndola perdón. La sorprendida criatura al experimentar ese triple ataque dejó que mi lengua jugara con la suya mientras algo nuevo se iba apoderando de su cuerpo.</p>



<p>―Acompáñame, zorrita― le exigió la negra mientras se deslizaba por la pelirroja.</p>



<p>Ía se mostró reticente a seguirla, pero al escuchar que su compañera respondía con un profundo gemido cuando la humana le daba un primer lamentón entre los pliegues, creyó que su deber era imitarla y así compensar su pecado.&nbsp; Nada en sus casi doscientos años, la habían preparado para experimentar el latigazo de energía que sintió cuando hundió su boca entre los muslos de su compañera e incapaz de mantener su cordura, echó a la humana al sentir que el agridulce sabor de Ua recorriendo sus papilas.</p>



<p>―Tu cuerpo está riquísimos― chilló sin percatarse de que la pelirroja ya no me besaba y que concentraba todos su ser en lo que estaba sintiendo mientras la hembra de su misma especie devoraba su sexo.</p>



<p>Esa comida de coño hizo renacer mi lujuria y viendo el húmedo coño de Ía abierto de par en par me acerqué a desflorarla, pero entonces Tomasa me retuvo diciendo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_059_ef46.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Todavía no ha llegado el momento en que las desvirgues. Déjalas que se exploren entre ellas― dijo mientras me tomaba de la mano y me sacaba casi a rastras de la cama.</p>



<p>«Tiene razón», pensé en mi cerebro y la seguí hasta la otra habitación de la suite. Los gemidos de las dos bellas inhumanas amándose por primera vez nos hicieron saber que podíamos hablar sin que nos escuchasen.</p>



<p>―Amor mío, me he pasado toda la noche meditando sobre lo que me dijiste― me susurró: ―y creo haber encontrado una forma de desbaratar sus planes.</p>



<p>La esperanza de sus ojos me hizo callar mientras seguía hablando:</p>



<p>―Estos seres y su especie están habituados a que las razas a las que se unen no interactúen con ellas y que únicamente les cedan los nutrientes que les falta para desarrollarse.</p>



<p>No sabiendo por donde iba, seguí instalado en mi mutismo.</p>



<p>―Somos los únicos animales que se aparean por mero placer y no solo para perpetuarse. Si como sospecho nunca se han enfrentado a esa singularidad, debemos aprovecharlo y forzarlas a dejarse llevar poco a poco por ella, haciéndose cada vez más humanas. Por lo que veo, nuestras niñitas están descubriéndolo en primera persona― sonrió al llegar a nuestros oídos los alaridos de Ua al correrse.</p>



<p>Tomasa acababa de sintetizar lo que me venía rondando por la cabeza y eso hizo que creciera mi respeto por ella. A pesar de no tener una extensa cultura, desbordaba sentido común por todos sus poros.</p>



<p>―¿Te he dicho alguna vez la suerte que tuve al conocerte?― comenté muerte de risa señalando que la estaban afectando los gemidos de esos seres al amarse dado lo erizado que lucían sus pezones.</p>



<p>―Deseo más que nada que vuelvas a tomar a tu negra, pero debemos guardar tus fuerzas para ellas. Te lo digo por el bien de los hijos que vamos a tener― musitó entre dientes al ver que extendía la manos hacia sus pechos.</p>



<p>―¿Te gustaría quedar embarazada aun sabiendo que eso es lo que desean?</p>



<p>Bajando su mirada, contestó:</p>



<p>―Siempre eché en falta una niña de grandes coletas que corriera por mi casa, mi amado patrón.</p>



<p>―No dudes que te la daré, pero espero que cuando lo haga ya tengamos controlada la amenaza que suponen las congéneres de esas dos― respondí pegándome a ella.</p>



<p>Tomasa suspiró al notar que estaba excitado y a mi pene presionando contra ella, pero imponiendo la cordura que me faltaba, me rogó que me separara y que retornara a la cama para dar de comer a esas hambrientas criaturas.</p>



<p>―Eres un capullo. Si sigues a pegado a mí, terminaré dejándome vencer por la tentación y buscaré que vuelvas a amarme.</p>



<p>―Ya te amo― lamí su oreja antes de dejarla y de volver al cuarto.</p>



<p>Al entrar acompañado de mi antigua empleada, Ua estaba comiendo el coño a su compañera mientras esta hacía lo mismo entre sus piernas. Sabiendo que no debíamos intervenir hasta que se hubiesen saciado entre ellas, pregunté a mi antigua empleada si tenía hambre.</p>



<p>―Mucha― respondió.</p>



<p>Cogiendo el teléfono y mientras la mulata se metía a duchar, llamé al servicio de habitaciones para que nos subieran el desayuno…</p>



<h1 class="wp-block-heading">8</h1>



<p>La llegada de la camarera con nuestro desayuno me informó de otro sutil cambio que ese par de putas habían realizado sin permiso en mi persona. Esa mujer era guapísima, pero lejos de atraerme me repelió al oler en ella algo que no supe definir hasta que al extender lo que traía, vi en sus brazos las marcas de pinchazos. En un principio aduje esos moretones a las drogas, pero la empleada del hotel me hizo saber involuntariamente que no era así cuando,&nbsp; al destapar los pasteles que traía, se quejó de que por su enfermedad llevaba tres años sin probarlos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_070_739c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Es usted diabética?― pregunté.</p>



<p>―No, señor. Tengo una variante muy agresiva de intolerancia al gluten y tengo que pincharme para mantenerla a raya― respondió sin atreverse a tocar ni de lejos ese platón.</p>



<p>Escamado anoté el dato dando con la razón del rechazo que sentía a pesar de ser un monumento de mujer y agradeciendo con una generosa propina a la desdichada, me puse a comer. Ya había dado buena cuenta de un par de bollos cuando las zorras salieron del cuarto con cara de susto.</p>



<p>―Íel, ¿qué nos ha ocurrido?― preguntó la pelirroja totalmente colorada mientras se agachaba entre mis piernas― ¿Por qué no hemos podido parar de tocarnos? Ayúdanos a comprender, ni mi hermana ni yo entendemos estos cuerpos. No siento que tenga fiebre ni que esté enferma, pero mientras retozaba con Ía, sacié algo mi hambre. Y solo al verte, he vuelto a sentirla.</p>



<p>No queriendo descubrirles antes de tiempo mis sospechas de que los de su especie eran unos parásitos que se nutrían de la lujuria de otros y que por ello buscaban el cobijo de parejas para así conseguirlo, dejé que bajara mi bragueta. Esperé a que diera un par de lametazos a mi miembro y que este se irguiera, para decir:</p>



<p>―No pienses en ello y agradece a Ía mi erección. Necesitaba sentir su excitación para conseguirla.</p>



<p>Pensando en lo que les acababa de decir y sobre todo en cómo le había obligado a masturbarse, la rubia confirmó mis sospechas diciendo:</p>



<p>―¿Al tocarnos te dimos las fuerzas que necesitabas para darnos tu esencia?</p>



<p>―Así es. No siempre os lo pediré, pero es un estímulo que siempre me vendrá bien― respondí descojonado por la ingenuidad de esos seres mientras la pelirroja se metía mi verga en la garganta.</p>



<p>La rubia me creyó a pies juntillas y todavía avergonzada por su comportamiento anterior, decidió colaborar separando sus rodillas tocándose. Bajo la luz que entraba por la ventana, observé en el interior de su gruta su virginidad temblando y saber que no tardaría en romper esa tenue y tan sobrevalorada telilla, me excitó.</p>



<p>―Súbete a la mesa para que me llegue mejor tu olor― le pedí mientras Ua seguía enfrascada en conseguir su sustento.</p>



<p>Su rostro se tiñó de rojo al observar que no perdía detalle de cómo se tocaba y pegando un gemido me preguntó a qué se debía que le gustara sentir mi mirada al tocarse.</p>



<p>―La excitación entre los humanos es contagiosa― repliqué sabiendo que no debía tocarla para que ella sola se convirtiera en una olla a presión.</p>



<p>Dando por sentado que era cierto al experimentar nuevamente la fiebre que empezaba a dominar su anatomía, ese extraño pero bello ser incrementó su entrega pellizcándose las tetas mientras con voz entrecortada me daba las gracias por hacerla ver que lo suyo no era una enfermedad sino producto de los genes que había tomado prestados.</p>



<p>―Cada vez me siento más humana― chilló sumida en la lujuria.</p>



<p>Un gemido proveniente del suelo me hizo mirar a Ua y fue entonces cuando reparé que al contrario de las primeras veces en las que esos seres no se veían afectado por mis hormonas, la pelirroja se masturbaba con las dos manos mientras usaba su boca para extraer mi jugo.</p>



<p>«¡Les falta poco a esta dos para para convertirse en ninfómanas!», sentencié al ver la calentura que las dominaba sin ser conscientes de que las estaba manipulando.</p>



<p>―Si os corréis, antes os daré de comer― rugí al sentir los primeros retazos de placer.</p>



<p>Mi consejo las liberó y mientras eyaculaba en la boca de la pelirroja, llegaron a mis oídos los berridos del orgasmo que disfrutaban ambas. La voracidad con la que se lanzaron sobre mi simiente fue brutal y sin medir sus consecuencias, me ordeñaron como pocas veces. Acallaron unas quejas que nunca hice cuando comentaron que, al tocarse ellas, se incrementaba todavía mi esencia. Me guardé que estaba seguro de que ese cambio se debía a que involuntariamente se habían nutrido también del placer que habían sentido cada una de ellas y reafirmando en ellas esa creencia, únicamente les aconsejé que a partir de ese momento cada vez que sintieran hambre y buscaran en Tomasa o en mí saciarla, debían de recordar esa enseñanza.</p>



<p>―La esencia de los humanos se intensifica si nos tocamos― abriendo los ojos de par en par, concluyeron mientras se levantaban del suelo.</p>



<p>Tomasa que había estado presente durante gran parte de lo ocurrido me guiñó un ojo mientras les decía que su leche también les sabría más rica si se tocaban antes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_071_00cc.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Lo probaremos esta tarde, amada Asa― murmuró Ía convencida que sería así.</p>



<p>Tras el desayuno, comprendí que debíamos volver a casa para que llegado el caso los investigadores del accidente no vieran algo raro en nuestra marcha. Al comentarlo tanto la negra como las chavalas me dieron la razón y sin pensar en renovar los votos, se comenzaron a vestir. Mientras acomodaban sus compras en dos enormes maletas, dudé que entraran en un coche normal y pensé que tendríamos que pedir que nos hicieran llegar al menos una por una empresa de transporte.&nbsp; Como Ua se había ocupado de todo, decidí esperar no fuera ser que ya lo hubiese previsto, por ello mientras se terminaban de acicalar bajé a pagar el hotel. Tal y como era lógico por lo lujoso del establecimiento, la cuenta que me presentó el de administración me resultó a todas luces desproporcionada, pero sabiendo que tenía las espaldas bien cubiertas por el dinero que me habían agenciado, di mi tarjeta de crédito sin sentir ningún tipo de remordimiento.</p>



<p>―Espero que todo haya sido de su agrado y que no duden en volver― dijo el tipo sin mirarme, ya que sus ojos estaban ocupados admirando a las tres bellezas que se acercaban a nosotros.</p>



<p>Evitando demostrar lo mucho que le gustaban mis acompañantes, me informó que acababan de traer del concesionario mi nuevo coche y que lo tenía ya en la puerta. Al girarme contemplé el sueño de todo hombre.</p>



<p>―No puede ser― exclamé al ver el Bentayga que a mis espaldas habían adquirido.</p>



<p>―Te dije que mi hombre se merecía un Bentley― riendo comentó la rubia mientras me daba las llaves.</p>



<p>La impresión de ser dueño de ese mostrenco de más de seiscientos caballos bajó el capó me impidió ocuparme de cosas tan nimias como el subir el equipaje y colocándome en el puesto del conductor, lo encendí. Confieso que casi me da un patatús al escuchar cómo rugía y sin pensar en los treinta litros que debía consumir si le daba caña, me hice el firme propósito de llegar a mi finca en menos de cuatro horas.</p>



<p>―¡Qué bonito es!― no pudo dejar de decir Tomasa y eso que debía ignorar que ese bicho en España y sin los impuestos costarricenses costaba doscientos cincuenta mil euros.</p>



<p>―¡Su puta madre! – chillé al acelerar y comprobar la sorprendente agilidad con las que movía sus dos toneladas de peso.</p>



<p>Desternillada de risa desde el asiento del copiloto, Ía comentó que en cuanto pudiera lo iba a retocar para reducir los 4,8 segundos que tardaba en llegar de cero a cien a menos de tres y que si no lo hacía todavía más rápido era debido a que su estructura no lo soportaría.</p>



<p>―Tal y como está, es perfecto― repliqué no queriendo que le metiera mano y que perdiera su espíritu británico.</p>



<p>Tomasa seguía impresionada tocando la piel con la que estaban cubiertos sus asientos y preguntando cómo se limpiaría. Encendiendo la radio desde el volante quise comprobar su sistema de sonido. Aunque las chavalas ya habían escuchado música, la melodía que salía de los altavoces las envolvió y babeando preguntaron qué era eso.</p>



<p>―Se llama “Mi tierra”― respondí creyendo que me pedían el título de esa canción de Gloria Estefan.</p>



<p>―Es preciosa― musitó Ua mientras escuchaba la cálida voz de esa cantante mezclada con el retumbar de los instrumentos.</p>



<p>―Invita a moverse― suspiró su compañera completamente entregada.</p>



<p>La sorpresa de las crías se incrementó cuando se pusieron realmente al caer en la letra y ante nuestro pasmo, se echaron a llorar mientras las trompetas se lucían. Pero fue cuando escucharon el estribillo cuando realmente se sintieron desbordadas:</p>



<p><em>La Tierra te duele, la tierra te da</em></p>



<p><em>En medio del alma cuando tú no estás.</em></p>



<p><em>La tierra te empuja de raíz y cal.</em></p>



<p><em>La tierra suspira si no te ve más.</em><em></em></p>



<p>«¿Qué les ocurre?», me pregunté al ver en sus rostros una mezcla de miedo y de emoción.</p>



<p>Salí de dudas cuando al terminar, Ía susurró tomando mi mano si era cierto lo que esa mujer contaba acerca de lo que producía este planeta. Al comprender que había malinterpretado la letra y que había creído que se refería a la Tierra y no al país de nacimiento de la cantante, no la saqué de su error y pedí a mi empleada que buscara en Spotify más canciones de la cubana.</p>



<p>La elección de Tomasa fue una romántica y siguiendo la canción, comenzó a cantar Mi buen amor mirando a los ojos:</p>



<p><em>Mi amor, mi buen amor, mi delirio</em></p>



<p><em>No pretendas que te olvide así, no más</em></p>



<p><em>Que tu amor fue mar cuando sedienta</em></p>



<p><em>Me arrimé a tu puerto a descansar</em></p>



<p><em>Que tu amor, amor, sólo el que un día</em></p>



<p><em>En tu pecho, vida mía, me dio la felicidad.</em></p>



<p>La belleza de la voz la morena terminó de subyugarlas y con lágrimas en los ojos pidieron más, ya que se habían sentido representadas en la letra y que al igual que en la canción acudían a mi sedientas. La costarricense sonrió y cuando empezó a sonar “Con los años que nos quedan”, les mostró la letra en el móvil y pidió que la acompañaran.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_084_5303.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p><em>Con los años que me quedan<br>Yo viviré por darte amor<br>Borrando cada dolor<br>Con besos llenos de pasión<br>Como te amé por vez primera</em></p>



<p><em>Con los años que me quedan<br>Te haré olvidar cualquier error<br>No quise herirte, mi amor<br>Sabes que eres mi adoración<br>Y lo serás mi vida entera</em></p>



<p>Tímidamente comenzaron a leer sin entonar hasta que entusiasmadas por el descubrimiento sus voces, con más confianza se pusieron a corear una melodía tras otra sin pausa durante dos horas. A pesar de gustarme Gloria Estefan, después de oír todo su repertorio estaba hasta los cojones. Por ello al ver a un lado de la carretera una fonda, decidí parar a comer algo. Mientras no bajábamos las chavalas seguían tarareando y dándolas por imposible, pedí una mesa. La camarera una mestiza del montón me dio un buen repaso antes de caer en lo que le había dicho y con las mejillas coloradas, me señaló una del fondo.</p>



<p>―Me puede poner cuatro cervezas― ordené, molesto por la forma en que me miraba.</p>



<p>La paisana sonrió coquetamente y meneando el trasero, fue por ellas. Tomasa se percató de la atracción que provocaba en la camarera, pero se abstuvo de hacer ningún comentario. Supe de su cabreo cuando al entregarme la mía esa se agachó y me mostró el escote con descaro.</p>



<p>―¿No ve que esté hombre está acompañado?― escandalizada por el exhibicionismo de la desconocida, exclamó.</p>



<p>La mujer no se dignó a contestar y haciendo oídos sordos, con voz melosa me preguntó que deseaba de comer.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mirando la carta me decidí por Gallo Pinto, un plato típico de la zona con frijoles y arroz. Tomasa y las dos chavalas se inclinaron por unos tamales de carne.</p>



<p>―¿No quieres nada más? Guapo mío― babeando, mientras garateaba en un papel la comanda, insistió la morena.</p>



<p>El enfado de la viuda se incrementó exponencialmente al observar la forma en que coqueteaba conmigo y si cuando ya se levantaba a tirarla de los pelos no la llego a parar, a buen seguro se hubiese montado un escándalo.</p>



<p>―¿Quién se cree esa puta?― rugió en voz alta para que lo oyera la susodicha.</p>



<p>―Asa, ¿por qué te enfadas? ¿No te das cuenta qué se siente atraída por nuestro macho?― preguntó Ía mientras se terminaba su bebida.</p>



<p>Mi mulata, girándose hacia ella, le explicó que esa mujer parecía en celo. La rubia sin perder la compostura replicó que era lógico que se viera atraída por el macho que compartían. Me quedé paralizado al oírla, al advertir que era la primera vez que hablaba de mí como “su” macho. Cegada por la ira, Tomasa no reparó en ello y trató de hacerlas entender que no era cortés coquetear con un hombre que estuviese en compañía femenina. Tratando de mediar, Ua puso la guinda al decir ingenuamente que las hormonas de esa señorita solo habían reaccionado a mi testosterona.</p>



<p>―Es algo normal, no se lo tomes en cuenta.</p>



<p>Comprendí que la humana se mordía la lengua para no comentar que esa reacción no era natural y reprimiendo su enojo, se quedó callada hasta que creyendo que lo entendería, la pelirroja la disculpó diciendo que esa hembra estaba en sus días fértiles, que su cuerpo solamente deseaba que yo la inseminara y que solo seguía su instinto.</p>



<p>―Pues si está cachonda que se meta el palo de una escoba― sentenció con ganas de bronca.</p>



<p>Afortunadamente el dueño del tugurio debió de percatarse y la cambió por un camarero, el cual al traernos la comida se puso a tontear con la viuda.</p>



<p>―Estamos empate― susurré mordiendo la oreja de mi indignada negrita.</p>



<p>Tomasa se ruborizó al reparar en el tonteo del que estaba siendo objeto y dirigiendo su ira contra las niñas dejó de hablarlas durante el tiempo que estuvimos sentados, rumiando quizás que ese par se había sobrepasado con las alteraciones que habían hecho en nuestros cuerpos. Por mi parte, no podía estar en desacuerdo y más cuando al ir al baño, la empleada del local intentó entrar conmigo a que le diese un revolcón. Admitiendo que no era su culpa, educadamente la rechacé y volví a la mesa, donde nos habían repuesto nuestras cervezas.</p>



<p>―¿Por qué no la has hecho caso? Se veía que estaba dispuesta― susurró en mi oído la rubia.</p>



<p>No queriendo decirle que no me atraía, preferí responder que estaba ahorrando mi esencia para ellas. La alegría que le hizo escucharlo y que me diera un beso, me hizo saber que poco a poco estaban convirtiéndose en humanas y decidido a acelerar ese paso, llevé una mano hasta su muslo mientras le prometía que esa noche tendría ración doble. Ese bello ser se avergonzó al sentir que bajo su blusa tenía los pezones erectos y tratando de calmar su excitación, dio buena cuenta de su bebida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_130_4c7c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Bebe con moderación― le pedí al recordar que ni ella ni su compañera estaban habituadas al alcohol.</p>



<p>Desde el otro lado de la mesa, Ua, que también se había bebido la suya, señaló a un niño que estaba pidiendo limosna y quiso saber qué hacía. Al contárselo, sus ojos se llenaron de lágrimas y levantándose de la mesa, fue a por él y lo sentó con nosotros.</p>



<p>―¿Qué te apetece comer criatura?― con dulzura le preguntó.</p>



<p>El chaval, totalmente cortado de que esa bella extranjera se hubiese fijado en el hambre que tenía, respondió que cualquier cosa. La pelirroja llamó al camarero y le pidió que le diera lo mismo que me había servido a mí. Tras traérselo y mientras en infortunado se lanzaba a devorar quizás su primera buena comida en semanas, mirándome a los ojos me preguntó cómo era posible que hubiese pobreza.</p>



<p>―La riqueza está mal repartida― respondí.</p>



<p>Ua se quedó meditando durante unos segundos y sin darse cuenta de lo que decía debido a lo que había bebido, me replicó:</p>



<p>―Mis hermanas no permitirían que ninguno de sus protegidos pasara penurias― y no contenta con ello, me pidió permiso para dedicar el veinte por ciento de mi dinero para intentar paliarlo. Disparando con pólvora ajena, accedí. No en vano sabía que el origen de mi fortuna se debía a ellas y qué si algún día necesitaba otra inyección de pasta, esos seres no dudarían en conseguirla.</p>



<p>«Me debería dar vergüenza, acaban de llegar y se preocupan mientras yo miraba hacia otro lado», mascullé en mi mente abochornado y llamando al propietario, le pedí que prepararan una despensa para que se la llevara el pequeñajo al terminar.</p>



<p>―Qué suerte tuve con que te eligieran cómo mi macho― complacida por mi acto, murmuró en mi oído la pelirroja mientras rebuscaba con su mano en mi bragueta.</p>



<p>Tomasa pidió la cuenta, temiendo que la alcoholizada muchacha montara un espectáculo porno a los presentes y separándola de mí, pidió a las dos que la acompañaran al coche. Tardé unos cinco minutos en pagar y cuando llegué al flamante Bentley me encontré con que no habían perdido el tiempo al verlas en el asiento trasero, mamando en plan obseso de las ubres de la morena.</p>



<p>―Llévanos a casa, mi amor― suspiró feliz la ama de cría mientras me guiñaba un ojo.</p>



<p>Una vez saciadas de leche humana, los dos seres se quedaron totalmente dormidas y eso permitió que la cocinera me preguntara si me había dado cuenta de que el alcohol daba carrete a sus lengua. Sin explayarme mucho, contesté que sí pero que esperara a quedarnos solos para tratar ese asunto. La costarricense lo entendió y cambiando de tema, exteriorizó su sorpresa por el comportamiento de nuestras acompañantes con la música. Dando vueltas a ello repliqué que en su mundo debía ser algo inexistente.</p>



<p>―No me extraña que hayan salido por patas, menudo aburrimiento― sentenció mientras me hacía participe de la ilusión que tenía en que nos cambiáramos de casa.</p>



<p>―¿No te gusta la que tenemos?― pregunté sorprendido.</p>



<p>―Mucho, pero prefiero vivir lejos― tomando mi mano, respondió: ―Ahí nadie nos conoce y no pensaran que soy aprovechada que me acuesto con mi patrón por su dinero.</p>



<p>―Ya no eres mi empleada, preciosa― contesté enternecido por sus palabras.</p>



<p>―¿Cuál es mi papel?― insistió mientras me miraba embelesada.</p>



<p>―Ser una vaca lechera― muerto de risa, repliqué recordando la escena que minutos antes había contemplado.</p>



<p>―Esta noche, te has quedado sin tu ración― sabiendo que iba de guasa, dijo mientras miraba hacia atrás para comprobar que seguían dormidas las lactantes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/19510796/19510796_077_9ff9.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 4&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Feb 2026 18:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[grandes relatos]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
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					<description><![CDATA[5 Al llegar al pequeño aeródromo del pueblo, la belleza de nuestras acompañantes despertó la curiosidad de los cinco empleados de esa instalación, los cuales sin cortarse nos acompañaron hasta la puerta del bimotor para así tener la oportunidad de contemplarlas por más tiempo. Ya estaba subiendo por la escalinata cuando escuché a uno alabar las tres hembras que se había agenciado el gallego. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Extrañado que incluyeran a Tomasa, me giré y observé que. a pesar de nuestras advertencias, habían retocado a la mulata incrementando su ya de por sí natural atractivo. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «Vaya par de tetas le han [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">5</h1>



<p>Al llegar al pequeño aeródromo del pueblo, la belleza de nuestras acompañantes despertó la curiosidad de los cinco empleados de esa instalación, los cuales sin cortarse nos acompañaron hasta la puerta del bimotor para así tener la oportunidad de contemplarlas por más tiempo. Ya estaba subiendo por la escalinata cuando escuché a uno alabar las tres hembras que se había agenciado el gallego.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Extrañado que incluyeran a Tomasa, me giré y observé que. a pesar de nuestras advertencias, habían retocado a la mulata incrementando su ya de por sí natural atractivo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Vaya par de tetas le han colocado», con ganas de probarlas, sentencié.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tuve tiempo de pensar en ello porque nada más cerrar la puerta, el piloto despegó y pegando un grito, la mulata nos informó que le daba miedo volar. Acercándose a ella, Ua la tranquilizó hundiendo sus dedos bajo su vestido mientras la rubia me decía lo fácil que sería modificar esa avioneta para hacerla más segura.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_015_c180.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Niña, ¿no has entendido nada cuando digo que no hay que hacerse notar?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo sé, pero es que hay una posibilidad entre quince millones que nos estrellemos― susurró a modo de disculpa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despelotado por que estuviera preocupada cuando apenas dos días antes habían tenido un accidente con sus antiguos dueños, respondí que la vuelta la haríamos en coche.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Me dejarías elegirlo a mí? He leído que a los humanos les encantan los Bentley― comportándose como una niña eligiendo un caramelo, murmuró.</p>



<p>―Princesa, ¿porque quieres algo tan caro? No comprendes que es un lujo innecesario.</p>



<p>Pegándose a mí, replicó mientras hurgaba en mi bragueta:</p>



<p>―Nada es suficiente para Íel y sus tres amadas concubinas.</p>



<p>Agradecí que la avioneta contara con una separación entre la cabina y el pasaje cuando sin preguntar mi opinión la rubia sacó mi falo de su encierro.</p>



<p>―Tengo hambre― musitó abriendo sus labios de par en par para recibir su biberón.</p>



<p>El descaro de ese maravilloso ser me hizo pensar y decidido a que asimilaran cuanto antes su naturaleza humana, comencé a acariciar su trasero mientras se hundía mi erección en la garganta. Al principio, no dio síntomas de ser afectada por mis toqueteos hasta que pegando un gemido me hizo ver que si lo estaba. Con las yemas recorrí sus cachetes ahora morenos, sin que hiciera nada por evitarlo. Su respiración entrecortada ratificó su calentura cuando cambiando de meta acaricié los bordes de sus pliegues y los encontré ya húmedos.&nbsp;</p>



<p>―Dime qué sientes― murmuré mientras localizaba su botón.</p>



<p>Asustada por la reacción de su cuerpo, me miró diciendo:</p>



<p>―Es raro, pero me gusta sentir que me tocas ahí abajo.</p>



<p>Sabiendo que debía ir paso a paso para no forzarla, me entretuve mimando su clítoris mientras de reojo observaba que Ua no perdía detalle de lo que estaba pasando con su compañera.</p>



<p>―Relájate― comenté al sacar un segundo suspiro de la joven.</p>



<p>Para entonces, mi empleada se había también dado cuenta y levantando el vestido de la pelirroja, me imitó tocando su entrepierna.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_021_bae3.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Por qué siento esto cuando me tocas?― preguntó Ua al experimentar en sus carnes las carantoñas de la mulata.</p>



<p>No quiso anticiparle nada y siguiendo la petición que le había hecho respecto a educarlas sexualmente, se arrodilló ante ella. Tras separarle los muslos, le dio un primer lametazo. La joven no se esperaba el latigazo de deseo que brotó de su cuerpo y totalmente indefensa, insistió en pedir que le explicara el porqué de esa nueva sensación.</p>



<p>―Lo sabes perfectamente― regalando un segundo lametón entre sus pliegues comentó Tomasa mientras en nuestros asientos concentraba mis caricias en la misma zona de su compañera.</p>



<p>―No entiendo por qué estos cuerpos reaccionan así― no queriendo aceptar lo evidente gimió descompuesta mientras a mi lado, Ía reaccionaba moviendo sus caderas.</p>



<p>La excitación de las crías fue in crescendo y tras el tercer agasajo de la lengua de la mulata, Ua le rogó que parara.</p>



<p>―No voy a hacerlo― respondió Tomasa: ―Quiero devolverte un poco del placer que me has dado.</p>



<p>La pelirroja me miró buscando mi ayuda, pero al ver a Ía despatarrada recibiendo gozosa mis caricias se quedó muda. Su mutismo fue breve ya que, hundiendo la cara entre sus piernas, la costarricense se puso a mordisquear con los dientes su ya erecto botón. La boca de Tomasa provocó que el estremecimiento que sentía se profundizara y exteriorizando su perplejidad, preguntó porque buscábamos que derramaran su esencia.</p>



<p>―Es una forma en que los humanos demostramos nuestro amor― comenté desde mi sitio.</p>



<p>Para entonces la rubia se había olvidado de ordeñarme y permanecía atenta a las reacciones de su cuerpo, lo que me permitió tumbarla en el asiento y sumergiéndome entre sus muslos, catar por primera vez su sabor.</p>



<p>―Santa Luz― chilló al sentir que su cerebro había cedido el puesto y que eran las hormonas las que mandaban sobre ella.</p>



<p>Su entrega azuzó mis maniobras y separando los pliegues de su vulva, observé una telilla blanquecina cerrando el paso a su vagina. Reconociendo su himen, recordé que a pesar de tener casi dos siglos era una niña y aunque deseaba mandar al olvido su virginidad, postergué su estreno a otro momento prefiriendo acelerar su entrega con mi lengua.</p>



<p>Mi negrita debió de pensar lo mismo e incrementando la acción de la suya, consiguió despertar a la mujer que se escondía agazapada tras la pelirroja.</p>



<p>―Me encanta― sollozó Ua ya consciente de lo que le pasaba mientras forzaba el contacto presionando la cabeza de la morena contra su sexo.</p>



<p>La aceptación de su condición humana aceleró lo inevitable y mientras saboreaba la femineidad de la rubia llegó a mis oídos el placer de su compañera.</p>



<p>―Disfruta también, mi pequeña― susurré.</p>



<p>―No sé cómo hacerlo― respondió esta con el corazón a mil por hora.</p>



<p>Al oírla y viendo que la pelirroja ya había disfrutado,&nbsp; la cocinera no se lo pensó y cogiendo los pechos de la rubia entre sus manos, se los empezó a amasar diciendo:</p>



<p>―Al igual que nuestro hombre no te limita su esencia, no debes impedirnos deleitarnos con la tuya.</p>



<p>Las palabras de Tomasa obraron mágicamente y dejándose llevar, el sexo de la chavala se licuó en mi boca llenando de flujo mis mejillas. El aroma a hembra satisfecha nubló mi buen entender y lanzándome desbocado, quise secar ese manantial. Mi insistencia prolongó y maximizó su orgasmo, llevándola en volandas a su propio descubrimiento y por ello, tras unir tres o cuatro clímax seguidos, Ía expelió su entrega pegando un largo y estridente chillido.</p>



<p>La constatación de que habían dado un paso para convertirse en mujeres cien por cien humanas nos alegró y solo el saber que estábamos a pocos minutos de aterrizar evitó que siguiéramos enseñando a esos seres todo lo que sus nuevos cuerpos eran capaces de sentir.</p>



<p>―Si me dejas, esta noche te daré otra lección de lo que consiste ser mujer― mordisqueando la oreja de la rubia comenté.</p>



<p>Desde su asiento Ua, demostrando que además de deseo era capaz de sentir celos, protestó:</p>



<p>―Íel, me toca a mí ser tu alumna.</p>



<p>&nbsp;Mi carcajada retumbó en la aeronave mientras escuchábamos al piloto decir que nos abrocháramos los cinturones. Estaba obedeciendo esas instrucciones cuando en voz baja el diablo con cara de ángel que tenía a mi vera musitó que no se iba a dar por vencida:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_025_30d1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Sigo hambrienta, mi amado simbionte.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La picardía de ese ser me hizo gracia y acercando mi boca, le prometí que una vez en tierra le daría su biberón. Por el brillo de sus ojos supe que no olvidaría esa promesa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras aterrizar, alquilamos un coche con conductor que nos llevara a la embajada. Entre los muros de esa delegación diplomática, me enteré de que, al igual que la negra era ya mucho más atractiva que antes de conocerlas, yo no me quedaba atrás. Y es que mientras un empleado se desvivía por conocer a sus dos impresionantes conciudadanas y a Tomasa, la embajadora de ese país saliendo de su despacho quiso conocerme.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras presentarse ante mí y escuchar que mis acompañantes se iban de compras,&nbsp; sin preguntar qué tipo de relación me unía con ellas, esa rubia de grandes pechos me invitó a comer.&nbsp; Estaba rechazando cortésmente la invitación cuando mi empleada me sugirió que aceptara porque sin mi presencia ellas se sentirían más libres al elegir ropa y sin caer en que dejaba a su hombre en las garras de una loba, me pidió la tarjeta de crédito.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nuestras nenas nos han reservado habitación en el Sheraton― guiñándome un ojo se despidió de mí después de quedar conmigo allí.</p>



<p>La cara de satisfacción de la diplomática me debió alertar del peligro, pero mi falta de experiencia en lo que se refiere al súbito interés del sexo opuesto me hizo confiar y solo supe algo raro pasaba cuando tras desaparecer las tres, Agda se colgó de mi brazo.</p>



<p>―¿Te apetece que comamos en Silvestre?― me dijo sin soltarse ya en el ascensor.</p>



<p>El tono con el que susurró la elección del restaurante me hizo palidecer y más cuando al subirnos a la limusina pegándose a mi lado empezó con un intenso interrogatorio sobre mi vida. Al enterarse que llevaba viviendo un año en Costa Rica, directamente me preguntó cómo era posible que no hubiéramos coincidido antes.</p>



<p>―Apenas salgo de mi finca― respondí cortado al sentir que posaba una de sus manos en mi pierna.</p>



<p>Sin importarle la presencia de su chofer, la nórdica no solo no la retiró, sino que incrementando su acoso comenzó a recorrer con sus dedos mi muslo mientras me preguntaba si alguna de las mujeres que me acompañaba era mi pareja.</p>



<p>―Las tres lo son― contesté creyendo que con ello la cuarentona iba a contenerse.</p>



<p>Para mi sorpresa al saber que esas bellezas compartían mis caricias, esa rubia quiso saber si nuestra relación era cerrada o aceptábamos nuevos integrantes.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>―Eso deberías preguntárselo a ellas― comenté tratando de descargar en las tres la culpa de mi rechazo.</p>



<p>―Lo haré― respondió mientras tomando mi mano se la ponía en su rodilla.</p>



<p>El descaro de esa mujer me indujo a pensar que mis pequeñas se habían excedido en sus retoques y que me habían convertido en un afrodisiaco andante.&nbsp; Queriendo descubrir hasta donde llegaba mi atractivo, dejé que mis yemas fueran subiendo por la pierna de la diplomática mientras hablaba con ella de camino al lugar. Comprendí que era brutal la fascinación que sentía esa mujer por mí cuando uno de mis dedos llegó a sus bragas y olvidando su responsabilidad como representante de su país, Agda abrió de par en par la entrada a su sexo mientras disimulaba hablando de lo que iba a pedir de comida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_029_e71a.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Seguro que es eso lo que deseas comer?― pregunté mientras exploraba la humedad de su gruta con un dedo</p>



<p>Asustada por la calentura que sentía, la rubia intentó disculparse diciendo que nunca se había comportado así ante un desconocido. Obviando sus disculpas, hurgué entre sus pliegues y tras localizar el hueso de melocotón en que se había convertido su botón, me entretuve en torturarla al contemplar el sudor que corría por su escote.</p>



<p>―¿Te importa que vayamos a mi casa?― costándole hasta respirar me preguntó colorada hasta decir basta.</p>



<p>Accediendo a sus deseos, seguí pajeándola mientras indicaba al conductor el cambio de destino. El empleado debía sospechar algo porque únicamente preguntó si deseaba que avisara que no iba a volver a la embajada.</p>



<p>―Por favor― sollozó sintiendo que se acumulaba en su vientre el placer.</p>



<p>Con ganas de prolongar su angustia, la liberé y llevando mi dedo impregnado a la boca, lo chupé mirándola fijamente a los ojos. El gemido que pegó al verme fue suficiente prueba de la lujuria que sentía y poniéndoselo en los labios, le pedí que probara su flujo. La cuarentona se volvió loca y sacando la lengua, se puso a lamerlo con avidez.</p>



<p>Riendo esperé a que lo dejara lleno de babas para volverlo a incrustar entre sus pliegues.&nbsp; Al sentir esa nueva incursión, la diplomática se corrió mientras intentaba bajarme la bragueta.</p>



<p>―Tranquila, zorrita― susurré en su oído: ―Espera a que estemos solos y será para ti.</p>



<p>Creí que no iba a hacerme caso, pero luciendo una alegría impropia de su cargo aceptó mi promesa diciendo que era muy golosa.</p>



<p>«Si tu supieras», pensé recordando la dependencia que sentían por mi semen las causantes de mi inesperado éxito entre las damas y echándolas a ellas la culpa de lo que iba a ocurrir, vi que entrabamos en la casa donde vivía esa mujer.</p>



<p>Al bajarnos del vehículo Agda se mantuvo alejada en un intento de mantener su reputación, pero nada más cerrar la puerta y lejos de miradas indiscretas, se abalanzo sobre mí como si no hubiese un mañana. Sus ojos inyectados con una lujuria sin límite me hicieron saber que estaba en mis manos y demostrando quien mandaba, sin hablar me bajé los pantalones. La sueca al ver mi erección intentó agacharse, pero haciéndole saber que no era eso lo que buscaba, le di la vuelta y subiéndole el vestido, desgarré sus bragas.</p>



<p>La cuarentona se sintió desfallecer al sentir mi glande recorriendo los pliegues de la caldera en que se había convertido ya su sexo y apoyándose contra la pared, me rogó que la tomara. Me alegró comprobar su entrega y más que estaba empapada. Cambiando sobre la marcha de destino, cogí un poco del flujo que desbordaba su coño y embadurné con él su esfínter. Agda se giró sorprendida pero rápidamente me demostró que el sexo anal era algo habitual en ella cuando sin tenérselo que pedir separó sus nalgas con las manos. Había incursionado con mi verga brevemente en el interior de su ojete cuando escuché sus primeros gemidos. Incapaz de contenerse, la mujer moviendo su cintura buscó profundizar el contacto. Al sentir su entrega, presioné con mi glande en su entrada trasera.</p>



<p>―Fóllame mi don Juan― chilló al sentir que la iba empalando a través de su rosado ano.&nbsp;</p>



<p>Poco a poco, mi extensión fue desapareciendo en su interior mientras hacía verdaderos esfuerzos para no gritar.</p>



<p>―¡Dios!― exclamó al sentir que finalmente había conseguido absorber la totalidad de mi extensión: ―¡La tienes enorme! Creí que no me iba a caber.</p>



<p>Contra toda lógica, el culo de esa madura se había tragado tanto el grosor como la longitud de mi miembro sin quejarse y felicitándola con un pequeño azote, le pregunté si podía empezar a moverme. El efecto de esa nalgada desbordó mis previsiones y comportándose como una puta, la diplomática me rogó que le regalara otra más fuerte. Ni que decir tiene que la hice caso y descargando una serie de sonoros golpes en sus cachetes, marqué el ritmo con el que desfloraba su culo mientras ella no dejaba de chillar lo mucho que le gustaba ese rudo trato. Tengo que confesar que no me había dado cuenta de que mientras metía y sacaba mi pene de su estrecho conducto, la sueca se las había ingeniado para masturbarse sin perder el equilibrio.</p>



<p>―Más duro, mi don Juan― pidió dando elevando el volumen de sus gritos.</p>



<p>Comprendiendo que esa mujer necesitaba caña, aceleré mis incursiones. &nbsp;convirtiendo su empalamiento en algo totalmente alocado. Agda al sentir mis huevos rebotando contra su sexo, se volvió una hembra necesitada y presa de un frenesí que daba miedo, buscó que mi pene la apuñalara sin compasión.</p>



<p>―Me corro― aulló al sentir que la llenaba por completo y antes de poder hacer algo por evitarlo, se desplomó al suelo.</p>



<p>Al caer, me llevó con ella, de manera que, sin quererlo, mi pene forzó más allá de lo concebible su trasero. La rubia sollozó al notar que su esfínter había sobrepasado su límite, pero en vez de apartarse dejó que continuara cogiéndomela sin descanso.&nbsp; Afortunadamente para su trasero, no tardé en sentir que se aproximaba mi propio orgasmo y sabiendo que posiblemente nunca volvería a disfrutar de ese cuerpo, me dejé llevar&nbsp;derramándome&nbsp;en el interior de su culo.</p>



<p>Tras unos minutos durante los cuales no pudo ni moverse, se levantó y acomodándose la ropa me pidió que siguiéramos en su dormitorio.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_033_15be.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿No íbamos a comer?― pregunté mirándola.</p>



<p>Se veía a la legua que estaba encantada y que no quería perder tiempo con esa menudencia porque mientras recorríamos el pasillo en dirección a su cuarto, &nbsp;me susurró al oído:</p>



<p>―Mientras esperamos que nos suban la comida, ¿te apetece hacer uso de mis otros agujeros?</p>



<p>Solté una carcajada al oírla y muerto de risa, la besé mientras respondía:</p>



<p>―Para ser embajadora, ¡eres de lo más puta!</p>



<p>Sonriendo, contestó:</p>



<p>―Todavía, ¡no sabes cuánto!</p>



<h1 class="wp-block-heading">6</h1>



<p>Las cinco horas que pasé con Agda me parecieron pocas. Si no llego a saber que Tomasa y las dos chavalas me esperaban en el Sheraton, me hubiese quedado disfrutando del maduro pero espectacular cuerpo de esa sueca. A ella le ocurría lo mismo, pero en su caso multiplicado por mil veces y mientras se despedía de mí en la puerta de su casa, no paró de llorar rogando que no la dejara sola. Al saber que su dolor era causado en gran medida por los cambios que habían hecho en mi cuerpo esos dos seres me compadecí de ella y depositando un dulce beso en sus labios, le prometí que cuando volviera a la capital le haría una visita.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿No puedo irte yo a ver a tu finca?― preguntó con lágrimas en los ojos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desconociendo si en su naturaleza humana Ua e Ía sentirían celos, preferí decirle que antes de acceder primero tenía que hablar con las mujeres con las que vivía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por favor, convéncelas que me dejen visitarte… aunque sea una vez al mes ir. No puedo pensar que no se repita. Siento que he nacido para ti― sollozando me pidió.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La angustia de sus palabras me preocupó y sin mirar atrás, entré en la limusina de la embajada donde el chofer me esperaba para llevarme al hotel. Al cerrar la puerta, el costarricense comentó impresionado desde cuando conocía a su jefa, ya que era el primer hombre con el que la había visto entregarse. La constatación de que en Agda no era habitual ese tipo de contacto me hundió todavía más y sintiendo remordimientos, &nbsp;juré nunca dejarme llevar por la lujuria con ninguna otra mujer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¡No saben lo que han hecho!», exclamé para mí disculpando a las dos criaturas en vez de recriminárselo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La certeza de que en esos momentos la sueca debía de estar llorando mi ausencia incrementó mi zozobra y por ello fui incapaz de disfrutar de la perla que era esa ciudad. Los monumentos coloniales erigidos en sus calles pasaban a nuestro paso sin mirarlos y solo cuando la limusina aparcó frente a la entrada del hotel, sentí alivio al saber que pronto me reuniría con todas ellas, pero teniendo sobre todo presente a Tomasa, mi negra.</p>



<p>El recuerdo de su cariño genuinamente humano renovó mi ánimo y sacando fuerzas de él, entré al bar del establecimiento donde había quedado con las tres. Desde la entrada observé que estaban acompañadas por media docena de moscones. Sin gota de celos, me quedé observando como esos ejecutivos que competían entre sí buscando despertar el interés de las diosas que el destino había hecho recalar en ese lugar.</p>



<p>«Esos incautos no saben que su excitación es inducida», pensé apiadándome de ellos.</p>



<p>Las risas de las crías escuchando como Tomasa se defendía del cortés acoso al que la estaban sometiendo esos adinerados hombres no consiguieron hacerme olvidar que con seguridad era la primera vez que mi antigua cocinera despertaba el deseo de alguien de clase alta y viendo la satisfacción con la que se tomaba esos laureles, me abstuve de acercarme.</p>



<p>La belleza de la morena se había magnificado gracias al vestido de alta costura que llevaba puesto y sonriendo, me vi sacudido por la misma atracción que los tipos que revoleaban a su alrededor. La naturalidad con la que repartía sonrisas me preocupó pensando que quizás me había olvidado e incapaz de recriminarla nada cuando venía de ponerle los cuernos con la sueca, me quedé plantado sin atreverme a recorrer los cinco metros que me separaban de ella.</p>



<p>Afortunadamente Tomasa me vio y olvidando a sus pretendientes, con una felicidad difícil de esconder, corrió hacia mí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_034_32d9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Mi amor, te echaba de menos― dijo lanzándose a mi cuello.</p>



<p>Sus besos disolvieron mis malos augurios y pasando mi mano por su cintura, la atraje hacia mí mientras reconocía en mi fuero interno que yo también la había extrañado.</p>



<p>&nbsp;―Tengo tantas cosas que contarte, que no sé por dónde empezar― dijo tomando mi mano.</p>



<p>Ese gesto me dio la energía para acercarme a nuestras dos sanadoras, ya que temía que al tenerlas en frente el rencor que sentía me hiciera repudiarlas. Ajenas a lo que su simbionte sentía, las crías se levantaron e imitando a la que consideraba ya mi mujer, me llenaron de caricias mientras me presentaban a sus rendidos admiradores como su marido y el único hombre que podrían amar.</p>



<p>Creí que la actitud y las palabras de esas bellezas provocarían el escándalo no solos de esos ricachones sino también el menosprecio de todos los presentes en el bar, pero para mi sorpresa los seis tipos se presentaron con sus nombres mientras alababan la suerte que tenía al poseer el afecto de esas inteligentes hermosuras. No me cupo duda alguna que esos angelicales seres se habían ocupado de normalizar la situación para que, al verse despreciados, no se comportaran como machos ante el semental que les cerraba la puerta de las hembras y sintiendo pena por ellos, me senté.</p>



<p>―Íel, me he permitido explicarles que podrías estar interesado en oír ofertas de negocios donde invertir tu dinero― comentó la pelirroja mientras a su lado Ía se mostraba de acuerdo.</p>



<p>Sonreí al percatarme que la avaricia de esos sujetos era la razón por la que no habían saltado sobre mi cuello y más tranquilo, escuché lo que querían proponerme. Así fue cómo me enteré de que eran los representantes de una sociedad americana que había adquirido una inmensa extensión de terrenos selváticos lindando con el mar Caribe e interesado por primera vez en esa inversión, me quedé impresionado el modo en que esos dos seres negociaban en mi nombre para hacerme dueño de un porcentaje del negocio.</p>



<p>―Estaríamos dispuestos a comprar al treinta por ciento del accionariado si con ellos nos garantizan que podremos adquirir la quinta Santa Lucía― comentó la rubia mientras sacaba un portátil.</p>



<p>No quise preguntar cuándo se había agenciado ese ordenador personal y solo pregunté qué era esa edificación. Como si hubiera sabido de antemano que iba a preguntarle por ella, dando la vuelta a la pantalla, Ía me mostró las fotos de un coqueto palacete francés ubicado en un paradisiaco paisaje.</p>



<p>―Quiero que nuestros hijos se críen en este lugar― musitó en mi oído la mulata.</p>



<p>Con poco que decir en algo que ya sabía que iban a conseguir, los cuatro esperamos que los jefes de esos ejecutivos dieran su consentimiento a la operación. Tras obtenerla, entrando en internet, la chavala que apenas unos días antes no sabía ni hablar cerró el acuerdo mandando a la cuenta que le habían proporcionado cinco millones de dólares en concepto de fianza.</p>



<p>―Espero que no te moleste que hayamos puesto la casa a nombre de nosotras tres, hemos creído que sería un buen regalo de bodas para tus mujercitas― dejó caer Ua provocando las risas de los ejecutivos.</p>



<p>La mirada amorosa de mi antigua empleada evitó que me indignara y cayendo que ese dinero había sido conseguido por ellas, di mi conformidad a ello.</p>



<p>―Por eso te queremos tanto― haciéndose las impresionadas y casi a la vez, me dijeron esas arpías recién caídas del cielo mientras los apoderados de la multinacional pedían un par de botellas de champagne con las que brindar por mi futuro enlace con esos tres monumentos.</p>



<p>Confieso que, en ese momento y aunque sabía que esos tipos estaban encantados no tanto por nosotros sino por lo que esa inversión significaría en sus bolsillos, me sentía extrañamente feliz y sospechando que esa jornada me depararía todavía muchas sorpresas, alcé mi copa por ellas.</p>



<p>―Por don Miguel Parejo también― dándome un lugar respondieron las muchachas mientras Tomasa se abrazaba a mí.</p>



<p>&nbsp;La dulzura con la que pegó su cara sobre mi pecho me hizo retrotraer al momento en que la contraté y reconocí en sus ojos, la mujer humilde que incapaz de mirarme aceptó unir su destino a mí firmando un contrato laboral. Quizás eso motivó que, tomándola de la barbilla, le pidiera que se casara conmigo en presencia de todos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_038_b82b.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Vas en serio?― preguntó con alegría.</p>



<p>―Por supuesto, mi reina… pero piénsatelo bien porque si aceptas te llevas a demás a esas dos princesas― dije besándola tiernamente en los labios.</p>



<p>―Claro que acepto, mi amor― respondió mientras escuchaba los aplausos de los reunidos alrededor.</p>



<p>Olvidándose de ellos, buscó mis besos con pasión. Besos que no le fueron negados y a los que se unieron las bocas de las dos crías mientras un camarero rellanaba nuestras copas. El jolgorio que siguió a nuestro enlace no me permitió hasta que fue tarde caer en que los cuerpos de las chavalas no estaban habituados al alcohol.</p>



<p>―Estáis borrachas― exclamé muerto de risa a la media hora viendo que apenas podían mantenerse de pie.</p>



<p>Para ellas esa sensación era nueva e incapaces de reconocer que su alegría era inducida por ese vino espumoso, intentaron que les diese de comer frente a todos. Por suerte, los ejecutivos creyeron que iban de broma sino se hubiesen escandalizado al ver que intentaban bajarme la bragueta en medio del bar.</p>



<p>―Siento decirles que el deber me llama― siguiendo la guasa, comenté mientras con ayuda de Tomasa las sacaba rumbo a nuestra habitación.</p>



<p>―Tenemos hambre― con la voz tomada insistió Ua mientras las metíamos en el ascensor.</p>



<p>―Nos prometiste darnos tu esencia― apoyando a la pelirroja, su compañera protestó.</p>



<p>Repeliendo su ataque, conseguí llevarlas hasta el cuarto y solo cuando había cerrado la puerta, permití que me bajaran los pantalones.</p>



<p>―Cuanto echaba de menos mi biberón― susurró la rubia al ver mi erección.</p>



<p>―Sera mejor que te sientes en la cama― desternillada de risa, me aconsejó la viuda: ―Con la merluza que traen, son capaces de tirarte.</p>



<p>Fue una suerte porque, al ver que me sentaba y compitiendo entre ellas, se lanzaron sobre mi pene en busca de su sustento. Lo que no me esperaba fue que, al pegar el primer lametazo sobre mi extensión, la zorra de la rubia que notaba en mi sabor que me había acostado con la embajadora.</p>



<p>Girándome hacia la morena iba a disculparme cuando sonriendo esta susurró en mi oído que no me preocupara porque sabía que eso iba a ocurrir desde que había visto la atracción que sentía esa sueca por mí. Sorprendido pregunté si no le molestaba y entonces haciéndome una carantoña, me recordó que había prometido no cabrearse cuando alimentara a otras. No quise contradecirla y tomándola entre mis brazos, me puse a desnudarla, pero entonces las dos infernales criaturas protestaron.</p>



<p>―Nuestro biberón ya no nos quiere. No hace más que moverse― casi llorando Ua comentó.</p>



<p>Temiendo que producto de su melopea me hicieran daño, decidí facilitarles las cosas y tumbando a Tomasa, les comenté que dado que veían doble era preferible que esa noche lactaran de ella. La morena sonrió al escucharme y llamándolas, se pellizcó los pezones. Las chavalas al observar los dos grifos de blanca leche cambiaron de objetivo y reptando sobre las sábanas, llevaron sus bocas a los pechos de su ama de cría.</p>



<p>―Bebed mis niñas, bebed de vuestra negra― con cariño no exento de deseo, susurró la dueña de los dulces cántaros que mamaban.</p>



<p>Sin perder detalle de esa tierna escena esperé a que, con el estómago lleno, las alcoholizadas muchachas se quedaran dormidas. Tal y como preví, no tardaron más de diez minutos en quedarse cuajadas. Entonces y solo entonces, abrí el minibar preguntando a mi morena si le apetecía un ron.</p>



<p>―Por supuesto, eso no se pregunta― levantándose desnuda comentó.</p>



<p>Sirviendo dos vasos bien cargados, me senté en el sofá y mientras las veía dormitar, pregunté a Tomasa por su día. Pegándose a mí, me narró que tras dejarme en la embajada habían ido a un banco donde el gerente tras recibirlas abrió una cuenta a cada una. Me abstuve de preguntar con qué dinero porque sabía de antemano su origen y por ello únicamente comenté si le habían dado suficiente para sus gastos.</p>



<figure class="wp-block-image"><img alt=""/></figure>



<p>&nbsp;―Amor mío, ni despilfarrando puedo acabar con la suma que les autorizaste que pusieran a mi nombre― susurró mirándome embelesada.</p>



<p>No quise contrariarle diciendo que esas zorritas habían actuado de motu propio, pero tampoco adjudicarme un mérito que no me correspondía y por eso le pedí que me explicara que habían hecho después.</p>



<p>―Nuestras niñas me llevaron a una tienda <em>Prêt―à</em>―<em>porter. Yo no quería entrar, pero ellas insistieron diciendo que la hembra de la pareja que las protegía debía de vestir de acuerdo con su rango… te prometo que no usamos tu tarjeta sino la mía― comentó como si me importara algo lo que se habían gastado. </em><em></em></p>



<p><em>Mientras vomitaba avergonzada la cantidad de ropa que se había probado, me quedé pensando en el comportamiento de las crías y caí que, en su función simbiótica, no solo se creían en el deber de satisfacer mis necesidades materiales sino también las de su “¿madre? ¿dueña?”. Volviendo a la realidad, escuché que Ua e Ía se habían agenciado en otra boutique para gente de su edad un ajuar digno de una estrella de cine.</em><em></em></p>



<p><em>―Cariño, ¿tengo que recordarte que tienen casi doscientos años?― murmuré divertido.</em><em></em></p>



<p><em>―Para mí, son unas crías― respondió sin dar importancia a mis palabras, para acto seguido decirme que luego fueron a comprar mi regalo.</em><em></em></p>



<p><em>―¿Qué regalo?― pregunté, dada la facilidad con la que gastaban.</em><em></em></p>



<p><em>Levantándose del sofá, abrió el armario y me enseñó una colección de lencería que cuanto menos se podía catalogar como escandalosa.</em><em></em></p>



<p><em>―¿Quiere mi dueño que su negrita se pruebe un modelito?― murmuró en plan picantón.</em><em></em></p>



<p><em>―Lo estoy deseando― contesté dudando que algo me gustase más que verla desnuda.</em><em></em></p>



<p><em>La coquetería innata de la morena se vio satisfecha y tomando media docena de conjuntos, se metió al baño. Mientras esperaba su vuelta, me serví otra copa y mientras retornaba a mi sitio, escuché que la pelirroja hablaba en sueños. Creyendo que me decía algo, me acerqué y al preguntar qué quería, entre sueños respondió:</em><em></em></p>



<p><em>―Ya falta menos para que nuestros “¿padres? ¿dueños?” nos regalen hijos con los que emparejar a nuestras hermanas que se quedaron solas.</em><em></em></p>



<p><em>Comprendí que en su borrachera la joven creía que hablaba con Ía sobre unos planes y unas “hermanas” de las que jamás habían hablado.</em><em></em></p>



<p><em>―Sí cariño, ya falta menos― respondí intentando tirarle de la lengua.</em><em></em></p>



<p><em>―De la mano de nuestra prole, nuestra especie crecerá y hará más fuerte a los humanos para que juntos conquistemos la galaxia.</em><em></em></p>



<p><em>Me costó asimilar el engaño y por eso traté de que siguiera explicando la razón verdadera por la que habían llamado a nuestra puerta. Desgraciadamente,&nbsp; se puso a susurrar en un inteligible idioma que debía ser el suyo natal y no conseguí nada más de ella. Seguía aterrorizado cuando saliendo con un modelo que dejaba poco a la imaginación, mi negrita me preguntó si me gustaba. Al ver mi cara, se dio cuenta que algo me pasaba y sin ahorrar detalle, le expliqué lo que había escuchado.</em><em></em></p>



<p><em>Tomasa atendió mis palabras en silencio con creciente indignación y solo cuando terminé de explayarme, abrazándome preguntó qué íbamos a hacer. </em><em></em></p>



<p><em>―No lo sé― reconocí a la única humana en que podía confiar y con la que compartía la responsabilidad de toda una especie.</em><em></em></p>



<p><em>Hundiendo su cara en mi pecho, mi adorada negrita comenzó a llorar…</em><em></em><em><br></em></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/204/69870473/69870473_057_7e88.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 3&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 18:05:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[3 Sobre las diez y media, desperté todavía abrazado a Ua. La joven debía de haber amanecido antes y al sentir que me movía, usando su voz en vez de sus hebras, me preguntó si había descansado. Sorprendido de que durante la noche hubiera aprendido a hablar y que lo hiciera con una mezcla de nuestros acentos, respondí que cómo era posible. Luciendo una sonrisa que me dejó embobado, me informó que ambas habían aprovechado las horas para practicar con sus cuerdas vocales. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Tienes una voz preciosa― contesté regalándole un breve pico en sus labios. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Al igual que [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">3</h1>



<p>Sobre las diez y media, desperté todavía abrazado a Ua. La joven debía de haber amanecido antes y al sentir que me movía, usando su voz en vez de sus hebras, me preguntó si había descansado. Sorprendido de que durante la noche hubiera aprendido a hablar y que lo hiciera con una mezcla de nuestros acentos, respondí que cómo era posible. Luciendo una sonrisa que me dejó embobado, me informó que ambas habían aprovechado las horas para practicar con sus cuerdas vocales.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tienes una voz preciosa― contesté regalándole un breve pico en sus labios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al igual que cuando le di el azote, ese tierno gesto la cogió con el pie cambiado y abriendo los ojos de par en par quiso que le explicara porque la había besado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Porque eres preciosa― comenté repitiendo el mismo mimo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus mejillas se tiñeron de rojo con el piropo y bajando su mirada, avergonzada preguntó si era cierto. Impresionado de que no fuera consciente de su belleza, la atraje hacía mí y forzando su boca, la besé esta vez con pasión. Por un momento que me pareció eterno Ua se quedó petrificada y solo cuando sintió mi lengua jugando con la suya, decidió dejarse llevar. Durante un minuto, compartimos nuestros labios y si no me permití acariciarla, fue por estar convencido de que para esa cría el ser querida era difícil de asimilar.&nbsp; Supe que estaba en lo cierto cuando dominada por una sensación desconocida no aguantó la presión y se echó a llorar.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_003_31b9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tranquila, princesa. No pasa nada― entrelazando mis dedos en su pelo, murmuré.</p>



<p>Mi susurro, lejos de amortiguar sus lloros, los incrementó.</p>



<p>―¿Qué le pasa a este cuerpo?― aterrorizada preguntó.</p>



<p>Recordando que la noche anterior ella misma había dejado caer que habían adoptado recientemente la forma humana, comprendí que al hacerlo había sido con todas las consecuencias y que su angustia se debía a no saber reconocer que sentía. Queriendo saber más, le pedí que me dijera qué era lo que había experimentado con el beso.</p>



<p>―Mi respiración se aceleró al igual que mi corazón― respondió sin entender que al adquirir nuestra anatomía también se veía estimulada por los mismas hormonas que nosotros.</p>



<p>Midiendo mis palabras, le informé que esa reacción se debía a que lo que había experimentado era deseo y que debía aceptar que era humana.</p>



<p>―No soy una mujer, soy una sanadora― contestó sobrecogida.</p>



<p>Riendo la miré y acariciando uno de sus pechos, jugueteé con el rosado botón que lo decoraba. El pezón de Ua se contrajo excitado al sentir la acción de mis yemas.</p>



<p>―No es posible― musitó todavía incrédula.</p>



<p>No queriendo asustarla le pedí permiso para metérmelo en los labios. Convencida de su incapacidad de sentir, me lo dio. Dudé si estaba actuando correctamente ya que a pesar de parecer una veinteañera esa criatura acababa de renacer y con sumo cuidado, lamí los bordes de su areola para demostrar mi teoría. El sollozo que brotó de su garganta al notar esa húmeda caricia fue la prueba incontestable de su humanidad. &nbsp;</p>



<p>―Santa luz― chilló superada cuando tomando el pezón mamé de él.</p>



<p>Su grito despertó a las dos durmientes y deseando que entendieran que no le pasaba nada, les expliqué lo que ocurría.</p>



<p>―Te equivocas, Íel. Debe ser otra cosa. Nunca he oído que una sanadora se vea atraída por su protector. Somos sexualmente inoperantes. Nuestra función no nos lo permite― contestó Ía.</p>



<p>Por alguna razón Tomasa no quiso intervenir ni tomar partido, por lo que nuevamente tuve que ser yo quien sacara a ese bello ser de su error.</p>



<p>―Si tan segura estás, te importa que haga la prueba contigo.</p>



<p>Dando por hecho que no sentiría nada, confiada puso un seno a mi disposición. Antes de metérmelo en la boca, observé que era más grande pero no por ello menos bello que el de su compañera.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_005_b009.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tienes unos pechos maravillosos― desde el otro lado de la cama, la mulata confirmó mis pensamientos.</p>



<p>El rubor de sus mejillas me azuzó a acercarme y repitiendo la misma operación que con Ua, dediqué unos segundos a impregnar de saliva su pezón antes de abrir los labios. Desde el primer lametazo, la inexperta supo que se había equivocado al suponer que no se vería afectada, Intentando afianzar sus dudas decidí mordisquearlo suavemente antes de ponerme a mamar.</p>



<p>Fascinada y con la carne de gallina, recibió esa caricia como una derrota y echándose a sollozar, me rogó que parara.</p>



<p>―Hazlo Miguel, déjala asumir sus sentimientos― me rogó la morena al sentir como suya la angustia de la chavalilla.</p>



<p>Al ver que obedecía y ejerciendo como madre, Tomasa las abrazó sin decir nada. Sintiendo que mi presencia sobraba, me levanté al baño mientras dejaba a esas dos crías llorando en brazos de la morena. Reconozco que me sentía sucio. En mi paranoia por entender que eran,&nbsp; las había forzado por encima de sus posibilidades y ahora no sabía cómo actuar. Mi corazón me pedía pedirles perdón, mientras mi cerebro intentaba convencerme de que había hecho lo correcto al revelarles hasta donde llegaba su parte humana. Al final venció mi corazón y hundido volví al cuarto.</p>



<p>Desde la puerta, contemplé a las niñas mamando de la viuda y no queriendo interrumpir ese momento, me senté frente a ellas sin hablar. La imagen no podía ser más tierna, desesperadas por lo que sus cuerpos experimentan se había lanzado a por sustento en un intento de rehuir sus sensaciones. No llevaba más de unos segundos cuando me percaté que involuntariamente las dos albinas comenzaban a restregar tímidamente sus sexos contra los muslos de la morena. Tomasa me guiñó un ojo al darse cuenta y pidiendo con la mirada que no interviniera, se quedó quieta sin moverse mientras notaba que las chavalas iban incrementando la velocidad con la que se auto estimulaban.</p>



<p>&nbsp; ―Comed y no penséis― les dijo sin dar importancia a la creciente humedad de sus coñitos: ―Os quiero, mis pequeñas.</p>



<p>Desde mi privilegiado puesto de observación, recreé mi mirada en ellas y comprobé sus diferencias. Al igual que sus pechos, el trasero de Ía era más grande que el de su compañera y en contrapartida, Ua poseía un delicado equilibrio que la hacía igualmente atractiva.</p>



<p>«Son un sueño», medité mientras a mis oídos llegaban sus primeros gemidos.</p>



<p>Asumiendo que antes de tocarlas siquiera, debían explorar ellas solas su parte humana, la mujer observó inmóvil la creciente calentura de la crías. Para entonces e incluso para ellas era evidente su excitación y dejando por fin los pechos que las estaba amamantando, buscaron los besos de Tomasa. La viuda no rehuyó sus labios y alternando besos entre ellas, colaboró discretamente en su auto búsqueda.</p>



<p>El erotismo de la escena no me pasó inadvertido y con ganas de unirme a ellas, tuve que hacer un esfuerzo por evitarlo.&nbsp; Gracias a ello, pude reparar en que Ua estaba al borde del orgasmo y que se ponía a temblar mientras seguía frotando su vulva contra la pierna de su teórica protegida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_006_b009.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¡Soy una mujer!― gimió descompuesta al sentir que sus neuronas se consumían de placer.</p>



<p>La aceptación de su parte humana por parte de su compañera derritió los reparos de Ía y cayendo hacia atrás, lloró presa de su primer orgasmo. Testigo de su descubrimiento, esperé a que dejaran de moverse para acercarme y sin preguntar nada, las abracé.&nbsp; Las dos crías recibieron nuestras caricias abochornadas al darse cuenta de que habían recibido un don sin dar nada a cambio y durante un largo rato, siguieron intentando entender y asumir que habían dejado de ser unos seres asexuados y que gracias a los genitales humanos conocían de primera mano lo que era amar.</p>



<p>Al escuchar el rugido de mi estómago, Ua se percató que no había comido nada desde la noche anterior y totalmente cortada, me preguntó porque seguía cuidándolas cuando era notorio que necesitaba alimento.</p>



<p>Acariciando su blanca melena, respondí:</p>



<p>―¿Crees que hay algo más importante para mí que cuidar a mis mujercitas?</p>



<p>Desconcertada por mi respuesta, dos gruesos lagrimones surcaron sus mejillas.</p>



<p>―Nunca creí que un día comprendería lo que realmente quería decir los humanos afirmaban que estaban enamorados, y ahora lo sé. Mi amor por ti solo es comparable a que siento por nuestra Asa.</p>



<p>Y dirigiéndose a su hermana, le preguntó si ella sentía lo mismo. Ía fue todavía más explícita:</p>



<p>―Gracias a vosotros, sé que es el amor y si lo permitís además de ser vuestra sanadora quiero ser vuestra mujer.</p>



<p>Besándola, Tomasa contestó:</p>



<p>―Ya lo eres pequeña hechicera. Tú y tu hermana sois nuestras mujeres y espero que aceptéis a esta anciana de la misma manera.</p>



<p>Riendo las dos chavalas le dijeron que no era vieja, que ellas llevaban viviendo vivido mucho más.</p>



<p>―¿Qué edad tenéis?― pregunté.</p>



<p>&nbsp;Sin dar importancia al dato, tras calcularlo, Ua nos informó que ambas habían salido de la cuba de fertilización un primero de febrero de hacía ¡ciento noventa y tres años terrestres!</p>



<p>―¡Su puta madre! ¡Sois unas rucas!― exclamó muerta de risa la mulata: ¡Decidme qué crema os echáis que me la compro!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin entender la guasa, comentaron que,&nbsp; si de verdad quería parecer más joven, ellas podían conseguirlo. Tomasa se quedó pensando y tras darse cuenta de que, si de pronto aparecía por el pueblo sin arrugas, la gente empezaría a chismear y por eso les pidió que se abstuvieran de meterles mano.</p>



<p>―¿Y unos pechos más grandes?― insistieron apelando a la coquetería innata de las mujeres: ―¿O un trasero más firme?</p>



<p>―Eso no me vendría mal, ¿verdad?― comentó mirándome.</p>



<p>―Yo te veo maravillosa como estás― respondí evitando mojarme.</p>



<p>Conociendo a las féminas, mi negrita iba a hacer lo que quisiera y si dejaba caer que la retocaran, me iba a ir como en feria. Por eso permanecí callado mientras esa crías (me resultaba imposible pensar en ellas como unos seres que me quintuplicaban la edad) seguían tentando a la cocinera con distintos retoques, a pesar de saber que sería yo el beneficiado.</p>



<p>Lo malo fue cuando habían acabado de pactar los cambios en la mulata empezaron a conmigo. Acojonado por ser manipulado, solo permití que a través de sus manejos perdiera algo de grasa abdominal.</p>



<p>―¿Y no quieres que te toquemos el sexo? Podríamos hacerlo enorme.</p>



<p>―Ni de coña, me lo dejáis en paz― contesté temiendo convertirme en una especie de Rocky Siffredi.</p>



<p>Interviniendo Tomasa, se atrevió a comentar que dado que tendría que satisfacer dos bocas hambrientas y una mujer ardiente al menos debía permitir que me otorgaran más resistencia. Estaba a punto de mandarla a la mierda cuando, sonriendo un tanto avergonzada, Ía comentó que por ese aspecto no tenía que preocuparse ya que al mejorar mi estado físico y corregir un problema que habían visto en mi corazón, ahora tenía la fortaleza de un chaval de veinte. No supe si cabrearme o agradecérselo. Me habían mejorado, pero… sin mi permiso.</p>



<p>Mi cara debió de ser lo suficientemente elocuente porque entrando al saco, Ua intentó disculpar esa intromisión diciendo:</p>



<p>―Amado Íel, no nos podíamos permitir perderte en solo veinte años, tras las mejoras nos durarás al menos otros ochenta.</p>



<p>Que hubieran multiplicado por cuatro mi esperanza de vida era de agradecer, pero aun así seguía cabreado y de mala leche, contesté que ya hablaríamos porque me urgía una ducha, para acto seguido dejarlas en la habitación.</p>



<p>Ya en el baño, abrí el grifo y mientras esperaba a que tomara temperatura, me puse a pensar lo extraño que era la tranquilidad con la que, tanto Tomasa como yo, habíamos aceptado que no eran humanas sino unos seres de otro planeta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_009_e348.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>«Lo lógico es que nos hubiéramos cagado encima y hubiésemos tratado de huir», medité, «en cambio nos pareció hasta normal».</p>



<p>La claridad de que ese planteamiento era acertado y que algo raro había, me hizo saber que de algún modo había actuado en la química de nuestros cerebros para que así fuera.</p>



<p>«Serán preciosas, dulces, encantadoras y demás, pero son unas zorras», dije para mí sin enfadarme.</p>



<p>Dando vueltas al asunto, estaba ya en la ducha cuando escuché que se abría la mampara, al girarme vi que era la mulata.</p>



<p>―Patrón, tenemos que hablar de lo que he hecho― musitó preocupada sin atreverse a entrar.</p>



<p>Que me llamara nuevamente “patrón” en vez de Miguel, me anticipó que lo que iba a escuchar no sería de mi agrado y por eso, decidí comportarme con ella como antes:</p>



<p>―Tu dirás, mujer.</p>



<p>La cuarentona tomó aire antes de decir:</p>



<p>―Siento que me he aprovechado de usted y de su bondad. Debo confesar que siempre me ha gustado y que muchas noches he soñado que entraba en mi habitación. Por ello cuando esta noche Ua estaba arreglando mis problemas, se dio cuenta que no éramos pareja y me preguntó por qué. Al enterarse que secretamente lo deseaba, me dijo que si la dejaba me podía ayudar a conseguirlo.</p>



<p>―¡Qué me hicieron! ¿Me tocaron el cerebro?― exclamé lleno de ira.</p>



<p>Llorando a moco tendido y sin mirarme, contestó:</p>



<p>―No, patrón. Fue a mí. Según ella, con solo un pequeño cambio en mis feromonas, me haría irresistible ante cualquier hombre. Tanto deseaba que usted me hiciera caso, que acepté.</p>



<p>―Además de idiota, eres tonta. Si hubieses querido acostarte conmigo, solo tenías que pedirlo― grité indignado: ―Ahora que eres un afrodisiaco andante, ¿te vas a follar a todo el pueblo?</p>



<p>Usando mis palabras contra mí, preguntó si era verdad eso… que si antes que llegaran nuestras niñas ya la deseaba.</p>



<p>―Siempre has sido una mujer atractiva― musité al ver en sus ojos un hálito de esperanza: ―pero ahora no sé qué decir.</p>



<p>―Sigo siendo la misma negra enamorada de su patrón― sollozando contestó: ―Y si tan asquerosa le resulto, cojo mis cosas y me voy.</p>



<p>La angustia de esa buena mujer me derrumbó y tomándola del brazo, la metí conmigo bajo la ducha.</p>



<p>―No te vas a ninguna parte. Eres una puta, una golfa y una liante, pero quiero que seas mi puta, mi golfa y mi liante― respondí mientras forzaba su boca con mi lengua.</p>



<p>―Soy todo eso y más, mi señor, mi amado Íel― suspiró de alegría pegándose a mí.</p>



<p>El tacto de su piel despertó mi lujuria y cogiendo uno de sus hinchados senos, lo mordisqueé mientras deslizaba mi mano hasta su entrepierna. Al encontrarme sus pliegues llenos de flujo, comprendí que su entrega era total y aprovechándome de ello, decidí dar un salto en esa relación recién estrenada:</p>



<p>―Si te portas bien con tu patrón, a este no le importaría usarte de por vida.</p>



<p>El gemido de deseo que brotó de su garganta al oírme me alentó a continuar:</p>



<p>―Serás mía y solo mía. Y nunca miraras a otro.</p>



<p>―No lo haré― murmuró al sentir uno de mis dedos entrando en su coño.</p>



<p>―No te pondrás celosa cuando alimente a las niñas.</p>



<p>―Nunca, mi señor― gimoteó moviendo sus caderas.</p>



<p>―Te entregaras por completo y no te negaras a nada.</p>



<p>―Nunca podría negarme a mi señor― lloriqueó sintiendo que le flaqueaban las piernas.</p>



<p>Dándole la vuelta, comencé a recorrer sus negros cachetes enumerando sus obligaciones mientras le metía un dedo en el ojete:</p>



<p>―Me entregarás tu culo, tu boca y tu coño. Tu cuerpo por completo.</p>



<p>―Ya son suyos, mi adorado patrón.</p>



<p>Acercando mi glande a sus labios, comencé a jugar con su clítoris haciéndola saber que iba a volverla a tomar e incrustando un par de centímetros mi sexo, mordí su oreja diciendo:</p>



<p>―Tu renovado vientre me dará hijos y compartiré con ellos la leche de tus tetas.</p>



<p>Para la mulata más que una obligación fue una promesa y echándose hacia atrás se embutió toda mi erección diciendo:</p>



<p>―Su negra le dará negritos, mi señor.</p>



<p>―Y, para terminar, me ayudarás a adiestrar a esos seres.</p>



<p>―¿Adiestrar?― preguntó.</p>



<p>Le mordí la oreja diciendo:</p>



<p>―Mi querida Tomasa, ¿no te das cuenta de que si sus cuerpos son capaces de sentir deseo, es nuestro deber el enseñarles a ser humanas? Como mi pareja, deberás ayudarme a convertirlas en nuestras mujercitas en todos los sentidos. ¿Estás de acuerdo?</p>



<p>―¡¡¡Sí!!! Íel…</p>



<h1 class="wp-block-heading">4</h1>



<p>Tras desayunar, nos teníamos que enfrentar a una serie de problemas prácticos. El primero de ellos era su ropa. Revisando el armario de Tomasa, había poco en él que las sirviera. Siendo esta una mujer alta en términos costarricenses, las chavalas la llevaban unos quince centímetros y por ello todos los vestidos que las probamos les quedaban indecentemente cortos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_013_6fbf.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tendremos que comprarles de todo― comenté mientras Ía se probaba un sujetador de la mulata y comprobaba que le quedada enorme. Como la diferencia de pecho era todavía mayor en Ua, está ni siquiera lo intentó. Algo parecido ocurría con las bragas, al tener unas caderas menos exuberantes. Dándose por vencidas, Tomasa les cedió unos pantalones que además de ser demasiado holgados, les quedaban cortos.</p>



<p>―Antes de pensar en llevarlas al pueblo, deberíamos pintarles el pelo para darles un aspecto más normal.</p>



<p>Sabiendo que nunca podrían pasar desapercibidas por el color de su piel y antes de hacer algún cambio, decidí explicarle a ella la situación. Las dos crías comprendieron de inmediato el tema y por eso accedieron a que les tiñéramos sus melenas.</p>



<p>―No sería lógico que llevaran el mismo color― murmuré pensando en diferenciarlas y así evitar que parecieran gemelas.</p>



<p>Su apariencia nórdica era determinante a la hora de elegir las tonalidad y por eso sacándoles una foto, usé un programa de ordenador para irles mostrando cómo les quedarían. Lo que nunca me esperé fue que, en vez de elegir por ellas mismas, buscaran en nuestras reacciones cuál se pondrían.</p>



<p>―Yo quiero ese― sentenció Ua al comprobar el atractivo que provocaba en Tomasa la versión pelirroja.</p>



<p>No pude estar más de acuerdo, ese pelo unido a sus ojos azules le conferían una sensualidad casi adolescente. Ía, en cambio eligió un cambio menos drástico.</p>



<p>―Ese color dorado me pega más.</p>



<p>Supe que la razón que la habían inducido era que había leído en mis reacciones la atracción que sentía desde niño por las rubias, pero no lo comenté al no querer poner a prueba los celos de mi antigua empleada. Una vez decididos los cambios en sus melenas, debíamos pensar en una excusa para su presencia en la casa.</p>



<p>―Podríamos decir que son mis sobrinas― dejé caer.</p>



<p>―No, Miguel. Tarde o temprano, la gente sospecharía. Como se dice, más vale una vez rojo que ciento amarillo. Si decimos que son de tu familia y luego la gente descubre que estás con ellas, sería malo a la larga.&nbsp; Es mejor que se escandalicen desde el principio.</p>



<p>―¿En qué has pensado?― pregunté.</p>



<p>Tomando su tiempo para acomodar sus ideas, mi fiel negra respondió:</p>



<p>―Cuando llegaron a nuestra puerta, pensamos que eran dos turistas que se habían perdido. ¿No es así?</p>



<p>Al ser una pregunta retórica, no respondí y esperé a que continuase.</p>



<p>―Si mantenemos que son dos mochileras que han venido de Europa a disfrutar de sol y playa a las que has dado cobijo, nadie sospechará si luego se quedan indefinidamente como tus amantes. Piense que en el pueblo se murmura que en España eras un tipo importante que ha venido a esconderse aquí huyendo de un lio de faldas. Qué unas mujeres con ganas de pasárselo bien se aprovechen de tu dinero para vivir en este paraíso, sería algo que la gente consideraría normal. Ya lo dicen de mí. Según las habladurías, llevo compartiendo cama y mantel contigo desde el día siguiente que entré a trabajar aquí.</p>



<p>Me quedé con la boca abierta al oír de sus labios los chismes que corrían por el pueblo, pero dando cierta razón a su planteamiento, accedí a presentarlas así.</p>



<p>―¡Pura vida!― exclamé descojonado al saber que si los habitantes de la zona pensaban que era un don Juan cualquier escándalo posterior quedaría amortiguado al asumir que se debía a mi vida licenciosa.</p>



<p>Habiéndonos inclinado por esa opción, debíamos en primer lugar ir a por ropa acorde con su edad y por tintes para el pelo, pero nos encontrábamos con la renuencia de ellas a separarse de nosotros. Seguíamos dando vueltas a cómo hacerlo cuando de pronto escuchamos que un coche se acercaba. Al mirar a través de la ventana, descubrí que el inesperado visitante era el sargento de policía que conocía y no queriendo que se enterara de su presencia, pedí a Tomasa que las escondiera en mi cuarto mientras salía a recibirle.</p>



<p>―¡Qué milagro!― exclamé con dos cervezas en las manos tratando de demostrar normalidad: ―¿A qué se debe tu visita?</p>



<p>El uniformado tomó el botellín con una sonrisa mientras me decía que venía por el incendio del monte cercano. Gracias a mi experiencia en el póker, me mantuve impertérrito mientras le explicaba que había visto la humareda pero que no me había acercado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_011_88a0.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Mejor, está lleno de gente del gobierno― comentó mientras vaciaba su cerveza.</p>



<p>Conociéndole había traído una buena provisión y dándole la segunda, quise que me contara que había pasado para suscitar el interés de la capital.&nbsp; Manuel haciéndose el interesante, dio un buen trago antes de contarme que como representante de las fuerzas del orden se había acercado el primero a ese lugar y que por eso lo que me iba a contar era de primera mano.</p>



<p>―Me imagino que fue una avioneta la que se estrelló― dije a modo de anzuelo.</p>



<p>El agente sonrió y sin negar esa versión, me explicó que al llegar comprobó que la extensión de bosque dañada era de casi ochocientos metros de largo por cincuenta de ancho y que por ello había notificado el hecho directamente a la base. Tras lo cual me enseñó en su móvil una foto donde se vía un amasijo de hierros.</p>



<p>―Menuda leche se pegaron. Me imagino que no hubo supervivientes― comenté mientras daba buena cuenta de mi cerveza.</p>



<p>―Personalmente lo dudo, pero no hemos encontrado tampoco los cuerpos de sus ocupantes― respondió y pasando a la siguiente imagen, a modo de confidencia, musitó: ―Lo único que se han hallado son restos de lo que parecen ser unos pulpos enormes que llevaban en la bodega. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>No dije nada al observar en la pantalla dos masas informes que el paisano había identificado como cefalópodos. Al ver los cadáveres de los antiguos protectores de las muchachas, me quedé callado horrorizado ya que había dado por sentado que serían parecidos a los humanos. Viendo mi cara de sorpresa, el sargento me contó que al llegar los miembros del gobierno le habían ametrallado con preguntas y que, temiendo alguna infección bacteriológica, le habían hecho multitud de pruebas médicas mientras se llevaban en recipientes sellados esos despojos.</p>



<p>―La fijación de esos tipos con esos bichos me hace sospechar que los ocupantes de ese avión debían de ser traficantes de especies en peligro de extinción.</p>



<p>Sin dar importancia al dato, el hombretón me anticipó que, aunque se estaban centrando en el área que lindaba con el mar, tal y como se estaban comportando los enviados del gobierno era seguro que tarde o temprano pasaran por mi finca a preguntar.</p>



<p>―Gracias por avisar, pero como no les hable de las pencas que están creciendo en mis plataneros no sé qué van a sacar de mí― despelotado contesté mientras le despedía.</p>



<p>Tras decirle adiós, aguardé que desapareciera para acercarme a mi habitación con la intención de comunicarles lo que había averiguado. Al entrar me encontré con que las chavalas habían aprovechado mi ausencia para retocarse físicamente.</p>



<p>―¿Cómo narices os habéis pintado el pelo?― exclamé antes de darme cuenta de que su transformación iba más allá y que además de lucir el tono que habíamos hablado en sus melenas, la palidez de su piel también había desaparecido y ambas lucían un moreno que parecía producto de largas horas tomando el sol.</p>



<p>―¿Verdad que están preciosas?― Tomasa preguntó muerta de risa.</p>



<p>Esos retoques me dejaron sin palabras y mientras las crías exhibían sus renovados atributos ante mí supe que, &nbsp;si antes ya eran bellas,&nbsp; con esos cambios se habían convertido en dos diosas que bien podían competir en el concurso de Miss Mundo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_015_0789.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;«Joder, ahora pasaran todavía menos desapercibidas», me dije anonadado.</p>



<p>Ía quiso saber mi opinión meneando su nuevo cabello mientras comparaba su bronceado con el mío.</p>



<p>―Estáis guapísimas― reconocí incapaz de retirar la mirada de ambas.</p>



<p>Su compañera riendo comentó que habían hecho caso a la mulata respecto a lo delicadas que era la piel sin melanina y que por ello habían dotado a sus epidermis con ese pigmento.</p>



<p>―¿Crees que deberíamos hacernos crecer vello púbico?― insistió.</p>



<p>―Ni de coña. Me encanta tal y como los tenéis― susurré impresionado con la facilidad con la que mudaban y entrando en materia, les comenté las fotos que me había enseñado el policía.</p>



<p>―¿Esos seres eran vuestros simbiontes?― pregunté negándome a llamar protectores a esos capullos haciendo referencia a la simbiosis, esa asociación entre organismos de especies diferentes por la cual ambos se benefician.</p>



<p>Metiendo sus hebras bajo mi piel, la ahora rubia buscó en mi mente las imágenes de las que hablaba y tras hallarlas, llorando lo confirmó:</p>



<p>―No pudimos hacer nada por salvarlos. Cuando despertamos tras el accidente, ya estaban muertos y nosotras malheridas. Gracias a los datos que habíamos acumulado durante los años que nuestros “¿padres? ¿dueños?” se habían dedicado a estudiar la tierra, pudimos mudar en lo que ahora somos y así poder sobrevivir en esta atmósfera cargada de oxígeno.</p>



<p>Por su dolor comprendí que sentía que les habían fallado y por eso preferí cambiar de tema, diciendo que debíamos buscar un modo de crearles una coartada por si venían preguntando.</p>



<p>―¿Te refieres a un pasado?― susurró la joven.</p>



<p>―Sí― repliqué: ―Voy a intentar contactar con alguien que os falsifique unos pasaportes, aunque os reconozco que no tengo ni idea cómo hacerlo.</p>



<p>Sonriendo, la espectacular chavala me pidió permiso para entrar en mi ordenador. Sin nada que perder, accedí y encendiéndolo, le pasé el teclado.</p>



<p>―No lo necesito― respondió y sacando los mismos apéndices que usaba para entrar en mi mente, los insertó en la entrada USB.</p>



<p>Me quedé paralizado al ver pasar diferentes webs a una velocidad endiablada mientras me preguntaba si podían pasar por suecas.</p>



<p>―Perfectamente― murmuré sin saber qué se proponía.</p>



<p>―Íel, ¿te gustaría que tus mujercitas tuvieran estudios?― insistió mientras en la pantalla vi que entraba en mis finanzas: ―Sería bueno para poder explicar los consejos que te vamos a dar para que mantenernos no te cueste dinero.</p>



<p>―¿De qué coño hablas?― pregunté mientras observaba que a un ritmo vertiginoso se introducía en las bolsas de medio planeta.</p>



<p>Poniendo cara de niña buena, la pelirroja comentó:</p>



<p>―Sin otra cosa que hacer, aprendimos los rudimentarios esquemas con los que organizáis vuestro mundo y nos resultaría sencillo, transformarte en un hombre riquísimo sin dejar rastro alguno en sus ordenadores.</p>



<p>Estaba a punto de avisarles que no se pasaran cuando de pronto la impresora empezó a escupir papel. Al cogerlo, leí alucinado que en solo tres minutos maniobrando Ía había sido capaz de crearse un pasado tanto personal como académico y que sus nombres “legales” eran Ua Asasson e Ía Ielsson.</p>



<p>―Espero que no te moleste que me haya inspirado en vosotros para nuestros apellidos― comentó con una sonrisa de oreja a oreja.</p>



<p>―¿Hasta qué punto alguien podría descubrir el amaño?― preocupado pregunté.</p>



<p>―Nadie podrá nunca descubrirlo, me he ocupado de ello― soltando una carcajada, la puñetera cría respondió mientras seguía leyendo que mientras ella era la hija de un reverendo y de su mujer ambos ya fallecidos, Ua había pasado su infancia con sus abuelos en un pueblo perdido en las montañas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si ya de por sí eso era increíble, cuando sacó mi historial financiero no supe que decir ya que de alguna forma había conseguido multiplicar por cien mis inversiones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Chavala, me preocupa tanto dinero a mi nombre― comenté horrorizado por sus implicaciones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin dejar de reír, pidió que terminara de leer las últimas páginas impresas. Al echarles un vistazo, vi que eran los certificados de varias auditorias que había soportado en las que la Hacienda española había llegado a la conclusión de un origen legítimo de esos fondos.</p>



<p>―Estas auditorias que se remontan a más de diez años.</p>



<p>―¿Te parece poco? ¿Quieres que vaya más lejos?― susurró.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asombrado por lo sencillo que le había resultado meterse en los ordenadores de medio mundo, les pedí que no se pasaran ya que prefería mantener un perfil bajo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No te preocupes, mi amado Íel. Con nosotras velando por tus intereses, no tienes por qué preocuparte― la ahora pelirroja comentó e incrementando mi desconcierto, me informó que esa misma tarde podíamos ir a la embajada de Suecia a recoger sus pasaportes.</p>



<p>―¿Habláis sueco?― Tomasa que había permanecido en segundo plano preguntó, temiendo quizás que no lo hubiesen previsto. Para demostrar que era así nos echó una parrafada en vikingo, que por descontado queda que no entendimos.</p>



<p>Asumí cómo iba a cambiar mi ya acomodada existencia cuando le dije que era imposible que llegara a su cita ya que San José estaba a más de cinco horas de coche. Sin perder su sonrisa, Ua nos soltó:</p>



<p>―¿Nos vamos ya? Tenemos una avioneta esperándonos en Puerto Jimenez para llevarnos a la capital.</p>



<p>Dándolas por imposibles, no pregunté cómo lo habían conseguido ni cuánto les había costado y dirigiéndome a mi antigua empleada, susurré en su oído si alguna vez había ido a esa ciudad.</p>



<p>―Será mi primera vez― respondió mientras cogía el bolso.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/1/222/12893918/12893918_012_74ad.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 2&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Feb 2026 17:57:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[2 Sin otra cosa qué hacer y mientras Tomasa metía la vajilla en el friegaplatos, decidí consultar en mi ordenador si alguien había denunciado la desaparición de esa crías. No quise llamar a Manuel, el policía. Preferí mirar si descubría algo en internet antes de ponerlas en bandeja de un desalmado que las reclamara como suyas. Curiosamente lo único que encontré fue una mención a la devastación sufrida en el bosque que los periodistas consideraban inexplicable y que buscando una razón sobre el origen de esa lengua de árboles quemados achacaban a la caída de un pequeño meteoro.&#160; &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Serán [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">2</h1>



<p>Sin otra cosa qué hacer y mientras Tomasa metía la vajilla en el friegaplatos, decidí consultar en mi ordenador si alguien había denunciado la desaparición de esa crías. No quise llamar a Manuel, el policía. Preferí mirar si descubría algo en internet antes de ponerlas en bandeja de un desalmado que las reclamara como suyas. Curiosamente lo único que encontré fue una mención a la devastación sufrida en el bosque que los periodistas consideraban inexplicable y que buscando una razón sobre el origen de esa lengua de árboles quemados achacaban a la caída de un pequeño meteoro.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Serán amarillistas― me dije viendo poco creíble esa explicación. Sospechando en cambio que lo ocurrido se debía deber al accidente de una avioneta cargada con drogas que las autoridades querían evitar dar a conocer. Mientras leía la noticia, pegada a mí, la puñetera chavala no me perdía ojo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mirándola, comenté que dado que se negaba a hablar debía al menos saber su nombre y por ello pegándome en el pecho, le dije que me llamaba Miguel. Tras repetírselo un par de veces y ver que no parecía entenderme, aproveché la llegada de la mulata con su cachorrito albino para acercándome a ella, repetir:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_027_c1a8.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Miguel, Tomasa. Tomasa, Miguel.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las rubias parecieron percatarse de lo que quería comunicarles y haciendo un esfuerzo fue la joven de mi empleada la que abriendo los ojos musitó algo parecido a “íel” y a “asa”. El aplauso de la mulata hizo que la mía lo intentara y por vez primera escuché que repetía “íel” y “asa”. Casi con el convencimiento que para esas criaturas esas dos palabras eran las primeras que pronunciaban, di por bueno que me llamaran así y posando mis manos sobre la que tenía a mi vera, quise saber su nombre. Al no dármelo, se me ocurrió decir mía. La preciosa bebita abrió sus labios y pegando la palma en su pecho repitió “ía”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alentado por ese gran paso, miré a su compañera y dando su lugar a la morena, la bauticé como tuya.</p>



<p>―Ua― musitó feliz de tener un nombre la jovencita.</p>



<p>Riendo a carcajadas, Tomasa puso su mano sobre mi pecho diciendo “Íel”, acto seguido tocó el suyo mientras decía “Asa” y posándola a continuación sobre los de las crías dijo sus nuevos apelativos “Ía” y “Ua”. Las desconocidas con alegría en su mirada la imitaron y alternando entre nosotros repitieron Íel, Asa, Ía y Ua.</p>



<p>Ya pudiendo diferenciarlas pedí a Ía que se acercara y dándole un abrazo le di la bienvenida a la que ya era su casa. La chavala debió de comprender al menos la esencia de mis palabras al reaccionar derramando una lágrima. Al repetir lo mismo con Ua, esta se mostró quizás más emocionada al sentir que era la primera vez que la abrazaba y posando su cara en mi pecho, comenzó a llorar.</p>



<p>―¿Tengo que ponerme celosa?― preguntó con dulzura la cuarentona mientras extendía sus brazos a Ía.</p>



<p>La criatura reaccionó igual que su compañera hundiendo la cara entre los hinchados pechos de la morera y sellando sin saberlo nuestro destino:</p>



<p>«Estas bebitas nos han adoptado como sus padres sin pedir nuestra opinión», sentencié observando la tierna escena preocupado, pero en absoluto molesto.</p>



<p>Nuestro siguiente problema vino al percatarnos de su cansancio e intentar que se acostaran en mi cama, ya que si bien eso nos resultó fácil tumbarlas al ver que nos levantábamos y las dejábamos solas, tanto Ía como Ua comenzaron a berrear temiendo quizás que las abandonáramos.</p>



<p>―Don Miguel, no nos queda más que acompañarlas mientras se duermen― murmuró indecisa por mi reacción mi cocinera.</p>



<p>Aceptando que era así, me quité los zapatos y me tumbé a un lado de la cama. Tomasa comprendió que le acababa de darle permiso de compartir mi cama y despojándose de sus sandalias, posó su cabeza en la almohada al otro extremo. Al acomodarnos, las dos albinas nos abrazaron y pegando sus cuerpos a los nuestros, sonrieron llenas de felicidad.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_040_3b24.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Patrón, ¿qué vamos a hacer si el malnacido que las ha tenido cautivas viene y quiere quitárnoslas?― preguntó llena de tristeza buscando mi apoyo.</p>



<p>Sin pensar detenidamente, repliqué:</p>



<p>―Por encima de mi cadáver, se las lleva. Somos una familia.</p>



<p>Comprendí el alcance de mi respuesta cuando con voz tímida, ella contestó:</p>



<p>―Don Miguel, a partir de ahora no me quejaré cuando me llame mujer.</p>



<p>Con esa sencilla pero emotiva frase, la atractiva cuarentona me dio a entender que se entregaba a mí y no queriendo rechazar su oferta, le pedí que intentara descansar y que al día siguiente tendríamos tiempo de hablar. En vez de hacerme caso, acunando a Ua, empezó a canturrear una nana que parecía compuesta exprofeso para la situación que nos encontrábamos:</p>



<p>Los pollitos dicen pío, pío, pío</p>



<p>cuando tienen hambre</p>



<p>cuando tienen frío.</p>



<p>La gallina busca el maíz y el trigo</p>



<p>les da la comida y les presta abrigo.</p>



<p>Bajo de sus alas, acurrucaditos</p>



<p>¡duermen los pollitos</p>



<p>hasta el otro día!</p>



<p>Con su voz dulce resonando en la habitación cerré los ojos mientras meditaba sobre como la llegada de esa dos linduras había trastocado tanto mi vida como la de mi fiel empleada y espoleado por la dulce melodía, me quedé dormido. Reconozco que descansé como un bendito hasta que bien entrada la noche sentí unas manos acariciándome.</p>



<p>Al abrir los ojos contemplé que las dos desconocidas habían conseguido no solo desnudarme sino también a la mulata y que no satisfechas con ello, recorrían con sus dedos nuestra piel. Sin sentirme culpable espié a Ua acariciando el pecho de Tomasa mientras Ía hacia lo mismo con el mío. Cuando de pronto sentí que unos pequeños filamentos que salían de sus uñas se hundían en mi piel. En mi interior asumí por vez primera que esas dos nenas no eran siquiera humanas, pero por inaudito que parezca no me espanté y completamente tranquilo me pregunté qué estaban haciendo y lo que es más importante, qué eran esas criaturas.</p>



<p>Girándome hacia la mulata, advertí que también ella se había despertado y que al igual que yo contemplaba con una calma extraña cómo los extraños apéndices de Ua se incrustaban en su pecho.</p>



<p>―Miguel― sollozó al sentir bajo su epidermis un raro pero encantador escozor.</p>



<p>No pude contestar a su petición de ayuda al experimentar el placer que las insólitas extensiones que salía de Ía estaban provocando en mí.</p>



<p>―Íel no te preocupes soy tu bebé― me pareció escuchar en mi cerebro: ―Estoy devolviéndote tus atenciones.</p>



<p>No me preguntes porqué la creí, pero lo cierto es que una felicidad sin igual se apoderó de mí y alzando la voz, pregunté a la mulata si ella estaba sintiendo lo mismo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_053_d140.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Ua está hurgando en mí, porque según ella necesito sus cuidados.</p>



<p>La ternura de su voz no pudo evitar que notara que estaba impregnada de deseo y alucinado admiré que tenía los pezones totalmente erectos.</p>



<p>―¿Qué le está haciendo?― comenté al ser que tenía esas incrustadas en mi pecho.</p>



<p>Nuevamente, me pareció escuchar su respuesta en mi mente.</p>



<p>―Mi hermana está reparando el aparato reproductor de su mujer para que pueda darle descendencia, mi Íel.</p>



<p>Intrigado en la naturaleza de esa ayuda, quise saber porque lo hacían y entonces ante mi sorpresa, Ía contestó:</p>



<p>―Fuimos creadas para cuidar de los “¿padres? ¿dueños?” – dudó al comunicarse: ―Esta tarde hemos perdido a nuestros antiguos “¿padres? ¿dueños?” – nuevamente titubeó: ―Pero la luz quiso que no tardáramos en encontrar sus sustitutos y que dándonos vuestro cuidado nos aceptarais como vuestras sanadoras.</p>



<p>Aturdido por sus palabras, pregunté que nos pedirían a cambio y entonces con una pícara sonrisa, ese bello ser respondió:</p>



<p>―Mi “¿padre? ¿dueño?” Ya lo sabes. Al igual que nuestros creadores sellaron el pacto con nuestra especie dándonos su esencia, tú firmaste nuestra entrega al regalarnos tu simiente.</p>



<p>―No hace falta que nos deis nada― contesté todavía pasmado al recordar la forma en que había actuado al ordeñarme.&nbsp;</p>



<p>―Íel, no lo entiendes. Cuidar de nuestros “¿padres? ¿dueños?” y obtener nuestro sustento de ellos forma parte de nuestra naturaleza ― con una seguridad aplastante replicó mientras deslizaba sus manos por mi pecho.</p>



<p>&nbsp;Al asumir que quería renovar su pacto miré a Tomasa y ésta sonriendo como si supiera lo que iba a suceder me pidió que diera de beber a nuestras niñas mientras azuzaba a Ua a acompañar a su casi gemela.&nbsp; Supe por la naturalidad con la que se tomaba el que esas dos bellezas se abalanzaran sobre mi miembro que su “sanadora” le había explicado telepáticamente la clase de sustento que nos iban a exigir y que ella había aceptado.</p>



<p>―¡Dios!― gemí al sentir dos lenguas recorriendo mi pene.</p>



<p>El ataque coordinado de las albinas despertó mi lujuria y fijándome en la humana que tenía a mi lado, comprobé que también ella estaba excitada.</p>



<p>―Mujer, dame un beso― pedí sin saber si me había sobrepasado.</p>



<p>Su respuesta no pudo ser más elocuente y reptando hacia mí, buscó mi boca con una pasión que desbordó mis previsiones y más cuando murmurando a mi oído, me informó que llevaba soñando hacerlo desde que había conocido a su hombre. El deseo que impregnaba su voz me dio la confianza de acariciar sus senos mientras en mi entrepierna las dos jóvenes pugnaban entre ellas en buscar su alimento. La mulata al sentir mis yemas recorriendo sus areolas no se lo pensó y alzándose sobre la cama, me dio de mamar. Ante mi sorpresa, sus negros cantaros se desbordaron llenando mi boca con su leche. El sabor dulzón de ese inesperado manjar avivó mi apetito y en plan desesperado me puse a ordeñarla.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_055_fff2.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Come mi niño, come de tu negra― musitó al reponerse de la impresión que también para ella era que sus tetas me pudiesen amamantar.</p>



<p>Sin hacer saber a nuestras sanadoras que habían cometido un error y que las humanas solo producían leche tras dar a luz, seguí recolectando son mi boca la láctea producción que manaba de sus tetas. Supe el placer que la proporcionaba al hacerlo cuando de improviso la sentí correrse y luciendo su alegría tras tantos años sin caricias, mi antigua cocinera y ahora pareja me agradeció el placer que la había brindado, acompañando a nuestras sanadoras en su misión. Tomasa nunca se imaginó al hundir mi pene en su garganta que al hacerlo estaba enseñando el camino a las dos crías y tras sacársela durante un instante para respirar, fue sustituida alternativamente por ellas, que impresionadas por ese novedoso método buscaron con mayor ahínco mi placer. No deseando que esta vez se desperdiciara nada de mi esencia, avisé a las chavalas de la cercanía de mi orgasmo y como dos cachorritas esperando que su dueño les diera de comer, aguardaron ansiosas que derramara su simiente sobre sus bocas sin moverse.</p>



<p>Riéndose de ellas, Tomasa les estaba explicando que pajeándome que con ese movimiento de muñeca podían acelerar la llegada de su sustento cuando de pronto me vi sumido en un orgasmo cómo nunca había sentido. La viuda al ver que mi polla explotaba repartió equitativamente entre ellas mi simiente. Las dos criaturas devoraron golosas mi ambrosia mientras su “¿madre? ¿dueña?” sonreía encantada con el pacto que nos uniría a ellas de por vida. Demostrando cómo había asumido su papel de protectora, esperó a que dejaran mi herramienta inmaculada para preguntar si seguían con hambre. Al contestar ellas afirmativamente con la cabeza, les informó que un hombre sano como yo era capaz de dar más de un biberón y que solo tenían que seguir lamiendo para que me recuperara.&nbsp;</p>



<p>Ía me miró alucinada y hundiendo sus dedos en mí, preguntó si yo estaba de acuerdo. Esa pregunta disparatada me hizo sospechar de un maltrato y en plan gallego, quise saber por qué cuestionaba las palabras de la mulata.</p>



<p>―El macho de la pareja bajo la cual vivimos amparadas nos tenía racionada su esencia y solo cuando veía que no podíamos aguantar más, accedía a proporcionárnosla.</p>



<p>Dando por sentado que, al limitarles el acceso a su sustento, ese capullo se aseguraba su fidelidad, respondí acariciándola mientras buscaba con la mirada el permiso de Tomasa:</p>



<p>―Conmigo, no tendréis ese problema. Cuando tengáis hambre, decídmelo e intentaré complaceros.</p>



<p>Turbada por mi respuesta, la chavalita se la debió de hacerle llegar a su compañera y ésta metiendo sus apéndices en mí, me hizo saber que siempre tenían hambre. Asumiendo que cualquier hombre estaría encantado de alimentarlas, les pedí que tuviesen cuidado a quien se lo pedían porque si se llegaba a saber su existencia era posible que las encerraran para someterlas a estudio. Mi sincera preocupación las indignó y a través de sus dedos, me hicieron saber que siempre me serían fieles y que les enfadaba que pudiese pensar tan mal de ellas.</p>



<p>―Cuando una sanadora es adoptada por una pareja, es de por vida. Nunca podríamos siquiera plantearnos buscar otro macho que nos alimente― protestó Ua con el completo acuerdo de la otra.</p>



<p>El cabreo de esas criaturas era tal que incluso perdieron las ganas de alimentarse y fue mi buena Tomasa la que ejerciendo de “¿madre? ¿dueña?” les pidió que se tranquilizaran porque mi intención al advertirlas del peligro era motivada al cariño que sentíamos por ellas.</p>



<p>―¿Cariño? No entiendo― asombrada preguntó Ía: ―¿No es eso una forma de amor?</p>



<p>No sé a cuál de nosotros le sorprendió más esa pregunta, pero fue la mulata la que respondió:</p>



<p>―¿Acaso dudáis que daríamos la vida por vosotras? ¿Qué clase de existencia habéis tenido que no creéis que alguien pueda amaros?</p>



<p>Apoyando sus palabras, comenté:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_068_445f.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Aunque no somos ni vuestros padres ni vuestros dueños, nuestro deber es protegeros y quereros. Ya os dije que no necesitábamos que nos dieseis nada a cambio y os pido que nos consideréis como de la familia.</p>



<p>―Íel, ¿por qué dices que no sois nuestros dueños? Fuimos creadas para sanar, no para ser amadas.</p>



<p>Comprendí que se consideraban unos robots incapaces de tener sentimientos y menos de provocar los mismos. No podía hablar sobre su origen al desconocer como habían llegado al mundo, pero convencido de que eran unas niñas indefensas y no unas máquinas, sin alzar la voz, les hice ver su error lanzando un órdago a la grande respecto a los sentimientos de la morena:</p>



<p>―Cuando Tomasa accedió a ser mi mujer, no significó que pasara a ser de mi propiedad, sino que se comprometía a compartir conmigo los años que nos quedan. A igual que no soy su dueño, tampoco lo soy de vosotras. Si permanece a mi lado es porque ella quiere. Lo mismo os pido. Aunque deseo de corazón que os quedéis y que nos dejéis cuidaros, será solo si voluntariamente accedéis. No me sirve, no nos sirve― rectifiqué― que lo hagáis obligadas por una normas que no conozco ni quiero conocer.</p>



<p>―Si no somos vuestras, no lo seremos de nadie― con lágrimas en los ojos respondió Ua.</p>



<p>―Mi amorcito― interviniendo, la morena le dijo: ―Que no seáis de nuestra propiedad no quiere decir que no seáis nuestras… para Miguel y para mí sois un par de mujercitas que queremos tener a nuestro lado, pero sin ataduras. Queremos que os sintáis libres y no esclavizadas.</p>



<p>Tratando de asimilar lo que acababa de oír, Ía murmuró sin levantar su mirada:</p>



<p>―Si para vosotros somos vuestras mujercitas, ¿podemos considerar a Íel nuestro hombre y a ti nuestra mujer?</p>



<p>Aunque había malinterpretado sus palabras, sonriendo, Tomasa contestó:</p>



<p>―Por supuesto, cariño. Seremos una familia.</p>



<p>―¡Qué raros sois los humanos!― sentimos ambos que exclamaban al unísono esas dos bellas criaturas mientras se lanzaban a nuestros brazos.</p>



<p>Descojonado por esa reacción, me puse a hacerles cosquillas. Las chavalitas se quedaron petrificadas al sentir que sus cuerpos reaccionaban y que eran incapaces de dejar de reír. Pero cuando la negra me imitó fue cuando totalmente confundida Ía me pidió a través de sus hebras que parara y que le explicara qué les estaba haciendo.</p>



<p>Por un momento, creí que me estaba tomando el pelo, pero al observar su mirada comprendí que jamás había sentido algo así y sin ocultar mi sorpresa, le pedí perdón si se había sentido molesta.</p>



<p>―Me ha resultado raro el no poder contener la risa― respondió alucinada: ―Era como si no fuera dueña de mis actos.</p>



<p>Asumiendo lo mucho que esas crías tenían que aprender, volví a hacérselas mientras le decía:</p>



<p>―Es un juego que los humanos aprendemos de niños y es otra forma de demostrarnos cariño.</p>



<p>Impactada, se echó a llorar. Al creer que me había pasado nuevamente me disculpé, pero entonces sonriendo me reconoció que su antiguo dueño nunca había jugado con ellas y que no sabía cómo hacerlo.</p>



<p>―Tú imítame― repliqué mientras me lanzaba sobre Tomasa.</p>



<p>La mulata no se esperaba mi traicionero ataque y menos que sumándose a él, las dos nenas se dedicaran a hacerla reír.</p>



<p>―¡Qué rápido aprendéis lo malo!― desternillada comentó mientras se revolvía contra todos.</p>



<p>Al sentir las manos de la mujer, instintivamente cambié de juego y la besé. Ella olvidándose de las criaturas respondió con pasión cuando forcé sus labios y metiendo su lengua en mi boca, me pidió que la amara y sintiendo entre su piernas mi erección, no se lo pensó dos veces. Tomando mi pene entre sus manos, se empaló. A pesar de la rapidez con la que se embutió mi miembro, pude sentir cada uno de sus pliegues forzándose a aceptar esa intromisión y comprendiendo que no estaba acostumbrada a ser amada, decidí esperar antes de abalanzarme sobre ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_099_a19e.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¡Dios mío!― sollozó la mulata al sentirse llena y con una mezcla se felicidad y de sorpresa volvió a rogarme que la tomara.</p>



<p>Lentamente, comencé a moverme disfrutando de la estrechez de su conducto. Al notar el vaivén de mis caderas, Tomasa me abrazó con sus piernas decidida a no dejar que me separara de ella.</p>



<p>―Disfruta y no pienses― susurré en su oído mientras lentamente iba incrementando el ritmo.</p>



<p>Las chavalas se habían quedado quietas. Y sin atreverse a intervenir,&nbsp; observaban como nuestras respiraciones y nuestros corazones se iban acelerando. Concentrado en la mulata, no me percaté que parecían deslumbradas al sentirse copartícipes del momento. Sin prestarles atención, me agaché sobre los pechos de Tomasa y comencé a mamar de ellos. El doble estímulo magnificó la calentura de la morena y completamente entregada, chilló de gozo.</p>



<p>―Mi amor, mi hombre, mi vida.</p>



<p>Su grito de felicidad me permitió seguir, sin asumir que con cada una de mis penetraciones disolvía el recuerdo de su infausto matrimonio.</p>



<p>―¡Qué bello es veros amando!― escuché que Ua decía sin perder detalle de lo que estábamos haciendo.</p>



<p>&nbsp;No caí en que esa exclamación llevaba implícita lo insólito que les resultaba el que dos seres pudieran dar y recibir placer al mismo tiempo. Centrado en lo que hacía profundicé en Tomasa con nuevas y continúas estocadas. Para entonces, los senos de mi recién estrenada pareja estaban en plena efervescencia y al no poder absorber toda su leche, pedí a las niñas que me ayudaran.</p>



<p>―¿Nos estás pidiendo que participemos?― preguntó Ía.</p>



<p>En vez de ser yo quien contestara, fue Tomasa la que lo hizo poniendo una de sus tetas a su disposición mientras decía:</p>



<p>―Sois nuestras mujercitas y nuestro amor debe ser también vuestro.</p>



<p>Indecisa, la joven acercó su boca al manantial en que se había convertido el pezón de la mujer e imitando la forma en que me había visto hacerlo, comenzó a mamar. La expresión de su cara reflejó su sorpresa al saborear ese blanco manjar y haciendo un gesto a su compañera, pidió que también ella lo probara. Ua titubeó antes de posar sus labios en la areola, pero en cuanto bebió las primeras gotas de leche humana, no se pudo reprimir y se lanzó a gozar de ese regalo. Tal era el hambre con el que las chiquillas competían por ese erecto botón que riendo les cedí el otro pecho y mientras mi pareja era dulcemente ordeñada por ellas, busqué con urgencia dar placer a la preciosa viuda. Sobrepasada por ese triple ataque, no tardó en gritar que nos amaba.</p>



<p>Su chillido me alertó de la cercanía de su orgasmo y queriendo compartir con ella el momento con fieras, pero dulces, estocadas incrementé mi acoso.</p>



<p>―Me corro― aulló al sentir que tras tantos años sola formaba parte de una familia y ante mis ojos y los de las dos nenas colapsó de gozo.</p>



<p>El clímax de Tomasa fue el acicate que me faltaba y olvidando que mi semen era el sustento de esos bellos seres, derramé mi esencia en ella. La negra al sentir en su vagina mis descargas se echó a llorar de alegría diciendo que por fin la había hecho mía. No creo que ni Ua ni Ía se dieran cuenta de lo que había sucedido al estar obsesionadas en que no se perdiera nada de la leche que seguía brotando sin parar de los pechos de la morena.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_129_d50d.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No puedo más― suspiró la cuarentona al sentir que el placer seguía asolando sus neuronas.</p>



<p>Las chavalas ni la oyeron e involuntariamente contribuyeron a que presa de un nuevo orgasmo Tomasa comenzara a retorcerse sobre las sábanas. Observando el ansia con el que mamaban, permití que saciaran su hambre, aunque con ello mi adorada mulata fuera pasto de las llamas de su propia calentura y solo cuando la vi desplomarse agotada, separándolas de los inacabables cantaros, les pedí que pararan.</p>



<p>Ambas se quejaron al verse despojadas de los senos de la viuda y sin dejar de mirarlos con genuino apetito, preguntaron el porqué. En sus caras adiviné lo que pasaba y riendo señalé que si seguían ordeñando a la mujer la matarían. Lo dije metafóricamente, pero ellas se lo tomaron de manera literal y olvidándose del hambre que sentían, introdujeron sus hebras en ella preocupadas.</p>



<p>Despelotado de risa viendo en sus rostros que no encontraban nada que sanar, les aclaré lo que pasaba y que había querido decir que la pobre Tomasa estaba cansada, pero que al igual que mi pene, los pechos de la morena siempre estarían para ellas.</p>



<p>Ua respiró aliviada, pero fue Ía la que venciendo su timidez comentó que las perdonáramos y que se habían dejado llevar por la sorpresa de que las hembras humanas también fueran capaces de derramar su esencia. Recibí a carcajadas sus palabras y abrazando a las chiquillas les dije que tenían mucho que aprender de la anatomía humana.</p>



<p>Sin entender mi sentido del humor, Ua protestó diciendo que para adoptar la forma humana habían tenido que conocerla y que nada de ella le era desconocido. Obviando la información que me acababa de dar, contesté que si tanto conocían como era posible que no supieran la función que en nuestra especie tenía la leche materna.</p>



<p>Mis palabras las dejaron conmocionadas y entablando un dialogo sordo entre ellas al que no tuve acceso, se debieron hacer la misma pregunta. Tan agotado como Tomasa miré mi reloj y viendo que eran las cuatro de la mañana, les rogué que descansaran y dejaran para mañana sus dudas.</p>



<p>―Amado Íel, ¿me permitirías ser quien se abrace a ti?― con ojos tiernos, susurró Ua en mi oído, temiendo quizás que no quisiera.</p>



<p>Enternecido por esa suplica, le di un azote mientras le decía:</p>



<p>―No te lo permito, te lo exijo mi amada Ua.</p>



<p>Extrañamente complacida con esa ruda caricia, la joven posando su cara en mi pecho cerró sus ojos mientras su compañera se tumbaba junto a la morena.</p>



<p>―¿Mañana podremos desayunar tu esencia?― escuché que me decía.</p>



<p>Pasando mi mano por su cintura, no contesté.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/388/16506292/16506292_108_9a3f.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La noche que conocí a Sonia&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 21:49:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
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					<description><![CDATA[Estaba sentado, tomándome una copa, cuando me la presentaron. No comprendí, en un primer momento, la razón por la que me afectó tanto su presencia. Sonia era una mujer atractiva pero soy un perro viejo que no se alborota fácilmente con un escote sugerente, por eso me resultó tan extraño que, al darle un cortés beso en la mejilla, todo mi ser reaccionara de esa forma. Era como si el reloj de mi vida, hubiera dado marcha atrás y volviera a ser un adolescente. Creo que incluso permanecí con la boca abierta mientras ella seguía saludando a mis amigos. &#160; [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY">
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Estaba sentado, tomándome una copa, cuando me la presentaron. No comprendí, en un primer momento, la razón por la que me afectó tanto su presencia. Sonia era una mujer atractiva pero soy un perro viejo que no se alborota fácilmente con un escote sugerente, por eso me resultó tan extraño que, al darle un cortés beso en la mejilla, todo mi ser reaccionara de esa forma. Era como si el reloj de mi vida, hubiera dado marcha atrás y volviera a ser un adolescente. Creo que incluso permanecí con la boca abierta mientras ella seguía saludando a mis amigos.</span></p>
</div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Confuso traté de analizar que es lo que me atraía de ella. Sin importarme que me pillara observándola, recorrí su cuerpo, fijándome en su piel, en su vestido, en la coquetería de sus movimientos, hasta que llegando a su cara, descubrí en sus ojos una mirada mezcla de picardía y curiosidad.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Te gusta lo que ves?-, me preguntó echándose hacia delante para darme una mejor visión de sus pechos.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Si-, le respondí descaradamente,- pero no es eso. Hay algo en ti que me provoca-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Le debió hacer gracia mi comentario, por que levantándose de la silla, se dio la vuelta, y llamando mi atención, me dijo riéndose:</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Será esto?-, mientras sus manos recorrían su trasero, pegando la tela del vestido para que me fijara en la rotundidad de sus formas.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Tenía un culo perfecto. Duro y respingón, que en otra época hubiera sido suficiente para alterarme la hormonas, pero no para perturbar la tranquilidad de un cuarentón de esa manera. Debía haber algo más.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Lo tienes precioso-, le dije galantemente. Realmente lo tenía, pero no podía ser esa la razón por la que tenía erizado todos mis vellos. Esa mujer me agradaba físicamente, incluso me resultaba atractiva la idea de poseerla, de levantarme de mi asiento y llevármela lejos para disfrutar de sus caricias, pero tenía miedo.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Miedo de saber que por primera vez en años, una mujer desconocida había hecho que mi sangre se alterara. Que sin casi haber cruzado con ella dos palabras, toda mi mente se replanteara mi vida de solterón, soñando con tenerla entre mis brazos. No me reconocía en el idiota que incapaz de soportar la tensión, tomó la decisión de marcharse.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sin despedirme, salí del local. Ni siquiera aguardé como otras tantas veces que me trajeran el coche, sino que pidiéndole las llaves al aparca, lo saqué yo mismo del garaje. Todo me daba vueltas.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Qué estoy haciendo?-, me preguntaba al detenerme en el semáforo. -¿Por qué huyo?-, trataba de comprender mientras esperaba que se pusiera en verde.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/K/13kKP/malena-morgan-masturbacion-anal-05.jpg" width="424" height="599">Esa mujer había derrumbado mis defensas. Con su sola presencia, mis muros alzados durante tantos años, habían caído hechos añicos, dejándome sólo la certeza de mi debilidad. La máscara de imbatibilidad que tanto me había costado forjar, se había deshecho en jirones, nada más verla.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Acelerando al llegar a la Castellana, una pregunta retumbaba en mis oídos, ¿por qué?, ¿por qué?&#8230;..</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi propio apartamento, que siempre había sido para mí un refugio, me resultó deprimente. Los cuadros de las paredes, que hasta esa noche me recordaban mi éxito y que eran la envidia de mis conocidos, me parecían láminas sin ningún valor. Incluso el Antonio López, que era mi orgullo y que tanto me había costado adquirir, en ese momento me recordaba a una postal barata.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cabreado, me serví un whisky. Con el vaso entre mis manos, traté de analizar mi comportamiento pero me resultó imposible. Nada me daba la clave que me hiciera comprender lo que me ocurría. Estaba a punto de caer en la desesperación, cuando escuché el telefonillo.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Quién será?-, me pregunté al descolgar.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Ábreme-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Como un autómata obedecí. Era ella.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Nervioso, esperé, en la puerta del ascensor, su llegada. No sabía como me había localizado, ni siquiera que es lo que le había llevado allí pero supe mientras oía el ruido de la maquinaria subiendo que estaba hundido.</span></p>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
</div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Convencido que tras esa noche, mi vida iba a tomar otro rumbo y que no podía hacer nada por librarme, abrí la puerta. Su sonrisa, al salir, no hizo más que confirmar mis temores. Sonia segura de si misma, entró en mi casa como si fuera suya y sentándose en el salón, me dijo riéndose que le había dejado a medias y que como estaba intrigada por saber que era lo que me atraía de ella, no se iba a ir sin descubrirlo.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No lo sé-, tuve que reconocer y tratando de cambiar el tema, le ofrecí una copa.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">No esperé su respuesta, huyendo por segunda vez de ella, fui a servírsela, pensando en que eso me daría tiempo de pensar. Pero de nada me sirvió porque al darme la vuelta, la encontré desnuda en el centro del salón y muerta de risa, me dijo:</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Volvamos a empezar, ¿Te gusta lo que ves?-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Hipnotizado, me acerqué observándola. Estaba disfrutando de mi nerviosismo. Sin pensar en las consecuencias, acaricié sus pechos con mis manos, mientras ella sonreía. Sus pezones eran oscuros como mi futuro pero aún así acercando mis labios, no pude evitar el besarlos.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Es esto lo que te atrae de mí?-, me dijo, mientras se los pellizcaba.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Absorto, vi como se erizaban sus aureolas. Convertidas en dos pequeños botones, me llamaban a su lado y, ya babeando, intenté volver a besarlas pero su dueña jugando se separó de mí, bromeando:</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿O será mi espalda?-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Levantó sus brazos y, ridiculizándome, me mostró su parte trasera. Con la respiración entrecortada, observé la perfección de sus curvas, su columna, su cintura y sus nalgas, sin atreverme a nada más.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Tócame-, me ordenó.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Para aquel entonces, mi voluntad había desaparecido, la urgencia de mi deseo era mayor que mi reticencia a ser usado y por eso arrodillándome a su lado, mis labios y mi lengua recorrieron su trasero mientras ella no paraba de reírse. Mis dedos me ardían al tocar su piel, era como si una fogata se hubiera instalado dentro de mi cuerpo, quemándome.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Torturándome, me dejó hincado sobre la alfombra. Sentándose sobre la mesa, me llamó diciendo:</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Mira!-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Había abierto sus piernas y, separando sus labios, me mostraba su rosado botón del placer. La lujuria con la que me ordenaba que me acercara, me transformó en su esclavo y gateando por el suelo, fui a su encuentro.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Su sexo perfectamente depilado y sus dedos ensortijados se unieron en una sensual danza de la que yo sólo era convidado de piedra. Teniéndolos a menos de un palmo de mis ojos, observé como sus yemas se hacían con su clítoris mientras yo era un espectador de sus maniobras. Quieto a su lado, vi como se licuaba, como temblaban sus piernas al ritmo de su orgasmo y como requiriendo mi presencia, me agarraba la cabeza acercando su vulva a su presa.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Saboreé sus pliegues. La penetré con mi lengua. Acaricié sus muslos. Bebí de su placer, hasta que cortando mi inspiración y dejándome sediento, me llevó a mi cama.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Desnúdate-, me exigió, mientras se ponía a cuatro patas sobre mi colchón.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Mi ropa cayó al suelo. No hacía falta que insistiera. La visión de su desnudez era demasiado atractiva para oponerme y con mi pene totalmente excitado, me acerqué a ella.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Qué esperas?-, me dijo moviendo sus caderas.-¿Necesitas ayuda?-, me preguntó mientras separaba sus nalgas, enseñándome el camino.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Recogiendo un poco de su flujo, le embadurné su hoyuelo tratando de no hacerle daño, pero ella agarrando mi extensión la puso en su entrada, gritándome que estaba lista. Sin voluntad, sentí como se clavaba mi miembro en su interior. Centímetro a centímetro lo vi desaparecer mientras sus músculos presionaban la piel de mi erección. Me pareció que estaba en el cielo y que sus chillidos eran alabanzas celestiales a mi virilidad.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/L/13kL1/malena-morgan-masturbacion-anal-06.jpg" width="424" height="565">La locura se desencadenó en cuanto sentí como se deshacía entre mis piernas y colocando mis manos en sus hombros, me di cuenta que la tenía en mi poder. Se había roto el hechizo, por fin sabía que era lo que me atraía de ella. Era su olor.</span><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><br />
La mezcla de su esencia natural de hembra necesitada con Dune, un perfume carísimo de Christian Dior, era lo qué me excitaba.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Ya sabiendo la razón de tan insana atracción, forzando sus caderas, empecé a apuñalarla con mi pene. Ahora era yo quien mandaba y ella la víctima. Sonia se dio cuenta del cambio al sentir mis manos azotando su trasero. Intentó protestar pero no le di opción al marcarle el ritmo infernal. Primero se quejó de la virulencia de mis embestidas, luego gimió desesperada por los golpes, para deshacerse entre mis piernas al percibir que bajo mi mando su cuerpo se retorcía de placer, pidiéndome más.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¡Date la vuelta-, le ordené.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Indefensa, vio su sexo violado mientras me apoderaba de sus pechos. Sin compasión, me vengué pellizcándole los pezones. Sus gritos ahora hablaban de sumisión, la bella mujer que me había poseído, se retorcía pidiéndome perdón mientras su sexo se anegaba al compás que yo le marcaba.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Te gusta?, Putita-, le susurré al oído.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Cuanto más bestial me comportaba, más se excitaba. Su mirada reflejaba la tensión de la entrega cuando mis manos se cerraron sobre su cuello.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Sabes lo que es la anoxia?-, le pregunté mientras empezaba a apretar.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-No-, alcanzó a gritar antes de que su garganta se cerrara.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-Es la falta de oxígeno-, su tez se estaba amoratando por la ausencia de aire, &#8211; y resulta que incrementa el placer de quien lo sufre-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Aterrada, intentó zafarse de mi abrazo pero cuando ya creía que iba a morir estrangulada, notó como su cuerpo reaccionaba y que el placer reptaba por su piel, consumiéndola. Su espalda, totalmente encorvada, se retorcía buscando profundizar en el abismo que la dominaba mientras de su cueva emergía como un riachuelo el resultado de su deseo. Al desplomarse sobre la cama, la solté dejándola respirar pero el oxigeno al entrar en sus pulmones, lejos de calmarla, maximizó su orgasmo y gritando se abrazó a mí con sus piernas mientras lloraba pidiéndome perdón.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">-¿Por qué te tengo que perdonar?-, le respondí mientras regaba con mi simiente su interior, -Has venido a mí sin que yo te lo pidiera, intentando someterme, pero ahora la esclava es otra y así te voy a mantener-.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Sus ojos repletos de lágrimas me hicieron saber que la había descubierto y que desde esa noche en la que ella había salido de caza, iba a ser adicta a mis caricias. Había querido entretejer una tela de araña alrededor de su cuerpo, y ahora sabía que se había enredado en su propia trampa, que ya era incapaz de escapar.</span></div>
<div dir="LTR" style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 11.818181991577148px; text-align: justify;" align="JUSTIFY"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://ist1-2.filesor.com/pimpandhost.com/1/_/_/_/1/1/3/k/L/13kL7/malena-morgan-masturbacion-anal-07.jpg" width="600" height="450"></div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Ana, mi secretaria, está embarazada&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Jan 2026 16:14:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[oral]]></category>
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					<description><![CDATA[Cinco años juntos y no la había mirado. Todo ese tiempo, Ana era un mobiliario mas de la oficina. Aunque entre nosotros había nacido una gran amistad, no podía verla como mujer. Mis amigos, mis clientes e incluso mis otros compañeros de trabajo alucinaban que no me fijara en sus piernas esculturales, que no babeara, como un niño al que le están saliendo los dientes, contemplando su cuerpo contoneándose mientras se acercaba a mi despacho. Siempre mi respuesta era la misma, “Es mi secretaria”. Por mucho que ensalzaban sus rotundos pechos, yo no tenía ojos para ellos, formaban parte del [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div></div>
<div></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><br />
Cinco años juntos y no la había mirado. Todo ese </span>tiempo, Ana era un mobiliario mas de la oficina. Aunque entre nosotros había nacido una gran amistad, no podía verla como mujer. Mis amigos, mis clientes e incluso mis otros compañeros de trabajo alucinaban que no me fijara en sus piernas esculturales, que no babeara, como un niño al que le están saliendo los dientes, contemplando su cuerpo contoneándose mientras se acercaba a mi despacho. Siempre mi respuesta era la misma, “<i>Es mi secretaria”.</i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Por mucho que ensalzaban sus rotundos pechos, yo no tenía ojos para ellos, formaban parte del trabajo. Me daba igual que me comentaran la preciosidad de canalillo que sus provocativos escotes dejaban entrever, o que me susurraran al oído que era tonto al no darme cuenta de cómo coqueteaba conmigo. Siempre la misma contestación, <i>“Donde tengas la olla, no metas la polla”.</i></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_024_2c84.jpg" width="425" height="640" />Tuve que soportar el rumor de una supuesta homosexualidad, cuando en una fiesta de la empresa, estando yo totalmente borracho y Ana con más copas de las necesarias, se quejó en público que yo era insensible a sus encantos. No fue su intención, ella me estaba defendiendo, pero eso no evitó que los chismes corrieran por los pasillos. Miradas incrédulas de las otras secretarias, risas calladas de los otros jefes de sección que tuve que combatir haciendo una exhibición exagerada de mis conquistas. No pasaba un mes, en el que no pidiera a una amiga que me fuera a recoger a la salida del trabajo. <i>“Es mona, pero es una compañera”.</i></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Pero todo eso cambió el día que me dijo que estaba embarazada.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Quién es el padre?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le pregunté dándome cuenta que era una indiscreción pero la curiosidad pudo mas en este caso ya que no le conocía ninguna relación.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Un imbécil</i>-, me contestó muy enfadada. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Ofendida hasta lo mas hondo, durante más de dos meses nuestras conversaciones se redujeron a la mínima expresión, mero intercambio de papeles y de órdenes. Pero en franco contraste, no pude evitar aprovechar cualquier momento para mirarla. Mi ojos no podían evadirse de su fijación, daba igual el motivo, si mi secretaria se levantaba por algo, me resultaba imposible no observarla, si en cambio se quedaba sentada, también tenía que fijarme en ella, escudriñando si la luz me iba a permitir esa vez, llegar a ver su silueta.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Pero el verdadero detonante, fue el día que al pedirme permiso para irse a su casa, por que se encontraba mal, le pregunté como llevaba el embarazo, y ella sin saber lo que iba a provocar, se levantó la camiseta, y orgullosa me enseñó la curvatura de su vientre.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Puedo?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le pregunté alargando mi mano hacía su estómago. Mis intenciones eran sanas, sin ningún contenido sexual, pero al sentir la tirante piel de embarazada bajo mi palma, todo se precipitó. Fue como una descarga de adrenalina inyectada directamente en la vena. Mi corazón empezó a palpitar sin freno, y fui incapaz de separar mi mano de ella.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Te gusta?</span></i><span lang="ES-TRAD">-, me dijo coquetamente, sin pedirme que retirara mis dedos que ya jugaban con su ombligo. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Balbuceé una respuesta, pero hoy en día soy me resulta imposible recordar que es lo que le contesté, estaba absorto, todavía esa tarde no era conciente de la atracción que me invadía, pero creo que ella sí, por que bajando la tela, me dijo que era un sol, que no comprendía que la tratara tan bien cuando iba a ser madre soltera y encima ahora que estaba gorda.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Estas preciosa</span></i><span lang="ES-TRAD">-, le dije volviendo a cometer el mismo fallo. Al levantar la mirada, me costó un esfuerzo brutal, no seguir fijo en sus pechos, que presionados por un sujetador de una talla menor a la que necesitaba, eran una tentación insoportable.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¡Bobo!-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me dijo saliendo del despacho, dejándome sacado de onda por mi extraño comportamiento.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Fue algo inocente, pero tuvo un efecto brutal al haber roto el hielo que se había formado entre nosotros. Creyendo que me había pasado, al salir del trabajo fui a una tienda a comprarle un detalle, una tontería como desagravio a mi estúpida reacción.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div>
<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p><span lang="ES-TRAD">Si algo fue estúpido, fue eso.</span></p>
</div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_055_4364.jpg" width="425" height="640" />Porque al día siguiente, nada mas verla le pedí que entrara en mi despacho, venía con ojeras, sin maquillar y daba la impresión que el desayuno le había sentado mal y que no había tenido mas remedio que vomitar. En resumen venía hecha un desastre. Pero al darle el regalo, me abrazó para darme un beso en la mejilla, y entonces al sentir como su panza de tres meses chocaba contra mi propio vientre, hizo que de golpe mi pene reaccionara al instante. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Ana, lo notó, pero no me hizo ningún comentario. Dudo que se hubiera ofendido, quizás al contrario se sintió halagada, por que sonriéndome me susurró un <i>“gracias”,</i> que para mí fue más excitante que la escena más erótica de la más sugerente actriz. Y con su contoneo característico, volvió a su mesa. Cabreado conmigo mismo pero sobretodo preocupado por la fascinación que me provocaba su embarazo, me fui de la oficina, aduciendo que tenía que visitar a unos clientes, aunque la verdad era que no podía estar a cinco metros de ella sin excitarme.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Me vino bien salir a la calle, el frío viento de la mañana me dio en la cara, haciéndome olvidar momentáneamente el calor que sentía en mi interior. Tratando de racionalizar que es lo que me pasaba, llegué a la conclusión que sufría un raro síndrome que me obligaba a protegerla debido a que no conocía a su pareja, por lo que temía por su futuro. Una vez, localizado el problema debía de averiguar quien era el padre, para que todo volviera a su lugar.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Parcialmente repuesto volví al trabajo con la firme convicción que había hallado la solución y que además sabía como afrontarlo. Si alguien podía informarme, esa era Sara, secretaria del departamento de contabilidad y gran amiga de Ana, por lo que nada más encerrarme en mi cubículo, llamándola por teléfono, la invité a comer. Su primera reacción fue de extrañeza, casi nunca había hablado con ella, y no comprendía mi interés, por lo que tuve que inventarme una excusa, que hoy me río de su puerilidad, ya que no se me ocurrió otro motivo que decirle que no sabía que regalar a Ana cuando naciera su hijo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Eran poco mas de las dos de la tarde, cuando la recogí en la puerta de la oficina, la muchacha venía vestida con un traje de chaqueta que no podía disimular esos kilos de mas de su figura. Su cara era agradable, sin ser guapa, la simpatía que emanaba por sus poros hacía que uno estuviera a gusto en su compañía. Sonrió al entrar en el coche, y no paró de hablar hasta que ya estábamos sentado en la mesa del restaurante.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Haciéndome el despistado, entre al trapo explicándole que fue una sorpresa para mí el enterarme que se había quedado embarazada, y que por lo tanto no tenía ni idea de que regalarle. La respuesta de ella, no pudo turbarme más, al escuchar de sus labios que estaba segura que cualquier cosa que yo le regalara le iba a encantar.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Por qué lo dices?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le pregunté.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Sara, se puso colorada y evitó contestarme yéndose por las ramas, pero pude intuir que se sentía mal, al haberse extralimitado en algo que no conseguía descubrir. Traté de comprender que es lo que había dicho entre líneas, pero todos mis esfuerzos fueron en balde, por lo que volví a insistir preguntándole esta vez directamente quien era su novio, ya que nunca le había oído hablar de él, ni siquiera ahora que estaba esperando un hijo suyo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No le has oído hablar de él por que no existe-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Entonces?-, </span></i><span lang="ES-TRAD">tuve que hacer una pausa, estaba desconcertado, <i>-¿Quién es el padre?-.</i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Eso debe de decírtelo ella-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No puedes dejarme así</span></i><span lang="ES-TRAD">-, le dije casi gritando, al darme cuenta que me había salido el tiro por la culata.-<i>Además de su jefe, soy su amigo-,</i> protesté.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">La reacción de Sara fue brutal.</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Amigo?, ¡No tengas jeta!-, </span></i><span lang="ES-TRAD">me contestó enojadísima<i>, -para ti, Ana siempre ha sido un cero a la izquierda, nunca te has preocupado por ella, por sus sentimientos&#8230;-</i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Sentimientos?, ¿de qué coño hablas?-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Cómo crees que le sentaba que hicieras gala de tus conquistas?, ¿Te parece de buen amigo, que ella tuviera que llamar a la floristería cada vez que le echabas un polvo a una guarra?- .</span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Mi mundo se desmoronó, sin ningún reparo debido a su ira, Sara había delatado a su amiga, me había llamado insensible, pero también me había confirmado algo que no quise o no pude ver y era que mi secretaría estaba secretamente enamorada de mí. <i>“Pobrecilla</i>”, pensé<i>, “el niño debe ser producto de una noche loca, ¡No tiene pareja!”.</i> Me angustió darme cuenta que ahora mas que nunca se iba a convertir en una necesidad vital el protegerla, estaba jodido, y mas ahora que sabía que se desbebía por mí.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;">El resto de la comida fue un suplicio, ninguno de los dos hablaba, mecánicamente comíamos los alimentos que el camarero nos servía sin ni siquiera disfrutarlos. Fue en los postres, cuando Sara me cogió mi mano entre las suyas, y casi llorando me pidió que no le dijese nada sobre su indiscreción. Tratando de tranquilizarla, le contesté que no se preocupara, que por mi parte no iba a saberlo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"><span style="font-size: inherit;"><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_060_2c81.jpg" width="425" height="641" />Mas preocupado que antes de la comida regresé a mi despacho, Ana, ignorante de que sabía lo que sentía por mí, estaba de buen humor, por lo visto se había probado el traje premamá que le había regalado y le quedaba estupendamente. Le gruñí entre dientes un me alegro, pero entonces ella me preguntó si quería ver como le sentaba y no pude negarme. Los tres minutos que tardó en volver, se me hicieron eternos.</span></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Llegó riendo, como una niña a la que le acaban de decir que el niño que le gusta, esta por ella, pero no me fijé en su sonrisa, sino en la bella silueta que se dibujaba al trasluz de los focos de la oficina. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Estoy Guapa?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me dijo con picardía mientras se daba una vuelta para que pudiera disfrutar de todo su cuerpo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Si-, </span></i><span lang="ES-TRAD">tuve que reconocer y sin poder apartar mis ojos de ella<i>, -estás guapísima-.</i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Gracias</span></i><span lang="ES-TRAD">-, me contestó, y pegando la tela del vestido a su estomago, me dijo<i>: -Mira, ya se me nota la pancita-.</i></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><br />
No pude reprimir mi impulso, y poniendo mi mano en ella, recorrí la curvatura de su vientre. Estaba duro, suave, terso. Me entretuve acariciándola mas allá de lo educado, y de pronto descubrí que mis caricias habían provocado un efecto no deseado, sus pezones se habían endurecido y se me mostraban a través de la fina tela del vestido. Se había quitado el sujetador, para que no se le transparentara, y al percatarme de ello, estuve a un tris de tocarlos. Tenerlos tan cerca, con su aureolas en pleno florecimiento, me excitó pero todavía mas al mirarle a la cara y descubrir que ella también se había calentado. Como un par de tontos nos quedamos callados, sabiendo que lo que ambos sentíamos en ese momento era muy fuerte, y solo gracias a que en ese preciso instante sonó mi teléfono, pudimos separarnos.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Era el gran jefe, que quería que fuera a su oficina. Aprovechando que me llamaba, salí de mi despacho, casi sin despedirme de ella, pero no había pisado casi el pasillo cuando ya había decidido que tenía que hablar con ella. Don Roberto me hizo esperar mas de medía hora en la puerta, sentado en la sala de espera no podía quitarme de la cabeza su boca entreabierta como esperando que mis labios la cerraran, esos senos hinchados pero sugerentes y ese cuerpo germinado.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Pase-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me dijo la asistente del jefe.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">El viejo me esperaba tras de su imponente mesa, aunque en la compañía todo el mundo le tenía miedo, a mi me caía simpático. Era una ave de presa, frío, interesado, siempre dispuesto a comerse a un competidor, pero a la vez justo, honesto, imparcial, nunca entraba en chismes de oficina, solo valoraba a sus empleados por sus resultados, eso sí estaba educado a la antigua con retrógrados principios morales.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Fernando, quería hablar contigo-.</span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Usted dirá</span></i><span lang="ES-TRAD">-, frase protocolaria que realmente quería decir:<i> “aquí su esclavo para lo que desee”.</i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Ha quedado vacante el puesto de director administrativo, y he pensado en ti</span></i><span lang="ES-TRAD">-, increíblemente me estaba diciendo que me iba a nombrar número dos de toda la empresa, &#8211;<i>pero antes quiero que me aclares algo-.</i></span></div>
<div></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">“¡Malo!”,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me quedé callado esperando saber cual era el problema, revisando mentalmente cual era su duda, por eso no pude reprimir una carcajada cuando me preguntó si era homosexual.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No, jefe, no lo soy-, </span></i><span lang="ES-TRAD">y marcándome un farol le dije<i>: -Tengo pareja estable e incluso ya tenemos planes de boda-.</i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No sabes como me alegro, siempre he tenido buena imagen de ti, y por eso me costaba creer ese bulo. Para celebrar tu ascenso te espero a cenar en mi casa, y vente con tu novia-.</span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">La entrevista había terminado, por lo que levantándome del asiento, me despedí de él, saliendo hecho un mar de nervios. Me había metido en un problema y no sabía como solucionarlo. Al llegar a mi despacho, Ana estaba esperándome, quería saber que es lo que quería el presidente de la compañía, pues era raro que se dirigiera a un subordinado directamente.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Temblando por la preocupación, le expliqué que me habían ascendido, pero que para ello había tenido que inventarme una novia y ahora no sabía que hacer. No tenía a ninguna amiga con suficiente confianza para pedirle que se hiciese pasar por ella.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Si la tienes-, </span></i><span lang="ES-TRAD">me contestó con decisión<i> , -recógeme a las nueve-.</i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Harías eso por mí?-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Claro, pero te voy a pasar la cuenta del vestido que me voy a comprar, y te aviso, te va a salir caro-.</span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">No me dio tiempo de contestarla, porque antes de que me diera cuenta, ya se había ido. Había quedado como un imbécil otra vez, me había ofrecido su ayuda y yo no se lo había agradecido.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Me fui a casa, preocupado, no tanto por la atracción que sentía por Ana, sino por que Don Roberto descubriera nuestra farsa, me jugaba mi futuro profesional. Me fue imposible tranquilizarme mientras me preparaba para ir a la cena. Como no quería llegar tarde a la cita salí con tiempo suficiente a recoger a mi secretaria de forma que cuando toqué en la puerta de su casa eran la nueve menos cuarto. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Me recibió todavía sin acabar de vestir, y por eso me hizo pasar al salón para esperarla. Verme solo, me dio la ocasión de chismear las fotos de la librería buscando una que me diera una pista de quien podría ser el padre del niño, pero solo encontré fotos de su infancia en el pueblo con sus padres y una del personal de la oficina. Me quedé mirando esta última, en ella Ana aparecía abrazada a mí. No me acordaba de que nos la hubieran hecho, debía de ser de la fiesta en la que me cogí esa gran borrachera, de esa noche no me acordaba de nada a partir de la una de la madrugada, solo tenía recuerdos del enorme dolor de cabeza con el que me desperté. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Un ruido me hizo dar la vuelta, era Ana que salía de su cuarto. Pero lo que vi, no era a mi secretaria sino a una diosa. Envuelta en un breve vestido de raso negro, llegó a mi lado contorneándose sobre unas sandalias con tacón. No me podía creer la transformación, era impresionante. El escote sin ser exagerado, dejaba intuir la perfección de sus senos de embarazada, y la tela pegada sobre su piel no escondía sino mostraba la voluptuosidad de sus formas.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¡Uauhhh!-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> solté al verla sin poderme reprimir.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Eres tonto-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me dijo riéndose por mi reacción, y dándome un beso en la mejilla, me informó que ya podíamos irnos. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">No se dio cuenta de la tremenda erección que me provocó el olerla y posteriormente verla agachándose a por su bolso. O llevaba un diminuto tanga o no llevaba nada, por que sus dos nalgas me pedían silenciosamente que las tocara. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Hecho un flan le abrí su puerta para que se subiera al coche, y al hacerlo la raja de su falda me dejó contemplar en su plenitud sus piernas contorneadas. “Pero que buena que esta”, me dije para mis adentros, “como no me di cuenta antes”. Rápidamente intentando no pensar me senté al volante.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Me ayudas?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> la escuché decir.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Tenía problemas con el cinturón que se había quedado bloqueado. Al intentar destrabarlo pasé mi mano por enfrente de su pecho, fue un ligero roce pero suficiente para alterar mi biorritmo. Ella, con la mirada al frente, trataba de disimular pero dos pequeños botones la delataron bajo la tela. La había excitado el contacto. Sabiendo que o arrancaba el coche o no sería capaz de detenerme, aceleré saliendo del parking.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Durante todo el trayecto, no dejé de mirar de reojo a mi acompañante, su cara, sus ojos, su pecho, sus piernas. Casi al llegar a nuestro destino, se percató de mis miradas y haciéndose la indignada me preguntó:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Te gusta lo que ves?-</span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Estaba jugando conmigo y yo lo sabía, pero aun así le contesté afirmativamente. Y provocándome de manera descarada se levantó un poco el vestido diciéndome:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Verdad, que me queda bien el moreno?-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD">-No seas mala, te estas aprovechando de que hemos quedado con el gran jefe, que si no-</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Que si no, ¿qué?-</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Te violaba-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le dije un poco mosqueado.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Se rió a carcajada limpia, la burrada que le había soltado le había encantado, y profundizando en su guasa, me dijo que me conocía y que sabía que no me atrevería jamás. Con mi orgullo herido, paré a la derecha, y agarrándola suavemente del pelo, la atraje dándole un beso, mientras mis manos acariciaban su espalda. Era un primer beso, robado, pero beso al fin y ella no se había resistido.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¡Te has atrevido!-, </span></i><span lang="ES-TRAD">me espetó un poco confusa.</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Si</span></i><span lang="ES-TRAD">-, le contesté reanudando la marcha. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Estaba encantado, le había demostrado que si juegas con fuego puedes quemarte, sin darme cuenta que era yo el que se había quemado, al notar que seguían sus labios en los míos, aunque estuvieran a un metro. Ella en cambio se mantuvo seria los tres minutos que tardamos en llegar al chalet de la cena. Pero al bajarme para abrirle la puerta, sonriendo con una cara de pícara que asustaba, me informó que pensaba vengarse.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">El propio Don Roberto fue quien nos abrió, el puto viejo se quedó embobado mirando a mi supuesta novia mientras nos invitaba a pasar. Menos mal que llegó su esposa, una señora cañón, a la que le debía de llevar al menos treinta años. No le echaba más de cuarenta.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Donde tenías escondida a este bombón</span></i><span lang="ES-TRAD">?-, me preguntó mi jefe.<i></i></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Ana trabaja en la compañía, es mi secretaria-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le contesté con aprensión, pensando que le podría sentar mal el hecho que de que hubiera abusado de mi estatus.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_069_d808.jpg" width="424" height="639" />Si le molestó, no dio señales de ello, al contrario acercándose a Ana, le felicitó por la futura boda y nos preguntó cuando iba a ser. La muchacha me dirigió una de esas miradas asesinas que lanzan las mujeres cuando nos agarran en un renuncio, pero reponiéndose al momento, pegándose el vestido con las manos a su abultado vientre contestó:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Ya sabe usted, Don Roberto que Fernando es muy tradicional, y no quiere que su hijo nazca fuera del matrimonio y por eso hemos fijado la boda para dentro de un mes-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Bien hecho, muchacho, ya sabía yo que eras un tipo de fiar. No hay cosa que mas me guste que uno se responsabilice de sus actos-, </span></i><span lang="ES-TRAD">me dijo el viejo dándome un abrazo<i>,- Ahora ya tenemos tres motivos que brindar, tu ascenso, tu boda, y el nacimiento de tu hijo-.</i></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">No había tardado ni cinco minutos en vengarse, y cuando lo hizo fue de manera brutal, poniéndome una soga al cuello de la que no podría librarme. El resto de la cena fue un interrogatorio masivo, que desde cuando salíamos, como me había declarado, que me había contestado, &#8230;. que mi “queridísima novia y futura esposa” sorteó con facilidad inventándose una bonita historia acerca de un acoso y derribo por mi parte, y una negación inicial por la suya. En pocas palabras, lo nuestro fue “flechazo por coñazo”. Buena la había hecho, ahora o transigía y me casaba o perdía mi ascenso y hasta mi empleo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Eres una cabrona</i>-, le dije al oído en un momento que nos quedamos solos.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><br />
-¡Verdad que si!, amor mío-</span></i><span lang="ES-TRAD">, me dijo mientras su mano recorría mi trasero.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Debería de haberme indignado, pero percibir su caricia recorriendo mis nalgas mientras su olor impregnaba mi papilas, hizo que en vez de hacerlo, todo mi ser deseara besarla y abrazarla en ese instante. Como sería mi calentura, que tuve que acomodarme la servilleta, para que nadie viera mi erección. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Nadie excepto, Ana, que exacerbando mi vergüenza, recorrió la tela de mis pantalones haciendo una pequeña pausa en mi entrepierna.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Te estas pasando-,</i> volví a susurrarle. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Lo sé, amor mío</span></i><span lang="ES-TRAD">-, disfrutaba de su juego. Su ojos irradiaban un brillo inusual, y como si fuera una cazadora, volvió a agarrar a su presa diciéndome<i>:-Luego si quieres, no me vuelvas a hablar pero este es mi momento y no quiero parar</i>-.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Sentí como su mano, se introducía debajo de la servilleta y bajándome la bragueta, liberaba mi ya sobreexcitado miembro. Su palma sobre mi piel, era tersa, deliciosamente tersa, y los movimientos verticales que le imprimió a mi sexo, una locura. Me estaba masturbando mientras yo tenía que seguir dándole conversación a la esposa de Don Roberto. No sé si os ha ocurrido algo semejante, tener que disimular en público algo que normalmente, se hace en privado, es un corte pero brutalmente excitante.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Ana, quédate quieta, por favor, si quieres seguimos en tu casa</span></i><span lang="ES-TRAD">-, le murmuré horrorizado con la idea de correrme manchando la servilleta y que nos pillaran.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Me lo juras?-</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Si-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le respondí, si me hubiera hecho jurar que me tenía que vestir de mujer, también lo hubiese hecho, todo con tal de no tirar al traste mi futuro. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Una sonrisa satisfecha iluminó su cara, había conseguido su objetivo, y tal y como había empezado terminó, cerrándome la bragueta sin que nadie se diera cuenta. Quizás ilusionada con la perspectiva, Ana me dijo en voz alta que estaba cansada. Fue el propio Don Roberto, quien apiadándose de mi secretaria y atendiendo a su estado, dio por terminada la reunión.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">María, la esposa de mi jefe, me dio su brazo para acompañarme a la puerta, mientras el viejo hacía lo mismo con Ana. Perfecta anfitriona, que cuando su marido ni mi novia nos oían me dijo al oído:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No me habéis engañado, no sois novios pero esa muchacha te conviene. Hazla feliz, es una buena chica, y si no te llena, siempre puedes llamarme-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me soltó mientras disimuladamente me acariciaba el trasero.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">No sé que me había puesto mas cachondo, si Ana masturbándome en frente de todos o María proponiéndose como sustituta, lo cierto es que nada mas acomodarme en el asiento de mi coche, estaba brutísimo, con mi sexo erecto y sudando por la excitación.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Mi supuesta novia estaba un poco cortada, esperando cual iba a ser mi actitud, en cuanto estuviéramos solos. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">No tardé en sacarla de su duda al decirle:</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD">-Quiero verte los pechos-.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Me miró sorprendida pero a la vez divertida, y bajando por sus hombros los dos tirantes, me mostró su torso. Sus dos pechos hinchados por el embarazo, fueron descubriéndose lentamente mientras sus dueña me preguntaba si me gustaban. Alargando mi brazo, los acaricié suavemente, sus negros pezones se erizaron solo con la cercanía de mis dedos. La suavidad de su piel me sorprendió, aunque luego supe que para evitar estrías, la muchacha se embadurnaba de crema, lo cierto es que me en ese momento me recordó a la piel de un bebé. Mi pene dio un salto dentro del pantalón, cuando noté que la mano de la muchacha se acercaba a mi entrepierna.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Puedo?-</span></i><span lang="ES-TRAD">, me preguntó mientras lo sacaba de su encierro, y sin esperar a que respondiera, agachó su cabeza sobre mis piernas, introduciéndoselo en la boca abierta.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Dudando si podría conducir con ella entre mi piernas, traté de retirarla, pero ella insistió diciendo:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Conduce y déjame hacer-</span></i></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Volví a sentir como la humedad de su boca envolvía toda mi extensión mientras con su mano acariciaba mis testículos. Su lengua recorría todos los pliegues de mi glande, lubricando mi extensión con su saliva. No me podía creer que la mujer que llevaba meses volviéndome loco, estuviera ahora haciéndome una felación. Era excitante, ver como se retorcía en el asiento buscando la mejor posición para profundizar sus caricias. No pude contenerme y levantándole el vestido descubrí que como había supuesto no llevaba bragas.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">La visión de sus nalgas desnudas incrementó mi calentura, y pasando mi palma por su trasero, lo acaricié sin vergüenza alguna. Ella suspiró al sentir mi mano, recorriendo su culete. Mucho mas envalentonado por su respuesta, alargué mi brazo rozando su cueva. Esta vez fue un gemido lo que escuché, mientras uno de mis dedos se introducía en su sexo. Estaba totalmente licuado, el flujo lo anegaba, mostrándome claramente su excitación.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Ana estaba fuera de sí, buscando su placer se estaba masturbando brutalmente mientras devoraba mi miembro, metiéndoselo por completo en su garganta. Nunca nadie se había introducido mi pene hasta la base, jamás había sentido la presión que me estaba ejerciendo, con sus labios besándome el inicio de mi falo. “No debe de poder respirar”, pensé justo antes de oír como se corría empapando mi mano y la tapicería de asiento. Fue bestial mirarla arquearse y estremecerse por su orgasmo , sin sacar mi sexo de su boca, intentando que yo profundizara mi caricias. Absorto disfrutando de su climax, estuve a punto de chocar contra el coche que tenía enfrente, lo que me hizo recapacitar y decirle que parara, que ya estábamos cerca de su casa, y que podíamos esperar a terminar allí.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_077_53dc.jpg" width="425" height="640" />Mi frenazo y su susto consecuente, le hizo comprender que tenía razón y acomodando su vestido, me miró diciendo:</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No tienes porque subir sino lo deseas-. Su cara mostraba pena.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Si quiero</span></i><span lang="ES-TRAD">-, fue toda mi respuesta.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">El silencio se adueño del vehículo, ni ella ni yo hablamos el resto del trayecto, pero tampoco, cuando después de aparcar subimos en ascensor hasta su piso. Ana no las tenía todas consigo cuando tras hacerme pasar a su salón, me dijo que si quería una copa.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-No-, </span></i><span lang="ES-TRAD">le contesté,-<i> Vamos a tu cuarto-</i></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Sin saber todavía a que atenerse, me llevó a su habitación, temiendo haberse pasado. De pie al lado de la cama, la atraje hacía mi, y acercando mis labios a los suyos, la besé. Fue un beso posesivo, mi lengua forzó su boca mientras mis manos se apoderaban de su trasero. Ella respondió frotando su pubis contra mi pene, haciéndolo reaccionar.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Tranquila, quiero disfrutar de ti</i>-, le dije mientras la despojaba del vestido.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Nada mas retirar los tirantes, cayó al suelo, permitiéndome observarla totalmente desnuda por primera vez. Era impresionante, su cuerpo era de escándalo con grandes pechos y cintura estrecha que el embarazo no había deformado todavía.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">De buen grado me hubiera quedado observándola durante horas, pero decidí tumbarla en la cama. Ella se dejó llevar. Teniéndola sobre el colchón, empecé a acariciarla. Mis manos recorrieron su cuello, bajando por su cuerpo. Los dos negros botones reaccionaron incluso antes de que los tocara, de forma que recibieron mis caricias duros y erguidos. Mi secretaria gimió cuando pellizcándolos le dije que eran hermosos.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Realmente eran bellos, bien formados, suaves y excitantes. No dudé en sustituir mis yemas por mi lengua, y apoderándome de ellos, los mamé como iba a hacer su hijo en unos meses. Tener su botón en mi boca, mientras tocaba su hinchado vientre, era una gozada. Me sentía como un lactante, disfrutando de su alimento.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><br />
Quería poseerla, pero lentamente. Por eso poniéndome de pié, me desnudé apreciando sus ojos clavados en mi cuerpo. Su mirada era de deseo, no de lascivia, me observaba ansiosa, nerviosa, temerosa de fallarme. Ya sin ropa, me tumbé a su lado abrazándola. Ella pegándose a mí, restregó su pubis contra mi sexo, buscando la penetración, pero la rechacé diciéndole:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Antes quiero, tocarte</i>-, le dije concentrándome en su embarazo. Su vientre estaba precioso, con la curvatura típica de la mujeres embarazadas, mi lengua fue recorriéndolo hasta hallar un ombligo casi desaparecido por la tensión de su piel. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¡Que buena estas!-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> me escuchó decir mientras notaba que me acercaba a su entrepierna. Su sexo olía a hembra hambrienta, bien depilado era excitante, pero aun mas era observarla abrir sus piernas dándome vía libre a que me apoderara de su clítoris.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Separando sus labios, como si fueran los pétalos de un fruto largamente ansiado, apareció ante mí un más que erecto botón rosado. Primero lo tanteé con la punta de mi lengua, antes de apretarlo entre mis dientes mientras pellizcaba sus pezones. No llevaba todavía un minuto recorriendo sus pliegues cuando mi boca se llenó del flujo que manaba de su cueva. La muchacha que llevaba gimiendo un buen rato, aferró con sus manos mi cabeza en un intento de prolongar el placer que estaba sintiendo. Paulatinamente, éxtasis fue incrementándose a la par de mi calentura. No dejé de beber de su rio, hasta que llorando me imploró que le hiciera el amor. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">-¿Te gusta?-, le pregunté cruelmente, poniendo la cabeza de mi glande en su abertura.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Si-,</i> me respondió todavía con la respiración entrecortada por el orgasmo pasado.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Mucho?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le dije, mientras jugaba con su clítoris.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¡Si!-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> contestó, apretando sus pechos con su manos. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Escucharla tan caliente, me calentó, e introduciendo la punta de mi pene en su interior, esperé su reacción.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">-¡Hazlo!, por favor, ¡no aguanto mas!-.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Lentamente, centímetro a centímetro, le fui metiendo mi pene. Toda la piel de mi extensión, disfrutó de los pliegues de su sexo al hacerlo. Su cueva, que era estrecha y suave, ejercía una intensa presión al irla empalando. Su calentura era total, levantando su trasero de la cama, intentaba metérsela mas profundamente pero chocaba contra su embarazo.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Me recreé viéndola tratando infructuosamente de ensartarse con mi pene. Estaba como poseída, su ganas de ser tomada eran tantas que incluso me hizo daño.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Quieta</span></i><span lang="ES-TRAD">-, le grité, y alzándola, la puse a cuatro patas. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Si ya era hermosa de frente, por detrás lo era aún mas, sus poderosas nalgas escondían un tesoro virgen que estuve a punto de desvirgar, y que no lo hice solo por estar convencido de que iba a hacerlo en un futuro. Poniendo mi verga en su cueva, le pedí que se echara despacio hacia atrás. Pero o bien no me entendió, o tenía demasiadas ganas, por que nada mas notar la punta abriéndose camino dentro de ella de un solo golpe se la insertó.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Gimió al sentirse llena, pero al instante empezó a mover sus caderas, recreándose en mi monta. Mi yegua relinchó al sentir que me asía a sus pechos iniciando mi cabalgata, mientras mi pene la apuñalaba sin piedad. Escuchar sus suspiros, cada vez que mi sexo chocaba contra la pared de su vagina, y el chapoteo de su cueva inundada al sacar ligeramente mi miembro, fue el banderazo de salida para que acelerara mi incursiones. Y cambiando de posición, agarré su melena como si de riendas de tratara y palmeándole el trasero, la azucé a incrementar su ritmo. Eso, la excitó más si cabe, y chillando me pidió que no parara. Con su respiración entrecortada, no dejaba de exigirme que la tomara, que quería sentirse regada por mí. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Todavía no quería correrme, antes me apetecía verla convulsionarse en un segundo orgasmo, por lo que dándole la vuelta, me apoderé de su clítoris con mis dientes, a la vez que le introducía dos dedos en su vagina. Su sexo tenía un sabor agridulce que me volvió loco, y usando mi lengua como si fuera un micro pene, la introduje recorriendo las paredes de su cueva, mientras sorbía ansioso el flujo que manaba su interior. Esta vez la muchacha berreó brutalmente al notar como su placer la envolvía derramándose sobre mi boca, y sin poderlo evitar se corrió retorciéndose sobre la cama.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Insatisfecha, y queriendo más, me tumbó boca arriba, y poniéndose a horcajadas sobre mí, se empaló con mi miembro, mientras lágrimas de placer mojaban mis piernas. Sus pechos rebotaban al compás de sus movimientos y su vientre rozaba el mío en un sensual contacto. Estaba hipnotizado con sus senos, su bamboleo y la imposibilidad de besarlos al chocar con su embarazo, me habían puesto a cien. Mojando mis dedos en su sexo, los froté humedeciéndolos, tras lo cual le pedí que fuera ella quien los besase.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_086_d892.jpg" width="424" height="639" />Me hizo caso, estirándolos se los llevó a su boca y sacando su lengua los beso con lascivia. Tanta lascivia que fue demasiado para mi torturado pene, y naciendo en el fondo de mi ser, un genuino orgasmo se extendió por mi cuerpo explotando en el interior de su cueva.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Ana, al sentir que mi simiente bañaba su ya germinado vientre, aceleró sus embestidas consiguiendo culminar conmigo su gozo. Justo cuando terminaba de ordeñar mi miembro y la última oleada de mi semen salía expulsada, ella empezó a brutalmente correrse sobre mí. Con su cara desencajada por el esfuerzo, se enroscaba en mi pene moribundo, dándome las gracias por sentirse mía.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Totalmente exhaustos, caímos sobre las sabanas. Estaba en el séptimo cielo, abrazado a la mujer que durante años no me había fijado pero que ahora era mi obsesión.</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Ana-, </span></i><span lang="ES-TRAD">le dije totalmente subyugado por ella<i>,- sé que no me he portado bien contigo, pero si me dejas me gustaría tratar a tu hijo como si fuera mío-</i></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Sonrió y levantando su cara de la almohada me miró a los ojos diciendo:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Todavía no te acuerdas-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> no era una pregunta sino una afirmación.</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿De que tengo que acordarme?-,</span></i><span lang="ES-TRAD"> le pregunté mosqueado.</span></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-El día de la fiesta, ibas tan borracho que intentaste forzarme-.</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-¿Qué?-</span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></i></div>
<div><i><span lang="ES-TRAD">-Pero no te preocupes, por que al final fui yo quien te violó</span></i><span lang="ES-TRAD">-, me dijo soltando una carcajada. </span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">Mi mundo se desmoronó al escucharla, sabiendo que había caído en una trampa, de la que difícilmente podría escaparme, pero tras reflexionar un momento, dándole un tierno azote en su trasero, le dije:</span></div>
<div><span lang="ES-TRAD"><!-- [if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--></span></div>
<div><span lang="ES-TRAD">&#8211;<i>Me excita verte preñada, por lo que estoy deseando que tengas a mi hijo, para volverte a embarazar</i>-, esta vez fui yo el que se carcajeó, mientras ella dudaba si había elegido bien su pareja.</span></div>
<p><span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"> <img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/125/31350160/31350160_101_c653.jpg" width="572" height="380" /></span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Robando la leche de su madre al hijo de mi criada 14&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Nov 2025 15:47:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[CAPÍTULO 18 Tumbado boca arriba, descansé del esfuerzo realizado mientras asimilaba todo lo que había ocurrido esa noche. Y rememorando la conversación con Oana, concluí que no podía quejarme de que esas mujeres hubiesen decidido nombrarme creador de una nueva rama de custodios. ―Amo, necesito contarle algo― me dijo Mihaela sacándome de mi ensimismamiento. Iba a contestarle que me dejara descansar, cuando sonó el timbre de la casa. La rubia me contó que debía ser el chofer de Oana que me traía un regalo. ― ¿Sabes qué es? ― pregunté. Sonriendo contestó que era una sorpresa, pero que estaba segura [&#8230;]]]></description>
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<p><span style="font-size: 14pt;"></span></p>



<p><span style="font-size: 14pt;"></span></p>


<p></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">CAPÍTULO 18 </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tumbado boca arriba, descansé del esfuerzo realizado mientras asimilaba todo lo que había ocurrido esa noche. Y rememorando la conversación con Oana, concluí que no podía quejarme de que esas mujeres hubiesen decidido nombrarme creador de una nueva rama de custodios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ―Amo, necesito contarle algo― me dijo Mihaela sacándome de mi ensimismamiento. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Iba a contestarle que me dejara descansar, cuando sonó el timbre de la casa. La rubia me contó que debía ser el chofer de Oana que me traía un regalo. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Sabes qué es? ― pregunté. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sonriendo contestó que era una sorpresa, pero que estaba segura de que me iba a gustar. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Pues entonces, dile que lo suba hasta aquí. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mientras esperaba el presente, pregunté a María si quería aprovechar para hacerme una mamada. Vorazmente, se aplicó a cumplir mi orden, y con su lengua retiró todos los restos que había en mi pene. Cumpliendo un doble propósito, limpiarlo, pero sobre todo prepararlo por si caía la breva y lo usaba en ella. Cuando tocaron en la puerta, pedí a Simona y a Maria que se taparan, porque no en vano siempre había sido un celoso y no quería que el chofer de esa mujer las viera desnudas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> El tipo apareció con una caja enorme de más de un metro y medio de altura en una carretilla, y tras saludarme, puso en mis manos una bolsa con ropa. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Mi jefa me ha dicho que disfrute del regalo― y guiñándome un ojo, salió de la habitación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> Examinando la caja sin abrirla, no pude adivinar qué era lo que contenía. Ni siquiera su tamaño enorme me daba pistas de lo que había en su interior. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―La ropa es para Simona― comentó desde los pies de la cama la custodio rubia. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La rumana me miró sin saber qué decir ni qué hacer. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No preguntes y ponte esto―, le ordené lanzándola. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://i.imgbox.com/i5OaNxlk.jpg" width="424" height="638">Cogiéndola en vuelo, se fue al baño. Aprovechando su ausencia me tumbé en la cama a esperar que saliera y mientras tanto, seguí preguntando a Mihaela sobre la naturaleza del regalo, pero por mucho que lo intenté no conseguí que soltara prenda. Simona tardó bastante en cambiarse. Pero no pude quejarme porque, al aparecer en el cuarto, venía hecha una diosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> Ataviada con un corsé negro de látex que no le tapaba los pezones pero que levantaba sus pechos, dándole con ello un aspecto sensual. Viendo que en sus manos llevaba una fusta y collar de cuero, le pregunté a qué se debía ese disfraz de Dominatrix. Sacando un papel, leyó en voz alta: </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Querida Simona, considera estos presentes como tus regalos de boda. Esperamos grandes cosas de tu hombre y por ello hemos preferido que seas tú quien decidas que hacer. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sin saber exactamente lo que ocurría pidió a Mihaela que abriera la caja. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al ser de cartón, le resultó sencillo desmontarla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Quién es esta mujer? ―, me preguntó mosqueada al ver que el regalo era una pelirroja casi desnuda y vestida únicamente con un body blanco transparente. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Te presento a Cristina, mi secretaria― respondí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Qué hace aquí? ¿Te la andas tirando? ― llena de celos preguntó tirándola del pelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> Cristina no siquiera pudo quejarse, ya que siguiendo las instrucciones de Oana, su chofer le había colocado una mordaza. Eso y la oscuridad en la que se había mantenido, la habían dejado casi en un estado de shock. Por ello cuando Mihaela la sacó de la caja, dejándola de pie en medio de la habitación, se quedó llorando sin moverse. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tratando de aminorar su cabreo, empecé a explicarle que la pelirroja era inocente y que si se había acostado conmigo había sido por accidente, pero ella me interrumpió diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ―Pobre, ¿tropezó y cayó entre tus piernas? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Parecido… y aunque no te joda, ¡fue culpa tuya! ― como para entonces los ojos de la rumana rezumaban llenos de ira, preferí no alargar el tema y le conté que viendo en mi nevera de la oficina dos botellas llenas de leche, Cristina se las bebió sin saber que eran: ―Cómo iba a saber que me las habías dado y que esa mañana te habías ordeñado para que no pasase hambre. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mientras decidía qué hacer, Simona usó la fusta para recorrer el cuerpo de mi secretaria antes de preguntar: </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Puta, ¿es eso verdad? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignleft" src="http://i.imgbox.com/FY8n02IC.jpg" width="424" height="638">María le quitó por la mordaza para permitirle hablar. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Sí, señora― respondió temblando la pelirroja: ―Llevo enamorada de mi jefe años, pero nunca me había acostado con él. Pero después de beber su leche, nada pude hacer por contenerme. Estaba demasiado cachonda. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Me preocupó observar que Simona no dejaba de acariciar los pechos de la muchacha con esa fusta y que mientras ella contestaba, incrementaba su turbación jugando con sus pezones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Te gustó mi leche? ― insistió la morena y aprovechando que los botones se le habían puesto duros con el contacto, se los pellizcó cruelmente. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Su víctima asintió con la cabeza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ―Ponte a cuatro patas, mientras pienso qué hacer contigo ― ordenó asumiendo el control. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Creyendo por la fama sangrienta de los antepasados de su captora que su destino dependía de su rapidez en obedecer, Cristina adoptó la posición que le había ordenado y con un nerviosismo notable esperó su decisión. Nada más hacerlo, experimentó la áspera caricia de la fusta en su trasero. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Abre las piernas. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al detectar un extraño brillo en su mirada, me sorprendió descubrir que contra todo pronóstico a la rumana le estaba resultando excitante tener a su disposición un cuerpo tan perfecto como el de la pelirroja. Y más cuando sin darle tiempo a acomodarse, usó la punta de la herramienta para recorrer con el canal que formaba sus cachetes. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Creo que voy a jugar un rato contigo― Simona comentó descojonada al tiempo que separaba el delgado hilo del tanga e introducía la cabeza de la fusta en el interior de la cueva de su cautiva. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Cristina se estremeció al sentir esa invasión, pero lejos de retirarse, sus caderas adquirieron vida propia moviéndose como si quisiera disfrutar de la penetración. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Serás zorra― le recriminó al ver el efecto que sus maniobras tenían en la pelirroja. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tras lo cual y sin sacar el instrumento del sexo de la muchacha, empezó a azotarla con la mano. He de confesar que no me atreví a salir en defensa de mi secretaria, temiendo incrementar los celos de la rumana. Quizás por ello el castigo se prolongó durante unos minutos. Minutos que se me hicieron eternos al comprobar que mientras Simona seguía masturbando y azotando a la pelirroja, esta se estaba viendo afectada e incomprensiblemente le estaba gustando. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Ama, su nueva guarra está a punto de correrse― le avisó Mihaela. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al comprobar que era cierto, Simona paró de torturarla y tirando de su rojiza melena, la besó. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«Joder», murmuré para mí al ver el modo tan posesivo con el que la tomaba de la cabeza y con su lengua la obligaba a abrir la boca, «está desatada». </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Acababa de pensarlo cuando de pronto escuché que, mordiéndole los labios, le decía: </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Quieres vivir? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Cristina asintió sin atreverse a discutir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ―Cómeme. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://i.imgbox.com/FskmfMNm.jpg" width="424" height="638">Mi secretaria se quedó helada e intentó buscar mi ayuda porque no en vano jamás había estado con una mujer. Al comprobar que no hacía nada por auxiliarla, metió la cara entre los muslos de Simona. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La satisfacción que alcancé a leer en la cara de esa morena al sentir la boca de mi secretaria acercándose a su sexo me excitó, pero aun más escuchar que empezaba a gemir. Sin cortarse disfrutó como loca cuando la lengua de se aproximaba a sus pliegues, pero fue al sentir la calidez del aliento de la muchacha sobre su pubis, cuando ya no se pudo resistir más y agarrándola del pelo, le obligó a apoderarse de su clítoris. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No pares hasta que me corra. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Su falta de experiencia en comer coños no fue óbice para que se esmerara y desde nuestra posición, tanto María, como Mihaela, fueron testigos del modo tan sensual con el que la pelirroja separaba los labios de la rumana mientras con la otra mano, la masturbaba estimulando su erecto botón. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Alberto, ¿a qué esperas? ¡Ayúdame con esta zorra! ― chilló Simona dominada por la lujuria. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No necesitó insistir. Caliente como un mandril en época de celo, me quité la ropa mientras aprovechaba a ponerme detrás de mi secretaria. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«Está buenísima», me dije. Observándola desde ese ángulo mientras le practicaba el oral a María, su culo parado era una tentación imposible de resistir. A pesar de ello, preferí que reservarlo y sin esperar nada más, coloqué mi verga en su coño y de un solo empujón, introduje mi miembro dentro de ella. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Cristina chilló al verse empalada y más cuando notó que machacaba la pared de su vagina con mi pene, pero no por ello dejó de mamar del coño de Simona. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No te quejarás― comenté a mi rumana al ver que la pelirroja se multiplicaba y que además de usar la lengua para darle placer, estaba usando sus manos para pellizcarle los pezones. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sabiendo que cuanto más satisfecha estuviera menos dura sería con mi secretaria, pedí a María y a Mihaela que me ayudaran con ella, asumiendo que entre los cuatro no tardaríamos en conseguir que la custodio se corriera. Lo que no me esperaba fue que mientras la sumisa se lanzaba en tromba a mamar de los pechos de Simona, mi amiga hiciera lo propio con los de Cristina. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Diós! ¡Cómo me gusta! ― aulló la pelirroja con creciente lujuria al sentir los dientes de la rubia en sus pezones. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mi fiel ayudante de tantos años fue la primera en correrse, anunciando a los cuatro vientos su placer. Reconozco que me agrado comprobar que, a pesar de haber sido obligada, estaba disfrutando de su primera vez con la que esperaba que fuera su familia y por ello, sonreí al notar que todavía le quedaba energía para mover sus caderas, buscando mi placer. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Estaba a punto de acompañarla cuando caí en la cuenta de que no debía hacerlo. Por ello, cambiando de objetivo, me salí de ella y sustituyéndola, acuchillé con mi pene el interior de Simona. La custodio no se esperaba mi intrusión y por ello me costó hundirme en ella. Aun así, lo gozó y tras tres o cuatro incursiones, coloqué sus piernas sobre mis hombros. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La nueva postura la volvió loca y al notar su cueva totalmente invadida, su cuerpo colapsó: </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Gracias mi amor! ¡Te necesitaba! – reconoció mientras un poderoso orgasmo recorría su ser. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">En cuanto noté su clímax, me dejé llevar y derramándome en su interior, nuestros flujos se mezclaron al ritmo de nuestro placer. Agotado, me tumbé junto a ella en la cama. Al recibirme entre sus brazos, me comentó que por culpa de mi insaciable lujuria no solo tendríamos que cambiar de cama sino de casa. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No te entiendo― susurré en su oído mientras la besaba. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Con tono pícaro, me respondió: ―Por ahora me has traído solo dos mujeres, pero sabiendo como te miraban el resto de las hembras en la fiesta, no me extrañaría que al final sean una docena, las putas que tenga que alimentar. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Agradecí su compresión besándola y ella me estaba devolviendo con pasión mis caricias cuando escuchamos a Cristina preguntar: </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Señora, ¿puedo suponer que me ha aceptado como su protegida? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Con una carcajada, Simona la llamó a unírsenos sobre las sábanas. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué razón tienes! ¡Necesitamos un colchón más grande! ― comenté al ver que, imitando a la pelirroja, Mihaela y María buscaban su sitio entre nosotros… </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">FIN </span></p>
<p><img decoding="async" class="size-large aligncenter" src="http://i.imgbox.com/aNxvRW4P.jpg" width="600" height="902"></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Robando la leche de su madre al hijo de mi criada 13&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 15:29:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; A las diez de la noche, cuando las parejas invitadas a la fiesta comenzaron a llegar, no me costó percatarme de las diferentes formas de relacionarse que había entre ellas. Mientras en algunas era evidente que la custodio era la que llevaba la voz cantante, en otras la mujer adoptaba una postura secundaria llegando en algunos casos a rayar la sumisión. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «¡Qué curioso!», medité al fijarme en Manuel y en Dana. «Pobre cabrón», sonreí al ver como la pelirroja, que en teoría debía servirle, le humillaba en público. Fue entonces cuando empecé a sospechar que, aunque esos bellos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: justify;"></p>




<p><span style="font-size: 14pt;">A las diez de la noche, cuando las parejas invitadas a la fiesta comenzaron a llegar, no me costó percatarme de las diferentes formas de relacionarse que había entre ellas. Mientras en algunas era evidente que la custodio era la que llevaba la voz cantante, en otras la mujer adoptaba una postura secundaria llegando en algunos casos a rayar la sumisión.</span></p>



<p><span style="font-size: 14pt;"></span></p>



<div class="wp-block-group is-layout-flow"><div class="wp-block-group__inner-container">
<p></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «¡Qué curioso!», medité al fijarme en Manuel y en Dana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"></span></p>
</div></div>



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«Pobre cabrón», sonreí al ver como la pelirroja, que en teoría debía servirle, le humillaba en público.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Fue entonces cuando empecé a sospechar que, aunque esos bellos seres sostenían que su comportamiento variaba en función de las necesidades de su protegido, la realidad era muy distinta y que por azares del destino o de la genética, una custodio se sentía atraído por aquellos que se complementaban con ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«Esta zorra era en su interior una dominante de libro aun antes de conocer al tipo», me dije viendo la felicidad con la que comentaba a sus amigas como su protegido disfrutaba con sus castigos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Tan raras te parecemos? ― escuché que me preguntaban a mi espalda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al girarme me topé con una morena agitanada que me miraba con un extraño brillo en sus ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué lo dices? ― contesté tratando de simular una tranquilidad que no tenía, ya que era tal la belleza de la mujer que me costaba hasta el respirar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Te he pillado observando a mis hermanas como bichos raros― replicó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La dureza de esa afirmación fue amortiguada parcialmente por la dulzura de su voz.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Todos somos raros― respondí― y yo, el primero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Su cara se iluminó con una enigmática sonrisa antes de contestar:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―En eso tienes razón. Tu caso es tan extraño que me tiene intrigada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://i.imgbox.com/ll7Xrozg.jpg" width="424" height="638" />No tengo que deciros que al escucharla se despertaron todo tipo de alertas en mi interior. No en vano esa desconocida me acababa de catalogar como rareza. Por ello, midiendo mis palabras le pedí que me explicara que era lo que me hacía único.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sin variar ni su tono ni su gesto, me espetó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No solo has conseguido que la hermana que te ha sido asignada se vuelque contigo de un modo inaudito y se permita ciertas excentricidades, sino que son varias las custodios a las que tu olor no resulta indiferente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tardé unos segundos en asimilar el significado de lo que me acababa de decir:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ― ¿Me estás diciendo que además de a Simona pongo cachonda a otras?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Por extraño que parezca, así es. Sin llegar a provocar los mismos efectos que en Simona, al menos tres de las hermanas consultadas se han sentido perturbadas por tu aroma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No supe interpretar la expresión de su rostro y es que, aunque en un principio pareció escandalizada, su actitud cordial y amistosa me hizo sospechar que lo que estaba era fascinada por las posibilidades que se abrían a mi alrededor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Qué piensas que soy? ― pregunté directamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sin cortarse un pelo, replicó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Todavía no estoy segura, pero puede que tu presencia signifique una renovación en nuestras costumbres y que hayas llegado para inyectar sangre nueva en nuestra especie o por el contrario seas un peligro que hay que suprimir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La seguridad con la que acababa de decirme que mi destino estaba en duda me hizo comprender que estaba ante un miembro importante dentro de la jerarquía de esas brujas y que la razón de su presencia en esa fiesta era juzgarme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿No habrás decidido matarme? – aterrorizado pregunté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Soltando una carcajada, esa morena de ojos profundamente oscuros me replicó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Por ahora no. Creo que voy a dar una oportunidad a las hermanas que ven en ti un revulsivo y permitiré que se pruebe con voluntarias que hayan perdido sus parejas si tu olor es capaz de embarazarlas. Mientras tanto he decidido que independientemente del resultado se te permita expandir tu progenie y se te dote de mujeres a las que preñar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No me paso inadvertida la diferencia que hacía entre preñar a humanas y embarazar custodios, pero sabiendo que no me resultaría provechoso mostrar mi cabreo, únicamente señalé mis reparos a esa solución porque no estaba dispuesto a tirarme a ancianas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Me refería a viudas, no a viejas― riendo contestó y llamando a una rubia que nos miraba con interés desde la puerta, me la presentó diciendo: ― Mihaela ha aceptado someterse a este experimento y a partir de esta noche vivirá en tu casa.       </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Reconozco que me enfadó el hecho que ni siquiera me hubiesen tomado en cuenta. Queriendo en cierta forma tomarme una revancha, tomé de la cintura a la recién llegada y la besé. No supe que decir ni qué hacer cuando ante mi sorpresa, la joven se derritió entre mis brazos y menos cuando temblando pidió ayuda a su superiora diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Oana, ¡pídale que me suelte! Antes de entregarme a él, necesito el permiso de Simona.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La angustia de sus palabras maximizó el efecto de la carcajada que soltó la morena antes de exigir que la dejara ir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Me ha quedado claro que, viviendo en casa de Simona, Mihaela no tardará en quedarse en cinta, pero antes debemos de evaluar si nos interesa incrementar nuestro número usándote a ti de progenitor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Un momento― exclamé― acabo de caer en que siempre me habían dicho que las custodios solo eran capaces de procrear una vez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Normalmente así es. Es sumamente raro que habiendo dado a luz y tras perder a su pareja, alguna de nosotras sienta deseo por otro humano. En esos casos podemos tener otra hija, por eso es tan importante saber si eres unos de esos individuos que es capaz de despertar el deseo en aquellas cuyos protegidos han muerto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Acojonado por el significado de sus palabras y obviando que la rubia podía oírnos, comenté que porqué debería aceptar ser su semental. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sonriendo con descaro, la morena contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Por lo poco que sé de ti, la idea de tener un harén de bellezas a tu disposición te resulta agradable, pero creo que debes de recordar que tenemos otras formas de convencerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Simona me da suficiente, no necesito más― creyendo que se refería a la leche repliqué.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Acercándose a mí, esa arpía de bellas facciones susurró en mi oído:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Tu lujuria es más grande que tu cerebro, pero no creo que quieras ser el responsable de la muerte de tus dos amantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Me quedé petrificado al oír esa amenaza y es que, a parte de la gravedad de esta en sí, Oana me acababa de confirmar que no solo era de su conocimiento mi relación con María, sino que también sabía que me andaba tirando a Cristina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Acepto― contesté dejándome caer en un sillón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Justo en ese instante, por la puerta, aparecieron las dos mujeres que hasta ese momento eran mis parejas oficiales y por su indumentaria comprendí que mi capacidad de sorpresa se iba a ser puesta nuevamente a prueba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«¿Qué narices pasa aquí?», me pregunté al ver que llevaban una túnica blanca exactamente igual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Quizás por ello no me sorprendió que Simona se arrodillara ante la morenaza que me había interpelado y extendiendo sus brazos ante ella, dijera:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Oana, me postro ante ti en señal de lealtad para comunicar a todas mis hermanas que es mi deseo extender mi protección a la mujer que está a mi lado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Por qué deberíamos aceptar tal cosa? ― replicó su superiora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignleft" src="http://i.imgbox.com/shX1ySlI.jpg" width="424" height="638" />Mientras María se mantenía muda, la rumana contestó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Mi amado protegido desea prolongar su estirpe humana y para ello, está conforme en compartir mi leche con ella…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Y a pesar de ser algo inusual entre nosotras, tú has accedido― interrumpiendo, Oana replicó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Aunque es infrecuente, se ha dado el caso en nuestra historia― Simona se defendió sin darse cuenta de que con ello dejaba abiertas sus defensas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Su jefa sonrió y antes que Simona pudiera hacer algo para rectificar, le dijo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Tienes razón, pero siempre que uno de nuestro protegido ha seguido preñando a mujeres de su especie también creo un nuevo linaje de hermanas… ¿nos estás diciendo que Alberto puede ser uno de esos valiosos especímenes llamado a renovar nuestra sangre?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> El estupor que leí en la cara de la rumana me hizo saber que no había pensado en las consecuencias de su petición y que, de ser aceptada, tendría que compartirme con todas aquellas que se vieran afectadas por mi olor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Será un placer repartir con mis hermanas la esencia de mi protegido― tras unos instantes, respondió y la sonrisa que iluminó su cara al hacerlo me hizo comprender que Simona había supuesto que jamás se daría el caso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tomándole la palabra, la morenaza aquella le soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Es muy generoso de tu parte y como son varias las voluntarias, el consejo ha decidido ir de una en una probando su idoneidad como creador de estirpe.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La expresión de mi rumana mutó de la incredulidad inicial a una consternación total al darse cuenta del error que había cometido y más cuando su superiora le comunicó que, cuando esa noche todo el mundo se fuera, Mihaela se quedaría viviendo con nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La aludida al escuchar esa conversación supo que ya era un hecho que se uniría a nuestra peculiar familia y acercándose a mí, susurró en mi oído:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Solo espero que mi futuro señor sea tan estricto conmigo como lo fue el antiguo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">El significado de tal afirmación no me pasó inadvertida y conociendo que me hallaba ante una sumisa de libro, mi pene despertó de su letargo.  De haber estado solo con ella, me hubiese gustado investigar los límites de su entrega, pero teniendo más público del deseado me tuve que conformar con regalar un sonoro azote sobre sus ancas. La reacción de Mihaela me ratificó su condición y es que, en vez de molestarse con esa ruda caricia, su rostro se iluminó con una espléndida sonrisa de oreja a oreja.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Qué ha pasado? ― preguntó María totalmente perdida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No pude evitar una carcajada cuando la rubia custodio respondió:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Mi señor ha accedido a que sea su zorrita.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Que le impusieran una compañera de su especie, contrarió a Simona y acercándose a mí, me rogó que la perdonara porque no había sido su intención el imponerme nuevas responsabilidades.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Te refieres a Mihaela? ― pregunté.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">        ―Sí. Nunca me imaginé que hubiese otra que reaccionara a tu aroma― respondió deshecha: ―Me consideraba la única y ahora me doy cuenta de que hay otra que siente lo mismo que yo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">        Viendo su dolor, me vi incapaz de comentarle que según me había revelado Oana había al menos otras dos que se sentían atraídas por mí y tomándola de la cintura, la atraje hacia mí diciéndola:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Eres y serás siempre mi favorita. Para mí, eres la mejor, la única que se merece el título de ser mi igual… las demás son y serán nuestras putitas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mis palabras la hicieron sonreír y pegando su cuerpo al mío, me preguntó si pensaba realmente eso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Por supuesto, estoy deseando que se vayan todas las brujas para demostrártelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿En qué has pensado? ― comentó con tono pícaro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Su excitación se hizo evidente por el desmesurado tamaño de sus pezones y quizás por ello no pudo reprimir un gemido al escuchar que le contestaba:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Pediré a María y a Mihaela que preparen tu coño para mí. Estoy deseando oír que no me necesitas para gritar de placer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Prefiero que seas tú quien me haga chillar― respondió mientras restregaba su sexo contra mi entrepierna.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Eso después, putita mía. Primero que trabajen nuestras zorritas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Con un desmesurado brillo en sus ojos, prueba de la lujuria que la atenazaba, Simona comentó muerta de risa:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Nunca he oído que una custodio le coma el chumino a otra frente a su señor…por lo que no va a ser tan mala idea el que Mihaela viva con nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La rubia volvió a mostrar su naturaleza al contestarla que si su amo se lo pedía no tendría inconveniente en satisfacer todos y cada uno de sus caprichos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Me obedecerías como si fuera tu dueña? ― preguntó mitad escandalizada, mitad excitada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sin levantar su mirada, la otra custodio respondió:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Si mi amo la considera su igual, será mi deber el servirla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Interviniendo en la conversación, dejé caer que ese era mi deseo. Al escucharme, Mihaela se arrodilló frente a Simona y le prometió fidelidad sin importar que Oana pudiera verla. Contra todo pronóstico, la jefa de todas ellas no se tomó a mal esa inaudita entrega y acercándose a donde estaba mi rumana, comentó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Como favorita de un creador tendrás que aceptar que entre tus obligaciones estará poner orden en tu casa… tanto entre las humanas como entre las hermanas que vivan bajo tu techo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Asumiendo sus deberes, rápidamente la contestó que así lo haría y ejerciendo por primera vez del poder que se le había otorgado, pidió a Mihaela que ayudase a María con las bebidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Ama, ¿desea que le traiga algo? ― contestó con alegría demostrando con ello que aceptaba de buen grado su jerarquía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Una cerveza― Simona respondió y sin dar mayor importancia a su entrega, se puso a charlar con el resto de los invitados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">    <img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://i.imgbox.com/P8hG66gq.jpg" width="424" height="638" />    Conociéndola, comprendí que esa normalidad era una fachada y que en su interior debía de estar luchando para controlar la fogosidad de su talante y que de no estar presentes sus hermanas, mi rumana hubiese dado rienda suelta a su lujuria obligando a la nueva adquisición a hurgar entre sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">        «Y ella está deseando que la obligue», me dije al advertir el modo en que Mihaela miraba a Simona.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sospechando que no tardaría en contemplar esa escena, me uní a la fiesta y fue entonces cuando me percaté realmente de cual sería mi papel en un futuro al sentir el acoso de todas y cada una de las custodios presentes en el lugar. Y cuando digo acoso no exagero, ya que desde la más lanzada a la más mojigata de ella se acercó a mí para comprobar en persona si mi olor la afectaba. Mientras algunas fueron lo suficientemente prudentes para disimular y me olieron sin molestar, otras directamente buscaron mi contacto llegando incluso a meter su cara en mi sobaco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Con un cabreo in crescendo, advertí que las más insistentes eran aquellas cuyos protegidos sobrepasaban los setenta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No te enfades con ellas. Ven cercano el momento en que se van a quedar viudas y tienen miedo a la soledad. Tu presencia le ha hecho albergar esperanzas de no quedarse solas― escuché a Oana decir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Indignado me giré a contestar, pero no pude hacerlo. Un nudo en mi garganta me lo impidió al descubrir que esa espectacular morena tenía los pitones totalmente tiesos. La jefa de las custodios se puso roja al darse cuenta de que me quedaba mirando sus pezones, pero lejos de tratar de disimular, me soltó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No te voy a negar que me excitas, pero afortunadamente mi protegido goza de buena salud y no necesitaré de tus servicios en años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Que Oana también se supiera candidata a formar parte de mi harén me preocupó. No en vano si en ese reducido grupo había al menos tres de esas arpías a las que no era indiferente, bien podían ser docenas las repartidas por el orbe que llegado el momento buscaran mi compañía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«Al final voy a tener que salir huyendo», sentencié para mí mientras me servía una copa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<h1 class="wp-block-heading" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a>Capitulo 17</a></span></h1>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Pasada la media noche, los invitados comenzaron a marcharse a casa. Al principio a cuenta gotas, pero en el momento en que Oana y su pareja dejaron la fiesta cundió entre los restantes el deseo de volver a sus hogares y en menos de diez minutos, me quedé solo con Simona, María y Mihaela.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Reconozco que fue un momento extraño. Todos sabíamos lo que debíamos hacer, pero nadie se atrevía a dar el paso.  Observando a las tres mujeres, advertí que quizás la única tranquila era María. Las otras dos estaban expectantes y me miraban pidiendo que fuera yo quién tomase la iniciativa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Asumiendo que no me quedaba otra que hacerlo, llamé a la nueva y estrechándola entre mis brazos la besé posesivamente. Tal y como preveía, Mihaela recibió con alegría mi lengua dentro de su boca y sonrió cuando sintió mis manos magreándole sus pechos. Lo que quizás no se esperaba fue la actitud de Simona al unirse a la fiesta y es que, en vez de mostrarse cariñosa, llegó y soltándole un tortazo, le exigió que se separara de mí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Juro que hasta yo me quedé espantado y es que nunca se me hubiese pasado por la cabeza que esa mujer cariñosa y divertida reaccionara de esa forma. Curiosamente fue la agredida quién vio normal ese trato y obedeció al instante sin que su rostro reflejara el menor disgusto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Puta, ¡todavía no sé si voy a aceptar que toques a mi protegido! ― escuché que le decía mientras usaba sus manos para desgarrar el vestido de la indefensa mujer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">La violencia de sus actos estuvo a punto de hacerme intervenir, pero justo cuando iba a salir en su defensa, vi a la rubia sonreír.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«No me lo puedo creer, ¡está disfrutando!», pensé impresionado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mi rumana aprovechó para pedirle que se acercara. Mis reparos desaparecieron al observar que Mihaela se arrodillaba y se ponía a maullar mientras gateaba hacia ella. Al llegar a su lado, nuevamente demostró que ansiaba ser aceptada al no dejar de ronronear mientras restregaba el lomo contra las piernas de la que consideraba su dueña. Simona, satisfecha, me guiñó un ojo antes de decirle con tono suave pero firme que la acompañara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al comprobar que se dirigían hacía mi cuarto, cogí del brazo a María y fui tras ellas, impaciente por observar que era lo que mi ángel custodio había planeado para su hermana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Y yo qué hago? ― preguntó mi amiga al no saber cuál era el papel que tenía preparado para ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Siéntate con Alberto mientras valoro nuestra nueva adquisición y no hables si no quieres que te trate igual que a esta zorra― contestó Simona desde el centro de la habitación y dirigiéndose a la otra custodio, le ordenó que se desnudara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">A pesar de estar medio en pelotas la rubia dudó que debía quitarse antes si el sujetador o las braguitas:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Por dónde empiezo? ― preguntó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Le contestó desgarrando el coqueto tanga que llevaba. Mihaela no se lo esperaba, pero aun así entendió que quería rapidez y que no podía ni debía dejar de obedecerla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Ama, le ruego me perdone― dijo disculpándose tras lo cual comenzó a quitarse el sujetador mientras trataba de descubrir mirándola a los ojos si le gustaba el modo en que obedecía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No me quedó duda alguna de que esa rubia sabía que era obligatorio para ella el satisfacer a mi rumana con anterioridad a ser mía. Por ello no me extrañó que, al quedarse totalmente desnuda, se pusiera a su lado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Ejerciendo su autoridad, Simona le levantó la barbilla con sus dedos y valorando su adquisición como a una pieza de ganado, la alabó diciendo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No está mal. Tiene unas facciones armoniosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Supe que, aunque en teoría esos pensamientos en voz alta iban dirigidos a mí, en realidad la intención de Simona era que la custodio los oyera. Por un momento, Mihaela creyó que iba a besarla, pero no tardó en comprobar que al menos momentáneamente se iba a quedar con las ganas cuando deslizando la mano por su cuello, mi rumana siguió tasando su adquisición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Buena estructura ósea, piel tersa… ―y subiendo un nuevo escalón en el control de la joven, sostuvo ambos pechos entre sus palmas para acto seguido comprobar su textura pellizcándole los pezones. Un gemido de dolor surgió de su garganta, pero no puso ningún impedimento a que siguiera auscultándola.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Pensaba que los tendría mejores― comentó con falta de entusiasmo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al escuchar esa injusta crítica, Mihaela me miró preocupada, buscando quizás un apoyo que nunca recibió a pesar de que en mi interior sabía que los tenía estupendos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Qué guapa es! ― susurró a mi lado una María deseosa de intervenir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Apiadándome de ella, le pedí que separara sus piernas y comencé a masturbarla mientras a dos metros, Simona se tomaba su tiempo para recorrer la distancia que había entre los senos y el ombligo de su víctima.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Calla y observa― musité a mi amiga al saber que mis maniobras no tardarían en afectarla y más cuando no perdía detalle del modo en que las areolas de la joven se retraían endureciéndose y que en su expresión, ya era más que evidente que estaba excitada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://i.imgbox.com/vtABRyHt.jpg" width="424" height="638" />Simona disfrutó al ver que la respiración de Mihaela se agitaba al ritmo de sus caricias siguió bajando rumbo a su sexo y que, decidida a facilitarle la tarea, su víctima separaba las rodillas dándole paso franco hacia su meta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Me encanta ver que eres una puta que sabe cómo depilarse el coño― comentó al comprobar que no había rastro de vello entre sus pliegues.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Aprovechando el momento, no se lo pensó dos veces y separando los labios del pubis de la muchacha, comprobó que, debido a la calentura, los tenía completamente hinchados. Lo que nunca se imaginó fue que producto de sus toqueteos, el clítoris de Mihaela estallara llenando de flujo sus dedos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> ―Perdón, Ama, no pude evitarlo…― avergonzada murmuró la pobre rubia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Exteriorizando su enfado, Simona le preguntó que quién coño se creía para correrse sin su permiso y que, si realmente quería que la aceptáramos como nuestra esclava, debía comportase como una. Reconozco que me pareció una exageración que hablara de esclavitud porque hasta ese momento lo único que sabía era de sus inclinaciones sumisas, pero por enésima vez en el breve lapso desde que la conocía Mihaela me volvió a sorprender al responder cayendo postrada a sus pies.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Esta zorra está más necesitada que yo― balbuceó sobrecogida María.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Y no era para menos. No contenta con haberse lanzado al suelo, la rubia estaba besando los pies de Simona mientras le agradecía que la tomara en cuenta como candidata a ser de su propiedad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"> Mi rumana ejerciendo el poder que había recibido, se sentó sobre la cama y le gritó:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Ven aquí, inmediatamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mihaela, viendo que se señalaba las piernas creyó que le estaba pidiendo que se sentara en ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Así, ¡no! ― le gritó al ver sus intenciones y tumbándola sobre sus rodillas, empezó a azotarle el trasero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Si bien en un principio comenzó suavemente, viendo que no se quejaba, fue incrementando tanto el ritmo como la intensidad de los golpes. El castigo que estaba sufriendo ya era excesivo, cuando por vez primera escuchó de labios de la rubia un suave gemido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Desde mi posición observé que las quejas de la custodio adoptaron el mismo ritmo con el que era azotada, pero por mucho que lo intenté no supe interpretar sus sollozos. Parecían una mezcla de dolor y de placer, y solo cuando chillando Mihaela pidió a Simona que siguiera castigándola, comprendí que estaba disfrutando con la reprimenda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Al percatarse, siguió azotándola, pero entonces y mientras la rubia empezaba a convulsionar por el gozo que sentía, Simona vio que la piel de la muchacha mostraba los efectos de un castigo excesivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Córrete antes de que me arrepienta! ― ordenó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">María se vio sorprendida por la violencia del orgasmo de la rumana y cerrando sus rodillas, intentó evitar el contagio, pero ese gesto aceleró su placer y mientras la rubia se corría en manos de Simona, ella hizo lo propio en las mías.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Satisfecho, la dejé descansar y fui a verificar los daños que había sufrido Mihaela. Tal y como había previsto, tenía el culo amoratado, pero afortunadamente comprobé que no tenía nada permanente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Por eso proseguí con mi examen, poniendo mis manos en su trasero.  Me encantó ver que era dueña de unas nalgas eran poderosas, duras por el ejercicio continuado, pero lo que verdaderamente me cautivó fue descubrir un tesoro al separarle los cachetes y es que, ante mis ojos, apareció un esfínter rosado y virgen que ningún pene había hollado su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Zorra, ¿tu antiguo amo jamás te usó analmente?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Avergonzada, bajó sus ojos sin contestar. No hacía falta, ya sabía la respuesta. La levanté de su posición y dándole un beso en los labios, le informé que el nuevo sí iba a estrenarlo. Aunque era evidente el miedo en sus ojos, me contestó que era enteramente mía y que podía usarla cómo y cuándo deseara.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Descansa un poco mientras tus compañeras me lo preparan― comenté mientras abría mi neceser y sacaba la crema hidratante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Con ella en mis manos, volví a su lado y mirando a María y a Simona les ordené   que empezaran. Nerviosa por la perspectiva de ser estrenada, <a>Mihaela se colocó a cuatro patas sobre la cama, para así facilitar las maniobras de sus dos futuras compañeras de alcoba.</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mi amiga fue la que tomó el bote de mi mano y por ello la encargada de verter una buena cantidad de ese potingue sobre el intacto hoyuelo de la Mihaela.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Está frio― musitó la joven al sentir las yemas de Simona extendiéndolo lentamente por las rugosidades de su ano.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No me costó saber que estaba tensa y por ello, les pedí que fueran tranquilizándola con caricias antes de dar otro paso. Las dos mujeres se mostraron conforme y comenzaron a besarla con decisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Amo, quiero ser suya― dijo la joven mujer llena de felicidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Sus palabras fueron interpretadas por Simona y María como una especie de banderazo de salida y sin pedir mi opinión, fueron alternando sus yemas en el interior de su agujero. Los músculos de Mihaela se contrajeron al sentir esa invasión, pero eso no provocó que sus agresoras pararan y dotando a sus dedos de movimientos circulares siguieron relajándoselo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Desde mi posición comprobé que progresivamente iba cediendo la tirantez que sentía e iba aumentaba la excitación de la cría. Mis mujeres también se dieron cuenta y mientras profundizaban en su ataque, metiendo a la vez sus falanges, se permitieron el lujo de usar la mano libre pellizcar entre las dos los pezones de Mihaela.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Dios! ¡Como me gusta! ― gritó al experimentar la mezcla de placer y castigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tras confirmar lo mucho que le gustaba la violencia y que esas rudas caricias la ponían bruta, decidí que era mi turno y separándolas de su lado, sustituí los dedos de las mujeres por mi glande.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Estoy lista― dijo al sentir mi capullo en su entrada trasera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Su entrega me permitió con un breve empujón de mis caderas embutir la casi totalidad de mi pene en su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Joder! ― gimió al experimentar el modo en que mi extensión forzaba su ano al entrar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―Tranquila, putita mía― dije sabiendo que pronto ese primer dolor se transformaría en placer. Tras lo cual, puse mis manos en sus hombros y tirando de ellos hacía mí, se lo clavé entero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mis testículos rozando contra sus nalgas fueron demostración suficiente de que la mujer lo había absorbido por completo. El chillido de dolor que surgió de su garganta me avisó de que me había pasado, por ello llevando mi mano a su rubia cabellera, la acaricié mientras le pedía que se quedara quieta. Mihaela obedeció con lágrimas en los ojos, señal del sufrimiento que mi pene le causaba al romperle el escroto. Es más, permaneció inmóvil, sin quejarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Simona y Maria colaboraron conmigo besándola y diciéndole que se tranquilizara. A los pocos segundos y viendo que no podía obstáculos, empecé a sacárselo lentamente. La lentitud con la que se lo extraje me permitió notar cada una de las rugosidades de su anillo resbalando sobre mi pene y sin haber terminado, volví a metérselo centímetro a centímetro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">―No pares― me aconsejó María― pronto empezará a disfrutar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Repitiendo esta operación, aceleré el ritmo paulatinamente, resultando cada vez más fácil mi invasión. El dolor se estaba tornando en placer en cada envite, y Mihaela comenzó a disfrutar de ello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Me permites que te ayude con esta yegua? ― preguntó Simona justo antes de soltar un sonoro azote sobre sus nalgas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">El berrido de la rubia fue brutal, pero contra toda lógica, lo que me pidió fue que la montara más rápido. Obedeciendo a sus deseos, convertí nuestro suave trote en un galope desenfrenado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><img decoding="async" class="size-large alignleft" src="http://i.imgbox.com/3cyvO4lM.jpg" width="424" height="638" />Para entonces, la custodio ya no se quejaba de dolor, sino que voz en grito anunciaba que el placer la dominaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Ves lo mucho que le gusta a esta zorra que la montes? ― comentó María al oír los gemidos de placer que daba la muchacha al sentir mis huevos rebotando contra sus nalgas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Girándome observé que las dos mujeres se estaban besando y sabiendo que me venía bien que hicieran el amor, les ordené que se masturbaran entre ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">No se lo tuve que repetir, Simona como posesa se apoderó del clítoris de María y arañándolo con sus uñas, lo torturó adoptando el mismo ritmo que yo imprimía sobre el culo de la rubita.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">«Realmente me lo voy a pasar bomba con todas estas hembras», medité mientras agarrando sus pechos los usaba como anclaje de mis ataques.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><a>Mi renovado ataque hizo que mi montura se </a>desplomara sobre la almohada, eso sí, manteniendo su culo en pompa. El cambio de posición me obligó a cogerle de las caderas, lo que facilitó que mi pene se clavara más profundamente en su trasero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Mihaela rugió dando su aprobación a la nueva postura y casi sin tregua, comenzó a sentir las primeras descargas de un poderoso orgasmo. Su cueva explotó, encharcando tanto su sexo como sus piernas, mientras gritaba el placer que experimentaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Tuve un momento de indecisión al escuchar sus chillidos, pero decidí seguir rompiéndole el trasero y dándole una palmada en uno de sus blancos cachetes, le ordené que se moviera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¡Gracias, amo! ― respondió a mi estimulo moviendo sus caderas hacía adelante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Observando que en ese momento Simona y María estaban haciendo una tijera con sus piernas y que no me podían ayudar con los azotes, marqué yo mismo nuestro ritmo con mis manos sobre sus nalgas.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Lo que no me esperaba es que Mihaela se volviera a correr de inmediato y menos que la desmesurada cantidad flujo que manaba de su cueva, provocara que en poco tiempo ambos estuviéramos completamente empapados de cintura para abajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">― ¿Quieres que deje descansar tu culo y te folle? ―  pregunté temiendo los estragos que mis ataques podrían producir en su esfínter.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Era una pregunta teórica ya que había decidido usar su otra entrada, pero he de reconocer que me puso como una moto escucharla decir que era una perra que no se merecía que esparciera mi semilla en su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Cambiando de objetivo, incrusté mi pene en su sexo violentamente, pero desgraciadamente era tal mi excitación que al sentir la calidez de su coño el placer me dominó y pegando un gemido, derramé mi semen en su interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">Acto seguido y todavía con mi pene dentro de ella, aprecié como se corría por última vez…</span></p>
<p><img decoding="async" class="size-large aligncenter" src="http://i.imgbox.com/vgJun8mI.jpg" width="600" height="902" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;">


<p></p>]]></content:encoded>
					
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