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	<title>dominación &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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	<description>---TU WEB DE RELATOS ERÓTICOS--- (SOLO MAYORES DE +18 AÑOS)</description>
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	<title>dominación &#8211; PORNOGRAFO AFICIONADO</title>
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		<title>Relato erótico: &#8220;¡ DESNÚDATE !&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Apr 2026 07:57:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[Suéltate, despójate de todos tus prejuicios y desnuda acude a mis brazos. Te quiero sin ropa, con el único atuendo de unas botas hasta la rodillas, para que mis manos al recorrer tu cuerpo no encuentren ninguna frontera. Quiero convertirme en un mojado, un ilegal que se aposenta entre tus piernas mientras escucha la sirena de tus orgasmos, al cruzar la línea prohibida marcada por la sociedad. Miembro ilustre que atándote a tu propia cama, te haga declamar los deseos que hasta ahora te han resultado prohibidos. Arrodíllate, mientras separas mis piernas. Agacha tu cabeza al apoderarte de mi sexo. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://4.bp.blogspot.com/_DWeyLa3Yr9U/SI2KPf7TgGI/AAAAAAAAACE/knkmTocK1XY/s1600-h/V22.jpg"><img decoding="async" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5227986741319925858" style="cursor: pointer; float: left; margin: 0 10px 10px 0;" src="http://4.bp.blogspot.com/_DWeyLa3Yr9U/SI2KPf7TgGI/AAAAAAAAACE/knkmTocK1XY/s320/V22.jpg" alt="" border="0"></a><br />
Suéltate, despójate de todos tus prejuicios y desnuda acude a mis brazos.</p>
<p>Te quiero sin ropa, con el único atuendo de unas botas hasta la rodillas, para que mis manos al recorrer tu cuerpo no encuentren ninguna frontera.</p>
<p>Quiero convertirme en un mojado, un ilegal que se aposenta entre tus piernas mientras escucha la sirena de tus orgasmos, al cruzar la línea prohibida marcada por la sociedad.</p>
<p>Miembro ilustre que atándote a tu propia cama, te haga declamar los deseos que hasta ahora te han resultado prohibidos.</p>
<p>Arrodíllate, mientras separas mis piernas. Agacha tu cabeza al apoderarte de mi sexo. Disfruta mientras tus labios se abren para recibir mi miembro en tu boca. Y Comparte conmigo cada centímetro de la piel, que paulatinamente y sin prisa se humedece al explorar tu humedad.</p>
<p>Grita si te humillo agarrándote del pelo. Regurgita si mi hombría te molesta al introducirse en tu garganta. Pero no pares, te deseo. Quiero darte la vuelta, y sentir tu espalda sobre mi pecho mientras te monto.</p>
<p>Soy un jinete distante, pero nuestro galope nos dejara exhaustos. Sentirás mis manos en tu trasero como espuelas que buscan tu desenfreno y yo esperare tus gemidos como la meta a la que cada noche debo acudir.</p>
<p>Buscaras en mi cuerpo, el placer tantas veces vedado. Tu imaginación se recreará al sentir como va siendo ocupada tu vagina, y al golpear mi pene en su pared, gemirás llorando la perdida de tu virtud.<br />
Puta y santa te elevarás a los altares, al ser regada por mi semen. Te purificaré al ritmo brutal de mis caderas y cual mártir querrás ser empalada en público por mí . Me deseas, necesitas notar mi sudor recorriendo tus muslos, mientras tus uñas se hunden en mi espalda, reclamando la dosis a la que no te tienen acostumbrada.</p>
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		<title>¡Qué culo tiene esa mujer!: Linda acepta su sumisión. (POR GOLFO Y VIRGEN JAROCHA)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2026 16:37:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
		<category><![CDATA[VIRGEN JAROCHA]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; Si queréis agradecérselo, escribirla a:virgenjarocha@hotmail.comHabiendo casi violado a la mujer de mi amigo en el comedor, la mandé a prepararse porque esa noche iba a ser nuevamente mía. Mientras me servía una copa, me puse a recapacitar sobre lo sucedido. “He sido bastante cabrón” pensé mientras una sonrisa decoraba mi rostro, “María no se merecía que me aprovechara de sus dificultades y la obligara a acostarse conmigo”. Sin sentir ningún resentimiento, repasé&#160; como había usado su difícil situación económica y la enfermedad de su marido, para cobrarme mi ayuda. Necesitada de dinero, esa mujer no había podido evitar mi [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>


<div style="clear: both; text-align: center;">&nbsp;</div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><b></b><br><span style="color: #333333; font-family: Verdana, sans-serif; font-size: 12pt;"><b>Si queréis agradecérselo, escribirla a:</b></span><br><span style="color: #333333; font-family: Verdana, sans-serif; font-size: 12pt;"><b>virgenjarocha@hotmail.com</b></span><br><span style="color: #333333; font-family: Verdana, sans-serif; font-size: 12pt;"><br></span><span style="color: #333333; font-family: Verdana, sans-serif; font-size: 12pt;">Habiendo casi violado a la mujer de mi amigo en el comedor, la mandé a prepararse porque esa noche iba a ser nuevamente mía. Mientras me servía una copa, me puse a recapacitar sobre lo sucedido.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">“He sido bastante cabrón” pensé mientras una sonrisa decoraba mi rostro, “María no se merecía que me aprovechara de sus dificultades y la obligara a acostarse conmigo”.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sin sentir ningún resentimiento, repasé&nbsp; como había usado su difícil situación económica y la enfermedad de su marido, para cobrarme mi ayuda. Necesitada de dinero, esa mujer no había podido evitar mi ataque. Se lo dejé claro: si quería que mi auxilio iba a tener que pagar con su cuerpo. Al principio, se había negado e incluso había intentado revelarse pero mi amenaza de dejarla en la calle y encima no pagar el tratamiento de su esposo, la habían obligado a entregarme su culo.&nbsp; </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Satisfecho de cómo se había desarrollado mis planes, apuré mi whisky y pensando en que iba a tener a esa mujer como mi sumisa, decidí ir a tomar una ducha. Al entrar en mi habitación, me encontré con que la mujer de Alberto no sólo me había obedecido sino que me esperaba arrodillada al lado de la cama. También me sorprendió verla vestida con un camisón transparente. La escasa tela y lo fino de la misma, me permitió comprobar que no llevaba ropa interior. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Realmente estaba preciosa, con sus pechos al descubierto y ese aire de inocencia que había sabido adoptar. Su postura me dejaba contemplar todas sus piernas e incluso el inicio de sus nalgas.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/MvVJt6BS.jpg" width="423" height="635">Por gestos, le hice saber que me iba a duchar. Bastante excitado, me metí en la bañera, sabiendo que en cuanto saliera ahí iba a estar mi sumisa. El duchazo fue rápido, por lo que tras mojarme un poco, salí a encontrarme con ella.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María, sin que yo se lo pidiera, me esperaba arrodillada en el suelo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Sécame-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Curiosamente, su rebeldía había desaparecido y sus ojos me dijeron que necesitaba servirme. Por eso alzando mis brazos esperé que se levantara, y que con la toalla corriera por mi cuerpo secándome. Incapaz de sostener mi mirada, fue recorriendo mi cuerpo con sus manos. No tardé en comprender que mi duro trato, no solo había vencido todos sus reparos, sino que viendo que su sumisión era inevitable la había aceptado.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Comportándose como una sumisa adiestrada, mi nueva amante no me contestó con palabras, su respuesta fue física y olvidándose de sus prejuicios, pasó la toalla por mi cuerpo con exquisita suavidad para secar toda mi piel. Sin que ella hablara ni yo le dijera mis deseos, fue traspasando los tabúes normales, pegando su cuerpo a mis pies.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Pude notar su radical cambio, olvidándose de la mujer discreta y amante de su marido, la rubia asumió su papel y sin que yo se lo pidiera empezó a besarme en los pies. Noté que estaba deseando complacerme. La humedad de su lengua, recorriendo mis piernas fue suficiente para excitarme, de manera que al llegar a mis muslos, mi pene ya se alzaba orgulloso de sus caricias. Al comprobar mi erección, se saltó el guion que tenía preparado donde iba a volver a abusar de ella. De motu propio, acercó su boca a mi sexo con la intención de devorarlo. </span></div>
<div style="background: white; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif';">Encantado, me quedé quieto mientras veía a sus &nbsp;labios abriéndose y besando la circunferencia de mi glande antes de introducírselo. De pie en mitad del baño, disfruté de como paulatinamente mi miembro desaparecía en su interior. Delicadamente cogió mi extensión con su mano, y descubriendo mi glande, recorrió con su lengua todos sus pliegues antes de metérselo en la boca. Lo hizo de un modo tan lento y tan profundamente que pude advertir la tersura de sus labios deslizándose sobre mi piel, hasta que su garganta se abrió para recibirme en su interior.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sus maniobras, desde mi puesto de observación, parecían a cámara lenta. Podía ver como sacaba mi sexo para volvérselo a embutir hasta el fondo, mientras mantenía los ojos fijos en mí. Era como si esa mamada fuera lo más importante de su vida, como si su futuro dependiera del resultado de sus caricias y no quisiese fallar. Totalmente concentrada, y mientras me regalaba el fuego de su boca, sus manos se dedicaron a masajear mis testículos, quizás deseando que cuando expulsara mi simiente, no quedara resto dentro de ellos.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Fue como si unas descargas eléctricas que naciendo en mis pies, recorrieran todo mi cuerpo alcanzando mi cerebro, para terminar bajando y aglutinándose en mi entrepierna. Ello lo notó incluso antes que pasara y forzando su garganta como si de su sexo se tratara, metió hasta el fondo mi pene, justo cuando empecé a esparcir mi simiente. Lejos de retirarse, disfrutó cada una de mis oleadas, bebiéndoselas con fruición mientras cerraba sus labios para evitar que parte se desperdiciara. Insaciable, jaló de mi sexo, ordeñándome, hasta que, dejándolo limpio, se convenció que había sacado todo lo que era posible de su interior, entonces y sólo entonces paró y sonriendo me preguntó si me había gustado.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Mucho-,</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;le respondí. Estuve a punto de preguntarle a que se debía esa transformación, pero cuando quise decírselo, ella poniendo un dedo en mis labios, me calló diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Si tengo </span><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">que ser tu puta, lo seré y espero nunca darte motivo para que te arrepientas de haberme ayudado.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Impactado por esa confesión, decidí devolverle el placer que me había dado y por eso levantándole del suelo, la llevé a la cama.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Tumbándola sobre el colchón, empecé a tocarla. María no opuso resistencia cuando con tranquilidad acaricié sus pechos. Eran enormes en comparación con su delgadez, sus rosadas aureolas se erizaron en cuanto sintieron mis yemas acercándose. Cogiéndolos con mis dos manos sopesé su tamaño, apretándolos un poco conseguí sacar el primer gemido de su garganta. Entusiasmado por su calentura, procedí a pellizcarlos. Esta vez sus jadeos se prolongaron haciéndose más profundos.<img decoding="async" class="alignleft" src="http://i.imgbox.com/XhkU4P3p.jpg" width="426" height="640"></span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Estaba dispuesta, recorriendo con mi lengua los bordes de sus senos, bajé por su cuerpo para encontrarme su depilado &nbsp;pubis y separando sus labios, me apoderé de su botón. Mientras mordisqueaba su clítoris aproveché para meterle un dedo en su vagina, encontrándomela totalmente empapada, y moviéndolo con cuidado, empecé a masturbarla.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su placer no se hizo esperar y reptando por las sábanas, la esposa de mi amigo intentaba profundizar en su orgasmo, mientras yo bebía el flujo que manaba de su interior. Sus piernas temblaron y su cuerpo se retorció al experimentar como mi lengua la penetraba, y licuándose en demasía, comenzó a gritar.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Fue entonces cuando la vi preparada y colocando mi sexo en su entrada, jugueteé unos instantes antes de introducirme unos centímetros dentro de ella. Sus ojos me pedían que continuara, que la hiciera mujer de una vez, pero haciendo caso omiso a sus ruegos, proseguí tonteando en sus labios. Tal y como me esperaba, se corrió gritando, momento que aproveché para de una sólo golpe meterme por completo en su interior. Gimió desesperada al sentir la violencia de mi incursión. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Esperé a que se tranquilizara, y iniciando un lento movimiento fui sacando y metiendo mi falo en su cueva. María estaba como poseída, clavando sus uñas en mi espalda, me abrazaba con sus piernas, intentando que acelerara mis incursiones, pero reteniéndome seguí al mismo ritmo.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Te gusta putita?-,</span><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;le pregunté siguiendo el juego,-para ser una fiel esposa te mueves excelentemente-.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Se la veía desesperada, quería recuperar el tiempo perdido y agarrándose a los barrotes de mi cama, se retorció llorando de placer. Mi propia excitación me dominó y poniendo sus piernas en mis hombros forcé su entrada con mi pene, chocando mi glande contra la pared de su vagina. La oí gritar al sentir que mis huevos rebotaban contra su cuerpo, pero no me importó, y viendo que se acercaba mi orgasmo, me agarré a su cuello, apretando. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La falta de aire, la asustó y tratando se zafarse, buscó escaparse pero de un sonoro bofetón paré sus intentos. Indefensa, mirándome con los ojos abiertos, me pedía piedad, pero cuando creía que no iba a soportar el castigo, su cuerpo respondió, agitándose sobre la cama. Fue increíble, rebotando sobre el colchón se deshizo en un brutal orgasmo, que coincidió con el mío, de forma que su flujo y mi simiente se mezclaron en su interior mientras ella se dejaba caer exhausta sobre el colchón.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Encantado por la pasión que había demostrado, dejé que me abrazara y que en esa posición, se quedara dormida hasta el día siguiente.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María acepta su condición:</span></b></div>
<div style="clear: both; text-align: center;">&nbsp;</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/8sUzrUGw.jpg" width="425" height="638">Eran cerca de las diez de la mañana cuando me despertó mi empleada-amante-sumisa al traerme el desayuno. Mientras todavía en la cama, me tomaba el café María permaneció semidesnuda a mi lado. Su bello cuerpo y saber que era mío, despertó mi libido y se lo hice saber acariciándole las piernas. No me costó comprobar el modo en que le afectaban mis caricias. Sus pezones se endurecieron en cuanto mis manos tomaron posesión de su trasero. Disfrutando de mi poder &nbsp;y sin ningún reparo, se lo toqué diciendo:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Menudo culo tienes, zorrita mía-.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María, al saber cuáles eran mis intenciones, abrió un poco las piernas para facilitar que mis dedos recorrieran la abertura de su sexo. Estos se encontraron su sexo mojado, y apoderándome de su clítoris, la empecé a masturbar, diciéndole:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Creo que vas a disfrutar siendo mi sumisa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sus piernas temblaron al sentir mis caricias, pero por miedo a defraudarme se mantuvo firme, mientras su vulva era penetrada. El morbo de tenerla así, de pie a mi lado mientras desayunaba provocó que, bajo las sábanas, mi pene empezara a endurecerse.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Mira como me pones</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-, le dije quitándomela.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Se estremeció al ver mi extensión totalmente erecta y se mordió el labio, tratando quizás de evitar que de su garganta saliera un gemido.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La mujer de Alberto se agachó a darme un beso en mi glande, pero se lo impedí ya que quería otra cosa. Agarrándola de la cintura, le obligué a ponerse encima de mí de forma que mi falo entró en su sexo, lentamente.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Gimió al sentir como se iba llenando su cavidad, y percibiendo que la tenía completamente dentro, se empezó a mover buscando el placer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Quieta!-</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;le grité.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Vi en sus ojos un deje de disgusto, estaba excitada y lo que deseaba era menearse conmigo en su interior. Cabreada, se quedó inmóvil y disfrutando al observar su completa obediencia, la premié con un pellizco en su pezón. Al oir su suspiro, le murmuré al oído:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Eres una sumisa muy obediente por eso cuando termine, quizás me apiade de ti corriéndome dentro de ti-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Noté que estaba excitada hasta niveles insospechados cuando de su sexo manó el flujo producto de su excitación. Separando sus nalgas con mis dos manos, acaricié su entrada trasera. Ésta seguía dilatada por el maltrato de la noche anterior, de forma que no encontré impedimento a que mi dedo se introdujera totalmente en su interior.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María, al notar que estaba haciendo uso de sus dos agujeros no pudo reprimir un jadeo, e involuntariamente empezó a retorcerse encima de mis piernas.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Mi putita esta bruta-</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"> susurré.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La mujer, tratando de evitar su orgasmo, presionó con su pubis consiguiendo solo que se acelerara su clímax.<span style="background-position: initial initial; background-repeat: initial initial;"> Quizás fue entonces cuando realmente se dio cuenta </span>que le ponía cachonda el ser mi sumisa y apretando sus músculos interiores presionó mi pene, buscando el darme placer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Fue un polvo rápido, demasiada excitación reprimida de forma que me corrí, dentro de ella mientras le decía obscenidades. Estas lejos de cortarla, le calentaron aún más, por lo que al sentir como la regaba con mi simiente se corrió.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&#8211;</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Siéntate-,</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">&nbsp;le dije señalando la silla que tenía a un lado de la cama.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Esperé a que se acomodara antes de empezar a hablar. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Tenemos que hablar.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Asustada por la seriedad de mi tono, se quedó esperando. Su cara reflejaba inquietud.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Como te prometí voy a hacerme cargo de todos los gastos de tu marido, pero como desgraciadamente Alberto pronto nos va a dejar, &nbsp;quiero hacerte una propuesta. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Nuestro trato acababa cuando su marido falleciera y por eso, a</span><span style="color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">brió los ojos de par en par, esperanzada por mis palabras.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; color: #333333; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Esta será tu casa siempre que sigas obedeciendo mis órdenes y no te importe ser m</span><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">i sumisa-.</span></div>
<div style="clear: both; text-align: center;">&nbsp;</div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://i.imgbox.com/4FH2BIYP.jpg" width="424" height="637">La perspectiva de tener un techo donde guarecerse y poder tener un buen nivel de vida, la hizo reaccionar y sin llegarse a creer su suerte, me preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Me estás diciendo que si sigo comportándome igual, seguirás ayudándome? Y que en tu ausencia, seguiré viviendo en tu hacienda -.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Sí, serás a todos los efectos, la dueña de esta casa pero en contrapartida cada vez que venga al pueblo, serás por entero mía-.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Alegremente, me respondió:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Si es solo eso, acepto pero te pido que para todo el mundo en el pueblo, yo siga siendo tu empleada aunque de puertas adentro sea tu más fiel puta.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Satisfecho de su respuesta, le pregunté:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Quién soy yo?</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su cara se iluminó al oír mi pregunta y agachando su mirada, me contesto:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Eres y serás mi dueño-.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Solté una carcajada al escucharla porque comprendí entonces el porqué de su rápida transformación. Habituada a un marido que malgastaba su dinero en putas e incapaz de ser un verdadero soporte, María llevaba, sin saberlo, años buscando alguien en quien apoyarse y por fin lo había hallado. Por eso, dándole un beso en la mejilla, le susurré al oído:</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="background: white; font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-He quedado a tomar el aperitivo con unos amigos. Vuelvo a las dos, haz lo que quieras pero a esa hora, ten la comida lista y tu cuerpo, calientes.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La idea le debió de gustar, porque noté como se alborotaba su cuerpo y sus pezones se erizaban bajo la blusa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><b><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su total aceptación:</span></b></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Después de departir con mis conocidos del pueblo y con bastantes cervezas dentro, retorné a las viejas paredes de la hacienda. Al llegar, estaba ilusionado con mi vida. No solo me iban desde el punto de vista económico todo de maravilla sino que por azares del destino, me había agenciado a una hermosa mujer. &nbsp;Algo parecido le ocurría a mi nueva empleada. María había aceptado al instante su papel porque veía eso una nueva oportunidad, iba a vivir desahogadamente y para colmo, durante los fines de semana, iba a disfrutar siendo mi amante. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La encontré en la cocina de la casa, ocupada con la comida. Sin querer molestar, me puse un vino mientras ella cocinaba. &nbsp;Se la veía encantada. No paró de cantar y reír, feliz por la libertad que le daba su nuevo puesto. Era la dueña y señora de la casa. No tenía que rendir cuentas a nadie más que a mí. Yo por mi parte no podía dejar de mirarla, me excitaba la idea de volver a acostarme con ella. Sabía que estaba a mi alcance, que con un solo mover un dedo sería mía pero, para afianzar mi dominio, &nbsp;tenía que dejar que ella fuera la que tomara la iniciativa.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Cuando avisó que ya estaba lista, me senté a esperar que me sirviera. La &nbsp;comida estuvo deliciosa, María se había esmerado en que así fuera, nunca había podido demostrar sus dotes por la estrechez con la que había vivido durante los últimos años pero ahora que eso era historia, &nbsp;no desaprovechó su oportunidad, brindándonos&nbsp; un banquete de antología. Y digo brindándonos porque se ella comió conmigo en la mesa. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Parecía una cita, había previsto todo. Al sacar el pescado del horno, me miró con esa expresión traviesa que ya conocía y me dijo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Hoy por ser una ocasión especial, si quieres abro una botella de cava para celebrar que a partir de ahora, seré tuya.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><img decoding="async" class="alignright" src="http://i.imgbox.com/wedPA6Bv.jpg" width="425" height="638">No me dio tiempo a contestarla. Sin esperar mi respuesta, María descorchó uno de los mejores que había en la bodega y sirviendo dos copas, brindó por los dos. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Su actitud no era la de una estricta sumisa sino más bien parecía la de una novia tratando de agradar a su pareja. Pero no me importó, porque ese pedazo de mujer me gustaba. En el postre, el alcohol ingerido antes y durante la comida, ya había hecho su efecto y mi conversación se tornó picante. Intentando averiguar cuáles eran exactamente sus sentimientos, le pregunté:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Hace cuanto tiempo que Alberto no te folla?</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Bajando su mirada, me confesó que debido a la enfermedad, su marido llevaba más de un año sin acostarse con ella. Su respuesta aún siendo previsible, me satisfizo e insistiendo en descubrir sus detalles íntimos, insistí:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Y ¿Algún otro?</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Muerta de vergüenza, miró a su plato:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-No ha habido nadie- y entonces rectificando, dijo: -solo el consolador que descubriste.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Poco a poco estaba llevándola donde quería, sus pezones se marcaban en su vestido. Hurgando en su vida privada, pregunté:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Cada cuánto necesitas masturbarte?</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Temblando de miedo por si su respuesta me molestaba, me reconoció que al menos dos veces al día, había hecho uso de dicho aparato. Su confesión me sorprendió porque aunque sabía que esa mujer era fogosa, hasta oírlo de sus labios, no había supuesto cuánto. Decidido a sonsacarle hasta el último de sus secretos, le solté:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Y ¿Pensabas en mí al hacerlo?</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Colorada hasta decir basta y mientras inconscientemente se acariciaba uno de sus pezones, me contestó:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Sí. En cuanto supe que iba a trabajar aquí, no pude evitar pensar en usted al masturbarme. &nbsp;.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Contagiado nuevamente de un ardor que me devoraba el cuerpo, decidí ver hasta donde esa mujer iba a llevar su supuesta obediencia y separando mi silla de la mesa, señalé a mi entrepierna mientras le decía:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Me apetece una mamada.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La rubia no debía de esperárselo pero tras unos momentos de confusión, sonrió y se agachó a cumplir mi mandato. No tardé en sentir la calidez de su lengua sobre mi sexo. No podía negarse a complacerme, por lo mientras sus manos masajeaban mi extensión, abrió su boca y lamiendo con suavidad &nbsp;mis huevos, se los introdujo poco a poco. La cachondez de esa mujer quedó más que confirmada al verla llevarse los dedos a su propio sexo y pegando un sonoro aullido, empezó a acariciarlo. No me lo pude creer, la esposa de mi amigo se estaba masturbando sin dejar de chuparme. Con mi respiración entrecortada por el placer que estaba sintiendo y cogiéndola de la cabeza, forcé su garganta introduciéndosela por completo.&nbsp; Curiosamente no sintió arcadas, y al contrario de lo que pensé, la violencia de mis actos, la estimuló más aún si cabe, y retorciéndose, como la puta que era, se corrió entre grandes gritos.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"><img decoding="async" class="alignleft" src="http://i4.fastgate.top/images/newsexpics.net/galleries/11/323/11_313.jpg" width="425" height="638">Verla disfrutar sin casi tocarla, me hizo ser perverso y levantándola del suelo, coloqué su pecho contra la mesa. Al levantarla el vestido y terminarle de bajar las bragas, hizo que supiera cuales eran mis deseos y alargando su mano, colocó mi miembro en la entrada de su culo. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Como&nbsp; me encontré que contra todo pronóstico, su esfínter seguía dilatado, decidí que no hubiera mayores prolegómenos. Con un breve movimiento de caderas, introduje la cabeza de mi glande en su interior. La lentitud con la que la penetré por detrás, me permitió experimentar la forma en que mi extensión iba arañando su trasero hasta llenarlo por completo. Esa mañana, la había poseído pero era una sensación diferente a hacerlo por delante. Los músculos de ella aprisionaban mi pene de una forma distinta a como lo hacía su coño, pero analizando mis impresiones decidí que darle por culo, me gustaba más.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">María por su parte, esperaba ansiosa que me empezara a mover, mientras se acostumbraba a tenerlo dentro. Ninguno de los dos se atrevía a hablar, pero ambos estábamos expectantes a que el otro diera el primer paso. Viendo que ella no se movía, con cuidado empecé a sacársela y a metérsela. La resistencia a mis&nbsp; maniobras se fue diluyendo entre gemidos. Poco a poco, me encontraba más suelto, más seguro de cómo actuar. La mujer de mi amigo volvía a ser la hembra excitada que ya conocía. Sus caderas recibían mi castigo retorciéndose en busca de su placer, mientras mis huevos chocaban contra ella.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La postura no me permitía incrementar mi velocidad, por lo que tuve que agarrarme de sus pechos para conseguirlo. De esa forma aceleré mis envites, su conducto me ayudó relajándose.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Más rápido-, me pidió al notar que oleadas de lujuria recorrían su cuerpo.&nbsp;</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Seguía sin sentirme cómodo, por lo que soltándole sus pechos usé su pelo como si de unas riendas se tratara. Estaba domando a mi yegua, y entonces recordé como le gustaba que la montaran, que se volvía loca cuando le azuzaban con unos golpes en su trasero.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Vas a aprender lo que es galopar-, le grité cogiendo su melena con una sola mano y con la que me quedaba libre comencé a azotarle sus nalgas.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">No se lo esperaba, pero al recibir su castigo, mi montura rendida totalmente a mis órdenes, se desbocó buscando desesperadamente llegar a su meta. Su cuerpo se arqueaba presionando mis testículos contra su piel, cada vez que se encajaba mi sexo en su agujero y se tensaba gozosa esperando el siguiente azote, para soltar un gemido al haberlo recibido. La secuencia estaba muy definida, pene, tensión, azote, gemido, y solo tuve que variar el ritmo incrementándolo para conseguir que se derramara salvajemente, bañándome con su flujo.&nbsp; La excitación acumulada hizo que poco después explotara en intensas descargas, inundando con mi simiente su interior.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Caí agotado a su lado, con mi corazón latiendo a mil por hora, por lo que tuve que esperar unos minutos para poder hablar. Pero cuando intenté hacerlo, no quiso escucharme y pidiéndome que me callara, me dijo:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-José, si se enteran en el pueblo, me matan y no sé cuánto dure, pero nadie me ha dado tanto placer.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Sus palabras me terminaron de convencer del acierto que había sido forzarla y </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Acariciándole la cabeza la tranquilicé y abriendo la cama para que volviera a acostarse conmigo le expliqué:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-Aunque seas mi puta, sigues siendo mi amiga. </span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Abrazándome, me confesó que el obedecerme le excitaba y que jamás se negaría a ninguno de mis caprichos.</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿Estas segura?- dije con recochineo- De verdad, ¿vas a cumplir todos y cada uno de mis antojos?</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Con la mosca detrás de la oreja, me miró y con voz melosa, &nbsp;</span><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">me preguntó:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¿En qué estás pensando? ¿Cómo te gustaría comprobar que es cierto?-</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">Soltando una carcajada, le respondí:</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">-¡Entregándote a otra mujer!</span></div>
<div style="background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; text-align: justify;"><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-style: italic; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;">La mujer</span><span style="font-family: 'Verdana','sans-serif'; font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES;"> me miró divertida y como única respuesta se introdujo mi pene en su boca, asintiendo.</span><b> </b></div>
<div style="text-align: justify;">&nbsp;</div>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://i2.fastgate.top/images/newsexpics.net/galleries/11/323/13_340.jpg" width="571" height="380"></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>&#8220;MI ALUMNA SE ENTREGÓ AL PLACER&#8221; Libro para descargar (POR GOLFO) HISTORIA TOTALMENTE INÉDITA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2026 07:49:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[Sinopsis: El email de una desconocida despertó el instinto depredador que llevaba reprimiendo durante años y cómo no podía hacer mía a la causante, busqué a mi alrededor una sustituta. Contra toda lógica descubrí dentro del aula donde daba clases que Almudena, un cerebrito, era la sumisa que estaba esperando. Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente enlace: &#160; https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos:&#160; &#160; Capítulo 1 Después de una temporada de relativa calma, me vi inmerso en una vorágine de sexo y perversión como nunca la había tenido. Todo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-18607" src="http://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1.png" alt="" width="2000" height="785" srcset="https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1.png 2000w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-300x118.png 300w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-768x301.png 768w, https://pornografoaficionado.com/wp-content/uploads/2019/02/PORTADA-ALUMNA2-1-1024x402.png 1024w" sizes="(max-width: 2000px) 100vw, 2000px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><strong>Sinopsis:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;">El email de una desconocida despertó el instinto depredador que llevaba reprimiendo durante años y cómo no podía hacer mía a la causante, busqué a mi alrededor una sustituta. Contra toda lógica descubrí dentro del aula donde daba clases que Almudena, un cerebrito, era la sumisa que estaba esperando.</span></p>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><span style="font-family: arial, helvetica, sans-serif;">Bájatelo pinchando en el banner o en el siguiente en</span>lace:</span></strong></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><a title="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K" href="https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K">https://www.amazon.es/dp/B01GR09C0K</a></span></div>
<div class="MsoNormal" style="background: white; text-align: justify;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;"><br />
<strong>Para que podías echarle un vistazo, os anexo los dos primeros capítulos</strong>:&nbsp;</span></p>
<div class="MsoNormal" style="-webkit-text-stroke-width: 0px; background: white; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: justify; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px;"><span style="font-family: 'arial black', sans-serif; font-size: 14pt;">&nbsp;</span></div>
</div>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"><strong>Capítulo 1</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Después de una temporada de relativa calma, me vi inmerso en una vorágine de sexo y perversión como nunca la había tenido. Todo empezó un día recibí un email de una joven de apenas veintitrés años que se declaraba fan de mis relatos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al leerlo, mis años de experiencia me hicieron ver que tras los sinceros elogios se escondía una petición de ayuda. En una lectura rápida cualquier otro destinatario solo se hubiese quedado con la fascinación de esa niña por la literatura erótica pero, a mí, me resultó evidente leer entre líneas que su fantasía iba más allá.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tiene alma de sumisa», comprendí pero lo que realmente picó mi curiosidad fue advertir por su tono que deseaba de alguna forma conocerme.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como perro viejo en esas lides, decidí hacer un hueco en mis obligaciones y poniéndome frente al teclado, la contesté cordialmente mientras la regalaba un relato inédito para que fuera ella la primera en leerlo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Caerá en la trampa?», me pregunté nada más enviar ese mensaje porque si era como yo suponía, no podría evitar responder lo que me daría la oportunidad de lanzarle un anzuelo tras otro hasta que esa cría pasase a formar parte de mi harén.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mientras esperaba su respuesta, me puse a indagar sobre ella. Cosa que me resultó fácil porque sin saberlo, me había dado mucha más información de la que en un principio estaba dispuesta a revelar al cometer involuntariamente varios errores.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aprovechando su buena fe, o mejor dicho su inconciencia, busqué el mail desde el que me había escrito en Google. Os juro que al hacerlo no esperaba ningún resultado que me permitiera conocer quién era la remitente, pero fue entonces cuando descubrí que había usado su dirección “oficial”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es mona», certifiqué cuando uno de los enlaces me dirigió directamente a su Facebook.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Así supe de primera mano que mi interlocutora vivía en Puerto Rico, que estudiaba trabajo social en una de las universidades de esa isla, que no había mentido respecto a sus años y que al menos en la red, no tenía pareja ya que en ninguna de las fotos que había colgado aparecía con un tipo que no fuera de su familia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es curioso», pensé, «las personas de su generación han crecido con internet y aun así, no saben cómo proteger su anonimato».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Trasteando en la web, recopilé un montón de información sobre sus hábitos e intereses sin tener que desvelar que era yo quien investigaba. Así me enteré que medía un metro cincuenta, que era blanca de piel y que llevaba el pelo corto pero también salió a la luz su gusto por los animales y su afición a la literatura seria.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Alguien tendrá que explicarle que no está bien ser tan poco cauto y que al menos debe de tomar precauciones antes de entrar en contacto con un extraño», me dije olvidándome de ella por la llegada de María, una profesora del claustro donde trabajo, la cual desde hace seis meses es mi más fiel servidora.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque no viene a cuento, el caso de esta madura merece un inciso para explicaros de alguna forma que una de las principales características de un amo es ¡estar siempre a la caza!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía recuerdo el día en que conocí. Fue durante una charla informal en la cafetería de mi universidad. Estaba tomando un café con el rector cuando ese buen anciano me la presentó como su última adquisición para el departamento de investigación. Ni siquiera tuvo que hablar, como un libro abierto leí en su actitud, en sus ojos esquivos y en su exagerado mal humor que el destino de esa rubia pasaba por lucir uno de mis collares.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y así fue, en menos de dos meses, María me rogó de rodillas ser mi esclava y desde entonces, una o dos veces por semana, llega a mi casa, se desnuda y durante cuatro horas se afana en servirme. Da igual que esté casada y que su marido se haya convertido en mi amigo, cuando la llamo corre a cumplir mi voluntad al saber que al final se verá recompensada y obtendrá el placer que ha venido a buscar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Si os preguntáis porque os cuento esto, la respuesta es sencilla:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> “Quiero dejaros claro que todos aquellos que tengáis una faceta sumisa ¡corréis peligro!”. Ya que el primer dominante con el que os topéis sabrá quizás antes que vosotros exactamente que tecla tocar para sacar a la luz vuestra verdadera personalidad y solo dependerá de él, el tiranizaros o el haceros disfrutar sin límite.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Volviendo a la historia de “Pequeñita”, María estaba haciéndome la primera mamada del día cuando desde el otro lado del charco, esa puertorriqueña me contestó. Sin permitir que la zorra se sacara mi verga de su garganta, me puse a leer el mensaje de la desconocida.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os confieso que no fue ninguna sorpresa que esa monada me explicara su evolución y que siendo apenas una adolescente comenzara a disfrutar con las historias románticas donde el protagonista fuera un hombre dominante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tampoco me extrañó que rápidamente se diera cuenta que a esas novelas rosas les faltaba algo ni que fue cuando cayó en sus manos un libro erótico cuando realmente se enteró que deseaba sentirse usada aunque fuera una vez. En plan confesionario, me contaba en el mail que se fue concentrando en relatos de maduros al creer que solo con experiencia podía ser capaz de sacar la ardiente mujer que tenía dentro. De allí pasó a los relatos de dominación y de esos a los de no consentido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Nuevamente no tuve que ser un genio para saber que esa boricua estaba en cierta forma buscando un escultor que diera forma a su ser y con él descubrir la que yo considero más sublime forma de placer que es la sumisión. Reconozco que lo que realmente instigó a mi lado dominante a seguir con ese intercambio epistolar fue comprobar que era sincera porque sin que yo se lo tuviera que pedir, “Pequeñita” se describió exactamente como aparecía en las fotos sin tratarse de adornar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No hace falta ser una Barbie para gustar a un hombre― tecleé respondiendo a su mensaje, harto quizás de la impostura que puebla la red.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Agradeciendo su sinceridad, le pedí que me contara el momento más erótico de su vida para comprobar cuan acertado estaba sobre sus verdaderas inclinaciones. Tras releer mi escrito, di al SEND y me concentré en la sumisa que tenía entre mis piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María había aprovechado que no la miraba para empezarse a masturbar. Me hizo gracia saber que lo había hecho a propósito para que yo tuviera un motivo para castigarla pero la perspectiva que se me abría allende los mares me tenía de buen humor y por ello únicamente esperé a que estuviera a punto de correrse para prohibírselo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿No me va a castigar?― incrédula me preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No te lo mereces― respondí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual la llevé sobre mi cama y le inserté sendos consoladores en cada uno de sus agujeros. La cuarentona creyó que iba a hacer uso de ella pero poniéndolos a toda potencia, me fui a merendar advirtiéndola que no iba permitir que en esa tarde, me volviera a fallar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Tengo vedados los orgasmos», comprendió y humillada esperó a que esos dos enormes falos de plástico cumplieran su labor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Satisfecho con ese peculiar escarmiento, abrí la nevera y me preparé un bocadillo. Cuando os digo que estaba satisfecho, así era porque si bien los ajenos a este mundo, equiparan sumisión al dolor, eso es falso. Se puede ser el amo más dominante sin tener que torturar a nuestras princesas porque unas necesitan mano dura mientras a otras les basta con sentirse dirigidas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Con una cerveza en una mano y el bocata en la otra, volví a donde estaba mi sumisa. No tuve que traspasar la puerta para saber que María me había obedecido al ver cómo intentaba a duras penas contener el placer que se iba acumulando entre sus piernas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Es una puta bien adiestrada», sentencié mientras me sentaba a observar su sufrimiento al no poder correrse.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La rubia suspiró al verme y con lágrimas en los ojos, me imploró que la perdonara. No le hice caso y masticando lentamente incrementé su zozobra al sentirse observada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Amo, ¡no aguanto más!― chilló descompuesta al ser consciente que desde mi asiento podía ver claramente que tenía su sexo anegado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Disfrutando de su desamparo, metí y saqué el falo que tenía incrustado en su trasero un par de veces antes de humillarla, diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Viendo lo gordas que tienes las tetas, es una pena que seas tan vieja. De ser más joven, te preñaría para que así asegurar que mi hijo tuviera leche suficiente con la que alimentarse.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi menosprecio caló hondo en ella y con un tono menos sumiso del que debería, protestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todavía puedo quedarme embarazada.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su respuesta me sirvió para recordarle que entre los límites que ella misma me había puesto al convertirse en mi esclava estaba el no tener descendencia. María al oír mi réplica comprendió que tenía razón y dando una vuelta de tuerca más a nuestro acuerdo, contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si usted lo desea, me gustaría quitar ese término. Sería un honor que usted me preñara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo pensaré― fue mi escueta respuesta y premiando la extensión de su confianza, le dije: ― mientras tanto, ¡puedes correrte!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mis palabras desencadenaron su placer de inmediato. Tanta era la presión que llevaba acumulando que en cuando abrió la espita, todo su cuerpo se vio desbordado por un brutal orgasmo cuyos signos más evidentes fueron sus gritos pero como la conocía de sobra, para mí fue admirar su entrega hecha líquida en el charco de flujo que se formó sobre las sábanas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me encanta ser su guarra― berreó al sentir que retiraba el consolador de su ojete.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sacando mi pene de su encierro, formalicé el nuevo trato empalándola de un solo arreón mientras susurraba en su oído que a partir de ese día tenía la obligación de dejar de tomar anticonceptivos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Todavía no sé si las lágrimas de sus ojos fueron por el dolor que sintió al romperle tan bruscamente el culo o de felicidad por saber que su vientre albergaría durante nueve meses una versión en pequeño mía. Lo cierto es que no llevaba sodomizándola más que unos pocos segundos cuando un geiser brotó hirviendo de su sexo, empapando mis muslos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Cómo me gusta que sea tan puta!», exclamé en mi mente para no revelar ante esa rubia esa intima apetencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Deseando que se sintiera mi montura y yo su jinete, agarré su melena a modo de riendas y dando una azote en sus ancas, incrementé el compás de mi galope hasta hacerlo desenfrenado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María, agradeció el nuevo ritmo, relinchando de placer y ya convertida en yegua buscó desbocada otro nuevo orgasmo. Su enésimo clímax coincidió con el momento en que mi pene explotó regando con su simiente los intestinos de mi sumisa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La felicidad que mostró, me hizo pensar que realmente le apetecía que mis genes sembraran su todavía fértil vientre pero también comprendí que si no conseguía que prendiera mi retoño, tendría que buscarme una sustituta. Recordando a la puertorriqueña, decidí que “Pequeñita” podría ser una buena sustituta…</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Acababa de despedir a María cuando una campanilla me informó que acababa de recibir un nuevo mensaje. Al abrir mi Hotmail, sonreí al comprobar que era la chavala de uno cincuenta y pechos medianos quien me contestaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi sonrisa que se había acrecentado cuando de primeras leí que esa muñeca me confesaba sus deseos de profundizar en el mundo que consideraba mi forma de ver la vida, desapareció de golpe al continuar y enterarme por sus palabras que ya había entrado en contacto con otro amo. “Daddy” fue el término que usó para referirse a él.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Mierda!», mascullé enfadado porque una de las reglas no escritas de la dominación es que uno puede comprar o vender a una sumisa pero nunca inmiscuirse en la relación con su amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi cabreo se convirtió en indignación al enterarme que tras una primera sesión que incluyó desde azotes, bondage hasta lluvia dorada, ese capullo no había querido volverla a ver por miedo a que sus otras tres sumisas se enteraran y le dejaran.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ese tipo no merece que nadie le llame daddy», sentencié al saber que un verdadero amo nunca dice cuántas sumisas tiene y menos, las tiene que rendir cuentas de lo que hace cuando ellas no están.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Ni siquiera debió explicarle en que consiste el acuerdo de entrega y tampoco establecieron en común los límites que ninguno podía traspasar», hecho una furia comprendí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Lo de menos era la horterada de “Daddy”, yo mismo a mis sumisas las considero y las llamo mis “princesas” porque al fin y al cabo, mi función es hacerlas gozar descubriendo hasta donde llegan las fronteras de sus tabúes. Lo que realmente me hacía tirarme de los pelos es que ese insensato hubiera podido dañar por ignorancia o maldad un brillante en bruto como parecía ser esa niña.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «De tenerlo enfrente, lo mataba a golpes. ¡Cómo se le ocurre forzar la máquina en la primera sesión!», cada vez más encabronado con el asuntó, señalé: «El primer día sirve para establecer la confianza sumisa― amo, ¡no para experimentar!».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por mi mente pasaron unas cuantas candidatas que ni siquiera habían podido soportar verse frente a frente conmigo en un cuarto, sabiendo que la razón de estar ahí era entregarse a mí, a un cuasi desconocido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡En qué coño pensaba ese inútil! De haber sido yo, “Pequeñita” hubiese modelado desnuda para mí y poco más. Exagerando al despedirme ¡la hubiese besado!», mi mente no dejaba de repetir mientras seguía leyendo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La propia boricua confirmó mi opinión al explicarme tal y como se lo había pedido que el momento más erótico que había experimentado en su vida fue durante esa sesión cuando la empujó contra la pared y teniéndola indefensa, forzó su boca con la lengua mientras sentía su presencia.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Eso fue lo único que hizo bien!― en voz alta recalqué, un poco más tranquilo al darme cuenta que los daños en “Pequeñita” parecía no ser permanentes: ― La chavala es sumisa de corazón y por eso reaccionó al premio que le daba su amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Viendo que no todo estaba perdido y que con ese aprendiz de amo no me unía ningún tipo de cortesía “profesional”, decidí explicar a mi interlocutora por qué tenía que cambiar de Daddy y buscarse uno que realmente supiera como eran las cosas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Ni que decir tiene que ¡me ofrecí a ser yo quién la enseñara!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">Capítulo 2</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;">A raíz de ese mail, la boricua desapareció de mi vida. Os confieso que interpreté su silencio cómo una oportunidad perdida. Estaba desilusionado porque me apetecía hacerme con esa carne fresca a la que someter a mi antojo. Para entonces la consideraba un trozo de mármol que mis manos podían ir cincelando poco a poco hasta convertirla en mi puta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para mí, “Pequeñita” no era una persona con sentimientos, era un objeto con el que saciar mi hambre de nuevas conquistas. Deseaba poner mis garras en ella y sin que se diera cuenta irla adoctrinando a mi antojo, de forma que al final, esa jovencita respirara, comiera e incluso defecara con un único objetivo: “Servirme”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su vida pasaría a ser mía. Por mis planes pasaba que su voluntad se fuera diluyendo como un azucarillo en el café con el objetivo de endulzar mi existencia. Deseaba anularla, convertirla en una zombi que solo deambulara por el mundo con el fin de adornar mi galería de trofeos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Había previsto, exhibirla ante mis conocidos como un ganadero muestra orgulloso su mejor res. Dejar que mis colegas de perversión pusieran sus sucias manos sobre los pechos casi virginales de esa cría para comprobar lo bien que la había adiestrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tenía muchas esperanzas puestas en esa puertorriqueña. En mi pérfida imaginación, iba a ser yo el que rompiera por primera vez su culo. Bajo mi mando, había planeado que esa angelical muchacha satisficiera solo porque yo se la mandaba a mujeres tan perversas como yo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Y cuando me hubiese cansado de ella, vendería sus despojos al mejor postor para acto seguido buscar una nueva víctima que anotar en mi lista de éxitos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Pero desgraciadamente, todo se había ido al traste o eso pensé cuando al tercer día, no había tenido noticias de ella. Interiormente me reconcomía el hecho de haberme excedido exigiendo que dejara a su “daddy”. Por muy inepto que fuera ese imbécil, si la había conseguido convencer de pasar el trance de esa brutal sesión, de alguna forma la tenía en sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué desperdicio!», mascullé mentalmente al haber perdido esa gema, sobre todo porque estaba convencido que en mis manos cual cisne, pasaría de ser un patito feo al más bello de su especie.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Asumiendo mi error, llamé a María. Sin que yo se lo preguntara, esa cuarentona me informó que había dejado de tomar la píldora y que no veía el momento que me dignara a inseminarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― A las doce en mi despacho― contesté colgando el teléfono.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La idea de preñar a esa rubia y que el tonto del culo de su marido corriera con los gastos de su educación me alegró el día y terminando de desayunar, me dirigí como todos los días a impartir clases.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Curiosamente al entrar en el aula y enfrentarme a un público mayoritariamente femenino, me hizo recordar a “Pequeñita”.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¿Cuantas de estas zorritas serán sumisas?», me pregunté mientras acomodaba mis papeles en el estrado, «¿La morena de tetas grandes quizás? o ¿la guarra con minifalda de la tercera fila?».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Una a una fui recorriendo toda la clase. “Pequeñita” había despertado mi instinto depredador y como el ave de rapiña que soy, dejé a un lado mi promesa de jamás buscar putitas entre el alumnado y mentalmente fui anotando candidatas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al terminar la clase ya había descubierto al menos media docena de jovencitas que mostraban signos de ser sumisas y cogiendo un bolígrafo, anoté sus nombres en la libreta que tengo para ese fin. No contento con ello, durante la segunda hora hice lo mismo pero en este caso, mi interés se centró en una de las de mayor edad pero no por ello de menor coeficiente intelectual. Al contrario, era un cerebrito que estaba cursando su tercera carrera.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os preguntareis el porqué. Me resulta muy sencillo de explicar, estaba oteando entre las filas de pupitres cuando la descubrí mirándome embelesada. Al sentirse descubierta, su rostro se tornó pálido y bajó su mirada pero ya era tarde, bajo su blusa dos pequeños bultos me revelaron su excitación.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Coño! No me había dado cuenta que Almudena es otro diamante en bruto», señalé sin margen de error.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mi seguridad venía motivada porque antes que yo, ella había reconocido en mí a un dominante y siendo sumisa de nacimiento se había sentido atraída.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Somos polos opuestos», comprendí, «amos y sumisas somos capaces de reconocernos».</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aun así debía constatar que esa cría había nacido para alguien como yo. Impartiendo la materia entre los alumnos, me fui acercando a ella. Su creciente nerviosismo hubiese sido suficiente pero queriendo confirmar sin duda alguna que Almudena terreno abonado donde arar, en un momento dado, puse mis manos a ambos lados de sus hombros. Tal y como había previsto esa castaña, al sentir mis garras sobre su piel, cerró sus piernas en un vano intento por evitar que advirtiera la excitación que recorría su cuerpo. Nadie en todo el aula se dio cuenta de lo que ocurría. ¡Miento! ¡Dos si éramos conscientes! ¡Mi presa y yo!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Recreándome en mi dominio, acaricié levemente su cuello con uno de mis dedos hasta que vi como cerraba sus puños sobre la mesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Se ha puesto cachonda», sentencié y dejándola en paz, caminé hacia el estrado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> El resto de la hora paso sin pena ni gloria, reconozco que tan poco me esmeré en dar una clase magistral porque mi mente estaba ocupada en otras cosas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ¡Iba a cruzar los límites que me había auto impuesto!</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Por eso cuando mis alumnos ya salían rumbo al descanso, llamé a Almudena. La chavala al oírme instintivamente tapó sus senos con una carpeta y totalmente colorada, llegó hasta mi mesa. Toda ella temblaba con el mero hecho de estar en mi presencia y hurgando en esa herida, con descaro recorrí sus piernas antes de decirla:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Ando buscando una ayudante y he pensado en ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No era una pregunta, era una afirmación y por ello esa indefensa jovencita no tuvo oportunidad de librarse y ató su destino al mío al contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Será un honor servirle.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa respuesta me reveló que no me había equivocado al elegirla como futura sumisa, ya que su propia naturaleza la había traicionado empleando una frase que solo una puta consciente de sus inclinaciones usaría. En ese momento, me hubiese gustado dar inicio a nuestra primera sesión pero recordé que había quedado con María.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Un amo debe cumplir primero con sus princesas», medité y asumiendo que al menos estaría una hora ocupado con la profesora ordené a la chavala que fuera a verme sobre la una.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Allí estaré― contestó la incauta con una alegría que desbordaba todos sus poros.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tras lo cual, la vi marchar meneando el pandero que no tardaría en usar. Ese sensual movimiento de nalgas fue una muestra más que esa cría era un proyecto de putita porque aunque todavía no lo supiera, involuntariamente su cuerpo mostraba la felicidad de una esclava al conocer a su dueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Para entonces mis hormonas habían tomado las riendas de mi voluntad y mirando el reloj, me di cuenta que llegaba tarde.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Espero que ya esté caliente, ¡necesito descargar!», pensé del vientre que iba a germinar mientras enfilaba el largo pasillo que llevaba a mi despacho.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Felizmente, mis previsiones se vieron superadas porque al llegar a mi oficina, esa zorra de cuarenta tacos se lanzó sobre mí aún antes que pudiera cerrar la puerta con llave. Su hambre era tan grande que, sin ni siquiera saludarme, se arrodilló y sacó mi miembro de su encierro.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al descubrir que mi pene estaba erecto su cara se iluminó e intentó hacerme una mamada. Como mis intenciones eran otras, agarré su rubia melena y la obligué a levantarse. El tirón de pelo fue doloroso pero no se quejó y permitió que girándola, le subiera las faldas.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Viene lista», murmuré mentalmente al comprobar que no traía ropa interior y mientras metía un par de dedos en su vulva, forcé a mi sumisa a apoyarse en la mesa con su culo frente a mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Cómo ganado que va al matadero esperó que me pusiera tras ella, dando un pequeño grito cuando mi verga rellenó su sexo de un solo empujón. Su mojado conducto absorbió mi primera puñalada sin dificultad y eso me dio la seguridad que podía incrementar mi ritmo sin correr el riesgo de dañarla.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿A qué esperas? ¡Muévete! ¡Puta!― exclamé al tiempo que daba mayor énfasis a mi orden con un sonoro azote.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> María deslumbrada por la rapidez en la que se estaban desarrollando los hechos, esperó a notar la base de mi sexo chocando con sus nalgas para rogarme que le diera caña. Haciéndola caso cogí sus pechos entre mis manos y pellizcando sus pezones, le pedí que se masturbara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No hizo falta que se lo repitiera dos veces, bajando su mano, empezó a acariciar su entrepierna a la par que empezaba a moverse. Moviendo sus caderas mientras el intruso de sus entrañas seguía apuñalándola, fue incrementando sus movimientos hasta que ya completamente cachonda, me pidió un nuevo azote. Al tiempo que rítmicamente iba sacando y metiendo mi pene de su interior, comencé a regalar una serie de nalgadas a sus cachetes mientras la zorra no dejaba de torturar su clítoris con sus dedos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus gemidos se fueron convirtiendo en gritos y los gritos en alaridos de placer al sentir que incrementaba la velocidad de mis embestidas. Era tal mi calentura que con mi presa totalmente entregada le exigí que me contara lo que estaba experimentando.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Devoción, amor y obediencia por mi amo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus palabras inflamaron mi ego y atrayéndola hacía mí, la penetré sin contemplaciones. Completamente dominada por la lujuria, María chilló a sentir que se volvía a correr y soltando un largo suspiro, me pidió que no parara.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Te gusta putita?― dije dando el enésimo azote en su trasero.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Me enloquece la idea que me embarace― contestó al sentir el calor de mi golpe.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esa confesión había espoleado aún más su ardor y levantando su culo, mordió sus labios al tiempo que se corría. Su orgasmo coincidió con el mío y rellenando su interior con mi simiente, me desplomé en la silla de mi despacho. Exhausto, dejé que me besara. María sin dejar de acariciarme, esperó a que descansara, tras lo cual pasando su mano por mi pelo, me dijo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi amo me ha dejado el culo calentito pero mi coño sigue listo para recibir otra vez su simiente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un ruido fuera del despacho, me hizo sospechar que mi siguiente visita había llegado antes de tiempo y aunque me apetecía un nuevo asalto, le ordené que se vistiera. Como profesora de la misma universidad comprendió mis razones y por ello no puso objeciones. Lo que sí hizo fue cuando ya estaba lista para salir por la puerta, fue preguntarme si esa tarde se podía pasar por casa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Luego te llamo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Como había supuesto, Almudena se había adelantado y permanecía sentada en la sala de espera. Tras despedirme de la cuarentona, me tomé unos segundos en hacer un rápido examen a esa chavala. Por lo coloreado de sus mejillas, comprendí que había escuchado parte sino todo el polvo con mi otra princesa.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sonriendo de oreja a oreja, volví a mi sillón diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Pasa y cierra la puerta.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sentado tras la mesa de mi despacho, observé el nerviosismo de mi alumna con franco interés. Se notaba a distancia que Almudena apenas podía retener el temblor de sus rodillas. Disfrutando del momento, me quedé callado mientras leía su expediente.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No parece tener veinticinco años», pensé ya que a pesar de su cara de niña, le había dado tiempo de terminar dos carreras y estaba cursando la tercera. Nacida en un pueblo del norte de España, supe al leer su dirección que vivía en un Colegio Mayor.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «¡Qué raro! A su edad, los universitarios suelen alquilarse con amigos un piso donde vivir», medité anotando ese dato por si resultara importante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aunque sabía que era brillante, repasando sus notas comprendí que la castaña era una especie de genio.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «No me extraña que esté becada. ¡Lleva todo matrícula!», dictaminé mientras levantaba mi mirada de los papeles y comprobaba que mi silencio la estaba poniendo histérica.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> En su asiento, Almudena se retorció incómoda al saberse observada. Haciendo caso omiso de su turbación, esperé a que la castaña ya no supiera donde mirar o cómo sentarse para decirle:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mis exigencias son sencillas, demando una ayudante sin problemas de horario y dispuesta a cumplir mis órdenes tanto aquí como fuera de la universidad.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La castaña asintió con la cabeza. No me costó percibir en mi alumna una especie de satisfacción al escuchar de mis labios que su jornada se iba a extender más allá de lo académico. Indagando en ello, me permití inmiscuirme en su vida privada al preguntar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Tienes pareja? ¿Novio? ¿Novia?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus ojos reflejaron su sorpresa ante ese interrogatorio pero se recompuso rápidamente y contestó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Todavía no he encontrado lo que busco.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> No queriendo perder la baza de enterarme si al menos tenía un pretendiente, insistí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No quiero que luego me vengas con que no puedes cumplir una de mis órdenes por tener otras responsabilidades.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Mirándome a los ojos y con voz firme, respondió:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Si usted me admite bajo su tutela, nada ni nadie me impedirá satisfacer sus exigencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La seguridad y la completa sumisión que traslucían sus palabras no hicieron más que confirmar mis esperanzas de haber encontrado un espécimen listo para ser pulido. Para entonces, el dominante que había en mí me azuzaba a comenzar de inmediato su adoctrinamiento pero el poco sentido común que me quedaba, me hizo recabar una última prueba sobre su naturaleza y por ello antes de entrar en materia me levanté y poniendo como en la clase mis manos en sus hombros, pregunté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Cuánto tiempo llevas queriendo que yo sea tu mentor?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La putita se quedó paralizada al sentir mis dedos sobre su piel y con la respiración entrecortada, tuvo que hacer uso de toda su voluntad para contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Desde que asistí a una de sus conferencias.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Cuando fue eso?― insistí dejando que mis yemas recorrieran su cuello.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La muchacha no consiguió evitar un gemido al sentir esa caricia, tras lo cual, muerta de vergüenza, me confesó que hacía más de un año. Su respuesta me permitió profundizar y usando mis dos manos, comencé a darle un sensual masaje mientras le decía:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― No me mientas.. Dime que es lo que buscas en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Tardó unos segundos en contestar. Almudena estaba aterrorizada por mis preguntas. Temiendo estar malinterpretando mi actitud, se giró hacia mí y con la angustia reflejada en su cara, me miró a punto de llorar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Su protección.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¡Explícate!― le exigí al tiempo que dejaba caer uno de los tirantes que sostenían su vestido.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sus ojos brillaron al saber que no había sido producto del azar y llevando su boca hasta una de mis manos, depositó un beso en ella para acto seguido contestar:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Desde que le vi, reconocí en usted a mi dueño.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Satisfecho, observé que al confesar esa cría se quitaba un peso de encima y recreándome en el poder que acababa de darme, mis yemas bajaron por su escote y por primera vez me apoderé de uno de sus pezones. Habiendo revelado su condición, Almudena gimió descompuesta al comprender que la aceptaba y mientras sus areolas eran objeto de mis mimos, directamente me preguntó:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Puedo llamarle amo?</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La urgencia de esa putilla en convertirse en mi sumisa era tan evidente que intuí que había tenido una relación BSDM con anterioridad y por ello levantándola de su asiento, me permití el lujo de liberar sus pechos antes de decir:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Eso depende de ti.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Aproveché el momento para disfrutar de sus tetas y tuve que reconocer que eran mejores de lo que me había imaginado. Grandes y duras estaban coronadas por dos rosadas areolas que pedían a gritos ser mordidas. Aguantando estoicamente el repaso que le di y sin necesidad que le explicara su significado de mis palabras, cogió mis manos entre las suyas diciendo:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Soy una mujer libre y como tal, deseo depositar mi vida en sus manos.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al escuchar que Almudena daba comienzo a la ceremonia de entrega, supe que no era el momento ni el lugar y por ello, corté de plano sus esperanzas, susurrando en su oído:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aquí no― y garabateando mi dirección en una hoja de papel, mordí su lóbulo mientras le decía: ― Te espero en mi casa a las seis.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Un tanto cortada por mi brusco rechazo, esa putita acomodó su ropa y con un deje de deseo en su voz, quiso saber cómo tenía que acudir a la cita. Me tomé unos segundos en contestar y recordando que era viernes, soltando una carcajada, contesté:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Aunque en mi casa no la vas a necesitar, tráete ropa para todo el fin de semana.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Así lo haré― me informó con una sonrisa de oreja a oreja, tras lo cual, pegando su cuerpo al mío, me besó diciendo: ― Estoy deseando ser suya.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Su descaro me hizo cautivó y acercándola todavía más a mí, correspondí a su arrumaco, dejando que mis manos se apoderaran de su espléndido culo y contento al descubrir que bajo su vestido esa niña tenía un par de nalgas dignas de una modelo, mis hormonas entraron en ebullición por lo que tuve que retirarla para evitar tomar posesión de ella en ese instante.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Te veo a las seis― repetí despidiéndome de Almudena.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La castaña refunfuñó ante ese nuevo rechazo pero asumiendo que tenía razón, me dijo adiós y desapareció rumbo al pasillo. Acababa de despedirla cuando el sonido de mi Outlook me avisó que acababa de recibir un mail. Al mirar en la pantalla, vi que era “Pequeñita” quien lo había mandado.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Menos urgido de hacerla mía, al tener a mi disposición un nuevo juguete al que echar el diente, comencé a leer su mensaje. En él la boricua me pedía perdón por no haberme contestado antes, mostrándome sus dudas sobre cambiar a su “daddy” por mí pero que a pesar de eso, no quería que dejara de escribirla porque deseaba seguir en contacto.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Os juro que estuve a punto de dejar de leer pero algo me hizo continuar y fue a continuación, cuando contestando a la pregunta que le había hecho sobre cómo sería su encuentro ideal con su amo, leí que había escrito:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Mi fantasía más recurrente es estar amarrada de las manos sobre mi cabeza y tener las piernas separadas inmovilizadas con un antifaz puesto para no saber qué me va a hacer mi amo. Que me acaricie todo el cuerpo disponiendo de él, que me bese posesivamente, que me chupe las tetas y muerda mis pezones hasta ponerlos duros. Que me masturbe el clítoris y me meta los dedos en el coño. Que no me deje correr hasta que se le antoje. Que me ponga a cuatro como una perra y juegue en la entrada de mi coño alargando el momento de la penetración. Hasta que decida clavarme (todavía no sé si lentamente o de una estocada porque de las dos maneras me excitan) y que siga con un mete y saca sin dejar lugar a dudas quien es el que manda.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Reconozco que aun sin saber si “Pequeñita” algún día sería mía, la elocuencia de sus palabras y la calentura que demostraban me hicieron albergar nuevas esperanzas. Sabiendo que no debía romper con ella antes de empezar por el mero hecho de no estar segura, cogiendo el teclado contesté a su email, diciendo que aunque no compartía su decisión, aceptaba sus motivos. Tras lo cual le pedí que a modo de juego, aceptara seguir mis órdenes sin comentar nada a su daddy.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> La puertorriqueña debía estar frente a su ordenador porque casi de inmediato, respondió que la idea le gustaba.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> «Será difícil pero todavía esta zorrita puede ser mía», pensé mientras le pedía que mi primer deseo era que se depilara por completo.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― ¿Para qué?― me preguntó.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Sin darle mayor explicación, respondí:</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Hazlo, confía en mí.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Esta vez, “Pequeñita” tardó unos minutos en contestar.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> ― Lo haré esta tarde.</span><br />
<span style="font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;"> Al leer su respuesta me despedí, citándome con ella para el día siguiente. Al apagar el ordenador y recoger mis bártulos, descojonado comprendí que tras un periodo de relativa calma ¡se me estaba amontonando el trabajo! No en vano, tenía una princesa que preñar, una que educar y un proyecto que si todo salía bien pudiera a llegar ser mi obra maestra. Pensando en ello, cerré mi despacho y decidí que tenía que darme prisa porque esa tarde iba a incrementar mi harén.</span></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria FIN&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 13:20:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[19 Tras comprobar que ni Patricia ni Kyon salían de la habitación, me puse frente al ordenador. Una vez ahí, abrí la memoria USB que había grabado y empecé a revisar los diferentes documentos hackeados. Como los datos clínicos me resultaban indescifrables, centré mi atención en lo que hacía referencia a las tres mujeres con las que de alguna forma terminaría conviviendo y fue así cuando descubrí que cada una de ellas contaba con un dossier. Teniendo a Natacha a mi lado, le pedí permiso para revisar el suyo haciéndole ver la importancia de saber su contenido. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Hazlo, pero [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">19</h1>



<p>Tras comprobar que ni Patricia ni Kyon salían de la habitación, me puse frente al ordenador. Una vez ahí, abrí la memoria USB que había grabado y empecé a revisar los diferentes documentos hackeados. Como los datos clínicos me resultaban indescifrables, centré mi atención en lo que hacía referencia a las tres mujeres con las que de alguna forma terminaría conviviendo y fue así cuando descubrí que cada una de ellas contaba con un dossier. Teniendo a Natacha a mi lado, le pedí permiso para revisar el suyo haciéndole ver la importancia de saber su contenido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Hazlo, pero no me cuentes lo que descubras. No quiero saberlo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entendiendo sus reticencias, no insistí que se quedara y dando un click sobre el icono de esa carpeta, comprobé que contenía otros subdirectorios. Al leer que uno de ellos tenía por título “Captación y adaptación a su nueva vida”, decidí empezar por ese. Al desplegarlo, me encontré que no había sido comprada sino arrebatada a sus padres y que al encontrarse con su fiera oposición habían sido “silenciados” por los sicarios que la organización de Isidro había mandado a su Rusia natal.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Según esto tenía solo once años», comprendí al ver la fecha de su captura y lamentando su infancia truncada, estuve a un tris de llamarla para contarle el heroico comportamiento de sus progenitores.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Mejor se lo cuento después», me dije al leer que durante dos meses la habían retenido en un cuarto oscuro sin ver a nadie con el objeto de llevarla al borde de la desesperación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desolado al ratificar el sufrimiento al que había sido sometida, disculpé la supuesta alegría de la niña con la que acogió a su captor después del prolongado aislamiento.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Es lógico que lo creyera a pies juntillas», me dije al ver plasmado en papel que no había puesto en duda la versión de su compra.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de ahí, la serie de padecimientos de los que había sido objeto me asqueó y pasando rápidamente las torturas, llegué al día en que fue inoculada con la solución.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Debieron considerar prudente que pasara la pubertad y su cambio hormonal se estabilizara», confirmé al leer que al igual que con Patricia habían aguardado a su dieciocho cumpleaños para hacerlo.</p>



<p>Leyendo ese dossier me llevé la sorpresa de que nadie de la organización había previsto que en vez de desarrollar su inteligencia como había sido el caso de mi secretaria fueran sus aptitudes artísticas las que se incrementaran. Considerándolo un error, no de la magnitud de Isabel y sus dos compañeras de martirio, pero error al fin, el tal Bañuelos había ordenado acelerar el adiestramiento y puesta a disposición de los médicos del resto de las cautivas que permanecían en su poder. Al ver en ese documento interno, el nombre de Kyon dejé momentáneamente el de la rusita y pasé al de la oriental.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_014_35ab.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>En el caso de ésta sí fue comprada, pero al responsable de un orfanato bajo la apariencia de una adopción con la edad de trece años. No resultando esencial los datos de sus torturas, pasé al día en que metieron en su organismo el compuesto confirmando que con ella habían anticipado la inyección.</p>



<p>―Tenía solo dieciséis.</p>



<p>Que desarrollara el don de la música fue visto por su maltratador como un nuevo quebranto a sus planes, pero el hecho que estadísticamente no hubiera diferencia entre las edades de sus conejillas de indias al volverse locas un porcentaje parecido de ellas, le hizo adelantar más si cabe los años de sus presas para ver si siendo más jóvenes el impacto era mayor. Horrorizado leí en la lista de las niñas a las que había ordenado inocular que sin más candidatas disponibles había incluido en ella a su propia hija de solo ¡cuatro años!</p>



<p>«¿Qué clase de hombre está dispuesto a experimentar con alguien que él mismo ha engendrado?», me pregunté.</p>



<p>Y mientras crecía el odio de mi interior, abrí el expediente de Maria Bañuelos esperando que al menos su final hubiese sido menos cruel. Para desgracia de la niña, descubrí que ella era la cuarta superviviente del ensayo de ese malnacido. Pero lo que me dejó anonadado, fue que su propia madre no solo era la más estrecha ayudante del sujeto y la bioquímica que descubrió la composición y el uso de ese químico, sino la que alentó a su marido para que lo probaran con su retoño.</p>



<p>«¡Pobre criatura!», pensé con lágrimas en los ojos al leer los padres que le habían tocado en suerte mientras comprobaba que había sido inyectada solo hacía dos años y que como todavía no mostraba ningún efecto visible al tratamiento, habían decidido esperar a su pubertad para repetir con ella lo realizado con el único espécimen de éxito que lo quisiera reconocer o no era Patricia.</p>



<p>&nbsp;Suponiendo que los mostraría en el futuro, pasé al dossier de mi secretaria para confirmar que tipo de estrategia habían usado con ella. Así descubrí otra faceta con la que la esposa de Bañuelos había colaborado con él.</p>



<p>«Fue ella quien eligió a la morena por su atractivo físico cuando todavía estaba en el colegio. De tenerla enfrente, la mataría», haciéndola objeto de mis iras, sentencié al leer también cómo había maniobrado para facilitar que su marido la conquistara.</p>



<p>Indignado, repasé concienzudamente el dominio que la pareja había ejercido sobre Patricia sumergiéndola en una vorágine de placer y sexo al comprobar que al contrario del resto de las jóvenes con las que habían experimentado no perdía la razón.</p>



<p>En su caso, el dossier incluía grabaciones de las sesiones a las que había sido sometida por el matrimonio y espantado visualicé un par donde, enmascarando su identidad, la mujer de Bañuelos la había sometido a toda clase de vejaciones.</p>



<p>«Lo raro es que no haya terminado en un psiquiátrico», me dije al verlos.</p>



<p>Acababa de cerrar uno de los videos cuando su protagonista apareció por mi despacho vestida con un conjunto de lencería totalmente blanco secundada por las otras dos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_032_fdcf.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Qué ocurre aquí? ― pregunté al ver que su vestimenta incluía un velo del mismo color y un ramo de flores.</p>



<p>―Me han convencido de que no necesito pasar por la iglesia y que basta con que nuestras niñas oficien nuestra boda.</p>



<p>No sé si fue lo que acababa de leer y ver o si al contrario fue su belleza lo que me hizo sonreír aceptando pasar por la vicaría, aunque en vez de frente al altar fuera en el salón de mi casa. Lo cierto es que sin poner objeción alguna solo pedí que me dejaran ir a ponerme una corbata.</p>



<p>―Date prisa. Llevo demasiado tiempo esperando ser tu esposa― respondió la otra contrayente con gran alegría.</p>



<p>De camino al cuarto realicé un examen de conciencia de camino, analizando como había cambiado mi vida y lo que sentía por mi acosadora. Hasta yo me sorprendí cuando llegué a la conclusión de que estaba colado por ella.</p>



<p>«Siendo una arpía, es mi arpía», sentencié y ya convencido, no solo me puse corbata sino me cambié de ropa, poniéndome el mejor de mis trajes.</p>



<p>El cambio de vestimenta agradó a mi prometida y colgándose de mi brazo, esperó que Natacha comenzara su discurso inicial antes de entrar propiamente en la ceremonia.</p>



<p>―Nadie mejor que Kyon y yo, como el ruiseñor y la muñeca del novio, sabemos que han nacido el uno por el amor que se tienen y cuya mejor prueba es la dedicación con la que nos cuidan&#8230;― viendo que la oriental asentía, continuó: ―&#8230;Tras recogernos de la calle, nos han mimado y amado sin importarles postergar esta boda hasta que comprobaron que íbamos a ser felices a su lado. Siendo ellos los verdaderos protagonistas, mi hermana de adopción y yo nos sentimos también participes de esta unión, ya que a partir de que Lucas acepte a nuestra amada Patricia como su señora, nos convertiremos en las niñas de los dos.</p>



<p>Las lágrimas de la morena no se hicieron de rogar al escuchar de labios de la rusita que ambas la querían:</p>



<p>―Sé lo que significáis para mi novio y por eso, ya os considero mi familia y deseo que compartáis todos los aspectos de nuestra vida.</p>



<p>Las dos crías sollozaron al oírla, pero fue la chinita la más explosiva y cayendo postrada ante ella, dudó que se mereciera ser feliz.</p>



<p>&nbsp;―Mi zorrita, por supuesto, que lo mereces. Y desde ahora te digo que en tu caso seré la exigente ama que te eduque, te corrija y te ame.</p>



<p>No pude más que sonreír al notar la alegría de Kyon con esa dulce reprimenda, que por otra parte encontré que era exactamente lo que por su naturaleza necesitaba.</p>



<p>― ¿Y para mí qué será? ― preguntó la rubia haciéndose valer.</p>



<p>―Para ti, seré la modelo que pintes y la puta a la que tengas que satisfacer en la cama. ¿Te parece poco?</p>



<p>Sonriendo, contestó:</p>



<p>―Tener una puta tan bella dispuesta a que la retrate y la ame, supera con creces mis sueños.</p>



<p>En la respuesta, certifiqué nuevamente el cambio que había experimentado Natacha desde su llegada a casa y que poco quedaba en ella de la aterrorizada criatura que imploraba mis caricias.</p>



<p>«Habiéndolas obtenido, está aflorando su verdadera personalidad y me encanta».</p>



<p>Mi rutilante novia también sonrió y haciendo un gesto, pidió que continuara con el ritual que habían pactado entre ellas.</p>



<p>―Don Lucas Garrido, en su nombre y en el de sus actuales concubinas, ¿acepta usted como su legítima esposa, como dueña de Kyon Yang y como maestra de Natacha Ivanova, a doña Patricia Meléndez durante los años que le queden de vida.</p>



<p>―Acepto.</p>



<p>El suspiro de alegría de mi secretaria me impactó y temiendo que cayera en algún tipo de trance, seguí observándola mientras la rusita proseguía.</p>



<p>―Doña Patricia Meléndez, ¿acepta usted en este mismo acto como su legítimo esposo a don Lucas Garrido, como fiel sierva a Kyon Yang y como amorosa amante y pupila durante todos los años que le queden de vida?</p>



<p>― ¡No! ― contestó provocando el silencio de todos los que estábamos en el salón: ―Acepto a Lucas Garrido como legítimo esposo, a Kyon Yang como fiel sierva, pero a Natacha Ivanova no te quiero como amante y pupila&#8230; sino como mi legítima esposa.</p>



<p>Eso no debía esperárselo la pequeña diablesa y abriendo los ojos de par en par, quiso saber si iba en serio.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_047_7991.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―No te quiero de otra forma. O te casas con nosotros dos, o no me caso con nadie― respondió mientras sacaba otro velo y otro ramo de flores de un cajón.</p>



<p>La asiática si debía ser conocedora de las intenciones de su señora porque mientras Patricia se los daba y sustituyendo a la oficiante, preguntó:</p>



<p>―Doña Natacha Ivanova, ¿acepta usted a don Lucas y a doña Patricia como esposos y a esta servidora como su juguete?</p>



<p>―Acepto― replicó mientras se lanzaba en busca de nuestros besos.</p>



<p>Confirmando la validez de nuestra unión, Kyon declaró:</p>



<p>―Lo que el amor y el placer ha unido que no lo separe el hombre.</p>



<p>Si de por sí mis nuevas esposas se estaban comiendo los morros con voracidad cuando oyeron esa confirmación se volvieron locas y entre las dos comenzaron a desnudarme mientras me pedían que las tomara y hacer así hacer efectivos nuestros votos.</p>



<p>― ¿No sería mejor que continuáramos en la cama? ― pregunté cuando solo me quedaba el pantalón.</p>



<p>Ambas aceptaron la sugerencia y tomándome de la mano, pidieron a la chinita que las acompañara.</p>



<p>― ¿No esperarás que tus dueñas se desvistan solas teniendo una amarilla dispuesta a hacerlo?</p>



<p>La felicidad del rostro de la chavala y el tamaño de sus pezones ratificaron su disposición y por eso la nueva familia al completo nos fuimos a la habitación. Una vez allí, reparé en que, tras hablar con ella, Kyon empezaba a desnudar a la rusita y por eso cuando ésta acudió a mi lado sobre las sábanas, quise que me contará el porqué.</p>



<p>―Mi amor, llevo siendo tu mujer desde que me acogiste en tu casa y por eso creí oportuno que juntos recibiéramos a la tercera pata de nuestro hogar―susurrando en mi oído, respondió.</p>



<p>Oyéndola comprendí que la manipuladora criatura realmente pensaba que era así y que para ella era lógico considerar a Patricia, la nueva.</p>



<p>―Eres una zorra― comenté mientras observaba cómo la oriental iba deslizando los tirantes de su señora.</p>



<p>―Lo sé y por eso estás enamorado de mí― sin reparo alguno añadió.</p>



<p>&nbsp;Tomándola de la cintura, la besé.</p>



<p>―Recibamos a nuestra esposa como se merece.</p>



<p>Retornando mi mirada a la morena, sonreí al percatarme de su nerviosismo y extendiendo mis brazos, le rogué que se acercara. La timidez que mostró al acostarse entre nosotros fue prueba evidente de que se sentía primeriza y por ello antes de tocarla siquiera, lo primero fue una declaración de amor:</p>



<p>&nbsp;―Desde que te vi sentada en la mesa de la oficina, supe que esa diosa debía ser mía.</p>



<p>El sollozo con el que recibió mis palabras hizo que Natacha me imitara:</p>



<p>―Desde que me liberaste en nombre de nuestro Lucas, comprendí que deseaba vivir este momento. Te amo y siempre te amaré.</p>



<p>Para sorpresa de todos, Patricia se echó a llorar mientras replicaba:</p>



<p>―Debo reconocer algo antes de estar entre vuestros brazos. Cuando supe de Lucas me atrajo, pero sabiendo que seguía casado, nunca creí que llegara a ser mío y por eso durante dos años, lo espié siguiéndole allí donde iba. Al conocerte – añadió ya mirándome: ― me terminé de enamorar y aproveché tu divorcio, para que mi hermano me enchufara como secretaria&#8230;</p>



<p>―Cuéntame algo que no supiera― metiendo la mano entre sus rizos―comenté.</p>



<p>―Por favor, deja que termine. Durante ese tiempo, también descubrí que tu matrimonio falló cuando perdisteis la pasión y por eso comprendí que, si algún día llegaba a ser algo tuyo, debía buscarte un aliciente para que nunca me abandonaras. Por eso pedí a los psiquiatras de mi ONG que te estudiaran para ver que necesitarías para serme fiel y su dictamen fue claro, lo que nos faltaba para ser la pareja perfecta sería otra mujer que pudiese darte lo que yo nunca podría. Alegría y descaro.</p>



<p>―Me imagino que ahí entro yo― señaló Natacha lamiendo su mejilla.</p>



<p>―Sí, por eso les pedí que analizara a todas las chicas que liberáramos para ver si alguna reunía esas características. Cuando te extrajimos de donde Isidro te tenía, vieron que eras la candidata perfecta y me hablaron de ti. Lo que nunca me esperé fue que al ver los videos en los que aparecías, me excitara y a pesar de mis escarceos lésbicos, comprendiera que no era hetero sino bisexual y que te deseaba.</p>



<p>―No tengo nada que perdonarte― susurró la rubia cerrando los labios de la morena con sus dedos: ―Mi deseo por ti es tan grande como el que siento por Lucas.</p>



<p>En mi caso me tomó más tiempo asimilar su espionaje, pero tras llegar a la conclusión que, si exceptuaba el examen de mi personalidad, lo único que no sabía había sido el tiempo que me había estado espiando, respondí:</p>



<p>―Tus loqueros se equivocaron o al menos eso es lo que pienso― y mirando a Kyon le pedí que se acercara: ―Tengo un lado dominante que no supieron entrever y el cual me satisface esta niña.</p>



<p>―No solo el tuyo, sino el de tus dos perversas esposas― respondió Natacha, ejerciendo de portavoz de ambas: ―Nos pone cachondas tener una hembra que educar, ¿verdad querida?</p>



<p>Limpiándose las lágrimas, Patricia suspiró:</p>



<p>―Hasta hoy tampoco lo supe, pero así es.</p>



<p>Soltando una carcajada,</p>



<p>―Ruiseñor, canta para tus amos.</p>



<p>Alzando su prodigiosa voz, nuestra sumisa se encaramó en la cama y sin que nadie se lo tuviese que pedir comenzó a repartir sus caricias entre los tres dando el banderazo de salida. Por mi parte, tras besar el cuello de mi antigua acosadora me fui deslizando por ella hasta llegar a sus pechos donde me encontré con la rusa.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_066_825d.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Paguemos a nuestra esposa el regalo que nos hizo al juntarnos― riendo, ordené.</p>



<p>Natacha no pudo ni quiso contestar ya que su boca estaba ocupada ya mordisqueando uno de los pezones de Patricia. Tomando entre mis dientes el que había dejado libre, pasé una mano por el trasero de la rubia haciéndole ver que éramos un cuarteto mientras nos llegaba el primer gemido de la morena.</p>



<p>― ¡Por dios!</p>



<p>Levantando la mirada, reí al comprobar que Kyon, viendo su sexo huérfano, se había compadecido de él y sin dejar de cantar se había puesto a lamerlo.</p>



<p>―Hoy no la podemos dejar descansar y siendo tres lo único que tenemos es que organizarnos― aconsejé.</p>



<p>Captando la idea, la rusita se levantó y abriendo el armario, sacó un arnés con un pene adosado. Y poniéndoselo a la cintura, declaró suyo el trasero de nuestra esposa.</p>



<p>―Yo me quedo con su coño― respondí y cambiando de postura, me tumbé sobre la cama mientras azuzaba a la morena a que se subiera encima.</p>



<p>Sonriendo, obedeció y poniéndose a horcajadas sobre mí, tomó mi pene entre los dedos para acto seguido empalarse con él lentamente. Eso me permitió sentir como su vulva se ensanchaba para recibir la invasión mientras su dueña lloraba de felicidad.</p>



<p>―Tengo un marido que vela por mí.</p>



<p>A su espalda y mientras se ponía a trotar, notó la lengua de Kyon abriéndose camino en su entrada trasera.</p>



<p>―Amarilla, prepara bien mi culo, para que la zorra de mi esposa no me lo destroce cuando me haga suya― usando las manos para separar sus cachetes, exigió.</p>



<p>La lujuria que descubrí en los ojos de Natacha me hizo saber que no esperaría mucho antes de rompérselo y por eso, llevando mis dedos a los negros cántaros que botaban frente a mí, tomé sus areolas y con sendos pellizcos azucé a la morena a acelerar.</p>



<p>― ¡Qué ganas tenía de sentir tu trabuco! ― chilló al notar mi glande golpeando las paredes de su vagina.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El flujo que manaba de su coño facilitó sus movimientos y ya presa de la pasión, se lanzó desbocada en busca del placer mientras sentía como su ojete se iba relajando con la húmeda caricia de nuestra sumisa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estoy lista para recibirte― informó a la rubita al saber lo cerca que estaba de correrse.</p>



<p>― ¿Qué esperas? ¡Fóllatela! ¿No ves que lo está deseando? ― rugí desde la cama viendo su indecisión.</p>



<p>Aproximando la cabeza del pene de su cintura al trasero de la negra con la que se acababa de casar, tanteó unos instantes antes de decirla:</p>



<p>―Voy a tomarte y a partir de ese momento, ¡te mataré si nos eres infiel!</p>



<p>No comprendí la dureza de la chavala y menos la reacción de Patricia. Ya que por extraño que parezca, acogió esa amenaza con gran alegría e impulsándose hacia atrás, se clavó el falo artificial hasta el fondo de sus intestinos mientras se corría:</p>



<p>―Por fin tengo un marido y una esposa que me comprenden y que me aman a pesar de lo que soy― chilló sintiendo su ojete atravesado.</p>



<p>― ¿Qué eres? ¡Cuéntanoslo! ― mordiendo su cuello, exigió la eslava.</p>



<p>―Lo sabes, sé que leíste mi expediente.</p>



<p>―Yo sí, pero nuestro esposo no. ¡Dínoslo!</p>



<p>― ¡Una libertina llena de inseguridades y celos que necesita sentirse deseada! ― reconoció descompuesta mientras su cuerpo explotaba de placer.</p>



<p>― ¡Eso se ha acabado! Ahora que eres nuestra, solo te sentirás atraída por nosotros y no necesitaras a nadie más. Con tu Lucas, tu Natacha y tu Kyon deberá bastarte.</p>



<p>La deriva de esa conversación me hizo saber que estaba siguiendo el guion que había diseñado Bañuelos por si algún día quería desprenderse de Patricia y vendérsela a otro.&nbsp; Por eso, no dije nada cuando pidió a la chinita que se levantara y le pusiera su coño en la boca. Como no podía ser de otra forma, ella obedeció. Natacha espero a que la negra se pusiera a lamer la entrepierna de Kyon para gritar:</p>



<p>―Con nosotros tres, estás completa. ¡Ahora córrete!</p>



<p>Coincidiendo, o mejor dicho a raíz de esa orden el cuerpo de la negra explosionó en la misma forma líquida que observé la primera vez que me topé con uno de los detonantes de Natacha y por eso, no vi raro que, dirigiéndose a mí, la rubia me pidiera que siguiera amando a nuestra esposa.</p>



<p>―Lo necesita para sentirse afianzada.</p>



<p>Aguijoneado por sus palabras, tomándola de la cintura, incrementé el ritmo con el que cabalgaba sobre mí mientras era sodomizada consiguiendo que Patricia profundizara y alargara su orgasmo más de lo razonable.</p>



<p>― ¡Todavía no pares y sigue!</p>



<p>Para entonces todo mi ser necesitaba liberar la tensión que había venido acumulando, pero consciente de que la rubita sabía lo que estaba haciendo con las manos aceleré más si cabe el compás de la morena mientras Natacha se sincronizaba con ella.</p>



<p>― ¡Necesita más estímulo! ― chilló.</p>



<p>Viendo que no era suficiente el ser follada por ambas entradas, acerqué mi boca a las ubres de nuestra esposa y las mordí. Como si lo hubiésemos practicado, al sentir la acción de mis dientes en sus pezones, Patricia me imitó cerrando los suyos sobre el clítoris de Kyon. Al escuchar el berrido de dolor y placer de la chinita, la eslava supo que había llegado el momento para pedir que me corriera:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_079_a841.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Preña a la mujer de nuestros sueños, esposo mío.</p>



<p>Esas palabras debían ser otro de esos famosos “switch” porque nada más pronunciarlas un alarido surgió de la morena y desplomándose sobre mí, comenzó a convulsionar como nunca antes.</p>



<p>―Disfruta de nuestro amor hasta que no puedas más, para que basta que Lucas o yo te lo pidamos tu cuerpo recuerde estás sensaciones y te vuelvas a correr.</p>



<p>Lejos de minorar el placer de Patricia se incrementó y babeando sobre mi pecho, comenzó a sollozar al notar que hasta la última de sus células estaba siendo pasto de las llamas del gozo.</p>



<p>― ¿Dime ahora quién eres? ¿Sigues siendo la libertina que necesita sentirse admirada?</p>



<p>― ¡Ahora sé quién soy! ¡Soy vuestra esposa y nada más! – declaró un instante antes de desmayarse.</p>



<p>Con una sonrisa de oreja a oreja, Natacha desplazó a la morena y quitándose el arnés, la sustituyó sobre mí mientras decía:</p>



<p>―Ya que hemos estrenado a tu última adquisición, es hora de que ames a tu favorita.</p>



<p>―Y yo, ¿qué hago? ― preguntó la chinita.</p>



<p>Agachándose a besarme, la pícara eslava contestó:</p>



<p>―Aguanta un poco y cuando notes que me voy a correr, ¡cómeme las tetas!&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">20</h1>



<p>Esa primera noche los cuatro juntos en nuestro hogar fue una sucesión de combates cuerpo a cuerpo donde a veces cada uno iba por libre, mientras en otras formamos dos bandos para lanzarnos unos contra los otros.&nbsp; Todas ellas disfrutaron de mis caricias. Cuando no fue un clítoris el que lamí, fue un coño el que cabalgué o un culo el que forcé. Aun así, en ese baturrillo de piernas brazos y pechos, no pude dejar de reparar en que siempre Natacha era la que distribuía sutilmente las funciones de cada uno, erigiéndose en cierta manera en la matriarca máxima de la familia. Es más, creo que Patricia fue la primera en aceptar ese implícito nombramiento al pedir su opinión cada vez que cambiaba de pareja. En cambio, Kyon me tomó a mí como guía y cuando dejaba a una de sus compañeras exhausta sobre la cama, se lanzaba sobre ella para no dejarla descansar. De esa forma, era bien entrada la madrugada cuando paulatinamente la lujuria de nuestros cuerpos fue apaciguándonos y pudimos descansar sin saber que al despertar se desencadenaría el caos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eran poco más de las siete cuando una cruel risa resonando en el cuarto me despertó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Qué ocurre aquí? ― exclamé al ver a Bañuelos cómodamente sentado en una silla frente a la cama.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Haciendo gala de la pistola que llevaba en las manos, el malnacido contestó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Realmente creías que me iba a tragar las supuestas torturas que te permitieron salir libre? ¿Me crees tan tonto para pensar que no sospecharía que el comprador de “felpudo” era un infiltrado? Lo único que te reconozco es que mientras abría la puerta para hacértelo pagar, jamás pensé que me encontraría con mis tres experimentos reunidos junto a ti.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aterrorizado más por ellas que por mí, quedé mudo mientras buscaba una salida. La situación empeoró al ver llegar a su mujer. Al observar a Natacha y a Patricia desnudas en la cama cuando solo se esperaba a Kyon, la pelirroja sonrió confirmando la última afirmación de su marido:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cariño, ¡menuda suerte tenemos! Tenemos a nuestras putitas juntas, no vamos a tener que buscarlas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rusita, levantándose de la cama, quiso enfrentarse a la recién llegada:</p>



<p>―No soy vuestra puta.</p>



<p>―Por supuesto que lo eres y pienso demostrarte que eso también va por las otras dos ― soltando una carcajada, la tal Eugenia, contestó y pegando una palmada, añadió: ―Arrodillaos ante vuestros verdaderos dueños.</p>



<p>Los semblantes de las tres mujeres con las que había compartido una noche de caricias palidecieron al notar que les era imposible reusar esa orden y con lágrimas en los ojos, una a una fueron hincando sus rodillas ante el matrimonio. Al ver la sumisión de la rusita que había osado revolverse contra ella, quiso darle otra lección y martirizarla con el recuerdo de su captura:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_073_e258.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ni siquiera tus padres te querían y por ello te vendieron.</p>



<p>El dolor de la rubia me hizo reaccionar:</p>



<p>― ¡Eso no es cierto! ¡No te compraron! Te secuestraron después de matarlos.</p>



<p>Que conociera con detalle el modo en que se habían hecho con ella, despertó la ira de Bañuelos:</p>



<p>― ¿Quién te lo ha dicho? – rugió.</p>



<p>Me abstuve de contestar al estar centrado en observar la triste alegría de Natacha al enterarse saber que sus progenitores habían muerto por defenderla. Al no conseguir respuesta a su pregunta, insistió dirigiendo la misma a Patricia.</p>



<p>―Fui yo y no lo siento. Cuando mi esposo me pidió que indagara en tus discos duros por si había algo en ellos que te llevara a la cárcel, lo hice.</p>



<p>Descargando un doloroso tortazo sobre ella, la mandó al suelo mientras le exigía que lo acompañara a deshacerse de las pruebas, sin reparar en que venciendo su adoctrinamiento Kyon se había levantado a defenderla. Al verla, haciéndole una seña, le pedí que volviera a sentarse. La rapidez con la que me obedeció me alertó de que sus propios maltratadores no comprendían la magnitud de su adiestramiento y que, en su caso, al haber sido completo, la oriental seguía considerándome su verdadero amo.</p>



<p>Con ello en mente, aproveché la ausencia de su marido para interrogar a Eugenia, a través del halago:</p>



<p>―Ya que sabes que leí sus expedientes, me da igual reconocer que me impactó el descubrimiento de la fórmula que las hizo convertirse en superdotadas. ¿Qué piensas hacer? ¿Te has planteado hacerlo público? ¡Te llevarías el premio nobel!</p>



<p>Mis palabras satisficieron el ego de la bioquímica y tras declarar que lo de menos era ese reconocimiento, confirmó lo que había leído sobre ella al decir:</p>



<p>―Darlo a conocer, sería de imbéciles. Queremos seguir investigando y convertirnos en dioses&#8230;― la perturbada científica no cayó en que no debía revelarme sus planes o quizás lo consideró irrelevante ya que me iban a matar: ―&#8230;en cuanto consiga mejorar el compuesto, lo usaremos mi marido y yo en nosotros para hacernos dueños del mundo. Nada ni nadie podrá pararnos porque para nosotros el resto de la humanidad serán monos y haremos de ellos, nuestros esclavos.</p>



<p>Deseando que continuara, contesté:</p>



<p>―A ti dudo que te haga falta. Tengo claro que tu cerebro es prodigioso.</p>



<p>Henchida por lo que acababa de oír, no dudó en seguir confesando:</p>



<p>―Me alegro que reconozcas mi genio y eso que no sabes que, en mi bolsillo, llevo la última mejora que he desarrollado.</p>



<p>― ¿Tan potente es? ― pregunté.</p>



<p>―Por las pruebas que he hecho en cobayas, es la definitiva. Los roedores que han sido inoculados han desarrollado por cien su inteligencia.</p>



<p>― ¿Lo habéis probado en humanos? ― insistí recordando cuál era el fin último de sus investigaciones.</p>



<p>―Sí y el éxito ha sido total, aunque nos hemos tenido que desprender de nuestras conejillas de indias al demostrar que eran capaces de leer nuestros pensamientos― declaró reconociendo nuevos asesinatos.</p>



<p>Mi indignación creció a límites insoportables y eso me hizo echarle en cara el que una de ellas hubiese sido su propia hija. Su ausencia de escrúpulos nuevamente quedó patente cuando vanagloriándose de su actuación contestó:</p>



<p>―Cuando crezca, María no se podrá quejar cuando compruebe que está un escalón por encima del resto de los hombres. Ya que la fórmula que la inyectamos no es ésta, su lugar será darnos un heredero que continúe nuestra obra― señaló sacando, con la mano que no llevaba la pistola, una jeringuilla lista para ser usada.</p>



<p>La certeza de que no tardarían en usarla con ellos, me hizo preguntar por qué teniéndola se habían arriesgado viniendo a mi casa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/503/98978212/98978212_092_655e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Teníamos que borrar cualquier rastro que nos señalara. Cuando nuestros contactos en la policía nos informaron que felpudo estaba en tu casa, decidimos acercarnos, ya que así mataríamos dos pájaros de un tiro. Nos vengaríamos de ti mientras acabábamos con ella.</p>



<p>De reojo, observé a Kyon a punto de saltar y asumiendo que el matrimonio debía estar al completo antes de intentar rebelarnos, le hice una seña para que se quedara quieta. Nuestra espera fue corta. A los pocos minutos y acompañado de Patricia, que no paraba de llorar, apareció Isidro con mi computadora bajo el brazo.</p>



<p>―Ya tengo las pruebas que consiguieron reunir― afirmó.</p>



<p>Me alegro oírlo y esperanzado pensé que de salir todo mal, todos los datos de sus crímenes serían hallados por la policía cuando abrieran la caja fuerte donde había dejado el USB a buen resguardo. La científica que no era tonta, tomando de la melena a la morena, le preguntó:</p>



<p>― ¿Tienes otra copia?</p>



<p>Al haber efectuado la pregunta de esa forma, mi nueva esposa pudo falsear la verdad:</p>



<p>―Señora, puedo jurarle que no dispongo de otra.</p>



<p>Mi corazón dio un salto de alegría al comprobar que a pesar del lavado de cerebro la morena mantenía cierta independencia y había sido capaz de ocultar que me había dado esa memoria.</p>



<p>«Bien hecho, preciosa», pensé para mí busqué el momento ideal para saltar sobre ellos.</p>



<p>El matrimonio no puso en duda esa afirmación al venir de alguien que consideraban sometido y viendo en mí al único del que desconfiar, decidieron que fuera yo el primero al que matar:</p>



<p>―Acabemos ya― poniendo la pistola en mi sien comentó, Bañuelos.</p>



<p>Antes de que disparara, pregunté si podía despedirme de mis esposas. El cretino se descojonó e involuntariamente dejó de apuntarme mientras me daba permiso:</p>



<p>―Quiero que sepáis que os amo― dije dirigiéndome a Patricia y a Natacha, para acto seguido, girarme hacia la oriental: ―Kyon, mi dulce ruiseñor, quiero que sepas también te quiero y que&#8230; Isidro y Eugenia son mis enemigos.</p>



<p>Su maltratador comprendió mis intenciones, pero confiando en su sumisión no la vio llegar cuando de pronto usando las dos manos le rompió el cuello.&nbsp; Con su marido agonizando o muerto, la mujer intentó tomarme como rehén poniendo su arma en mi cabeza, pero revolviéndome la tiré al suelo. Una vez ahí, la sumisa no tuvo piedad de ella y la mató mientras mis dos esposas miraban horrorizadas hacia mí.</p>



<p>― ¿Qué os pasa? ― pregunté al ver sus caras.</p>



<p>Natacha fue la que contestó:</p>



<p>―Tu cuello.</p>



<p>Al tocármelo descubrí que tenía clavada la jeringuilla.</p>



<p>―Me ha inoculado― grité mientras la habitación se nublaba&#8230;</p>



<p>Durante una semana, me debatí enfermo. Mis altas temperaturas y el sufrimiento que padecí les hizo temer mi muerte y en el hospital se turnaron entre ellas para que, de llegar mi fallecimiento, no muriera solo como un perro. En mi agonía, la imagen de mi adorada rubia, la de mi amada negra y de mi fiel oriental se mezclaron con la de una chiquilla que usando una esponja me lavaba la frente pidiendo a “diosito” que su nuevo papá no muriera. En mi mente, escuchaba sus lloros a la lejanía sin que pudiera reconocer quien sollozaba y así fue hasta que un lunes, conseguí abrir los ojos.</p>



<p>― ¿No me vas a preparar nada de desayunar? Tengo hambre― comenté a mi ruiseñor que permanecía dormido en el sofá del cuarto.</p>



<p>Al escuchar mi voz, Kyon creyó que era un sueño.</p>



<p>―Soy difícil de matar― sonreí viendo Tal era mi enfermedad que creí&nbsp;</p>



<p>Sin poder contener su alegría, me besó y empezó a llamar a gritos al resto de la familia. Al estar en el pasillo, Patricia y Natacha tardaron apenas unos segundos en llegar en compañía de la criatura que había visto en sueños. Sus besos y abrazos no impidieron que me diera cuenta de que no me la habían presentado, pero sabiendo quién era al haberla reconocido como la hija de Bañuelos no hizo falta.</p>



<p>«La pobre es María», me dije compadeciéndome al saber no solo que sus padres habían muerto, sino que quien los había ejecutado había sido yo.</p>



<p>―No te preocupes. Antes era huérfana, ahora no. ¡Tú vas a ser mi padre! ― escuché que sin mover los labios me decía.</p>



<p>El cariño de tal afirmación y que me llegara directa a mente, me hizo girar y mirándola a los ojos, me pregunté si lo había imaginado.</p>



<p>―No, papá. He sido yo― con una sonrisa de oreja a oreja, respondió.</p>



<p>― ¿Eres telépata? – insistí sin usar la voz.</p>



<p>―Ambos lo somos.</p>



<p>Inconscientemente, me pregunté cómo era posible que Isidro y su mujer nunca se hubiesen dado cuenta del rotundo éxito que habían tenido con su retoño.</p>



<p>&nbsp;―Eran malos y nunca se lo dije― no dando importancia, contestó.</p>



<p>― ¿Entonces por qué me lo dices a mí?</p>



<p>Sonriendo mientras se acercaba y tomaba mi mano, respondió sin emitir sonido alguno:</p>



<p>―Mientras te cuidaba, vi que eras bueno y decidí adoptarte</p>



<p>Mientras ajenas a que estábamos conversando, Patricia se abrazaba a las otras dos, pedí a mi niña que se subiera sobre mí.</p>



<p>―Háblame. Quiero oír tu voz, mi pequeña.</p>



<p>&nbsp;―Te quiero, papá― contestó mientras mandaba a mi cerebro que se había ocupado de saltarse todos los trámites y que solo faltaba mi firma para ser legalmente mi hija.</p>



<p>Riendo, la abracé convencido que bajo el cuidado de alguien que la quisiera la indudable inteligencia de esa niña podía hacer mucho bien.</p>



<p>―Juntos haremos un lugar mejor de este mundo. Pero ni siquiera podemos decírselo a mis tres madres, no entenderían en lo que nos hemos convertido―me soltó por el cauce al que todavía no me había acostumbrado.</p>



<p>― ¿Qué somos?</p>



<p>―La que me engendró ya te lo dijo&#8230; comparándonos con el resto de la humanidad&#8230; ¡somos dioses!</p>



<p>************* FIN *************</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/503/98978212/98978212_087_e070.jpg" alt="" width="672" height="1011"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 8&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2026 08:19:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Una vez había terminado de cenar, me acerqué a ver a las muchachas lleno de curiosidad. Aunque no sabía el modo exacto en el que Natacha me habría preparado a la asiática, daba por supuesto que no me defraudaría. Aun así, jamás esperé encontrarme a Kyon completamente atada con cuerdas y menos ver que la rusita le hubiera colocado una mordaza mientras ella sonreía con una fusta en la mano. ― ¡Qué rápido has aprendido el arte del Shibari! ― observé impresionado al comprobar que, además de haberla inmovilizado, se había tomado la molestia de que formar con la soga [&#8230;]]]></description>
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<p>Una vez había terminado de cenar, me acerqué a ver a las muchachas lleno de curiosidad. Aunque no sabía el modo exacto en el que Natacha me habría preparado a la asiática, daba por supuesto que no me defraudaría. Aun así, jamás esperé encontrarme a Kyon completamente atada con cuerdas y menos ver que la rusita le hubiera colocado una mordaza mientras ella sonreía con una fusta en la mano.</p>



<p>― ¡Qué rápido has aprendido el arte del Shibari! ― observé impresionado al comprobar que, además de haberla inmovilizado, se había tomado la molestia de que formar con la soga una red en la que el trasero de la cría quedaba sensualmente expuesto.</p>



<p>―No es mérito mío, sino de “ruiseñor”, nuestra “golosina” ― respondió: ―Solo he seguido sus instrucciones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp; No me pasó inadvertido que hubiese usado los dos apodos para nombrar a la nueva incorporación como tampoco que se hubiese supuesto al decir “nuestra” que era también de su propiedad. Pensando en que por razones de horario estaría con ella más que yo, me pareció bien y por ello me puse a presté atención a la evidente excitación de la chinita.</p>



<p>«Sentirse indefensa la pone cachonda», razoné al ver que tenía erizados los pezones.</p>



<p>Dando tiempo a que su calentura se acrecentara, me senté en la cama sin tocarla. Tal como había previsto, al no recibir caricia alguna de su amo, lejos de tranquilizarla, puso nerviosa a la chavala e involuntariamente, gimió pidiendo que la hiciera caso. Como era novato en esas lides, preferí empezar con un piropo a la que se había ocupado de atarla mientras observaba la reacción de la cautiva:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_004_423e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Reconozco que eres una artista, has conseguido que se me antoje dar un mordisco a nuestra golosina.</p>



<p>Al oírme, Kyon volvió a suspirar haciéndome participe de lo mucho que la atraía sentir que la marcaba con mis dientes. Sin prisa alguna, pasé una de mis manos por su trasero con delicadeza, para acto seguido y con la mano abierta, comprobar su predisposición regalándola una sonora nalgada. Al ser algo que deseaba, sollozó de placer.</p>



<p>―De no llevar la mordaza, nuestro “ruiseñor” le agradecería esa caricia ― Natacha comentó haciendo de portavoz de la joven.</p>



<p>Asumiendo que sería así al comprobar la humedad que había hecho aparición entre sus pliegues, aproveché que en esa postura podía verme y con `premeditada lentitud, comencé a desnudarme. Mi striptease exacerbó la necesidad de entregarse a su amo y nuevamente se ofreció a mí poniendo el culo en pompa. Lo que no anticipé fue que la rusa se lo recriminase descargando sobre ella otro azote:</p>



<p>―No puedes ni debes acelerar tu entrega. Eso es potestad de nuestro amo.</p>



<p>Esa recriminación de labios de su maestra provocó las lágrimas de la muchacha. Enternecida Natacha acercó su boca y las lamió:</p>



<p>―No llores, golosina mía. Solo era un consejo.</p>



<p>Al sentir que un cariño que no se esperaba y menos a través de la lengua de la rubia, Kyon enmudeció y de improviso todo su cuerpo comenzó a temblar presa de la desesperación.</p>



<p>― ¡Quítale la mordaza y bésala! ― exigí interesado en esa reacción.</p>



<p>Obedeciendo mi orden, la despojó del bozal y sorprendiéndome, mordió con dureza los labios de la sumisa.&nbsp; Supe que Natacha había actuado correctamente al sustituir el beso que le pedí por esa ruda caricia cuando de improviso la chinita se corrió entonando una canción de amor.</p>



<p>― ¡Qué apropiado es el nombre de ruiseñor para nuestra zorrita! ― encantada comentó la rusa al escuchar la forma en que exteriorizaba el placer.</p>



<p>La prodigiosa voz de Kyon fue un reclamo del que no pude abstraerme e increíblemente, mi pene reaccionó irguiéndose entre mis piernas.</p>



<p>―Me parece que a nuestro amo le gusta que cantes― susurró muerta de risa Natacha.</p>



<p>Al comprobar que era así, elevando la intensidad de su canto, contestó alterando la letra que entonaba:</p>



<p>―Presa en su jaula de oro, el bello ruiseñor anhela las manos de su dueño y por eso canta.</p>



<p>No me costó entender que estaba pidiendo mis caricias y accediendo a su suplica, acaricié sus pechos con dos de mis yemas incrementando con ello el gozo que estaba experimentando.</p>



<p>―La pajarita no echó de menos la libertad al saber que estando enjaulada podía trinar para complacer al dueño del jardín al que había llegado volando― canturreó.</p>



<p>&nbsp;Para entonces deseaba formalizar su entrega, pero sabiendo que cuanto más la postergara mayor sería su placer preferí incrementar su gozo con un pellizco en una de sus areolas. El efecto de esa ruda caricia desbordó mis previsiones y de improviso fui testigo del brutal orgasmo que recorrió de arriba abajo el cuerpo de la cantante.</p>



<p>―Supo la avecita presa que los barrotes de su prisión eran en realidad la puerta de su hogar al sentir el cariño con el que la trataba su señor― lloró al verse inmersa en el placer, pero incompleta.</p>



<p>―Amo, no la haga sufrir más― susurró en mi oído Natacha.</p>



<p>Admitiendo que era así, usé la soga que la tenía inmovilizada para acercarla a mí y tomando mi hombría, comencé a jugar entre sus pliegues mientras la alertaba de que en unos instantes iba a hacerla mía.</p>



<p>―Libéreme haciéndome su esclava― imploró sin mover un músculo de su cuerpo.</p>



<p>Con paso firme, pero delicadamente, hundí mi tallo en ella hasta toparme con su himen que todavía permanecía en pie y al contrario que con la rubia, no pedí permiso y con un pequeño empujón, desgarré la telecilla.</p>



<p>―Soy una mujer libre en los brazos del único amo que voy a tener― rugió con alegría sin importar el dolor que le había provocado al desflorarla.</p>



<p>La facilidad con la que mi pene se sumergió en su interior confirmó sus palabras y asumiendo que era mi responsabilidad el hacerla disfrutar, imprimí un lento trote tomándola de los hombros. Sus gemidos de placer me permitieron ir incrementando poco a poco la velocidad con la que la cabalgaba hasta convertir ese pausado cabalgar en un desenfrenado galope.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_009_bc92.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Azuza a tu montura para que sepa quién es su dueño― con tono excitado, Natacha me aconsejó.</p>



<p>Comprendiendo que, según el manual era lo apropiado, marqué el ritmo a mi montura con nuevos azotes mientras con el pene martilleaba su interior. La violencia de mi asalto no menguó al notar que se corría y dominado ya por la lujuria, busqué mi placer haciendo chocar mi glande contra la pared de la vagina de la oriental. Esa insistencia estimuló más si cabe la entrega de Kyon y ya gritando me rogó que grabara mi amor en su cuello.</p>



<p>Como había leído que en su lavado de cerebro habían dejado impreso que no se sentiría plena hasta que los dientes de su amo se cerraran sobre su piel, esperé a sentir que me corría para morderla. El dolor del mordisco unido al placer de notar que mi hombría explotaba en su interior renovó, alargó y magnificó el clímax de la chinita.</p>



<p>― ¡Libre y esclava de mi señor! ― gritó y con una felicidad sin igual en su tono, añadió: ― ¡Esclava y libre con mi señor!</p>



<p>Exhausto contemplé la plenitud de la joven e incapaz de hacerlo por mí mismo, pedí a la rusita que la desatara mientras me tumbaba en la cama. Ésta no dudó un instante en obedecer y tras liberarla de sus ataduras, la besó felicitándola por haber derrotado a su dueño.</p>



<p>―Golosina, te dejó descansar si me prometes que luego me ayudaras a levantar el ánimo de nuestro hombre― muerta de risa, dejó caer.</p>



<p>Lo que nunca se esperó Natacha fue que Kyon se arrodillara ante ella y besando sus pies, la rectificara:</p>



<p>―Señora, sé que usted es la favorita del amo y por tanto no puedo prometer algo que estoy obligada a dar en cuanto usted deje su marca en mí.</p>



<p>La descarada criatura al sentir la adoración que esa exótica belleza sentía por ella, replicó:</p>



<p>―Solo me dignaré a morder mi golosina, cuando me haya hecho sentir su amor.</p>



<p>Como no podía ser de otra forma, “ruiseñor” entendió lo que pedía y comenzando a cantar, hundió la cara entre las piernas de su maestra&#8230;</p>



<p>El sol del amanecer a través de la ventana me despertó con ellas abrazadas a mí. Al seguir dormidas, eso me permitió pensar en lo sucedido y fue entonces cuando caí en un detalle que había permanecido oculto a mis ojos: Patricia, Natacha y Kyon tenían algo en común, las tres eran sobresalientes además de bellas. Meditando sobre ello no me pareció normal que mi secretaria fuera dueña de una inteligencia poco común, que la rusita tuviera un talento para la pintura descomunal, y para colmo que la sumisa estuviera dotada de una voz capaz de dar la talla en cualquier compañía de ópera.</p>



<p>«O bien ese cabrón de Isidro Bañuelos siente predilección por mujeres que destaquen en alguna faceta, o en realidad ha descubierto el método de incrementar las aptitudes de sus víctimas convirtiéndolas en verdaderas genios».</p>



<p>De ser eso último, ese pervertido o alguien de su organización había sido capaz de dar un salto cuántico en lo que respecta a la educación tal y como la conocíamos.</p>



<p>«No puede ser que, habiendo hecho un descubrimiento que podría cambiar la humanidad, lo usen únicamente para satisfacer sus oscuras apetencias», pensé impresionado y preocupado por igual.</p>



<p>Ya con la duda en el cuerpo y tratando de meditar como podría descartar o verificar mis sospechas, esperé a que dieran las siete y media para despertar a las dos crías. Al llegar la hora, acaricié las mejillas de la chinita llamándola por su apodo.</p>



<p>― Golosina, hay que levantarse.</p>



<p>En cuanto oyó mi voz, la joven abrió sus rasgados ojos y luciendo una sonrisa intentó renovar sus votos, pero rechazando sus mimos le pedí que se fuera a preparar el jacuzzi:</p>



<p>― ¿Va a permitir que lo bañe? ― esperanzada preguntó.</p>



<p>―Nos bañaremos los tres juntos en cuanto despiertes a esta vaga― respondí señalando a la rubia que no se había enterado de nada.</p>



<p>Supe que a partir de entonces debía de tener cuidado y detallar más cualquier orden que le diese, cuando arrastrándola de los pies la echó de la cama.</p>



<p>―El amo nos quiere en pie― se defendió la oriental cuando Natacha gritando empezó a protestar por el modo en que la había levantado.</p>



<p>Tras lo cual, obviando el cabreo de la chavala, se fue a llenar la bañera.</p>



<p>― ¿Qué coño le pasa a esta loca? ¿Has visto cómo me ha tirado al suelo? ― todavía indignada, me preguntó.</p>



<p>Despelotado de risa, la ayudé a levantarse y la besé.</p>



<p>―Date prisa que os quiero preguntar algo― dije mientras me dirigía al baño.</p>



<p>Al ver que ya había agua suficiente, me metí en el jacuzzi y las azucé a entrar conmigo. La oriental que era la que llevaba más tiempo con los ojos abiertos fue la primera en pasar mientras la rusa rumiaba su cabreo preguntando qué era eso de lo que quería hablar. Atrayendo a ambas, las coloqué entre mis piernas y comencé a enjabonarlas mientras pedía que Natacha me contara si antes de ser comprada a sus padres ya pintaba tan bien.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_014_04df.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Lucas, mis viejos eran tan pobres que nunca tuve siquiera un lápiz por lo que no lo sé.</p>



<p>―Vale, cariño. Y una vez en poder de ese hombre, ¿cómo empezaste a dibujar?</p>



<p>Haciendo memoria, contestó:</p>



<p>―Ahora que lo dices. No me fije en las pinturas que había en la casa donde permanecí tantos años hasta un día en el que un médico me inyectó unas vitaminas.</p>



<p>Intrigado insistí en que siguiera haciendo el esfuerzo de pensar en ese día.</p>



<p>―Como comentaba al irse, todo me daba vueltas y sentía una extraña angustia que solo despareció cuando cogí un pincel y comencé a pintar en un papel la cabaña de mis padres.</p>



<p>― ¿Era lo único que tenías a tu alcance? ¿Había&#8230; no sé, instrumentos de música, libros&#8230;?</p>



<p>―Sí, pero no me digas la razón nada de eso me atrajo. En cambio, ese pincel me llamaba y en el momento en que lo toqué, me tranquilicé y la angustia desapareció.</p>



<p>Deseando y temiendo a la vez que Kyon ratificara mis sospechas, le hice las mismas preguntas, pero en su caso respecto al canto.</p>



<p>&nbsp;―Me ocurrió igual. No canté jamás hasta el día en que un enfermero me puso una inyección e histérica cogí una guitarra, la cual al tocarla hizo desaparecer mi nerviosismo.</p>



<p>―Ruiseñor, a parte de la guitarra, ¿qué instrumentos sabes tocar? ― la rubia preguntó.</p>



<p>―No sé&#8230; todos. En cuanto oigo como suena uno, no tardo en poder usarlo para cantar.</p>



<p>― ¿Has tocado alguna vez un piano? ― la rubia que no era tonta preguntó.</p>



<p>Avergonzada que la oriental reconoció que, aunque había oído su sonido en un equipo de música, nunca había visto uno. Anticipando mis pensamientos, Natacha sacó a Kyon de la bañera y la llevó al salón sin importarle que, mojadas como estaban, empaparan todo a su paso. Envolviéndome en una toalla, las seguí y horrorizado, observé cómo comenzaba a tocar las teclas y tras un minuto oyendo las notas que producían sus dedos al pulsar sobre ellas, la chinita se lanzaba ejecutar al piano una composición de Beethoven.</p>



<p>«¡Su puta madre! ¡Esto no es natural!», exclamé para mí mientras la rusa aplaudía entusiasmada.</p>



<p>Derrumbándome en el sofá, comprendí que además de haberlas lavado el cerebro habían sido conejillas de indias de un experimento del cual, y a pesar de reconocer que había sido un rotundo éxito, desconocía si podía tener efectos secundarios.</p>



<p>Recordando que según creía Patricia también había sido víctima del mismo, la llamé:</p>



<p>―Me da igual que no te apetezca verme. Necesito enseñarte algo, así que pon en movimiento tu estupendo culo o tendré que irte a buscar y te traeré a rastras― grité a través del teléfono a mi secretaria cuando ésta se negó de primeras a acudir a mi llamada&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">17</h1>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―</p>



<p>Menos de veinte minutos después, escuché el timbre de la puerta y cuando ya me disponía a abrir a Patricia, Natacha ordenó a Kyon que fuera ella.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ruiseñor, la mujer que ha llegado será próximamente la esposa de nuestro amo y por tanto tu legitima dueña. Debes mostrarle tus respetos desde que cruce el umbral de esta casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Así lo haré, maestra.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como sabía que la rusa no daba puntada sin hilo, quise que me explicara cual era la segunda intención de esa orden, ya que no me creía que la moviera el enseñar a la oriental.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Ese detalle es el menos importante― pícaramente respondió: ―Si como me imagino su futura viene cabreada, la vendrá bien un buen meneo a sus pies y que ya relajada, olvide que no fue ella quien trajo a “golosina” aquí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juro que no creí en que diera resultado y por ello, espiando a través del pasillo, me puse a observar como la joven recibía a mi secretaria. Tal y como preví, la negra venía fuera de sí y el ver que la que consideraba una intrusa era quien le daba acceso al que consideraba por derecho su hogar, quiso pasar de largo sin siquiera saludarla, pero Kyon se interpuso y arrodillándose ante ella, le pidió permiso para descalzarla:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Me han ordenado que le haga ver que también soy suya y no querrá que mi dueño me castigue.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Patricia, considerando como un mal menor la pretensión de la chinita, dejó que le quitara la primera de sus botas sin esperarse que, una vez descalza y antes de despojarle de la segunda, se pusiera a masajear la planta del pie hundiendo sus dedos en ella.</p>



<p>― ¿Quién te ha enseñado esto? ― suspiró derrotada al sentir que como por arte de magia toda su pierna se relajaba.</p>



<p>Kyon no contestó y antes de dar por terminado el masaje en ese pie, acercando la boca al mismo lo besó. Aun a distancia, el rubor de sus mejillas me informó que la sumisión de la chinita no le había resultado indiferente. Ratifiqué que era así al verla reaccionar exigiendo de malos modos que terminara pronto de sobarle el pie todavía calzado porque había quedado con don Lucas, su novio.</p>



<p>―Sé quién es usted y que en un futuro estará a su lado, pero ni siquiera entonces la obedeceré si su orden va en contra de lo que me ha pedido mi amo. Ahora sea buena y permita que esta esclava la mime.</p>



<p>Patricia bufó al sentirse ninguneada por la joven, pero recordando que le había contado que, durante mi detención, esa muchacha se había deshecho con facilidad de dos policías, prefirió no tentar la suerte y dejar que la descalzara siguiendo el ritmo por ella marcado. Kyon, sabiéndose vencedora de ese primer asalto, quiso dejar claro de nuevo que a pesar de sumisa era un rival digno de respetar cuando prolongó el masaje durante más tiempo antes de rematar la faena lamiendo uno a uno los dedos de ese segundo pie.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_055_9b41.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Su maestría y la dedicación que demostró, no aminoró el enfado de mi secretaría que observando que, bajo el vestido de criada, la asiática estaba excitada, decidió contratacar y metiendo la mano de su escote, tras apoderarse de uno de sus pezones, lo torturó diciendo:</p>



<p>―Zorra, te anticipo que pienso azotar tu penoso y grasiento culo en cuanto tenga oportunidad.</p>



<p>―Eso espero, señora. Exceptuando las caricias de mi señor, nada me dará más placer que ser el saco de boxeo donde su futura compañera de cama descargue todas sus notorias carencias y sus evidentes complejos.</p>



<p>―No seré su compañera de cama, seré su esposa. ¡Cretina! ― soltándole un guantazo contestó.</p>



<p>La chinita debía prever esa reacción por la rapidez con la que atajó el golpe reteniéndole ambos brazos para que no intentase de nuevo golpearla.</p>



<p>―Señora, cuando mi amo la autorice a castigarme, yo misma traeré la fusta con la que me corrija, pero hasta entonces le pido que se abstenga de volverlo a intentar porque me obligaría a defender lo que es propiedad de mi señor y le aseguro que saldría mal parada.</p>



<p>Interviniendo para que no llegara a mayores, separé a esas dos arpías y señalando el salón pedí a mi secretaria que se sentara y entrando como un miura en el tema, brevemente expuse que creía haber hallado otro nexo entre las tres, aparte de haber estado relacionadas con Isidro. Al preguntar cuál, repliqué:</p>



<p>―Quiero que pienses, ¿alguna vez te han inyectado algo mientras salías con ese hombre?</p>



<p>Aunque en un principio lo negó, ante mi insistencia hizo memoria y contestó:</p>



<p>―Acababa de cumplir la mayoría de edad y cuando llevábamos poco de novios, por un viaje a Marruecos tuvimos que vacunarnos. Esa fue la única, estoy segura.</p>



<p>Sin dejarla pensar para que no se pusiera a la defensiva, le pregunté por su desempeño escolar.</p>



<p>―Era vaga como yo sola. Aunque nunca suspendí, difícilmente pasaba de un siete― riendo comentó: ―Otra cosa fue al empezar la carrera donde jamás bajé del diez y fueron casi todo, matrículas.</p>



<p>―En tu curriculum leí que hablas a nivel nativo otros tres idiomas, ¿cuándo los aprendiste?</p>



<p>―Durante los veranos de la universidad. Como jamás tuve que presentarme a los exámenes de junio al haber liberado las materias, me fui a sus países de origen.</p>



<p>― ¿Conoces o has oído hablar de alguien que los haya aprendido sin acento a esa edad? ― dejé caer únicamente caer y sin esperar a que contestara, pedí a Natacha que trajera su versión de la venus de Velázquez.</p>



<p>Al ver que la rubia era la modela del cuadro cuya cara se reflejaba en el espejo sonrió, pero lo que realmente le hizo gracia fue que hubiera sustituido al ángel por mí.</p>



<p>―Muñeca, el cuadro es precioso.</p>



<p>― ¿Conoces o has oído hablar de alguien que sin recibir clases formales de arte sea capaz de tener esta técnica?</p>



<p>― ¿Quieres decirme por donde vas? ― chilló enfurecida temiendo quizás la respuesta.</p>



<p>Sin contestarla directamente, la informé que hasta apenas dos horas antes Kyon nunca había visto un piano y menos lo había tocado.</p>



<p>― ¿Y a mí qué coño me importa lo que le haya pasado o dejado de pasar a tu zorrita?</p>



<p>―No sé si sabes que los “poemas para piano” de Ravel están entre las partituras más difíciles que se han escrito nunca para ese instrumento.</p>



<p>&nbsp;―No lo sabía― reconoció.</p>



<p>―Por favor, Kyon enseña a mi futura compañera de cama lo que has aprendido mientras la esperaba― contesté metiendo una pulla.</p>



<p>Sentándose frente al piano, la chinita comenzó a tocar y no llevaba interpretando más que dos minutos esa complicada melodía, cuando exasperada volvió a interpelarme sobre dónde quería llegar.</p>



<p>―Creo que lo sabes, no en vano eres la más inteligente de esta sala. Yo mismo, considerándome un hombre listo, no te llego a las suelas de los zapatos― contesté y al ver que no se atrevía a reconocer lo evidente, proseguí: ―Cuando reparé en que a vuestra manera erais unas superdotadas, me pregunté cómo era posible que ese malnacido hubiese podido reunir a su alrededor mujeres tan bellas y brillantes cuando estadísticamente era algo imposible&#8230;</p>



<p>―¿No estarás insinuando que no nos encontró sino que nos creó?</p>



<p>―No lo estoy insinuando sino afirmando, los dones de las tres comenzaron a revelarse a raíz de la inyección de algún compuesto. Y si te he pedido venir no es para que torturarte, sino para que me ayudes a averiguar que os han hecho y podamos anticipar cualquier efecto secundario que os pueda provocar.</p>



<p>― ¿Te importa acaso lo que me pase? ― llorando preguntó.</p>



<p>Interviniendo a mi favor, Natacha fue quien contestó afirmando cosas que nunca me había escuchado:</p>



<p>―Por supuesto que le importas. Lucas te quiere y desea tener hijos contigo.</p>



<p>―Para eso te tiene a ti y a esa puta de ojos rasgados.</p>



<p>Al escucharla y ver en los ojos de la insultada que deseaba estrangularla, decidí terminar de una puta vez con esas rencillas. Tomando a ambas de la cintura y me dirigí en primer lugar a la china:</p>



<p>―Tienes prohibido agredir a Patricia porque va a ser mi mujer.</p>



<p>La sonrisa de mi secretaria despareció cuando, mirándola a los ojos, le avisé que de seguir empeñada en humillar a Kyon iba a darle carta de libertad para que se defendiera.</p>



<p>―Intentaré no meterme con ella&#8230; aunque se lo merezca― bajando la mirada, replicó.</p>



<p>Sabiendo que había logrado al menos una tregua entre las dos, retorné al tema importante y le pregunté si podría contar con su ayuda. Haciéndome ver que ese armisticio siempre pendería de un hilo, respondió luciendo ante la chinita el anillo de mi familia que llevaba en su dedo anular:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_057_39e9.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿No entiendo que lo pongas en duda siendo mi prometido?</p>



<p>Tras lo cual, olvidándose de Kyon, preguntó dónde tenía el portátil:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si como supones nos ha inoculado, Isidro haber dejado rastro de esos experimentos en alguna de sus computadoras― contestó cuando quise saber para qué lo necesitaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dando por hecho que entre las aptitudes de ese genio de grandes tetas estaba la capacidad de franquear cualquier sistema de seguridad que se le pusiera por delante, le informé que estaba en mi despacho.</p>



<p>―Voy a tardar al menos toda la mañana y necesito un café, dile a tu amarilla que me lo traiga―murmuró sentándose frente al ordenador.</p>



<p>Viendo quizás que la misión que le había encomendado a Patricia era vital, la sumisa no esperó mi orden y preguntando a Natacha donde teníamos la cafetera, fue a preparárselo. Al quedarme solo con la rusita, aproveché para pedirle que estuviera atenta al comportamiento de esas dos para que no se cayeran a golpes.</p>



<p>―¿Qué poco conoces a tus mujeres? Aunque te parezca imposible, entre ellas hay química.</p>



<p>Juro que no la creí e intrigado por la seguridad que mostraba, le pedí que me dijera en que se basaba para afirmar que se atraían después de lo que habíamos visto. Muerta de risa, replicó:</p>



<p>―Son dos panteras abriéndose hueco a codazos, pero en cuanto cada una asuma su lugar en esta casa, lo difícil será separarlas y que nos hagan caso.</p>



<p>Observando el cambio que había tenido esa pícara criatura desde la llegada a casa, comprendí que había dejado atrás a la servicial rubia del inicio y que estaba dejando salir una manipuladora divertida y juguetona. Usando un tono irónicamente duro, le exigí que me dijera entonces cual pensaba ella que sería las funciones de cada una:</p>



<p>―Como la esposa legal, Patricia va a ejercer la jefatura de tu harén y hará de Kyon su juguete.</p>



<p>―Imaginemos que sea así, entonces dentro de ese esquema, ¿cuál será el papel que prevés para ti?</p>



<p>Desternillada, respondió:</p>



<p>―Soy y seré tu muñeca, la mujercita que velará para que ese par no se desmande y a la que amarás siempre. ¿O no es cierto que mi amado dueño y señor duda ya destila amor y cariño por su bella Natacha?</p>



<p>No pude más que estar de acuerdo con ella&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">18</h1>



<p>Sin otra cosa que hacer mientras Patricia investigaba a su antiguo novio, accedí a hacer de modelo para la rusita cuando me contó que deseaba recrear conmigo el cuadro que Rubens había pintado sobre una leyenda carcelaria en la que un hombre fue sentenciado a morir de hambre y al que salvó su hija recién parida dándole de mamar durante sus visitas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No quiero que me retrates como un viejo― fue la única objeción que puse al recordar el personaje de “la caridad romana” del pintor belga.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lucas, jamás se me ocurriría tal falta de respeto― respondió: ―Piensa que será mi pecho el que te alimente y nunca se lo daría a un hombre aún más anciano que tú.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que recalcara nuestra diferencia de edad no me molestó al ver su desvergonzada sonrisa y despojándome de la camisa, me coloqué en el sofá siguiendo sus instrucciones. Una vez en la postura que me decía y mientras mantenía las manos teóricamente atadas a la espalda, acercó uno de sus juveniles pechos a mi boca y sacó la foto que le serviría de guía al reproducir esa escena. Lo que se esperaba fue que, con el pezón entre los labios, el modelo que había elegido le regalara un mordisco mientras le acariciaba el trasero.</p>



<p>―No seas malo― sonrió sin separarse.</p>



<p>El deseo que intuí en ella, me hizo reír y liberando su seno, volví a recuperar la posición inicial mientras le decía:</p>



<p>―Desde ahora te digo que el día en que te embaraces pienso hacer realidad el cuadro y te obligaré a alimentarme con tu leche.</p>



<p>Sabiendo que iba a ser así, la chavala soltó una carcajada:</p>



<p>―Mi leche será para nuestro hijo y si sobra para el perverso de mi amo.</p>



<p>La felicidad que lució Natacha con la idea me hizo comprender que, teniendo tres mujeres, de no andarme con cuidado, terminaría engendrando un equipo de fútbol. Con ese pensamiento en mi cerebro, medité por primera vez si deseaba ser padre y contra todo pronóstico, llegué a la conclusión que sí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_065_a6cb.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«Por mi edad, no puedo esperar mucha o seré un abuelo», me dije mientras veía a la rubita dando pinceladas en el lienzo.</p>



<p>Durante el par de horas que permanecí medio postrado hice un examen de conciencia acerca de lo que sentía por las diferentes mujeres que habían llegado a mi vida a raíz del divorcio, centrándome sobre todo en el futuro y cómo conseguir llevar una existencia normal siendo ellas tres.</p>



<p>«Nunca he creído en el poli amor y menos deseé tener un harén», pensé preocupado al saber que jamás podría rehuir mi responsabilidad con ellas.</p>



<p>Ese dilema seguía en mi mente cuando de improviso Kyon llegó y nos informó que Patricia estaba llorando. Al asumir que la negrita se había topado con algo referente a ella, me levanté y fui a ver qué le pasaba. Tal y como nos había dicho la oriental, sollozaba sentada frente al ordenador.</p>



<p>―¿Qué has encontrado?― abrazándola pregunté.</p>



<p>Hundiendo la cara en mi pecho, se desmoronó mientras explicaba que había descubierto la verdadera razón por la que su ex se había desecho de Inés y de las otras dos.&nbsp; Sabiendo que el motivo de su ruptura con Bañuelos había sido su compañera de colegio y que se echaba la culpa de su muerte, preferí consolarla sin preguntar.</p>



<p>―Ordenó que las mataran al darse cuenta de que el experimento fallaba con ellas y que, en vez incrementarse sus facultades, se estaban volviendo locas― continuó.</p>



<p>Siendo una desgracia, me alegró saber que ella no había tenido nada que ver porque así le sería más fácil el perdonarse por no haber podido salvarla. Pero entonces levantando la mirada me informó que al menos otra docena de mujeres habían corrido el mismo destino al no ser compatibles con el compuesto que habían desarrollado.</p>



<p>&nbsp;―De todas sus conejillas de indias, hasta ahora solo ha tenido éxito con cuatro.</p>



<p>&nbsp;Saber que había otra mujer en su misma situación me preocupó y no solo porque daba por descontado que no tardarían en pedir que la rescatáramos, sino porque, siento tan pocas, no tenía sentido que al menos en el caso de Natacha y de Kyon las hubiese puesto en venta. Al mostrarle mis dudas, contestó:</p>



<p>―Ya no le hacían falta&#8230; ¡ha descubierto comparte con nosotras el gen que permite soportar el cambio y está haciendo las últimas pruebas para inoculárselo el mismo!</p>



<p>Que ese hombre hubiese organizado ese experimento con el objeto de convertirse en un superdotado me reveló que además de ser un malvado, estaba loco ya que según la información de la que yo disponía ese hijo de perra no podía prever cuál de sus facultades sería magnificada. Por ello, ya sin reparo alguno, ordené a la morena que guardara todos los datos en una USB y siguiera investigando porque nadie en su sano juicio dejaría al azar lo más crucial. Aceptando mi sugerencia grabó la documentación pirateada, pero cuando quiso volver a meterse en internet para continuar hackeando el servidor donde su ex guardaba todo lo referente al experimento, se echó a llorar:</p>



<p>―No puedo seguir, es demasiado duro.</p>



<p>Sorprendiendo a propios y extraños, la chinita que se había mostrado tan reticente a aceptar la presencia de la negrita se acercó a ella y tomándola de la mano, la levantó de la silla mientras decía:</p>



<p>―Deje mi señora que esta amarilla le dé un masaje relajante</p>



<p>Patricia estaba tan necesitada de apoyo que se dejó llevar por Kyon hacia mi cuarto mientras Natacha sonreía satisfecha por haber acertado en la química que compartían las dos que se marchaban.</p>



<p>―Permite que se sientan cómodas antes de ir a espiarlas― comentó asumiendo que iba a comportarme como un sucio mirón. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Lo cierto es que estaba en lo cierto, lo quisiera reconocer o no, deseaba contemplar qué tipo de estrategia iba a usar la oriental con mi secretaria. Para que no se me notara tanto, me abrí una cerveza.</p>



<p>―Te mueres por verlo, ¿verdad? ― insistió con naturalidad mientras me empujaba por el pasillo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar, la morena estaba tumbada boca abajo con el torso desnudo y con una toalla tapando su trasero mientras de pie al lado de la cama Kyon se untaba las manos con aceite. Viéndonos entrar, se abstuvo de advertir a Patricia de nuestra llegada y guiñándonos un ojo comenzó a extenderlo suavemente por su espalda. Reconozco que me interesaba descubrir cómo reaccionaría esa mujer al agasajo de la sumisa y si finalmente disolvería la enemistad entre ellas a través de sus manos.</p>



<p>«No tiene prisa», me dije viendo como recorría con las yemas el cuello de mi prometida en busca de aliviar su tensión.</p>



<p>Durante unos minutos, se quedó masajeando allí sin avanzar hasta que comprobó por su respiración que la morena admitía tranquila sus mimos. Ya convencida de ello, extendió el aceite por la espalda de esa belleza para acto seguido profesionalmente cogerle un brazo y ponerse a trabajarlo empezando en el hombro hasta llegar a su mano.</p>



<p>«No sabía que tenía una masajista experta en casa. ¡Menuda joya!», pensé envidioso deseando ser yo el paciente.</p>



<p>De reojo, comprobé que no era el único al ver a Natacha con la boca abierta concentrada en lo que sucedía sobre las sábanas. Kyon rompió el silencio alertando a Patricia de que para continuar debía subírsele encima:</p>



<p>―Haz lo que consideres, zorra.</p>



<p>Sonriendo, la chinita dejó caer su vestido antes de ponerse a horcajadas sobre la morena. Desde mi posición reparé que lejos de molestarle ese insulto de alguna forma la había estimulado al ver que tenía los pezones erizados. Sin destapar sus cartas, Kyon comenzó a recorrer nuevamente el cuello de su enemiga, pero en esta ocasión al deslizarse por su espalda brevemente hizo que sus dedos se perdieran por debajo de la toalla.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_069_5165.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Si te molesta, puedes quitármela― todavía con tono exigente, comentó la masajeada.</p>



<p>―Señora, todavía no me hace falta― susurró la oriental mientras volvía al cuello frotando el lomo de mi secretaria evitando sus pechos.</p>



<p>La tranquilidad con la que fue repitiendo esa maniobra abarcando con cada repetición mayor extensión de la oscura piel de la mujer no evitó que me fijara que en las ultimas pasadas no solo la estaba magreando descaradamente el culo, sino que también estaban siendo objeto del masaje los pechos de Patricia.</p>



<p>―Para ser una sucia amarilla, tienes buenas manos― comentó con su dulzura habitual la morena.</p>



<p>Sin alterarse por ese menosprecio, pasó a trabajar sus piernas, pero antes de hacerlo desdobló la toalla que hasta entonces solo le cubría el culo para taparle la espalda, supongo que para que no se le enfriase. Como esa franela no era suficientemente grande, dejó al descubierto el inicio de las negras nalgas de su paciente haciéndome comprender que Patricia estaba completamente desnuda bajo la toalla.</p>



<p>En mi ingenuidad había supuesto que conservaba las braguitas, pero evidentemente no era así. El maravilloso culo africano de mi secretaria estaba completamente a merced de la chinita sin que Patricia no parecía preocupada. Es más, ni siquiera se ocupó de cerrar las piernas para proteger su sexo de la mirada de la sumisa sino quizás todo lo contrario. Consciente de ello, Kyon añadió aceite a sus manos antes de ponerse a relajar los gemelos de la morena.</p>



<p>―No me voy a espantar si masajeas mis glúteos.</p>



<p>Supe que algo estaba cambiando en la negrita cuando no la insultó y suavizó el tono. Que alzara el culete y casi imperceptiblemente separara las piernas al sentir las manos de la oriental subiendo por sus muslos, lo único que hizo fue ratificarlo. Kyon no tardó en darse cuenta y sonriéndome, no vio nada malo en apoderarse de sus nalgas y masajearlas mientras le decía:</p>



<p>―Mi señora tiene un cuerpo estupendo, no me extraña que su prometido esté loco por usted.</p>



<p>―¿Tú crees?― gimió oyéndola.</p>



<p>―Por supuesto, doña Patricia. Le he oído decir lo mucho que le apetece ser su marido.</p>



<p>Desde mi asiento, observé que la mentira de la oriental no era algo inocente sino premeditado cuando provocó un sollozo en la que quería casarse conmigo.</p>



<p>―Quiero que se dé la vuelta, pero antes voy a taparle la cara― la sumisa comentó mientras le ponía la toalla en la cabeza.</p>



<p>Sin negarse, la morena preguntó el motivo:</p>



<p>―Quiero que mi señora sueñe que son las manos de su Lucas las que la tocan.</p>



<p>Ese intencionado consejo nuevamente hizo que la que me había estado acosando se excitara. Prueba de ello fue que al sentir que la joven se ponía a derramar aceite empezando por su vientre hasta llegar a los pechos los cuales los dejó totalmente impregnados, sollozó:</p>



<p>―Lucas, tu negrita necesita tus mimos.</p>



<p>Para entonces, yo mismo estaba excitado y pensé en colocarme más cerca para ver mejor pero cuando ya estaba a punto de levantarme, Natacha me bajó la bragueta liberando mi pene. No pude más que agradecer que tomara mi erección entre sus dedos y se pusiera a pajearme mientras sobre la cama la chinita alababa los voluminosos senos de Patricia, acariciándolos:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/79/64505104/64505104_061_0066.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Cállate, zorrita. Estoy intentando creer que es tu amo el que me mima.</p>



<p>Kyon sintió como una victoria la ternura de su voz al reclamarle silencio y tomando ambos senos con sus manos, se puso a amasarlos rozando sus pezones de pasada. Prestando atención al tamaño y a la dureza, supe que había llegado el momento de que la oriental variara la naturaleza del masaje y desde mi asiento con mímica, le sugerí que se los metiera en la boca. No fue solo ella quien hizo caso al gesto y mientras la veía tomar entre sus labios las areolas de la morena, Natacha aprovechó para hundir mi hombría en su boca. Los gemidos que brotaban de mi novia acallaron los míos y por eso, quizás, no reparó en nuestra presencia.</p>



<p>―Lucas, amor mío, muérdeme las tetas― suspiró dominada por la lujuria.</p>



<p>Obedeciendo, la sumisa comenzó a darle suaves mordiscos mientras restregaba ya sin reparo su cuerpo contra el de la morena. Patricia al sentir la piel de Kyon frotándose contra ella como si la estuviese follando separó de par en par sus rodillas permitiendo con ello que la joven, con la mano llena de aceite, separara los pliegues que daban acceso a su clítoris.</p>



<p>―Sigue, cabrón mío. Hazme saber que soy tuya.</p>



<p>Concentrando la acción de sus yemas en ese negro botón, vi cómo se deslizaba por su cuerpo mientras la rusita aceleraba la mamada. Si ya de por sí era evidente su calentura, cuando notó que la boca de la oriental se acercaba a su sexo, ya desbordada, gritó:</p>



<p>―¡Cómete a tu negra!</p>



<p>Al ser esa orden de naturaleza imperativa, la joven sumisa no se pudo negar y sacando la lengua, se puso a recorrer con ella los bordes del botón que anteriormente había mimado con los dedos.</p>



<p>―¡Lucas no seas malo! ¡Necesito que me lo comas! ― siguiendo con la ficción que era yo quien estaba sobre ella, exclamó al sentir la cautela que mostraba.</p>



<p>&nbsp;Con el permiso de su señora, Kyon tomó el clítoris entre sus dientes mientras introducía una de sus yemas en el interior de la morena. Al sentir ese doble estímulo, Patricia suspiró de placer y mientras se pellizcaba los pechos, le ordenó que usara la boca y no los dedos para follármela.&nbsp; Cambiando los objetivos, la asiática sumergió la lengua en el coño de mi novia mientras torturaba su erecto botón con certeros pero indoloros pellizcos. Natacha tampoco se quedó corta y mientras eso ocurría sobre las sábanas, profundizó su mamada incrustándose mi pene hasta el fondo de su garganta.</p>



<p>-Qué ganas tengo de qué te cases conmigo y lo celebres rompiéndome el culo- la morena chilló al irse asomando el placer.</p>



<p>La verdad es que en ese instante ambos nos habíamos convertido en sendas ollas a presión listas para explotar y solo la casualidad hizo que yo fuera el primero en caer derramando mi simiente en la boca de la rusita, la cual se lanzó como posesa a devorar ese blanco manjar sin permitir que se desperdiciar gota alguna. Como si hubiese sido un pacto entre nosotros, Natacha acababa de beberse mi regalo cuando escuchamos los gritos de Patricia mientras sucumbía en un brutal orgasmo. Kyon aprovechó el momento para reivindicar la autoría del mismo:</p>



<p>-Siga disfrutando mientras su zorrita de ojos rasgados calma su sed entre los muslos de su señora.</p>



<p>Afortunadamente, ya íbamos por el pasillo, cuando quitándose la venda de los ojos, Patricia contestó:</p>



<p>-Bebe de mí o tendré que azotarte como la perra que eres.</p>



<p>-El trasero de esta sumisa anhela su castigo, mi dueña- sorbiendo el flujo que manaba del manantial de la morena, contestó&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/79/64505104/64505104_075_75dc.jpg" alt="" width="787" height="522"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 7&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 08:07:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[14 Patricia tardó aún dos horas en recuperarse y eso nos dio tiempo para asumir que, aunque yo no quisiera, la única solución a su problema pasaba por la vicaría. Por eso, previendo un empeoramiento de su estado, pregunté a la rubia cómo narices íbamos a plantearle la situación sin que se hundiera en la depresión o algo peor. Demostrando que además de ser una mujercita preciosa tenía la cabeza bien puesta, Natacha no solo me ayudó a diseñar el planteamiento, sino que aportó una serie de detalles que me habían pasado inadvertidos. ―Si tal y como sospechas, han conseguido [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">14</h1>



<p></p>



<p>Patricia tardó aún dos horas en recuperarse y eso nos dio tiempo para asumir que, aunque yo no quisiera, la única solución a su problema pasaba por la vicaría. Por eso, previendo un empeoramiento de su estado, pregunté a la rubia cómo narices íbamos a plantearle la situación sin que se hundiera en la depresión o algo peor. Demostrando que además de ser una mujercita preciosa tenía la cabeza bien puesta, Natacha no solo me ayudó a diseñar el planteamiento, sino que aportó una serie de detalles que me habían pasado inadvertidos.</p>



<p>―Si tal y como sospechas, han conseguido manipularla de ese modo, antes de nada, debes hacerla ver que tu oferta de matrimonio sigue en pie y solo cuando ya esté convencida de ello, podrás explicarle el resto.</p>



<p>Asumiendo que era así, prometí que lo haría y recordando que María me había devuelto un anillo que perteneció a mi abuela al divorciarnos, fui por él. Ya con esa joya en el bolsillo, aguardé a que mi teórica novia se despertara. Cuando lo hizo, seguí las directrices de la muñeca y arrodillándome ante Patricia, le hice entrega de ese brillante mientras le pedía permiso para colocárselo en la mano.</p>



<p>― ¿Realmente quieres que me case contigo?</p>



<p>―Sí― dije introduciéndoselo en el dedo.</p>



<p>La alegría de la morena permitió que le pidiera que se sentara junto a mí y mintiendo acerca de mis motivos por los que deseaba que fuera mi mujer, comenté que tenía algo que decirle antes de que me dijera que sí. Tras lo cual, midiendo mis palabras, fui revelando a la pobre lo que había descubierto. En un principio, no me creyó y pensó que bromeaba hasta que, acudiendo en mi auxilio, Natacha le cruzó la cara con un tortazo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_006_d128.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Despierta de una puta vez y escucha lo que te decimos.</p>



<p>Sorprendida por la violencia de la chiquilla, se nos quedó mirando:</p>



<p>―Como decía, te amo y quiero que seas mi mujer, pero no sé si eso es lo que deseas o solo se debe a que Isidro te manipuló.</p>



<p>Cayendo por fin del guindo, se echó a llorar:</p>



<p>― ¿Me estás diciendo que puede que no esté enamorada de ti y que solo sea una reacción defensiva que mi mente creó para evitar que me suicidara?</p>



<p>&nbsp;―Desgraciadamente así es. Harías de mí el hombre más feliz del mundo si aceptas ser mi esposa, ya sabiéndolo― volví a mentir.</p>



<p>&nbsp;Mirándome con una tristeza infinita, respondió:</p>



<p>―Solo por esto, me hubiese enamorado de ti. Pero no soy imbécil y sé que lo haces por mi bien y no porque sientas lo mismo que yo&#8230; cuando ni yo misma sé qué es lo que siento― y mirándome con una tristeza infinita, añadió: ―Gracias, pero necesito tiempo.</p>



<p>Tras lo cual, cogió su bolso y se fue. No sabiendo si debía retenerla me levanté, pero entonces, muerta de risa, la chavalilla lo impidió:</p>



<p>―No te preocupes, volverá.</p>



<p>― ¿Tú crees?</p>



<p>―Claro, no ves que se ha llevado el anillo.</p>



<p>Esa noche reafirmamos nuestro amor entregándonos uno al otro, mientras en un par de asaltos fue dulce, en otras se convirtió en un combate cuerpo a cuerpo en el que no hubo vencidos y ambos salimos victoriosos. El único derrotado fue mi pene que llegó un momento que exhausto se negó a reaccionar a pesar de los reiterados intentos de la rusita que quería todavía más. El amanecer nos pilló abrazados y solo el sonido del despertador, nos hizo separarnos momentáneamente porque no tardamos en volver a estar juntos bajo la ducha.</p>



<p>―Lucas, ¿crees que debo llamarla para que se deje de tonterías y acepte que su amor por nosotros no es impuesto? ― preguntó mientras me enjabonaba.</p>



<p>―Personalmente, me gustaría creer que es así, pero lo dudo― respondí reconociendo a Natacha unos sentimientos por la morena de los que no estaba seguro.</p>



<p>Riendo al ver mis dudas, comentó:</p>



<p>―Mira que eres bobo. Piensa que mi antiguo amo lo único que creo en ella fue la necesidad de buscar un marido y nunca grabó en su mente que fueras tú.</p>



<p>La esperanza que vio en mí le hizo continuar:</p>



<p>―Además, sé que Patricia también me ama. Lo puedo sentir y eso es algo que tampoco previó y menos planificó.</p>



<p>Sus palabras me llenaron de dolor al hacerme recordar que, en su caso, los sentimientos que albergaba por mí eran producto del maltrato al que se había visto sometida. Leyendo en mis ojos lo que pensaba, me soltó:</p>



<p>―Por su lavado de cerebro, te amé como mi dueño&#8230; pero ahora no es así. Tu cariño al mimarme y lo pervertido que eres haciendo el amor son las únicas razones que me atan a ti.</p>



<p>Bromeando como método de combatir la angustia, comenté que era mentira y que me quería por el dinero. Riendo a carcajadas, la endiablada chiquilla ya reconvertida en una preciosa bruja contestó:</p>



<p>―Eso ayuda, siempre he soñado con un hombre con una buena casa, un buen coche y sobre todo que me compre ropa.</p>



<p>Una nalgada en su trasero fue mi respuesta antes de volverla a besar&#8230;</p>



<p>Mis esperanzas quedaron hechas trizas cuando esa mañana Patricia no llegó a trabajar y aunque la llamé repetidamente, nunca contestó dejando saltar la puñetera grabación en la que la voz metálica de una operadora decía que al oír la señal podía dejar un mensaje. Las primeras cinco veces colgué, pero a la sexta no me quedó otra que grabar que me llamara, que estaba preocupado por ella y que la quería. Era tal mi preocupación por su situación anímica que incluso pregunté a su hermano si sabía algo de ella.</p>



<p>―Llamó diciendo que estaba mala― sin dar ninguna importancia al tema, Joaquín respondió.</p>



<p>Sin poder compartir con él lo que había pasado, volví a mi despacho soñando que la rutina consiguiera hacerme olvidar su ausencia. Lo cierto es que no lo logré y por eso vi como una liberación la llegada de Pedro acompañado de un policía. Asumiendo que traían noticias de Isidro, me encerré con ellos y fue entonces cuando el detective y su acompañante pidieron mi ayuda.</p>



<p>―Señor Garrido, hemos descubierto que a las dos se va a producir una subasta de una joven y por la premura de tiempo, no hemos podido obtener de los jefes los fondos necesarios para efectuar la compra.</p>



<p>―No entiendo― reconocí.</p>



<p>―Para detener al vendedor y rescatar a la muchacha, debemos ganar la puja, pero no disponemos del dinero.</p>



<p>― ¿Cuánto necesitáis? ― únicamente pregunté sacando un talonario.</p>



<p>―No es así como funciona. Al ser en la web oscura, debemos hacer un ingreso por anticipado de tres mil euros del que deducirán el precio. Por tanto y sabiendo que esa organización tiene vínculos por todas partes, no podemos usar una cuenta oficial que puedan averiguar que es de la policía. Para evitar que nos descubran, nos gustaría que fuera una suya desde la que se aportara los fondos.</p>



<p>―No hay problema― contesté al inspector Gutiérrez: ―Y antes de que me lo diga, entiendo que tiene riesgos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;―Así es, he hablado con el comisario y le he hecho ver que, para su propia protección, tendremos que hacer el paripé de detenerle durante al menos veinticuatro horas. Luego, su abogado deberá sacarle arguyendo un defecto de forma.</p>



<p>Solo el odio que sentía por el tal Isidro, me hizo aceptar y llamando a Perico, el letrado que llevaba todos mis asuntos, le pedí que revisara los papeles en los que la policía se comprometía a no elevar cargos en mi contra. Como no podía ser de otra forma, mi asesor legal puso todo tipos de pegas y me aconsejó que no colaborar con ellos. Pero gracias a mi insistencia, cedió y tras estudiar la propuesta, llegó a la conclusión que era correcta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_019_9b1b.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―De todas formas, mi consejo es que no lo hagas.</p>



<p>Habiendo obtenido lo que quería oír, pedí el número dónde tenía que efectuar la transferencia.</p>



<p>―No tenemos la más remota idea, se debe hacer a través de la web― contestó el policía y poniéndose a teclear en mi ordenador, llegó a la página donde iba a tener lugar la subasta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Estudiando la pantalla, vi por vez primera la joven por la que iba a pujar. Si de por sí, me indignó comprobar que era una chinita que según los promotores era mayor de edad, lo que realmente me sacó de las casillas fue la descripción que hacían de ella:</p>



<p>“Esclava asiática en venta con dominio perfecto de español e inglés. Datos del espécimen: Edad 20 años, altura 1,73 de altura, peso 52 kg. Otras medidas: 98 cm de pecho, 58 cm de cintura y 89 cm de cadera. Completamente depilada. Está educada en todo tipo de artes amatorias. Su preparación le permitirá disfrutar de las exigencias de su nuevo amo con garantía de que una vez hecho el traspaso de propiedad esta hembra le servirá fielmente hasta la muerte. Un verdadero chollo para todo aquel que desee poseer una geisha receptiva. La mercancía en venta se entregará en un punto de Madrid a definir a las tres horas”.</p>



<p>&nbsp;Quedándome claro lo que esos capullos entendían por “receptiva”, hice el traspaso del dinero bajo el Nick de &#8220;Strict Owner” (dueño estricto en español) sin atender a los reparos que me lanzaba la prudencia. Mirando en el reloj que todavía quedaba media hora para el inicio, abrí el servibar y les ofrecí una copa. El detective la aceptó, no así Gutiérrez que se amparó en que estaba de servicio. No insistiendo, serví las dos copas y únicamente pregunté si creían que Bañuelos sería la persona que hiciera entrega de la cría.</p>



<p>―Lo dudo. Si como intuimos es el cabeza de la organización, se lo encomendará a uno de sus alfiles.</p>



<p>Al ver mi desilusión, el policía continuó:</p>



<p>―Aun siendo un contratiempo, si conseguimos detener a alguien &nbsp;en el acto de entrega, podremos presionarlo para que traicione a sus jefes.</p>



<p>Dudando que fuera efectivo, decidí continuar al ver en mi portátil los ojos tristes de la joven y volviendo a mi asiento, esperé. Curiosamente esos treinta minutos pasaron en un suspiro y de pronto comenzaron a caer pujas. Pedro me pidió hacer una, pero me negué:</p>



<p>―Tengo experiencia y en este tipo de licitaciones, lo mejor es dejar que los novatos y los poco interesados se vayan auto descartando.</p>



<p>5.100&#8230; 5.300&#8230; 5.700&#8230; 6.000&#8230; las apuestas iban subiendo sin parar hasta que al llegar a los 7.500 se quedaron estancadas. Fue entonces cuando tecleé la mía: “9.000”.</p>



<p>Durante un minuto, nadie me sobrepujó y cuando ya creía que la chavala era mía, en la página apareció otra por 11.000 euros.</p>



<p>―Este es el verdadero competidor― comenté y tanteando el terreno, marqué 11.557.</p>



<p>El tipo con el que luchaba replicó con 11.600 y eso me hizo ver que quizás había llegado cerca del límite que estaba dispuesto a pagar o que tampoco le interesaba quedarse con ella a un precio caro. Por eso, sonriendo, comenté a los dos que me acompañaban que la cría ya era nuestra mientras daba un puñetazo en la mesa del subastador y del otro comprador haciendo una nueva oferta de ¡14.000 euros!</p>



<p>Tal y como preví, la puja se cerró al cabo de unos minutos y en mi pantalla apareció un enlace donde tenía que abonar el resto del dinero. Haciéndolo de inmediato, nuevamente en mi ordenador apareció la dirección y hora en que podía recoger el paquete.</p>



<p>“Calle Paracuellos, 4. Polígono de Ajalvir, 15:35 horas”.</p>



<p>Sintiéndome un superhéroe por haber librado a esa joven de un futuro al menos incierto, apuré la copa y me serví otra mientras preguntaba al policía qué más necesitaban de mí. Haciéndome ver que estaba equivocado al suponer que mi labor terminaba ahí, me rogó que los acompañase porque el tiempo apremiaba y que todavía debían colocarme los micros para que todo quedara grabado cuando efectuaran la detención.</p>



<p>―No sabía que también me tocaba participar en eso― comenté alucinado al haber supuesto que de eso se ocuparía un agente.</p>



<p>―No podemos correr el riesgo que reconozcan a uno de mis hombres y por eso debe ser usted quien lo haga― señaló Gutiérrez.</p>



<p>Algo en su tono me reveló que la verdadera razón era que sospechaba de un topo en su unidad y cediendo a sus deseos, salí de la oficina francamente preocupado. Ya en la calle, caí en que si me detenían Natacha se quedaría sola y pensando en advertirla, la llamé.</p>



<p>―Muñeca― le dije al descolgar: ―Por unos asuntos que no había previsto, me tengo que ausentar al menos un día. Quiero que contactes con Patricia y te vayas con ella. Llámale desde tu móvil, a ti sí te contestará.</p>



<p>La rusita no vio nada extraño y mandándome un beso a través del teléfono, prometió que en cuanto terminara de hablar conmigo, la llamaría. Más tranquilo al dejarla en buenas manos, fui con mis acompañantes a las dependencias donde, mientras me cableaban el cuerpo llenándolo de cámaras y micrófonos, el inspector tuvo la delicadeza de invitarme un bocata de jamón, asumiendo que con toda probabilidad sería el único alimento que tomara hasta el día siguiente. Tras lo cual, ya al volante de mi coche me dirigí hacia el lugar de la cita. Confieso que estaba tan nervioso que, al llegar a la dirección y ver que era un descampado, pensé que podía dar el dinero por perdido y nos había estafado:</p>



<p>―Gutiérrez, aquí no hay nada― dije a través del botón de la camisa que disimulaba el micrófono.</p>



<p>―Usted, aparque y cuando lleguen, recuerde quitarse el pinganillo antes de bajarse.</p>



<p>―Dudo que vengan― lamenté haciéndole ver mis pocas esperanzas en esa operación.</p>



<p>―Llegarán. La Dark Web se basa en la confianza y si se corre la voz de que han fallado en un trato, el golpe a su reputación será enorme.</p>



<p>―Perfecto, como ya le comenté por lo que se dé estos tipos manipulan de tal modo a sus víctimas que se supone que tendrían que dar un manual al comprador para que sepa tratar a su esclava. Por favor, no intervengan hasta que lo consiga.</p>



<p>Cayendo en que no teníamos una seña preparada, me preguntó si se me ocurría alguna que pasara desapercibida a los ojos del captor.</p>



<p>―Cuando me vean soltar un tortazo a la chinita, caigan sobre nosotros y deténganos.</p>



<p>A Gutiérrez le pareció una idea estupenda ya que cuando el detenido hablara con su abogado y le contara lo ocurrido, no sospecharía de mí al pensar que un policía o un infiltrado sería capaz de maltratar a una inocente, por lo que verían mi detención como algo colateral. Acabábamos de acordar que la contraseña sería esa, cuando vi llegar una camioneta de reparto con los cristales tintados que aparcó frente a mí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_026_4259.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Quitándome el aparato de la oreja, me bajé y caminé hacia ellos. Del asiento del copiloto bajó un gordo de aspecto siniestro que preguntó mi nombre:</p>



<p>―Strict Owner.</p>



<p>Al concordar con los datos que le había dado su jefe, sonrió:</p>



<p>―Le traemos el pedido.</p>



<p>Mientras el conductor abría la puerta lateral y sacaba a la chiquilla, el mal encarado obeso me dio un pasaporte de la República Popular China, asegurando que con él no tendría problema para sacarla del país si ese era mi deseo.</p>



<p>―Quiero las instrucciones con las que sacar el mayor provecho a mi inversión― comenté sin mirar siquiera a la joven que habían colocado a mi lado.</p>



<p>―Por lo que veo ya ha comprado antes – se rio y pidiéndome perdón por no habérmelo dado antes, sacó un librillo del bolsillo y lo puso en mis manos.</p>



<p>Dando una breve ojeada al mismo, leí el título del panfleto:</p>



<p>“Felpudo: normas básicas de manejo”.</p>



<p>Tuve que disimular mi cabreo al leer como su torturador había bautizado a esa mujercita y sonriendo de oreja a oreja, giré a verla. La chavala parecía todavía más joven e indefensa que en las fotos, pero eso no me impidió decirla en voz alta:</p>



<p>―Felpudo, soy tu nuevo dueño. Desde ahora no existe nadie más importante que yo, ¿entiendes lo que te digo y así lo asumes?</p>



<p>Con voz apenas audible, contestó mientras me miraba con adoración:</p>



<p>―Soy suya y lo seré hasta que muera, amo.</p>



<p>Comprendiendo que era así dado el adoctrinamiento al que se había visto sometida, fue el momento de dar la señal y descargando un durísimo tortazo sobre su rostro, la recriminé haber hablado sin permiso. Los hombres que hasta entonces la habían mantenido cautiva seguían mofándose de verla en el suelo cuando comenzaron a escuchar sirenas acercándose por ambos lados de la calle. Simulando un miedo que no tenía, arrastré a la chiquilla hasta mi coche y arranqué empotrándolo contra la patrulla que venía de frente. Mientras los polis se bajaban a detenerme, me giré hacia la chinita diciendo:</p>



<p>―Tranquila, no tienes nada que temer. Nadie va a hacerte daño.</p>



<p>Los dos energúmenos ni siquiera trataron de huir y por eso los agentes encargados de la captura con ellos fueron menos violentos que conmigo al no conocer la clase de participación que tenía en el caso. Para ellos, era un delincuente sexual que intentaba escapar, por lo que sin tiento alguno me sacaron a golpes y ya inmovilizado en el suelo, me esposaron mientras leían mis derechos:</p>



<p>―Tiene derecho a guardar silencio no declarando si no quiere, a no contestar alguna o algunas de las preguntas que le formulen, o a manifestar que sólo declarará ante el juez. Tiene derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable. Tiene derecho a designar abogado, sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado 1.a) del artículo&#8230;</p>



<p>Dejé de prestar atención al agente que los recitaba al ver que saliendo del coche y hecha una fiera, “felpudo” se lanzaba sobre unos de los agentes exigiendo que soltaran a su amo, que no había hecho nada malo y que su presencia conmigo era voluntaria. Sabiendo que esa reacción era parte del diseño que habían dejado grabado en su mente, al ver que comenzaba a arañar al uniformado, exclamé:</p>



<p>―Felpudo, quédate quieta. No pasa nada.</p>



<p>Tal y como la habían adiestrado, al recibir una orden directa mía, se relajó hasta que vio que me separaban de ella y me metían en la misma lechera que a los otros dos. Entonces, con gran violencia, derribó a los dos polis que la custodiaba y corrió hacia mí diciendo que me llevaran con ella.</p>



<p>El gordo que la había traído allí y que permanecía esposado junto a mí, se rio diciendo:</p>



<p>―Por ella no se preocupe, nunca lo traicionará&#8230; no puede. Mi jefe se ha cerciorado de que se suicidaría antes de pensar siquiera en hacerlo.</p>



<p>―Menos mal― respondí: ―Cómo declare en mi contra, estoy jodido.</p>



<p>―No lo hará― con una sonrisa en sus labios, sentenció para a continuación quedarse callado al ver que uno de los agentes se subía y arrancaba el vehículo.</p>



<p>Imitando su mutismo, no dirigí a nadie la palabra hasta llegar a la comisaría donde siguiendo lo planeado, me tomaron las huellas y me ficharon mientras ellos esperaban su turno. Una vez que se había asegurado de que esos sicarios habían presenciado mi ficha, llegó Gutiérrez y demostrando el desprecio que sentía por los tratantes de blancas, pidió a uno de sus subalternos que me llevara a la sala de interrogatorios.</p>



<p>―Quiero empezar por Lucas Garrido, el pederasta ricachón que ha comprado a la menor de edad.</p>



<p>Si ya de por sí los miembros de la comisaria me tenían ganas, al escuchar que la chavala era una niña su odio creció y cuando intenté resistirme, el agente que me llevaba no se cortó a la hora de ejercer violencia sobre mí y en presencia de los verdaderos delincuentes, comenzó a golpearme hasta que sus compañeros cayeron sobre él reteniéndolo.</p>



<p>―Tranquilo, en la cárcel alguien se ocupará de acabar con ese cerdo― le dijeron recordando el “cariño” con el que trataban a los pedófilos entre rejas.</p>



<p>― ¡Quiero un forense que dictamine mis heridas! ― grité para que todo el mundo me oyera.</p>



<p>Mis berridos hicieron salir al comisario jefe y éste al ver mi labio partido y demás golpes en mi cara, se puso a maldecir amenazando con despedir a mi agresor</p>



<p>― ¡Exijo que me revise un forense! ¡Estoy siendo objeto de torturas! ― insistí mientras los otros dos detenidos intentaban sin resultado que los policías que los custodiaban cometieran el mismo error que conmigo.</p>



<p>―Esposadlos y que nadie los toque, bastante tenemos con lo que ha pasado― rugió el jefe mientras me tomaba del brazo diciendo que me iba a llevar al médico.</p>



<p>Con las muñecas inmovilizadas y gritando por mis derechos, llegué a una habitación donde me esperaban tanto el detective como Gutiérrez.</p>



<p>―Joder, menudo energúmeno elegisteis para que me diera la paliza― me quejé mientras escupía sangre cuando cerraron la puerta y nadie de fuera podía oírme.</p>



<p>―Los golpes tenían que ser reales para que nadie dude de su veracidad cuando su abogado nos obligue a soltarlo.</p>



<p>―Lo sé, pero joder duelen.</p>



<p>Dando entrada a una médica que me curara las heridas, el comisario me presentó a Luis Bernal, el psiquiatra de la unidad y éste comentó impresionado que jamás había visto a nadie tan alienado como a Kyon.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_051_52a4.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Así se llama la joven? ― pregunté.</p>



<p>―Según pone aquí se llama Kyon Yang― leyendo su expediente, Bernal contestó para a continuación explicarme que, revisando el “manual” que había tenido la previsión de pedir, tanto ellos como yo teníamos un problema.</p>



<p>Imaginé cuál era, pero aun así quise que me lo dijeran.</p>



<p>―Es tal el grado de la reeducación conductual que muestra que ni el mejor de mis colegas tardaría menos de cinco años en conseguir que esta cría fuese autosuficiente.</p>



<p>―Sé de qué me habla, como el inspector Gutiérrez sabe, mi novia fue víctima de la misma organización y actualmente está siendo tratada por Julián Ballestero, jefe de psiquiatra del Hospital la Paz.</p>



<p>―Pues no sabe el peso que me quita de encima, ya que si conoce los síntomas también sabrá de la predisposición de Kyon al suicidio si la separamos del que considera su amo.</p>



<p>―Como ya le he dicho, conozco el tema. Seleccionen en qué hospital la van a tratar para que se la traspase al médico encargado de su tratamiento.</p>



<p>―No es tan fácil, me temo&#8230; según he podido deducir de estos papeles, todo apunta a que la han diseñado como un producto de un solo uso para que una vez su dueño se canse de ella pueda desecharla sin complicaciones.</p>



<p>―Me he perdido con tanta formalidad, hábleme claro. ¡Coño!</p>



<p>Ya sin florituras, el loquero contestó:</p>



<p>―Joder, ¡que no se la puede traspasar a nadie! ¡El hijo de su madre que la educó se aseguró de ello! Si trata de repudiarla, venderla o cederla, la chavala buscará la forma de matarse. Fue adoctrinada para que su vida estuviera irreversiblemente unida al hombre que la comprara y personalmente dudo que Ballestero, por mucha eminencia que sea, pueda ser capaz de cambiar su programación. Para mí, es un caso perdido y tiene que vivir con usted, o vivir permanentemente sedada como la tenemos actualmente.</p>



<p>― ¿Alguien tiene una copa? ― derrumbándome en una silla pregunté&#8230;.</p>



<h1 class="wp-block-heading">15</h1>



<p>Mientras esperaba a mi abogado de vuelta al calabozo hice un repaso de mi vida desde el divorcio y cómo la había trastornado la llegada de Patricia. La certeza de que nada sería igual, aunque finalmente esa morena finalmente decidiera olvidar la atracción que sentía por mí y buscara otra solución a su situación, me hizo comprender que tenía que seguir adelante y que a partir de ese momento Natacha y la tal Kyon tendrían que seguir a mi lado. Tal y como había planeado, al ver mis heridas, Perico montó en cólera exigiendo el parte de lesiones. Con él bajo el brazo, ejerciendo de letrado preparó un procedimiento de habeas corpus con el que solicitó al juez que me dejara en libertad por las torturas sufridas durante la detención.</p>



<p>― Ha sido una suerte que estos inútiles hayan violado tus derechos― comentó más para los tipos de la celda de al lado que para mí.</p>



<p>Supimos que esos impresentables se habían tragado la pantomima cuando ambos se ofrecieron a testificar que habían visto como el policía me daba esa tunda de palos. Aun así, tal y como estaba previsto, pasé toda la noche en chirona y no fue hasta las a una diez del día siguiente cuando llegó la orden de excarcelación. Cuando ya estaba en libertad y había recuperado mi móvil, recibí la llamada del psiquiatra preguntando dónde y a qué hora podía mandar a la paciente para que quedara bajo mi cuidado. Sabiendo que lo lógico era que la dejaran en mi casa, únicamente rogué que me dieran tiempo de prepararme y que me la trajeran a partir de las tres. Una vez concertados esos detalles, me fui a casa de Patricia donde esperaba encontrarme no solo con ella sino también con Natacha. Y así fue, ambas me estaban esperando al haberles avisado de mi llegada.</p>



<p>Conociendo mi agenda, la morena preguntó dónde había estado. No teniendo otra salida, les expliqué que había contratado a un detective para que investigara los negocios de Isidro Bañuelos al estar convencido que ese malnacido era el torturador de la rusita. Contra todo pronóstico, Patricia puso el grito en el cielo al sentir que había invadido su privacidad.</p>



<p>― ¡No me jodas! ― exclamé cabreado al sentir absurdas sus quejas cuando había sido ella la que había metido a ese capullo en mi vida, aunque fuera indirectamente.</p>



<p>Ese enfado me hizo contar sin paños calientes la visita de Pedro y del inspector Gutiérrez a la oficina alertándome de la próxima subasta de otra víctima de su ex y que con mi ayuda había hecho posible tanto la detención de sus subordinados como la liberación de Kyon.</p>



<p>―Has actuado sin consultarme&#8230; ¿qué vienes a hacer aquí? ― indignada hasta la médula, mi secretaria y acosadora insistió.</p>



<p>Obviando su ira, expliqué a ambas que al analizar a la chinita el psiquiatra había llegado a la conclusión de que el lavado de cerebro del que había sido objeto era todavía más preocupante que el que habían realizado con Natacha, ya que en su caso y aunque compartía muchos de sus características, al menos no vinculaba su existencia a un único dueño.</p>



<p>―Según entiendo, si quisieras, ¿podrías cederme a otro? ― preguntó preocupada la chavala.</p>



<p>―Podría, pero eso nunca ocurrirá. Si algún día decidimos que ya no es necesario que vivas conmigo, te liberaré&#8230; jamás te vendería.</p>



<p>&nbsp;Pensaba que la rusa iba a respirar al oírme, pero por extraño que parezca se echó a llorar. Asumiendo el dolor que experimentaba como propio, la agarré de la cintura y besándola, añadí que era parte de mí y que no me veía sin ella. Esa afirmación, tranquilizó a la joven, pero no así a Patricia que de muy malos modos me echó de su piso quejándose de que no la hubiese mencionado.</p>



<p>En la puerta y mientras me intentaba disculpar diciendo que era un olvido, la morena fuera de las casillas me espetó que dimitía como secretaría y que no quería volver a verme. Acudiendo en mi ayuda, Natacha respondió:</p>



<p>―Siempre tendrás un sitio en nuestra cama. Lucas te ama y yo te adoro. Eres nuestra mujer, aunque no haya un papel que lo demuestre.</p>



<p>Un breve brillo de esperanza creció en sus ojos mientras daba un portazo:</p>



<p>―Disfruta de la esclava que te has comprado.</p>



<p>El desprecio con el que se refirió a Kyon me irritó al no comprender que fuese tan dura con una joven cuya dependencia no era voluntaria sino impuesta y con ganas de molestar, gritando a la que sin duda permanecía del otro lado de la puerta, le pedí que fijara la fecha de nuestra boda.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_059_1c43.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Has hecho bien― comentó la rubita mientras tomábamos el ascensor: ― Nuestra negra no tardará en llegar pidiendo que la perdonemos. Ella lo sabe, aunque todavía no lo acepte.</p>



<p>Dudando que así fuera, salimos del edificio y tomamos un taxi que nos llevara al hogar que ambos compartíamos y al cual, en pocas horas, llegaría un nuevo miembro. Ya en casa, llamé a Joaquín e inventando un constipado, le dije que debería sustituirme durante el resto de la semana mientras Natacha se ocupaba de preparar todo lo que necesitaríamos para recibir a Kyon. El sentido práctico de la joven quedó de manifiesto cuando haciendo un café me preguntó qué sabía del modo en que la habían sometido. Cogiendo el manual de “Felpudo”, comencé a leerlo en silencio.</p>



<p>La maldad que destilaban esos papeles me puso los pelos de punta. El maldito que diseñó su conducta, había dejado impreso en el cerebro de asiática que para mantener un mínimo de cordura su amo debía de tomar posesión de ella casi de inmediato. Avergonzado, no me quedó otro remedio que explicárselo a la rusa ya que era ella mi pareja actual.</p>



<p>―Lucas, no te preocupes. Piensa que nadie mejor que yo comprende lo que debe estar sufriendo. Haz lo que debas hacer― con ternura replicó.</p>



<p>Habiendo obtenido su comprensión, repasé con ella el resto del siniestro impreso donde quedaba tan bien reflejado que dentro de lo que su autor consideraba ventajas incluía que la chinita estaba preparada y necesitaba de mano dura.</p>



<p>― ¿Qué tipo de mente es capaz de diseñar algo así? ― me pregunté al leer que entre las cosas con las que se podría premiar el buen desempeño de “Felpudo” estaba el que su amo se meara encima de ella.</p>



<p>―Lucas, por favor no te enfades, pero a mí también me encantaría sentirlo―admitió la rubia con los pitones en punta.</p>



<p>Comprendiendo que ambas debían compartir muchos condicionantes al haber sido manipuladas por el mismo maniaco, seguí estudiando ese manual y así confirmé que muchos de las recompensas diseñadas para Kyon eran en realidad castigos. De todos ellos, uno de los más recalcitrantes hacía referencia al nombre con el que la habían bautizado:</p>



<p>“Para fortalecer el vínculo de su esclava y hacerle ver que su amo le estima, su dueño podrá estimularla haciendo que con la lengua limpie sus zapatos al llegar a casa”.</p>



<p>&nbsp;Nuevamente, ese acto excitó a la joven que se mantenía a mi lado y moviéndose incomoda en el asiento, susurró que no le importaría ayudar a la chinita en esa humillante tarea. Disculpando sus palabras, proseguí con la lectura de esas instrucciones. Así fue cómo me enteré de que el peor castigo que podía ejercer sobre ella era el no hacerla caso.</p>



<p>“Cuando se requiera dar un escarmiento, se puede optar por la inacción. Su esmerada educación hará que la sierva sienta el desapego de su amo con un dolor que la hará humillarse pidiéndole perdón. Si se prologa este, su amo podrá disfrutar de la autodestrucción paulatina de su propiedad. Tras un periodo de depresión, “felpudo” tratará de conciliarse por medio de flagelación y de no ser efectiva, buscará mutilarse como forma de recuperar el afecto de su dueño. Llevando al extremo, el adquirente de esta maravilla disfrutará observando cómo se suicida usando para ello cualquier elemento que esté a su alcance. Para ello, recomendamos poner a su disposición elementos cortantes que se pueda introducir en el sexo como puede ser una batidora de mano o cuchillos de gran tamaño”.</p>



<p>Asqueado por lo que estaba leyendo, quise dejar de estudiar ese panfleto, pero Natacha me lo impidió haciéndome ver que debíamos conocer cómo actuar ya que, en menos de una hora, la chinita estaría bajo nuestro cuidado. Sabiendo que era así y haciendo un esfuerzo para no vomitar, pasé a ver el apartado que el malnacido que lo escribió definía como “practicas amatorias” en las que “Felpudo” estaba adiestrada. Sin hacer una exposición exhaustiva de las mismas, comprobé que la asiática estaba lista para dar placer con todos los agujeros de su anatomía y no solo a su dueño sino también a cualquier persona que este considerara necesario ya fuera individualmente como en grupo.</p>



<p>―Según aquí pone, Patricia y yo podremos usarla si tú se lo pides― comentó con un tono que me hizo saber que la perspectiva de compartir con ella algo más que arrumacos no le era desagradable.</p>



<p>Obviando sus palabras al ser algo que daba por descontado, seguí leyendo y horrorizado descubrí que había dejado grabado en su mente la predilección por ser usada atada a un potro de tortura o su equivalente:</p>



<p>“Para el correcto desenvolvimiento de la esclava, su dueño deberá tener una mazmorra donde ubicarla y azotarla con regularidad siendo importante el contar con algún elemento donde inmovilizarla. Para ello, recomendamos argollas a la pared, una cruz de San Andrés o cualquier jaula que hay en el mercado. Si se opta por esta última, cuanto menor sea el espacio, “Felpudo” se lo agradecerá con mejores y más prolongados orgasmos. Por el contrario, y para disfrute del dueño, se la ha dotado de agorafobia por lo que, de no mediar una orden, al contrario, sacarla de paseo al campo la sumirá en un estado de turbación que la hará más receptiva cuando vuelva a su lugar de origen”.</p>



<p>&nbsp; ―Lucas, ¿te parece que prepare el armario para encerrarla ahí cuando no estés? ― preguntó Natacha con una naturalidad que me dejó impresionado.</p>



<p>Con las lógicas reservas y con el corazón encogido, acepté su sugerencia como mal menor mientras pasaba a la siguiente página donde entre otras aberraciones el autor del texto recomendaba el uso de mordazas, los electroshocks y la cera ardiente como métodos para exacerbar la lujuria de la chinita.</p>



<p>«Hay que estar mal de la olla para ver placer en ello», me dije pasando al apartado de los detonantes de actuación y ahí descubrí que decir en su oído “es mi enemigo” desencadenaría una reacción violenta de la asiática que la haría intentar matar a la persona que hubiese señalado.</p>



<p>Acojonado recordé la forma tan rápida con la que se había desecho de los agentes durante mi detención y asumiendo que esa joven había sido educada en algún tipo de arte marcial busqué la contraorden: “Ahora es mi amigo” respiré al encontrarla.</p>



<p>Seguía inmerso en la lectura de esos sombríos papeles cuando escuchamos el sonido del timbre. Con una angustia total, fui a recibir a los sanitarios que la traían en compañía de la rusita, la cual y ante mi espanto, parecía ansiosa de recoger el testigo.</p>



<p>―Es preciosa― susurró confirmando ese extremo mientras metían la camilla en la que la traían.</p>



<p>Tras advertirnos que en unos treinta minutos despertaría, me ayudaron a trasladarla a mi cama, para a continuación y casi sin despedirse, dejarnos solos con ella. Su tranquilo dormitar realzaba la exótica belleza de la joven y con el peso de una responsabilidad que imprudentemente eché sobre mis hombros, la observé realmente por primera vez y confirmé lo dicho por la rubia:</p>



<p>«Es guapísima», me dije mientras inconscientemente quitaba un mechón de pelo de su cara.</p>



<p>A pesar de nunca haberme sentido atraído por las mujeres de su raza, tuve que reconocer que Kyon me resultaba sumamente atractiva y que el camisón de hospital que llevaba puesto no podía esconder los voluminoso senos que el vendedor había reflejado en la ficha de la subasta como estímulo para subir su precio.</p>



<p>«98 centímetros de pecho», recordé mientras intentaba rechazar lo mucho que me apetecía el verla sin el batín.</p>



<p>Al no estar sujeta por los mismos escrúpulos que yo, Natacha recordó que según el manual debía hacer uso de mi esclava cuanto antes y trayendo uno de los camisones que le compré, se puso a desnudarla diciendo que la muchacha agradecería sentirse bella el día en que conociera íntimamente a su dueño. Sintiéndome fuera de lugar, decidí no seguir ahí mientras la acicalaba para mí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_091_b684.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Avísame si se despierta― huyendo de la habitación en dirección al salón, comenté.</p>



<p>Hundido en el sofá, intenté pensar en que si me acostaba con ella era por su bien y que hasta el propio psiquiatra de la policía me había dejado claro que ese era mi deber, pero no por ello se diluyó la sensación que sentía de que al hacerlo estaría violándola. Por eso, para mí, fue dificilísimo sustituir velando a la chinita cuando Natacha terminó y me dijo que tenía que volver a la habitación porque ella todavía tenía que cocinar la comida de ese día.</p>



<p>Con paso cansino, recorrí el pasillo de vuelta y al entrar en el cuarto, mis peores temores se convirtieron en realidad cuando vi el esmero con el que la rusa me la había preparado. No solo le había colocado un picardías que dejaba poco a la imaginación, sino que incluso la había peinado y maquillado, haciendo de ella una diosa. Incapaz de contener la curiosidad, certifiqué que la descripción que habían hecho de Kyon era fidedigna, pero se habían quedado cortos al ser un monumento de mujer.</p>



<p>«Vale lo que pagué por ella», pensé sin advertir que me estaba refiriendo a una persona y no a un objeto.</p>



<p>&nbsp;Impresionado por la rotundidad de sus curvas en una joven asiática a las que en Occidente asociábamos a tablas de planchar, me pregunté si esos pechos eran producto de una cirugía. Sintiéndome un cerdo, aproveché que seguía sedada para con mis manos comprobar si eran naturales. Por el tacto y la dureza de los mismos supe que no estaban operados y eso me hizo profundizar en la exploración tomando entre mis dedos uno de sus pezones. La facilidad con la que se puso duro me enervó y preso de una calentura tan grande como culpable, lo pellizqué provocando su gemido. Asustado, levanté la mirada y ante mi consternación, Kyon estaba con los ojos abiertos.</p>



<p>―Mi amo― susurró con una entrega cercana a la adoración.</p>



<p>Desolado al verme descubierto y que lejos de molestarle mi ruindad, la chinita había recibido esos mimos con alegría, pedí a la cría que siguiera descansando. Maniatada por el adoctrinamiento recibido se abrazó a mí y comenzó a restregar su cuerpo contra el mío mientras me rogaba que la usara, que se sabía mía y que su función era ser mi juguete. Todavía ahora recuerdo avergonzado la erección que creció bajo mi pantalón al ver la devoción con la que me miraba. Por eso, agradecí cuando Natacha entró en la habitación informando que la comida estaba lista, ya que de no haber sido así a buen seguro sin mayor miramiento la hubiese tomado para mí.</p>



<p>&nbsp;―Felpudo, levántate y ayúdame a dar de comer a nuestro dueño― comentó la rusa ejerciendo un papel que no le había pedido.</p>



<p>Molesto, pedí que fuera la última vez que la nombraba así.</p>



<p>―Su muñeca le pide perdón― arrodillándose a mis pies, respondió: ―Mi señor, ¿con qué nombre me debo referir a su nueva esclava?</p>



<p>Entendiendo que, aparte de su naturaleza juguetona, lo que le impulsaba a la rubia era cumplir fielmente con lo leído en el manual, comprendí que, si no quería usar el de “Felpudo”, debía bautizarla con otro apelativo de sumisa. Por ello, mirando la dulzura de la joven, respondí:</p>



<p>― ¡Golosina! ¡La llamaremos así!</p>



<p>―Solo espero no engordar cuando tenga que comerme a “golosina” ― muerta de risa, replicó la endiablada eslava mientras la levantaba de la cama.</p>



<p>La sonrisa con la que la asiática recibió un azote de Natacha exigiendo que se diera prisa me hizo asumir que al menos en un principio debía comportarme con ella de acuerdo a lo que marcaba su educación y por ello, mientras me servía vino en una copa, ya sin pudor acaricié su trasero absteniéndome de alabar su belleza. Supe que según la mentalidad que habían esculpido en su cerebro ese gesto le bastaba para sentirse reconocida al reparar en el tamaño que habían adquirido sus pezones.</p>



<p>«Tengo que darle tiempo de asumir que en esta casa nadie la maltratará antes de demostrar cualquier tipo de ternura», sentencié viendo de reojo la alegría con la que corría a la cocina en busca del primer plato.</p>



<p>Lo que nunca me esperé es que volviese en compañía de la eslava y menos que tras ponerme frente a mí la comida, Natacha me pidiera permiso para inspeccionarla. Entendiendo que esa inspección no solo era necesaria según las instrucciones que habíamos leído, sino que encima le apetecía ser ella quien la realizara, di mi autorización a que la llevara a cabo.</p>



<p>―Golosina, antes que nada. Nuestro amo debe saber qué clase de hembra ha comprado y si vales la suma que pagó por ti. ¡Desnúdate y demuéstrale si eres digna de ser la esclava que le dé placer o solo una vulgar sirvienta!</p>



<p>Herida en su amor propio, la chinita comenzó a cantar una canción de amor mientras deslizaba sus tirantes sin dejar caer el camisón. Su prodigiosa voz no era algo que hubiésemos previsto y por eso tanto la rusa como yo nos quedamos anonadados al escucharla.</p>



<p>―Lo he pensado mejor, te llamaremos “ruiseñor” ― dije todavía impresionado.</p>



<p>Su nuevo bautismo incrementó sus ganas de agradar y elevando el volumen adornó su canto con un sensual baile mientras se despojaba del picardías. Ya sin él, pude comprobar que a pesar de su altura los pechos de la asiática eran enormes y que encima sus areolas se le habían erizado al sentir la calidez de nuestras miradas.</p>



<p>«¡Por dios! ¡Es bellísima!», no pude más que afirmar interiormente sin exteriorizarlo al saber que todavía no estaba lista para ser piropeada.</p>



<p>Más consciente que yo de lo que esa muchacha necesitaba y sobre todo esperaba, Natacha se acercó a ella y pegándola otra sonora nalgada, le exigió que luciera el trasero al que era su dueño. Al girarse, pude comprobar que la rusa había dejado impresa la mano en uno de sus cachetes, pero eso no fue óbice para que me percatara también que el pandero de la asiática era de los que hacen época.</p>



<p>«Menudo culo tiene», sentencié mientras daba un sorbo de vino para no revelar lo mucho que me apetecía dar un mordisco en esa maravilla.</p>



<p>Como la rubia no tenía esos remilgos al tener mi aquiescencia y saber que no me opondría, usó las dos manos para que pudiese valorar el cerrado ojete de “ruiseñor”.</p>



<p>―Mi señor. Para ser un producto asiático, el culo de su nueva esclava no es de mala calidad, aunque parece ser que está un poco trillado.</p>



<p>―Ni poco ni mucho. Nadie lo ha usado― se defendió la pobre que estaba siendo inspeccionada.</p>



<p>Al haber hablado sin que nadie se lo permitiera, tuvo su castigo y mandándola al suelo de un tortazo, Natacha le hizo ver que no iba a ser permisiva con ella.</p>



<p>―Como la favorita de nuestro señor, no voy admitir de ti ninguna falta de cortesía y menos que te rebeles.</p>



<p>Frotando con una mano su adolorida mejilla, la chinita pidió perdón.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/303/15223423/15223423_083_4800.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Lo siento, maestra. No volverá a ocurrir.</p>



<p>Tirando de su melena, la levantó de la alfombra y sin mayor miramiento, la eslava mordió los labios de la joven diciendo:</p>



<p>―Eso espero, nuestro señor me ha pedido que te eduque y eso voy a hacer.</p>



<p>Asumiendo que debía seguir exhibiéndose ante mí, Kyon retomó la canción, pero esta vez en perfecta sintonía con la melodía y en español nos informó que nunca había estado con otro hombre narrando una escena:</p>



<p>&nbsp;―Una hembra de ruiseñor aleteando llegó volando a un jardín donde su dueño, al escuchar el trino de tan bella ave, decidió que debía ser suya y tomándola entre sus manos, preparó para ella una jaula de oro. La joven pajarita al ver su nuevo hogar gorjeando de felicidad explicó al que ya sentía que era su amo que nunca unas manos de varón habían acariciado su plumaje.</p>



<p>&nbsp;―Si eres virgen, demuéstralo― exigió Natacha.</p>



<p>Bailando, la chinita se subió a la mesa y separando las rodillas, puso a mi estudio su sexo mientras canturreaba:</p>



<p>―Cuando el viento del mediodía puso en duda las palabras de la dulce avecilla, está pidió a su señor que comprobara tocando sus plumas que todavía nadie había dejado sus huellas en ella.</p>



<p>Despelotado por el tierno y ocurrente modo de presentar sus credenciales, miré embelesado ese tesoro desprovisto totalmente de pelo y retirando con mis yemas los pliegues que le daban acceso, comprobé que no mentía.</p>



<p>―El ruiseñor al sentir las caricias del que tenía las llaves de su nuevo hogar, le pidió que pusiera un candado a la puerta para jamás tener la tentación de marcharse― musitó en tono más bajo temiendo quizás desafinar.</p>



<p>Si lo hizo, no lo sé ya que llevaba unos segundos concentrado en evitar hundir la cara entre esos muslos.</p>



<p>―Don Lucas, pruebe si la pájara que ha adquirido es tan dulce para ser llamada también golosina― a mi espalda, escuché que Natacha me decía.</p>



<p>Impulsado por un apetito que no fui capaz de contener, saqué la lengua y recogí con ella parte de la humedad que amenazaba con desbordarse de la chinita:</p>



<p>―Es todavía más dulce de lo que suponía― señalé mientras escuchaba el prolongado sollozo con el que Kyon manifestaba el placer que ese primer lametazo le había hecho experimentar.</p>



<p>― ¿Me permite comprobar que sea así? ― la rubia preguntó revelando su excitación.</p>



<p>―Por supuesto, muñeca. Dime si me equivoqué cuando asumí que esta zorrita era una golosina.</p>



<p>Al verla sumergir la boca entre sus piernas, decidí hacer uso de uno de los detonantes que compartían y mientras Natacha cataba el sabor de Kyon llevé mis manos a sus nucas provocando el orgasmo de ambas. Los gemidos de la rusa quedaron acallados por los melodiosos berridos de la chinita al sentir que quizás por vez primera su cuerpo ardía.</p>



<p>―Mi señor tenía razón al ponerle ese nombre― chilló descompuesta Natacha mientras trataba de saciar la sed en el manantial que brotaba del interior de la asiática.</p>



<p>Sin dejar de acariciar la parte posterior de sus cabezas, mostré un cabreo que no sentía al haberse corrido ambas sin mi permiso y colocando a la rubia en mis rodillas, descargué mi supuesta ira en una serie de dolorosos pero deseados azotes que, en vez de cortar su placer, lo incrementaron.</p>



<p>―Su ruiseñor también le ha fallado― envidiosa del trato, sutilmente protestó la oriental.</p>



<p>Atrayéndola hacia mí, mordí su boca y tras dejar la impronta de mis dientes en ella, exigí a “muñeca” que la llevara a mi habitación y que me la preparara mientras terminaba de comer. Natacha cogió a Kyon de la mano y sin preguntar nada más, se marchó al saber exactamente lo que le pedía. No en vano habíamos leído juntos el puñetero manual donde se revelaba el modo de exacerbar el placer que sentiría al ser desflorada por su amo. Sabiendo que no me fallaría, olvidándome de ellas, me concentré en la estupenda carne a la stroganoff que apenas había tocado&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/303/15223423/15223423_076_a701.jpg" alt="" width="606" height="909"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 6&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 18:27:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[12 La actividad diaria impidió que esa manipuladora volviese a intentar un nuevo rifirrafe y reconozco que tampoco yo pude inclinar la balanza hacia mi lado, durante el resto de la jornada. Cuando cerca de las siete la vi marchar, di por sentado que al menos ese día tampoco había un claro vencedor y llamando a casa, pregunté a la rubita si le apetecía cenar fuera. A la chavala le molestó mi propuesta ya que con ella daba por sentado que no había preparado la cena. ― Cómo usted desee, pero entonces qué hago con el faisán que tengo en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h1 class="wp-block-heading">12</h1>



<p>La actividad diaria impidió que esa manipuladora volviese a intentar un nuevo rifirrafe y reconozco que tampoco yo pude inclinar la balanza hacia mi lado, durante el resto de la jornada. Cuando cerca de las siete la vi marchar, di por sentado que al menos ese día tampoco había un claro vencedor y llamando a casa, pregunté a la rubita si le apetecía cenar fuera. A la chavala le molestó mi propuesta ya que con ella daba por sentado que no había preparado la cena.</p>



<p>― Cómo usted desee, pero entonces qué hago con el faisán que tengo en el horno, ¿lo tiro?</p>



<p>Admitiendo que había sido descortés, únicamente pregunté si cenaríamos solos o también tendríamos compañía.</p>



<p>―Usted y su muñeca, nadie más― respondió con gracejo.</p>



<p>Saber que así sería y que no tendríamos a la manipuladora al menos por esa noche, me hizo desviarme y comprando unas flores, aparecí en casa. Tal y como me tenía acostumbrado estaba desnuda, pero eso no fue impedimento para que extendiendo el brazo se las diera. Pero su reacción no fue la que había anticipado ya que sin caer en que era un presente Natacha preguntó dónde quería ponerlas.</p>



<p>―Era un regalo para ti― susurré un tanto preocupado por lo poco que esa cría sabía de las relaciones humanas.</p>



<p>Mirándome a los ojos, soltó una carcajada:</p>



<p>―Tenía que haberse visto la cara.</p>



<p>Al percatarme de que esa endemoniada criatura me había tomado el pelo, la tomé de la cintura y poniéndola sobre las rodillas, respondí con dos azotes. Sus risas al recibirlos fue lo mejor que me había pasado en todo el día y por eso, atrayéndola hacía mí, la besé. Ese beso que empezó siendo parte de un juego se transformó al notar su entrega en algo más y antes de que me diese cuenta, estaba acariciando sus pechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_057_5e04.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Se va a quemar lo que tengo en el horno― gimió al sentir mi boca recorriendo los bordes de sus rosadas areolas.</p>



<p>―Me la trae al fresco― respondí y tomándola en volandas la llevé hasta la cama.</p>



<p>Nada más depositarla en la cama, me empecé a desnudar bajo su atenta mirada. El deseo que sus ojos destilaban me hicieron recordar su inexperiencia y por ello, ya sin ropa, en vez de abalanzarme sobre ella, la abracé no sabiendo a ciencia cierta cómo debía actuar. Increíblemente, la chavala dio el primer paso volviendo a poner sus senos en mi boca mientras me pedía que fuera tierno con ella esa su primera vez. Su ruego no cayó en saco roto y retardando las ganas que tenía de poseerla, me dediqué a acariciarla. Desde el momento que sintió mis dedos en su espalda comenzó a gemir, pero cuando estos llegaron a su trasero y recorrieron sus nalgas, esos tímidos sollozos eran ya gritos de pasión, demostrando lo necesitada que estaba de esos mimos.</p>



<p>― ¡Quiero que me enseñe a correr! ― chilló mientras instintivamente restregaba su sexo en mis muslos.</p>



<p>Ese berrido ralentizó más si cabe mi ritmo y tumbándola sobre las sábanas, me fui deslizando por su cuerpo regalándola a cada paso besos, caricias, mimos y porque no reconocerlo, un par de suaves mordiscos. No había pasado de su ombligo cuando percibí los primeros síntomas de gozo en ella y excitado, preferí contener mi ataque para no apabullarla. Por eso antes de atacar su sexo con la boca, me entretuve lamiendo brevemente sus piernas mientras de reojo observaba a la rusita pellizcándose los pechos.</p>



<p>―Su muñeca no puede más― suspiró deseando que diera el paso.</p>



<p>Asumiendo que era así, usé dos yemas para descubrir el tesoro que escondía bajo sus pliegues y absorto contemplé la prueba de su novatez cerrando su vagina. Confirmar que era virgen y que nunca había sido usada, siendo algo previsto no por ello fue menos impactante y consciente de lo que hacía, saqué la lengua y agasajé con dulzura su clítoris. Nada más sentir esa húmeda atención, la eslava entró en ebullición y retorciéndose sobre el colchón se vio sometida por el placer. La forma que se corrió llenando con su flujo mi cara me hizo extremar las precauciones y mientras alargaba su gozo con nuevos mimos de mi lengua, confieso que seguía atento sus reacciones. Al no ver en ella ningún signo de los desencadenantes que habían dejado grabados en ella, me tranquilizó y sediento busqué secar el manantial en que se había convertido su sexo. Mi insistencia alargó, profundizó y renovó su orgasmo de un modo natural nada parecido a lo ocurrido antes con ella, por eso sin variar nada me permití saciar mi sed con el sonido de sus sollozos sirviéndome de acicate.</p>



<p>―Ya sé correr, don Lucas. ¡Estoy lista para escalar! ― aulló con una alegría que desbordó todas mis previsiones y antes de que me diese cuenta, la chavala con mi pene entre sus manos intentaba desflorarse.</p>



<p>De no haber mediado la cordura, la hubiese dejado proseguir, pero el puto enano moralista que vivía en mi cerebro me lo impidió y mordiendo sus labios, murmuré en su oído que tuviese paciencia, que cuanto más aguardara, más placer obtendría. No sé exactamente si fue ese mordisco, si fue mi negativa o la promesa de un mayor gozo, pero contra todo pronóstico la chavalita no insistió y abrazándome, murmuró la suerte que tenía mi muñeca al tener un amo tan cariñoso.</p>



<p>&nbsp;Por un breve instante, estuve a un tris de decirle que no era su amo, pero todavía hoy doy gracias a que de pronto recordé que la habían programado para el suicidio si se sentía ignorada por su dueño y por eso, en silencio, casi me echo a llorar, dudando que algún día esa monada de ojos verdes pudiera desenvolverse como una mujer normal.</p>



<p>«Mientras ocurre o no, estaré yo ahí protegiéndola», estrechándola entre mis brazos resolví&#8230;</p>



<p>A la hora de sentarnos en la mesa, la obligué a ponerse ropa. Aunque en un primer momento se quejó cuando le expliqué que con ella desnuda no podría concentrarme, aceptó. Ya “correctamente” vestida nos pusimos a cenar.&nbsp; Como ya me tenía habituado, su faisán relleno de foie resultó una delicia y el puré de manzana con el que lo acompañó, algo digno de reyes. Por ello, cuando bien comido y bien bebido, le pedí que me enseñara cómo iba el cuadro reconozco que estaba predispuesto favorablemente. Pero en cuanto lo descubrió, dejando caer teatralmente la sábana que lo tapaba, todas mis previsiones quedaron sobrepasadas con lo que contemplé. No solo había captado la luminosidad tan característica de Goya sino su sensualidad y eso a pesar de las enormes astas de la frente y del rabo que brotaba del culo de su modelo.</p>



<p>―Endemoniadamente bella, irresistiblemente zorra― comenté cuando preguntó que me parecía la Patricia que había plasmado en el lienzo.</p>



<p>― ¿Y usted? ― insistió señalando un pequeño sátiro a sus pies y que me había pasado inadvertido.</p>



<p>No pude más que sonreír al ver el desproporcionado artefacto que lucía entre las piernas ese ser cuyo rostro era el mío.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_073_e4d1.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Me imagino que la idea no fue tuya, sino de ella?</p>



<p>―Sí y no. Ella solo me pidió incluirlo en el cuadro.</p>



<p>― ¿Por qué me dibujaste siendo un sátiro? ― sin señal alguna de cabreo, pregunté haciéndole ver que me había pintado con el cuerpo cubierto de vello, rabo y las patas de macho cabrío.</p>



<p>―No es un sátiro, es Fauno: el dios de los campos y los bosques, protector de los rebaños. Como yo me considero su cachorrita, vi normal pintarlo como ese dios.</p>



<p>― ¿Y el tamaño del pene? ¿También fue idea tuya?</p>



<p>Bajando la mirada, confesó que no y que Patricia incluso le había pedido pincelarlo aún más grande. Desternillado de risa, la tomé de la cintura y llevándola al sofá del salón, entre los dos comenzamos a estudiar otro libro de arte, este de la National Gallery, para ver cuál sería su siguiente obra. Lo que nunca pensé fue que escogiendo la “Venus del espejo de Velázquez”, me pidiera permiso para ser ella la protagonista. El brillo de sus ojos me hizo asumir que de alguna forma deseaba que su amo la pudiese contemplar y por ello, sonriendo, le hice saber que, de gustarme el resultado, colgaría el cuadro en mi despacho.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nada me gustaría más― sollozó mientras se lanzaba a comerme a besos y me preguntaba en qué parte de la casa íbamos a colocar el de Patricia. Recordando el gigantesco cipote de mi personaje, insinué a la chiquilla por qué no se lo regalaba a mi secretaria para que ella también me tuviera presente. Sin advertir que mi verdadera intención era joder a esa mujer, aceptó de inmediato y por eso no vio inconveniente en que, al día siguiente, se lo lleváramos en persona a su casa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Ya que se auto invita a la mía, me invitaré yo a la suya», me dije mientras la ayudaba a quitar su “maja” del caballete y sustituirla por un lienzo en blanco.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con todo preparado para empezar, cayó en que no tenía ojos en la espalda y que por tanto difícilmente podría dibujar su trasero tal y como había hecho don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. Desternillado de risa, la llevé al baño y le mostré que podía usar sus espejos para vérselo. Lo que nunca me esperé fue que al verse me preguntara porque no colgábamos uno en el techo de mi cama y otros en las paredes de cada lado:</p>



<p>―Así podría observar desde todos los ángulos cuando haga de mí una mujer. &nbsp;</p>



<p>Pensando en que parecería el clásico motel de carretera donde los clientes se llevan las prostitutas, me negué. Pero como el descerebrado que soy, se me ocurrió bromear que si tanto le interesaba tener una imagen en su cerebro podía grabarla.</p>



<p>― ¿Haría eso por mí? ― esperanzada, me interrogó: ―Sería feliz si pudiese verme tocándome con usted a mi lado.</p>



<p>Su tono, la esperanza que leí en su cara y el morbo que me daba ver a esa monada masturbándose para mí hicieron que aceptara inmortalizar esa escena con mi teléfono móvil y llevándola al cuarto, le pedí que comenzara mientras me sentaba en la cama. Supe cuánto deseaba exhibirse ante mí cuando desde el momento en que oyó mi permiso toda ella daba prueba de su excitación. El brillo de sus ojos mientras se mordía los labios, sus pezones erizados, el sudor de su frente, todos eran signos de la calentura de su interior al sentir mi mirada.</p>



<p>―No sé por dónde empezar― musitó desolada.</p>



<p>―Por tu vestido&#8230; ¡quítatelo! ― respondí.</p>



<p>Poniéndose de pie frente a mí, lo dejó caer lentamente sobre la alfombra. Los nervios de primeriza ralentizaron sin desearlo sus movimientos y eso les confirió una sensualidad y una inocencia que debo reconocer despertaron al depredador que había en mi interior.</p>



<p>―Date la vuelta y muéstrame el trasero de mi bella muñeca― exigí.</p>



<p>Al sentir que esa orden llevaba un piropo explícito, la chavala gimió y girándose, expuso sus nalgas a mi examen. El tanga rojo que llevaba puesto era tan minúsculo que por un instante creí que se lo había quitado. Percatándome que lo cachonda que se sentía al exhibirse, quise incrementar su calentura y por eso sin dejar de grabarla, me permití el lujo de acariciar esa maravilla. Natacha maulló de placer al notar mis yemas recorriendo sus cachetes y quedándose inmóvil, aguardó a que le diese la siguiente orden.</p>



<p>―Quítate las bragas― exigí divertido con su entrega.&nbsp;</p>



<p>Ya desde mi privilegiado punto de observación, que no era otro que mi cama, no quité ojo ni a sus maniobras ni a sus miedos y eso me permitió comprobar que obedecía y se quitaba el tanga.</p>



<p>―El sujetador fuera.</p>



<p>La dureza de mi voz la hizo temblar y dejando deslizar los tirantes del mismo, puso sus senos casi adolescentes a escasos centímetros de mi cara como si deseara obtener de ese modo mi aprobación. Sus rosadas areolas no por diferentes de las oscuras de Patricia eran menos atrayentes y nuevamente me vi premiándola, esta vez con un largo lametazo a cada uno de sus pechos. En esta ocasión, su modo de responder fue con un profundo, pero revelador, gemido.</p>



<p>―Tócate para mí.</p>



<p>Con el zoom dejé para la posteridad el momento en que abriendo las piernas y separando los pliegues de su sexo, la rubia comenzó a comenzó a acariciar su clítoris. La humedad que brillaba entre sus muslos y sus sollozos me empezaron a excitar, pero no por ello me olvidé de usar la cámara del teléfono.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_081_d341.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Sí, mi muñeca me pone y estoy bruto― reconocí cuando la rusa se quedó mirando al bulto que crecía bajo mi bragueta.</p>



<p>&nbsp;Al escuchar y comprobar con sus propios ojos que mi pene reaccionaba a su exhibicionismo, se sintió realizada y llevando una mano a su pecho, lo pellizcó mientras reanudaba los mimos sobre el erecto botón situado en la antesala de su vulva.</p>



<p>―Estás preciosa cuando te masturbas― se me ocurrió comentar sin saber que llevaba grabado ese piropo como un banderazo a su gozo.</p>



<p>Sin apenas darme tiempo de reacción, la rubia cayó sobre la cama y se comenzó a restregar los muslos y a pellizcar los pechos mientras su entrepierna era pasto de las llamas.</p>



<p>―Mi amo me considera preciosa― aulló llena de felicidad al experimentar una nueva forma de placer en la que se unían el goce sexual con la satisfacción anímica de que la encontrase guapa.</p>



<p>Como no vi en su forma de correrse nada dañino dejé que siguiera gozando del momento.</p>



<p>―Me encanta tu culo, tu cara y tus tetitas― susurré en su oído mientras dejaba constancia de la serie de orgasmos que disfrutó en el móvil.</p>



<p>Esos piropos siendo bien recibidos no incrementaban su placer y por eso, decidí seguir probando:</p>



<p>―Me gusta ver a mi bella muñeca cuando goza.</p>



<p>El impacto de esa frase fue más que evidente al verla convulsionar sobre las sábanas gritando. &nbsp;</p>



<p>―Regálame tu placer, zorrita― probé totalmente excitado al verla ponerse a cuatro patas en el colchón luciendo la humedad de su coño ante mis ojos.</p>



<p>Nada más expresar mi deseo, la eslava se vio dominada por un clímax tan brutal como húmedo y la cercanía de su sexo a mi cara provocó que, cuando el cálido chorro brotó de su interior, éste impactara de pleno contra mi rostro embadurnado con su flujo mis labios y mis mejillas.</p>



<p>― ¡Soy la muñeca que ama a mi señor! ― gritó antes de desplomarse sobre la cama.</p>



<p>No pude más que sonreír al verla agotada y sin fuerzas, pero feliz. Por ello, dejándola descansar, le di un beso en su frente y la tapé.</p>



<p>―Mi señor ama a su muñeca también― al apagar la luz para dejarla descansar, escuché que susurraba&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">13</h1>



<p>A la mañana siguiente, la rusita fue feliz cuando le hice llegar el video y mientras desayunábamos, se puso a verlo. Su excitación era tan evidente que muerto de risa señalé el tamaño que habían adquirido sus pezones. Contagiada, la puñetera cría dejó caer que al volver iba a tener dificultades para ponerse a pintar su culo cuando lo que realmente le apetecía era plasmar en el lienzo la expresión de cara viendo cómo se masturbaba.</p>



<p>―Como te dije ayer, tengo una muñeca preciosa― respondí mientras con dos de mis yemas le regalaba un pellizco.</p>



<p>Sin ocultar el gozo que esa caricia le producía, la cría me preguntó si finalmente esa noche la iba a hacer mía. El tono de la chiquilla revelaba esperanza, pero también desolación al sentirse ignorada por no ser tomada por mí. Recordando que por su “educación” era peligrosísimo que Natacha creyera que su amo la rechazaba, imprimí toda la ternura que pude a mi voz para decirle que el primero que deseaba estrenarla era yo, pero insistiendo también en que debía estar preparada.</p>



<p>―Don Lucas, su nena ya lo está― replicó encantada sin caer en la turbación que me embargaba y que no podía exteriorizársela.</p>



<p>Y es que no podía obviar que al aceptar que viviera en mi casa, me había hecho responsable de su bienestar tanto físico como anímico. En su caso, su salud corporal no me preocupaba, pero la mental era otra cosa y por eso me hice el propósito de hablar con mi amigo el psiquiatra para que me aconsejara como actuar.</p>



<p>«Según él debo dejar que su sexualidad fluya para que no se frustre», me dije preocupado con los síntomas que había conseguido vislumbrar en ella.</p>



<p>Por eso cuando, después de dejarla en el centro donde estudiaba, llegué a la oficina lo primero que hice fue contactar con Julián y explicarle la situación en la que me encontraba. Tras oír atentamente los progresos y retrocesos de la rusita, el loquero no dudó en decirme que lo quisiera o no mi actitud era importante para la recuperación de Natacha:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_110_1cab.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Piensa que, hasta conocerte, esa cría nunca había sentido ningún tipo de cariño. Para su antiguo dueño era un objeto, una mercancía a la que moldear, en cambio para ti es una persona y ella lo nota. Se ha percatado que le importas y eso es algo a lo que no está habituada.</p>



<p>&nbsp;― ¿Entonces qué hago? ¿Cedo y me acuesto con ella? ¿Me niego o sigo retardándolo?</p>



<p>Se tomó unos segundos en contestar:</p>



<p>―Lucas, tu labor con Natacha debe ser global. Debes intentar reducir su ansiedad a través de que poco a poco se aproxime a lo que le produce estrés y una respuesta exacerbada. En su caso es el sexo particularmente lo que la angustia al haber sido programada para ello, por lo que debes esforzarte en que vaya conociendo y practicando el mismo en un ambiente de confianza. Pero también es necesario que tome conciencia de quién es y del valor que tiene por ella misma. Te parecerá raro, pero te tiene miedo o mejor dicho tiene miedo de lo que piensas de ella. En su interior se ve como un desecho al que tú como su “dueño” la tienes que soportar. Por ello es obligatorio que aprenda a auto valorarse y que note que para ti ella es una persona a la que estimas.</p>



<p>―En pocas palabras que debo acostarme con ella y que cuando lo haga, no me la folle, sino que le haga el amor― respondí.</p>



<p>―Yo no lo diría así, pero es una buena aproximación― fue su respuesta.</p>



<p>Sobrepasado por la responsabilidad que había puesto sobre mis hombros y viendo que Patricia llegaba con mi café, me despedí. Conocedora del efecto que su belleza tenía sobre mí, llegó contoneando las caderas:</p>



<p>― ¿Cómo está mi futuro novio? ¿Ha dormido bien?</p>



<p>―Cojonudamente― cabreado por su acoso, repliqué: ―he soñado que desaparecías de mi vida y te casabas con otro.</p>



<p>Fijándose que no había nadie mirando, se acercó y sin rubor alguno contestó:</p>



<p>―Yo en cambio, me he pasado toda la noche pensando en lo feliz que seré cuando sea tu mujer y me dejes mimarte.</p>



<p>Su descaro me sacó de las casillas y queriendo que tuviese claro mi negativa, respondí:</p>



<p>―Para eso ya tengo a Natacha. Al contrario que tú, esa niña me da su cariño sin pedir nada a cambio.</p>



<p>Contra todo pronóstico, se iluminó su cara al escucharme:</p>



<p>―No sabes la ilusión que me hace oírte decir que ya te la has tirado a nuestra pequeña. La pobre lo necesitaba aún más que yo.</p>



<p>Analizando lo que me acababa de soltar, descubrí dos cosas: que se había referido a Natacha como “nuestra” niña, y que acostarse conmigo lo sentía como una necesidad. De lo primero era ya consciente, no en vano su relación con la rusa era posesiva, pero de la segunda me acababa de enterar.</p>



<p>―Si tanto necesitas follar conmigo, lo podemos resolver rápidamente. Métete en el baño y desnúdate mientras me esperas.</p>



<p>El color de sus mejillas me dio una pista de cómo actuar y recalcando un desprecio que realmente no existía en mí, añadí:</p>



<p>―O si lo prefieres, lo podemos hacer frente a todos, aunque no creo que Joaquín esté muy contento de saber la clase de zorrón que tiene por hermana.</p>



<p>Sin dejarse intimidar, respondió:</p>



<p>―No le pillaría de nuevas. Mi hermanito es consciente de que el cerdo de su jefe me tiene enamorada y que en cuanto me pida matrimonio, diré que sí. Ponme un anillo en el dedo y dejaré que me ames hasta en un vagón de metro.</p>



<p>Cuando ya estaba a punto de estrangularla, me entró una llamada de un cliente y por ello, me quedé con ganas. Supe que esa zorra sentía que nuevamente había vencido cuando quitándose las bragas las puso sobre la mesa.</p>



<p>―Perdona― comenté tapando el micrófono del teléfono: ―Hoy me apetece pajearme con tu sujetador, así que sé niña buena y quítatelo.</p>



<p>Ese cambio de prenda la cogió desprevenida, ya que ese día venía vestida con una blusa semitransparente y si me hacía caso, todo el que pasara por enfrente, disfrutaría de la visión de sus negras areolas. Durante un par de segundos, dudó&#8230; pero tras meditarlo, respondió:</p>



<p>―Me parece bien, pero a cambio quiero que te grabes haciéndolo y me lo mandes.</p>



<p>Consciente de que, si aceptaba, esa manipuladora podía usar la película en mi contra y chantajearme, me negué.</p>



<p>―Entonces, hoy no te toca premio― riendo respondió mientras recogía el tanga que había dejado en mi poder.</p>



<p>El paso alegre con el que desapareció de mi despacho hundió aún más mi ánimo al saberme derrotado y por ello durante las siguientes dos horas, ni siquiera miré hacía su lugar de trabajo no fuera a ser que me sorprendiera haciéndolo y me regalara una de sus sonrisas.</p>



<p>Ya habían pasado de las doce cuando ejerciendo de secretaria esa endemoniada belleza me pasó a Pedro. Interesado en saber cómo iban sus averiguaciones, contesté y tras los típicos saludos, el detective entró directamente en materia:</p>



<p>―Le tengo noticias y de ante mano le advierto que no le van a gustar ya que son acerca de una persona de su entorno más inmediato.</p>



<p>Asumiendo que se había enterado de la existencia de Natacha, pedí que continuara:</p>



<p>―Como le decía, al investigar las vidas de las crías que aparecieron muertas en esa nave, mis contactos en la policía me han reconocido que el soplo se lo dio la antigua “novia” del sujeto e investigando sobre ella, me encontré con que esa joven es su secretaria.</p>



<p>―Ya lo sabía y por eso le pedí que investigara. Por favor, siga.</p>



<p>Quejándose de que no se lo hubiese contado, prosiguió:</p>



<p>―Lo que, seguro que no sabe, es que la señorita Meléndez y el tal Isidro fueron amantes casi dos años y según me he informado ambos lucieron una actitud desinhibida, por decirlo de alguna forma, respecto al sexo.</p>



<p>Mi silencio, le permitió extenderse:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_099_d839.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Por lo visto, su relación no era cerrada y durante el tiempo que fueron pareja, por su cama pasaron gran variedad de hombres y de mujeres en una espiral cada vez mayor. Si en un principio les bastaba con un trio ocasional, llegó el momento que no era así y comenzaron a experimentar con otros tipos de sexualidad.</p>



<p>― ¿A qué se refiere? ― pregunté.</p>



<p>―Orgias, dominación, exhibicionismo&#8230; la joven que trabaja con usted no solo se dejaba llevar, sino que en gran parte era la inductora. Pero todo ello, terminó a raíz de una fiesta en la que se encontró con una antigua compañera de colegio.</p>



<p>―Isabel Pérez― afirmé en vez de preguntar.</p>



<p>―Así es, por aquel entonces, esa veinteañera llevaba teóricamente fugada de su casa unos seis meses. Por ello y según me han insinuado, cuando la señorita Meléndez la vio atada a un potro de tortura en ese festejo sadomasoquista, directamente, pidió a Bañuelos que se enterara quién era el dueño de la cría para que se la cediera esa noche.&nbsp; Mis fuentes afirman que el tal Isidro se echó a reír y que, descolgándola de la cruz, se la hizo entrega para que disfrutara de ella y que su secretaría se la llevó tirando de la melena a un cuarto aparte.</p>



<p>«¡Su puta madre!», pensé viendo que se estaban cumpliendo mis peores pronósticos y por ello, me mantuve callado para que Pedro continuara.</p>



<p>―Por lo que me cuentan, apenas habían pasado unos minutos cuando la que ahora es su secretaria salió de la habitación furiosa y creyendo en que su amante no tenía nada que ver con ello, le advirtió que la joven Isabel era rehén de una organización de trata de blancas.</p>



<p>― ¿Y entonces qué ocurrió? ¿Cómo reaccionó el tipo? ― pregunté.</p>



<p>―Parece ser que no solo se echó a reír, sino que le hizo ver que la gran mayoría de las parejas de cama que habían compartido durante su “noviazgo” también eran víctimas y que, por tanto, más le valía estarse callada si no quería terminar en la cárcel.</p>



<p>― ¿Qué hizo Patricia entonces?</p>



<p>―Por lo visto, no estaba informada de eso cuando se acostó con ellos y al enterarse, salió huyendo de la casa sin mirar atrás. Cosa que por lo visto no se perdona ya que a los pocos días el mismo Isidro, para hacerla callar, le comentó que, a raíz de su reacción, la gente con la que trabajaba le había obligado a matar no solo a Isabel sino a las otras dos secuestradas que estaba presentes en esa fiesta y que por tanto un juez la vería como cómplice de esas muertes.</p>



<p>&nbsp;― ¡Quiero a ese hijo de puta en la cárcel! ― exclamé al ver ratificadas todas y cada una de mis sospechas: ― ¡Cueste lo que cueste!</p>



<p>Fue entonces, cuando revelando su integridad, Pedro contestó:</p>



<p>―Para mí ya no es una cuestión de dinero, es un tema personal. Tengo hijas y no me quiero imaginar lo que deben haber sufrido los padres de estas tres niñas.</p>



<p>―Y los que no son de ellas― repliqué, explicándole por primera vez la ONG que había fundado Patricia y que entre las chavalas que habían liberado, se encontraba la que vivía en mi casa.</p>



<p>Al escuchar que mi secretaria había vendido su empresa y había dedicado el dinero a combatir la esclavitud en todas sus formas, el detective cambió de opinión sobre ella y preguntó si la podía contactar para usarla como fuente de información.</p>



<p>―Por ahora, no. Tiene demasiado reciente lo de su compañera y no creo que sea conveniente― respondí.</p>



<p>Aceptando mi postura, quiso devolverme el anticipo. No solo me negué, sino que aprovechando que tenía el ordenador abierto le trasferí nuevos fondos para cubrir sus gastos, pidiendo únicamente que me tuviera informado.</p>



<p>―Así, lo haré― contestó antes de despedirse y colgar.</p>



<p>Al conocer en todo su alcance el dolor que la morena debía haber sentido al saberse culpable indirecta de esas muertes, la miré y viendo que seguía enfrascada en la rutina, achaqué su acoso a la experiencia que había sufrido y que al igual que mi rusita ella también era una víctima de ese desalmado:</p>



<p>«No es culpa suya. Cuando Joaquín le contó cómo lo traté, vio en mí un hombre del que podía fiarse y que nunca abusaría de ella», me dije apesadumbrado al reconocer en mi interior que yo no era ningún santo.</p>



<p>La información del detective hizo mella en mi cerebro y mi propio comportamiento con Patricia varió sin darme cuenta, olvidando mi resentimiento con ella. Por eso cuando al volver de comer la morena entró a mi despacho para revisar un documento que debíamos enviar a uno de nuestros clientes, me abstuve de hacer ningún comentario hiriente a los que la tenía acostumbrada y me comporté hasta cariñoso cuando valoré positivamente su trabajo. Ese cambio no le pasó desapercibido y quizás temiendo que después de la calma viniese la tormenta, me preguntó qué me pasaba.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_148_aed0.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Siempre me he considerado un jefe justo y cuando veo algo que está bien hecho, lo digo― respondí.</p>



<p>―A ti te ocurre algo― insistió sospechando que esa actitud era parte de un plan.</p>



<p>Sonriendo al ver sus cautelas, decidí aprovecharlas para reírme un poco de ella.</p>



<p>―Aunque estés un poco loca, eres una mujer inteligente. Tu trabajo es excelente y encima estás buenísima. ¿Qué más te puedo pedir? ― le dije mientras rozando su mejilla con mis dedos, le hacía una carantoña.</p>



<p>Esa serie de piropos encadenados junto con la caricia provocaron su enfado y abriendo de nuevo las hostilidades, me preguntó que si la veía tan atractiva entonces porque no quería casarme con ella. Despelotado al sentir su furia, respondí mientras la tomaba de la cintura:</p>



<p>― ¿Quién te ha dicho que no quiero? ¡Preciosa mía!</p>



<p>Incapaz de contenerse, restregó sus pechos contra el mío, mientras dejaba caer si podía considerar eso como un sí.</p>



<p>―Para nada, ya me casé una vez y no veo razón para volver a tropezar con la misma piedra&#8230; a no ser que una negra que conozco, me lo pida de rodillas después de entregarse a mí.</p>



<p>Cuando estaba a punto de mandarme a la mierda, sonó mi móvil y al ser una llamada de Natacha, contesté poniendo el altavoz. Durante unos segundos, solo oímos quejidos para luego y antes de cortarse, escuchar que me pedía ayuda:</p>



<p>―Don Lucas, su muñeca le necesita.</p>



<p>No necesitamos nada más y sin haber hablado entre nosotros, nos vimos saliendo a toda prisa hacia el garaje. Cuando ya iba a coger mi coche, la morena comentó que fuéramos en su vespa, ya que a esa hora había mucho tráfico y tardaríamos menos en moto. Aceptando su sugerencia, me puse el casco que me daba y subiéndome de paquete en el scooter, salimos a toda prisa hacia mi casa.</p>



<p>La preocupación que me embargaba no impidió que me percatara que era la primera vez que la abrazaba y que tenerla entre mis brazos, aunque fuera para no caerme, me resultaba sumamente agradable.</p>



<p>«Va a resultar que esta zorra me gusta», pensé sin exteriorizarlo.</p>



<p>Diez minutos después de dejar la oficina, nos vimos entrando en el piso donde nos encontramos a la rubita tirada en mitad del salón retorciéndose de dolor mientras en la televisión se reproducía una y otra vez el video que había grabado. Supe de inmediato que en mi ausencia se había puesto a verlo mientras se tocaba y por eso lo primero que hice fue apagarla.</p>



<p>― ¿Cómo se te ocurrió masturbarte sin mí? – pregunté mientras la llevaba a la cama sabiendo que ese acto que en una persona normal no tenía consecuencias, en su caso había sacado a la luz una de las prohibiciones que el torturador había dejado impresa en su cerebro.</p>



<p>La mirada asesina que me dirigió Patricia me alertó que lo último que necesitaba esa niña era que se lo recriminara y tumbándose a su lado, intentó calmarla pidiéndole que dejara de sufrir porque sus dueños no estaban cabreados con ella. Sus palabras provocaron el efecto contrario y solo consiguieron intensificar el dolor de la chavala.</p>



<p>― ¡Haz algo! ¡Joder! ― me recriminó la negra viendo que sus intentos no servían de nada.</p>



<p>―Calla y déjame pensar― respondí.</p>



<p>Repasando la conversación de la mañana con Julián acerca de sus traumas, comprendí si se lo había provocado al buscar el placer en soledad, imitando a los bomberos forestales debía combatir el fuego con fuego y por eso ante la indignación de Patricia, me comencé a desnudar.</p>



<p>― ¡Imítame! ¡Coño! ― exigí a mi secretaria sin tiempo de aclararle nada.</p>



<p>Sin ver la razón de mis actos, la morena se quitó el vestido y solo cuando me vio tumbarme al lado de Natacha y ver que la besaba, comenzó a entender. &nbsp;</p>



<p>―Muñeca, deja que te demostremos lo mucho que te queremos― susurré en su oído mientras acariciaba su cuello.</p>



<p>―Eres nuestra niña y te amamos― añadió la que la joven consideraba su ama al tiempo que sacando la lengua se ponía a lamer sus pezones.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;Nuestra ternura la hizo sollozar y hablando por primera vez desde que llegamos, nos pidió perdón por haber intentado gozar ella sola.</p>



<p>―No te tenemos nada que perdonar, fui yo quien te autorizó a hacerlo― mentí mientras me apoderaba de unos de sus pechos actuando en sintonía con la negrita.</p>



<p>Creí reconocer placer en el gemido que dio al sentir nuestras bocas agasajándola y sabiendo que íbamos por el buen camino, me deslicé por ella dejando con mi lengua un húmedo surco sobre su piel. Al llegar a su sexo, lo hallé completamente encharcado. Esa fuente desbordándose me hizo insistir y mientras mi imprevista compañera de cama le decía lo guapa que era, separé los pliegues de su coño dando un primer lametazo sobre su clítoris.</p>



<p>― ¡No me lo merezco! ¡Mi señor! ― reaccionó gritando.</p>



<p>―Por supuesto que te lo mereces, muñeca. Esto y mucho más― respondí mientras sentía que se incrementaba el caudal de flujo que manaba de ella.</p>



<p>El berrido que pegó al sentir mis dientes mordisqueando su botón fue lo que me hizo decidir pedir ayuda a mi secretaria para que la hiciéramos llegar al orgasmo y así hacerle sentir nuestro cariño. Entendiendo al fin mis intenciones, Patricia unió su boca a la mía y juntos continuamos mimando ese tesoro todavía inmaculado. Tal y como había previsto, en cuando notó que ambos nos afanábamos en darle placer, Natacha se vio sacudida por todas las sensaciones que llevaba acumuladas y cediendo a ellas se corrió.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_158_44ca.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Todavía la rusita estaba gozando cuando susurrando en voz baja, mi acosadora con tono tierno me dijo que era un cerdo al haberla mentido. Preguntando porqué, respondió:</p>



<p>―Debes pensar que soy tonta. Nunca te has acostado con ella&#8230; ¡sigue virgen!</p>



<p>La tregua que manteníamos permitió que la reconociera que no me sentía capaz de estrenarla.</p>



<p>― ¿No te gusta nuestra muñeca? ― atónita, preguntó.</p>



<p>―Claro que me gusta. Es una monada, pero sería abusar de ella.</p>



<p>Impresionada, se tomó unos momentos antes de contestar:</p>



<p>―Mi enamorado es tan bueno que a veces parece idiota. Para Natacha eres su ancla y haciéndola mujer, además de ser tu obligación, tampoco la maltratarías sino qué le harías el mejor favor que nadie ha hecho por ella al darle tu amor. Toda su vida ha sido esclava y necesita comprender que, a nuestro lado, eso ya no es así. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;Sus palabras me dejaron pensativo y quizás por eso tardé en reaccionar cuando sin preguntar mi opinión, tomó mi pene ya erecto y lo aproximó al sexo de la rubita.</p>



<p>―Cumple con tu deber y hazla que se sienta amada.</p>



<p>Asustado por la responsabilidad, miré a la chiquilla y descubrí en su rostro, expectación y esperanza. Aun así, preferí cerciorarme y mientras mi glande jugaba con sus pliegues, murmuré:</p>



<p>―Natacha, deseo hacerte mía.</p>



<p>La felicidad con la que recibió mis palabras me dio el coraje de hundir unos centímetros mi pene en ella hasta topar con su himen. A punto de mandarlo al olvido, insistí:</p>



<p>―Si te tomo, dejarás de ser mi sierva y te convertirás en&#8230;</p>



<p>Interrumpiéndome antes de terminar, Patricia me rectificó:</p>



<p>―Cuando mi amado te tome, dejará de ser nuestra sierva y te convertirás en nuestra mujer. ¿Es eso lo que deseas?</p>



<p>―Sí― chilló mientras con un movimiento de caderas, forzaba la entrada de mi miembro en su interior.</p>



<p>El dolor fue algo breve y regalándonos una sonrisa, suspiró:</p>



<p>―Esposo mío, ama a tu muñeca.</p>



<p>Palidecí al oír que Natacha no solo se sentía mía, sino que me consideraba su marido y por eso, a mi lado, Patricia tuvo que insistir:</p>



<p>―Demuéstrale el cariño que sentimos por ella.</p>



<p>Sin saber a qué atenerme, comencé a moverme por instinto sacando y metiendo mi pene lentamente mientras notaba a la morena abrazándome por detrás. La presión de sus pechos en mi espalda me hizo reaccionar y poco a poco, fui incrementando el compás con el que no solo amaba a la rusita sino también a mi acosadora. El brillo ardiente de los ojos de Natacha al ser tomada demolió mis resquemores y convirtiendo el pausado trote del principio en un desenfrenado galope, sellé su entrega con la mía.</p>



<p>― ¡Mi amor! ― gritó la joven al sentir mi glande chocando con la pared de su vagina.</p>



<p>Para entonces la atracción que había acumulado por ella desde que llegó a mi casa se había convertido en pasión y olvidando que era su estreno, martilleé su interior con mi estoque sin advertir los gemidos de Patricia gozando como si fuese ella la receptora.</p>



<p>― ¡Por dios! ― finalmente escuché que gritaba en mi espalda: ― ¡Sigue amándonos!&nbsp;</p>



<p>Asumiendo que así era, la tomé entre mis brazos y mientras mi virilidad campeaba en Natacha, besé a mi acosadora. Contra toda lógica, al sentir mi lengua abriéndose paso en su boca, se corrió derramando su esencia sobre mí y sobre la rubia. Su derrumbe lejos de molestarme, azuzó la lujuria que sentía y mordiendo sus carnosos labios, la informé que al terminar con la chavala sería su turno. Mi amenaza intensificó su gozo y ante mi sorpresa, lejos de negarse rogó que me diese prisa mientras se ponía como loca a masturbarse.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/164/79965803/79965803_235_24f5.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>La visión de ese monumento de mujer presa de la calentura no solo me afectó a mí sino también a la rubia y atrayéndola, le hizo saber que ella también la sentía suya al besarla. La pasión con la que respondió a su beso aceleró el gozo de Natacha llevándola en volandas hacia el orgasmo y pegando un largo gemido, se vio inmersa en el placer. La intensidad de su gozo llamó al mío y sin poderme contener exploté derramando mi simiente en su interior.</p>



<p>Al notar mis detonaciones en su vagina, la cría unió ese primer clímax con otro todavía más potente e imprimiendo un ritmo infernal a sus caderas, buscó ordeñarme por completo. ¡Y lo consiguió! Alucinado comprendí que jamás en mis años de vida había tenido una amante tan ardiente cuando logró que mi virilidad recuperara su entusiasmo y se mantuviera erecta a pesar de haber eyaculado.</p>



<p>―Lucas, es el momento en el que debes tomar a tu otra esposa― sacándosela comentó.</p>



<p>Acercando mi tallo a la negrita, contemplé sus miedos y recordando la importancia que para ella tenía el matrimonio legal, me abstuve de hacerlo. En vez hacerla mía, me tumbé en la cama y señalando mi erección, comenté:</p>



<p>―Hacerte mía, sería violarte. Por lo que lo que ahora pase, será tu decisión.</p>



<p>―Eres un capullo sin alma― replicó Patricia mientras se encaramaba sobre mí.</p>



<p>El deseo de su mirada me hizo suponer que claudicaría, pero defraudando mis expectativas no se empaló y tras colocar mi pene entre sus pliegues sin metérselo, comenzó a restregarse como una loba mientras me decía:</p>



<p>―Hoy has tenido suficiente con estrenar a nuestra muñeca. Cuando finalmente te sientas mío, dímelo y me entregaré de por vida a ti.</p>



<p>Por un instante, fui yo quien estuvo a punto de rendirse y reconocer en voz alta que la deseaba, pero fui tan valiente o tan insensato de permanecer callado sintiendo que su humedad envolviendo mi pene. Mi negativa curiosamente la agradó y revolcándose de placer sobre mí, me informó que cuanto más tardara en reconocer que la amaba mejor:</p>



<p>―Date prisa en pedir que me case contigo, mi amor. Soy una olla a punto de explotar y si no te tengo a ti, será nuestra muñeca la que reciba mi cariño.</p>



<p>La entente entre ambas mujeres quedó de manifiesto cuando riendo la rubita respondió mientras se apoderaba de sus pechos:</p>



<p>―Para mí, ya eres mi esposa. &nbsp;</p>



<p>Como si con ese gesto y sus palabras hubiese dado con una tecla que necesitara que alguien tocara, Patricia corriéndose cayó en una especie de trance en el que solo repetía como un mantra que por fin era de alguien y tenía un hogar.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;«No puede ser», murmuré para mí al reconocer en la negrita los mismos síntomas de la rubia cuando sufría los efectos de uno de los detonantes impresos en su cerebro: «su ex estaba haciendo de ella una esclava y si no llegó a culminar el proceso fue gracias a que huyó». Sin podérselo explicar comprobé aterrorizado como su estado iba empeorando con el paso de los segundos y su placer se iba haciendo hasta doloroso. «Al estar casado ya, ese maldito quería avocarla al suicidio», me dije no sabiendo cómo actuar.</p>



<p>Cuando ya todo su cuerpo era pasto de un sufrimiento atroz, no me quedó otra que hacer de tripas corazón y preguntarle al oído si quería casarse conmigo.</p>



<p>―Sí― chilló derrumbándose sobre la cama.</p>



<p>El colapso de la negrita fue total y por ello, preferí dejarla descansar antes de revelar lo que había descubierto. La necesitaba en forma para que pudiese razonar y no se hundiera de nuevo en la desesperación. Natacha que no era boba se percató de que algo le ocurría y viendo que dormía, me hizo una seña para que la acompañara fuera de la habitación.</p>



<p>Una vez en el salón, preguntó:</p>



<p>―Lo que le ha pasado con Patricia no es normal, ¿verdad?</p>



<p>―No― respondí mientras me servía un copazo que me ayudara a digerir lo sucedido.</p>



<p>― ¿Qué le ocurre? ― insistió.</p>



<p>Tomándome unos segundos para ordenar mis ideas, le pedí que se sentara y pegando un sorbo al whisky, fui detallándole la razón de sus ataques, pero sobre todo los motivos. Así expliqué a la muchacha que su torturador era un ser repugnante que disfrutaba con el dolor ajeno, pero haciendo hincapié que, en su caso al tenerme a mí, ya no tenía nada que temer.</p>



<p>―Lo sé, esposo mío. Tú me has salvado― reconoció con la voz teñida de cariño.</p>



<p>―Patricia también fue víctima de ese hijo de perra, pero con ella usó otra estrategia y le hizo creer que necesitaba un matrimonio para ser feliz.</p>



<p>―Entiendo― musitó preocupada.</p>



<p>―Su intención era llevarla a la desesperación al saber que jamás se casaría con ella.</p>



<p>―Ese no es tu caso, mi amor. Tú sí puedes.</p>



<p>―Lo sé, pequeña ― respondí vaciando la copa&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/164/79965803/79965803_254_308e.jpg" alt="" width="604" height="906"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 5&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 18:17:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[10 Como al día siguiente había quedado con la directora del centro donde cursaría su graduado, se levantó temprano para ocuparse de las labores del hogar antes de ir a su escuela. La cara de preocupación con la que estaba limpiando la casa cuando terminé de ducharme me hizo asumir que quizás debía contratar una muchacha para que así pudiera estudiar. Al comentárselo, la puñetera cría se volvió hacia mí y con lágrimas en los ojos, me preguntó si acaso me había cansado de ella y ya no la quería. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Al contrario, muñeca. Quiero que seas feliz, pero también [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">10</h1>



<p>Como al día siguiente había quedado con la directora del centro donde cursaría su graduado, se levantó temprano para ocuparse de las labores del hogar antes de ir a su escuela. La cara de preocupación con la que estaba limpiando la casa cuando terminé de ducharme me hizo asumir que quizás debía contratar una muchacha para que así pudiera estudiar. Al comentárselo, la puñetera cría se volvió hacia mí y con lágrimas en los ojos, me preguntó si acaso me había cansado de ella y ya no la quería.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Al contrario, muñeca. Quiero que seas feliz, pero también que te formes. Por eso, te aviso que si veo que lo necesitas buscaré a alguien que te ayude.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entendiendo mi razonamiento, dejó de llorar y con renovado optimismo, me soltó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Seguro que, si se lo dice a su Patricia, ésta le encontrará una nena más a la que educar y amar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que me heló la posibilidad de nutrir con otra desgraciada mi harén y rechazando de plano esa idea, la urgí a vestirse para no llegar tarde mientras meditaba sobre su ausencia de celos y que no viera como algo dañino el compartir la vida con otras mujeres. Ya en el coche, ese pensamiento seguía rondándome la cabeza y en un semáforo, directamente le hice saber que no iba a aceptar a nadie que no fuera ella en mi cama.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encantada con mis palabras, me besó llamándome embustero:</p>



<p>― Sé que soy su muñeca, pero también que doña Patricia la mujer con la que sueña.</p>



<p>No deseando revelar que esa arpía no era mi novia sino mi acosadora, me quedé callado y aparqué para acudir con ella a ver a nuestra cita. La tal Helena, una cincuentona bastante horonda, nos estaba esperando y por ello, sin mayor dilación pasamos a su despacho. Desde el principio, la señora me informó que sabía de lo especial que era su nueva alumna cuando sin empacho alguno comentó que llevaba un par de años colaborando con la ONG que la había liberado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_084_5cf8.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>No necesitado de aclarar ese extremo, expliqué a la educadora los dones de la rusita haciendo hincapié en que quería que los desarrollara a la vez que recibía el resto de las materias.</p>



<p>―No se preocupe, don Lucas. Así lo haremos― contestó levantándose y tomando a la rubia de la mano, le ordenó que la siguiera.</p>



<p>El tono duro, pero cariñoso con el que se dirigió a ella me confirmó que esa mujer estaba aleccionada sobre cómo tratarla y despidiéndome de las dos, quedé en que la recogería antes de ir a comer.</p>



<p>―No hace falta que venga por mí para llevarme a casa, tengo llaves― dijo la chavala mientras me decía adiós: ―Nos vemos en la noche.</p>



<p>Sabiendo que estaba en buenas manos, tomé el coche y fui a la oficina. Al llegar al garaje, Patricia estaba quitándose el casco y queriendo conversar conmigo antes de entrar, me esperó. Su mirada fija en mi trasero mientras cerraba el bmw, me indignó y decidí que a la primera oportunidad le haría ver que nuestra relación de poder había cambiado. Cuando la puerta del ascensor se abrió y había otros dos tipos en él, vi que había llegado el momento y colocándome detrás de ella, disimulando comencé a acariciar sus nalgas. La ira de sus ojos al sentirse manoseada en público me hizo reír y sin ceder un ápice en el acoso, buceé con la mano entre sus muslos. Incapaz de abroncarme sin montar un espectáculo, no le quedó otra que aguantar los escasos segundos del trayecto y echa una furia salió huyendo cuando llegamos a la planta donde íbamos.</p>



<p>Tal y como había previsto, entró en mi despacho tras de mí y dejando salir su cabreo, me echó en cara mi comportamiento. Lo que nunca se esperó fue que, con una tranquilidad inesperada, preguntara por mi café:</p>



<p>―Me gusta con dos de azúcar y una nube de leche.</p>



<p>Su cara palideció al darse cuenta del nulo efecto de sus protestas y tragándose su orgullo, se giró y fue a servírmelo. El tamaño de sus pezones al volver con él me hizo comprender que esa negra estaba planeando un contrataque y antes de que pudiese el planteárselo, incrementé el acoso preguntándola que tipo de bragas se había puesto esa mañana. Juro que me había planteado que incluso me abofeteara, pero lo que jamás sospeché fue que se las quitara y me las lanzara a la cara.</p>



<p>―Si tanto te interesa mi ropa interior, tómala― gritó creyendo que me iba a acobardar.</p>



<p>Pero para su desgracia, no fue así y cogiéndolas entre mis dedos, la llevé a mi nariz mientras muerto de risa le decía que olían a puta. Su rabia alcanzó nuevas cotas cuando doblándolas, las coloqué a modo de pañuelo en el bolsillo de mi chaquete y como si nada hubiese pasado, preguntara por mi correo. Retornando a su mesa, lo cogió y volviendo a mi lado, me hizo saber que no iba a ser presa fácil cuando pasando las cartas por su entrepierna, me las entregó.</p>



<p>―En cinco minutos, viene mi hermano a discutir con usted los fondos que se necesitarán para cumplir con el Santander― rugió antes de desaparecer y ponerse a teclear furiosa en su ordenador.</p>



<p>Supe que lo que había escrito cuando recibí un corto pero elocuente mensaje:</p>



<p>“Has ganado esta batalla, pero yo venceré la guerra. 1―0”.</p>



<p>Mi carcajada resonó en la oficina mientras Joaquín entraba dispuesto a estudiar conmigo los aspectos financieros del contrato con la entidad bancaria, pero antes de comenzar me preguntó si sabía qué coño le pasaba a Patricia.</p>



<p>―Debe estar en sus días― respondí lo suficientemente alto para que la aludida me escuchara.</p>



<p>A través del cristal, comprobé que así había sido y olvidándome de ella, me sumergí con mi asistente en el asunto que le había hecho venir a mi despacho. Durante media hora, su falta de reacción me hizo erróneamente asumir que había una tregua entre nosotros, pero cuando requerimos su presencia para que nos explicara un detalle del acuerdo que no alcanzábamos a entender, caí en que solo era un paréntesis en el combate.</p>



<p>«No me lo puedo creer», pensé horrorizado al ver que, aprovechando que su hermano no podía ver lo que hacía, al sentarse se levantó la falda luciendo ante mí su poblado sexo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si de por sí eso me pareció fuera de lugar, qué decir cuando en mitad de su explicación llevó una mano a su entrepierna y comenzó a pajearse mirándome a los ojos.</p>



<p>«Esto sí que no me lo esperaba», reconocí mientras una pertinaz erección crecía bajo mi pantalón.</p>



<p>Consciente del tamaño que había adquirido mi atributo, la hija de satanás esperó a terminar la aclaración para con los dedos impregnados de flujo y diciendo que tenía una miga en la boca, dejarme probar por primera vez a que sabía su esencia.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_117_a7d7.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«¡Será puta!», exclamé para mí con su sabor recorriendo mis papilas mientras se levantaba y se iba.</p>



<p>&nbsp; Afortunadamente Joaquín no se percató del comportamiento de su hermana y centrándose en los números, siguió planificando cuanto debíamos invertir para llevar a buen puerto el contrato. No pudiendo revelar mi excitación esperé a que finalmente saliera de mi despacho para meterme en el baño y usando la braga que me había lanzado, masturbarme.</p>



<p>Al acabar y liberar la tensión, tuve especial cuidado en recoger mi semen con ella y llegando hasta mi secretaria, puse la mojada prenda en sus manos mientras decía:</p>



<p>―Te devuelvo las bragas con regalo incluido.</p>



<p>Nuevamente ese engendro de piel oscura me sorprendió porque en vez de montar un pollo, sonrió y ante mi consternación, sacando la lengua comenzó a dar cuenta de mi semilla en plan goloso.</p>



<p>―Qué razón tenía Altagracia cuando me contó lo rico que estaba mi jefe― sin rastro de vergüenza, replicó avivando tanto mis ganas de matarla y como de poseerla.</p>



<p>Humillado al saber que ella había salido victoriosa de ese segundo rifirrafe, volví a mi despacho con solo una idea en mi mente: ¡el devolvérsela con creces! Por ello busqué el modo de vengarme, pero el día a día de la empresa me lo impidió y a la hora de comer, no había conseguido un plan de contraataque. Lo malo es que ella si lo tenía y mientras se despedía hasta la tarde, se ocupó de dejar claras sus intenciones al decirme que había quedado con un cura para reservar iglesia.</p>



<p>― ¿Quién ha muerto? – pregunté tiñendo de hipocresía la voz.</p>



<p>―Por ahora nadie, pero el día que nos casemos seré yo quien te mate a polvos― respondió desternillada mientras se iba.</p>



<p>Juro que estuve a punto de seguirla y empotrarla contra una mesa sin importarme la presencia del resto de empleados, pero la poca prudencia que me quedaba me hizo mantenerme en el sillón y observar únicamente cómo esa zorra se iba meneando el trasero con la certeza de lo mucho que nuestra rivalidad le haría disfrutar en el futuro.</p>



<p>Cabreado hasta decir basta, dejé la empresa y me fui a dar un paseo, esperando que el aire de ese mediodía me diese la inspiración que me faltaba. Increíblemente así fue y sin darme cuenta de hacía donde me dirigían los pasos, me encontré frente a un sex shop y entrando en él, decidí hacer a mi secretaria un regalo que le dejase clara mi negativa a compartir la vida con ella. Por ello, entre el extenso surtido de aparatos, compré un pequeño estimulador de clítoris cuya estructura me llamó la atención al llevar unas cintas con las que adosarlo al coño sin que se moviera mientras la usuaria caminara.</p>



<p>―Es lo último que nos ha llegado, se llama “mariposa clitoriana” y es una especie de satisfayer que sin duda hará las delicias de su pareja― comentó la dependienta alabando mi elección.</p>



<p>&nbsp;Con ese regalo impropio de un jefe, me fui a comer deseando ver la cara de mi secretaria cuando se lo hiciera entrega.</p>



<p>«Se va a coger un mosqueo de época», reí entre dientes mientras pedía el menú del restaurante al que había llegado.</p>



<p>Una hora y tres cuartos después, llegué a la oficina y depositándolo en sus manos, le comenté que si tan urgida estaba de caricias debía de usarlo y olvidarse de mí. Tal y como había previsto, se enfadó al abrir el presente y lanzándome una cuchillada con la mirada, contestó que lo aceptaba mientras me decidía a pedir su mano.</p>



<p>―Se te gastarán las pilas antes de que eso ocurra― respondí mientras me iba al despacho.</p>



<p>Desde mi asiento la vi leer las instrucciones del artilugio para a continuación levantarse y con él, irse al baño. Descojonado al saber que iba a colocárselo, pensé que mi secretaria estaba más necesitada de lo que pensaba e ilusamente, me olvidé tanto de ella como de la mariposa hasta que, retornando, puso sobre mi mesa el mando del aparato.</p>



<p>―Ya que eres tan cerdo de obligarme a llevarlo, serás tú quien decida cómo y cuándo ponerlo en funcionamiento.</p>



<p>Tras lo cual y sin mirar atrás, se fue a su mesa dejándome barruntando si realmente estaba tan decidida a hacerme suyo que se lo había puesto o todo era una farsa.</p>



<p>«Está jugando conmigo y teniéndolo en el cajón, espera que sea tan bobo de encenderlo», me dije asumiendo que si lo ponía en acción lo único que despertaría serían sus carcajadas.</p>



<p>Durante treinta minutos la duda revoloteó en mi mente y solo cuando la vi ordenando unos papeles a tres metros de su mesa, me atreví a probar pensando en rápidamente apagarlo si no reaccionaba. Para mi sorpresa, los dosieres que llevaba en las manos se le cayeron al sentir la acción del vibrador entre sus piernas y sin recogerlos, se acercó a mi puerta.</p>



<p>―No me puedo creer que hayas sido tan pervertirlo de ponerlo en funcionamiento― rugió furibunda.</p>



<p>―Ni yo que hayas sido tan zorra de ponértelo― contesté elevando la intensidad del mismo: ―Si tanto te molesta, quítatelo.</p>



<p>Confieso que creí que eso haría cuando la vi retirarse, pero por enésima vez me dejó con la boca abierta cuando tras recoger del suelo el estropicio, volvió a su silla y mirando hacia mí, me retó. Pienso que, en su fuero interno, asumió que desistiría, pero el morbo de tenerla en mis manos y las ganas que tenía de vengarme de ella, me hicieron jugar subiendo y bajando la vibración del chisme que llevaba adosado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_137_97ac.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Comprendiendo al fin que no lo haría, tomó la decisión de no dejarse intimidar y girando su silla, levantó su falda y separó las rodillas, para que desde mi lugar contemplara el efecto de la mariposa entre sus piernas.</p>



<p>«Si piensa que voy a ceder, va lista», dije para mí convencido de que esa manipuladora no resistiría el embate y que terminaría yéndose al baño a quitárselo.</p>



<p>Sin perder detalle alguno, observé que poco a poco la calentura iba haciendo mella en ella y nuevamente pensé que no tardaría en claudicar, pero lo último que imaginé fue que su claudicación consistiera en el silencioso orgasmo con el que me premió desde su mesa.</p>



<p>«No me puedo creer que esté disfrutando», sentencié al percatarme que no parecía rechazar el gozo impuesto.</p>



<p>Asustado por el alcance de mis actos, apagué el aparato mientras pensaba incluso en pedirle perdón, pero entonces escuché un mensaje en mi teléfono. Al ver que era de ella, lo leí:</p>



<p>“Gracias, mi amor. Me ha encantado sentirme observada mientras me corría. Mañana volveré a traer puesto tu regalo”.</p>



<p>Recordando su árbol genealógico al completo, tomé el maletín y salí huyendo de la oficina mientras sus risas sonaban a mi espalda.&nbsp; Con un cabreo de narices, salí rechinando rueda rumbo a casa al saber que el marcador de ese día mostraba un empate, aunque de haber sido justo hubiese reconocido que corría a su favor.</p>



<p>Por ello quizás durante el trayecto como loco pensé en como contrarrestar su ventaja, pero sobretodo como anticipar sus siguientes pasos, ya que tenía claro que esa diosa de ébano no cejaría hasta tenerme babeando a sus pies. En el piso, hallé a Natacha pintando en su taller. No queriendo perturbar su concentración, sin avisar de mi llegada, me puse una copa y salí a la terraza en un intento de que las vistas de mi Madrid natal, consiguieran amortiguar mi enfado. Desgraciadamente, éste se incrementó cuando observé a Patricia estacionando su vespa sobre la acera y con la furia corroyendo mi interior, fui a enfrentarme con ella. Mi intención fue poner un hasta aquí y prohibirle la entrada, pero esa arpía de pelo rizado, poniendo su casco en mis manos, me informó que no era a mí a quien venía a ver, sino a la rusa y que ésta le había pedido servirle de modelo en un cuadro que estaba pintando.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cediendo el paso, la dejé entrar y absorto en su trasero, la vi meneándolo de camino al cuarto donde la chavala la esperaba. Al saludarla, la rubia se dio cuenta de mi llegada y corrió a mis brazos buscando mis besos. Tras lo cual, me rogó que no le tomara en cuenta que nuevamente se le había pasado la hora y no me había hecho nada de cenar.</p>



<p>―No te preocupes, muñeca. Atiende a tu invitada mientras llamo a que nos traigan algo― respondí enternecido por su preocupación.</p>



<p>Agradeciendo mi comprensión, Natacha tomó de la mano a la que en teoría era también su dueña e ilusionada le mostró lo que llevaba pintado. Patricia al contemplar en la pintura los cuernos y el rabo me miró riendo y alabando la calidad de las pinceladas, solo preguntó dónde y cómo debía de modelar.</p>



<p>―He preparado sobre mi cama una reproducción del lecho en el que Goya pintó a su maja― respondió mostrando los dos almohadones blancos donde debería reposar una vez se quitara la ropa.</p>



<p>La zorra de rasgos africanos no esperó a que me marchara y dejando caer su vestido, lució sus bellas formas mientras con toda la mala leche del mundo me preguntaba si quería quedarme observando.</p>



<p>―Si quiero ver tu coño, pediré que me lo muestres mañana en la oficina― rugí dejándolas solas.</p>



<p>Mi indignación se acrecentó todavía más cuando desde el salón escuché sus risas al contarle la ingenua criatura como su amo le había resuelto las dudas a la hora de plasmar su dulzura y la arpía sin cortarse un pelo, respondió que esa tarde venía excitada.</p>



<p>―Mi Lucas me ha hecho correrme dos veces en su despacho― añadió mientras tomaba postura sobre la cama.</p>



<p>No deseando dejar que ese par siguiera mortificándome llamé a un chino y tras encargar cena para ellas dos, desaparecí de casa jurando que no volvería hasta que esa guarra se hubiese ido. Sin otro sitio al que ir, me dirigí al tugurio donde Altagracia trabajaba y así fue como me enteré que, gracias a un benefactor, la cubana había dejado el oficio y había vuelto a la habana.</p>



<p>―Cuando se despidió, me dijo que había sido usted, pero veo que me engañó― comentó la madame un tanto enfadada por si se había ido con la competencia.</p>



<p>Sabiendo que la causante había sido mi secretaria, me abstuve de alquilar los favores de otra meretriz y con la rabia a flor de piel, me fui a cenar yo solo jurando venganza.</p>



<p>«¿Quién coño se cree para meterse así en mis asuntos?», gruñí mientras decidía seguir indagando en su pasado con la intención de hallar algo con qué atacarla.</p>



<p>Por ello y mientras el camarero abría el “ribera del Duero” que había pedido, busqué en mi móvil información sobre el bancario con el que supuestamente había tenido el romance y ante mi consternación descubrí que ese mismo lunes había sido echado de su trabajo. Pero, al leer que las malas lengua decían que su cese fue propiciado por una llamada de un directivo del Santander al presidente de su entidad, fue cuando caí en que a buen seguro Patricia había tenido algo que ver en ello.</p>



<p>«Ha aprovechado nuestro trato para informar a alguien del banco sobre su posible responsabilidad en una trata de blancas», me dije en absoluto molesto sino todo lo contario, ya que sospechaba que ese capullo había colaborado al menos con la organización culpable del maltrato de Natacha. «Se lo tiene merecido», me dije mientras como un sabueso persiguiendo una presa, buceaba en la red en busca de más datos de ese hombre.</p>



<p>Mis sospechas se hicieron realidad cuando en varias páginas apareció inaugurando exposiciones de arte e incluso firmando como crítico un reportaje sobre un nuevo valor de las artes plásticas que prefería mantenerse en el anonimato, pero en cuyos cuadros descubrí la mano de mi muñeca.</p>



<p>«Encima de explotarla como persona, ¡se beneficiaba de su pintura!», exclamé viendo los precios a los que se había vendido su obra.</p>



<p>&nbsp; Haciendo a ese hombre objeto de mis iras, me olvidé de la morena y tomándomelo como algo personal, concluí que me costara el tiempo y el dinero que fuera le haría pagar por sus crímenes.</p>



<p>«Ese cabrón no sabe el enemigo que se ha buscado», señalé fuera de mí anotando con sangre su nombre en mi memoria: ― ¡Isidro Bañuelos voy a por ti!</p>



<p>Con un propósito del que ocuparme, me importó una mierda la hora que era y cogiendo el teléfono llamé a un conocido dueño de una agencia de detectives y citándolo en media hora en su oficina, pagué la cuenta y me marché sin haber probado bocado alguno. Ya con él y tras tener que aguantar sus quejas por la premura con la que le había citado, le expuse todo lo que sabía de ese pervertido y guardando solo para mí la existencia de Natacha, le insinué que lo quería entre rejas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_147_90e6.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Te va a salir caro, los que tratan con vidas humanas son gente peligrosa― respondió pidiendo una suma que no me pareció excesiva por sus servicios.</p>



<p>―Pedro, solo te pido que pongas todo tu empeño en esto. Según todos los indicios que poseo, ese hijo de perra es al menos responsable de tres muchachas muertas cuyos padres también sabrán recompensarte si demuestras su autoría― añadí dejando caer que las encontradas en una de sus naves pertenecían a lo más alto de la sociedad madrileña.</p>



<p>Con ese plus en sus alforjas, el investigador prometió que me tendría al tanto de lo que encontrara y cerrando la agencia tras de mí, se despidió avisándome que si tal y como sospechaba alguien de mi entorno había sido víctima de ese depredador debería tener cuidado:</p>



<p>―Esos tipos nunca dejan que se les escape una presa.</p>



<p>Con ello en mente, volví a casa donde me llevé la sorpresa de encontrarme a mi secretaria durmiendo abrazada a la rusa sobre mi cama. De no haber sabido la clase de hombre que era su ex, quizás la hubiese echado con malos modos, pero conociéndolo la tapé y me fui a cenar a la cocina&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">11</h1>



<p>Seguía durmiendo en el sofá del salón, cuando los ruidos de unas risas me alertaron de la hora que era y siguiendo el sonido por la casa, llegué al baño donde Patricia y Natacha disfrutaban tirándose agua la una a la otra. Al verme entrar ambas se quedaron calladas, pero en especial mi secretaría, la cual un tanto avergonzada intentó tapar sus pechos con las manos. El contraste de sus pieles dotó a la imagen de una sensualidad que pocas veces había contemplado y cediendo al dictado de mis hormonas, acerqué la silla y cogiendo una esponja, me puse a enjabonarla ante su completa turbación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Siento que no pudieses dormir en tu cama, se nos hizo tarde― ruborizada comentó sin saber a qué venía el cambio que había experimentado al ver que la mimaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tranquila, con ver lo bella que eres me doy por pagado― murmuré mientras recorría sus senos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡No me toques! ¡No puedes hacerlo! ¡Soy tu secretaria! ― espantada por lo que sentía, ilusamente protestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin negarlo, obvié sus quejas y mientras con dulzura preguntaba a la rusa si también ella la encontraba preciosa, jugueteé con mis yemas en sus pezones. La endiablada y rubia criatura sintió que su amo le estaba dando cancha y mientras se metía una de las areolas de mi asistente en la boca, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Su Patricia es mi Diosa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ataque coordinado de los dos hizo brotar un gemido de la mujer y levantándose intentó huir, pero su intento empeoró las cosas al poner involuntariamente su sexo al alcance de mi lengua y no dejando pasar la oportunidad, le pegué un largo lametazo y así probé por segunda vez su esencia, pero en esta ocasión directamente de la fuente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por favor, no sigas― rogó al comprobar que no contento con ese primer acercamiento, hundía la lengua entre sus pliegues y me apoderaba de su botón.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que el sabor agridulce de su coño había hecho desaparecer de mi mente lo demás y que mis neuronas solo podían pensar en seguir comiendo ese manjar. Nueva y brevemente intentó que parase, pero entonces la boca de nuestra muñeca cerró sus labios besándola y con ello, dejándola a mi merced. Sin nuevas protestas, su coño quedó a mi entera disposición e impulsado por mi propia lujuria, mordisqueé su botón mientras la morena sentía que perdía el equilibrio. Solo las asas que ella misma había colocado en ese baño, impidieron que resbalara, pero haciéndola adoptar una postura que favorecía mi ataque.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Antes de que me tomes, tienes y deber pedirme algo― rugió sintiendo la cercanía del orgasmo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabiendo que se refería al matrimonio, hice oídos sordos y levantándome, deje caer el pantalón del pijama, mostrando mi pene totalmente erecto.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Por favor te lo pido, no me violes― sollozó al notar mi glande restregándose entre sus pliegues.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De haber querido, hubiese traspasado su entrada, pero haciéndola sufrir permanecí jugando con los labios de su sexo sin penetrarla hasta que sus gritos me avisaron del placer que la corroía. Entonces y solo entonces, separándome de ella, mordí su boca y recreándome en el poder que sentía sobre ella, comenté en su oído:</p>



<p>―No soy un violador&#8230; si algún día te decides a ser mía, deberás llegar y pedirlo sin esperar nada a cambio.</p>



<p>Tras lo cual, dejándola en la bañera, tomé a Natacha en volandas y sacándola del baño, la informé que se fuera a vestir porque iba a llegar tarde a clase.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/41/61991414/61991414_161_56b1.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Mi señor, ¿por qué no quiso amar a su Patricia? ― comentó intrigada la chavalilla al escuchar los lloros de la negrita.</p>



<p>―Cariño, esa zorrita también debe aprender a andar antes de correr― respondí mientras me secaba.</p>



<p>Como esa explicación le era conocida, sonriendo, se fue a preparar para otro día en el centro de formación. Para entonces, mi secretaria había recuperado algo de cordura y recogiendo su ropa del suelo, me miró diciendo:</p>



<p>―Eres un maldito. Hoy el marcador va uno cero.</p>



<p>Tras lo cual se fue a vestir a otro lado con mi cachondeo resonando a sus espaldas. La certeza de que esa jornada me depararía al menos otros dos encontronazos con mi acosadora si quería darle la vuelta al contador, me divirtió y anudando la corbata alrededor del cuello, fui a desayunar de inmejorable humor.</p>



<p>Aunque salimos a la vez de casa, al tener que ir a dejar a Natacha y la mejor movilidad de su vespa en el tráfico madrileño, Patricia me estaba esperando al llegar a mi despacho. Dando por finalizada la tregua y sin recato alguno, se quitó las bragas que le había prestado la rusa y poniéndolas en mi mano, se levantó la falda para que viera que llevaba puesto mi regalo del día anterior.</p>



<p>―Yo he cumplido, por lo que debes ir al baño, masturbarte con ellas y devolvérmelas― con la seguridad de que estaba en su derecho exigirlo, me soltó.</p>



<p>&nbsp;Confieso que, aun siendo algo aberrante, su reclamación me hizo gracia y siguiendo el juego, puse en funcionamiento el aparato adosado a su sexo. La sonrisa de mi acosadora mientras se sentaba a repasar la agenda me informó que no iba a cejar en su empeño y que no se marcharía de ahí hasta recibir esa prenda llena de semen. Decidido a no dejarme intimidar por esa mujer, se me ocurrió insinuar si no deseaba recogerla ella misma, aduciendo que era una pena manchar algo que apenas tenía un par de puestas. Si en algún momento pensé que se sentiría coartada, me equivoqué ya que, no dudó en preguntar cómo deseaba el pervertido de su jefe que lo pajeara, si con la mano o con la boca. El tamaño de sus pezones me alertó de que iba en serio y deseando demostrarla que estaba jugando con fuego, respondí que con la boca.</p>



<p>Como tantas veces antes, esa loca no se lo pensó y empujando mi silla hacia atrás, se metió bajo la mesa para a continuación bajar mi bragueta liberando mi pene. Al tomarlo entre sus manos todavía morcillón, se rio de mi pobre desempeño:</p>



<p>―En el baño y mientras intentabas abusar de mí, parecía más grande― comentó mientras le regalaba un primer lametazo.</p>



<p>&nbsp;No sabiendo con sinceridad si cabrearme, reírme o dejarme llevar, resolví eso último, pero incrementando el morbo. Por eso mientras acercaba mi silla dejándola aprisionada bajo el despacho, tomé el teléfono y llamé a su hermano. Patricia al oírlo quiso salir de su encierro, pero se lo impedí cerrando cualquier salida y por eso cuando escuchó que Joaquín llegaba a la oficina, dejó de debatirse. Reconozco que me la puso dura tenerla a mis pies con su pariente enfrente y por eso elevé la presión sobre ella aún más poniendo el vibrador a toda potencia.</p>



<p>Obviando el pellizco que me pegó en el muslo, pedí al financiero que me aclarara unos datos que me había mandado mientras me relajaba en el asiento:</p>



<p>―Empieza, no tenemos todo el día― comenté mirando al rubiales, aunque la destinataria de la orden era otra.&nbsp;</p>



<p>Contra toda lógica, noté unos labios exageradamente mimosos apoderándose de mi sexo mientras mi segundo desgranaba el contenido del mail por el que le preguntaba.&nbsp; Premiando en cierta forma, la diligencia de mi empleada maniobré el artilugio subiendo y bajando la intensidad de su vibración, sin dejar de escuchar la explicación de Joaquín.</p>



<p>―Siempre es un placer comprobar lo bien que haces todo― dejé caer a ambos.</p>



<p>Curiosamente, la que se sintió más alagada fue la morena y quizás por ello acompañó a la amorosa acogida de sus labios con un singular masaje a mis huevos mientras su hermano agradecía que reconociera su labor. Lo que nunca preví fue que involuntariamente el rubiales añadiera picante al momento, preguntando por ella.</p>



<p>―Tengo entendido que tiene un asunto importante en sus manos― contesté disculpando su ausencia.</p>



<p>―Tienes que atarla en corto, es imprevisible cuando la dejas suelta― añadió: ―Una semana sola y se inventó lo del Santander.</p>



<p>Sentí la indignación de la aludida bajo la mesa, al extraerse brevemente mi tallo de la boca y por ello haciendo como si me acomodaba las partes en un movimiento tan típicamente masculino, cogiéndola de la melena se la volví a meter hasta el fondo de la garganta.</p>



<p>―En eso te doy la razón, pero creo que en este caso pienso que lo que está haciendo es de suma importancia y solo espero que sepa culminarlo― desternillado de risa, respondí al tiempo que volvía a incrementar la presión sobre ella jugando con la intensidad. Esas supuestas dudas sobre su capacidad desaparecieron al sentir que aceleraba sus maniobras metiendo y sacando mi falo con una maestría pocas veces experimentada. Por todo ello, no pude más que alegrarme cuando preguntando si deseaba algo más, el financiero desapareció hacia su despacho.</p>



<p>Patricia, que hasta entonces había permanecido muda, aprovechó para insultarme, pero no por ello dejó de mamar y ya sin un testigo que le pudiese descubrir comenzó a gemir mientras se lanzaba desbocada por su premio.</p>



<p>―Joder, niña. ¡Quién lo diría! ¡Eres una máquina! ― exclamé previendo la cercanía del orgasmo.</p>



<p>―Todavía soy mejor en la cama― susurró satisfecha con el halago segundos antes de que mi pene explotara.</p>



<p>Cuando lo hizo, la morena no permitió que se malgastara ni una gota y en plan obsesa, incrementó mi placer cerrando sus labios alrededor de mi glande. Su voracidad devorando mi blanco presente y los sollozos de gozo que me regaló con cada impacto en su paladar no solo me dejaron seco, sino que me hicieron asumir lo mucho que me gustaba esa mujer y lo cerca que estaba de cometer el error de considerarla algo más que mi secretaria. Afortunadamente para mí y desgraciadamente para ella, al terminar de ordeñarme fue ella la que falló al salir sonriendo y decir que, para ser de un blanco, mi leche no estaba del todo mal.</p>



<p>Aun sabiendo que lo decía para molestar, me jodió y por ello, contrataqué sacando un billete y metiéndolo en su escote:</p>



<p>―Como me escuchaste decir, sé reconocer un trabajo bien hecho. Si quieres otros cincuenta euros, te espero después de comer.</p>



<p>La furia con la que me lanzó el dinero de vuelta me hizo reír y humillándola más comenté:</p>



<p>―El marcador va dos a cero.</p>



<p>Indignada y con ganas de vengarse, salió del despacho dando un portazo, pero justo entonces, volviendo a entrar, tomó de vuelta el billete diciendo:</p>



<p>―Dos a dos&#8230; no solo he conseguido que me dieras tu semen, sino que encima me he corrido y me llevo cincuenta euros.</p>



<p>Con ese empate técnico, terminó la mañana&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/41/61991414/61991414_204_2d8a.jpg" alt="" width="715" height="476"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 4&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 18:08:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[7 Con el recuerdo de lo sucedido, me desperté el domingo teniendo todavía entre mis brazos a la chavala. La expresión tranquila de su rostro descansando no evitó que me sintiera mal al saber que su felicidad era producto del maltrato que había recibido desde niña. Y no queriendo que perturbar su descanso, me quedé observándola en silencio. Su belleza eslava y las reacciones que provocaba en mí fueron un siniestro recordatorio de la responsabilidad que la zorra de mi secretaria había puesto sobre mis hombros. Y mientras acariciaba su cuerpo con la mirada, instintivamente mis ojos se dirigieron hacia [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">7</h1>



<p>Con el recuerdo de lo sucedido, me desperté el domingo teniendo todavía entre mis brazos a la chavala. La expresión tranquila de su rostro descansando no evitó que me sintiera mal al saber que su felicidad era producto del maltrato que había recibido desde niña. Y no queriendo que perturbar su descanso, me quedé observándola en silencio. Su belleza eslava y las reacciones que provocaba en mí fueron un siniestro recordatorio de la responsabilidad que la zorra de mi secretaria había puesto sobre mis hombros. Y mientras acariciaba su cuerpo con la mirada, instintivamente mis ojos se dirigieron hacia su sexo. La ausencia de vello me permitió recorrer sus pliegues mientras me preguntaba si en su interior seguía teniendo esa telilla que confirmara su virginidad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin ser algo perentorio que necesitara saber, una insana curiosidad me nubló la razón y comportándome como un bellaco, me agaché y acerqué mi cara entre sus piernas. El olor que desprendían esos labios fueron una llamada que no supe contrarrestar y antes de darme cuenta, con la lengua recogí un poco de la humedad que los envolvían.</p>



<p>«¡Qué estás haciendo!», horrorizado pensé y con el agridulce sabor de la rusita impregnando mis papilas, hui al baño.</p>



<p>La angustia de haber abusado de ella no evitó que entre mis piernas creciera mi apetito y queriendo apaciguarlo, decidí llenar el jacuzzi con la esperanza de que un baño me bajara la erección. Ya con el agua a su nivel, cerré el grifo y me estaba desnudando cuando la chiquilla apareció por la puerta.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_003_e598.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Lo he preparado para ti― mentí al comprobar en su rostro que Natacha sufría al sentirse ignorada.</p>



<p>― ¿Para mí? ― preguntó incrédula pero feliz.</p>



<p>Riendo, la tomé entre mis brazos y a pesar de sus protestas, la metí en la bañera y comencé a bañarla, pensando quizás que con ello podría disolver alguno de sus miedos. Lo que no esperaba es que al sentir la esponja recorriendo su cuello, la rusita se echara a llorar.</p>



<p>― ¿Qué te ocurre? ― pregunté alucinado con sus sollozos.</p>



<p>―No merezco sus mimos― susurró.</p>



<p>―Por supuesto, que te mereces esto y mucho más― añadí llenando de espuma su cara: ―Eres la dulce muñequita que un día llegó a mi vida para que la cuidara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rubia recibió mi tierna reprimenda con ilusión y regalándome una de sus habituales sonrisas, me rogó que le hiciera compañía dentro del agua. No pudiéndome negar a su deseo, metí un pie en la bañera sin prever que en plan juguetón esa endiablada criatura tirara de mí haciéndome caer sobre ella y menos que en vez de quejarse de mi peso, con inusitada picardía comenzara a restregarse contra mi pene, riendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Quiero que mi maestro me haga repasar cómo se anda para que luego pueda explicárselo a su Patricia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa extraña fijación con mi secretaria levantó mis alarmas y mientras Natacha subiéndose encima de mí comenzaba a rememorar las lecciones que había aprendido, quise que me contara porque le urgía compartir sus experiencias con la negrita.</p>



<p>―Ella insistió en que la mantuviera al tanto de mis progresos― con ilusión contestó incrementando mi turbación al posar sus juveniles senos en mi pecho.</p>



<p>No queriendo revelar mi disgusto, llevé las manos a sus nalgas y presionándolas, marqué el ritmo de sus movimientos mientras insistía en que me contara si esa maldita le había explicado el porqué de su interés.</p>



<p>―Según ella, debo confesarle todo lo que siento cuando su Lucas me mima, para asegurarse de que soy feliz― suspiró al sentir mi boca acercándose a su pecho.</p>



<p>A pesar de ser consciente de la vileza de la treta que estaba usando para sonsacarle información, eso no fue óbice para que lamiendo su rosada areola siguiera interrogándola:</p>



<p>― ¿Qué crees que diga cuando le cuentes que esta mañana he mordisqueado&nbsp;&nbsp;&nbsp; tus pechos?</p>



<p>El berrido que brotó de su garganta al notar mis dientes torturando con ternura su pezón fue música celestial a mis oídos y por ello no dejé de mordérselo mientras la oía contestar.</p>



<p>―Sé que sentirá envidia de su muñeca y que hubiese deseado estar en mi lugar.</p>



<p>― ¿Te lo ha dicho o lo supones? ― no dando tregua a la inexperta muchacha, pregunté.</p>



<p>El completo colapso de Natacha fue algo que no contaba y por eso no pude insistir cuando de pronto desde la primera hasta la última de sus neuronas entraron en ebullición y ante mis ojos se derrumbó presa de un orgasmo aún más brutal que el de la noche anterior.</p>



<p>«Por Dios, ¡qué narices estoy haciendo!», exclamé para mí al verla babear con la mandíbula desencajada por el placer y sintiéndome a la altura de su torturador, decidí tomarla entre mis brazos y llevarla de vuelta a la cama.</p>



<p>Sobre las sábanas, la cría siguió disfrutando o mejor dicho sufriendo un clímax tras otro sin que yo pudiese hacer nada por evitarlos y asustado cuando comprobé que no paraban, sino que se iban incrementando en intensidad, probé todas las palabras claves que se me ocurrieron e incluso la abofeteé sin resultado visible alguno.</p>



<p>Ya temiendo por su integridad, tomé el móvil y llamé a mi secretaria. La zorra de Patricia escuchó mi problema sin inmutarse y como la vez anterior en que pedí su ayuda, me hizo poner el altavoz en la oreja de la joven:</p>



<p>―Tu amo está satisfecho con su muñeca.</p>



<p>Como por arte de magia, al escuchar a la mujer desde el otro lado del teléfono, Natacha dejó de debatirse y se quedó dormida.</p>



<p>―No era tan difícil― riéndose de mí, declaró la arpía.</p>



<p>Lleno de ira al escuchar su guasa, le ordené que dejara lo que estuviese haciendo y viniera a explicarme qué ocurría y porqué sabía exactamente qué decir y cómo actuar en cada caso, revelando las sospechas que me corroían de que de alguna forma hubiese sido partícipe del lavado de cerebro de la rusa. Entendiendo mi indignación, me informó que llegaría en cuarto de hora&#8230;</p>



<p>Con ganas de estrangularla, esperé en el hall de la casa que esa zorra de piel oscura llegara. Cuando el reloj marcó el tiempo que le había dado sin que apareciera, volví a llamarla y sin preguntar cuanto le faltaba, la amenacé con ir por ella y traerla a rastras tirándole de las trenzas. Lejos de intimidarle mi exabrupto le hizo gracia y mostrando su ausencia de moral, comentó que esa idea era tan atrayente que no iba a tocar el timbre para que fuera yo quien la obligase a entrar al piso.</p>



<p>Supo que no había medido bien sus palabras cuando me vio abrir la puerta y cogiéndola de sus greñas, la introduje a la fuerza por la casa hasta mi cuarto donde sin disculparme señalé a la rubia que me traía tan preocupado.</p>



<p>―Te doy cinco minutos antes de llamar a la policía para que expliques tu actuación.</p>



<p>Sin turbarse en absoluto, de su bolso sacó un expediente con el dictamen de los psiquiatras que habían atendido a Natacha tras rescatarla y dijo:</p>



<p>―Léelo antes de levantar infundios sobre mí.</p>



<p>No sé qué fue lo que me enervó más, si su tranquilidad o el hecho que, pasando completamente de mí, se tumbara sobre “mi” cama y abrazando a “mi” muñeca, comenzara a susurrar en su oído que “su” ama había llegado y que por tanto no tenía nada que temer. Indignado cerré el cuarto tras de mí y a pesar de ser solo las once de la mañana, me puse un whisky con el que digerir tanto mi cabreo como las páginas que tenía que leer.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_011_1be3.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Tal y como me había avisado, el dossier que había puesto en mis manos era el resultado del examen del equipo médico de su ONG, el cual además de los aspectos psicológicos de la rusita incluía todas las pruebas que le había hecho para dictaminar si estaba sana. Pasando por encima los temas de su salud física, me concentré en los de su equilibrio mental y en ellos pude constatar que además de ratificar la opinión de mi amigo respecto a la presencia de “Switches de comportamiento”, incluía una serie de procedimientos y palabras claves que esos traficantes de blancas habían usado con anterioridad en otras víctimas.</p>



<p>Con esa lectura, me enteré porqué ella había tenido éxito mientras yo había fallado, ya que el autor de ese expediente dejó escrito que cuando las pacientes entraban en algún trance o bucle de sufrimiento o de placer se las debía hacer saber que “su dueño” estaba contento con ellas para conseguir su vuelta a la normalidad.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>



<p>«Si lo sabía, ¿porque se lo calló?» indignado, me pregunté.</p>



<p>Al no hallar respuesta entre esas páginas, preferí dejarlas y sacársela a ella, aunque fuera a golpes.&nbsp; Por ello, volviendo a mi habitación, abrí la puerta. Ni en mis peores pesadillas preví encontrarme a mi secretaria totalmente desnuda acariciando la nuca de la rusa y a ésta, revolcándose en mitad de un orgasmo.</p>



<p>― ¿Se puede saber qué coño haces? ― grité descompuesto sin poder rechazar la tentación de admirar los negros pezones que me traían tan obsesionado.</p>



<p>No mostrando vergüenza ni estupor por sentirse observada, la hija perra continuó provocando el placer de la muchacha al contestar:</p>



<p>―Nuestra muñeca necesitaba sentir los mimos de su ama&#8230; así que o bien te quedas y aprendes, o te vas y esperas a que termine.</p>



<p>Lo prudente, sano o, por qué no decirlo, ético hubiese sido el marchar, pero no pude y sentándome frente a ellas, permanecí en el cuarto mientras esa negra tentación incrementaba sus caricias rozando con las yemas el clítoris de Natacha.</p>



<p>―Linda, este botón es el responsable del placer que sentiste con “mi” Lucas― mirándome a la cara, comentó al tiempo que le daba una demostración del resultado que un pellizco provocaba en ella.</p>



<p>La cría pegando un sonoro aullido confirmó que ese pequeño montículo era un resorte que podía y debía usar su amo para premiarla, pero lo que nunca se imaginó la zorra de mi asistente fue que imitándola la joven buscara comprobar si su maestra reaccionaba igual a una caricia suya en el mismo lugar.</p>



<p>―Qué traviesa es nuestra muñeca― sin pudor y permitiendo que continuara al separar las rodillas, Patricia comentó.</p>



<p>La visión de su coño siendo acariciado despertó mi lado perverso y elevando mi voz desde la silla, informé a la que se consideraba mi pupila que le iba a dar otra clase y que siguiera mis órdenes. Como no podía ser de otra forma, Natacha esperó mis indicaciones mientras Patricia me miraba aterrorizada. Viendo su indecisión, cogí mi móvil y comencé a grabar mientras le decía:</p>



<p>―Como te ha dicho tu ama, el clítoris es un detonante de placer que puedes y debes usar para mostrar tu gratitud con “mi negra”. Pero lo que no te ha dicho y por tanto no sabes es que el mejor método de hacerlo reaccionar es usando tu lengua para acariciarlo.</p>



<p>Mi empleada comprendió muy a su pesar que no podía llevarme la contraria porque eso sería contraproducente para la chiquilla y lanzándome una cuchillada con la mirada, añadió:</p>



<p>―Haz lo que te dice, “mi blanco”. Deslízate por mi cuerpo, dándome besos y al llegar a mi sexo, delicadamente descubre mis pliegues antes de intentar lamerlo.</p>



<p>Juro que sus indicaciones rebasaron por mucho las que yo iba a dar y por eso prestando atención, observé cómo Natacha se iba acercando a los impresionantes pechos de la morena dejando a su paso una serie de interminables besos a los que no fue inmune su profesora.</p>



<p>―Lo estás haciendo muy bien, pero sigue― con la respiración entrecortada, pidió al sentir que excediéndose la chavala se había hecho fuerte en los senos mordisqueando las gruesas escarpias que para entonces eran sus pezones.</p>



<p>―No tengas demasiada prisa― interviniendo, añadí: ―Antes de continuar, debes comprobar si a tu dueña le gusta sentir que se los retuerces entre los dedos.</p>



<p>Como en su interior yo era su principal valedor, la joven me obedeció a mí y no a ella. Y con un extraño fulgor en su mirada, llevó sus pálidas manos a las exuberantes ubres de la morena.</p>



<p>―Hazlo― insistí.</p>



<p>&nbsp;Como si fuera algo natural en ella, cogió las excitadas areolas de Patricia y con dos dedos en cada una, comenzó a torturarlas con saña. Supe que estaba imitando a su torturador cuando llevando al límite su resistencia, comentó al oído de la morena que debía exteriorizar a su amo lo que sentía:</p>



<p>―Qué mi Lucas es un pervertido y qué me vengaré― chilló elevando su voz.</p>



<p>Satisfecho, ordené a Natacha que siguiera rumbo a la meta. Increíblemente, observé que la negra entornando los ojos involuntariamente me lo agradecía y sin dejar de grabar lo que estaba ocurriendo, me acerqué y mordí sus labios. Patricia se derrumbó sobre la almohada presa de una excitación que poco tenía de actuación y restregando en su cara lo mucho que le estaba gustando mis clases, volví a mi silla.</p>



<p>―No soy tu zorra― protestó mientras la lengua de la rusa comenzaba a desplegar atenciones entre sus pliegues.</p>



<p>― ¿Entonces quién eres? ― muerto de risa, repliqué.</p>



<p>Sin cortarse ante la cámara, replicó:</p>



<p>―Por ahora tu secretaría, pero pronto seré la mujer de la que estarás enamorado y a la que pedirás que sea tu esposa.</p>



<p>Que confesara sus intenciones tan libremente me dio que pensar y mientras ordenaba a Natacha que pegara un primer lametazo a lo largo del coño de Patricia, comprendí que esa confesión no había sido lanzada por azar y que su intención era demostrar sin rodeos que se sentía tan segura de sí misma que no iba a necesitar aludir a un supuesto acoso para conseguir sus deseos.</p>



<p>&nbsp;―Mete la lengua en el interior de tu ama y fóllatela, como algún día yo haré contigo, pero jamás con ella― exigí a la chavala.</p>



<p>El aullido indignado de mi empleada al escuchar mi negativa a acostarme con ella, coincidió en el tiempo con su placer y mientras la rusita se lanzaba a devorar el sexo de su dueña, ya sin recato alguno está gritó:</p>



<p>―Lo quieras o no, eres tú el que me está follando a través de nuestra muñeca.</p>



<p>Con ira comprendí que esa zorra tenía razón y que Natacha solo había sido un instrumento con el que intenté saciar mis ganas de poseerla, por eso abandonando la habitación, cogí las llaves del coche y salí a recorrer sin rumbo las calles de Madrid&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">8</h1>



<p>Llevaba dando vueltas más de una hora sin que las musas se apiadaran de mí mostrándome cómo debía afrontar la fijación que el cerebrito que había cometido el error de contratar sentía por mí, cuando escuché el sonido de un mensaje en mi teléfono. Aprovechando un semáforo lo abrí al comprobar que era de la morena.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_020_4a59.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lucas.&nbsp; He conseguido calmar a Natacha, ya que se quedó muy trastornada por la forma en que nos dejó. Ahora está contenta y feliz esperando la vuelta de su dueño. Por favor, no tardes mucho.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al leerlo comprendí que en adelante debía tener más cuidado y no jugar con la fragilidad mental de esa chiquilla. Por eso, educadamente, le di las gracias por la advertencia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Demostrando nuevamente lo puta que era, aprovechó mi mensaje para escribir otro pidiendo que le mandara una copia de lo que había grabado para que le hiciera compañía por las noches.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Que lo disfrutes― sin visualizar su contenido, fuera de las casillas, respondí adjuntando lo que me pedía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo haré con mis deditos soñando que son los tuyos― tuvo los santos ovarios de contestar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Contra todo pronóstico, me encantó sumergirme en ese juego y replicando al instante, pedí que se gravara haciéndolo y que me lo mandara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Dame un par de horas y lo tendrás― añadiendo tres besos al mensaje y un corazón contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con una extraña, pero reveladora, sonrisa en mi rostro, volví a casa a reunirme con “nuestra” muñeca&#8230;</p>



<p>Natacha me recibió feliz y exteriorizando su alegría, me informó que al día siguiente antes de irme al trabajo tenía que llevarla al Centro de Educación de Personas Adultas del Distrito Centro, donde Patricia había concertado una cita con su directora.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Sabía que mi amo quería a su muñeca, pero no que iba a permitir que estudiara― afirmó mientras me abrazaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La ilusión que mostraba no me permitió explicar que no había sido mi idea sino la de esa manipuladora de rasgos africanos, pero mentalidad de una agente soviética del KGB y por eso, únicamente pregunté si le había dado tiempo de hacerme de comer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Me duele que lo pregunte – contestó y mostrándome el camino hacia el comedor, se fue a traer lo que había preparado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al entrar y ver sobre la mesa dos platos, sospeché que iba a recibir la visita de Patricia, lo que extrañamente no me enfado. Sentándome en la silla, me sorprendió que fuese ella misma la que ocupara el sitio libre:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Su novia me informó que a partir de hoy debía de comer junto a usted― anticipándose a la pregunta, comentó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asumiendo que era parte del proceso de adaptación de la chavala a su nueva vida, no vi inconveniente alguno y llené con vino tanto mi copa como la suya.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Me está dando permiso de beber? ― quiso saber al ver lo que había hecho.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Una sola, nada más. Se te puede subir al no estar habituada― respondí reparando en que como otras tantas cosas iba a ser su primera vez.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver la timidez con la que daba un sorbo al vino, me hizo sonreír y aprovechando ese momento de placidez, conversé con ella acerca de lo que le gustaría estudiar una vez se hubiese sacado el graduado escolar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si usted me lo permite, querría estudiar arte.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A cualquier otra persona hubiese contestado que no necesitaba mi permiso, pero en su caso y conociendo el maltrato al que la había sometido, únicamente pregunté por las razones que le habían llevado a elegir esa opción.</p>



<p>―En casa de mi antiguo amo, había muchos cuadros y cuando me quedaba sola durante días enteros, mi única compañía fueron un cuaderno de dibujo y un maletín con pinturas de todos colores que me regaló como premio.</p>



<p>― ¿Te apetece que vayamos al Prado? ― comenté.</p>



<p>Colorada hasta decir basta, la preciosa eslava me reconoció que no sabía qué era ese lugar. Sin dar importancia a su ignorancia, le expliqué que era uno de los museos más importantes de pintura y que allí podría ver las obras de grandes genios.</p>



<p>―Por favor, ¡necesito que me lleve! ― exclamó dando saltos de alegría sin moverse del asiento.</p>



<p>Enternecido, la azucé a comer, prometiendo que nada más terminar la llevaría. La forma en que se atascó dándose prisa me hizo imitarla y en menos de diez minutos, habíamos acabado incluso con el café. Como anécdota he de contar, que eran tantas sus ganas de salir que no cayó en que seguía desnuda.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_028_d595.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Muñeca, deberías vestirte antes.</p>



<p>Ruborizada comprendió y dejándome solo, se fue a cambiar. Al volver, venía vestida con un vaquero, un top y subida en unos andamios. Mirándola, no solo parecía sacada de un desfile de moda, sino que me llevaba cinco centímetros. Y no queriendo demostrar que no me gustaba sentirme bajo a su lado, usé como excusa para que se quitara esos tacones que no eran apropiados para caminar:</p>



<p>―Vamos a estar dos horas andando por museo. Ponte mejor unas zapatillas cómodas― finalmente, la aconsejé.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Accediendo a regañadientes, me hizo caso y tras cambiarse, salió de mi brazo rumbo al Prado. Como su alegría era contagiosa, aproveché el camino para explicarla que no solo veríamos escenas felices, sino también otras duras.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Nada comparables a lo que he sufrido cuando no le conocía― contestó al oír esa advertencia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Reconozco sin rubor, que me estremecí al imaginar lo que había padecido y acariciando su mejilla, repliqué a esa criatura que eso era un pasado que nunca volvería a su vida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Lo sé, su Patricia fue lo primero que dijo al hablar conmigo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque Natacha hubiese llegado a mi casa de su mano, me molestó su obstinación en recordarme a su salvadora y con ganas de incordiar más que otra cosa, escribí a ésta un mensaje exigiéndola que cumpliera la promesa de mandarme un video.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “¿Tanto desea mi jefe y futuro enamorado verme disfrutando?”, inmediatamente, contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como siempre, esa zorra consiguió sacarme de las casillas y midiendo que era mi empleada y que ese mensaje podía ser usado en un juicio, tecleé en mi teléfono:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Cuando alguien se compromete en algo, debe cumplirlo”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No habían pasado más que unos segundos cuando puede leer su respuesta:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “¡Me encanta saber lo ansioso que estás! Pero todavía tardaré media hora. Firmado: tu secretaria y futura esposa”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me abstuve de contestar y como estábamos llegando, di por inevitable ese retraso mientras buscaba un sitio donde aparcar. El destino quiso que un jaguar del tamaño de mi bmw estuviese saliendo a una manzana del museo y, por tanto, metí el coche en el lugar que dejó libre. Lo que no sabía es que los escasos cien metros que nos separaban de la pinacoteca iban a poner a prueba mi temperamento y sobre todo mi paciencia ya que, al ir caminando por la acera con Natacha del brazo, un grupo de jóvenes no tuvieron empacho alguno en piropearla:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tía buena, ¿qué coño haces con ese viejo? ¡Si quieres diversión, ven con nosotros!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confieso que estaba a punto de soltar un bufido, cuando la eslava se me adelantó:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mi novio es un hombre y no un niñato como otros.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La forma en que se había referido a mí, me dejó acojonado y le susurré al oído que no era su pareja. Luciendo una sonrisa de oreja a oreja, me contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Yo lo sé, pero ellos no.… y además su Patricia me explicó que nunca debía de decir a nadie que usted era mi dueño.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Admitiendo que tenía razón, no por ello dejó de molestarme que hubiera sido esa zorra la que se lo aconsejara, previendo el problema y cagándome en los muertos de la morena, llegamos a la taquilla. Mientras pagaba, me volvió a aterrorizar que, dado que el manipulador que la había educado le había regalado un kit de dibujo, pudiéramos toparnos con alguno de sus detonantes de comportamiento en el museo. Adelanto que no fue así y la tarde resultó más que agradable, sublime. Fue una delicia comprobar cómo se rio viendo “Los borrachos de Velázquez”, cómo lloró con “los fusilamientos de Goya” o cómo se emocionó con “El descendimiento de la Cruz de Van Der Weyden”. Al ser nuestra primera visita y mis miedos seguían ahí, evité pasar por las salas donde se exhibían las obras que consideraba más peligrosas. Así, en esa ocasión, no le mostré ni la época negra del pintor zaragozano y menos a “Saturno devorando a su hijo”, no fuera a ser que el malnacido hubiera programado una de esas espitas en esas pinturas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa autocensura casi me hace cometer un pecado capital y ya había dejado atrás “El jardín de las delicias del Bosco”, otra de las obras problemáticas, cuando recordé que muy cerca se exhibía uno de los cuadros que más me habían impactado cuando era un crío. Por eso rehaciendo el camino, la planté frente a un retrato de cincuenta y dos centímetros de alto por cuarenta y uno de ancho:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Muñeca, este pequeño cuadro es para mí una de las obras cumbres de la pintura.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡Es precioso! ― exclamó embelesada y como si hubiese sido hipnotizada, se quedó observando en silencio el virtuosismo con el que Durero pintó su famoso autorretrato.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Justo en ese momento, me entró un mensaje de Patricia y al leer el texto dudé si ver el video:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Algún día y con este vestido, te haré un striptease”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras decidía si darle al play o esperar a casa, de reojo observé que Natacha no parecía tener prisa y que todavía se iba a quedar un rato al ver su fascinación la maestría con la que dejó patente su melena de pelo rubio el alemán. Quizás por eso, me atreví a dar inicio lo que había grabado y agradezco haber bajado al mínimo el volumen porque, tras un plano en negro donde solo se oía la marcha nupcial de Mendelssohn, apareció esa impertinente e imprevisible negra vestida de blanco. Sintiéndome burlado, paré el video y preferí terminarlo de ver ya en privado, pero antes de guardar el móvil le mandé un mensaje no muy escueto, pero sí directo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Si no quieres que a ese traje se lo coman las polillas sin haber sido usado, búscate a otro”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Después de lo cual, olvidándome de esa cabrona de exuberantes tetas, me centré en la muchacha que tenía bajo mi cuidado y durante casi dos horas más, la fui guiando de cuadro a cuadro explicándole lo que sabía y lo que no buscándolo en internet.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_034_de7e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Gracias, don Lucas. Ha sido el mejor día de mi vida― me soltó al salir.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De camino al coche, recordé sus palabras acerca de la compañía que le hacían unos pinceles y girando ciento ochenta grados, cruzamos Neptuno con la idea de entrar en una de las tiendas para turistas donde según mi memoria a parte de suvenires del museo vendían todo tipo de material de pintura.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mira, ¡hay un libro del Prado! ¡Todo lo acabamos de ver! ― gritó mientras entusiasmada se ponía a ojearlo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Viendo que la calidad del mismo era escasa, la dejé viendo mientras al empleado le pedía uno de mucha mejor edición. Enseguida me entendió, y cogiendo uno enorme de un estante me lo dio. Al comprobar que era una impresión de lujo y que recorría cronológicamente la colección permanente de la pinacoteca, le pedí que me lo apartara porque pensaba comprarle más cosas. Oliéndose la clase de cliente que era al haberme gastado de primeras cien pavos, preguntó que más quería:</p>



<p>―Yo nada. La niña, todo lo que le pida.</p>



<p>Y cerrándole el pésimo facsímil en sus narices, comenté a Natacha que, ya que quería estudiar arte, deseaba regalarle los instrumentos básicos de pintura y que le fuera pidiendo al hombre lo que viera que necesitaba.</p>



<p>―Le amo, mi señor― chilló buscando mis labios.</p>



<p>Con cariño, no solo la rechacé, sino que le recordé que no debía llamarme así en presencia de la gente.</p>



<p>―Te amo, amor mío― con una picardía que nunca esperé de ella, replicó.</p>



<p>Ese día fui un pésimo amo, ya que en vez de enfadarme me reí. Lo que no me hizo tanta gracia fue verla acumular lápices, acrílicos y hasta oleos mientras el vendedor sonreía. Confieso que era tanta su emoción que no dije nada y solo discutí con ella cuando quiso comprar un lienzo de más de dos metros de ancho.</p>



<p>&nbsp;―Don Lucas, para el cuadro que tengo en mente, necesito que sea grande.</p>



<p>Tras unos dimes y diretes en los que esa criatura sacó a relucir un par de lágrimas, pactamos que fuera de “uno por uno y medio” el que finalmente nos llevamos. Cuando pagué la cuenta, realmente comprendí el verdadero significado de “sales más caro que un hijo tonto” al ver el agujero que la damisela había dejado en mi cuenta corriente. Pero he de confesar que no me importó al considerarlo parte de su recuperación anímica y por eso, subiendo todo al coche partimos de vuelta a casa.</p>



<p>Al llegar, Natacha intentó tomar al asalto mi despacho haciéndolo su taller, pero me negué de plano y dado que su cuarto apenas lo usaba porque dormía conmigo, fue ahí donde finalmente colocó todos los bártulos que habíamos comprado. Una vez puesto el lienzo sobre el caballete, cogió el libro del Prado y olvidándose de mí, se puso a buscar un cuadro que copiar. Como ese interés en ella era nuevo, la dejé sola y me fui a mi habitación donde recordé que no había visualizado todavía el video de Patricia.</p>



<p>Al ser la televisión una de esas inteligentes, las que la gente pervirtiendo nuestro idioma llama “Smart”, decidí ponerme cómodo y ver su contenido en su pantalla.</p>



<p>Ya sin la cortapisa de público, la música de Mendelssohn sonó a todo volumen en los altavoces. Estaba decidido a no dejar que esa zorra se saliera con la suya excitándome y por eso cuando la vi aparecer de novia, me puse a observar con espíritu crítico su vestido.</p>



<p>«Cómo engorde cien gramos antes de casarse, no le va a cerrar», pensé para mí fijándome en lo ajustado que le quedaba.</p>



<p>Parando la imagen, todavía tranquilo, comencé a estudiarla a conciencia. Con su metro ochenta y al igual que Natacha esa tarde, se había puesto unos tacones de más de diez centímetros y eso muy a mi pesar estilizaba su figura, haciendo resaltar tanto su trasero como sus pechos.</p>



<p>«Hay que reconocer que está estupenda», sentencié dando nuevamente al play mientras pensaba en lo que diría Joaquín si algún día se enterara de la forma en que su hermanita acosaba su “admirado” jefe e imaginando su cabreo, seguí disfrutando del video.</p>



<p>Es más, anticipado lo que iba a contemplar, me pregunté si mi secretaria habría sido tan mema de auto inculparse nombrándome. No tardé en comprobar que fue así cuando mirando a la cámara en plan putón susurró:</p>



<p>― ¿Le parezco suficientemente guapa a mi jefe? ¿O sigue pensando que Altagracia lo es más?</p>



<p>Que comenzara haciendo mención a la puta que contraté por ser su clon, me descolocó y contra todo pronóstico me puse a fantasear con que fuera una escena lésbica lo que esa zorra había grabado. Y por eso ya estaba hipnotizado cuando en la televisión comenzó a bailar riendo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_046_4126.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― Me encantó descubrir que mi Lucas, ese hombre atento y educado sentía predilección por las negras como yo― la escuché decir mientras comenzaba a desabotonar lentamente su vestido.</p>



<p>Cuando ya creía que lo iba a dejar caer hizo todo lo contrario, levantándose la falda exhibió sus pantorrillas para a continuación mostrar los muslos que tan obsesionado me tenían.</p>



<p>―Soy preciosa y lo sabes.</p>



<p>Para entonces y aunque no quisiera reconocerlo, deseaba que se diera prisa, que dejara los jueguecitos y se terminara de desnudar. Pero no tardé en darme cuenta que no iba a ser así y que esa loca iba a aprovechar para poner las cartas sobre la mesa.</p>



<p>―Desde que defendiste a mi hermano siendo hetero, me interesé por ti y poco a poco, lo que descubrí, me hizo comprender que debías ser mío― comentó mientras se sentaba y con estudiada parsimonia, se iba quitando las medias.</p>



<p>&nbsp;Las uñas rojas de sus pies me resultaron extremadamente estimulantes y sin querer me vi hundiendo la lengua entre sus dedos.</p>



<p>―El comportamiento con tu esposa al divorciaros y que no convirtieras la separación en una guerra, confirmaron que habías nacido para ser “mi” Lucas y que debía conquistarte.</p>



<p>Excitado y cabreado al mismo tiempo, tuve que hacer un esfuerzo para no parar la reproducción, llamarla y decirle hasta de lo que se iba a morir, pero asumiendo que en ese video mi “secretaria” estaba cavando su tumba decidí seguir viéndolo cuando levantándose finalmente dejó caer su vestido. El contraste de su piel negra contra el encaje blanco de su ropa interior me dejó sin habla al sentir entre mis piernas que el traidor se endurecía.</p>



<p>―No te imaginas lo feliz que me hizo que me contrataras y que al verme sentada en la silla de Merche tu mirada recorriera este trasero― comentó girándose haciendo que me deleitara con sus negras nalgas.</p>



<p>Todavía de espaldas, deslizó los tirantes del sujetador diciendo:</p>



<p>―Supe desde ese momento que no tardarías en babear por mí y que, con un pequeño empujón de mi parte, me harías tu diosa.</p>



<p>Entonces se giró hacia la cámara y acercando la cara mientras sonreía, lanzó una amenaza u oferta que consideré desde todo punto fuera de lugar:</p>



<p>―No tardarás en pedir probar las caricias de tu negra. Pero para que acepte y te las dé, habrás de pedirme antes que me case contigo.&nbsp;</p>



<p>Que esa hija del diablo se vanagloriara en mi cara de la atracción que sentía por ella, me terminó de indignar. Por segunda vez en unas horas, dejé de visualizar el contenido del mensaje, y decidí que, si esa morena tenía ganas de guerra, guerra tendría. Con ese video en las manos como prueba, el acosador iba convertirse en acosador y su víctima en victimario:</p>



<p>―Atente a las consecuencias, ¡mi diosa! ― rugí muerto de risa, apagando la televisión.</p>



<h1 class="wp-block-heading">9</h1>



<p>Esa noche tuve que pedir que de un restaurante nos trajeran de cenar porque Natacha estaba tan centrada en la pintura que se olvidó de sus obligaciones como criada y ni siquiera se dio cuenta de la hora, hasta que sonó el timbre y descubrió del otro lado de la puerta al motorista trayendo unas pizzas. Su vergüenza fue máxima al verme pagándolas y asustada por lo que pudiese pensar de ella, me rogó que la perdonara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No sentí que había pasado tanto tiempo, lo siento y comprendo que deba castigarme― balbuceó completamente sofocada.</p>



<p>―Tienes razón&#8230; ¡te mereces un buen correctivo! ― con tono duro y hasta siniestro, repliqué: ―Eres una desvergonzada, una insolente a la que tengo que educar&#8230; por eso, inmediatamente, ven a que te enderece.</p>



<p>Dejando las cajas sobre la mesa, se acercó a recibir una dolorosa reprimenda, pero lo que se encontró fue con que su amo comenzó a hacerle cosquillas mientras le decía que fuese la última vez que se atreviera a pedir un castigo cuando no se lo mereciera.</p>



<p>―No le he hecho de cenar― intentando no reír, respondió.</p>



<p>&nbsp;Hurgando con mis yemas en sus axilas, en sus costados, seguí haciéndola sufrir mientras se intentaba liberar.</p>



<p>―Te reprenderé severamente hasta el punto de mandarte exiliada a dormir a tu cuarto.</p>



<p>Viendo que era broma, simulando un dolor que no sentía, comenzó a gritar: ―No, por favor, dormir sola ¡no! ― cuando de repente algo se rompió en su interior y las risas se transformaron en llanto, la confianza en desesperación y la alegría en tristeza: ―No, por favor, no me eche de su lado.</p>



<p>Percatándome que no fingía, que realmente su desolación era real, no me quedó otra que cogerla en brazos y susurrar en su oído, que no se angustiara, que estuviera tranquila porque esa noche dormiría conmigo. Levantando su mirada, la vi sonreír:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/91/28603004/28603004_044_3e19.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ya que dormiré con mi amo, ¿finalmente me va a enseñar a follar?</p>



<p>― ¡Serás zorra! ¡Estabas actuando! ― exclamé muerto de risa al reconocer que esa nena me había tomado el pelo y poniéndola sobre mis rodillas, alterné azotes y cosquillas.</p>



<p>Con el culo rojo y agotada de reír, la tomé en brazos y llevándola a la ducha, la metí vestida en agua helada. Sus gritos indignados me sonaron a una sinfonía de Beethoven y prohibiéndola cerrar el grifo, me quedé disfrutando de cómo el frio amorataba sus labios y sus pezones. Cuando ya eran de color azul oscuro, le pedí que se acercara. Al hacerlo, mordí una de sus areolas. Su grito de sorpresa con el cambio de temperatura, me hizo reír y abriendo el agua caliente dejé que se templara.</p>



<p>―La próxima vez que me faltes al respeto, te meteré en hielo durante una hora.</p>



<p>Dejando que se secara sola, me fui a calentar las pizzas. Como diez minutos después, Natacha apareció por la cocina supuestamente arrepentida y pidiendo perdón, pero quizás su tono o puede ser que el brillo de su mirada algo en ella me hizo sospechar que mentía y que a la mínima oportunidad que tuviera iba a revelar nuevamente lo travieso de su carácter.&nbsp; Sus travesuras lejos de molestar, me gustaban y solo la posibilidad de que al descarriarse de lo marcado en su subconsciente pudiese afectarla a posteriori, me hizo reaccionar y mostrarme duro con ella.</p>



<p>―Hoy creo que me he portado maravillosamente contigo y te he concedido todos los caprichos que me has pedido. No hagas que me arrepienta y me obligues a darte una paliza y a quemar todos los útiles de pintura que te compré.</p>



<p>Más que la violencia lo que realmente hizo que se arrepintiera fue la posibilidad de perder los oleos, los pinceles y los lienzos. Para la rusita, era un tema vital y echándose a llorar, juró que no volvería a tentar al destino desobedeciéndome.</p>



<p>―Te creo, muñeca. Ahora cena y luego, me tienes que mostrar lo bien que pintas.</p>



<p>Que, sin haberlo visto, pensara que chavala poseía talento la agradó y olvidando las lágrimas que derramó segundos antes, luciendo una sonrisa, comenzó a comer el triángulo que le había puesto en el plato.</p>



<p>―Me da vergüenza y miedo defraudarle― comentó mientras se servía una segunda ración.</p>



<p>Lo bien que se le daban todas las cosas que se proponía como podía ser desde los idiomas, al hablar un español casi sin acento o la cocina, donde era toda una chef, me hizo asumir que en dibujo también destacaría. Pero jamás me esperé descubrir que la veinteañera que vivía en mi casa era capaz de en apenas un par de hora llevar tan adelantado su primer cuadro.</p>



<p>― ¿Le gusta? ― me interrogó preocupada al ver que tomaba asiento frente al lienzo.</p>



<p>― ¿Seguro que nunca te dieron clases? ― alucinado quise saber viendo que se había atrevido a copiar la maja desnuda de Goya.</p>



<p>―Solo lo que leí en los libros― contestó al no entender la expresión de mi cara.</p>



<p>Si de por sí, la maestría con la que había plasmado tanto los colores como la atmosfera del genio era algo de admirar, la impresionante fidelidad con la que en vez de reproducir a la que supuestamente era la duquesa de alba, había trasladado en pinceladas el rostro, pechos y cuerpo de mi secretaria era algo solo al alcance de unos pocos.</p>



<p>«¡Por dios! ¡Aunque todavía solo la ha perfilado, se ve que es ella!», exclamé para mí mientras esa criatura esperaba mi valoración nerviosa.</p>



<p>Admitiendo que me hallaba ante un portento autodidacta y que en cuanto Natacha recibiera unas lecciones el valor de sus obras subirían como la espuma, riendo le pregunté si podría hacerme el favor de agregar un par de elementos a la pintura.</p>



<p>―Me encanta lo que has pintado, pero sería divertido que a Patricia le añadieras unos cuernos en la frente y una cola de demonio en su trasero.</p>



<p>No cayendo en que la negra no estaría muy contenta al verse retratada como una sensual diablesa, me prometió que así lo haría y llena de felicidad, quiso saber si podía quedarse pintando hasta las doce.&nbsp;</p>



<p>―Te espero en la cama, muñeca&#8230;</p>



<p>Tras ver dos películas y que la joven no hubiese venido a mi encuentro, me empecé a preocupar. Al llegar a su cuarto, ahora convertido en taller, la encontré casi al borde de un ataque de nervios.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Se puede saber qué te ocurre? ― pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De reojo y sin retirar la mirada del lienzo, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No consigo dibujar la dulzura de su rostro cuando le mira pidiendo sus caricias.</p>



<p>Escuchándola, se me ocurrió una maldad. Aprovechando que el decorador había instalado un espejo de cuerpo entero en mi habitación, la llevé allí y poniendo la silla en frente, la senté en mis rodillas diciendo:</p>



<p>―Lo que llamas dulzura, es excitación.</p>



<p>La rusita estaba tratando de asimilar lo que le había dicho cuando de pronto notó mis dedos acariciándola.</p>



<p>―Mírate al espejo― la aconseje mientras comenzaba a rozar sus pechos con las yemas.</p>



<p>El escalofrío de la joven al experimentar esa caricia me azuzó a continuar y acercando la boca, lamí su cuello. Su gemido me informó de que mis maniobras estaban teniendo el efecto que buscaba y mientras Natacha seguía en el cristal lo que le estaba haciendo, deslicé sus bragas sacándoselas por los pies.</p>



<p>―Don Lucas― la oí suspirar.</p>



<p>―Graba tu cara en la memoria― susurré sonriendo.</p>



<p>Liberando mi hombría, dejé que fuera ella quien la colocara entre sus pliegues y recordándola que todavía no estaba lista para recibirla en su interior, incrementé mi acoso restregándola contra su vulva. Con su calentura floreciendo a pasos agigantados, mordisqueé su hombro mientras una de mis falanges se apoderaba de su botón.</p>



<p>―Mira la dulzura de mi muñeca en el espejo― comenté al sentir que la chavala se ponía sin disimulo a frotarse ya sin mi ayuda.</p>



<p>La humedad que para entonces desbordaba su interior facilitó el roce y fluyendo entre sus labios, usó mi pene para estimular su sexo mientras notaba mis manos recorriendo hasta el último rincón de su cuerpo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>―Fíjate en el brillo de tus ojos, mi pequeña putita― insistí previendo lo poco que le faltaba para ser presa del placer.</p>



<p>Dando el empujón que la cría necesitaba, con dos yemas me apoderé de su clítoris. El berrido que brotó de su garganta ratificó que la rubia estaba a punto de caramelo y decidido a que recordara la expresión de su rostro al correrse, la ordené que no retirara los ojos del espejo. Tal y como había anticipado, Natacha comenzó a temblar mientras notaba que el gozo la iba dominando y dando la puntilla, hundí mis dientes en su espalda. Ese mordisco provocó que la chavala perdiera cualquier resto de vergüenza y dando un gritó se corrió mientras me pedía que la hiciera mía.</p>



<p>―Ya eres mía― murmuré intentando rechazar las ganas que tenía de desflorarla.</p>



<p>La rusita se rio al escuchármelo decir y mientras disfrutaba de un tierno, pero rotundo orgasmo me rogó que la llevara a la cama. Su alegría al saber que el hombre bajo cuyo brazo había encontrado cobijo la consideraba suya, me dejó pensando y siguiéndola por la habitación, me preguntó cuándo iba a enseñarle a hacer el amor. Que ya no usara el término follar, me alertó de que tenía que andar con pies de plomo sino deseaba que su entrega incluyera unas emociones ajenas a su naturaleza sumisa.&nbsp; Al llegar a las sábanas, ese temor se incrementó cuando abrazándome, susurró que me amaba. Haciendo un rápido examen de conciencia, comprendí que esa niña me había conquistado y que compartía sus mismos sentimientos.</p>



<p>―Yo también te quiero, muñeca. Ahora duerme.</p>



<p>Poniendo su cara sobre mi pecho, cerró los ojos y suspiró:</p>



<p>―Soñaré con usted y con Patricia&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/91/28603004/28603004_007_f3e3.jpg" alt="" width="720" height="479"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 3&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 17:37:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[interracial]]></category>
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					<description><![CDATA[5 Esa noche mi sueño fue intermitente, varias veces me desperté con la sensación de que alguien me espiaba y tras verificar que Natacha seguía durmiendo, volvía a cerrar los ojos e intentaba descansar. Sobre las nueve, fue la última y en esa ocasión, la impresión resultó cierta al encontrarme a la rusita sentada a los pies de mi cama con una bandeja en sus manos. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; ―Mi señor, le he preparado el desayuno― la escuché decir. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; No sé si lo hizo a propósito o por el contrario fue casualidad, pero lo que tengo claro es que al poner [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">5</h1>



<p>Esa noche mi sueño fue intermitente, varias veces me desperté con la sensación de que alguien me espiaba y tras verificar que Natacha seguía durmiendo, volvía a cerrar los ojos e intentaba descansar. Sobre las nueve, fue la última y en esa ocasión, la impresión resultó cierta al encontrarme a la rusita sentada a los pies de mi cama con una bandeja en sus manos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Mi señor, le he preparado el desayuno― la escuché decir.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No sé si lo hizo a propósito o por el contrario fue casualidad, pero lo que tengo claro es que al poner la bandeja en mis rodillas sus pechos rozaron mi boca y al sentirlo esa criatura gimió con la dulzura de un gatito.</p>



<p>― ¿Qué haces desnuda? ― pregunté sin recriminarle directamente ese roce, ya que de hacerlo debería darle un escarmiento para que no volviese a pasar.</p>



<p>Por un breve instante, creyó por mi pregunta que estaba enfadado, pero, al ver que no era así, luciendo orgullosa sus pectorales respondió:</p>



<p>&nbsp;―Se me ha enseñado que, cuando esté en presencia de mi amo, estemos solos y a no ser que medie una orden anterior, no puedo llevar ropa para que él disfrute de mi belleza sin cortapisa alguna</p>



<p>A pesar de ser un poco canijas para mi gusto, era evidente que sus tetas eran de ensueño y por eso deleité la mirada en ellas mientras le preguntaba si se consideraba bella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_011_7aad.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Aunque nadie me lo hubiese dicho, lo sabría&#8230; tengo ojos en la cara para mirarme en un espejo.</p>



<p>―Y tienes razón, eres una nena preciosa y como no deseas que tu señor se enfade, vete a poner algo encima.</p>



<p>―No soy una niña, tengo veintiún años― herida al oír que la había llamado “nena”, replicó.</p>



<p>Podía ser novato como amo, pero no tonto y por eso no me pasó inadvertida la tierna rebeldía, pero rebeldía al fin, que mostró. Al ser evidente que había sido deliberada y que la rubita lo había hecho para averiguar cuán estrictos o laxos eran mis límites, supe que debía de reaccionar o perdería “prestigio”. Por eso, tirando la bandeja al suelo, la tomé de la cintura y le di dos duros azotes que evitaran que esa criatura volviese a retarme.</p>



<p>―Cuando te digo que eres una nena, es porque puedo ser tu padre. Ahora, antes que me termines de cabrear, ve a vestirte y recoge lo que he tirado mientras me baño.</p>



<p>Su sonrisa me anticipó que algo planeaba y saliendo de la cama, cuando ya estaba fuera de mi alcance, contestó:</p>



<p>―De acuerdo, papaíto. Su nenita se va a vestir.</p>



<p>En respuesta, le lancé la almohada. Almohada que no impactó en ella, porque previéndolo había salido corriendo. Enternecido por ese juego casi infantil, salí del cuarto hacia la ducha. Estaba todavía bajo el grifo cuando Natacha volvió con el uniforme de la noche anterior. Sin siquiera preguntar si su presencia era bien recibida, se sentó sobre el bidé y se me quedó mirando casi llorando:</p>



<p>― ¿Por qué no me ha esperado? ¿Acaso ya no me quiere? ¿Tan enfadado está con su Natacha que se está bañando solo?</p>



<p>La angustia de su voz me hizo sospechar que esa rusita estaba sufriendo. Con casi plena seguridad, asumí que parte de su adiestramiento se había basado en minar su confianza y que esta se tambaleara cuando su “señor” la ignorara y por eso, sin meditarlo más, repliqué:</p>



<p>―Por supuesto que te quiero, pero tenía prisa y por eso no te esperé.</p>



<p>― ¿Qué vamos a hacer? Es sábado y según Patricia, hoy y mañana los va a dedicar a mí.</p>



<p>Escuchar que esa zorra entrometida se valiera de la cría para tenerme controlado, me jodió y de qué manera. Pero en vez de comenzar a despotricar de ella, decidí imitar su estrategia y devolvérsela con creces.</p>



<p>―Natacha. Hazme un favor, toma mi móvil y busca en la p de Puta, el nombre de Patricia Meléndez y llámala. Cuando te conteste, dile que la esperamos en media hora en la puerta, porque va a acompañarnos de tiendas.</p>



<p>Siguiendo estrictamente mis instrucciones, volvió con el teléfono y en mi presencia, la llamó:</p>



<p>―Señora, su Lucas me ha ordenado comunicarle que quiere verla en casa en media hora para ir de compras.</p>



<p>Sonreí a pesar de ese denostado “su Lucas”.</p>



<p>―Pregunta doña Patricia qué vamos a comprar.</p>



<p>―Ropa para la muñeca de porcelana, ella lo entenderá&#8230;</p>



<p>El bufido que pegó a través del altavoz del teléfono fue la prueba. Mientras esperaba que Natacha se vistiera para salir, recordé que la habían adiestrado a que anduviese desnuda en presencia del que considerara su amo. Sabiendo que eso era una pequeña parte nada más de su adiestramiento, llamé a Julián Ballestero, psiquiatra en el Hospital la Paz y un buen amigo. Amigo al que básicamente mentí, diciendo que al colaborar con una ONG enfocada a combatir la esclavitud sexual me habían mandado uno de sus casos más graves que habían dado por perdido.</p>



<p>―Siempre hay algo que se puede hacer― respondió mientras quedaba en pasar por casa esa misma tarde con la idea de ver en persona si era tan profundo el lavado de cerebro de la rubita.</p>



<p>Justo cuando estaba colgando, Natacha salió de su cuarto. El pésimo estado de la camiseta y el pantalón que se había puesto ratificó mis sospechas que había llegado a la casa con lo puesto y elaborando una breve lista, bajamos a encontrarnos con mi secretaria. Esa bruja debía estar con algún asunto entre manos, porque llegó exigiendo que nos diésemos prisa porque era sábado y tenía muchas cosas qué hacer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Realmente, lo siento― imprimiendo toda la ironía que pude a mi tono: ― pero como comprenderás en cuanto vi que esta pobre criatura no tenía más ropa que un par de picardías que solo se podría una fulana y su uniforme de trabajo, supe que tenía que comprarle algo acorde a su edad. Te llamé porque lo normal es que quien le ayude a probarse ropa sea una mujer y no un viejo de cuarenta y dos años, como yo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rabia que se acumulaba en sus ojos no me inmutó y mientras nos bajábamos del coche en el centro comercial, puse en sus manos una lista de treinta elementos que consideraba necesarios que Natacha tuviera y que iba desde tres pantalones, tres faldas, tres camisas, diez bragas&#8230; hasta finalmente llegar a colorete y pinta labios.</p>



<p>―Voy a tardar una eternidad― se quejó.</p>



<p>―No te preocupes. Toma mi tarjeta y cuando terminéis, estaré tomando algo en el Vips del centro comercial.</p>



<p>Si en vez de miradas, me hubiese lanzado cuchillos en ese momento hubiera muerto. Es más, solo la presencia de Natacha babeando ilusionada con las tiendas y con lo mucho que le iba a comprar su amo, impidió que me mandara a la mierda y desapareciera de ahí.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_018_208d.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Ven muñeca, vamos a comprarte un ajuar que hipotecará a tu amo de por vida.</p>



<p>Ilusamente, creí que esa amenaza era baladí hasta que a mi teléfono empezaron a llegar los gastos: «¡Cuatrocientos veinte euros, dos pantalones!», «¡quinientos trece por un abrigo!», «¡Un conjunto de ropa interior, trescientos!». Al cuarto mensaje decidí no leerlo y llamar directamente a Patricia para que cesara ese dispendio. La muy hija de perra debía estar esperando la llamada porque saltó el contestador, informando que su teléfono no estaba operativo.</p>



<p>«Mierda, la tarjeta era la Visa Oro y no tiene límite», asustado ya, exclamé para mí.</p>



<p>Dos horas después y seis mil seiscientos quince euros más pobre, la zorra de mi secretaría me llegó por detrás:</p>



<p>&nbsp;―Don Lucas, le debes cuarenta pavos a Ernesto por las molestias― oí su dulce voz en mi oído señalando un porteador que se había agenciado para que llevara las bolsas.</p>



<p>Al girarme casi me como sus pechos al estar agachada, pero eso no fue lo peor, sino que impresionado me quedé mirando lo erectos que tenía los pezones y ella me pilló:</p>



<p>―Sí, jefe. A su secretaria se le ponen así cuando consigue darle un buen repaso a un incauto― reconociendo tanto el fenómeno como que consideraba que me había vencido.</p>



<p>Es más, pensando que podía irse, se despidió.</p>



<p>―Perdona, se me había olvidado comentarte que os he reservado sitio en una peluquería especializada en peinados africanos para que os hagan a las dos esas trenzas que me dijiste le quedarían tan bien a Natacha― escuchó a su espalda.</p>



<p>Volteándose, me gritó que, en su caso, dos peluqueras iban a tardar al menos cuatro horas:</p>



<p>―Por favor― &nbsp;Natacha le rogó emocionada: ― siempre he deseado que me peinaran así.</p>



<p>Nuevamente, Patricia se sintió obligada a complacerla:</p>



<p>―Vamos antes de que me arrepienta, ¡muñeca!&#8230;</p>



<p>Cuatro horas y media después, vi llegar a Natacha y a Patricia con el pelo recogido en múltiples trencitas, todas ellas rematadas por una bola de colores. La belleza de mi secretaría con ese peinado afro me hizo babear y por eso apenas me fijé en que la rusita daba saltitos a mi lado buscando que le hiciera caso. Viendo la decepción de la chavala al no conseguir que me fijase en ella, la zorra de piel morena decidió tomar cartas en el asunto y cogiendo a la cría de la cintura, la besó en los labios mientras le decía que estaba preciosa y que si su “Lucas” no se lo había dicho era solo porque quería hacerlo cuando nos quedásemos solos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La sonrisa que brilló en su cara me hizo comprender muy a mi pesar que mi empleada había actuado correctamente y por eso cuando la cría se adelantó para ver una tienda, únicamente critiqué que se hubiese referido a mí como “su Lucas”.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si usted lo desea, dejaré de llamarle así ante Natacha, pero entonces aténgase a las consecuencias― contestó.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qué en vez de disculparse, encima se me rebelase poco menos que llamándome imbécil, me cabreó y cogiéndola del brazo, exigí que se explicara.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Esa criatura está y siempre ha estado sola. En su casa, es la primera vez que siente algo parecido a un hogar. Con ella, he recalcado siempre que usted es mío para que no se frustre intentando convertirse en algo más. Si no lo hiciera, esa pobre se sentiría con derecho a ser su pareja&#8230; Ahora que lo sabe, Don Lucas, ¿cómo quiere que hable de usted a Natacha?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Como tu Lucas― con la cola entre las piernas, respondí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que no supe prever es que, haciendo valer su victoria, esa mujer esperara a la vuelta de la rubita para meter la lengua hasta el fondo de mi garganta y diciéndonos adiós, pidiera a la criatura que cuidase de “su” hombre hasta el lunes.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Así, lo haré doña Patricia.</p>



<p>La alegría con la que movía el trasero en dirección a la parada de taxis fue otro plomo en mi ánimo cada vez más hundido, pero lo que realmente supuso un toque de atención fue reconocer lo excitado que me había dejado ese beso.</p>



<p>«¡Cómo se ha atrevido! ¡Voy a denunciarla por acoso y despedirla!», me prometí sabiendo que jamás lo llevaría a cabo.</p>



<p>Para colmo de males, Natacha se me arrimó pegándose más de la cuenta mientras decía:</p>



<p>―Amo, ya ha oído a su señora. Hasta pasado mañana, seré yo quien lo mime.</p>



<p>En vez de contestar, miré el reloj y le rogué que se diese prisa porque en veinte minutos debíamos estar en casa, porque quería presentarle a un amigo.</p>



<p>―Un psiquiatra, ya lo sé. Mientras nos peinaban, Patricia me avisó que uno de estos días iba a recibir la visita de uno de esos médicos porque usted quería comprobar que su muñeca de porcelana no se rompería en mil pedazos.</p>



<p>A pesar de ser consciente de que por medio del sistema de seguridad esa guarra de ojos tan negros como su corazón podía espiarme, en ese momento, di por sentado que conociendo cómo era yo había supuesto que no aceptaría la opinión de sus especialistas y que me buscaría uno, y no que ¡me espiaba! Por eso lejos de contrariarme, lo vi como un favor al haberla preparado para aceptar ser examinada por mi amigo.</p>



<p>Y así fue, cuando Julián llegó, pude dejarle sola con él sin tenérselo que explicar. Lo que había previsto como una charla que duraría media hora, se prolongó casi toda la tarde y eran cerca de las ocho, cuando la rusa llegó a mi despacho diciendo que el médico quería hablar conmigo. Sabiendo que esa conversación era algo que Natacha no debía escuchar, le cerré la puerta en las narices cuando intentó entrar conmigo al salón.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_030_9298.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Cuéntame, ¿cómo la has visto? ― pregunté mientras me servía una copa.</p>



<p>―Mal, francamente mal. Podría mentirte y asegurarte que bajo mis cuidados esta cría mejoraría, pero no sería verdad. Solo podemos encauzarla para que no busque la felicidad autodestruyéndose y por ello, considero necesario que me vea una vez a la semana.</p>



<p>― ¿No entiendo que es eso de autodestruirse? ― reconocí.</p>



<p>―El malnacido que la adiestró elaboró un cruel sistema de adoctrinamiento por el cual grabó en el interior de la paciente una absoluta dependencia hacia el hombre que la adquiriera, de forma que si no consigue el cariño de su dueño se verá abocada al suicidio.</p>



<p>― ¿Por qué alguien haría eso? Lo lógico sería venderla en vez de hacer que se mate haciendo que su comprador pierda todo lo invertido en ella.</p>



<p>Mi pregunta rozó el histerismo al hacerme ver la gravedad de su problema:</p>



<p>―Aunque no veo en ella nada que impida que la vendas, personalmente, creo que el lavado de cerebro que sufrió iba enfocado a que el hijo de perra que la comprara pudiese disfrutar viendo como poco a poco Natacha se iba desmoronando. Te parecerá algo que solo una mente enferma puede planear, pero sé que su torturador le ha dejado impreso que se suicide colgándose de una cuerda.</p>



<p>Cayendo en el sofá, pregunté cómo debía confrontarlo y qué debía hacer con la joven:</p>



<p>―Lo lógico sería cederle en propiedad la chica a un colega para que la interne en un hospital, pero eso solo sería trasladar el problema a otro. Como te conozco y sé que no vas a rehuir tu responsabilidad, hasta el próximo viernes que volveré a recibirla, deberás mostrarte cariñoso con ella y dejar que su sexualidad fluya. Si te encuentras con algo que no sepas interpretar, deberás llamarme.</p>



<p>― ¿Qué has dicho? – chillé creyendo que no había entendido.</p>



<p>―Exactamente, lo que has oído. El que la torturó se ha asegurado de dejar detonantes de actuación escondidas en su mente y debemos irlos descubriendo sin ponerla en riesgo.</p>



<p>― ¿Detonantes de actuación? ― pregunté.</p>



<p>―Sí, acciones o situaciones que pueden parecer inocuas pero que darán inicio a una serie de consecuencias pregrabadas en su cerebro y ante las que deberás reaccionar. Para que te hagas una idea, quizás una palabra que digas la hará lanzarse por la ventana o por el contrario que automáticamente se quede dormida. Solo su torturador y el hombre para el cual la habían diseñado saben en qué consisten.</p>



<p>―Julián&#8230;entiendo, pero, no me has dicho cómo debo actuar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Midiendo sus palabras, respondió:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Si ves que el detonante ha desencadenado consecuencias dañinas para la paciente, dando una contraorden que mitigue sus daños. Pero si es algo bueno&#8230; ¡deberás dejar que fluya hasta el final!</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un escalofrío recorrió mi piel al escuchar al psiquiatra y totalmente abrumado por la responsabilidad, lo acompañé a la puerta y me despedí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Cortar e impedir todo lo que consideres negativo, alargar y propiciar lo positivo― me hizo recordar antes de desaparecer por el pasillo&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">6</h1>



<p>De vuelta al salón, rellené mi copa y encendiendo la tele, me puse a ver la clásica comedia que programaban los sábados para ser disfrutada en familia. Acaba de seleccionarla, cuando por la puerta y siguiendo lo aprendido, Natacha apareció desnuda. En silencio, apoyó su cara en mi muslo tumbándose a lo largo del sofá. Tras el duro vaticinio de Julián, vi como algo bueno las risas con las que reaccionaba a las previsibles situaciones en las que iban viéndose involucrados los protagonistas y por eso, mientras daba un sorbo al whisky, con la mano libre acaricié a la rubita metiendo los dedos entre sus trenzas.</p>



<p>El profundo gemido que, brotó de su garganta al sentir mis yemas recorriendo con suavidad su nuca, me hizo girar. Al hacerlo, vi que tenía las areolas erizadas y la cara desencajada por el placer. Admitiendo que ese tipo de caricias era uno de los desencadenantes que habían grabado en sus neuronas para afianzar el dominio de su comprador, instintivamente, retiré la mano como si quemara.</p>



<p>Natacha, al verse privada de ese gozo, se echó a llorar con una angustia y un dolor a los que no me pude resistir. Y deseando que cesaran ambos, recorrí con los dedos la parte posterior de su cabeza, volviéndola a sumir en un éxtasis sexual que jamás había conocido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Qué me hace mi señor? ― sollozó de felicidad mientras sentía que todas y cada una de las células de su cuerpo gozaban con ese acto tan normal.</p>



<p>―Mimar a mi muñeca― contesté y consciente de lo que ocurría, no me quedó otra que seguir el consejo de Julián alargando el placer de la rubita.</p>



<p>― ¡Me arde todo! ― rugió mientras, separando las rodillas, intentaba refrescar su sexo abanicándose con un papel.</p>



<p>―Déjate llevar y disfruta― comenté con la esperanza de que me hiciera caso y que, con mi ayuda, esa jovencita fuese olvidando sus penurias pasadas.</p>



<p>Lo que nunca adiviné fue que esas tres palabras unidas fuesen otra espoleta oculta lista para detonar y que, pegando un berrido, su sexo se convirtieran en una fuente y que de su interior brotase su flujo en forma de chorro y que tras hacer una media circunferencia en el aire fuese a caer en mitad del parqué.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_052_e338.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Qué le ocurre a su muñeca para no poder dejar mear? ¿Por qué siente tan rico cuando hace pis junto a usted? – sin dejar de retorcerse, preguntó.</p>



<p>No sé qué me impactó más, si el total desconocimiento que esa joven tenía sobre su cuerpo o la peculiar manera en la que se corría. Había leído muchas veces acerca de esa forma de eyaculación, pero siempre la consideré una leyenda urbana y, por ende, jamás la había contemplado. Aun así, no pude contener la curiosidad y atrayéndola hacia mí sin dejar de acariciarle la nuca, repetí en su oído:</p>



<p>― Déjate llevar y disfruta.</p>



<p>Al reiterar sobre el resorte que había grabado en su mente, Natacha se vio lanzada hacia un orgasmo todavía más ruidoso, atronador y húmedo que el anterior y pegando su cuerpo al mío, bañó mis piernas con su esencia mientras gritaba que nunca la dejase de mimar.</p>



<p>―Déjate llevar y disfruta― insistí sin darme cuenta que estaba torturándola y que tanto placer impuesto podía convertirse en dolor.</p>



<p>Afortunadamente, el malnacido que diseñó esas reacciones no creyó oportuno en este caso que su víctima sufriera y por eso cuando su cuerpo fue incapaz de resistir tanta estimulación, directamente y como si fuese algo enchufado a la red, se apagó. Al verla caer inconsciente, temí haberla matado y traté de hablar con el galeno. Cuando no contestó, marqué el número de Patricia. Mi secretaria si lo hizo y avergonzado, le narré lo que había pasado. Algo debía saber sobre la naturaleza del mal de Natacha, porque sin necesidad que le explicara más solo me pidió que le dijera que palabras había usado. Al repetírselas, me rogó que llevara el móvil al oído de la rubita y pude oír que le decía:</p>



<p>―Muñeca, ya basta y ahora descansa.</p>



<p>Como por arte de magia, su respiración se tranquilizó y ese agónico derrumbe se convirtió en un sueño donde su rostro radiaba bienestar.</p>



<p>Al explicar a la morena que la rusa estaba tranquila, la tomó contra mí y el poco seso que había mostrado al violentar de esa manera la resistencia de la cría:</p>



<p>―Don Lucas, la puse en sus manos pensando en que sabría hacerla disfrutar, no en que abusaría de su poder torturándola.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus palabras deduje que daba por sentado que necesitaba una mujer y completamente fuera de mis casillas, respondí atacándola y con toda la mala leche del mundo, comenté que, si tanto le interesaba mi bienestar y el de la mujer que estaba durmiendo en el sofá, lo que debía hacer es venir a la casa y meterse desnuda en nuestra cama.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Desde ahora te digo que algún día lo haré― contestó sin cortarse: ― Pero, no ahora.</p>



<p>Pensando que era una calientapollas y que se conformaba con amenazar, insistí en mi ataque:</p>



<p>―Si no es ahora, ¿cuándo?</p>



<p>―El día que me lo pidas de rodillas mientras pones en mi dedo un anillo.</p>



<p>Por supuesto, ¡la colgué!&#8230;</p>



<p>Oír de los labios de Patricia que se sentía con derecho a exigir que le pidiera matrimonio me pareció del todo absurdo y más cuando hasta entonces había dado sentado su predilección por las damas. Con los nuevos datos que había conseguido recopilar esa mañana, encendí el ordenador y busqué confirmar algo que me llevaba rondando como una parvada de buitres alrededor de mi cabeza desde que me habló de la ONG.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;«El fin de su romance con el banquero, la venta de su empresa y la fundación de ese organismo benéfico fueron concatenados en el tiempo y eso no fue producto de la casualidad», me dije mientras metía en google el nombre de ese hombre y dos palabras: “escándalo”, “prostitución”. Al no darme un resultado que me resultara interesante, cambié estas por “rumor” y “tráfico de mujeres”. Fue entonces cuando en mi pantalla apareció que a raíz de un soplo anónimo la policía había localizado los cuerpos de tres desgraciadas en una nave que pertenecía al financiero. Por lo visto, las fallecidas eran hijas de gente bien que un día desaparecieron sin dejar rastro. Sus autopsias determinaron que habían sido objeto de torturas y a pesar de no haberse comprobado la participación del susodicho, corría el rumor que la policía sabía que una de sus amantes fue quien dio el chivatazo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¡Patricia! ― cuadrando el puzle, exclamé.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De algún modo, la morena debió descubrir que las actividades ilícitas de su amante y sintiéndose culpable, tras denunciarlo, vendió la empresa y usó el dinero para redimir su pecado.&nbsp; La lógica era aplastante, pero habría a la vez otro interrogante: “¿qué había pasado para que esas muertes le cambiaran la vida?”. Obtuve una pista, investigando las identidades de los cuerpos, al descubrir que una de ellas, una tal Isabel Pérez, había estudiado en el mismo colegio que mi secretaria. Lo único que faltaba por reunir era los flecos que la hubieran llevado a denunciar a su ex.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «O bien se enteró de la muerte de su compañera o lo que es peor, ella misma la provocó», medité valorando ambas opciones.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No me quedó otra que anotar esa cuestión en el largo rosario de dudas que algún día debería resolver con ella, cuando Natacha se levantó y llegó a donde yo estaba preguntando qué era lo que había pasado y por qué se había despertado en mi cama.</p>



<p>― ¿No te acuerdas de nada? ― pregunté.</p>



<p>―Sí, recuerdo que estaba tumbada a su lado y sus dedos acariciándome― sonrió.</p>



<p>― ¿Haz memoria? ¿Recuerdas algo más? ― insistí.</p>



<p>El rubor de sus mejillas me informó que lo había hecho, aun antes de que reconociera entre balbuceos que había experimentado algo muy placentero y que se había meado sobre mis pantalones:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_058_d562.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―No te measte&#8230; te corriste. Lo que sentiste se llama orgasmo y es totalmente natural. No tienes que avergonzarte de nada.</p>



<p>Mis palabras le dieron qué pensar y tras unos segundos acomodando sus ideas, respondió:</p>



<p>―No me avergüenza, me gustó y me gustaría que se volviera a repetir, pero no sé cómo.</p>



<p>―Basta con que me lo pidas y yo lo haré posible― hundiendo mis yemas entre tus trenzas, respondí.</p>



<p>Saber que su placer iba unido a mis mimos la hizo feliz, pero no la dejó satisfecha y manteniéndose alejada de mí, dejó claro su total inexperiencia preguntando si eso significaba que habíamos follado. &nbsp;Reconozco que debí ser más comprensivo con ella y jamás soltar esa carcajada, pero me pilló con el pie cambiado que un pedazo de mujer tan bella no supiera nada de sexo.</p>



<p>―Perdona― me disculpé al ver sus lágrimas: ―No, no hemos follado, pero lo que has sentido es parte de mi amor.</p>



<p>―Entonces, ¿cuándo me vas a enseñar a follar?</p>



<p>«Y ahora, ¿qué contesto?», medité tan asustado por la responsabilidad como incrédulo y tratando de cambiar de conversación, quise saber cómo era posible que no hubiese hablado nunca con una amiga del tema.</p>



<p>―Nunca he tenido una amiga. Es más, hasta conocer a Patricia, la única persona con la que recuerdo haber hablado desde que me compró a mis padres fue con mi antiguo dueño.</p>



<p>― ¿Qué edad tenías? ― necesité saber a pesar de meterme entre arenas movedizas.</p>



<p>―No lo sé, pero me bajó la regla cuando ya vivía con ese hombre.</p>



<p>Siendo los doce años lo más frecuente, supe entonces que esa joven había estado bajo las garras de su torturador al menos diez años. Bajo esa óptica, adiviné que no solo iba a ser mi deber el hacerla feliz sino también que debía ejercer de maestro para que, sin presión alguna, fuera descubriendo tanto los demás aspectos de la vida como su sexualidad.</p>



<p>Por eso cuando de nuevo, insistió en que deseaba follar conmigo, la abracé y depositando un tierno beso en su mejilla, susurré en su oído que antes de subir una montaña, había que aprender a andar, luego correr, para finalmente escalar.</p>



<p>―Don Lucas, estoy lista para que me enseñe.</p>



<p>―Lo sé, muñequita, lo sé― respondí no tan seguro de&#8230; ¡estarlo yo!</p>



<p>Curiosamente, en ese preciso instante, escuché en mi móvil la llegada de un mensaje de Patricia. Al abrirlo, era un artículo en el que un psiquiatra daba consejos de cómo tratar a los niños que habían sido víctimas de abusos. A pesar de que Natacha hacía tiempo que había dejado la adolescencia, reconozco que me enfrasqué en su lectura en busca de un método o procedimiento avalado por la ciencia con el afrontar su enseñanza. La insistencia del especialista en que se debía crear un ambiente seguro alrededor del sujeto que les permita tomar un papel más activo a la hora de abordar la vida, me hizo recapacitar. Ya que, al definir el clima donde debería vivir, repetía continuamente la importancia de que los pacientes se integraran en el grupo bajo la atenta mirada del terapeuta.</p>



<p>Que después de la discusión que habíamos tenido, esa arpía se permitiera aconsejarme a la distancia <a>cómo</a><a href="#_msocom_1">[fs1]</a>&nbsp; actuar, me cabreó:</p>



<p>―Si cree que es tan fácil, debería venir y hacerlo ella― grité al móvil descargando las culpas en él.</p>



<p>La rusa, que se había mantenido callada mientras yo leía, vio apropiado insistir en cuando iban a empezar sus clases.</p>



<p>―Vamos a hacer algo más divertido, te voy a llevar al cine― respondí escaqueándome del tema en vez de tomarlo por los cuernos.</p>



<p>La mera mención de ir a una sala de cine fue suficiente para hacerla olvidar su propósito inicial y únicamente me rogó que la ayudara a vestirse, porque era la primera vez que podía elegir entre distintas prendas y ahora no sabía cuáles eran las apropiadas. Confieso que no me pareció ser algo difícil y rápidamente comprobé mi error cuando, yendo con ella a su cuarto, elegí para ella un coqueto, pero nada escandaloso conjunto de bragas y sujetador. Tan acostumbrado estaba a verla en pelotas que nunca me esperé que contemplarla vistiéndose me resultara algo tan estimulante.</p>



<p>«Es una joven preciosa», murmuré para mí en vez de reconocer que estaba buenísima y que de habérmela encontrado en una disco hubiese intentado echarle un polvo.</p>



<p>Natacha algo se olió porque con una exagerada alegría me preguntó si la encontraba guapa con ropa interior. Alguien más versado en la vida, hubiese comprendido el motivo del bulto de mi pantalón, pero ella no y acercándose a mí, llevó sus manos a mi bragueta y preguntó qué me ocurría mientras se aferraba mi erección.</p>



<p>―Muñeca, no sigas. Uno no es de piedra― respondí haciéndole ver que me había excitado.</p>



<p>― ¿Eso significa que le gusto?&#8230; ― preguntó colorada sin retirar la mano de mi miembro: ―&#8230; ¿Qué le gusto como mujer?</p>



<p>Su sorpresa no obtuvo respuesta y dejándola con la pregunta en sus labios, saqué de su armario un vestido que encontré, para a continuación salir huyendo. Ya en mi habitación, completamente abochornado por mi comportamiento, me sentí un mierda, un hijo de perra sin sentimientos al saber lo cerca que había estado de abrazarla y demostrarle lo mucho que me atraía.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_120_828e.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Cuando ya vestida vino por mí, la cosa empeoró al quedarme con la boca abierta con su belleza.</p>



<p>― ¿Sabes que será mi primera vez? ― comentó refiriéndose a la película, pero en mi interior fue otra cosa lo que entendí y contra mi voluntad, me vi amando a esa criatura.</p>



<p>La certeza de que, dado su adiestramiento, ante cualquier avance de mi parte Natacha se vería forzada a entregarse a mí no facilitó el tema y de camino al coche, fui tan cerdo de plantearme si al volver del cine abusaría de ella llevándomela a la cama. Por el contrario, la tentación que caminaba a mi lado parecía encantada con mis miradas y sellando mi derrota, al sentarse en el asiento del copiloto, no le importó que el vuelo de su falda dejara al descubierto gran parte de sus muslos. Fijándome de reojo en su sonrisa, supe que lo había hecho a propósito y esforzándome a no seguir acariciándola con los ojos, aceleré rumbo a donde proyectaban el film al que íbamos.</p>



<p>Asumí que ese bombón no iba a dejar de usar el poder que recién había descubierto tener sobre mí cuando en un semáforo retomó el tema de su educación al querer saber, si al volver a casa, iba a comenzar sus clases.</p>



<p>―Quiero que, además de mi dueño, sea mi maestro― con tono incierto, afirmó mientras incrementaba mi turbación posando su mano en mi bragueta.</p>



<p>Mi pene reaccionó de nuevo irguiéndose bajo mi ropa y la rusita al sentir cómo crecía con descaro me preguntó qué tenía que hacer para que su sueño se cumpliera.</p>



<p>―Por lo pronto, ¡deja de tocarme! ― exclamé: ― ¡Estoy conduciendo!</p>



<p>Sus risas retirando los dedos ratificaron mi derrota y preocupado, me percaté de lo mucho que deseaba acallarlas mordiendo sus labios.</p>



<p>«Macho, no te pases», me repetí en un intento de rechazar esa funesta idea, «es solo una niña, aunque tenga un cuerpo de pecado».</p>



<p>Desde su asiento, la chavala siguió presionando como si hubiese leído mis pensamientos:</p>



<p>―Quiero ser la muñeca que cuide a mi amo las veinticuatro horas del día.</p>



<p>Como es lógico, comprendí el significado oculto bajo esa frase y que, con ella, esa criatura celestial se estaba autonombrando para compartir mis sábanas y no solo el techo donde vivíamos. La poca decencia que me quedaba me hizo parar el coche y girándome, quise dejar las cosas claras:</p>



<p>―Natacha, mi responsabilidad es conseguir que olvides el sufrimiento que has pasado y que finalmente seas feliz.</p>



<p>Quizás no quiso o no pudo entender lo que quería decir y malinterpretando mis palabras, se lanzó a mis brazos en busca de mis besos, mientras me daba las gracias por velar por ella. La seguridad que mostraba y el roce de sus pechos contra el mío los sentí fueron un clavo más que cerraba el ataúd de mi condena e incorporándome de nuevo al tráfico de la Castellana, tomé la gran vía.</p>



<p>Al llegar, faltaba casi tres cuartos de hora para la película y recordando que no habíamos cenado, la llevé a un burguer que había a la vuelta. Para Natacha todo era nuevo y por eso ilusionada no dejó de reír y de bromear mientras daba cuenta de su hamburguesa. La casualidad quiso que un matrimonio con un niño se sentara en la mesa de al lado. Eso tan normal a mis ojos, no lo fue a los suyos y con cierta envidia, la rusita sonrió al ver el cariño con el que el padre daba de comer a su retoño.</p>



<p>Entendiendo lo que sentía, tomé una patata y se la puse en la boca sin saber que ese gesto desembocaría en una pregunta que me resultó difícil contestar:</p>



<p>―Don Lucas, ¿por qué su Patricia no vive con nosotros?</p>



<p>Sin una respuesta clara que dar, recordé las razones que mi secretaría me había dado para simular que éramos pareja y evitando desmentirla, no fuera que eso la diera pie a querer ser ella mi mujer, respondí:</p>



<p>―Es una mujer independiente y le doy espacio.</p>



<p>Digiriendo mis palabras, se quedó callada durante unos segundos antes de replicar:</p>



<p>―Cuando me dejó en su casa, prometió que seríamos una familia y que podría contar siempre con ella.</p>



<p>Algo en mi interior, me hizo sospechar que esa criatura se sentía perdida sin una figura femenina y que al igual que el niño que teníamos enfrente, deseaba tener quizás no un padre y una madre sino un hombre y una mujer que le brindaran su cariño.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/147/68863805/68863805_103_bc67.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Echo de menos poder preguntarle cosas― recalcó bebiendo su refresco.</p>



<p>Mi corazón se encogió al oírla y cometiendo una locura, le aseguré que hablaría con ella para que se pasara al menos una temporada con nosotros. El brillo de felicidad de su sonrisa me impactó, pero lo que realmente me dejó anonadado fue oírle proclamar sin ningún pudor las ganas que tenía de ver a la negrita disfrutando mientras le hacía el amor. Esa imagen tantas veces rechazada al considerar poco ético el acostarme con una empleada volvió con fuerza y por mucho que me revolviera el estómago, deseé brevemente que se hiciera realidad.</p>



<p>«Estás loco, ¡eso nunca debe ocurrir!», mi conciencia dictaminó mientras mi mente soñaba con hundir la cara entre sus oscuros pechos.</p>



<p>La hora me hizo volver a la realidad y tomando la mano de Natacha, nos encaminamos hacia el cine. La alegría de la rusita al entrar me hizo olvidar ese deseo y la llevé hasta su asiento. Desconociendo lo pronto que volverían los problemas, me senté junto a ella. Mi optimismo se transformó en angustia cuando se apagaron las luces y algo hizo “crack” en la dulce damisela que tenía a mi lado. Nada me preparó a hacer frente a los gritos de miedo y terror que comenzó a dar al verse a oscuras. Como sería la cosa que el operario de la sala creyó prudente volverlas a encender y mientras el resto de los espectadores miraban horrorizados hacia nosotros, la vi retorcerse en el suelo con los ojos saliéndosele de las orbitas presa de dolor. Recordando las palabras con las que la morena había conseguido detenerla con anterioridad, las susurré en su oído. Pero para mi desgracia, no evitaron que siguiera convulsionando con sus alaridos resonando a través de las butacas.</p>



<p>El murmullo de la gente se estaba trasformando en ira al dar todos por sentado que era mi culpa y que, amparado en la oscuridad, había abusado de ella. Eso me hizo reaccionar e instintivamente, crucé su cara con un tortazo. El sonido de mi mano impactando contra su rostro incrementó más si cabe la indignación de las personas que había acudido a ver esa película, pero entonces la joven dejando de gritar, buscó mi consuelo abrazándome.</p>



<p>― ¿Qué me ocurre? ¿Por qué soy así? – lloró en mis brazos.</p>



<p>La vergüenza del momento no fue nada en comparación con el dolor que experimenté por ella y cogiéndola de la cintura, desaparecimos de la sala mientras los testigos pedían que viniera alguien de seguridad.&nbsp; El escándalo y la llamada del encargado hizo que al salir nos topáramos con ellos y solo cuando vieron que la cría les pedía disculpas aludiendo a un supuesto miedo a la oscuridad, permitieron que nos fuéramos sin llamar a la policía.</p>



<p>&nbsp;Al llegar a casa y sintiéndose a salvo, Natacha se tranquilizó e intentando simular que nada había ocurrido, me rogó que nos fuéramos a dormir. Destrozado, accedí y sin tocarla para que no se sintiera presionada, la guie hasta mi cuarto. Ya en él, la rusita se desnudó y siguiendo la rutina de otras noches, tomó la almohada y se tumbó sobre la alfombra mientras volvía a sollozar.</p>



<p>Asumiendo que la joven precisaba de cariño, haciendo de tripas corazón, le pedí que por esa noche durmiera conmigo. Como un autómata, obedeció subiéndose a la cama y buscando mi calor, se acurrucó sobre mi pecho mientras me daba las gracias por ser tan comprensivo con ella. La desnudez de su cuerpo pegado al mío me hizo dudar de las motivaciones que me habían hecho invitarla a compartir mis sábanas y cerrando los ojos, deseé que al día siguiente su sufrimiento hubiese desaparecido y no volviera jamás.</p>



<p>―Esta muñequita necesita sentir el amor de su dueño abrazándola― susurró girándose mientras me obligaba a poner la mano en sus senos.</p>



<p>―Duerme, pequeña, duerme― respondí impresionado por la dureza de su trasero rozando mi entrepierna.</p>



<p>La ternura de mi voz fue la nana que necesitó para quedarse dormida y con el sonido de su respiración, cerrando los ojos, la imité. Desconozco cuanto tiempo paso antes de empezar a soñar que estaba con Altagracia y que era ella la mujer que descansaba a mi lado, lo cierto fue que en mi mente fueron las manos de esa fulana las que sacaron mi pene del pijama para colocárselo entre las piernas.</p>



<p>―Le amo, don Lucas― escuché entre sueños y reconociendo en su voz a la rusita, me desperté.</p>



<p>Decidí seguir simulando estar dormido al sentir que, aprisionando mi erección entre sus muslos, se ponía a restregarla contra su vulva. Al principio sus movimientos eran lentos, como si estuviese tanteando cómo se hacía el amor. La humedad que envolvió a mi miembro y el hecho que en ningún momento Natacha intentara hundirla en su interior evitaron que reaccionara apartándome. Su confianza al creerme dormido se incrementó y poco a poco fue acelerando la velocidad con la que buscaba forzar las sensaciones que iba descubriendo. La inusitada dureza de su pezón bajo mi mano me confirmó su excitación. Sabedor de que tenía el deber de dejar que su sexualidad fuera fluyendo sin mi intervención, permití que usara mi tallo como herramienta involuntaria de su lujuria.</p>



<p>El ritmo creciente con el que se masturbaba con mi glande y sus gemidos me cautivaron y nuevamente tuve que esforzarme para no revelar que era plenamente consciente de lo que ocurría al notar en ella los primeros síntomas del placer.&nbsp;</p>



<p>«Deja que lo descubra sola, no intervengas», como un mantra me repetí reteniendo el dictado de mis hormonas mientras la niña iba dando paso a la mujer.</p>



<p>El suave sollozo que brotó de sus labios al caer en brazos del que quizás era su primer orgasmo no impuesto, me obligó a cambiar de estrategia y besando su nuca, la azucé a seguir.</p>



<p>―No quería&#8230;― al verse descubierta, comenzó a decir avergonzada.</p>



<p>―Tranquila, muñeca― susurré en su oreja mientras tiernamente regalaba sobre su pecho un pellizco: ―No has hecho nada malo.</p>



<p>&nbsp;Asumiendo mi permiso, se lanzó ya desbocada a por el gozo que experimentaba y girándose, intentó con cierta torpeza empalarse con mi miembro. Rechazando sus intentos, le pedí que continuara frotándose evitando culminar.</p>



<p>―Debo aprender a andar antes de correr― recordando mi consejo, suspiró.</p>



<p>Aferrándome a sus palabras, quise hacerla ver que debía ir paso a paso murmurando que siempre que me necesitara, me tendría. Pero sé que no me escuchó porque para entonces su cuerpo estaba inmerso en una vorágine de sensaciones que la zarandearon con inusitada fuerza y ante mis ojos, su mundo colapsó mientras empapaba el pantalón de mi pijama.</p>



<p>Mi cara al ver la intensidad de su entrega le hizo reír y llena de alegría, me rogó que no la regañara por habérmelo mojado mientras intentaba quitármelo. Defendiendo la única defensa que seguía evitando que la hiciese mía, le di un azote diciendo:</p>



<p>―Ya que esta noche aprendiste a andar, ahora descansa.</p>



<p>Frotando su nalga, respondió sin percatarse de sus palabras:</p>



<p>―Me hubiese gustado que Patricia hubiera estado aquí.</p>



<p>― ¿Por qué lo dices? ― espantado, pregunté.</p>



<p>―También soy su muñequita y quiero que esté orgullosa de mí― cerrando sus ojos, musitó mientras a su lado un estremecimiento recorría mi cuerpo&#8230;</p>



<hr class="wp-block-separator has-css-opacity"/>



<p><a></a></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/147/68863805/68863805_099_e6b9.jpg" alt="" width="676" height="1014"/></figure></div>


<p></p>
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		<title>Relato erótico: &#8220;La historia de un jefe acosado por su secretaria 2&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2026 17:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[interracial]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[3 Al despertar, Altagracia se había ido. Sin saber si lo agradecía o por el contrario lo lamentaba, me levanté para irme a trabajar y ya en la ducha, supe que era una pena que no se hubiese quedado por lo mucho que me hubiese gustado enjabonar sus pechos mientras la mimaba. La tristeza de esa mañana mutó en alegría cuando al irme a vestir, leí la nota que me había dejado sobre la mesilla: “Gracias por hacerme sentir tu negrita”. Tras leerlo, sonreí y con renovados ánimos, salí a enfrentarme con el mundo sabiendo que lo quisiese o no [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">3</h1>



<p>Al despertar, Altagracia se había ido. Sin saber si lo agradecía o por el contrario lo lamentaba, me levanté para irme a trabajar y ya en la ducha, supe que era una pena que no se hubiese quedado por lo mucho que me hubiese gustado enjabonar sus pechos mientras la mimaba. La tristeza de esa mañana mutó en alegría cuando al irme a vestir, leí la nota que me había dejado sobre la mesilla:</p>



<p>“Gracias por hacerme sentir tu negrita”.</p>



<p>Tras leerlo, sonreí y con renovados ánimos, salí a enfrentarme con el mundo sabiendo que lo quisiese o no reconocer esa cubana de piel morena había calado hondo en mi interior. Al aparcar mi coche en el edificio donde estaba ubicada mi empresa, vi la moto de Patricia en la plaza de al lado y recordé haber visto una vespa igual pasando por el hotel cuando entraba acompañado. Desechando de inmediato la idea, pero recordando su existencia, llamé al ascensor. La sonrisa de mi secretaria trayéndome el café, poniendo en mis manos el correo mientras revisábamos mi agenda, me resultó gratificante y sumergiéndome en el día a día, afronté los problemas y retos de la compañía con alegría.</p>



<p>―Don Lucas, la próxima vez que no vaya a venir, avíseme. Le estuve esperando hasta las nueve― reprochando mi comportamiento, protestó con un deje de amargura la joven.</p>



<p>―No te preocupes, no volverá a pasar. Te lo prometo― sin dar mayor importancia a su queja, respondí.</p>



<p>Aceptando mis disculpas, aprovechó para decirme que había contratado un moderno sistema de seguridad para mi piso y que había quedado en abrir la puerta a los técnicos que iban a instalarlo. Como eso era algo que tenía en la casa que había compartido con mi ex, me pareció bien y únicamente pregunté en qué consistía:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_026_8e7c.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>―Es lo último en domótica. Desde el móvil, podrá poner la calefacción, la música ambiente e incluso cuando esté de viaje ver lo que ocurre en las diferentes habitaciones.</p>



<p>―Nena, ¡no sé qué haría si no te hubiese contratado! ― exclamé reconociendo mi torpeza para los asuntos domésticos.</p>



<p>Aun ruborizada por esa afirmación, no perdió la oportunidad de preguntar si había pensado que iba a necesitar alguien que limpiara el piso, planchara la ropa y me diera de comer.</p>



<p>― ¿Te importa que lo deje en tus manos? ― espantado con la perspectiva de tenerme que ocupar de entrevistar una retahíla de candidatas para luego equivocarme, respondí.</p>



<p>―Tu niña se ocupa― luciendo la blanca perfección de sus dientes, respondió y dejándome con los papeles, se fue a su puesto de trabajo.</p>



<p>Espantado reconocí en ese “tu niña” el parecido a “su negrita” de Altagracia, pero pensando que veía moros con trinchetes me olvidé del asunto mientras recibía la visita de Joaquín presentándome los resultados de la consultora. Los números del trimestre no eran lo suficientemente buenos y por eso invertí casi todo el resto de la mañana revisando con el financiero las razones del limitado crecimiento que habíamos conseguido.</p>



<p>―Básicamente, se debe a que la agencia de Barcelona no funciona como debía― sacando un gráfico de su desempeño contestó.</p>



<p>Tras examinar los datos, decidí tomar cartas en el asunto y llamando por el interfono a su hermana, pedí que nos sacara dos billetes para la ciudad condal.</p>



<p>―Don Lucas, ¿cuántos días se van a quedar? Lo digo porque como el domingo se tiene que ir a Frankfurt, es una tontería que vuelva a Madrid cuando puede volar desde allá.</p>



<p>La lógica que encerraban sus palabras me hizo aceptar la sugerencia y centrándome en lo importante, planeé con Joaquín el alcance de la revisión que efectuaríamos en esa delegación. No me quedó duda alguna de que el rubiales había previsto el desarrollo de la reunión cuando sacando del maletín un dossier completo, puso sobre la mesa un programa, programa que no solo incluía lo que él debía comprobar sino también todo lo que me atañía a mí.</p>



<p>― ¿Y esto? ― pregunté haciéndole ver que esos papeles no llevaban el formato que solía usar.</p>



<p>―Como ayer en la tarde no estuvo en su despacho, Patricia se aburría y me ayudó.</p>



<p>En absoluto molesto, pero con una mosca rondándome en la oreja, revisé la planificación que esa monada había preparado. Tras verificar que era un programa de máximos y que me tendría ocupado hasta bien entrado en sábado, supe que era lo necesario.</p>



<p>―Es una pena tenerla de secretaria. Con su valía podría a optar a un puesto de dirección.</p>



<p>―Ella lo sabe, pero no quiere― contestó sin aclarar las verdaderas motivaciones de su familiar.</p>



<p>Intrigado por su secretismo traté de seguir indagando, pero me encontré con su cerrazón y tontamente asumí que esa mujer no deseaba la responsabilidad de comandar un equipo. Por ello volviendo a nuestra visita del día siguiente, estudié a conciencia la cuenta de resultados de Barcelona de manera detallada y escandalizado comprobé que no solo no había crecido, sino que los gastos de representación, marcados en amarillo por Patricia, eran escandalosos. Revisando los diferentes rubros comprobé que todos y cada uno en los que avizoraba problemas habían sido resaltados con anterioridad por ella. Por ello y por un momento, pensé en llevarla con nosotros, pero recordando que si había elegido a Altagracia la noche anterior había sido por su causa, preferí no tentar al diablo y se quedara en Madrid.</p>



<p>«Algo tienen las negras que me traen loco», me dije afianzando esa ´decisión&#8230;</p>



<p>Mis peores augurios se hicieron realidad cuando al segundo día de estar en Cataluña, el delegado dimitió al sentirse incapaz de probar las razones del desmesurado gasto y de la parálisis que su gestión había abocado a la agencia. Menos mal que contaba con Joaquín y abusando de él, le pedí que se quedara al frente de esa zona mientras encontraba un sustituto.&nbsp; Al enterarse su hermana y sin que yo hubiese dado la orden, me llamó diciendo que aprovechando mi estancia en esa ciudad me había concertado una cita con un conocido, el cual cumplía todos los requisitos que necesitaba para cubrir la vacante.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ― ¿Dónde y a qué hora? ― aliviado y molesto por igual con su intromisión, pregunté.</p>



<p>―He quedado con Jaume Borrás en que cenarían en el restaurant ABaC que está en la avenida del Tibidabo.</p>



<p>Como había llegado a mis oídos la fama de su comida mediterránea, premiada con tres estrellas Michelin, no pude quejarme y únicamente pregunté cómo se las había ingeniado para conseguir mesa con tan poca anticipación.</p>



<p>―Jordi Cruz es amiguete y en cuanto se enteró que mi jefe iba a ser el cliente, movió Roma con Santiago y te hizo un hueco.</p>



<p>Colgando el teléfono, me quedé pensando en las veces que esa morena me había sorprendido en tan poco tiempo y deseando saber algo de ella, metí su nombre en internet. Cual sería mi sorpresa cuando Google me informó que esa cría había creado con solo veinte años una app que luego vendió por cien millones a una empresa americana.</p>



<p>«Por eso, ni siquiera preguntó lo que iba a ganar&#8230; ¡es millonaria!».</p>



<p>No entendiendo nada, seguí indagando y así me enteré que según corría el rumor, se había retirado del mundo informático tras un supuesto affaire con un banquero y que había jurado que jamás volvería a confiar en un hombre que estuviese casado. Mirando la foto del susodicho, me quedé alucinado con las semejanzas de ese don Juan conmigo:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_030_1283.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¡Debe ser de mi edad! ― derrumbándome en el asiento del dimitido, exclamé.&nbsp;</p>



<p>La llegada de su hermano evitó que siguiera martirizándome con ese descubrimiento y dejándolo en un lugar apartado de mi cerebro, comenté que Patricia nos había conseguido un posible delegado.</p>



<p>―Lo sé. Me ha hecho llegar su curriculum― contestó poniendo el perfil del tipo en mis manos.</p>



<p>Repasándolo, comprobé que era ingeniero por la universidad de Barcelona y master por Esade, que era trilingüe y soltero.</p>



<p>―Parece un cerebro― reconocí.</p>



<p>―Es un amor y encima está buenísimo― dejando salir su vena homosexual, no tuvo reparo en comentar.</p>



<p>Asumiendo que entre el candidato y él había habido algún que otro escarceo, solté una carcajada y cerrando el ordenador, le tomé de la cintura mientras, en plan de guasa, preguntaba si debía ponerme celoso.</p>



<p>―Para nada, tú eres mi adoración― rechazando de buen grado ese gesto, pero separándose de mí, respondió.</p>



<p>Por el brillo de sus ojos, comprendí que me había pasado dos pueblos y que de haber tenido duda de que me volvían loco las mujeres, ese rubiales quizás hubiese buscado el acercamiento.</p>



<p>&nbsp;―Perdona, si te he molestado. Estaba de broma― comenté abochornado.</p>



<p>―Lucas, sé que te pirran las faldas y que, aun así, siempre me has apoyado. No te preocupes― desternillado al ver mi cara, respondió.</p>



<p>La confianza que me acababa de trasladar me dio el valor de preguntar cómo era posible que su hermana teniendo las espaldas cubiertas de esa forma, se rebajara a trabajar de secretaría. Comprendiendo que me había enterado de su fortuna, no tuvo reparo alguno en contestar:</p>



<p>―Exactamente por eso. Sin necesidad de un sueldo que llevar a casa y como siempre había envidiado el buen ambiente que le decía que habías conseguido dar a la compañía, decidió que debía dejar de lamentarse y volver al mercado.</p>



<p>Tan obcecado estaba con que era imposible que una mujer así se fijara en mí que interpreté esa vuelta al mercado como volver a trabajar y por ello, dejando definitivamente de pensar en Patricia, me fui con su hermano a cenar.</p>



<p>Ya en el ABaC, no me sorprendió el interés de Joaquín por el tal Jaume, ya que siendo cien por cien hetero, no puedo dejar de confesar que ese adonis de casi dos metros estaba para comérselo y que, de haber nacido mujer, no me hubiese importado que me diera un buen revolcón. Para colmo, durante la cena, el tipo resultó ser no solo brillante sino encantador y por ello, en el postre y tras discutir brevemente sus emolumentos, lo contraté.</p>



<p>La alegría de mi segundo me confirmó que entre ellos había algo, pero como vivirían en diferentes ciudades y por tanto no iban a ser pareja, no me importó.</p>



<p>―Qué os divirtáis― después de pagar la cena, me despedí de ellos asumiendo que lo celebrarían en un fiero combate cuerpo a cuerpo.</p>



<p>―Nos vemos mañana― sin separar los ojos del moreno, Joaquín me dijo adiós.</p>



<p>Supe que nada más irme, lo primero que había hecho había sido llamar a Patricia cuando todavía en el taxi esa monada me llamó y tras asegurarme que el noviete de su hermano no me defraudaría, me informó que me había mandado al hotel una sorpresa. Por mucho que intenté sonsacarle qué era, no lo conseguí. Pero juro por lo más sagrado que lo último que esperé encontrar al abrir mi habitación, fue a Altagracia desnuda sobre mi cama.</p>



<p>―Mi amor, no sabes la ilusión que le hizo a tu negrita cuando tu secretaria me dijo que me echabas de menos y que me esperabas aquí.</p>



<p>La ternura y el cariño de la cubana me impidió reconocerle que no había sido mi idea y decidiendo que al día siguiente tendría que hablar largo y tendido con la responsable, me acerqué sin prever tampoco que esa mujer lo primero que hizo fue arrodillarse ante mí con la intención de hacerme una mamada.</p>



<p>―Déjame― protestó cuando quise levantarla: ― la otra noche me demostraste que sabías comerte un chocho, me toca ahora probarte que yo soy una experta mamando vergas.</p>



<p>No pude decir ni mu, ya que con una rapidez que me dejó descolocado no solo bajó mi bragueta, sino que, viendo mi erección, se la metió hasta el fondo de la garganta con una maestría que solo las hispanas conocen.</p>



<p>―Tranquila, tenemos toda la noche― dije al ver su urgencia.</p>



<p>Extrayéndola brevemente de su boca, me soltó:</p>



<p>―Te equivocas, primor. Tenemos hasta el domingo. Doña Patricia insistió en que debía despedirte en el aeropuerto y por eso, mi vuelo sale después que el tuyo.</p>



<p>Que esa arpía decidiera hasta los detalles sexuales de mi agenda, me sacó de las casillas y aprovechando que se había vuelto a meter mi pene, comencé a follarme la boca de Altagracia, pensando y soñando que era la de mi entrometida secretaria. O no le importó mi brusquedad o, por el contrario, la excitó ya que mientras la tomaba de la cabeza para facilitar la velocidad en que martilleaba su garganta, se las ingenió para llevar la mano a su entrepierna y se comenzó a masturbar. Tan furioso estaba con lo sucedido, que no cejé en mi empeño hasta que mi cabreo detonó lanzando blanca oleadas de leche directamente al estómago de la negrita.</p>



<p>Estaba a punto de disculparme cuando presa de un extraño frenesí la joven madre cayó sobre la alfombra retorciéndose mientras se corría.</p>



<p>―Mi amor, tú sí que sabes cómo tratar a una hembra― sollozó gozando del ruin trato que le había dado.</p>



<p>Tomándola en brazos, la llevé hasta la cama y tumbándome a su lado, dejé caer una duda que me estaba corroyendo:</p>



<p>―Perdona, ¿cómo contactó Patricia contigo?</p>



<p>Avergonzada se echó a llorar y con la cara angustiada, me contó que al irse me había robado trescientos euros y una tarjeta de presentación con los que compró un abrigo a su hijo. Pero que, al día siguiente, se arrepintió y leyendo la dirección de mi oficina, se plantó allí a devolverlos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_044_172c.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Se los diste a ella?</p>



<p>―Lo intenté, pero su secretaria es una dama y al saber que estaba arrepentida y el uso que le había dado, no solo no los aceptó, sino que dándome otros mil, me informó que llevaba todo el día buscándome porque le habías pedido que me encontrara para que te acompañara a Barcelona.</p>



<p>«Menuda lianta estás hecha Patricia», mascullé entre dientes sin advertir que me había tranquilizado e incluso gustado su “buen corazón”.</p>



<p>― ¿Tú también me perdonas? ― preguntó la cubana buscando mis besos.</p>



<p>Considerando su pecado algo venial, no cedí de primeras. Es más, haciendo que estaba molesto, la puse en mis rodillas mientras le decía que había sido mala y que por tanto se merecía un castigo.</p>



<p>―Lo que tú decidas, estará bien― contestó sin saber a qué atenerse.</p>



<p>Al recibir el primer azote, noté que exageraba el grito y por eso elevando su intensidad, descargué sobre sus nalgas una primera serie antes de darme cuenta de que ese escarmiento no le era intolerable y que la ponía cachonda.</p>



<p>― ¡A esta negra le gusta ser reprendida por su amo! ― gritó confirmando ese extremo.</p>



<p>Ese exabrupto ratificando su gusto por ser tratada con violencia y que se refiera a mí como su dueño me pareció tan raro como excitante y tras dejarle el culo rojo, poniéndola a cuatro patas la ensarté de un solo empujón de caderas.</p>



<p>― ¡Siga castigando a su negrita! ― rugió sintiéndose empalada: ― ¡Se lo merece!</p>



<p>Sus palabras despertaron un lado dominante que desconocía tener, y tomando sus negros rizos con una mano, azucé la velocidad de mi montura reiniciando la serie de nalgadas. Los gemidos que emitió con cada golpe no fueron de dolor sino de placer y por eso no me extrañó sentir que el manantial en que se había convertido su coño se desbordaba por mis muslos, empapando la cama. No dejando que su gozo impidiera el mío, saqué la polla de su chumino y tomando la sábana, sequé ambos sexos con ella, para a continuación volver a embutírselo hasta el fondo.</p>



<p>Nuevamente no se quejó con ese brusco asalto y notando mi glande golpeando la pared de su vagina, sonrió:</p>



<p>― ¡Cómo echaba de menos estos vergazos!</p>



<p>Riendo a carcajadas, la tomé de los hombros mientras aceleraba. Mi nuevo impulso y el cambio de postura demolieron sus últimas defensas y cayendo sobre la almohada, me rogó que la dejara descansar.</p>



<p>―Descansarás cuando consigas que me corra― le grité poniéndola de nuevo en plan perrito.</p>



<p>― ¡Por dios! No entiendo a la loca que te dejó escapar. No solo eres un buen hombre, ¡eres el mejor amante que he tenido!</p>



<p>―Deja de hablar como vieja chismosa y muévete.</p>



<p>Herida en su amor propio, la cubana convirtió su cadera en una batidora. Apenas pude resistir cuando mi pene se vio zarandeado a todos lados de una forma tan brutal como nueva, y por ello agarrando su melena, intenté que esa yegua no pudiera descabalgarme como jinete mientras en su interior explotaba derramando mi simiente.</p>



<p>―Puedo ser masoca, guarra y negra pero no vieja― rugió satisfecha mientras tirándose sobre mí comenzaba a hacerme cosquillas.</p>



<p>La genuina alegría de esa monada al haberme vencido por K.O. me hizo reír y atrayéndola hacia mí callé sus risas, o eso quise, amenazando la virginidad de su trasero.</p>



<p>― ¿Acaso el pervertido de mi señor desea darme por el chiquito? ― mirándome a los ojos preguntó:&nbsp; ― ¡A su negra es lo que más le puede gustar!</p>



<p>Tras lo cual y denotando su predilección por esa clase de sexo, tratando de resucitar mi alicaída herramienta con los labios, me informó que cuando consiguiera resucitarla debía hacer uso de ella analmente:</p>



<p>―Es lo menos que puede hacer por mí cuando he recorrido seiscientos kilómetros para venir a verle.</p>



<p>¡Su petición no cayó en saco roto!&#8230;<br></p>



<h1 class="wp-block-heading">4</h1>



<p>El sábado me despertó el sonido del jacuzzi llenándose y pensando que Altagracia deseaba empezar el día con un baño, me quedé estirándome en la cama. Supe que quería que ese baño fuera compartido cuando, al verme despierto, me llevó casi a empujones al agua.</p>



<p>―Me apetece mimarte― contestó al preguntarle muerto de risa qué coño hacía y sin dar opción a que me negara se metió conmigo en la bañera.</p>



<p>El desparpajo de esa mujer y el cariño que me demostraba me traían embelesado y cediendo a sus deseos, comencé a enjabonar sus pechos cuando con una dulce sonrisa, me lo pidió.</p>



<p>―También a tu negrita, le gusta que la mimen― estaba comentando cuando de repente sonó un mensaje en su móvil.</p>



<p>Como la confianza da asco, la cubana no pidió permiso y alargando la mano, lo cogió.</p>



<p>―Es doña Patricia― señaló al leerlo.</p>



<p>― ¿Qué quiere esa zorra? ― pregunté todavía molesto con su manía de involucrarse en todos los aspectos de mi vida.</p>



<p>―Pregunta cómo me recibió.</p>



<p>Que hasta allí llegara su interés, me sacó de las casillas y deseando darle una lección, quise saber si no le importaba que la grabara mientras me hacía una mamada. Al preguntar el motivo, le expliqué que estaba hasta los huevos de que mi secretaría se metiera en mis asuntos y qué mejor respuesta podía darle de cómo la había recibido que mandar esa prueba.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_051_42fe.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Lo estás diciendo en serio? ¿No te vas a arrepentir?</p>



<p>―Altagracia&#8230; jamás se lo mandaría desde mi móvil. ¡No estoy loco! Podría acusarme de acoso, pero llegándola de ti, se lo tendrá que comer con patatas.</p>



<p>Las risas de la cubana mientras se agachaba entre mis piernas fueron el permiso que necesitaba para poner en acción la cámara de su teléfono y durante cinco minutos grabé desde escasos centímetros de su cara la maravillosa mamada que me regaló. Tras revisar la película entre nosotros, ambos decidimos que lo mejor eran dos momentos: el primero era el instante en el que mi pene explotó llenando su rostro de semen y el segundo en el que con los dedos se lo llevó a la boca para saborearlo.</p>



<p>Sin esperar, no fuese a ser que me echara atrás y escribiendo en el teclado “No sabes qué rico pene tiene tu jefe”, Altagracia lo mandó.</p>



<p>Patricia tardó casi cuarto de hora en contestar y cuando lo hizo nos pilló ya desayunando. Juro que pensé que iba a estar echa una furia y así interpreté la carcajada de la cubana cuando vio su respuesta.</p>



<p>―Te equivocas. Lee lo que me ha contestado la doña.</p>



<p>Tomando el móvil, me quedé pálido al ver en su pantalla:</p>



<p>“Cabrona, ¡qué suerte tienes!”.</p>



<p>Indignado con Patricia como nunca, empecé a despotricar de ella, gritando que era una vergüenza la forma en que tonteaba conmigo y jurando que en cuanto volviera la podría directamente en la calle por haber tenido la desfachatez de escribir eso. Altagracia estaba muerta de risa con la cara que ponía enfadado cuando se percató de que le había entrado un nuevo mensaje.</p>



<p>―Si lo que te preocupa es que la doña esté enamorada de ti, ya puedes irlo olvidando. Tu secretaria pierde aceite y es a mí a quién mira.</p>



<p>&nbsp; ― ¿Por qué lo dices?</p>



<p>Enseñándome una foto de la que creía que me estaba acosando, desnuda y con la mano entre las piernas, contestó:</p>



<p>―Te leo textualmente lo que me pone: “¿No te doy pena? Tú divirtiéndote y yo sola con mis deditos. Cuando vuelvas llámame y nos tomamos algo”. Definitivamente doña Patricia es bollera y quiere hacérselo conmigo.</p>



<p>Arrebatándole el móvil y tras leer el mensaje por mí mismo, comprendí que tenía razón y que a raíz de salirle rana su ultimo romance, no solo había decidido no ir con casados sino con hombres en general. Pero no por ello se lo devolví y durante más de un minuto, me quedé embobado admirando la impresionante belleza de sus senos y caderas.</p>



<p>«Menudo desperdicio de mujer», ya tranquilo pero decepcionado, sentencié&#8230;</p>



<p>Saber que Patricia dirigía sus miradas al otro sexo no evitó que siguiera molesto, pero al menos amortiguó el resquemor que sentía por su intromisión en mis asuntos y comencé a verlo como el precio que debía pagar por su eficiencia. Prueba de su validez fue el mensaje me mandó cuando todavía estaba disfrutando de la presencia de Altagracia:</p>



<p>“Don Lucas, le anexo el link del sistema de seguridad donde podrá verificar el estado de la obra de su casa. Si ve algo que no le gusta, hágamelo saber y me ocuparé de enmendarlo”.</p>



<p>Como mudarme era algo urgente, me metí a ver qué coño habían hecho y tal y como había previsto nada de pude observar me desagradó y compartiendo con la negrita las imágenes, ésta se quedó maravillada con el lugar donde iba a vivir.</p>



<p>―Es un palacio― emocionada comentó, pensando quizás que no tardaría en ser invitada allí.</p>



<p>Estaba sonriendo cuando mi satisfacción se trasformó en preocupación cuando a pesar de ser domingo descubrí a Patricia dando órdenes a un par de “lacayos” para que arreglaran algo que ella no consideraba bien hecho. Cualquiera que lo lea se preguntará por que me preocupó ver a mi empleada trabajando fuera de su jornada laboral. Como respuesta he de decir que no fue eso lo que me acojonó, sino las palabras que dirigió a los decoradores:</p>



<p>―No creáis que voy a aceptar esta chapuza, pensad que soy yo la que vivir aquí y me niego a ver todas las mañanas cuando me levante un cuadro mal colocado.</p>



<p>Exteriorizando mi enfado a la cubana, ésta se echó a reír:</p>



<p>―Joder, mira que eres mal pensado. ¡Es una forma de hablar! En vez de enfadarte, deberías darte con un canto en los dientes. Ya me gustaría tener una Doña en mi vida que me resolviera los problemas.</p>



<p>Reconociendo que quizás había malinterpretado a mi secretaría, lo dejé pasar y nos fuimos a dar un paseo mientras hacíamos tiempo antes de ir al aeropuerto. Dos horas más tarde y con el pase de abordar en mi mano, me despedí de Altagracia y fue entonces cuando ésta me demostró que ya no me consideraba un cliente sino su amante al echarse a llorar desconsolada, diciendo lo mucho que me iba a echar de menos.</p>



<p>Aunque esa mujer me gustaba, no sentía nada por ella y por eso decidí que solo volvería a contactar con ella, si estaba urgido de sexo.</p>



<p>«Cuando pasen un par de semanas sin que la contrate, se buscará a alguien que realmente la quiera», me dije al darme cuenta de que esa mujer se estaba enamorando de mí.</p>



<p>Tras esa dolorosa despedida, tomé el avión y partí hacia Frankfurt, donde Isabel Rufián, una vendedora de la empresa me estaba esperando para acompañarme a la inauguración de la feria. Entre saludar a los conocidos e indagar qué nuevos clientes se había dejado caer por allí pasaron las horas y ya cerca de las diez, llegué a la habitación que Patricia me había reservado. He de reconocer que, mientras pasaba la tarjeta que me daría acceso al cuarto, temí encontrarme con una nueva sorpresa y solo respiré cuando lo único con lo que me topé fue con una cesta de frutas, cortesía del hotel.</p>



<p>Al haber dormido poco las últimas dos noches, esa lo hice de un tirón y a las ocho de la mañana, ya había desayunado y con el maletín en la mano, me dirigí a visitar el stand de la compañía. Por la hora, había poco público y por eso en compañía de Isabel revisamos la agenda y las empresas con la que deberíamos contactar para que fuese un éxito mi ida a Alemania. Lo extenso de la misma y la continua llegada de posibles clientes hicieron que pasara el lunes sin darme cuenta y solo cuando retorné al hotel, tomé mi móvil para echar un vistazo a las obras. Al ver que la cocina estaba lista, me tranquilizó y por eso, decidí ver cómo iba mi cuarto. Allí descubrí que Patricia había metido nuevamente sus manos al contemplar alucinado la plaza de toros por la que había sustituido la cama que teóricamente iría ubicada ahí.</p>



<p>«¿De dónde se habrá sacado que necesito algo así?», me pregunté al ver, por comparación con la King Size de la habitación de invitados, que esa al menos debía medir tres metros de ancho por dos y medio de largo. Siendo un tema menor, moviéndome a través de la pantalla, me dirigí a la terraza donde apenas había habido cambio por lo que cerrando la aplicación me fui a cenar.</p>



<p>El martes fue copia del día anterior y lo único que perturbó mi tranquilidad fue cuando sobre las doce, recordé que no había llamado a mi vieja y que, por tanto, me había hecho acreedor a una de sus broncas. Por ello y sin más dilación, marqué su número y para mi sorpresa, en vez de echarme en cara el olvido, me soltó que era el mejor hijo que una madre podía tener.&nbsp; Sin saber a qué se refería, dejé que se explayara y fue entonces cuando me enteré que Patricia previendo mi fallo se me había adelantado mandándola en mi nombre un ramo de flores con dedicatoria incluida:</p>



<p>“Ni todas las rosas del mundo pueden compararse contigo, mamá”.</p>



<p>No pude cabrearme con Patricia, pero en mi interior se incrementó la zozobra al sentir que como un virus la presencia de esa arpía iba infectando todos y cada uno de los aspectos de mi vida. &nbsp;Fue esa tarde cuando realmente me enfadé, estaba hablando con un prospecto de cliente cuando recibí la llamada de Juan Baños, uno de mis contactos en el Banco de Santander.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_059_63f0.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¿Dime Juan en que te puedo ayudar? ― pregunté dejando de lado al tipo con el que estaba reunido, ya que al ser uno de los más altos ejecutivos de esa firma tenía que darle la importancia que se merecía.</p>



<p>―Lucas, siempre he sabido que eras un crack, pero cuando el viernes te llamé a tu oficina para pedirte un favor y me pasaron con tu nueva segunda, no creí que tu organización fuera capaz de cumplir el último capricho de mi jefa.</p>



<p>―Perdona, me he perdido― reconocí preocupado, pero no angustiado por el tono de su llamada.</p>



<p>―No te preocupes, todo está solucionado y esta misma tarde te mando el nuevo contrato.</p>



<p>―Disculpa, ¿de qué contrato hablas? ― insistí sin importarme ya quedar como un memo.</p>



<p>Si se percató, no lo dijo:</p>



<p>―El viernes a Ana Patricia le entraron las prisas de que debíamos perfeccionar el procedimiento para medir nuestro riesgo medio ambiental y por eso te llamé donde me atendió la señorita Meléndez y se comprometió con que hoy expondría a la junta del banco un plan con el que estaríamos más que cubiertos.</p>



<p>―No me ha dado tiempo todavía de hablar con ella― conseguí disimular, para acto seguido preguntar sobre el desarrollo de esa reunión.</p>



<p>―Desde ahora te aviso que mi jefa le ha echado el ojo a su tocaya y sé que no dudará en contratarla&#8230; ¡Menuda fiera! Nos dejó a todos boquiabiertos cuando en poco más de media hora nos hizo ver no solo nuestros fallos sino también la manera de mitigarlos. ¿De dónde coño sacaste a ese bombón? Te juro que, al verla entrar, jamás supuse que fuera un cerebro.</p>



<p>Apenas presté atención al resto de la llamada, el cabreo que sentía lo impidió. Cabreo que no se diluyó siquiera cuando haciendo llegar a mi correo un PDF con el contrato ya firmado.</p>



<p>«No puede ser que se haya sacado de la chistera la mayor operación que nunca hemos tenido sin consultarme al menos», me dije comprendiendo también que, aunque en ese momento sentía ganas de estrangularla o al menos despedirla, no podía hacer nada al respecto ya que el Santander nunca lo comprendería.</p>



<p>Tratando de calmarme, salí de la feria y comencé a pasear sin rumbo hasta bien entrada la noche, cuando al comprobar que no sabía siquiera por qué barrio andaba, tomé la decisión de retornar al hotel y descansar para que al día siguiente estuviera lo suficiente sosegado para hablar con esa puta de piel morena. Desgraciadamente, de qué tamaño sería la ira que llevaba conteniendo que su presencia llegó incluso a mis sueños, durante los cuales me vi azotando su negro culo mientras la sodomizaba.</p>



<p>En la mañana del miércoles mi furia no había menguado y por eso me abstuve tanto de hablar con ella, como de contestar a sus emails donde me notificaba el acuerdo con el banco y en los que hacía hincapié en el prestigio y los beneficios que supondría que se hiciera público que mi empresa había sido seleccionada para llevar a cabo la trasformación de la mayor institución financiera del país. Lo que si hice fue meterme en internet y comprarle un perfume que mandé a la oficina, sabiendo o al menos esperando que captara el mensaje ya que la marca que elegí para ella era “Poison” y que en castellano significaba “veneno”.</p>



<p>O bien no lo captó o no quiso hacerlo. El jueves estaba cerrando un trato con un par de italianos cuando recibí por WhatsApp la contestación a mi regalo:</p>



<p>“Gracias, don Lucas. Yo también le echo de menos”.</p>



<p>Como es normal, comencé a despotricar recordando toda su parentela y nuevamente me tuve que ausentar del stand para evitar echar a la puta calle a todos los empleados desplazados a la ciudad. Ya fuera de la feria comprendí que mi indignación, más que con ella, era conmigo mismo al percatarme de la facilidad que esa monada tenía para sacarme de las casillas.</p>



<p>«Hasta su madre biológica debía saber la clase de demonio que había engendrado y previéndolo, no dudó en darla en adopción», exclamé tirándome físicamente de los pelos antes de conseguir los arrestos suficientes y volver.</p>



<p>El cierre de la feria con la típica cena con mis subordinados era algo obligado y por eso mi última noche en esa ciudad fue al menos rutinaria sin que la sombra de esa morena consiguiera echarla a perder. Tras los típicos agradecimientos a mi gente, los dejé tomándose copas y volví al hotel. Ya en mi habitación, su recuerdo me hizo soñar atándola a una cruz de San Andrés y con especial saña, la torturé sin sacar de ella el mínimo arrepentimiento.</p>



<p>El viernes era el día de mi retorno a Madrid y como mi vuelo no salía hasta las tres, me pasé la mañana haciendo turismo y ya en el aeropuerto, me tomé un respiro usando la app del sistema de seguridad. Increíblemente, sentí como una afrenta que Patricia hubiese cumplido su palabra y que todo estuviese listo para mi llegada.</p>



<p>«Es acojonante, incluso ha tenido tiempo de elegir las plantas de la terraza», desmoralizado al no encontrar nada fuera de su sitio, lamenté.</p>



<p>Las casi tres horas de duración del trayecto me sirvieron para echarme un par de lingotazos y el alcohol me permitió caer en que esa noche dormiría en el que sería mi hogar en adelante. Con una felicidad parcialmente impuesta por la bebida, al llegar a Madrid tomé un taxi que me dejó en el portal. Mi cabreo volvió con fuerza al ver en la acera su vespa roja y fuera de mí, decidí enfrentarme con ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_072_a8d0.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El discurso que había preparado para ponerle las cosas claras jamás llegó a salir de mis labios puesto que tras la puerta me estaba esperando, además del objeto de mis iras, otra mujer.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Don Lucas, le presento a Natacha, la chiquilla que le hará su vida más fácil.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pude más que babear al contemplar a la susodicha y es que lo que nunca pude pensar es que al buscarme una criada, Patricia hubiese contratado a un bellezón que solo hubiese pasado inadvertido en un desfile de Victoria Secret´s. Competiendo en belleza con la negrita y de su altura, tenía una expresión aniñada en su rostro que hacía de ella una adolescente sin serlo.</p>



<p>―Encantado, señorita― conseguí tartamudear mientras extendía la mano a un primoroso ejemplar del sexo femenino ataviado con el uniforme de las chachas de antaño.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Es un honor conocerle, mi señor― haciendo una genuflexión impropia de alguien de nuestra época y con acento eslavo, contestó mientras a su lado la pécora sonreía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Pase, por favor― me dijo la morena: ―Deje que le enseñe la casa mientras Natacha nos prepara de cenar.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese instante, no caí en ese “nos” y como un autómata, seguí a la que teóricamente era mi secretaria por las distintas habitaciones.</p>



<p>―Como podrá comprobar todo está listo, ¡me he ocupado de ello! ― comentó y abriendo un armario que estaba tras el bar, dio prueba de ello al toparme de frente con un surtido de mis botellas preferidas: ―Me he permitido la licencia de comprarle todo tipo de suministros― luciendo su sonrisa, insistió.</p>



<p>&nbsp;Sin una excusa con la que abroncarla, llegamos a mi cuarto y al ver la cama supe que me había quedado corto cuando me pareció exagerada.</p>



<p>― ¡Es una aberración! ― exclamé contemplando horrorizado su tamaño: ―Puedo meter en ella un equipo de baloncesto.</p>



<p>―Femenino, espero― respondió mientras me llevaba al baño.</p>



<p>Si la cama me parecía un despropósito, qué decir de la bañera que vi instalada. No solo era enorme, sino que incluso tenía una serie de extras cuyo fin sexual era evidente al consistir en una serie de agarraderas que me permitirían disfrutar de una pareja de juegos sin que se rompiera la crisma.</p>



<p>Viendo mi cara, se abstuvo de hacer comentario alguno y abriendo camino, se dirigió al comedor donde al ver que había dos lugares preparados, comprendí al fin que se había auto invitado a cenar.</p>



<p>―He pensado que debía repasar con usted lo que ha ocurrido en la empresa para que el lunes no le coja nada de sorpresa― sin hacer caso a mi creciente indignación, explicó.</p>



<p>Nuevamente y mientras la veía sentarse a mi derecha, no hallé un motivo al cual agarrarme para comenzar una discusión y por ello, imitándola acomodé mi culo en la silla principal. Previendo quizás que no debía darme tiempo ni de respirar, sacó dos dosieres y se puso a exponer el contrato del banco. La brillantez de su exposición fue algo que esperaba, lo que nunca se me pasó por la cabeza fueron sus malos modos con la rubia cuando intentó servirla a ella antes.</p>



<p>―Primero y siempre es a tu señor al que debes atender― le recriminó elevando la voz para a continuación, y sin que nada me hubiese preparado para ser testigo de tal cosa, descargó un sonoro azote sobre la muchacha.</p>



<p>―Perdone, señora. No volverá a pasar― fue la única respuesta de la tal Natacha.</p>



<p>Sin llegar a digerir ese manotazo, me percaté que bajo el uniforme de la rusa habían florecido sus pezones y he de decir que eso me alucinó y excitó por igual.</p>



<p>«¿Le irá la sumisión?», medité mientras la morena volvía como si nada al despliegue de datos todos ellos positivos del acuerdo con la entidad bancaria.</p>



<p>― ¿Cuántos recursos prevés que vamos a necesitar para llevarlo a cabo? ― pregunté intentando olvidar lo que había presenciado mientras probaba por primera vez la calidad de la cocina de la chavala.</p>



<p>El prodigioso manjar que tenía en el plato me entusiasmó al llevar la proporción exacta de especias y supe que esa joven nada tendría que envidiar al chef de cualquier restaurante de lujo.</p>



<p>«¿Dónde coño la habrá conseguido?», me pregunté sin conseguir una respuesta mientras a mi lado, Patricia seguía desgranando los pros y las contras del acuerdo.</p>



<p>Tras una cena a la que no pude sacar ningún “pero” y habiéndome soltado lo que deseaba hacerme saber, mi secretaria―asistente―incordio, ya no sabía cómo definirla, se despidió de mí dejándome solo en compañía de Simona.</p>



<p>― ¿Mi señor desea que le sirva una copa en la terraza? ― preguntó dejando traslucir en su tono una extraña adoración que rayaba y superaba la sumisión.</p>



<p>Desconociendo que era lo que había llevado a esa joven belleza a sentir eso por mí, accedí y me fui a contemplar la noche de la ciudad desde el vergel en que habían trasformado ese lugar. Una vez ahí, tomé posesión de un sillón junto a la cual había en el suelo un cojín y pensando que el decorador lo había colocado ahí por si tenía un perro, quedé maravillado con la vista nocturna que se abría a mis ojos. Por eso quizás, no me enteré del cambio de uniforme de Simona hasta que puso el whisky en mi mano y como si fuera natural en ella, se acomodó en el almohadón que seguía a mis pies.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/58/94877317/94877317_076_5d84.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«¿Qué pasa aquí?», me pregunté al ver el escandaloso neglillé que llevaba como vestimenta y que además de maximizar su belleza, dejaba entrever todos sus encantos.</p>



<p>Mi admiración no le pasó inadvertida a la rusa y regalándome el rubor de sus mejillas, posando su cabeza en mis rodillas comentó:</p>



<p>―Don Lucas, todavía no le he agradecido que pagara mi rescate ni que me sacara de ese infierno, dándome la oportunidad de una nueva vida.</p>



<p>―Tranquila, bonita― alcancé a decir mientras la chavala comenzaba a llorar.</p>



<p>―Jamás creí importar a nadie y por eso cuando un día, al despertar, doña Patricia me informó que nunca más iba a ver a mi antiguo dueño porque me había comprado en su nombre, pensé que mi existencia junto a usted sería igual o peor.</p>



<p>El desarrollo de la conversación me tenía paralizado y solo pude reaccionar acariciando su melena mientras intentaba asimilar el dolor y la angustia que encerraban sus palabras. Ese gesto cariñoso que quizás jamás nadie tenido con ella, la hizo continuar:</p>



<p>―Cuando lo primero que hizo fue llevarme a que los médicos comprobaran que estaba sana, debí comprender que mi sueño se había hecho realidad.</p>



<p>― ¿Cuál es tu sueño? ― pregunté sospechando la respuesta.</p>



<p>&nbsp;Levantando la mirada, contestó:</p>



<p>―Tener un amo que se desviviera por mi felicidad y que me dejara cuidarlo.</p>



<p>La constatación que me hallaba en frente de una sumisa y que, para Natacha, yo era el clavo al que se había agarrado para seguir viva, finalmente me hizo actuar. Levantándola del suelo, le busqué acomodo sobre mí y con una ternura que no sabía poseer, la abracé mientras susurraba en su oído que sus penurias habían terminado.</p>



<p>―Lo sé, mi señor. Doña Patricia me dejó claro que al lado de su Lucas encontraría la felicidad al hacer de mí su cachorrita.</p>



<p>&nbsp;No sé qué me perturbó más, sí que esa criatura deseara con fervor ser “mi cachorrita” o que la arpía de piel oscura se hubiese referido a mí como “su Lucas”.&nbsp; Lo cierto es que mientras pensaba en una respuesta, la rusita se acurrucó sobre mi pecho y pegando un suspiro, añadió:</p>



<p>―Quiero que sepa que jamás defraudaré su amor y que dedicaré las veinticuatro horas del día a devolvérselo.</p>



<p>Mientras trataba de contener la furia y terminaba la copa, se quedó dormida como un bebé en mis brazos. Al darme cuenta, izándola con cuidado para no despertarla, la llevé al cuarto de servicio donde con ternura la tapé. Viendo el sosiego con el que dormía, decidí que era hora de hablar en serio con mi secretaria y yendo al salón, la llamé.</p>



<p>Esa negra obsesión aguantó el chaparrón en el que le dije hasta de qué se iba a morir, haciendo especial énfasis en cómo se había atrevido a traficar con la vida de una desgraciada cuando lo que tenía que haber hecho era ir directamente a la policía.</p>



<p>&nbsp;―Eso fue lo que hice― me gritó desde el otro lado del teléfono: ― Como ya sabes vendí mi empresa, pero lo que desconoces es que con el dinero que obtuve fundé una ONG que se dedica a combatir la esclavitud sexual allí donde la encuentra, con independencia de la nación, la religión o la raza de sus víctimas.</p>



<p>Reculando al oír de sus labios eso, pregunté menos airado entonces qué hacía entonces Natacha en mi casa.</p>



<p>―Esa criatura ha sufrido un maltrato que no te imaginas, ya que la habían preparado para ser la ninfa, el objeto sexual, de algún jeque o millonario del Este. Cuando los psiquiatras de mi organización la revisaron. su dictamen fue unánime: el lavado de cerebro al que la habían sometido no tenía marcha atrás. Además, me avisaron que, si la dejaba suelta por el mundo, instintivamente buscaría el cobijo de un desalmado&#8230;</p>



<p>―Y por eso no dudaste en meterla en mi casa― sin saber a donde quería llegar la interrumpí.</p>



<p>Molesta como nunca la había oído, continuó:</p>



<p>―Necesitaba encontrar un hogar donde fuera feliz, un techo bajo el cual no fuera forzada pero que también le permitiera desarrollar la personalidad que le habían grabado a fuego en el cerebro.</p>



<p>―Y consideras que ese hogar es el mío― casi chillando la interpelé.</p>



<p>―Sí, aunque básicamente eres un hombre, que cualquier mujer estaría orgullosa de tener como marido, tienes un lado dominante que logras contener. Y pongo la mano en el fuego a que vas a tratar a Natacha como si fuera una muñeca de porcelana, pero también que no dudarás en ejercer la violencia que necesita si ves que se descarría.</p>



<p>―Tú estás loca, ¡el lunes hablamos! ― bufé colgando la llamada.</p>



<p>Al llegar a mi habitación, el alma se me cayó a los pies al ver a la rusita durmiendo a los pies de la cama. Recordando la conversación que acababa de mantener, supe que de nada serviría llevarla de vuelta a su cuarto. Tomando una almohada y una manta, puse la primera debajo de su cabeza y con la segunda, la tapé&#8230;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/58/94877317/94877317_082_08f1.jpg" alt="" width="728" height="484"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;¡Un cura me obliga a casarme con dos primas 2!&#8221;(POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2026 18:40:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Capítulo 2. Mi hermano. Estaba todavía abrazado a ellas, cuando escuché el timbre del chalet. Y antes que me diese tiempo de levantarme, vi a Dhara salir corriendo de la cama mientras se ponía una bata encima. Creyendo que sería un error porque no esperaba ninguna visita, me relajé acariciando a Samali, la cual, recibió con gozo mis mimos y pegándose a mí, buscó reactivar la pasión de la noche anterior. Mi pene salió de su letargo en cuanto sintió la presión de su mano recorriendo mi piel. “Qué gozada”, pensé al leer en sus ojos el deseo y forzando [&#8230;]]]></description>
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<div style="clear: both; text-align: center;"></div>
<p>Capítulo 2.</p>
</div>
<div>Mi hermano.</div>
<div>Estaba todavía abrazado a ellas, cuando escuché el timbre del chalet. Y antes que me diese tiempo de levantarme, vi a Dhara salir corriendo de la cama mientras se ponía una bata encima. Creyendo que sería un error porque no esperaba ninguna visita, me relajé acariciando a Samali, la cual, recibió con gozo mis mimos y pegándose a mí, buscó reactivar la pasión de la noche anterior. Mi pene salió de su letargo en cuanto sintió la presión de su mano recorriendo mi piel.</div>
<div>“Qué gozada”, pensé al leer en sus ojos el deseo y forzando con mi lengua sus labios, separé sus piernas y viendo que estaba dispuesta, la ensarté dulcemente.</div>
<div><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_006_2981.jpg" width="425" height="638" />No llevábamos ni medio minuto haciendo el amor, cuando su hermana entró en la habitación y poniéndose de rodillas junto a la cama, dijo:</div>
<div>-Esposo nuestro, un hombre que dice ser su hermano le espera en el salón-.</div>
<div>Me quedé helado al comprender que Javier se había enterado de mi vuelta y comprendiendo que cuando le contara que me había casado, se iba a cabrear, decidí bajar y enfrentarme a él. No en vano era mi hermano mayor y desde que nuestros padres habían muerto en un accidente, su mujer y él me habían acogido en su casa hasta que tuve edad de independizarme.</div>
<div>Al explicarle a las dos mujeres quien era y que no había tenido tiempo de informarle de nuestra boda, se quedaron aterrorizadas al no estar presentables ni tener nada preparado para ofrecerle y levantándose ipso facto, se pusieron a arreglar. Yo en cambio, solo me puse un pantalón y una camisa antes de bajar por las escaleras e ir al salón.</div>
<div>Javier, mientras me esperaba, se había calentado un café en el micro. Debía de estar extrañado que le hubiese abierto la puerta una muchacha hindú y por eso cuanto me vio entrar por la puerta, con una sonrisa, me soltó:</div>
<div>-No me puedo creer que te has traído una criada desde allá. No sabes lo difícil que va a resultar arreglarle los papeles-, en su tono descubrí que estaba preocupado por el poco criterio que su hermanito demostraba.</div>
<div>-No es mi criada-, contesté.</div>
<div>-Ah, ya me extrañaba. -, suspiró más tranquilo al pensar que era un ligue. -Tengo que reconocer que tienes gusto para las mujeres, esa cría está buenísima-.</div>
<div>Sin saber cómo plantearle el asunto, me serví otro café antes de aclararle la verdadera naturaleza de su presencia. Estaba a punto de empezar cuando las dos hermanas entraron en la habitación y sin darme tiempo a reaccionar, se arrodillaron a sus pies.</div>
<div>Mi hermano, completamente alucinado, me miró buscando respuestas a ese comportamiento, momento que aproveché para decirle:</div>
<div>-Javier, te presento a Dhara y a Samali mis esposas-.</div>
<div>-¡Me estás tomando el pelo!-, contestó sin acabárselo de creer.</div>
<div>Incrementando su estupor, Samali, la mayor, se levantó y besando su mano, le soltó:</div>
<div>-Es un honor, recibir en casa al hermano de nuestro marido. Solo espero que le disculpe por no haberle avisado de nuestra boda pero la urgencia de su vuelta a España, hizo que fuera imposible tener tiempo para hacerlo-.</div>
<div>-¡No me lo creo!-, exclamó indignado.</div>
<div>Dhara eligió ese momento para presentarse e incorporándose lo besó, diciendo:</div>
<div>-Comprendo su disgusto, pero si tiene que enfadarse con alguien es con nosotras.  A mi hermana y a mí nos resultaba imposible aplazar la boda y por eso, nos casamos este domingo-.</div>
<div>Que me hubiese casado, pase. Que fuera con dos mujeres, le cabreó. Pero saber que me había desposado con dos hermanas, le hundió y sentándose en un sillón, me pidió un whisky.</div>
<div>-Son la diez de la mañana-, respondí.</div>
<div>-¿Te extraña que necesite una copa después de lo que me habéis contado?-.</div>
<div>Sin esperar que se lo pidiera, Samali se dirigió al bar y poniendo dos, nos los trajo. Al ver que me sentaba al lado de mi hermano, las dos mujeres se arrodillaron frente a nosotros porque  querían ser testigos de la explicación y así no meter la pata.</div>
<div>Su presencia me obligó a mentir a Javier. No podía avergonzarlas en frente de mi hermano y por eso, sabiendo que se iba a enfadar no le hablé del engaño del cura sino que le dije:</div>
<div>-Siento no haberte avisado  pero si te lo hubiera dicho, hubieras intentado que recapacitara. En cuanto las conocí, me enamoré de ellas y supe que no podía elegir a una dejando a la otra. Como su familia estaba de acuerdo, me casé el mismo día que me venía. Sé que es difícil de comprender, pero antes de que hables quiero que sepas que nada de lo que digas va a hacerme cambiar de opinión-.</div>
<div>-Estás como una puta cabra-, me soltó y poniendo cara de angustia, dijo: -¿Cómo cojones le voy a decir a María lo que has hecho?-.</div>
<div>
<p>-Si usted lo prefiere-, intervino Samali,-deje que seamos nosotras quienes se lo digamos. Su mujer lo comprenderá mejor si lo oye de nuestros labios. Mi hermana y yo le explicaremos que nuestro amor es puro y que en modo alguno nos hemos visto forzadas. Haga como si no sabe nada y esta noche, buscaremos el momento mientras vienen a cenar. Usted solo debe decirle que su hermano ha aparecido en España con dos amigas-.</p>
<div><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_009_6614.jpg" width="425" height="638" /></div>
</div>
<div>Viendo una salida, Javier aceptó y terminándose la copa de un trago, se despidió preguntando a qué hora era la cena:</div>
<div>-A las nueve les esperamos en esta, su casa-, contestó la pequeña de las dos, acompañándole hasta la puerta.</div>
<div>Nada más desaparecer mi hermano, las dos mujeres me preguntaron un tanto confusas porque me había inventado esa historia.</div>
<div>-Os quiero a las dos y según la mentalidad europea, si cuento que os conocí el día de la boda, pensarían que os he comprado-.</div>
<div>-Pero eso es lo que ha hecho. Pagó nuestra dote, liberándonos de un destino horrible-, preguntó extrañada Samali. -Su acción lejos de merecer reproche, le dignifica-.</div>
<div>-Según vuestra forma de pensar, sí. Pero según la española, nunca considerarían valido este matrimonio y os verían como algo digno de lástima-.</div>
<div>-Aunque no lo comprendo… entonces-, preguntó Dhara, -¿ha mentido para darnos un lugar y que nadie nos menosprecie?-.</div>
<div>-Así es-, respondí.</div>
<div>Tras recapacitar durante unos instantes, las dos hermanas sonrieron y cogiéndome del brazo, me llevaron escalera arriba.</div>
<div>-¿Dónde vamos?-, pregunté al ver su alegría.</div>
<div>-A intentar darle un hijo al mejor de los hombres-, respondieron mientras me bajaban la bragueta del pantalón.</div>
<div>Ni siquiera dejaron que me tumbara. Arrodillándose a mis pies, las dos hermanas compitieron con sus bocas a ver quién de las dos podía absorber más cantidad de mi pene en menos tiempo. No me cupo ninguna duda que Samali ganó, porque fue ella la que consiguió introducirse mi extensión obligando a Dhara a conformarse con mis testículos. La visión de esas dos preciosidades prostradas mientras buscaban mi placer, hizo que me excitara alcanzando una erección como pocas veces había experimentado. Ellas, al comprobar el resultado de sus caricias, como posesas, buscaron extraer el jugo de mi sexo.</div>
<div>Avergonzado, noté que el placer se acumulaba en mi interior y temiendo eyacular antes de tiempo, les pedí un respiro:</div>
<div>-Tranquilas, si seguís así, me voy a correr-.</div>
<div>-Eso queremos-, contestó la pequeña dejando por unos instantes sus mimos, -riegue con su simiente la boca de mi hermana, que luego ya tendrá tiempo de hacer germinar nuestros vientres-.</div>
<div>Su completa entrega fue la gota que colmó mi vaso y dando un suspiro, dejé que mi pene soltara la tensión que en ese momento me dominaba. Samalí aceptó la ofrenda con gozo y saboreando mi semen como si fuera un manjar, se lo bebió gimiendo de placer. Acababa de limpiar con su lengua mi última gota, cuando me vi forzado a tumbarme y desde esa posición, observé como mis dos mujeres se desnudaban sensualmente. La primera en terminar fue la pequeña que lanzándose sobre mí, restregó su delicado cuerpo contra mi piel, consiguiendo reactivar mi maltrecho pene. Ni siquiera esperó a que descansara, abriendo sus piernas, se fue empalando lentamente hasta hacerlo desaparecer en su interior.</div>
<div>-No es justo-, protestó su hermana, -soy la mayor y por lo tanto, debe ser a mí a quien posea en primer lugar-.</div>
<div>Dhara, moviendo sus caderas, le sacó la lengua y dirigiéndose a mí, dijo: -¿Verdad que me toca a mí?-.</div>
<div>No le contesté. No debía entrar en ese juego, por lo que, para evitar males mayores, cogí a Samali de la cintura y le dije:</div>
<div>-Quiero devolverte el placer-.</div>
<div>La muchacha se rio y pasando su pierna por encima de mi cabeza, puso su sexo en mi boca. Por mucho que lo viera, no podía acostumbrarme a su belleza y haciendo caso a lo que me pedía el cuerpo, separé sus labios y con la lengua, la penetré. Samali suspiró al ver hoyada su abertura y olvidándose de la afrenta sufrida, besó a su hermana mientras disfrutaba de mis caricias. Buscando alargar mi penetración, me concentré en el clítoris que tenía a mi alcance y con suaves mordiscos, fui torturándolo hasta oír los gemidos de su dueña. El sabor de ella recorrió mis papilas, impregnando mi paladar de un dulzor imposible de describir. De su cueva no tardó en brotar un arroyo espeso, antesala al clímax que se estaba gestando en su interior. Al notarlo, aceleré los movimientos de mi lengua, recogiendo cual cuchara el flujo que la muchacha me brindaba.</div>
<div>Samali frotando su sexo contra mi boca, se derritió dando gritos, consiguiendo adelantarse a su hermana en la carrera de ser la primera en correrse, tras lo cual, bajándose de mi cara, se acostó a mi lado, y cogiendo un pezón de la hermana, lo pellizcó entre sus dedos mientras me susurraba al oído:</div>
<div>-No se preocupe, nunca me pondré celosa de esta casquivana. Es parte de nuestro juego-, y poniendo cara de viciosa, prosiguió diciendo: -Pero si quiere castigarla por adelantarse, cuente conmigo-.</div>
<div>Solté una carcajada al comprender que esas dos hermanas se divertían inventando una rivalidad que no existía y lanzándole un órdago, le ordené castigara a Dhara por su osadía. Supo que estaba haciéndome partícipe de su travesura y poniéndose de pie, empezó a azotar el trasero de la pequeña mientras le recriminaba ser tan ligera de cascos. Esta al notar las nalgadas, gritó como si la estuviesen matando e incrementando el ritmo de su movimiento, cabalgó sobre mí, desbocada.</div>
<div>-Serás puta-, le recriminó bromeando la mayor.</div>
<div>-Sí, soy la puta de nuestro esposo-, contestó chillando mientras se corría. -Él sabe que me tiene con solo mirarme-.</div>
<div>Sus palabras hicieron que cambiando de postura la pusiera a cuatro patas y que de un solo empujón, la cabeza de mi glande chocara contra la pared de su vagina. La nueva posición prolongó su éxtasis y gimiendo, me pidió que la usara.</div>
<div>
<div></div>
<p>-Tomémosla juntos-, rogó Samali pegando su cuerpo al mío,  simulando que éramos uno, quien la poseía.<br />
Alucinado escuché gemidos de placer a mi espalda porque,  en su fantasía, era ella quien estaba penetrando el cuerpo de su hermana. Tanta excitación hizo que pegando un grito, lanzara mi simiente en su interior de forma que si su vientre resultaba germinado seríamos tres los progenitores.</p>
</div>
<div>Al caer agotado, me acompañó Samali en mi caída. Apartándose hacia la izquierda, Dhara permitió que nos tumbáramos sobre las sábanas. Con una hermana a cada lado, descansé mientras pensaba en la oportunidad que ese cura me había brindado.</div>
<div>Los preparativos.</div>
<div><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_010_6614.jpg" width="425" height="638" />La tensión de las dos hermanas se fue incrementando con el paso de las horas. De un nerviosismo lógico fueron pasando a un terror patológico, producto de la necesidad de ser aceptadas. Les había contado que María, mi cuñada, era una persona importante porque ante la ausencia de mi madre, ella  había adoptado ese papel. Siendo joven, me llevaba solo diez años, me cogió siendo un crío de quince y no me soltó de debajo de sus faldas hasta que decidió que era lo suficiente maduro para valerme por mí mismo. Al yo quererla, les obligaba a llevársela a su orilla y convertirla en su defensora.</div>
<div>Al terminar de comer, me pidieron que me fuera de la casa porque, aunque no se atrevieran a decírmelo, comprendí que lo único que hacía era estorbar. En un principio pensé en ir a ver a un amigo pero lo reconsideré al saber que daba igual a quien fuera a ver, a cualquier de  ellos tendría que explicarle que me había casado con dos mujeres y por eso, poniendo ropa de deporte, salí a correr.</div>
<div>Tardé dos horas en volver. Al entrar por la puerta, me sorprendió comprobar que habían dispuesto la mesa al modo occidental y que junto a los platos, ¡había cubiertos!. A todo aquel que no haya estado en la India quizás no le resulte raro pero en ese país lo correcto es comer con las manos. Tratando de buscarle un sentido, adiviné que ese cambio se debía a las ganas de agradar y que nuestros invitados se sintieran cómodos durante la cena.</div>
<div>“Qué listas”, rumié para mis adentros, “se han percatado, sin necesidad de que se los dijera, que un español vería con irritación que su anfitrión metiera las manos dentro de la fuente de comida común”.</div>
<div>Satisfecho por su sentido común, subí a ducharme. Al no verlas por ningún lado, entendí que esas dos crías debían estar en la cocina ocupándose de que todo resultara perfecto y por eso, me metí en la ducha sin molestarlas. Acababa de terminar y estaba secándome cuando vi a  Samali mirándome desde la puerta. Curiosamente en su rostro se reflejaba un dolor enorme.</div>
<div>-¿Qué te pasa?, pregunté extrañado.</div>
<div>-¿Por qué no nos ha avisado de su llegada?, si no nos informa que está en casa, no podremos servirle como se merece-.</div>
<div>-Por eso no te preocupes, pensé que estabais ocupadas y preferí no molestaros-, contesté ingenuamente.</div>
<div>De improviso, sus ojos empezaron a poblarse de lágrimas. Y hecha un llanto, se arrodilló a mis pies diciendo:</div>
<div>-¿Qué hemos hecho mal para que nos castigue de esa forma?-.</div>
<div>-Nada-, respondí ignorando que regla había roto.</div>
<div>-Entonces porque nos niega el placer de ducharle. Piense que he dejado mi antigua vida atrás, con el único objetivo de cuidarle y si no puedo hacerlo, mi existencia carece de sentido-.</div>
<div>Asumiendo que desde su óptica la mujer tenía razón y que debía de aprender a comportarme, le acaricié la cabeza, diciendo:</div>
<div>-Perdona-.</div>
<div>-¿Puede su esposa al menos secarle?-.</div>
<div>-Por supuesto, pero te exijo que cuando acabes también me vistas. No querrás que tu marido reciba desnudo a sus familiares-.</div>
<div>-Sería imperdonable-, respondió con una sonrisa mientras cogía la toalla de mis manos, -pensaba hacerlo pero antes creo que el dueño de la casa debería castigar a su mujer-.</div>
<div>
<p>-¿Y qué crees que se merece?-, contesté percatándome del doble sentido de sus palabras.</p>
<div></div>
</div>
<div>-Un tigre marca a su hembra con un mordisco en el cuello mientras se aparea. Creo que con eso será suficiente para que esa malvada esposa entienda quien es su señor-, murmuró antes de con delicadeza llevarse mi sexo a la boca.</div>
<div>No dejé que continuara, cogiéndola entre mis brazos, volví a la habitación y la deposité sobre la cama. Con genuino deseo, fui desnudándola sin dejar de besar esos labios que me volvían loco. La mayor de mis esposas suspiró al sentir que mis dedos recorrían sus pechos y sin pedirme opinión, se arrodilló sobre las sábanas y girando su cabeza, pidió que le hiciera el amor.</div>
<div>Verla tan dispuesta, terminó de excitarme y poniéndome a su espalda, recorrí con mis dedos su vulva para descubrir que la humedad anegaba por completo su sexo. Ella, por su parte, al experimentar mi primera caricia, gimió, presa de deseo y forzando un contacto que necesitaba, cogió mi pene con su mano.</div>
<div>-Tranquila-, susurré mientras separaba sus nalgas, -voy a tomarte como te mereces-.</div>
<div>Comprendió que iba a desvirgarle su entrada trasera y asustada, me rogó que lo hiciera con delicadeza. Aunque no hacía falta que me lo pidiera, eso, reafirmó mi decisión de conquistar su último reducto. Recogiendo parte de su flujo con mis dedos, fui relajando su cerrado músculo con prudencia. Samali no pudo evitar que un quejido saliera de su garganta al sentir que una de mis yemas se introducía en su interior. Moviendo mi falange contra las paredes de su ano, aflojé su tensión gradualmente. Cuando comprobé que entraba y salía con facilidad, di mi siguiente paso introduciendo otro dedo en su estrecho conducto.</div>
<div>-Amado mío-, suspiró al sentir que lejos de ser desagradables, mis incursiones le estaban resultando placenteras.</div>
<div>Siempre había supuesto que era doloroso y por eso, al descubrir que su cuerpo reaccionaba con deseo, movió sus caderas demostrándome su aceptación. Como no quería hacerle más daño del necesario, seguí relajando su esfínter hasta que comprobé que se encontraba suficiente relajado y entonces llevando mi pene hasta él, introduje suavemente mi glande en su interior.</div>
<div>Chilló de dolor al experimentar que su entrada trasera había sido traspasada pero no hizo ningún intento de separarse, al contrario, esperó a que se rebajara su molestia para echar hacia atrás su trasero. Mi pene se introdujo lentamente en su interior de forma que pude sentir como mi extensión forzaba los pliegues de su ano al hacerlo. Contra toda lógica, el sufrimiento la estimuló y llevando su movimiento al extremo, no cejó hasta absorberlo en su totalidad.</div>
<div>-¿Te duele?-, pregunté.</div>
<div>-Sí, pero me gusta-, respondió con una pasión desconocida por mí y hecha una loca, retomó el vaivén con desenfreno.</div>
<div>Poco a poco ese ritmo alocado, permitió que mi sexo deambulara libre en su interior. La muchacha poseída por un salvaje frenesí, me pidió que no tuviese cuidado. Haciendo caso, usé sus pechos como apoyo y acelerando mis penetraciones, la cabalgué como si fuera una potra. Ella, totalmente descompuesta, gimió su placer e incorporándose me pidió que la castigara. Comprendí lo que deseaba y acercando mi boca a su hombro, lo mordí con fuerza. Su grito de dolor no me importó y clavando mis dientes en su carne, forcé su espalda mientras mis dedos acariciaban su excitado clítoris. El cúmulo de sensaciones hizo que su orgasmo fuera brutal y retorciéndose en mis brazos, se desmayó agotada.</div>
<div>Cuidadosamente la tumbé en la cama y tumbándome a mi lado, esperé a que reaccionara. Cuando lo hizo, me miró sonriendo y besándola le pregunté:</div>
<div>-¿Cómo estás?-.</div>
<div>-¡Feliz!-exclamó y poniendo cara de pícara, confesó: -Aunque me duele el cuello y el trasero-.</div>
<div>Comprendiendo la joya que tenía a mi lado, la abracé.</div>
<div>Estábamos aún tumbados cuando desde la puerta, Dhara, nos avisó que eran las ocho y que debíamos darnos prisa en vestirnos porque solo quedaba una hora para que mi hermano y su mujer hicieran su aparición. Samali se levantó al oírla y pidiéndome permiso, salió corriendo de la habitación. En cambio, la pequeña se acercó a la cama y poniendo un mohín, dijo:</div>
<div>-Ya que el esposo de mi hermana se ha olvidado de mí, ¿puedo ser quien le bañe?-.</div>
<div>Soltando una carcajada, le informé que ya lo había hecho y que no creía que necesitara otra ducha:</div>
<div>-Se equivoca. Después de haber hecho el amor con dos mujeres, cualquier hombre suda-.</div>
<div>-¿A dos?-, respondí.</div>
<div>-Sí, un buen marido no hace diferencias-, contestó mientras dejaba caer su vestido al suelo.</div>
<div>La cena.</div>
<div><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_011_89cc.jpg" width="426" height="639" />Estaba en el salón, esperando a nuestros invitados cuando vi a parecer a las dos hermanas. Me quedé sin habla al contemplar su belleza. Comprendiendo la importancia de la visita se habían vestido con sus mejores galas, que no eran otras que los saris que les había comprado en el aeropuerto de Nueva Delhi.</div>
<div>-Estáis guapísimas-, les solté como piropo.</div>
<div>Coquetamente las muchachas me modelaron sus vestidos, dando una vuelta sobre sí mismas, lo que me dio la ocasión de volver a comprobar que me había casado con dos esplendidas mujeres. Era imposible determinar cuál era más hermosa, si Dhara o Samali. La dos individualmente me encantaban pero juntas se complementaban, volviéndome loco. No llevaba más que cuatro días con ellas y ya no me imaginaba mi vida sin su presencia.</div>
<div>-¿Desea tomar algo mientras espera?-, me preguntó la mayor.</div>
<div>-Lo que deseo ya lo he tomado, pero si insistes no me importaría repetir sobre la alfombra-, contesté cogiéndola de la cintura.</div>
<div>-Nuestro esposo me está tomando por tonta-, exclamó separándose de mí, -¡sabe que no tenemos tiempo!. Y  antes que lleguen, quiero pedirle dos favores-.</div>
<div>
<p>-¿Cuáles?-, respondí.</p>
<div></div>
</div>
<div>-Que durante la cena nos permita tutearle…-</div>
<div>-Hecho-</div>
<div>-Y que le diga a su hermano que se muestre arisco con nosotras y que en cuanto pueda nos lleve la contraria-.</div>
<div>-¿Y eso por qué?, ¿No sería mejor tenerlo de aliado?-.</div>
<div>Dhara, interviniendo, dijo alegremente:</div>
<div>-El futuro padre de nuestros hijos puede ser un buen hombre, pero no conoce a las mujeres. Háganos caso-.</div>
<div>-Vosotras sabréis-, contesté ignorando que tenían planeado.</div>
<div>Acababa de decirlo cuando escuchamos el timbre de la puerta. Ellas, arrastrándome, me llevaron hasta el recibidor y con una sonrisa, me pidieron que abriera. Haciéndoles caso, dejé pasar a las visitas.</div>
<div>Se notaba el nerviosismo de Javier, porque masculló entre dientes un saludo pero en cambio, mi cuñada me dio dos besos y regañándome, me advirtió que era la última vez que llegaba a Madrid sin avisar. Mirando a las dos muchachas, dijo divertida:</div>
<div>-No me vas a presentar a estas monadas-.</div>
<div>Al girarme, vi que empleando el saludo típico hindú, las crías mantenían sus manos unidas contra el pecho mientras lucían la mejor de sus sonrisas.</div>
<div>-María, te presento a Samali y a Dhara. Dos mujeres muy especiales para mí-.</div>
<div>-¿Mujeres?, si son unas niñas, ¡Pillín!-, contestó, y acercándose donde estaban ellas, les dio un beso.</div>
<div>Las hermanas sin dejar de sonreír, le devolvieron el saludo y cogiéndola del brazo, se la llevaron al salón, momento que aproveché para explicarle a mi hermano lo que me habían pedido. Al unirnos a las tres, Javier fue a saludarlas de un beso pero las hindúes se apartaron y le extendieron la mano a modo de saludo.</div>
<div>-El contacto físico está mal visto-, expliqué viendo su cabreo por lo que consideraba una falta de educación.</div>
<div>-¡Menuda gilipollez!- soltó mi hermano.</div>
<div>-Javier, ¡compórtate!-, le recriminó su mujer, -son diferentes costumbres-, y dirigiéndose a las dos hermanas, dijo: -Perdonarle, es un poco bruto-.</div>
<div>Samali, poniendo cara de angustia totalmente fingida, respondió:</div>
<div>-No se preocupe, estamos acostumbradas-.</div>
<div>Indignada con su marido, María le soltó cabreada:</div>
<div>-Ves, lo que has hecho. Pide perdón-.</div>
<div>-Disculpad-, oí decir a mi hermano.</div>
<div>Rompiendo el hielo, Dhara cogió a mi cuñada de la mano y dándole las gracias, dijo:</div>
<div>-Te has equivocado de hermano, es a Fernando al que tienes que regañar-.</div>
<div>-¿Por qué? ¿Qué os ha hecho este impresentable?-</div>
<div>-Nos dijo que eras guapa y claramente se quedó corto. Eres bellísima-.</div>
<div>María se sonrojó al oír el piropo, A toda mujer le encanta que admiren su belleza y más cuando el que lo hace es una muchacha tan hermosa como la pequeña de las hermanas.</div>
<div>“Uno a cero”, dije mentalmente siguiendo el marcador.  En los breves minutos que llevábamos se habían llevado al huerto a la esposa de mi hermano.</div>
<div>-¿Quieres beber algo?-, preguntó Samali.</div>
<div>-Un poco de vino-.</div>
<div>-¿Y tu marido?-.</div>
<div>-¡Un whisky!-, gritó desde el sillón en el que se había sentado.</div>
<div>María le acuchilló con la mirada y tratando de evitar que llegaran a las manos, rápidamente le puse su copa, sirviéndome yo otra. Aunque había descubierto el juego, me preocupaba el resultado.</div>
<div>-¿Y cómo conocisteis a mi cuñado?-, dijo intentando establecer una conversación.</div>
<div>-En el hospital del colegio capuchino. Todos en la aldea querían que el guapo doctor español los atendiera. No solo era por ser buen médico sino que no hacía diferencias entre castas. Como soy enfermera, cada vez que tenía que operar a una Dalit, me encargaban ayudarle en la operación -.</div>
<div>Fue entonces cuando comprendí porque me sonaban sus ojos, Samalí era la muchacha que atendía el quirófano, no la había reconocido porque nunca la había visto sin mascarilla. Alucinado por el descubrimiento, no dije nada.</div>
<div>-No comprendo-, respondió mi cuñada.</div>
<div>-Fernando era el único que no le importaba poner sus manos en uno de mi casta-.</div>
<div>-No sé qué eres-.</div>
<div>-Una intocable-, respondí interviniendo.</div>
<div>-¡Mi hermano y su sentido del deber!. Si en vez de estar jugando a salvar al mundo se hubiese quedado en España, ahora tendría plaza fija en un hospital decente-.</div>
<div>-¡Cállate!- le ordenó Maria, alucinada por su falta de humanidad de su marido, y dirigiéndose a las dos muchachas, preguntó: -Por lo que entiendo, ¿sois Dalits?-.</div>
<div>-Sí-, conteste adelantándome, -son un hermoso pueblo, injustamente tratado por milenios-.</div>
<div>-Pero, el sistema de castas…. ¿sigue plenamente vigente hoy en  dia?-.</div>
<div>-Sí, nuestro nacimiento marca en gran parte el futuro-.</div>
<div>
<p>-¡Salvajes!, si no llega a ser por los ingleses, seguirían quemando a las viudas-, espetó mi hermano exagerando su disgusto.</p>
<div></div>
</div>
<div>Mi cuñada sin ocultar su desazón, cogió a mi hermano del brazo y llevándolo a una esquina, le montó una bronca. Mientras tanto, acercándome a la muchacha, le dije:</div>
<div>-Con que eras, tú, mi ayudante-.</div>
<div>-Si-, respondió bajando su mirada.</div>
<div>-¿Y tenéis alguna otra sorpresa?-.</div>
<div>-Alguna hay, querido esposo-.</div>
<div>La vuelta de María evitó que le sonsacara a que se refería. Y aprovechando que las hermanas se llevaban a la mujer de mi hermano al comedor, me acerqué donde Javier y le dije:</div>
<div>-Te estás pasando-.</div>
<div>-¡Que va!, todo va sobre ruedas. María está enfocando su cabreo sobre mí, mientras sobreprotege a esas chavalas. ¡Has estado brillante!. No comprendía porque querías que fuera borde, pero me quito el sombrero. ¿Eres cirujano o psicólogo?, hermanito-.</div>
<div>-Cirujano, capullo-.</div>
<div>Sin más preámbulo, nos sentamos a cenar. Las hermanas habían dispuesto los sitios de manera que María quedara entre ellas dos. Sonreí al darme cuenta que lo hicieron para monopolizar su conversación. Inteligentemente, fueron encauzando a la misma hacía las forma de ver el amor en su cultura y en un momento dado, al salir el tema de los harenes de los antiguos pachás, mi hermano soltó que eso no era natural. Dhara le contestó, dirigiéndose a mi cuñada:</div>
<div> -Eso es falso. En la india vemos a las personas como piezas de un puzle que se van integrando unas a otras. Por ejemplo, tú, María, por lo que nos han contado, eres como la pieza central de esta familia. Al casarte con Javier, él rellenó una de tus facetas pero, como te sobraba cariño, en cuanto viste a  Fernando y lo atrajiste a tu lado. No por ello, dejaste de querer a tu marido, tu amor era tan grande que daba para ambos-.</div>
<div>-Bueno-, contestó avergonzada mi cuñada, -fue fácil porque Fernando, además de un crío, era un encanto-.</div>
<div>-Lo ves. Fernando es igual-, intervino Samali, &#8211; En nuestra aldea, repartía su cariño a hombres y mujeres por igual. Salvó cientos de vidas y por eso cuando decidió volver a España, no tuvimos duda en acompañarle-.</div>
<div>Al oírlas, María se llenó de dudas y tomando un sorbo de agua, preguntó:</div>
<div>-¿Cuál de vosotras está enamorada de mi cuñado?-.</div>
<div>-Las dos-, respondieron al unísono las hermanas.</div>
<div>-Y ¿él?-.</div>
<div>-De ambas-, intervine sin saber si había actuado correctamente.</div>
<div>Menos mal que Samali acudió en mi ayuda.</div>
<div>-Déjame explicarte- dijo cogiendo la mano de la mujer que estaba perpleja, -Durante meses estuvo evitando sus sentimientos y por eso, mi hermana y yo hablamos entre nosotras y decidimos que no podíamos dejarle que se fuera-.</div>
<div>-Pero eso es inmoral-, exclamó mi hermano.</div>
<div>-Shhhhhhhh, déjalas que hablen-,  protestó su mujer que aunque estaba escandalizada, quería conocer la postura de las hermanas.</div>
<div>-Al igual que Javier nunca se ha puesto celoso de Fernando, yo nunca lo he hecho con Samalí-, dijo Dhara con gran acierto.</div>
<div>-Es diferente, Javier es mi marido y Fernando mi cuñado-.</div>
<div>-Sí, pero los amas a los dos-, contestó la pequeña.</div>
<div>-Pero es otro tipo de amor-.</div>
<div>-Lo mismo le ocurre a Fernando. Me quiere a mí de manera diferente que a mi hermana, pero no por eso me quiere menos-.</div>
<div>-Desde ese punto de vista, no tengo nada que decir pero, tú ¿qué opinas?-, me preguntó.</div>
<div>Tomé un buen trago de vino antes de contestar.</div>
<div>-Comprendo tus dudas, es más, son las mismas que yo tuve. Piensa  que era como si a un gladiador le preguntan qué prefiere si perder el brazo con el sujeta la espada o el que usa para defenderse con el escudo. Si se queda sin alguno, muere. Así me sentía yo-.</div>
<div>-¡Qué romántico!-, murmuró María dejando caer unas lágrimas.</div>
<div>-¿Romántico?, ¡Mis huevos! Este cabrón lo que quiere es beneficiarse a estas dos preciosidades. ¡Nos vamos! -, dijo mi hermano levantándose de la mesa.</div>
<div>-¡Siéntate inmediatamente!-, ordenó su mujer y cogiendo entre sus manos las de las dos muchachas, preguntó: -¿Qué vais a hacer?, sois conscientes que, esto, se considera amoral en España-.</div>
<div>-Sí, Fernando nos lo explicó, por eso, como en la India es legal, nos casamos allá-.</div>
<div>-¿Os habéis casado?-.</div>
<div>-Sí, siento no haberos avisado pero no sabía cómo ibais a actuar-, respondí con angustia.</div>
<div>-Pues como quieres que actuásemos-, soltó mi hermano, -con absoluta…-</div>
<div>
<p>-Tranquilidad-, intervino mi cuñada, -No es lo que deseábamos, pero confío en tu buen criterio y además estas dos muchachas son un primor-.</p>
</div>
<div><img decoding="async" class="alignright" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_012_24fe.jpg" width="425" height="638" />Las hermanas al oír que las aceptaba, se lanzaron a sus brazos y colmándolas de besos, le juraron que la tratarían como una madre.</div>
<div>-Hermana mayor-, respondió, -¡No soy tan vieja!-.</div>
<div>-Gracias-, respondí emocionado.</div>
<div>Con alegría vi que mi hermano, levantándose de la silla, las besó diciendo:</div>
<div>-Si habéis convencido a la arpía que tengo por mujer, no tengo nada que objetar-, y dándome un abrazo, murmuró a mi oído: -Cabronazo, ya me contarás… -.</div>
<div>El resto de la velada pasó sin ninguna novedad digna de ser narrada, solo os puedo decir que una vez que había desaparecida la tensión, fue muy agradable. María se lo pasó en grande metiéndose conmigo. Varias veces manifestó sus dudas acerca que fuera capaz de contentar a dos mujeres, las mismas que bien Samali o bien Dhara me defendieron alabando mi hombría. Mi hermano, por su parte, ya sin ejercer el papel de ladilla que le habíamos asignado, se comportó muy cariñoso con sus nuevas cuñadas, de manera que cuando los despedimos en la puerta, me felicitó por mi elección.</div>
<div>Al irse, cogí a mis esposas del brazo y sentándonos en un sillón del salón, les pedí que me explicaran que era eso de que me conocían de antes de la boda. Aunque sabía que Samali no había mentido cuando dijo que había sido mi asistente en esas operaciones, no  tenía claro si eso había tenido algo que ver con nuestra boda.</div>
<div>Ellas, viendo mi cara de enfado, se pusieron nerviosas antes de contestar:</div>
<div>-Yo también le conocía-, reconoció la pequeña casi llorando, -fui una de las alumnas que asistieron a un seminario que dio en la Universidad de enfermería-.</div>
<div>Me acordaba de esa clase pero al ser más de doscientas muchachas las que atestaban la sala magistral donde la impartí, realmente no me acordaba de ella. Con la mosca detrás de la oreja, me levanté a servirme un whisky. Samali, anticipándose a mi deseo, se levantó y corriendo rellenó un vaso con hielos y me lo pasó, con expresión de angustia. Cabreado no dejé que ella echara el licor y sin darles tiempo a reaccionar, les solté a bocajarro:</div>
<div>-Quiero saber TODA la verdad, ¡ni se os ocurra mentir!-.</div>
<div>Las hermanas se miraron asustadas y con lágrimas en los ojos, fue Dhara la que me contestó:</div>
<div>-Esposo nuestro. Todo empezó como un juego. Mi hermana me comentó que estaba ayudando a un doctor español guapísimo y al describírmelo, supe que era el mismo que había dado la conferencia-.</div>
<div>-¿Y?-, pregunté con un monosílabo.</div>
<div>La mayor de las dos, arrodillándose  a mis pies, implorando mi perdón, prosiguió diciendo:</div>
<div>-Al saber que a las dos nos gustaba y aprovechando que la ciudad era pequeña, cada vez que salía a un restaurante o iba a visitar a algún enfermo, decidimos seguirle. Perdónenos por no habérselo dicho, pero al verle tan a menudo, llegamos a apreciar el cariño con el que trataba a todo el mundo y sin darnos cuenta, nos enamoramos de usted… &#8211;</div>
<div>Dhara, acojonada, al ver que mi rostro era cada vez más cenizo, le interrumpió:</div>
<div>-Durante meses, al caer la noche, charlando en nuestras camas, Dhara y yo, nos masturbábamos imaginando que éramos sus esposas, de forma que el juego se convirtió en una obsesión. Un día Samali llegó llorando porque se había enterado que se volvía a España. Esa noche, mientras nos consolábamos una a la otra, decidimos que no podíamos perderle-.</div>
<div>-¡Y fuisteis a hablar con el padre Juan!-, afirmé al darme cuenta que todo era mentira.</div>
<div>-Nosotras no, convencimos a  nuestra madre para que fuera ella-, respondió la pequeña. -Mamá sabía que estábamos enamoradas y como el cura conocía su caso, aprovechó que, el mismo indeseable que la había violado, nos pretendía para pedirle que buscara el modo de mandarnos lejos-.</div>
<div>-¿Entonces al menos es verdad que ese cabrón quería casarse con vosotras?-, pregunté.</div>
<div>-Si- contestó Samali, -pero nuestro tutor se negó de plano. Como seguía existiendo el peligro que nos raptara, nuestra madre le insinuó al cura que como usted se volvía, podíamos venir en calidad de criadas a través de un matrimonio ficticio-.</div>
<div>-Por lo que me habéis confirmado, vosotras sabíais que mi intención no era casarme sino ayudaros-, les dije tratando de aclararme las ideas.</div>
<div>-Así es, amado esposo, pero esperábamos que, usted al conocernos, también se enamorara-.</div>
<div>-Sois una zorras, ¿sois conscientes de ello?-.</div>
<div>-Sí, somos conscientes-, respondieron al unísono.</div>
<div>-¿Y sabéis que es mi deber como marido el castigaros?-, les respondí con una sonrisa. Me habían dado un pretexto para realizar dos de mis sueños.</div>
<div>Al haberme dirigido a ellas como esposo y al no haber montado en cólera por el engaño, se tranquilizaron. Asumiendo que se tenían merecido un correctivo, Dhara me preguntó en qué consistiría:</div>
<div>
<p>-No os preocupéis, no voy a ser cruel. Ahora mismo quiero una tortilla y mañana me vais a preparar un chuletón-.</p>
<div></div>
</div>
<div>-¡Si acaba de cenar!-, soltó extrañada Samalí.</div>
<div>-El chuletón es para mañana, estoy cansado de tanta verdurita y demás comida para conejos. Como sé del asco que os da la carne, para comer me vais a freír un buen trozo de rica y sangrienta vaca-.</div>
<div>Venciendo su repugnancia, aceptaron. El castigo era doble, tenían que aguantar el olor de la fritura, sabiendo además que estarían cocinando a su animal sagrado. Si las muy cabronas habían usado la cultura local para conseguir ser mis esposas, qué menos que yo la usara para castigarlas. Y en relación a mi primer deseo, les aclaré:</div>
<div>-La tortilla que me apetece no está hecha de huevos, sino de coños-.</div>
<div>-¿No entiendo?-, respondió la pequeña.</div>
<div>Soltando una carcajada, expliqué el argot:</div>
<div>-Quiero ver como os consolabais esas noches. No me cabe duda que no solo os masturbabais, sino que os dabais placer mutuamente-.</div>
<div>-Amado esposo-, cayendo postrada a mis pies, Samali me confesó: -si lo hicimos, fue pensando en usted y no creo que sea correcto hacerlo, teniéndole presente-.</div>
<div>-Pues no creas más y actúa-, ordené poniendo su cabeza a la altura del sexo de su hermana.</div>
<div>Sin hacerse de rogar, fue despojando del sari a una perpleja Dhara. En su cara no solo observé confusión sino deseo, la pequeñaja se estaba excitando al pensar que iba a ser tomada en presencia y con el consentimiento de su marido.</div>
<div>-Déjame que te ayude-, le solté mientras le pellizcaba el pezón que había liberado.</div>
<div>Una vez hubo terminado, se puso en pie y dejó que su hermana, la desnudase. Para disfrutar de un mejor ángulo de visión, acerqué una silla y viendo que estaban desnudas, les pregunté a que esperaban.</div>
<div>-¿No vamos a la cama?-, me preguntó Samali, tapando con las manos sus pechos.</div>
<div>“¡Le da vergüenza!”, rumié encantado al ver el inútil intento de la muchacha y alzando la voz, les espeté: -¡No!, ¡vais a hacerlo aquí! y no te quejes, que si insistes, te obligo a tomar a tu hermana en medio de la calle-</div>
<div>Asustada por mi amenaza, abrazó a la morenita y totalmente abochornada, llevó sus labios a la boca de Dhara. Esta menos avergonzada, con la lengua forzó el beso y pasando su mano por el trasero de la mayor, me miró implorando instrucciones.</div>
<div>-Ámala como hacías cuando erais solteras y no teníais dueño. ¡No me defraudes!-,</div>
<div>Fueron todas las órdenes que consiguió sacarme. La pequeña vislumbró  que mis palabras tenían un doble significado: por una parte les aclaraba que no creía en su pureza, porque aunque  se me habían entregado vírgenes, sabía que sus cuerpos habían disfrutado del placer y por otra, les exigía que dieran todo de sí y que quería observar como llegaban al orgasmo. Sabiendo que era un peculiar castigo que no llevaba aparejado dolor sino sumisión, Dhara, tumbó a Samali sobre la alfombra y hablando en hindi, con la esperanza que no lo entendiera, le dijo:</div>
<div> -Te quiero hermana pero amo más a nuestro marido-.</div>
<div>Separando las piernas de la mayor, se tumbó encima y con su boca se apoderó del pezón de la morena. Con lentitud y cariño, fue cubriendo de besos a la indefensa mujer que, dominada por la vergüenza, se dejaba hacer sin colaborar. Desde mi puesto de observación, fui testigo de cómo deslizándose por el cuerpo de Samali, la lengua de la pequeña dejaba un rastro húmedo en su camino. Las caricias se fueron acelerando poco a poco y cuando su boca estaba a escasos centímetros del sexo de su hermana, Dhara dominada por los acontecimientos y siguiendo mis instrucciones, se pellizcó los pechos mientras separaba los labios de la muchacha.</div>
<div>Con satisfacción, escuché el gemido quejumbroso de la abochornada Samali cuando sintió que con los dientes, su querida pariente, se apoderaba del hinchado clítoris que  escondía entre las piernas. Cerrando los ojos para no ver la invasión, involuntariamente separó las rodillas mientras sus manos intentaban arañar la alfombra. Su hermana buscó mi mirada en búsqueda de consuelo pero solo halló determinación y sin más, jugueteó con su lengua en el interior de la expuesta cueva que tenía a su disposición.</div>
<div>Con el ánimo de forzar aún más la vergüenza de la mayor y la sumisión de la pequeña, dije en voz alta:</div>
<div>-Tengo claro quien de las dos se merece mi cariño y quien mi repudio-.</div>
<div>Mis palabras sirvieron de acicate a Dahra que reanudando con más énfasis sus caricias, introdujo un par de dedos dentro del sexo de su hermana. No llevaba ni diez segundos sintiendo asaltado su interior cuando, con lágrimas en los ojos, Samalí me miró y con dolor reflejado en su rostro, me confesó:</div>
<div>-Amado, tiene razón en despreciarme, fui yo quien ideó el plan. Pero le pido que no me repudie, si lo hice fue porque anhelaba ser su esposa. He sido egoísta pero no volverá a ocurrir-.</div>
<div>Y levantando a Dhara, la besó mientras decía:</div>
<div>-Querida, nuestro marido quiere que nos amemos en su presencia, ¡hagámoslo!-.</div>
<div>
<div></div>
<div>7</div>
<p><img decoding="async" class="alignleft" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_016_96b1.jpg" width="423" height="635" />Esta vez lejos de mantenerse pasiva, la mayor, tomando para sí los pechos casi adolescentes de su hermana, llevó su boca a ellos y con verdadera pasión, los fue chupando mientras  su mano izquierda se introducía calientemente en la entrepierna de su partenaire. La morenita, al sentir la pasión con la que la acariciaba, la obligó a tumbarse y poniéndose a horcajadas, puso su sexo a disposición de la madura. Esta no se hizo de rogar y mordisqueando el clítoris de su amada, consiguió sacarle los primeros suspiros de placer. Dhara, no siendo menos, con su lengua fue recogiendo el flujo que manaba del interior de la cueva de Samali mientras sus manos  se aferraban a su duro trasero.</p>
</div>
<div>Tengo que reconocer que me costó mantenerme al margen, mi más que excitado pene me pedía participar y dejar de ser testigo mudo de la unión de esas dos mujeres, pero comprendiendo que debían completar su castigo, me mantuve aferrado a mi silla mientras ellas se veían cada más subyugadas por el deseo. No tardé en escuchar salir de su garganta, los gemidos y sollozos de su pasión. Las muchachas olvidándose que a pocos centímetros de ellas, su marido las observaba, cambiaron de posición y entrelazando sus piernas, restregaron  sus hambrientos sexos, una contra la otra.</div>
<div>Contra todo pronóstico, fue Samali la primera en correrse y presa de un frenesí que daba  miedo, empezó a convulsionarse sobre la alfombra. Chocando coño contra coño, las mujeres se aparearon ante mi absorta mirada. Con la habitación inundada del olor a sexo, los chillidos de la morenita me anticiparon su clímax y derramándose sobre su hermana, obtuvo el orgasmo que le había exigido.</div>
<div>Cuando ya había supuesto que víctimas del cansancio ambas mujeres caerían desplomadas, la  más madura cogió a la menor y dándole la vuelta, le abrió las nalgas y sin atender a sus quejas, con la lengua exploró las rugosidades de su ano mientras le susurraba:</div>
<div>-Nuestro amado debe marcarte como hizo conmigo-.</div>
<div>Supe cuál era mi cometido y desnudándome, esperé sentado en mi silla mientras Samali preparaba a su hermana. Buscando que la experiencia fuera placentera, con sus dedos y con la ayuda del flujo que manaba del sexo de Dhara, fue relajando el inexplorado esfínter.  La pequeña presa de nuevas sensaciones no pudo evitar correrse dando sonoros gritos. Ambicionando mi perdón, la mayor de mis esposas levantó del suelo el cuerpo sudoroso de la otra y poniéndola a mi disposición, dijo entre lágrimas:</div>
<div>-Respetuosamente le imploro que centre su castigo en mí. Aquí tiene a su esposa, lista para ser marcada-.</div>
<div>Comprendí que Dhara estaba al corriente de su función cuando dándose la vuelta, cogió mi pene y acercándolo a su trasero, logró introducir la cabeza de mi glande en su interior. Aulló de dolor pero lejos de intentar separarse, forzó la penetración deslizando su cuerpo hacia atrás. Poco a poco, mi extensión fue adueñándose del estrecho conducto de su ano mientras su cuerpo se estremecía por el intenso contacto. Al completar su empalamiento, giró su cabeza y posando sus labios en los míos, me informó que estaba preparada.</div>
<div>Su hermana, consciente del dolor que la consumía, poniéndose de rodillas frente a ella, le pidió:</div>
<div>-Deja que te ayude-.</div>
<div>Y sin esperar mi permiso, empezó a masturbarla. La mezcla de sufrimiento y de placer provocaron que la pequeña suspirara calladamente, momento que aproveché para izar y bajar lentamente su delicada anatomía. La cría se fue relajando a la par que el malestar iba disminuyendo y tras unos minutos de lento cabalgar, tomó las riendas y rebotando sobre mi pene, buscó el placer. Desde el primer encuentro, había asumido que Dhara era una mujer fogosa pero no cotejé cuanto hasta que esa noche, la vi consumirse en una pasión desbordante mientras la empalaba.</div>
<div>-Estoy dispuesta-, dijo al percibir que su cuerpo mostraba signos de volverse a correr y poniendo su cuello en mi boca, me rogó que la marcara.</div>
<div>Mordiendo la unión con su hombro, apreté mis dientes para que la huella de su entrega permaneciera como recordatorio sobre su piel. Ella al experimentar mi violencia, dando un estremecedor grito se desparramó sobre mis piernas sin dejar de moverse. Mi propio pene no pudo soportar mas la tensión y explotando,  regó su interior con mi simiente.</div>
<div>Cuando me recuperé, cogí su cuerpo entre mis brazos y levantándome de la silla, susurré a su oído:</div>
<div>-Vamos a la cama-.</div>
<div>Estaba ya saliendo de la habitación y al girarme, vi que Samali, todavía arrodillada, lloraba. Dirigiéndome a ella, pregunté:</div>
<div>-¿Qué esperas?-.</div>
<div>Sin saber cómo reaccionar, la muchacha, sumida en el llanto, preguntó:</div>
<div>-¿También yo?-.</div>
<div>-Sí, también tú-, respondí, -no pienses que se me ha olvidado lo que has hecho, pero no puedo dejar a una de mis esposas tirada en la alfombra-.</div>
<div>Con un halo de esperanza, la morena insistió:</div>
<div>-¿Entonces no piensa repudiarme?-.</div>
<div>-Nunca fue mi intención, juré ser tu compañero eterno y cumpliré mi palabra-.</div>
<div>La muchacha se levantó del suelo y con una alegría contagiosa, me dio las gracias. Acercando su boca a la mía, la acaricié mientras le decía:</div>
<div>-Tengo toda una vida para castigarte-.</div>
<div>Samalí sin dejar de sonreír, asumió la amenaza y mientras me seguía por las escaleras, exclamó con tono pícaro:</div>
<div>-Amado esposo, en cambio yo, ¡Tengo toda una vida disfrutar de sus castigos!-.</div>
<div></div>
<div><span style="font-size: revert; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; text-align: justify;">Por respuesta, recibió con gozo un azote en su apetitoso trasero.</span></div>
<div style="background-color: white; color: #333333; font-family: Verdana, Tahoma, Arial; font-size: 12px; text-align: justify;">
<div style="clear: both; text-align: center;"><img decoding="async" class="alignnone " src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/61/67798722/67798722_013_5e11.jpg" width="559" height="372" /></div>
</div>
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí FIN&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 17:50:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
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					<description><![CDATA[En el coche, me empezaron a surgir nervios al darme cuenta de lo poco acostumbrado que estaba a las citas. No en vano la única que había tenido en los últimos dos años había sido con Agda y el mérito había sido suyo ya que ella había llevado la voz cantante, pero en el caso de Sara y dado su carácter, la responsabilidad de cómo se desarrollaran las cosas iba a ser enteramente mía. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; «No puedo ni debo fallarla», me dije rememorando su cara de angustia cuando descubrió lo mucho que me deseaba tras permitir que Ua la masturbara [&#8230;]]]></description>
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<p>En el coche, me empezaron a surgir nervios al darme cuenta de lo poco acostumbrado que estaba a las citas. No en vano la única que había tenido en los últimos dos años había sido con Agda y el mérito había sido suyo ya que ella había llevado la voz cantante, pero en el caso de Sara y dado su carácter, la responsabilidad de cómo se desarrollaran las cosas iba a ser enteramente mía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «No puedo ni debo fallarla», me dije rememorando su cara de angustia cuando descubrió lo mucho que me deseaba tras permitir que Ua la masturbara en mi presencia.</p>



<p>Recapacitando sobre ello y como desde un principio se había abierto a mí en la marisquería, comprendí que debía ser galante sin forzarla en lo más mínimo asumiendo que ese papel sería ejercido por el manipulador ser que había dejado en el hotel. Con ello en la mente llegué frente al hostal donde su gobierno la había alojado, descubriendo que me estaba ya esperando en la puerta. Siguiendo el guion que me había marcado, me bajé con la intención de piropearla. Pero al mirarla y comprobar que parecía una ingenua ninfa recién caída del cielo, me quedé petrificado y solo pude mascullar un “buenas noches” mientras recorría con la mirada las maravillosas curvas que realzaba el vestido de lino blanco que llevaba puesto. Supe que la lujuria de mi mirada no le pasó inadvertida al advertir que se removía incómoda mientras recibía de mis manos los chocolates.</p>



<p>―Estás preciosa― alcancé a decir tras retirar mi ojos de sus pechos y haciendo un esfuerzo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_001_81ce.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Tú estás también muy guapo― murmuró al ver que le abría la puerta.</p>



<p>Su timidez curiosamente me tranquilizó y tras esperar que se acomodara en su asiento, me metí en el Bentley. El lujo británico del automóvil la había impactado de tal forma que se había olvidado de abrocharse el cinturón, detalle que aproveché para ser yo quien lo hiciera. Mi galantería debió de agradarla porque sin venir a cuento observé que sus pezones florecían bajo su ropa.</p>



<p>―Gracias, Miguel― suspiró al advertir lo ocurrido.</p>



<p>Encendiendo el motor, lo hice sonar un poco para ver su reacción y tal y como había anticipado, sintió ese rugido como un anticipo de mi carácter y mordiéndose los labios, involuntariamente cerró sus piernas sin percatarse que al hacerlo la falda la había traicionado revelando gran parte de uno de sus muslos. Sin pedir su permiso, bajé la tela cubriéndola rozando brevemente su piel con mis yemas.</p>



<p>―Perdona, no me había dado cuenta de que mostraba de más― se disculpó abochornada por si pensaba que lo había hecho a propósito.</p>



<p>Mi silencio no hizo más que profundizar su vergüenza y nuevamente intentó justificar su error, pero cortándola dulcemente le dije que cuando quisiera disfrutar de sus piernas se lo diría mientras le hacía una carantoña en la mejilla.</p>



<p>―No seas malo― sollozó al sentir que le costaba hasta respirar.</p>



<p>Sin apiadarme de ella y mostrando siempre una cortesía inapelable, seguí acariciándola al responder:</p>



<p>―Con una gatita tan bella jamás podría ser malo.</p>



<p>El gemido que brotó de sus labios curiosamente se asemejó a un maullido y eso me hizo decidir que la llamaría así el resto de la noche. Abusando de su desliz y mientras me dirigía de vuelta a reunirme con Ía, le comenté que había reservado una suite para que nadie nos molestara mientras cenábamos.</p>



<p>―¿Te parece bien? Gatita.</p>



<p>―Sí― con un hilo de voz respondió, buscando quizás que no me diese cuenta de lo mucho que le ponía ese sobrenombre.</p>



<p>Desgraciadamente el rubor que decoraba su rostro era demasiado evidente para no advertirlo y recordando tanto el mail que habíamos interceptado en el que sus jefes la ordenaban seducirme como la conversación con su amiga, le pregunté si alguien sabía que había quedado conmigo.</p>



<p>―No― me mintió y pasando a la ofensiva quiso saber por qué lo decía.</p>



<p>Cogiendo mi móvil, le ordené que llamara a alguien y se lo dijera porque no me parecía correcto llevarla a un hotel sin que nadie lo supiera.</p>



<p>―No te entiendo― murmuró.</p>



<p>―Quiero que lo hagas para que estés tranquila y que sepas que no te va a pasar nada―comenté.</p>



<p>―No hace falta.&nbsp;</p>



<p>―Insisto, se una buena gatita y hazlo.</p>



<p>La velada orden provocó que hasta el último vello de su cuerpo se erizara al saber que era la primera, pero no la última que recibiría de mí y totalmente descompuesta llamó a la conocida con la que había conversado de mí. Al no contestar y saltar el buzón de voz, respiró aliviada.</p>



<p>―Mari, te llamo para informarte que he salido a cenar con Miguel Parejo.</p>



<p>Tras lo cual, apagó el móvil y me miró:</p>



<p>―Así me gusta― respondí regalándola otra caricia.</p>



<p>En esa ocasión, no quiso o no pudo disimular su suspiro mientras sus ojos denotaban una creciente adoración.</p>



<p>―¿Falta mucho para llegar? – quiso saber al ver que salíamos de Puerto Jimenez.</p>



<p>―Un par de minutos― contesté: ―Ya estamos cerca.</p>



<p>Acababa de decirlo cuando ante nosotros apareció el cartel del hotel. Al verlo, girándose hacia mí me preguntó si íbamos a Crocodile Bay.</p>



<p>―Así es, es el único a tu altura.</p>



<p>Desencajada al saber que nos dirigíamos al establecimiento más caro de la zona, quiso quitarle hierro diciendo que no me metiera con su tamaño ya que desde hacía muchos años había aceptado que era bajita. Su picara respuesta me hizo reír y le recordé una frase al respecto:</p>



<p>―Gatita, no se debe medir a alguien de la cabeza al suelo, sino de la cabeza al cielo.</p>



<p>―¿Estás seguro? Mi Napoleón― sonriendo respondió haciéndome saber que conocía de sobra a quien se le atribuía dicha frase.</p>



<p>Desternillado al advertir su nuevo error al usar ese posesivo, hurgué en la herida diciendo:</p>



<p>―¿Quieres que sea tu emperador?</p>



<p>La oriental no dudó ni un segundo antes de contestar con otra pregunta:</p>



<p>―¿Quién te ha dicho que no lo seas ya?</p>



<p>El destino quiso que llegáramos justo entonces al hotel y aparcando el coche en la entrada, me giré hacia ella sonriendo:</p>



<p>―¿Qué diría mi gatita si le robara un beso?</p>



<p>En vez de responder se lanzó sobre mí buscando mis labios. La pasión que demostró al recibir mi lengua dentro de su boca fue un preludio que me avisó que no era una dulce damisela la mujer que descubriría esa noche sino una ardiente amante deseosa de caricias. Durante unos momentos me dejé llevar, pero recordando la especial forma que tenía de entender el sexo me separé de ella y salí del Bentley, dejándola insatisfecha. Tal y como esperaba, la oriental se quejó del súbito rechazo haciendo un puchero.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_004_5a21.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Deja de maullar y mueve el culo o ¿prefieres que te devuelva a tu hotel?- respondí con una sonrisa mientras le abría la puerta.</p>



<p>&nbsp;Mi amenaza surtió efecto y aún molesta, se bajó. Incrementé su turbación, entrando al establecimiento sin mirar hacia atrás, sabiendo que me seguía.</p>



<p>-Buenas noches.</p>



<p>El saludo del conserje a cargo de recepción me sirvió para azuzar su carácter cuando pedí disculpas, por anticipado y en plan cabrón, por los gritos que iba a dar mi acompañante cuando me la tirara. Cualquier mujer que no fuera sumisa se hubiera dado la vuelta y huido de mí, pero Sara no dijo nada mientras me perseguía rumbo al ascensor. Esperando que se abriera, observé su nerviosismo con satisfacción al temer ella no poder contener sus ganas de entregarse a mis deseos.</p>



<p>-Pasa, gatita- susurré en su oído metiéndola en el cubículo, donde sin público empecé a sobarle el trasero.</p>



<p>Ese magreo hubiese escandalizado a noventa mujeres de cada cien, pero no fue su caso ya que tras reponerse de la sorpresa se pegó a mí buscando mis besos. Besos que por descontado queda no encontró y se tuvo que conformar con restregarse obsesivamente contra un sujeto que ni siquiera la miraba mientras en su interior se preguntaba qué había hecho mal.</p>



<p>-Acompáñame- ordené ya desde el pasillo al contemplar que se había quedado dentro sin saber qué hacer.</p>



<p>El tono autoritario, pero curiosamente dulce, de esa orden la hizo reaccionar y bajando la cabeza, se deslizó siguiéndome hasta el cuarto. Antes de tocar para que Ía me abriera me fijé en que mi comportamiento, lejos de amortiguar la atracción que sentía por mí, la había maximizado y que estaba a punto de caramelo.</p>



<p>-Espero que te guste la sorpresa que te tengo preparada – comenté tocando con los nudillos en la puerta.</p>



<p>Al abrirse no fue ella sola la que se quedó impresionada. Reconozco que yo también aluciné al ver que la rubia nos recibía vestida con un uniforme de criada que no hubiese destacado en una película porno.</p>



<p>-Amo, su cena está lista- comentó Ía mientras se arrodillaba a mis pies.</p>



<p>Gratificando a mi supuesta sumisa con una breve caricia en su cabeza y sin hacer caso a la cara que lucía al ver la indumentaria de mi ayudante, pedí a Sara que me acompañara. Entrando en la habitación y comportándome como un caballero de los de antes al llegar a la mesa donde cenaría con ella, le acerqué su silla. Era tal la turbación que sentía que en completo silencio se sentó mientras observaba a Ía abriendo el champagne. Tampoco dijo nada cuando rellenó nuestras copas y la chavala rozó con los pechos casi desnudos su cara antes de decir:</p>



<p>-Amo, como usted ordenó, la botella está fría y su sierva caliente.</p>



<p>Disfrutando de la expresión de desamparo de Sara, probé mi bebida y dando mi conformidad, premié a la rubia con un suave azote. La alegría con la que ese bello ser recibió mi caricia incrementó mas si cabe la angustia de mi acompañante, la cual sintió como propio el escozor que la nalgada había provocado en mi “criada”.</p>



<p>-Bebe, gatita- tomando una de sus manos, la ordené suavemente.</p>



<p>La asiática no tuvo valor de contrariarme y llevando la copa a sus labios, dio un sorbo a su copa mientras miraba de reojo el collar que la rubia llevaba al cuello. Percatándome de ello, pedí a Ía que se lo mostrara.</p>



<p>-Lleva tu nombre- tartamudeó consciente de su significado mientras bajo el vestido, sus pezones se erizaban.</p>



<p>No dando demasiada importancia al hecho, comenté que además de mi ayudante y amante se había comprometido a servirme de por vida, tras lo cual, recriminé a Ía que siguiera de pie.</p>



<p>-Perdón, mi señor- murmuró postrándose frente a nosotros adoptando la postura de espera.</p>



<p>Totalmente ruborizada, Sara no perdió detalle de cómo la sensual uniformada se ponía de rodillas, con la espalda erguida y los hombros hacia atrás mirando al suelo, deseando quizás ser ella quien estuviera así esperando la orden de su amo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Sara- llamando su atención y sin mencionar mi sumisa, comenté: -¿Recuerdas que me comprometí en explicar la razón por la cual no había sido honesto contigo?</p>



<p>Mi pregunta la hizo reaccionar y con un hilo de voz, contestó:</p>



<p>-Sí, prometiste que hoy me lo dirías.</p>



<p>Como si estuviéramos solos ella y yo, repliqué:</p>



<p>-No podía ni debía anticiparte que firmaría hoy un acuerdo. Ahora que ya he zanjado con una empresa sueca ese trato, no me importa que se sepa.</p>



<p>-¿Qué clase de acuerdo?- preguntó la burócrata y no la mujer.</p>



<p>-Me he hecho con el control de la tecnológica Alfa Centauro para desarrollar un nuevo sistema de desalinización que me convertirá en uno de los hombres de negocios más importantes del mundo.</p>



<p>Tras lo cual, pedí a Ía que me trajera el dossier resumido de la inversión. Mi ayudante meneando su trasero fue a por él y me lo dio. Nada más tenerlo en mis manos, se lo entregué a Sara.</p>



<p>-¿Por qué me lo das?- musitó impresionada.</p>



<p>Soltando una carcajada, respondí:</p>



<p>-Según mis informadores, tus jefes en la CIA te han ordenado que me seduzcas para sonsacarme información. Si te la doy de antemano, no te hará falta acostarte conmigo.</p>



<p>La norteamericana se puso de todos los colores al verse descubierta, pero aun así se guardó los papeles al saber que era su deber hacerlo.</p>



<p>-Ya que hemos aclarado este punto, ¿sigues interesada en seguir cenando o prefieres que te lleve de vuelta a tu hotel?</p>



<p>-Tengo hambre- alcanzó a balbucear sin sostenerme la mirada.</p>



<p>Al escucharla, ordené a Ía que nos trajera la cena.</p>



<p>-Como usted ordene, amo- contestó trayendo una bandeja.</p>



<p>Al comprobar que le podía en frente unos aperitivos, Sara hizo el intento de coger uno, pero entonces retirando su mano del plato la rubia comentó:</p>



<p>-Señora, usted es la invitada. Deje que yo le de comer.</p>



<p>Tras lo cual y sin esperar su respuesta, cogió un volován y se lo llevó a la boca. La oriental totalmente descolocada abrió sus labios permitiendo que mi supuesta sumisa se lo diera mientras sentía mis ojos fijos en ella.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_006_9dd9.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-Gatita. Sé que quizás no estas habituada, pero esta noche ella está para servirte- dije mientras arrodillada a su lado, Ía acercaba una servilleta para retirar una miga que se le había quedado pegada al lado de la comisura de sus labios.</p>



<p>Su desconcierto alcanzó un nuevo clímax cuando apoyando mis palabras la aludida comentó en su oído que, si no estaba satisfecha con la forma en que la cuidaba, debía de castigarla.</p>



<p>-Ese no es el papel que deseaba al venir aquí- murmuró confundida.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obviando el significado de su queja, la rubia acercó otro aperitivo a su boca, diciendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Mi amo quiere que cuide a la señora y eso haré.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mimo con el que se lo daba le impidió rechazarlo mientras se removía incomoda en su asiento. Comprendí el plan que había elaborado cuando oí a mi supuesta sumisa comentar a Sara que yo todavía no había probado bocado:</p>



<p>-Don Miguel está esperando que la señora lo alimente.</p>



<p>No sabiendo cómo actuar, Sara me miró y se dio cuenta que era así.</p>



<p>-¿Puedo?- preguntó cogiendo un trozo de queso que había en mi plato.</p>



<p>Sonriendo, abrí mi boca para recibirlo. Temblando como un flan, Sara me lo acercó sin saber que tras cogerlo iba a lamer los dedos que me alimentaban. Al sentir mi lengua recorriendo sus yemas, no pudo reprimir un sollozo.</p>



<p>-Delicioso, gatita- murmuré deslizando la mano bajo el mantel.</p>



<p>&nbsp;Al sentir mi palma sobre su muslo, dos lágrimas de alegría hicieron su aparición en el interior de sus ojos y pegando un gemido, permitió que mi supuesta sumisa le diera un pedazo de jamón mientras instintivamente separaba las rodillas. Ese gesto involuntario me informó de lo excitada que estaba y por ello, acaricié sus piernas mientras la dejaba alimentarme.</p>



<p>-Miguel- suspiró al notar mis dedos recorriendo su piel cada vez más cerca de su sexo.</p>



<p>Desde el suelo, la rubia le corrió mientras le embutía otro aperitivo:</p>



<p>-Para nosotras, es amo.</p>



<p>Esa rectificación causó su estupor y tras una breve lucha en su interior, la muñequita masculló aterrorizada:</p>



<p>-Perdón, amo. No quise faltarle al respeto.</p>



<p>Llegando con mis yemas hasta la tela de su tanga, me entretuve unos instantes jugando con sus pliegues antes de contestar:</p>



<p>-Todavía, no puedes llamarme así.</p>



<p>Llorando como una magdalena al sentir mi rechazo, preguntó que debía hacer para poder hacerlo. La entrega que mostraba me impulsó a separar la mano de su entrepierna:</p>



<p>-Eso es algo que tenemos que discutir, ahora cena.</p>



<p>Tras lo cual, me negué a que me siguiera dando de comer y cogiendo los cubiertos empecé a cenar.</p>



<p>-Por favor, deseo ser tuya- sollozó descompuesta creyendo quizás que había perdido la oportunidad.</p>



<p>Acudiendo en su ayuda, Ía le aconsejó al oído que si quería que la aceptara tenía que pedírmelo como una sumisa. La morenita lo comprendió al vuelo y bajándose de la silla, se arrodilló en el suelo dejando caer su cuerpo hacia adelante. Tras lo cual extendió sus brazos apoyando las manos en el suelo mientras su negra melena caía hacia adelante:</p>



<p>-Esta mujer desea entregarse a usted en cuerpo y alma, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco día del año.</p>



<p>Sin dejar de comer, comenté a Ía que seguía viendo a una mujer. La rubia sonrió y actuando como mensajera, sugirió a la norteamericana que, si quería que su amo la tomara en cuenta, debía antes mostrarse en plenitud.</p>



<p>-Eso quiero, pero ¿cómo lo hago? – protestó desolada.</p>



<p>Sin atisbo de crueldad, le respondió que debía enseñar qué clase de mercancía estaba ofreciendo a su amo.&nbsp; Captando que debía desnudarse por entero si deseaba captar mi atención, la morenita se levantó y sin levantar su mirada, dejó caer un tirante.</p>



<p>-Hazlo despacio, demostrando que sabes excitar a un macho- ejerciendo de maestra, Ía le aconsejó.</p>



<p>&nbsp;Siguiendo su sugerencia, Sara deslizó por sus hombros el otro permitiendo que su vestido se fuera deslizando lentamente. Desde mi silla, observé como se iba revelando ante mis ojos la belleza de la oriental sin dar mi aprobación ni mi rechazo.</p>



<p>-Quítate el sujetador, gatita- escuché a la rubia decir.</p>



<p>Que Ía se refiriera a ella con el mote que le había puesto debió de excitarla porque dejando caer esa prenda, sus pezones aparecieron ante mí totalmente erizados. Su maestra dio un paso y tomando los pechos de la oriental, los sobó durante unos segundos antes de decirme que eran suaves y que lucían firmes.</p>



<p>-Está bien- comenté bebiendo un sorbo de mi copa.</p>



<p>Sara sintió que su sexo se anegaba y que sus piernas flaqueaban cuando regalando sendos pellizcos a sus areolas, la rubia exigió que se diera la vuelta. Deseando complacernos, la oriental se giró lentamente al saber que tenía que exhibirnos su espalda. Tal y como había anticipado al hacerlo, mi sumisa recorrió con los dedos su trasero antes de, con las manos, separar sus nalgas.</p>



<p>-Amo, tiene un culo duro y un ojete de color rosa que parece inmaculado- comentó tras un primer examen.</p>



<p>-¿Acaso nunca la han tomado por detrás? – pregunté interesado.</p>



<p>&nbsp;Intentando responder a mi pregunta, insertó una yema en su apretado hoyuelo. La mercancía sollozó al sentir violada su intimidad trasera mientras su coño se humedecía.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_009_e8f1.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-No estoy segura, pero creo que nunca ha sido usado- me informó.</p>



<p>-¿Pregúntale?- dije todavía masticando.</p>



<p>La rubia se permitió el lujo de volver a introducir dos dedos dentro del trasero de la oriental antes de preguntar:</p>



<p>-Gatita, mi amo quiere saber si has entregado antes el culo a un hombre o lo has reservado para tu dueño.</p>



<p>Haciendo esfuerzos para no chillar de placer al notar esas yemas jugando en su interior, Sara replicó:</p>



<p>-Dile a mi futuro amo, que estoy deseando que me haga el honor desvirgarlo.</p>



<p>Sonreí al escuchar que nadie se lo había roto con anterioridad, pero manteniendo mi mutismo esperé a que Ía me trasmitiera el mensaje y solo cuando oí de sus labios que permanecía intacto, quise saber porque seguía llevando bragas.</p>



<p>-Perdón, amo. No había caído en eso- murmuró la rubia antes de desgarrar con sus manos esa coqueta prenda.</p>



<p>La calentura de Sara se maximizó con esa violenta maniobra y con la respiración entrecortada aguardó inquieta.</p>



<p>-¿Qué me dices de su coño?- pregunté.</p>



<p>Pegándole un sonoro azote, la giró y tras revisarlo visualmente, me informó que lucía lampiño con unos labios que no me desagradaría mordisquear. La asiática al escucharla y sobrepasando mis expectativas, sugirió que mi criada debía comprobar su textura para que me hiciera una idea de su sabor.&nbsp;</p>



<p>-Hazlo- ordené a mi ayudante.</p>



<p>La inmediatez con la que la rubia obedeció y pegó un lametazo entre sus pliegues me hizo comprender que examinar a la candidata a sumisa la había excitado. Por ello cuando tras el primero se recreó chupando más allá de lo que se requería no me extrañó, como tampoco que llevando una de sus manos a su propio sexo se empezara a masturbar. La fijación y el ansia como la que Ía estaba devorando su femineidad desmoronó la supuesta tranquilidad de la oriental y presa del deseo busco forzar el contacto de esa lengua presionando la cabeza de la rubia contra ella.</p>



<p>-Gatita, tienes prohibido correrte- dije al contemplar los primeros síntomas del orgasmo en ella.</p>



<p>Mi veto incrementó su angustia y más al escuchar que mi ayudante se ponía a gemir entre cada lametazo ya completamente entregada a la lujuria.&nbsp; Para entonces confieso que solo pensaba en poseerla, pero asumiendo que un buen amo debía quedarse al margen, esperé a que el sudor recorriera la frente de la morenita para preguntar por el resultado del examen. Sara agradeció la interrupción al saber lo cerca que había estado de fallarme dejándose llevar e histérica esperó la opinión de su maestra.</p>



<p>-Es digno de mi amo- sentenció ésta bastante molesta con que hubiera parado su banquete.</p>



<p>-Ven aquí y bésame. Quiero comprobar si no estás exagerando- pedí a la rubia.</p>



<p>Lanzándose sobre mí, esa criatura buscó mi boca exteriorizando su calentura al restregarse contra mí en un intento de calmar el ardor de su entrepierna mientras a un metro escaso, Sara lloraba de envidia. El sabor de la oriental impregnado en los labios de Ía me pareció algo sublime. Por ello, me costó dejar de besarla.</p>



<p>-Tráeme el regalo- le pedí.</p>



<p>Todavía uniformada de criada, la rubia fue por el paquete y me lo dio. Extendiéndoselo a la norteamericana, le pedí que lo abriera. Al hacerlo, se echó a llorar al descubrir que era un collar igual que el que colgaba de su maestra y sabiendo que al dárselo, la estaba aceptando como sumida, se echó a llorar diciendo:</p>



<p>-Mi señor, gracias por compadecerse de mí. Juro que dedicaré mi vida a usted.</p>



<p>Sonriendo, se lo quité de las manos y sin más prolegómeno, lo abroché alrededor de su cuello.</p>



<p>-Acompañadme a la cama- ordené a ambas y sin dignarme siquiera a mirar si me seguían me fui al cuarto.</p>



<p>Las dos mujeres no dudaron en obedecer y por eso, ya frente a la cama al ver el deseo de sus miradas, les pedí que me desnudaran. &nbsp;La morenita sollozó al oír mi orden y conteniendo las ganas de reír de felicidad, se acercó y comenzó a desabrochar mi camisa.</p>



<p>-¿Qué esperas zorra?- pregunté a Ía.</p>



<p>La rubia se quedó petrificada al escuchar mi tono y con los pezones marcándose bajo su uniforme, ayudó a la oriental. Una vez con el dorso desnudo exigí que me quitaran el pantalón. En esta ocasión fue Ía quien se anticipó y aflojando mi cinturón mientras Sara llevaba su mano al botón.&nbsp; Intercambiando la voz cantante, la norteamericana fue la encargada de bajarme la bragueta mientras su maestra deslizaba mi pantalón.</p>



<p>-Desnuda a tu igual- ya en calzoncillos pedí a la sumisa que iba a estrenar esa noche.</p>



<p>La joven sin dejar de mirar ansiosa la erección que escondía bajo la ropa interior, rápidamente despojó a Ía de su uniforme y volviendo a mi lado, esperó mis instrucciones.</p>



<p>-Quitadme el calzón- exigí.</p>



<p>Ambas cayeron a mis pies y llevando sus manos a esa última prenda, descubrieron mi pene totalmente inhiesto. Por el brillo de sus ojos supe que era lo que deseaban, pero en vez de permitir cumplir su anhelo pasé de ellas y me tumbé en la cama. Tanto Sara como Ía creyeron que debían acudir a mi lado y por eso al mismo tiempo se abalanzaron sobre mí.</p>



<p>-No os he dado permiso de hacerlo. Antes he de saber cuál va a tener el honor de probar la exquisitez del miembro de su amo.</p>



<p>Mis palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre sus cabezas y con lágrimas en los ojos me preguntaron cómo dirimiría la cuestión.</p>



<p>-La que haga que la otra se corra antes será la encargada de darme el primer lametón- contesté.</p>



<p>Las dos mujeres se miraron entre ellas retándose.</p>



<p>-Seré yo- respondió la morena y abalanzándose sobre la que había sido su maestra, demostró que era una experta en artes marciales inmovilizándola con una llave de judo mientras hundía la cara entre sus muslos.</p>



<p>Incapaz de liberarse, la rubia buscó mi ayuda quejándose que estaba haciendo trampas. Mis risas le hicieron ver que no iba a auxiliarla y por eso intentó lanzar un par de mordiscos sobre la judoca. Desgraciadamente, la postura que la había obligado a adoptar se lo impidió y chillando comenzó a insultarla mientras la lengua de la oriental se sumergía libremente en su coño.</p>



<p>-Maldita zorra, me pienso vengar- aulló al darse cuenta de la calentura que la estaba dominando al estar sometida.</p>



<p>Impulsada por el deseo de ser la primera en disfrutar de su amo, Sara se apoderó del clítoris de su rival y torturándolo con sus dientes, rugió feliz al notar la humedad que desprendía.</p>



<p>-No quiero hacerte daño, pero no dudaré en hacerlo si te resistes- murmuró mientras se lo mordisqueaba con dureza.</p>



<p>&nbsp;Nada en su vida como humana había preparado a Ía para ello y sentir que cerraba las mandíbulas sobre su botón, experimentó que algo en su interior se rompía y pegando un alarido que debió de oír hasta el conserje, rogó a su agresora que siguiera maltratándola de esa forma. La morena no dudó en profundizar su ataque introduciendo un par de yemas en el coño de su víctima mientras seguía mordiendo con saña su clítoris.&nbsp; &nbsp;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_010_fb6c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>-¡Puta!- sollozó la rubia mientras dejaba de debatirse al experimentar una nueva, pero no por ello menos gozosa, clase de placer.</p>



<p>Al llenarse su boca del flujo de su antigua maestra, Sara aulló su triunfo prolongando y maximizando el orgasmo de Ía con continuadas incursiones en su sexo, hasta que totalmente vencida la rubia reconoció su derrota licuándose sobre las sábanas.</p>



<p>-Has ganado- murmuró con una expresión de desolación en su rostro: -Lo confieso.</p>



<p>La ganadora la ayudó a incorporarse y luciendo una sonrisa que me dejó totalmente enamorado, me pidió permiso para que la perdedora la ayudara a satisfacerme.</p>



<p>-Es tu derecho- respondí.</p>



<p>Dirigiéndose a la que consideraba su compañera, la oriental le rogó que olvidara lo sucedido y que la acompañara. En vez de acudir entre mis piernas, Ía buscó sus labios. La pasión con la que besó me informó no solo de que la había perdonado, sino que se había entregado sin reservas a la misma forma de amar que tenía Sara.</p>



<p>«Eso sí que no me lo esperaba», pensé encantando viéndolas jugar con sus lenguas, aunque eso supusiera que momentáneamente se olvidaran de mí.</p>



<p>Afortunadamente tras compartir ese beso, entre ambas decidieron que podían dejar ese reconocimiento mutuo para más tarde y girándose, maullaron mientras gateaban sobre el colchón.</p>



<p>-Venid- pedí a las felinas que se acercaban a mí.</p>



<p>-Tu gatita tiene sed- murmuró Sara dando el primer lametazo sobre mi pene.</p>



<p>-Tu minina también- lamiendo mis huevos, comentó su compañera.</p>



<p>La acción coordinada de ese par elevó mi excitación a límites pocas veces alcanzados y satisfecho pensé que curiosamente el papel de amo era un aspecto que debía practicar más mientras con sus bocas envolvían mi tallo.</p>



<p>«¡Qué gozada!», exclamé calladamente al sentir que la oriental besaba mi glande mientras la rubia se dedicaba a lubricar con su saliva el resto de mi extensión.</p>



<p>Tras ese primer escarceo, la vencedora de la lid abrió la boca y lentamente se fue introduciendo su trofeo hasta el fondo al tiempo que Ía se recreaba lamiendo mis testículos. Nuevamente la coordinación que demostraban me dejó impresionado cuando como si lo hubiesen practicado con anterioridad, Sara se puso a mamar metiendo y sacando mi falo de su garganta mientras Ía recorría con la lengua el resto de mi entrepierna.</p>



<p>-Como sigáis así, no tardaré en correrme- les avisé.</p>



<p>Mi alerta lejos de hacerlas menguar aceleró sus caricias e imprimiendo a ellas una velocidad creciente, entre las dos se lanzaron a ordeñarme. La oriental al sentir en su paladar la primera andanada de semen, quiso compartir con su compañera mi simiente y sacándosela de la boca, juntas esperaron la siguiente sin saber que la excitación que llevaba acumulada les iba a explotar en la cara, llenando sus mejillas de mi simiente. Al sentir los blancos chorros sobre su rostro, se echaron a reír y como buenas amigas, ordeñaron mi verga y tras dar buena cuenta de la producción de mis huevos, no satisfechas se lanzaron a chuparse las caras en busca de cualquier rastro de mi leche.</p>



<p>EL erotismo de esa escena no permitió que mi pene se relajara y por ello cuando terminaron de lamerse entre ellas, mi erección seguía presente.</p>



<p>-Toda tuya, gatita mía- riendo Ía cedió el turno a la oriental.</p>



<p>Sara no tuvo inconveniente y poniéndose a horcajadas sobre mí, se empaló con ella.</p>



<p>-Amo, guarde fuerzas para que después de tomar posesión de su propiedad pueda follarse a su otra sumisa- bufó mientras me empezaba a cabalgar…</p>



<h1 class="wp-block-heading">19</h1>



<p>Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente , me encontré a Ía despierta mirándome tiernamente. La dulzura de su mirada me sorprendió y mas cuando cerrando mi boca con un dedo, me empezó a acariciar. Comprendí que con ese gesto me estaba pidiendo no despertar a Sara y por eso atrayéndola hacía mí, respondí a sus caricias con un beso. Durante un par de minutos, nuestros cuerpos se estuvieron rozando lentamente, hasta que sintiendo entre sus muslos la presión de mi erección la joven me rogó que la hiciera el amor. Su belleza a la luz de sol era impresionante y por eso no pude negarme cuando tomando mi virilidad entre sus dedos, se comenzó a empalar. La lentitud con la que se fue introduciendo mi pene en su vagina me permitió disfrutar de la forma en que sus pliegues se iban abriendo a su paso mientras esa criatura buscaba mis besos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_019_940d.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Necesito que sentirte dentro de mí, amo- murmuró ensartada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La adoración que leí en sus ojos era mayor a la que me tenía acostumbrado y quizás por ello no me percaté de que se había referido a mí como amo y no como Íel.&nbsp; El ritmo pausado que imprimió a sus caderas no fue óbice para que sus senos empezaran a rebotar lentamente arriba y abajo mientras con la manos recorría mi pecho.</p>



<p>-Te amo- sollozó al sentir mi tallo deambulando en su interior.</p>



<p>Su tono enamorado me alertó de que algo la preocupaba y sin dejar de acariciarla, pregunté qué ocurría. La muchacha no me contestó e incrementando poco a poco el compás de sus caderas, prefirió cerrar los ojos y disfrutar del momento. Por su silencio, sospeché que en su mente se estaba desarrollando una lucha e ingenuamente creí que se debía a lo que había sentido comportándose como sumisa.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>-Sabes que soy tuya, ¿verdad? – en voz baja me preguntó mientras la humedad de su gruta envolvía mi tallo.</p>



<p>-Lo sé, princesa- respondí sin entender qué le pasaba.</p>



<p>Mi cariño tras una noche en la que disfrutó imitando la sexualidad de la oriental que seguía durmiendo a nuestro lado le hizo llorar y sin dejar de mover sus caderas, se abrazó a mí diciendo:</p>



<p>-Hasta anoche te quería, pero ahora te adoro y ya no deseo ser tu sanadora.</p>



<p>Esa última afirmación me dejó descolocado al temer que me estuviera adelantando que por alguna causa se iba a alejar de mí. Sus lágrimas no hicieron mas que confirmar ese extremo e invadido por la angustia, sentí que la perdía.</p>



<p>-No pienso dejarte ir. Eres mía.</p>



<p>Mis palabras acrecentaron sus lloros y juntando sus labios a los míos, buscó mi boca. Sí apenas unas horas antes habíamos compartido una pasión desbordada y hasta violenta, en ese momento la muchacha solo quería dulzura.</p>



<p>-No quiero que te vayas… te necesito a mi lado- insistí admitiendo por primera vez el amor que experimentaba por ella.</p>



<p>-Por favor, Íel no sigas- susurró mientras buscaba quizás por última mi esencia.</p>



<p>Contagiado de su angustia, la atraje hacía mí deseando eternizar ese instante y que todo fuera un mal sueño.</p>



<p>-Te amo y siempre te amaré, princesa- con ganas de gritar, susurré en su oído.</p>



<p>-Eres mi vida, mi pasado y mi futuro. Nada de lo anterior me importa y lo que el destino me repare, me da igual siempre que sea a tu lado- gimió llorando.</p>



<p>-¿Entonces porque no quieres ser mi sanadora y te quieres ir? – pregunté mientras con los brazos impedía que se fuera.</p>



<p>Una triste sonrisa apareció en el rostro de la chavala mientras sin dejar de trotar sobre mí me decía:</p>



<p>-Mi amado Íel, no es eso. Yo nunca te dejaría.</p>



<p>-¿Entonces qué te ocurre?- exclamé sin importar que con mi grito Sara se despertara.</p>



<p>&nbsp;Supe que la oriental llevaba tiempo observándonos sin intervenir cuando rompiendo su mutismo se abrazó a la chiquilla pidiendo que nos dijera qué le pasaba.</p>



<p>-Siento envidia de ti, de Tomasa y de Agda- sollozó.</p>



<p>-No debes. Eres preciosa, tienes al hombre que quieres y aunque te resulte extraño por lo poco que me conoces, yo también te amo- le dijo mientras la acariciaba la mejilla con sus dedos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_022_dbf6.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>La ternura de Sara azuzó más si cabe sus lamentos y demostrando que a los largo de la noche, le había confesado su naturaleza, gritó:</p>



<p>-¡Quiero ser humana!</p>



<p>-Mi amorcito, lo eres. Da igual que eras antes, ahora eres una mujer maravillosa- insistió la norteamericana.</p>



<p>Entrando de lleno en el tema, apoyé sus palabras diciendo:</p>



<p>-No entendéis, los humanos erais la última esperanza de las hembras de mi especie y siento que las he fallado… porque quiero…</p>



<p>-¿Qué quieres?- pregunté al ver que era incapaz de terminar la frase.</p>



<p>-Quiero… ¡quiero ser madre!- exclamó abrumada mientras se separaba de mí.</p>



<p>El dolor con el que confesó su deseo me dejó anonadado al comprender que en gran parte yo era el responsable de su problema al habérselo pedido y por ello, me vi incapaz de decir nada que pudiese consolarla. Sara, en cambio, no tuvo problema en preguntarla qué era lo que se lo impedía.</p>



<p>-No puedo soportar la idea de que Ua me rechace al saber que he traicionado a las nuestras.</p>



<p>Por un momento estuve a punto de confesar que su hermana estaba gestando un hijo mío, pero al no saber qué pensaría la pelirroja si la descubría me quedé callado mientras escuchaba sus sollozos. Nuevamente la morena demostró ser consciente totalmente de su dilema al decirle que quizás si se embarazaba no estuviera fallándolas sino dándolas una esperanza que antes no tenían.</p>



<p>-No te entiendo, ¿qué clase de esperanza puedo darles teniendo un hijo?-&nbsp; consiguió balbucear antes de volverse a sumir en el llanto.</p>



<p>A pesar de medir sus palabras, no por ello fue menos dura la bella asíatica al decir:</p>



<p>-Por lo que me has contado, tu especie lleva milenios parasitando a otra hasta llevarla al borde de la desaparición.</p>



<p>-Así es- desolada al recordar a sus antiguos protectores confirmó sin dejar de llorar.</p>



<p>-Vuestro error fue nunca verlos como algo vuestro, fuisteis unas sanguijuelas que exprimisteis hasta la extenuación a esos seres.</p>



<p>-¡Lo sé!- chilló descompuesta: ¡Y no quiero eso para los humanos!</p>



<p>-No es necesario y la prueba puedes ser tú.</p>



<p>Sin saber a donde quería llegar, me mostré interesado y le pedí que continuara. Un tanto molesta por mi interrupción, la inteligente morena me pidió que me callara y prosiguió:</p>



<p>-En la tierra existe un tipo de seres a los que llamamos líquenes, ¿los conoces?- al comprobar que no, continuó diciendo: -Son el resultado de la simbiosis entre un hongo y un alga que se unen para crear una estructura que los hace mas fuertes.</p>



<p>Al enterarse de su existencia, Ía dejó de llorar:</p>



<p>-Piensa en ellos como ejemplo. Si juntos han sido capaces de sobrevivir y colonizar otros medioambientes que les estaba vedados, porque no puede pasar lo mismo con las sanadoras y el ser humano.&nbsp; Me has contado y realmente lo creo, que según vuestras previsiones el ser humano se dirige hacia la extinción al igual que tu especie.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>-Eso dicen nuestras ancianas- musitó Ía por primera vez ilusionada.</p>



<p>-Un hijo de vosotras puede ser el germen de un futuro en común y pienso que no debes dejarlo pasar por el bien de ambas especies- al darse cuenta de que había dejado de gimotear y que la miraba esperanzada, concluyó: -Cariño, estoy segura de que, cuando pasen los siglos, tu hermana y tú seréis recordadas como las dos “Eva” que dieron origen a nuevo orden.</p>



<p>Limpiándose las lágrimas, la muchacha buscó mi opinión con la mirada.</p>



<p>-No puedo estar mas de acuerdo. Cuando llegasteis a mí, tenía mis dudas. Pero ahora que os conozco, sé que podéis ser nuestra salvación.</p>



<p>-¿Tendrías un hijo conmigo?- preguntó.</p>



<p>-Ya te dije que sí y ahora te lo exijo, mi pequeña diablesa.</p>



<p>Lanzándose sobre mí, me comenzó a besar mientras llorando, esta vez de alegría, pedía que la amara.</p>



<p>-¿Qué esperas? Fóllate a esta pequeña zorra y conviértete en ¡ADAN!- exclamó Sara mientras cogiendo mi falo lo insertaba dentro del coño de la bella y maravillosa criatura.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Epílogo</h1>



<p>Hoy hace ya veintidós años que ese par de albinas tocaron a mi puerta. Veintidós años en los que el amor que siento por mis cinco compañeras ha rendido sus frutos y actualmente tengo una extensa parentela que vive a mi lado en un rancho de los Estados Unidos. Mientras las tres humanas me han regalado cada una de ellas cuatro chavales que son mi orgullo, las dos simbiontes se han demostrado mucho menos prolíficas dándome entre las dos solo dos hijas. Pero que son mi rubia debilidad al ser un clon de sus madres. Durante este tiempo, la interacción con ellas y con sus privilegiadas mentes han ejercido en la humanidad un efecto beneficioso. Gracias a sus desalinizadoras agua, se ha acabado el hambre mientras que sus nuevos sistemas de energía solar han reducido a la mitad la contaminación acumulada en nuestro ecosistema. ¡Todo ello sin que los ocho mil millones de humanos sepan de su existencia!</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_023_b800.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Todavía no estáis preparados para saber la verdad- recuerdo que me dijo Ara, la anciana sanadora que mandaron a certificar la información que mis “niñas” habían proporcionado al consejo.</p>



<p>La tal Ara, a pesar de haber vivido casi quinientos años y no contar ya con capacidad de procrear, aparenta ser una treintañera de grandes tetas. Debido a que por su edad era también incapaz de soportar otra metamorfosis que la volviera a su estado original, se ha quedado a vivir con nosotros y ha adoptado como nombre las ultimas tres letras de Sara, dada la buena sintonía que la actual directora de la CIA y ella han demostrado a la hora de ordeñar mi esencia.</p>



<p>Si con la oriental habían acertado en el puesto que iba a desempeñar, con Agda erraron ya que, en vez de convertirse en presidenta de la Unión Europea, la nórdica prefirió optar por dirigir la ONU para así vivir con su verdadero amor, que no soy yo, sino ¡Tomasa! La predilección de la sueca por los cantaros de miel de mi mulata no me preocupa porque para la matriarca de nuestra familia sigo siendo su razón de vivir y su sostén.</p>



<p>Respecto a mis dos particulares Evas poco he de decir excepto que he conseguido retener por ahora sus pretensiones de alargar mi vida otros cien años más, aunque temo que en secreto hayan obviado mis deseos y termine por convertirme en el Matusalén bíblico de nuestros días. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tus genes son necesarios – no se cansan de decir mientras esperamos la llegada de las primeras seis hembras de su especie que han escogido para los tres primogénitos que he tenido con mis esposas humanas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque no me lo han confirmado, sospecho que se han aliado con Erik y que van a aprovechar la fiesta que hoy han organizado para celebrar sus aterrizaje en la tierra para presentárselas a los muchachos. Si digo esto es porque el capullo del gigantón, ejerciendo de padrino, ha regalado a cada uno de sus ahijados una mansión donde en un futuro puedan crear una familia. Por eso, me temo que esta misma noche que Miguel, el hijo que tuve con Tomasa, Erik,&nbsp; el de Agda y Peter, el de Sara, sean ordeñados por las parejas de simbiontes que sus madres han seleccionado para ellos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras espero con tranquilidad su futuro y el de sus hermanos varones, me reconcome la idea de que pronto María y Teresa, mis amadas hijitas, alcancen su madurez y requieran como sus madres nutrirse con la esencia de un varón.</p>



<p>¡Puedo ser el Adán moderno, pero ante todo soy el típico padre que no puede dormir cuando sus niñitas se van de juerga!</p>



<p>Por eso, no me da reparo reconocer que me he comprado dos escopetas y las tengo permanente cargadas para cuando lleguen con sus novios poder llamarlos al orden, si no las hacen felices.</p>



<p>Mis dos maravillosas extraterrestres dicen que soy un cerdo machista, yo en cambio pienso que soy… ¡HUMANO!</p>



<p>FIN</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/185/36688162/36688162_030_912c.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Dos rubias llamaron a mi puerta y les abrí 9&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Mar 2026 17:40:00 +0000</pubDate>
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<p>Después de una noche donde se mezcló la pasión con el amor, me costó entender que Ua me despertara con una batería de preguntas:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Ayer qué hice? ¿Cómo llegué a la cama? ― susurró en mi oído para acto seguido decirme si la había tomado como mujer.</p>



<p>Sin llegarme a espabilar, contesté que se había emborrachado. Mi escueta respuesta no la satisfizo y con los ojos abiertos de par en par, insistió pidiendo que le confirmara si la había poseído. Creyendo que lo que quería era repertir, la atraje hacia mí y la besé, pero curiosamente la pelirroja se apartó de mí.</p>



<p>―Estoy saciada― me soltó llena de nervios.</p>



<p>Sin saber qué coño le ocurría, me levanté al baño obviando su mal humor. Al contrario de su costumbre, se abstuvo de seguirme y se mantuvo apartada. Aunque me extrañó, no le di mayor importancia y tranquilamente me metí a duchar. Con el agua cayendo por mi cuerpo, me puse a pensar en el día anterior y en que iba a ser padre. La idea de mi futura paternidad me tenía paralizado porque no en vano era algo que realmente nunca me había planteado.</p>



<p>«Encima voy a serlo por partida doble», musité en silencio mientras intentaba aclarar mis sentimientos por las embarazadas.</p>



<p>El cariño y el amor que sentía por Tomasa estaban fuera de dudas, por lo que me centré en tratar de analizar lo que sentía por Agda. No me cabía en la cabeza que conociendo apenas a la diplomática hubiese desarrollado por ella unos emociones tan profundas.</p>



<p>«No es posible que me haya enamorado de ella tan pronto», me dije tratando de asimilar mi ideas cuando un ruido me hizo abrir los ojos.</p>



<p>Me alegró observar a la nórdica totalmente desnuda mirándome desde la puerta. Con un gesto, la llamé a mi lado. La belleza madura de esa mujer se multiplicó por mil al sonreírme y más cuando en plan coqueta se metió junto en la ducha pegando su cuerpo al mío.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_006_776c.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Buenos días, papá.</p>



<p>La ternura de su saludo y su alegría me confirmaron lo dichosa Si me quedaba alguna duda que a Agda le apetecía jugar esa mañana desapareció cuando se empezó a acariciar los pechos en plan provocativo mientras me preguntaba si me gustaban.</p>



<p>―¡Me encantan!― respondí que su intención era provocarme.</p>



<p>Descojonada y alagada, la diplomática no se cortó y pellizcándose los pezones, los puso a mi disposición diciendo:</p>



<p>―¿No los tengo muy caídos?</p>



<p>―Para nada― respondí mientras me relamía con la idea de comérselos.</p>



<p>&nbsp;La rubia soltó una carcajada al comprobar que solo con esa maniobra mi pene ya estaba tieso y&nbsp;girándose sobre el plato de la ducha, poniendo su trasero en pompa me volvió a preguntar si no prefería su trasero:</p>



<p>―Todo tu cuerpo es maravilloso― admití babeando al observar que se separaba ambas nalgas con las manos y me regalaba con la visión de su ojete.</p>



<p>Riendo a carcajadas tiró de mí mientras se restregaba contra mí bajo el grifo. Su piel mojada me resultó una tentación irresistible y besándola, mi miembro alcanzó de golpe toda su extensión. Al sentir la presión de mi erección contra su culo, entornando sus ojos, me soltó cómo era posible que teniendo tres bellezas me pusiera cachondo con ella.&nbsp; Al escucharla me reí y mientras llevaba mis manos hasta sus pechos, contesté:</p>



<p>―Porque eres preciosa.</p>



<p>Mi respuesta la hizo reír y poniendo sus areolas en mi boca me pidió que mamara de ella. No rechacé esa invitación y agachando mi cabeza cogí uno de esos maravillosos pezones entre mis dientes. La dureza que habían adquirido ratificó sin error a equivocarme que ella también estaba excitada y más cuando disfrutando del tratamiento que estaban recibiendo, &nbsp;pegó un largo y elocuente gemido de placer. Azuzado por el sabor que manaba de ella, masajeé su otro seno mientras con la mano que me quedaba libre iba bajando por su cuerpo. Al hacerlo un pequeño chorro brotó de él llenando mi pecho de su leche. Agda al sentir mi caricia separó sus rodillas mientras chillaba con la respiración entrecortada lo mucho que me deseaba.</p>



<p>―¡Te necesito!― insistió frotando su entrepierna contra mi sexo.</p>



<p>―Embarazada sigues siendo un poco puta–repliqué al percatarme de la humedad que destilaba su coño.</p>



<p>―¡Y tú sigues siendo el mismo pervertido del que me enamoré! – chilló sin importarle que el resto siguieran dormidas.</p>



<p>Deseando incrementar su calentura, me arrodillé frente a ella y usando mis dedos, separé sus pliegues mientras me quedaba embobado con su inmaculado sexo. Explorando esa belleza pasé una de mis yemas por la raja de&nbsp;su coño antes de introducírselo en su interior. El aullido que brotó de su garganta al notar esa intromisión me informó que estaba disfrutando y por eso me atreví a darle un primer lametazo. Al sentir mi boca en su sexo, la nórdica aulló como loca. Su berrido me azuzó a continuar y aumentando la velocidad con la que mi dedo se la estaba follando su coño, mordisqueé su clítoris. Excitada por esa doble caricia, se estremeció bajo la ducha y ya totalmente entregada, me rogó que siguiera amándola. Aprovechando su entrega, metí mi falange más profundamente en su interior mientras ella restregaba su sexo contra mi cara buscando aliviar la calentura que la consumía.</p>



<p>―Eres un cabronazo― susurró encantada moviendo rítmicamente sus caderas.</p>



<p>Notando que estaba en mi poder, sacando la lengua le pegué un segundo lametazo.</p>



<p>―¡Necesito que me lo comas!― rugió destilando pasión por todos sus poros.</p>



<p>Muerto de risa mientras el agua caía sobre ambos, &nbsp;la chantajeé diciendo que si tanto lo deseaba me tenía que dar algo a cambio. No tuve que explayarme en qué era lo que quería ya que Agda respondió separando sus rodillas. Su entrega me permitió añadir otro dedo a los dos que ya tenía incrustados dentro de ella. La bella rubia, en vez de quejarse, comenzó a sacudir las caderas restregando su sexo contra mi boca mientras forzaba su interior metiendo el cuarto.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_010_87c7.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¡Eres un capullo!― berreó al experimentar tantos dedos explorando su coño.</p>



<p>Su bramido de placer me indujo a mordisquear el botón que escondía entre sus pliegues con tanta fuerza que la sueca tuvo que apoyarse contra los azulejos al sentir que sus piernas flaqueaban.</p>



<p>―¡No pares!– aulló al tiempo que con sus manos presionaba mi cabeza con sus manos.</p>



<p>Alternando la acción de mis dedos con placenteros lametazos, conseguí que alcanzara una excitación desorbitada y sabiendo que no tardaría en alcanzar el clímax, continué sacando y metiendo las yemas cada vez más rápido.</p>



<p>―¡Me corro!– chilló de placer previendo lo inevitable.</p>



<p>Absortó masturbando a la mujer, no paré de lamer su clítoris hasta que de pasada la casualidad quiso que rozara su ojete con una de mis yemas.</p>



<p>―¡Ese es mi culo!― protestó y contra toda lógica, esa caricia le pareció insuficiente.</p>



<p>Sin dejas de gemir, Agda llevó su mano a la mía y me obligó a seguir acariciando su esfínter mientras mi boca se llenaba con su flujo. Un brutal orgasmo me sorprendió y con su flujo empapando mis mejillas, usé mi lengua para beber del manantial en que se había transformado su cueva mientras la obedecía relajando los músculos&nbsp;de su entrada trasera. La cuarentona, con un dedo insertado en su trasero, se puso a temblar pidiendo que no parara. Pero entonces llena de gozo, se dejó caer sobre el plato de la ducha y sonriendo, me soltó que nadie le había comido el chumino mientras le metía un dedo por el ojete.</p>



<p>―¿Te ha gustado?― pregunté tanteando el terreno.</p>



<p>La diplomática, agachando su cabeza avergonzada contestó que sí. Al escucharla, aproveché para darle la vuelta y separando sus cachetes, volví a juguetear con una de mis yemas en su hoyuelo:</p>



<p>―¡Me encanta tu culo!― susurré en su oído mientras hurgaba sensualmente con mi dedo su interior.</p>



<p>Al oír su suspiro, comprendí que deseaba sentir nuevamente mi pene retozando en su entrada trasera y por eso, sin dejar de besarla,&nbsp; fui relajando poco a poco su ano usando toda mi experiencia para hacerlo realidad. La sueca no tuvo que reparo en confesar que estaba cachonda y sin poder soportar la excitación que le nacía de dentro, me rogó que la tomara. Dudando si romperle el culo o follármela al modo tradicional, seguí masajeando su esfínter mientras lo decidía.</p>



<p>―¡Me tienes a mil! – chilló mordiéndose los labios y sin dejar de forzar su trasero con mi dedo.</p>



<p>Aunque mi bella madura estaba entregada, comprendí que debía de relajarlo antes de dar otro paso, pero entonces comportándose como una zorra en celo, llevando su mano hacia atrás, &nbsp;se apoderó de mi erección e intentó ensartarse con ella. &nbsp;Al percatarme de las prisas de la embarazada, solté un sonoro azote sobre sus ancas diciendo que se tranquilizara porque no quería destrozarle su ojete. Contra todo pronóstico, Agda gimió descompuesta al sentir esa dura caricia y poniendo cara de puta, me rogó que le diera otra nalgada.&nbsp;Sorprendido por la naturaleza de su ruego, hice oídos sordos a su petición y seguí relajando su esfínter hasta que comprobé que se encontraba lista al tenerlo ya suficientemente relajado.</p>



<p>―Fóllame, mi don Juan― chilló presionando sus nalgas contra mi pene.</p>



<p>Como no quería desgarrarla, introduje lentamente la cabeza de mi miembro en su interior. Satisfecha al ver que iba a cumplir su orden al sentir mi glande forzando su entrada trasera, esperó pacientemente a que se diluyera su dolor para acto seguido y con un breve movimiento de sus caderas, embutírselo en su interior. La pausada forma en que se empaló me permitió disfrutar de cómo los músculos de su ano se iban abriendo a mi paso. El dolor que sentía lejos de menguar su lujuria, la azuzó y echándose hacia atrás, consiguió clavarse mi verga por completo.</p>



<p>―¡Me duele!― chilló al sentirse llena.</p>



<p>Pasados unos breves segundos de sufrimiento,&nbsp; retomó con mayor frenesí el zarandeo de sus caderas. El compás que marcó permitió que mi sexo deambulara libremente por el interior de sus intestinos mientras me imploraba una y otra vez que la tomara. Complaciéndola, me agarré de sus pechos y mientras estos derramaban su leche sobre la ducha, incrementé el ritmo con el que tomaba posesión de su culo usando mi pene como ariete. Agda no pudo más y con lujuria en sus ojos, gimió pidiendo que me la follara sin contemplaciones. Que la embajadora, olvidando toda diplomacia, se estuviera comportando como una zorra, me terminó de calentar y ya sin rastro de dudas, decidí disfrutar por entero de su culo mientras ella no paraba de berrear.</p>



<p>―No pares de amarme― aulló al sentir que gozaba de su ojete con largas y profundas cuchilladas.</p>



<p>La ferocidad de mis embestidas la obligaron a apoyarse en los azulejos de la ducha para no caer de bruces, pero eso no fue óbice para que gritando me rogara con mayor ansia que siguiera machacando su esfínter con mi polla.</p>



<p>―¡Me corro!― oí que me decía al sentir que me aferraba a sus pechos para incrementar el ritmo de mi follada.</p>



<p>Berrando como cierva en celo, Agda me reclamó que siguiera porque todavía deseaba más. Con ganas de complacerla, supe que debía de olvidar toda precaución y usarla en plan salvaje. Por ello, regalando un azote sobre una de sus nalgas, mordí su oreja mientras le ordenaba que moviera su culo. Al oírme aceleró el movimiento de sus caderas mientras no dejaba de gemir con cada penetración con la que forzaba su esfínter.&nbsp;</p>



<p>―Demuestra que eres el macho que he buscado toda mi vida― exclamó retándome.</p>



<p>Aguijoneado en mi amor propio, reanudé con mayor violencia mi ataque martilleando su trasero. La ferocidad con la que la sodomizaba provocó que quedara aprisionada contra la pared y con las baldosas presionando sus pechos, nuevamente se corrió.</p>



<p>―Déjame descansar― imploró al sentir que no disminuía la velocidad con la que cabalgaba sobre ella.</p>



<p>No me apiadé de su derrota y negándome a sus deseos, le grité que moviese el culo cuando de pronto desde la puerta del baño, escuché a Tomasa decir:</p>



<p>―¡Rómpele el culo a nuestra guarra!</p>



<p>La voz de la mulata fue el acicate que me faltaba para seguir cabalgándola. Derrotada por partida doble, Agda sollozó mientras mi amada se reía a carcajadas observando que era tal la cantidad de flujo que brotaba de entre las piernas de la sueca que, con cada cuchillada que recibía sus nalgas, salpicaba&nbsp;mis piernas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_012_a4cc.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Hueles a puro sexo― señaló la negra mientras se metía a la ducha.</p>



<p>La excitación acumulada junto con la presencia de Tomasa provocó que no pudiese aguantar y sin importarme que en ese momento se estuvieran besando, profundicé mi ataque mientras castigaba sus cuartos traseros con mi polla. No tardé en correrme esparciendo mi semilla en el interior de sus intestinos mientras Agda, moviendo sus caderas, buscaba ordeñar hasta la última gota depositada en mis testículos. Satisfecho y mientras sentía que mi verga iba ya perdiendo fuelle, observé que las dos mujeres sonreían mirándome.</p>



<p>―¿Qué pasa?― pregunté.</p>



<p>Acercándose a mí, Tomasa me besó mientras se quejaba de que no la hubiese esperado.&nbsp;</p>



<p>―Te vi tan bella durmiendo que no quise despertarte― murmuré mientras jugueteaba con mi dedos por sus pechos.</p>



<p>Para mi sorpresa, la negrita rehuyó mis caricias y tomando a la sueca de la mano, le dijo que debía amamantar a nuestras niñas antes de irse. Al oírla, Agda me dejó solo bajo el agua y fue a darles de comer con una sonrisa. Nada pude decir en contra, ya que al igual que ellas sentía que era nuestra obligación el cuidarlas y que nada les faltase.&nbsp;</p>



<p>Una vez seco, entré al cuarto y observé a Ía mamando mientras Ua permanecía agazapada llorando en un rincón.</p>



<p>―¿Qué le ocurre?― pregunté recordando que esa mañana no había querido que la amara.</p>



<p>―No quiere decírnoslo― respondió preocupada Tomasa.</p>



<p>Al comprobar a su compañera tranquilamente asida del pecho de la sueca, pensé que no debía ser nada grave. Por ello, me vestí para ir a ver si Erik se había levantado. Me encontré al magnate con un café en sus manos disfrutando del paradisiaco panorama que se veía desde mi porche.</p>



<p>―¿Qué tal has dormido?― pregunté a modo de saludo.</p>



<p>―Estupendamente― contestó el hombretón.</p>



<p>Acababa de contestarme cuando vi que Patricio, uno de mis operarios más jóvenes, salía de la casa y se despedía de él. No tuve que exprimir mucho mi cerebro para darme cuenta de que de alguna forma mi nuevo socio se las había agenciado para no pasar solo la noche, pero no queriéndome entrometer en su vida me abstuve de comentar nada y me serví un café.</p>



<p>―Este sitio es impresionante― murmuró con una sonrisa de oreja a oreja al percatarse de que no criticaba que se hubiese acostado con ese chaval.</p>



<p>―Por eso lo compré, pero dada la cantidad de mujeres que ahora lo pueblan se me ha quedado pequeño y tendré que mudarme a otro más grande.</p>



<p>Si llego a sospechar su reacción, creo que nunca se lo hubiese mencionado ya que, abriendo los ojos de par en par, me preguntó si vendía la finca.</p>



<p>―No, pero si le interesa se la cedo, siempre que se ocupe de su mantenimiento.&nbsp;</p>



<p>Aceptando al vuelo mi propuesta, el tipo me pidió que le mandara el contrato y las condiciones a su email, porque ahora no tenía tiempo ya que antes de marcharse tenía que ver conmigo unos detalles de la inversión. Sus palabras me hicieron recordar que Agda se iría con él y eso me dolió al darme cuenta de lo poco que me apetecía su marcha.</p>



<p>«Su trabajo está en San José», mascullé jodido al saber que era inevitable y tratando de olvidarlo, me puse a charlar sobre nuestro acuerdo con su compatriota.</p>



<p>Ya habíamos perfilado los últimos flecos sobre donde instalaríamos la fábrica de las depuradoras cuando vimos entrar a Ía acompañando a la embajadora. La ausencia de Ua y de mi mulata me preocupó, pero no quise exteriorizar mi congoja y abrazando a la rubia, le pregunté si quería algo de desayunar.</p>



<p>―No― sollozó hundiendo su cara en mi pecho: ―Me han llamado de la embajada y debo irme.</p>



<p>Que tuviese que anticipar su marcha me perturbó ya que esperaba disfrutar de su compañía al menos durante el resto de la mañana, pero asumiendo que si se iba era por algo importante, tuve que morderme la lengua y aceptar. Aun así, acariciando su melena, susurré en su oído que, si no podía venir ese fin de semana, que no se preocupase, iríamos nosotros.</p>



<p>―¿Harías eso por mí?― preguntó ilusionada.</p>



<p>―Por supuesto, somos una familia― replique besándola.</p>



<p>Ía, que se había mantenido al margen, al oírme murmurando señaló si no recordaba que no podía estar mucho tiempo sin alimentarse y que cuando la viera, pensaba dejarle los pechos secos. Sonriendo tiernamente a ese bello ser, Agda le prometió que serían para ella siempre que los compartiera con Ua, tras lo cual, cogiendo su maleta, me pidió que la acompañara hasta el coche. La tristeza de la despedida se prolongó durante cinco minutos mientras esperábamos a que Erik llegara con su equipajes. Trescientos segundos durante los cuales, me rogó que la echara de menos y que cuidara de nuestras niñas.</p>



<p>―No te preocupes, lo haré – respondí ante su insistencia.</p>



<p>―Te amo, mi don Juan― musitó desde el coche mientras se marchaban.</p>



<h1 class="wp-block-heading">16</h1>



<p>Con el sonido del beso que me lanzó por la ventanilla todavía retumbando en mi oído, entré en la casa para enterarme qué narices le pasaba a la pelirroja. &nbsp;Ahí me encontré con que la chavala se había encerrado en el baño.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_016_4599.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―No quiere hablar con nadie― me dijo Tomasa.</p>



<p>―Vamos, princesa,&nbsp; abre y cuéntanos que te ocurre― tocando en la puerta,&nbsp; le pedí.&nbsp;</p>



<p>Al no obtener respuesta, pregunté a Ía si sabía que le ocurría a su compañera:</p>



<p>―Como no sea que le duele la marcha de Agda, no lo entiendo― contestó tan confundida como nosotros.</p>



<p>Si ya de por sí era incapaz de entender a las mujeres, supe que ni siquiera podía llegar a plantearme lo que le ocurría a ese ser y dando por buena la explicación de la rubia, asumí que debido a su naturaleza para Ua era difícil aceptar que una mujer a la que consideraba suya se marchara. Por ello, decidí que no había nada malo en que rumiara sola el duelo de la separación y olvidándome de ella, me puse a revisar los distintos temas que se amontonaban en la mesa de mi despacho.</p>



<p>Al encender la computadora descubrí que por primera vez desde que me había retirado a Costa Rica mi email estaba saturado de mensajes sin abrir. Al irlos leyendo, comprobé que la tranquilidad a la que me había habituado había desaparecido y que muchos de ellos, requerían de un profundo análisis antes de contestar. Afortunadamente, Ía al verme enfrascado me ayudó y junto a ella, una hora después conseguí responder a todos, excepto a uno de la empresa iba a reformar la quinta de Santa Lucía, el coqueto palacete francés donde se suponía que nos iríamos a vivir.</p>



<p>―Tomasa, ¿cuándo te viene bien que vayamos a visitar nuestra nueva casa?― dando un gritó pregunté.</p>



<p>La mulata debía de estar cocinando porque no contestó y levantándome de la silla, fui a verla. Al ver que no estaba en la cocina, di por sentado que debía estar hablando con la pelirroja y sin decir nada a su compañera, subí a mi cuarto. Tal y como había previsto la encontré mimando a Ua, la cual no paraba de llorar. Al pedir que me dijera lo que la pasaba, la morena se levantó y cerró la puerta.</p>



<p>―Por ahora, no quiere que Ía lo sepa― comentó al ver mi extrañeza.</p>



<p>Impactado por que quisiera mantener el secreto de algo ante su compañera, me senté en la cama a esperar que me dijera lo que le ocurría. La seriedad de su semblante me anticipó que era algo grave, pero jamás se me pasó por la cabeza que tras recordarme que le había hecho el amor estando borracha, mi prometida me soltara que la cría se había quedado embarazada.</p>



<p>―No se suponía que era imposible― musité acojonado sin saber a ciencia cierta las consecuencias que eso tendría.</p>



<p>―Sí. Ellas controlan sus cuerpos y evitan ovular, ¡estando sobrias! Lo malo es que anoche, por el alcohol, no pudo hacerlo. Al despertar se notó rara y tras analizarse, se dio cuenta que estaba embarazada.</p>



<p>―¿Qué va a hacer?― medité en voz alta.</p>



<p>Sollozando entre los brazos de la mulata, Ua me respondió que ante todo debía de proteger la vida que había germinado en su vientre, pero que desconocía como iba a reaccionar Ía cuando se enterara. una nueva vida a la que debía de proteger.</p>



<p>―¿Qué temes?― al intuir en su respuesta que desconfiaba de su compañera, pregunté.</p>



<p>La chavala llorando a moco tendido me explicó que ninguna hembra de su raza había procreado jamás y que todas ellas nacían de una cubas de fertilización, por lo que a buen seguro cuando las ancianas se enteraran la harían regresar, aunque eso supusiera su muerte. Comprendiendo entonces que no quisiera que Ía supiera nada hasta que ella lo hubiese asimilado, la tranquilicé prometiendo guardar silencio y señalando además que nada ni nadie iba a separarla de nosotros porque antes de todo era nuestra. Mis palabras la tranquilizaron a medias y lanzándose sobre mí, me colmó de besos mientras me decía que me amaba. &nbsp;</p>



<p>―Mi niña bonita, Íel no va a permitir que te lleven de nuestro lado― susurró Tomasa enternecida.</p>



<p>Justo entonces apareció la rubia y desde el dintel de la puerta, nos preguntó si podía pasar. Tratando de que no se percatara de lo que realmente le pasaba a la pelirroja, comenté en voz alta a Ua que no se preocupara y que, si Agda no podía venir, iríamos nosotros. La muchacha comprendió al momento y con una sonrisa forzada, me hizo prometer que la llevaría a San José si la sueca no podía dejar la embajada. Mirando de reojo a la recién llegada, advertí que, si bien no le cuadraba que le afectara tanto la ausencia de la madura no tenía ningún motivo para sospechar que la estábamos engañando. Aun así y demostrando su buen criterio, Tomasa creyó que lo mejor era mantenerla ocupada lejos de Ua, por ello recordando que esa noche había quedado con Sara le preguntó si había revisado si esa espía había seguido indagando sobre nosotros.</p>



<p>―No, pero ahora lo hago― dijo sacando su portátil.</p>



<p>Comprendí que la mulata quería que ralentizara su análisis para hacerla perder el tiempo y dando por buena su decisión, pedí a esa genio de pelo rubio que me explicara qué iba a buscar y cómo. A pesar de que mi interés la entorpecía, Ía accedió a irme narrando paso a paso donde se metía y la razón sin mostrar ningún tipo de enfado. Es más, creo por su cara que estaba encantada de que valorara su inteligencia de esa forma ya que eso le permitía estar conmigo. &nbsp;&nbsp;Queriendo verificar incluso en los ordenadores del Pentágono que nadie sospechaba del origen extraterrestre de ellas,&nbsp; nos enteramos de que habían encomendado a la asiática que no me perdiera de vista ya que sus jefes preveían que en un futuro muy cercano me pudiera convertir en un dolor de cabeza.</p>



<p>―Les da repelús que seas un ecologista radical y encima mira qué clase de zorra es tu amiga, la agente―dijo la rubia mientras me mostraba indignada un documento en el que, a solicitud de Sara, autorizaban a que me sedujera para así tenerme controlado.</p>



<p>Al darme cuenta de su enfado, me eché a reír y le hice ver que esa mujer, deseando entregarse a mí, había manipulado la situación para que sus superiores no vieran nada malo en que se convirtiera en mi amante.</p>



<p>―Piensa… cuando se enteren de que se acuesta con nosotros,&nbsp; no solo no la van a regañar, sino que verán en ello un sacrificio digno de una medalla.</p>



<p>&nbsp;No muy convencida, ese bello ser hizo un extenso barrido por la red a ver que averiguaba de ella en el que descubrió una conversación personal que había tenido con Mary, una de sus amigas. En ella,&nbsp; Sara le explicaba que iba a quedar a cenar con un hombre que la volvía loca y le pedía consejo de cómo actuar dado que además de millonario, el tipo era un mujeriego que tenía a su alrededor una cohorte de bellezas como ayudantes.</p>



<p>―Tirátelo, pero no te enamores― le aconsejó su conocida. A lo que ella había replicado que lo intentaría, pero que dudaba mucho no caer rendida a mis pies cuando todo su ser reaccionó excitado desde el primer momento que me vio.</p>



<p>―Entonces huye, no vayas― cambiando de parecer la tal Mary le dijo,&nbsp; para acto seguido decirle que ya que tenía claro que no la iba a hacer caso y que me iba a ver, que al menos no me dijera nada sobre sus preferencias sexuales.</p>



<p>«¿A qué preferencias se referirá?» me pregunté antes de leer que Sara le había contestado que se temía que su cita ya lo supiera, dado que se había dejado masturbar en mitad de un restaurante por una de sus amantes.</p>



<p>―¿Dejaste que te metiera mano una mujer solo porque ese hombre lo quería?― horrorizada preguntó la amiga.</p>



<p>―No entiendes cómo es― defendiéndose Sara respondió: ―Cuando estoy cerca de él siento que soy suya y que solo con chascar los dedos, es capaz de hacer que lo adoré.</p>



<p>Después de leer esas palabras, Marí tecleó en su teléfono:</p>



<p>―Pues date por jodida, solo espero que hoy no lleve un collar que anudar a tu cuello.</p>



<p>Esa última frase me hizo comprender que, a pesar de su profesión, Sara tenía alma de sumisa. En cambio, que mencionase esa clase de ornamento, consiguió destantear por completo a Ía:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_019_4b0a.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Que tiene que ver un collar, con que te la folles― preguntó al malinterpretar lo de jodida y no entender la función que representaba esa joya.</p>



<p>―Más de lo que crees, pero si quieres saber cómo tendrás que acompañarme esta noche― respondí sin aclararle nada.</p>



<p>Su falta de picardía le hizo suponer quizás que ponerle un collar al cuello era parte de una postura sexual y por eso insinuó que antes de cenar con Sara, debía pasarme por una joyería a comprar uno. La idea de la muchacha me pareció cojonuda porque me daba un motivo para alejarla de su compañera y llamando a Tomasa, la informé de que me iba con Ía de compras y que no nos esperara hasta el día siguiente.</p>



<p>Mi bella mulata comprendió que de alguna forma la había engañado para alejarla de Ua sin que sospechara nada y por eso, dándome un beso, se despidió de mí. Ya me estaba subiendo al coche cuando de pronto. Tomasa llegó corriendo a mi lado.</p>



<p>―¿Qué te pasa?― pregunté al verla tan acelerada.</p>



<p>Con la respiración todavía alterada, contestó que me iba a echar de menos y en voz baja, añadió que esa noche diera de beber a Ía. Reconozco que me quedé paralizado al escucharla al saber que me estaba pidiendo que abusara de la ingenuidad de ese ser para embarazarla. Analizando sus motivos, comprendí que tratando de proteger a Ua quería que preñara a su compañera y así ambas compartieran el mismo destino.</p>



<p>«Sería cómo violarla», me dije y tras meditarlo, comprendí que no me veía capaz de perpetrar tal felonía por lo que debía buscar otro camino.</p>



<p>Ajena a lo que ocurría en el interior de mi mente, Ía parecía feliz con la perspectiva de pasar el día conmigo. La sonrisa que lucía en su rostro era lo suficientemente elocuente. Todo en ella denotaba alegría y pensando en ello comprendí que acostumbrada a tener que compartirme con su hermana y con Tomasa el poder disfrutar de mi compañía en soledad, era algo nuevo.&nbsp; La canción que empezó a tararear no hizo más que ratificar esa impresión al ser un calco de la emoción que la embargaba al tenerme para ella sola:</p>



<p>Júrame, que me veré siempre en tus ojos bésame<br>Con tus labios dulces sabor a miel<br>Que a tu lado solo quiero estar<br><br></p>



<p>Su prodigiosa voz siguiendo esa melodía me hizo comprender que no podría seguir el consejo de mi mulata y más cuando comportándose como una enamorada me miró mientas cantaba el estribillo:</p>



<p>Y no hay quien, me llena de tanta ternura<br>Con tu amor, puedo llegar hasta la luna<br>Escúchame, no me dejes de querer</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su caricia me dejó pensativo al asumir que a mi lado se sentía mi mujer. Enternecido por el significado de su mirada, tomé su mano y llevándola a mis labios, la besé sin saber que sus ojos se llenarían de lágrimas con ese gesto. &nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Sabes que te quiero?― le dije impresionado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La joven sollozó al oírme y posando su cabeza en mi hombro, susurró que ella me amaba de una forma que no sabía que se podía amar. Intrigado por sus palabras, le pedí que me dijera que sentía. Mi pregunta la cogió desprevenida y en vez de contestar, siguió cantando:</p>



<p>Solo te pido, no me dejes de querer<br>Que solo, solo, solo<br>Yo vivo por tu querer</p>



<p>Solo te pido, no me dejes de querer<br>Que triste, triste me pongo<br>Cuando no estas a mi lado en noche</p>



<p>No tuve que exprimirme mucho el coco para comprender que esa canción era su respuesta y que, con ella, me quería hacer patente que solo junto a mí se sentía feliz. Haciéndole una carantoña, sonreí acompañándola:</p>



<p>Solo te pido, no me dejes de querer<br>Que solo vivo por tu amor<br>Y me hace falta más de tu querer</p>



<p>Al escuchar que cantaba junto a ella, se echó a llorar nuevamente mientras entonaba de viva voz el final:</p>



<p>Júrame, que me veré siempre en tus ojos bésame<br>Con tus labios dulces sabor a miel<br>Que a tu lado solo quiero estar</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Te lo juro― respondí al terminar.</p>



<p>Fue entonces cuando la criatura comentó algo que me dejó anonadado y es que, posando su cara sobre mi pecho, murmuró que jamás haría nada que pudiera disgustarme porque se sabía mía, enteramente mía.&nbsp; La rotundidad de sus palabras me dejó meditando y aparcando a un lado de la carretera, me giré hacia ella y la besé diciendo que para mí ella era mi mujer. Esta vez su respuesta no se hizo de rogar y lanzándose sobre mí, me cubrió de besos mientras me decía lo feliz que le hacía con mi cariño. Curiosamente, no había nada sexual en esos arrumacos, ya que su efusividad lo único que reflejaban era genuino amor. Quizás por ello tuve el valor de preguntar si llegado el caso tuviese que decidir entre mí y su raza qué es lo que haría.</p>



<p>Entornando sus ojos en plan coqueto, respondió:</p>



<p>―Es algo que no tengo que plantearme. Por mi naturaleza, mi deber es con mi “¿dueño?” “¿padre?” y luego con mis ancestros.</p>



<p>―¿Estás segura?― insistí.</p>



<p>―Sí, amado Íel. Preferiría la muerte a traicionarte… ¡Soy tu mujer!</p>



<p>Mirándola con ternura, comprendí que había dado un paso importante en su humanización al reconocerse como mi mujer y no como mi sanadora, por ello instintivamente y sin pensar, susurré en su oído:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_020_9fd8.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Y yo, ¡tu hombre! ― la alegría de su rostro al oír mi susurro me hizo lanzar un órdago a la grande del que dependería no solo su futuro y el mío sino también el de su compañera: ―Y como tu hombre, me encantaría tener un hijo tuyo.</p>



<p>Mi deseo la cogió con el pie cambiado, pero en vez de negarse sonriendo me rogó que le diese tiempo para pensarlo. Habiendo sembrado la semilla, decidí no insistir y juntando mis labios a los suyos, le dije que tenía ochenta años para decirme algo. Ía rio al darse cuenta de que el plazo que la había dado para contestar era mi esperanza de vida y por ello, arrimándose tiernamente a mí, prometió que mucho antes tendría su respuesta.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Satisfecho con cómo había resultado, volví a la carretera mientras a mi lado, la joven se ponía a cantar dulcemente:</p>



<p>Mi amor, mi buen amor, mi delirio<br>No pretendas que te olvide así, no más<br>Que tu amor fue mar cuando sedienta<br>Me arrimé a tu puerto a descansar<br>Que tu amor, amor, sólo el que un día<br>En tu pecho, vida mía, me dio la felicidad…</p>



<h1 class="wp-block-heading">17</h1>



<p>Deambulando por el pueblo y mientras buscaba una joyería donde comprar el collar con el que anclaría a la agente de la CIA a mi destino, mi bella acompañante me preguntó la razón de ese regalo. Me tomé unos segundos en acomodar mis ideas antes de contestar, no fuera que al enterarse de la forma que Sara entendía el sexo la joven se escandalizara. Midiendo mis palabras, le expliqué que algunos humanos solo se sentían completos cediendo parte de su voluntad a otro. Para mi sorpresa al escuchar que la asiática era una de ellos y que para que pudiera sentirse mía tenía que entregar su poder de decisión a mí, Ía contestó como si nada:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No es tan raro, yo misma confió plenamente en ti y sé que lo que decidas estará bien.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue entonces cuando comprendí que de cierta y extraña manera su naturaleza era también sumisa ya que hasta la forma en que nombraba nuestra relación lo denotaba:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Para ella soy su “¿padre?” “¿dueño?”», me dije.</p>



<p>Seguía pensando en ello cuando desde el asiento de al lado, me preguntó qué tenía que ver el collar en ello.</p>



<p>―Para ella, esa joya es un símbolo de entrega. Si acepta que abroche mi collar a su cuello, será una forma de darse por completo a mi persona y que a partir de ese momento me considera su dueño.</p>



<p>―Entiendo― musitó.</p>



<p>Observándola de reojo, advertí que se había quedado pensativa. Asumiendo que no debía interrumpirla, me quedé callado mientras aparcaba el Bentley. Tras cerrar el todoterreno, comprobé que seguía sumida en su mutismo. Queriendo sacarla de ese estado, la tomé de la cintura y la llevé por la acera hasta la joyería. Al sentir mi mano rodeándola, sonrió y elevando su mirada, suspiró mientras se pegaba a mí:</p>



<p>―Te adoro, mi hombre.</p>



<p>La alegría de su tono me hizo caer en que era la primera vez que paseaba abrazado a ella y dando valor a sus palabras, la besé en la mejilla diciendo:</p>



<p>―Te amo, mi dulce mujercita.</p>



<p>La sonrisa que iluminó su cara fue un regalo y con ese pensamiento en mi cerebro entramos en la tienda. Allí nos recibió la dependienta, una sesentona de muy buen ver, la cual reconociéndome como el españolito que había contratado a Tomasa me saludó usando mi nombre. Tras recobrarme de la sorpresa, pedí que me mostrara los collares que tenía. Rápidamente, la mujer extendió una extensa colección de estos sobre la mesa, pero tras revisarlos ninguno de ellos se ajustaba a lo que quería. Al comentárselo, me preguntó que tenía en mente. Estaba pensando en cómo decírselo cuando tomando la palabra, Ía contestó:</p>



<p>―Queremos algo que regalaría a una princesa y a ser posible con Miguel grabado.</p>



<p>A la señora se le abrieron los ojos y tras decirnos que saldría caro, sacó una gargantilla a la que se le podía unir unas letras decoradas con diamantes formando mi nombre. Sin pedir mi opinión al respecto, Ía decidió que le gustaba al ver como quedaba y sacando su Visa Oro, pidió cinco.</p>



<p>―¿Cinco? – exclamó la joyera sabiendo que con ello no solo había hecho el día sino el mes.</p>



<p>Riendo y a costa de escandalizar a la encargada, Ía respondió:</p>



<p>―¡Cinco! Una para cada una de las mujeres de mi hombre.</p>



<p>Si por si eso no fuera poco, pegándose a mí, la rubia terminó de perturbarla diciendo en voz alta que así quedaría claro que eran mi harén. Demostrando que era una profesional, sonrió antes de decirnos que tardaría una hora en tener preparado el encargo.</p>



<p>―No se preocupe― respondí: ―Mientras lo prepara, me puede decir un buen sitio para comer con esta dulzura.</p>



<p>&nbsp;La paisana no dudó en señalarnos un coqueto restaurant que había en la esquina mientras nos cobraba. Tras lo cual y siempre de mi brazo, Ía me sacó a la calle. Ya fuera del local, murmuré al oído de la chavala a qué había venido eso y ésta muerta de risa me contestó que un buen marido no hacía diferencia entre sus esposas y que, si regalaba algo a Sara, era de justicia que le hiciera el mismo regalo al resto.</p>



<p>―Tienes razón, mi amada princesita― contesté haciendo referencia a la descripción que ella había hecho para inspirar a la joyera.</p>



<p>Nuevamente, ese primoroso ser me dejo pasmado al contestar alegremente que era un mujeriego y que eso se lo decía a todas. Riendo, la tomé de la cintura y sin decir nada más, me dirigí con ella al restaurante que nos habían recomendado. Nada más entrar supe que la joyera había acertado al encontrarme con un sitio coqueto y elegante que desconocía que hubiera en el pueblo.</p>



<p>―Bienvenido don Miguel – me saludó la dueña, una estupenda morenaza de grandes tetas.</p>



<p>La naturalidad con la que se dirigió usando mi nombre me hizo recordar que Tomasa había insistido en que nos fuéramos a vivir a un sitio donde nadie nos conociera para que pudiéramos rehacer nuestras vidas sin que le achacaran que estaba conmigo por mi dinero.</p>



<p>«Que razón tiene, aquí todo el mundo nos conoce», medité mientras me sentaba en la mesa que nos había señalado.</p>



<p>&nbsp;Ni siquiera nos había pedido la comanda cuando la rubia ya estaba pidiéndome información acerca de que había planeado para seducir a la asiática. No pude más que confesar que no había preparado nada.</p>



<p>―Eso no puede ser― declaró al escucharme: ―No podemos dejar nada a la improvisación.</p>



<p>Tras lo cual, me rogó que le explicara lo que sabía del tipo de sexualidad de Sara para poder organizar algo que la dejara totalmente cautivada. Reconociendo mi falta de experiencia en esos temas, le narré brevemente lo que conocía de ese mundo. La chavala escuchó atentamente que la sumisión consistía en someterse, sin cuestionar nada, a la voluntad de otro y que bien entendida era algo voluntario entre sumiso y amo.</p>



<p>―Como te dije es un intercambio de poder que se realiza por consenso y que se basa en el respeto mutuo mientras se explora las emociones que eso provoca en los participantes― concluí mientras observaba el brillo intenso de su mirada.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_025_6615.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―Entonces….― comentó: … Sara será tu sumisa y tú, su amo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Básicamente así es. Siento no poderte decir mucho más sobre las prácticas y costumbres que ello conlleva.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Tú no, pero internet sí― replicó y muerta de risa, sacó su móvil para acto seguido empezar a navegar por la red en busca de más información.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La velocidad con la que pasaba de una página a otra me alucinó. Observándola vi que pasaba de un interés genuino al desagrado y al revés mientras asimilaba lo que leía. Dando por sentado que esa criatura era capaz de digerir todos esos datos usando un criterio sano, llamé a la camarera y pedí para los dos dando tiempo a que terminara de empaparse de ese mundo. Justo cuando nos traían el primer plato, Ía me soltó que la verdadera relación entre un sumiso y su amo ella entendía que no podía incluir ni violencia ni crueldad.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Estoy de acuerdo― respondí sin saber a qué conclusión había llegado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por eso me sorprendió escuchar que me decía:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Para mí, se resume en una muestra de amor y de confianza. Es más, lo creas o no, Ua y yo por nuestra naturaleza somos tus sumisas. Nuestro fin en esta vida es protegerte a ti y a todas tus hembras sin cuestionarte nada.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No exactamente― refuté: ―dado que conlleva unas prácticas sexuales que nunca os pediría y que además no sé si os gustarían.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desternillada de risa, me soltó que si no las probaban nunca sabrían si abrazarlas para el día a día o por el contrario rechazarlas. Por su tono comprendí que de algún modo me estaba insinuando que practicara con ella y por eso, le pedí sus bragas. Supe que había dado en la diana, cuando bajo su blusa aparecieron dos pequeños bultos.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Qué esperas para obedecer? Mi pequeña putilla― insistí usando el poder que me había otorgado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sonrojada por la rapidez en que me había convertido en dominante, llevó sus manos bajo la mesa. Me hizo gracia que se mostrara tan tímida y que buscara disimular cuando solo llevaba unos días usando ropa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Date prisa. No tengo todo el día― añadí con tono duro al comprobar que tardaba en cumplir la orden.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tuve que volver a decírselo porque, ocultando en su mano el tanga que se había quitado, me lo dio diciendo:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Perdone mi amo la tardanza de su esclava.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cogiendo su presente, en vez de guardármelo discretamente, me lo llevé a la cara y lo olí, tras lo cual, lo extendí sobre la mesa para que todo el mundo que pasara pudiera observar su ofrenda. Comprendí por su expresión que la había excitado verme disfrutando de su aroma.</p>



<p>―Mi amo es un amor por el modo en que exhibe a su sierva― dijo retándome a continuar.</p>



<p>Decidido a darle una lección que nunca olvidara, ordené que se empezara a masturbar mientras hacía un gesto a la camarera para que se acercara. La empleada del local nunca esperó al llegar a nuestra mesa que le pidiera la zanahoria más grande que tuviera.</p>



<p>―¿Una zanahoria?― preguntó la mulata.</p>



<p>―Si, una zanahoria. El conejo de mi amiga tiene hambre― tranquilamente contesté.</p>



<p>La joven creyó que iba de guasa y queriendo participar en la broma, fue a la cocina y trajo una que rivalizaba con el tamaño de mi pene erecto.</p>



<p>―¿Es lo suficientemente grande?― quiso saber mientras me la daba.</p>



<p>Sé que nunca se esperó que pasándosela a mi acompañante pidiera a esta que se la incrustara entre las piernas y menos que Ía, separando sus rodillas, se la metiera hasta el fondo. &nbsp;Lo cierto es que una vez se había repuesto de la sorpresa la mulata, con una sonrisa de oreja a oreja, me comentó que si el conejito se había quedado con hambre podía traer una berenjena. Mi acompañante palideció al escucharla y solo recobró su color cuando prometiendo una generosa propina dije que no hacía falta. La muchacha sin cortarse un pelo soltó una carcajada diciendo:</p>



<p>―Si cambia de opinión, me llama.</p>



<p>Mientras se iba, totalmente colorada, Ía murmuró que su amo era un cabrón. Sin dejar de presionarla, pregunté quién le había dado permiso para hablar y que, en vez de ser tan parlanchina, debía de dar uso a la zanahoria.</p>



<p>―Perdón, amo. No volverá a ocurrir― dijo en plan sumiso mientras se ponía manos a la obra.</p>



<p>Atentamente y sin perder detalle de cómo se masturbaba, fui guiándola hacia el placer ordenando que acelerara o que menguara la velocidad con la que se metía y sacaba el rosado tubérculo hasta que al cabo de poco más de un minuto escuché que se corría. Satisfecho al oír sus gemidos, le pedí que me mostrara la zanahoria. Avergonzada hasta decir basta, me la enseñó todavía chorreando de flujo.</p>



<p>―Ahora cómetela― le pedí dando un sorbo a mi cerveza.</p>



<p>Sin cuestionar mi orden, la puso en el plato y comenzó a comer teniendo mis risas como telón de fondo. Solo cuando ya había dado buena cuenta de ella, pregunté a la muchacha que le había parecido la experiencia.</p>



<p>―Satisfacer a mi amo es el sueño de cualquier sumisa y más cuando es tan bueno que me ha dejado llegar al orgasmo― sonriendo me espetó.</p>



<p>Comprendí al escucharla que implícitamente estaba señalando mi fallo, ya que un verdadero dominante la hubiese llevado al filo del placer sin dejarla culminar.</p>



<p>―Tengo todavía mucho que aprender― señalé.</p>



<p>―Mi amo no tiene por qué preocuparse su amada sierva le asesorará para que esta noche su asiática caiga rendida a sus pies― respondió con picardía.</p>



<p>No tuvo que explayarse más. Me había dado cuenta de que, teniéndola a mi lado, no quedaría como un novato y atrayéndola hacia mí, la besé tiernamente mientras le agradecía sus enseñanzas.</p>



<p>―Antes que tu sumisa, soy tu mujer― respondió llena de alegría al ver que valoraba su ayuda.</p>



<p>El resto de la comida nos la pasamos bromeando y discutiendo sobre cómo exacerbaríamos el deseo de la norteamericana antes de permitir que se entregara a mí sin caer que desde un rincón la mulata nos escuchaba atentamente. Solo caímos en ello cuando tras pagar en la puerta y mientras nos despedía, la camarera se ofreció a sustituir a nuestra cita si cometía el error de dejarnos plantados.</p>



<p>―Si nos falla, vendré por ti― respondió Ía atrayéndola y posando brevemente sus labios en los de la morena.</p>



<p>Con los pitones erectos bajo su uniforme, la empleada del local demostró lo mucho que le apetecía formar parte al decirle que toda su vida había deseado un novio tan atractivo y exigente como yo.</p>



<p>―No sería tu novio sino tu amo…― impregnada de un carácter dominante que no sabía tener, le recriminó la rubia y sin importarle que la muchacha estuviese en su lugar de trabajo, le dio un azote añadiendo: ―… y yo tu maestra.</p>



<p>―Me encantaría ser su pupila, mi señora― llena de deseo, suspiró la cría mientras le besaba la mano diciéndonos adiós.</p>



<p>La endiablada criatura esperó a que llegáramos a la calle para soltar una carcajada y decirme que ese jueguecito le estaba empezando a gustar. Asustado por el monstruo que había creado, me abstuve de decir nada y directamente la llevé a la joyería a recoger nuestro encargo, donde tal y como se había comprometido la encargada ya tenía listas las joyas. Tras revisarlas y ver que todo estaba tal y como habíamos pedido, Ía cogió una y haciendo entrega ceremonialmente de ella, me rogó que se la colocara al cuello.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_032_97ce.jpg" alt="" width="424"/></figure></div>


<p>―¿Sabes a que te comprometes si te pongo?― pregunté tanteando el terreno.</p>



<p>Nunca me podré cansar de repetir que ese bello ser es una caja de sorpresas porque al oír mi pregunta y obviando totalmente la presencia de la joyera, se arrodilló frente a mi diciendo:</p>



<p>―Juro servirle fielmente sin cuestionar sus órdenes y desde ahora le confirmo amo que dedicaré mi vida a hacerle feliz.</p>



<p>&nbsp;Con el corazón encogido al saber que no mentía, abroché el collar con mi nombre alrededor de su cuello:</p>



<p>―Así sea, ya que es tu voluntad, acepto tu entrega.</p>



<p>Las lágrimas que brotaron de sus ojos ratificaron la felicidad que sentía antes de que lo hiciera de viva voz:</p>



<p>―Mi señor, mi dueño, mi amor…</p>



<p>Al salir, todavía sobrecogida por la emoción, Ía tardó unos minutos en reponerse. Aunque no lo supiera entonces, para esa extraña criatura ese acto había sido la culminación de su existencia al haber encontrado en mí no solo un “¿padre?” “¿dueño?” sino el sostén que había buscado desde que salió de la cuba de fertilización.&nbsp; Quizás por ello no advertí que, dejando atrás a mi tierna jovencita,&nbsp; había madurado convirtiéndose en mi mujer cuando, tirando de mí, me informó que todavía había mucho que hacer antes de nuestra cita.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―¿Qué más falta?― pregunté al tener en mi bolsillo el collar con el que anudaría a nuestro lado a la bella agente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiernamente, me respondió que teníamos que comprar unos cuantos trapos para luego buscar una ubicación apropiada para que Sara se entregara porque era inadmisible que lo hiciera en un lugar público con gente a nuestro alrededor. Aceptando su punto de vista, la seguí por la calle principal del pueblo en busca de tiendas. Al llegar frente a una debió de ver algo que cuadraba con lo que pensaba porque, dejándome en la puerta esperando, entró sin darme más pistas. Buscando en el escaparate algo que me anticipara que narices iba a comprar, comprobé por los conjuntos de ropa interior que era una lencería y poco más. Tras diez minutos aguardando su vuelta salió con dos bolsas llenas, pero cuando pregunté por su contenido únicamente respondió que podía estar tranquilo. Sus reservas no hicieron más que azuzar mi interés, interés que fue en vano porque cerrándose en banda se negó a aclararme nada.</p>



<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dándola por imposible, acepté su silencio cuando sin decir agua va me rogó que la llevara al mejor hotel de la zona. Como testigo mudo de sus planes, cogiendo el coche, nos dirigimos a un resort de cuatro estrellas llamado Crocodile Bay que era indiscutiblemente el más caro y que estaba muy cerca del aeropuerto. El lujo exterior del establecimiento le agradó, pero fue al ver su enorme piscina cuando decidió que era lo que estaba buscando y sin encomendarse a dios ni al diablo, pidió en la recepción la suite presidencial. Por su desorbitado precio tuvimos la suerte de que esa habitación estuviera libre y llevándome a rastras, llegamos a ella.</p>



<p>Tal y como había previsto, la suite hacía honor a su nombre al ser digna de un presidente. Aun así, Ía se puso a revisarla con detalle antes de dar su visto bueno. No tuve que esmerarme para saber que lo que más le había gustado fue que contara con un jacuzzi ya que luciendo la mejor de sus sonrisas me preguntó si creía que Sara la dejaría enjabonarla cuando se bañara conmigo.</p>



<p>―No lo dudes― respondí percatándome por fin de parte de sus planes.</p>



<p>Sin darse un segundo de pausa, leyó la carta del establecimiento antes de abrir el servibar y comprobar su contenido. Tras lo cual, llamó al servicio de habitaciones pidiendo dos botellas de champagne y cena para tres, haciendo especial énfasis en que una de las cenas debía de estar lista a las ocho mientras las otras dos tenían que traérnoslas a las nueve.</p>



<p>―¿Y eso?― me atreví a preguntar.</p>



<p>―Cenaré yo antes, para que todo esté listo para cuando mi amado amo llegue con su futura sumisa― contestó sonriendo y mirando el reloj, me azuzó a darme prisa en ducharme.</p>



<p>Sintiéndome una marioneta en sus manos, me desnudé mientras ella preparaba el agua de la ducha. Ya sin ropa, me percaté que observaba con apetito mi pene y recordando que llevaba casi veinticuatro horas sin catar mi esencia, le pregunté tomándolo entre mis manos si quería su biberón. Por un momento la bella criatura dudó, pero resistiendo la tentación me informó que podía ayunar un poco más ya que tenía que guardar fuerzas para esa noche.</p>



<p>―Tú te lo pierdes― respondí entrando en la ducha más cachondo de lo que me gustaría estar sabiendo que esa monada estaba aguardando mi salida.</p>



<p>Al estar solo, diez minutos, salí a ponerme la ropa, llevándome la sorpresa de encontrarme uno de mis trajes perfectamente planchado sobre la cama. No tuve que esforzarme mucho para saber que se las había agenciado para meterlo en el todoterreno sin que yo me diese cuenta y por eso, en silencio, me vestí bajo su supervisión.</p>



<p>―Mi amo es un hombre apuesto― susurró satisfecha mientras acomodaba el cuello de mi camisa: ― Y esa putilla oriental no podrá resistir sus encantos.</p>



<p>Su insistencia en referirse a mí como su amo me dio la siguiente pista de cómo se comportaría cuando volviera con Sara:</p>



<p>«Está ya representando su papel», me dije sin darle mayor importancia y despidiéndome de ella, salí del cuarto.</p>



<p>Estaba a punto de coger el ascensor cuando la chavala llegó corriendo y depositó en mis manos una caja de bombones que habíamos comprado en el pueblo.</p>



<p>―Se te olvidaba tu primer regalo― me dijo mientras buscaba un beso que no llegó porque rehuyendo sus labios le solté que no se lo merecía al haberme ocultado sus planes.</p>



<p>Lejos de molestarle mi gesto, esa condenada sonrió diciendo:</p>



<p>―Poco a poco estás aprendiendo, querido amo.</p>



<p>Su descaro me hizo reír y despidiéndome de ella con una nalgada, marqué el botón de la salida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/191/59252550/59252550_029_3045.jpg" alt="" width="600"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: “Una jovencita y sus problemas trastocaron mi vida FIN” (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Feb 2026 18:03:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[20 El castigo a Lidia se prolongó más del tiempo que habíamos previsto y por ello ya estábamos pensando en llamar la atención de María cuando el ruido de unos pasos por el pasillo nos informó que llegaban. Durante esos minutos, Elizabeth había intentado hacerme ver cómo debía comportarme con ellas para que aprovechar su estado anímico en nuestro favor, haciendo sobretodo hincapié en que debía “esperar”. Según había insistido la pelirroja, todos sus actos habían ido encaminados a que esas dos sintieran que yo era el juez al que debían rendir cuentas mientras ella había sido solo el instrumento [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">20</h1>



<p>El castigo a Lidia se prolongó más del tiempo que habíamos previsto y por ello ya estábamos pensando en llamar la atención de María cuando el ruido de unos pasos por el pasillo nos informó que llegaban. Durante esos minutos, Elizabeth había intentado hacerme ver cómo debía comportarme con ellas para que aprovechar su estado anímico en nuestro favor, haciendo sobretodo hincapié en que debía “esperar”. Según había insistido la pelirroja, todos sus actos habían ido encaminados a que esas dos sintieran que yo era el juez al que debían rendir cuentas mientras ella había sido solo el instrumento de mi justicia. Reconozco que en mi desconocimiento de las tácticas de interrogatorio que había usado solo había visto tortura y no lavado de cerebro. Por eso, cuando aparecieron por la puerta, me sorprendieron dos cosas. La primera fue que en sus miradas sus miedos se concentraran en mí y no en la americana: increíblemente ninguna de las dos era capaz de mirarme a la cara. Y la segunda, todavía más sorprendente: ¡que vinieran tomadas de la mano!</p>



<p>La sonrisa de la pecosa cuando le pidieron permiso para aproximarse me dejó de manifiesto que todo se estaba desarrollando según sus planes y por eso no me extrañó que les contestara que no era ella quien debía darlo sino yo. El nerviosismo de las dos se incrementó al oírlo y como si fuese algo que hubieran practicado, en perfecta sincronía, ambas empezaron a sollozar pidiendo que las perdonara y que estaban arrepentidas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_012_48a6.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&#8211; ¡Mi hombre no os cree! Le habéis defraudado demasiadas veces-&nbsp; actuando de fiscal les recriminó mientras yo permanecía en silencio a su lado.</p>



<p>Tanto Lidia como María comprendieron que debían hacer algo más que lamentarse y por eso demostrando la forma en que esa brutal experiencia las había transformado, rogaron a la americana que volviera a azotarlas sin con ello conseguían que les diera mi perdón.</p>



<p>-No es así como debéis disuadirle y que os crea.</p>



<p>En su rostro leí desesperación y derrota. Sensaciones que se incrementaron cuando les exigió desnudarse. La rapidez con la que obedecieron despojándose de toda la ropa fue prueba de ello y antes de que me diese cuenta de cuál era la prueba a la que las iba a someter, abriendo un hueco en la cama, les ordenó que se tumbaran entre nosotros. Cumpliendo a raja tabla las directrices que Elizabeth me había dado, me mantuve inmóvil y eso me permitió reparar en que, por extraño que me pareciera en ese momento, los pezones de ambas lucían excitados mientras se encaramaban al colchón sin rozarnos.</p>



<p>Su indefensión se incrementó al no darles mayor detalle de lo que esperábamos de ellas y por eso tras unos segundos de incredulidad, Lidia se atrevió a preguntar cómo debía comportarse.</p>



<p>-Estando calladas hasta que se os de permiso de hablar- respondió sin apartar la vista de ellas.</p>



<p>Sintiendo nuestros ojos observándolas y sin pistas a qué se iban a enfrentar, su incomodidad se magnificó haciéndolas sentirse cada vez más desamparadas e incómodas.</p>



<p>«No entiendo a qué espera», me pregunté viendo que su turbación iba in crescendo con el paso del tiempo.</p>



<p>Supe el propósito de sus actos cuando nuevamente comenzaron a llorar implorando mi perdón. Entonces y solo entonces, su torturadora comentó:</p>



<p>-Por ahora, a mi hombre nada le hace suponer que habéis cambiado. Os sigue viendo como las dos hembras a las que me pidió educar. Unas perras sin corazón ni valores.</p>



<p>Derrumbándose, se abrazaron entre ellas. Al ser ese gesto el que estábamos esperando, desde ambos lados de la cama comenzamos a acariciarlas. En mi caso, fue el trasero el de la latina el que recibió mis mimos y su gritó de alegría coincidió con el de María al ser agasajado el suyo por la pecosa.</p>



<p>Tal y como había previsto Elizabeth, las dos buscaron nuestro contacto, pero se encontraron que estábamos ocupado besándonos entre nosotros. Impactadas y confusas, comprendieron que su papel se circunscribiría a recibir las migajas que les estuviésemos dispuestos a dar y eso lejos de calmarlas, aumentó la necesidad de sentir ese cariño que les estaba vedado.</p>



<p>-Por favor- sollozó Lidia separando las rodillas al sentir que profundizaba mis caricias jugueteando con una yema entre sus pliegues: -Necesito volver a ser princesa.</p>



<p>Imitándola, la cincuentona abrió sus piernas de par en par al notar que la americana le hundía un dedo en la vulva sin dirigirle una mirada mientras me besaba:</p>



<p>-Por dios, yo también quiero sentirme anciana- rugió notando la calentura que la dominaba y que amenazaba con hacerle explotar.</p>



<p>Obviando sus sentimientos, la pelirroja se giró hacia ellas y les dijo:</p>



<p>&#8211; ¿No veis que estoy amando a mi hombre? Quizás cuando terminemos y si estamos de humor, nos ocupemos de vosotras.</p>



<p>A ambas les costó digerir ese rechazo y durante unos instantes, se quedaron paralizadas sin saber cómo actuar hasta que me vieron llevar la boca a los pechos de la pecosa. Entonces y puede que movidas por su necesidad de aceptación, sin que tuviese que sugerirlo, se lanzaron a ayudarme. Compitiendo entre ellas, sus lenguas se ocuparon de lamer el clítoris de mi amada mientras yo seguía mordisqueando sus pezones.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_023_4a21.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Haciéndomelo saber, la americana rugió satisfecha:</p>



<p>-Amor mío, estas putas por fin han entendido lo que esperas de ellas.</p>



<p>Ese menosprecio no las retrajo y henchidas de nuevos ánimos, buscaron el placer de Elizabeth con sus bocas.</p>



<p>-Siente mi amor y déjate llevar- besándola de nuevo, susurré haciéndolas ver que para mí sus bocas eran meras herramientas.</p>



<p>El orgullo de la torturadora viendo el resultado del sufrimiento que les había infringido y el estímulo de las húmedas caricias que estaba recibiendo se sumaron amplificando sus sensaciones y de improviso todo su cuerpo se vio sacudido por un orgasmo brutal. El cual se vio prolongado en el tiempo cuando sus víctimas buscaron saciar la sed entre sus muslos.</p>



<p>-Alberto, ¡qué “lenguas” tienes! &#8211; gritó haciendo de nuevo referencia a que ambas solo eran el instrumento con el cual era yo quien la estaba amando.</p>



<p>No pude más que sonreír al advertir que tanto María como Lidia estaban intentando que no notáramos lo mucho que gozaban participando de nuestro cariño y por eso ninguna de las dos previó que las premiara con un azote mientras les daba permiso para sucumbir también ellas en el placer. Las dos arpías sintieron esa autorización como una orden y ante mis ojos un clímax no menos potente que el de la pecosa se apoderó de ellas.</p>



<p>Los gemidos que brotaron de sus gargantas mientras se despeñaban por el precipicio del placer impuesto que mis palabras habían abierto ante sus ojos me hicieron reír y hurgando en la humillación que sentían al saberse meros objetos de nuestra lujuria, exigí que lucieran sus traseros ante su dueño.&nbsp; La primera en hacerlo fue María, la cual, poniéndose a cuatro patas sobre las sabanas y de viva voz, me rogó que fuera ella el vientre en el que amara a Elizabeth. Cuando copiando a su antigua novia, Lidia expuso tanto su culo como su coño a mi merced, dudé en cual de esos cuatro agujeros saciar mi lujuria.</p>



<p>&nbsp;La espía, al contemplar mi indecisión, acudió en mi auxilio y tirando de la melena de María, llevó su cara entre las piernas diciendo:</p>



<p>-Hazme gozar mientras veo a mi hombre desvirgar a su juguete.</p>



<p>Curiosamente, la cincuentona no se sintió desplazada sino ansiosa y con una alegría difícil de entender, cedió su puesto a la hispana dedicándose por entero a lamer con la lengua el sexo de Elizabeth como si le fuera la vida en ello. Mientras a mis oídos llegaban las carcajadas de la pecosa, Lidia temblaba ante mí esperando que mi pene borrara para siempre esa sobrevalorada telilla.</p>



<p>Acercando el glande a los hinchados pétalos que daban entrada a su interior, comencé a jugar con ellos mientras le avisaba que se quedara quieta, porque era yo quién decidiría cuándo y cómo iba a desflorarla:</p>



<p>-Sé que no soy su princesa, sino una vagina de mi señor- sollozó sin moverse, pero mostrando con la respiración entrecortada la excitación que le dominaba.</p>



<p>Que se refiriera a ella como un pelele, una marioneta que podía usar para satisfacer mis necesidades, me enterneció y creyendo que no era el momento de disminuir la presión sobre ella, acaricié su pelo mientras le daba una lección de historia:</p>



<p>-Te equivocas. Un monarca está a servicio de su país y su razón de existir es procurar el bienestar de su pueblo. Si te tomo, será a condición que sigas siendo nuestra princesa y asumas que dedicarás tu existencia a darnos placer.</p>



<p>Mis palabras y el roce de mi pene entre los labios de su sexo la hicieron caer en el placer y mientras se corría gritó que su papel era entregarnos su vida:</p>



<p>&#8211; ¡Quiero ser su princesa y la de su pareja!</p>



<p>Con María dedicada en cuerpo y alma entre sus muslos, la pelirroja sonrió:</p>



<p>-No la hagas sufrir más y tómala en mi nombre.</p>



<p>La petición de Elizabeth no cayó en saco roto y tomando a la latina de la cintura, fui introduciendo mi pene en su interior hasta toparme con su virginidad:</p>



<p>-Te recuerdo que tienes prohibido moverte.</p>



<p>A pesar del sofoco, se mantuvo inmóvil. Eso permitió que mi glande entrara y saliera sin traspasar esa frontera:</p>



<p>-Mi señor, no quiero fallarle- chilló descompuesta al sentir que hasta la última célula de su ser se rebelaba y le pedía culminar su entrega.</p>



<p>Sabiendo la cercanía de su derrota y que esa criatura estaba abocada a desobedecerme, susurré en su oído que como princesa debía elegir entre servir a su patria o a nosotros.</p>



<p>&#8211; ¡A ustedes! &#8211; sollozó y echándose para atrás, mando al olvido el escollo que me impedía sumergir mi hombría en ella.</p>



<p>El lamento que resonó en la habitación fue más por haber traicionado los valores que la habían guiado tantos años que por el dolor y aun sabiéndolo, aguardé pacientemente a que terminara de digerir ambas pérdidas antes de comenzar a moverme. Ese desgarro físico y emocional comenzó a menguar oyendo que los lengüetazos de María eran premiados con gemidos y lentamente, la hispana comenzó a moverse mientras dos gruesas lágrimas caían por sus mejillas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_041_f83b.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&#8211; ¿Qué le ocurre a nuestra princesa? – mirándola con ternura desde la almohada, me preguntó la pelirroja.</p>



<p>Aunque se había dirigido a mí, Lidia fue la que contestó:</p>



<p>-Lloro porque sé que no merezco que su hombre me dedique su cariño. He sido una perra sin alma y en vez de ponerme un bozal o darme una paliza, me premia haciéndome suya.</p>



<p>Despelotado de risa, aceleré el compás de mis caderas e incrementando la presión sobre ella, murmuré en su oído que, si tanto echaba de menos tener el trasero amoratado, solo tenía que pedirlo. Siendo una propuesta teórica no esperé que gritara:</p>



<p>-Mi culo necesita unas caricias que me hagan saber que me ha perdonado.</p>



<p>Mi primer azote no se hizo esperar, y tras él vino una serie rápida de nalgadas que se fueron alternando entre ambos cachetes mientras Lidia chillaba que no parara, que se los merecía. Tanto su ex pareja, como la americana se percataron de que sus alaridos no eran de dolor sino de placer y casi a la vez, me lo hicieron saber riéndose de ella.</p>



<p>-La perra sabe aullar- comentó María.</p>



<p>-Y está en celo- añadió Elizabeth, sonriendo.</p>



<p>Inesperadamente, o al menos para mí, la morenita tomó esos desaires como suyos y mientras intentaba seguir el ritmo que le marcaba, respondió:</p>



<p>-Estoy en celo y aúllo gracias a mi señor.</p>



<p>La humedad que facilitaba mis penetraciones fueron prueba de ello y poniendo mis manos en sus hombros, incrementé la virulencia de mi asalto con nuevas y salvajes embestidas. Incapaz de mantener el equilibrio, a la cría no le quedó otra que buscar apoyo en las caderas de la cincuentona y fue entonces cuando la pelirroja aprovechó para ordenar que hundiera la cara en la mujer. Por un momento, tanto ella como María se quedaron paralizadas y tuve que ser yo, con una dolorosa nalgada, el que preguntara si no habían oído a su dueña. Mi compañera de estudios, de nuevo, fue la primera en reaccionar y sin dejar de lamer el coño de quien la había torturado, usó sus manos para facilitar la entrada de la lengua de la latina en su interior.</p>



<p>-Parecemos una familia bien avenida- comenté al observar la escena donde mi amada recibía las caricias bucales de la madura, ésta las de Lidia y finalmente Lidia las de mi pene, empalándola.</p>



<p>Ese irónico comentario provocó que los cuerpos de nuestros juguetes se vieran inmersos en el placer y que ambas comprendieran que algo había cambiado en ellas. En esta ocasión, fue la morena la que lo exteriorizó:</p>



<p>-Ni anciana y ni princesa forman parte de su hogar. Solo somos dos mujeres necesitadas del cariño de sus dueños.</p>



<p>Cuando con voz dulce, la espía respondió que se equivocaba y que, por supuesto que como “mascotas” nuestras eran de la familia, las dos hembras se derrumbaron sobre las sábanas y gimiendo de gozo, liberaron su angustia corriéndose.</p>



<p>Ese orgasmo dio pie a Elizabeth a sustituir a Lidia entre mis piernas y tirándome sobre el colchón, tomó posesión de su hombre mientras las antiguas amantes se reconciliaban con un beso.</p>



<p>-Llévame al cielo, como tú solo sabes- rugió mi amada al empezar a cabalgar&#8230;</p>



<p>Prisionero de esos ojos verdes, obedecí&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">21</h1>



<p>Exhausto, pero contento, estaba descansando del combate cuando Elizabeth recibió el aviso que alguien había traspasado la verja de entrada. Como no esperaba ninguna visita, su preparación militar la hizo ponerse en movimiento y levantándonos de la cama, nos pidió que nos vistiéramos mientras sacaba del armario parte de su armamento. La dureza de su expresión me hizo recordar su profesión y por eso no pude negarme a coger el fusil de asalto que me entregó.</p>



<p>-Toma a nuestras niñas y llévatelas al bunker.</p>



<p>&#8211; ¿Qué ocurre?</p>



<p>-Nada bueno- sucintamente respondió mientras a nuestros oídos llegaba el sonido de una ráfaga de disparos.</p>



<p>Sabiendo que los que llegaban venían a matarnos, besé a la pelirroja y le pedí que, de llegar el caso, huyera sin mirar atrás, porque para mí ella era más importante que mi vida.</p>



<p>-Te veo cuando esto termine- acariciando mi mejilla, replicó mientras desaparecía corriendo por las escaleras.</p>



<p>Reconozco que me aterrorizó saber que seguramente no volvería a verla y por eso, sacando unas pistolas y dos granadas del armero, di las armas cortas a Lidia y a María, colgando las bombas de mano de mi cinturón. Acto seguido corrí hacía la instalación del sótano.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como no podía ser de otra forma, las dos mujeres me siguieron y en breves segundos, llegamos al lugar donde horas antes Elizabeth las torturó. Todavía el suelo estaba húmedo y al pasar por las jaulas, curiosamente, ambas sonrieron y murmuraron que su dueña no las defraudaría y conseguiría acabar con los sicarios. Sin compartir su seguridad, me quedé callado y cerré a cal y canto nuestro refugio mientras cogía el móvil y llamaba a mi contacto del CNI, por si podía acudir en nuestra ayuda. El teléfono de Manuel estaba desconectado, pero aun así dejé el mensaje mientras recordaba que la sala desde la que había visto a la pelirroja haciéndolas sufrir contaba con un sistema de vigilancia desde el cual podía conocer lo que ocurría en el exterior.</p>



<p>Por ello, corrí a ver en las pantallas cómo iba la escaramuza, pero sobre todo si la americana estaba a salvo. Reconozco que respiré brevemente al verla viva respondiendo al ataque con su fusil. Desgraciadamente, también comprobé que los sicarios encargados de darnos muerte eran muy superiores en número a los policías que nos defendían. En un silencio sepulcral, los tres ahí guarnecidos fuimos testigos de cómo iban cayendo uno a uno esos agentes de la ley a pesar del arrojo y la valentía que mostraron. Su jefa, la pelirroja que me había enamorado, no fue menos valiente y antes de ver cómo recibía un balazo en el pecho, se deshizo de al menos media docena de los atacantes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_044_8507.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>La certeza de su muerte me destrozó y cogiendo la metralleta que me había dado, juré que vendería cara mi piel mientras por las pantallas veíamos que, habiendo vencido toda resistencia, los cinco miembros del cartel que seguían vivos comenzaban a revisar la casa en nuestra búsqueda.</p>



<p>Tanto la hispana como su compañera estaban llorando cuando nos localizaron y comenzaron a intentar tirar abajo la puerta acorazada que los daría acceso al refugio. Con el sonido de los golpes resonando en mis oídos, pedí a María que de caer tenía que ser ella la que protegiera a la activista.</p>



<p>-Al menos ella debe sobrevivir- añadí: &#8211; Es la esperanza de su pueblo.</p>



<p>No supe interpretar la cara de la cincuentona y menos preví que saliendo de la sala, nos dejara encerrados en ella mientras con paso cansino se acercaba a la puerta.</p>



<p>-Por favor, piénsatelo bien. Aunque nos traiciones te van a matar- le grité a través del intercomunicador viendo cómo se ponía a quitar los cerrojos que todavía resistían las embestidas de los sicarios.</p>



<p>-Lo sé- contestó abriendo la puerta.</p>



<p>Nuestros atacantes asumieron al igual que nosotros que la madura quería cambiar su vida por la nuestra y por eso al no ser un objetivo prioritario, pasaron en tromba al bunker. María esperó a que estuvieran todos para alzando el brazo, mostrar en su mano una de las granadas con la anilla quitada.</p>



<p>-Recordad que os he amado a los tres- consiguió gritar antes de que el artefacto que había robado de mi cinto explotara.</p>



<p>La detonación no solo acabó con ella y con nuestros enemigos, sino que momentáneamente me dejó sordo y por eso no pude escuchar los lamentos de Lidia mirando los restos de la mujer que había amado tantos años. Reconozco que tampoco necesité oírlos, y tomándola entre mis brazos, busqué el consuelo que necesitábamos ambos.</p>



<p>-Dieron su vida por nosotros, pero debemos seguir adelante- conseguí decir indemne físicamente, pero destrozado en mi interior.</p>



<p>Consciente de su martirio, seguía respirando y cogido de la mano de la hispana, salimos al exterior en el momento que Manuel Espina llegaba con refuerzos en un helicóptero. El burócrata al vernos a salvo, se acercó pidiéndome perdón por no haber oído el mensaje.</p>



<p>-Estás aquí- fue mi respuesta y dejando a mi acompañante en sus manos, fui en busca del cuerpo de mi pelirroja.</p>



<p>Con paso lento, recorrí los metros que me separaban de la columna donde la vi morir y al llegar ante ella, comencé a llorar recriminándola que no me hubiese hecho caso y no huyera.</p>



<p>-Soy difícil de matar- respondió abriendo los ojos.</p>



<p>La alegría que me embargó al ver que aun malherida seguía con vida me hizo pedir auxilio y con la ayuda de Manuel, la subimos al helicóptero. De camino al hospital, temí que cada respiración fuese su última y por eso cuando el equipo de urgencias se la llevó, caí derrumbado en un sillón de la sala de espera.</p>



<p>La operación duró seis horas, seis horas en las que el del CNI no se separó de mí, pero tampoco habló. Solo cuando el cirujano salió diciendo que había salido bien pero que seguía corriendo riesgo su vida, Manuel se atrevió a decir:</p>



<p>-No tendrás la suerte de que esa zorra sin escrúpulos se muera y por el modo en que te comportas, sé que serás su siguiente víctima. Solo espero que sigas mi consejo y le ates bien corto, no vaya a ser que encima decida torturarte haciéndote padre.</p>



<p>Cinco semanas después, estaba comiendo con Lidia en un restaurante cercano cuando desde la clínica nos avisaron que Elizabeth había recuperado la conciencia. Dejando la cuenta a uno de los guardaespaldas que nos había puesto la embajada de su país, corrimos a su encuentro.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Estás hecha una pena, pecosa- susurré en su oído nada más entrar a la habitación.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su sonrisa no evitó que me percatara de lo mucho que le dolía el incorporarse y con ayuda de la hispana, conseguimos que se volviera a tumbar.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Descansa&#8230; no entiendo por qué, pero Alberto quiere que le dures muchos años- con una ternura poco habitual en ella, Lidia comentó mientras acariciaba una de sus mejillas.</p>



<p>Sacando fuerzas, la pelirroja respondió:</p>



<p>&#8211; ¿Dónde os habéis dejado a mi anciana?</p>



<p>Ni yo ni la morena habíamos caído en que no sabía del sacrificio de María y por ello, sentándome a su lado se lo expliqué poniendo énfasis en las palabras con las que se despidió.</p>



<p>-Antes de irse, nos hizo saber que nos amaba.</p>



<p>Las lágrimas de sus mejillas me hicieron saber que ese sentimiento era mutuo y que por extraño que me resultara, la fría espía la iba a echar de menos. Que precisara de un largo rato para digerir el varapalo ratificó el cariño que había sentido por ella y solo cuando la enfermera comentó que debíamos dejarla descansar, preguntó que más había ocurrido.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/320/76658647/76658647_033_0a60.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Lidia, tomando el testigo, le informó que a raíz del ataque el ejército en pleno se había levantado y echando al presidente, le habían ofrecido el puesto.</p>



<p>-Por lo que presiento, no aceptaste- más que afirmar, Elizabeth preguntó.</p>



<p>Entonces y solo entonces, poniendo sus manos en la tripa, la morenita contestó:</p>



<p>-Mi país no es un sitio seguro donde Alberto pueda criar a sus hijos. Por eso, lo rechacé.</p>



<p>Girándose hacía mí, con la mirada, quiso que le confirmara la noticia.</p>



<p>-Te tienes que recuperar pronto. Vas a ser madre a través de esta zorrita y sin tu ayuda, no sabríamos cómo educar a nuestra hija para que no salga activista.</p>



<p>&#8211; ¿Va a ser niña? – esperanzada, preguntó.</p>



<p>-Eso espero y de ser así, se llamará Isabel.</p>



<p>Dos nuevas lagrimas brotaron de sus ojos, pero esta vez de alegría y sin dar tregua a la convaleciente, Lidia añadió:</p>



<p>-Lo que no te hemos contado es que mi hermano, que es ahora el presidente, nos ha prometido que va a cambiar la legislación permitiendo el poli amor. Así que cuando nazca Isabel, no solo llevará el apellido del padre y el mío sino también el tuyo.</p>



<p>-Isabel Burns Esparza Morales- musitó feliz mientras cerraba los ojos.</p>



<p>Que antepusiera los de ellas al Morales no me importó y viendo que se había quedado dormida, cogí de la cintura a la hispana urgiéndola a marchar:</p>



<p>-Señora embajadora, debemos dejar descansar a nuestra amada.</p>



<p>La pérfida morena, respondió:</p>



<p>&#8211; ¡No me rebajes! Para ti y para mi dueña, ¡soy princesa!</p>



<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; FIN &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/320/76658647/76658647_061_67b4.jpg" alt="" width="787" height="524"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: “Una jovencita y sus problemas trastocaron mi vida 9” (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Feb 2026 17:37:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
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		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[18 Sintiéndome un imbécil por lo cerca que había estado de confiar en ellas tras lo que acababa de ver y escuchar, me quedé planeando y pensando mis siguientes pasos. Aunque tenía claro que ese par de putas ambicionaban seguir su relación bajo el paraguas de un matrimonio hetero y que, por tanto, su supuesta entrega solo era un paripé con el que engañarme, seguía sin tener idea de cómo debía actuar. Ya que a pesar de saber que el egoísmo era lo que las impulsaba a tenerme a su lado, era evidente que las necesitaba para seguir vivo: «Elizabeth [&#8230;]]]></description>
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<h1 class="wp-block-heading">18</h1>



<p>Sintiéndome un imbécil por lo cerca que había estado de confiar en ellas tras lo que acababa de ver y escuchar, me quedé planeando y pensando mis siguientes pasos. Aunque tenía claro que ese par de putas ambicionaban seguir su relación bajo el paraguas de un matrimonio hetero y que, por tanto, su supuesta entrega solo era un paripé con el que engañarme, seguía sin tener idea de cómo debía actuar. Ya que a pesar de saber que el egoísmo era lo que las impulsaba a tenerme a su lado, era evidente que las necesitaba para seguir vivo:</p>



<p>«Elizabeth es a ellas a quién protege y no a mí. Si descubro lo que sé, se darán cuenta de que me han perdido y quizás se busquen a otro incauto», me dije valorando en su medida el riesgo que correría si me quedaba sin el amparo del gobierno yanqui. El odio que me producían no consiguió nublarme la razón y en la soledad de mi cuarto, asumí que debía de ser más inteligente que ellas y jugar mis bazas.</p>



<p>«Hasta que vea claro el camino que debo seguir, tengo que seguir disimulando y hacerles pensar que creo en sus disculpas», sentencié con una rara tranquilidad.</p>



<p>Seguía inmerso en ello cuando el ruido de un coche a través de la ventana, me alertó de la llegada de alguien. Por un momento, me aterrorizó pensar que eran unos sicarios, pero la ausencia de reacción por parte de los escoltas que nos protegían, me hizo comprender que debía de ser un conocido de ellos. Supe quién era al oír el sonido de la voz de la pelirroja impartiendo órdenes a sus subordinados y por unos segundos, medité si ir de frente y reclamarle que no hubiese hecho nada por evitar la situación en la que me hallaba.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/59/50263741/50263741_023_8c78.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Nuevamente, pudo más la cordura y sabedor que si seguía respirando se debía únicamente a su protección, me senté a esperarla lleno de ira. Que en vez de venir a verme se dirigiera a donde permanecían las novias amándose, me cabreó aún más al asumir que para esa mujer ellas eran las importantes. Estaba todavía haciéndome a la idea cuando de pronto escuché sus gritos exigiendo explicaciones a la latina:</p>



<p>&#8211; ¿No habíamos quedado en que dejarías que fuera yo quien decidiera qué hacer con esa información? Ahora, Alberto va a creer que quebranté su confianza y tendrá razón. ¿Cómo has podido ser tan insensata?</p>



<p>Juro que mi corazón dio un vuelco de alegría el saber que nada había tenido que ver con la publicación y por eso intenté oír qué respondía Lidia, pero o no dijo nada o lo hizo tan bajo que no me fue posible e intrigado me quise acercar, pero en el último momento me quedé sentado:</p>



<p>&#8211; ¿No te das cuenta de que, si ya de por sí los jefes del cartel te tenían enfilada, y que tras caer su responsable financiero te has convertido en la enemiga a batir junto con todos los que estén a tu lado?</p>



<p>La morena debió decir algo en su defensa, pero a mis oídos solo llegó el cabreo de la pelirroja antes de dar un portazo dejándolas solas:</p>



<p>-No dudes que te echaré a los lobos si algo le ocurre al hombre que adoro.</p>



<p>Apenas me dio tiempo a digerir lo que esa mujer sentía por mí antes de aparecer por mi habitación:</p>



<p>-No tuve nada que ver- casi llorando comentó sin atreverse a entrar.</p>



<p>Por la expresión de su rostro supe que esperaba una reacción hostil por mi parte y por ello, le costó comprender que, regalándole una sonrisa, le pidiera que se acercara.</p>



<p>-Te juro que había quedado con ese par que&#8230;.</p>



<p>Interrumpiéndola, la tomé de la cintura. La fría asesina se derrumbó en cuanto estiré mi brazo y la abracé.</p>



<p>-Déjame que te explique-sollozó.</p>



<p>Cerrando sus labios con mis besos, le hice saber que no necesitaba que me dijera nada.</p>



<p>-Estás aquí y con eso me basta- fue lo único que escuchó mientras la tumbaba sobre la cama.</p>



<p>Aunque su mirada reflejaba preocupación, reaccionó buscando que nuestros cuerpos entraran en contacto y por eso cuando notó que estaba intentando desabrochar su blusa, ya nada pudo evitar que se dejara llevar por la lujuria.</p>



<p>-Amor, no es el momento- inútilmente protestó al sentir que liberaba su pecho de la presión del sujetador.</p>



<p>-Sí que lo es, pecosa- contesté mientras me apoderaba de uno de sus pezones con la boca.</p>



<p>El gemido que brotó de su garganta con ese húmedo arrumaco me hizo comprender lo mal que la había interpretado y finalmente reparé en que la noche que pasé en su casa, no solo me había regalado su cuerpo, sino su alma y sintiéndome en deuda, decidí entregarle la mía. Elizabeth me facilitó las cosas al cerrar los ojos mientras disfrutaba de mis caricias sin saber a qué atenerse.</p>



<p>-Soy tuya- suspiró al sentir mi legua lamiendo su seno.</p>



<p>-Eres tú, quien es mi dueña- respondí despojándola del resto de su ropa.</p>



<p>Un nuevo sollozo me confirmó el agrado con el que recibía mis palabras y por ello, no me extrañó que llevara su mano a mi entrepierna. Al descubrir mi miembro erecto, no lo dudó y bajándome la bragueta, metió una mano en ella mientras usaba la otra para quitarme el pantalón.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/59/50263741/50263741_047_6dcd.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Ámame, ¡por dios! ¡Lo necesito!</p>



<p>La urgencia que destilaba su mirada me hizo reaccionar y ayudándola, me terminé de desnudar sin que me importara ya la diferencia de edad que la llevaba.</p>



<p>-Si algo te llega a pasar, no sabría qué hacer- musitó cogiendo mi pene entre sus manos.</p>



<p>La ternura de su voz chocó frontalmente con su calentura y es que mientras se ponía a masturbarme, la mano que tenía libre había buscado acomodo entre sus muslos. Más excitado de lo que debía de haber demostrado, descubrí que de algún modo se había quitado la ropa interior cuando con mis dedos recorrí el desnudo trasero de la pelirroja. Sorprendido, seguí acariciando sus nalgas en un intento de no llevarle demasiada delantera cuando inevitablemente me corriese.</p>



<p>-Alberto, no me merezco tu cariño. He sido incapaz de prever que ese par de putas no me harían caso-&nbsp; suspiró sin dejar de pajear.</p>



<p>Enternecido por sus disculpas, azucé su entrega explorando con mis dedos la raja de sus cachetes si otra intención que amarla. Elizabeth malinterpretó que sobara su trasero y moviendo sus caderas, me preguntó:</p>



<p>-Si te entrego mi culito, ¿podrás perdonarme?</p>



<p>Su pregunta me dejó alucinado, ya que durante las dos noches que habíamos compartido nunca se había mostrado tan abiertamente dispuesta a dármelo. Temiendo que accediese por los motivos equivocados, repliqué que no tenía nada que perdonarla.</p>



<p>-Entonces&#8230; ¿no lo quieres? ¿No te apetece ser el primero en usarme de esa forma? &#8211; me dijo mientras se ponía a cuatro patas sobre el colchón.</p>



<p>Encandilado por semejante oferta, introduje una yema en su ojete. Elizabeth al experimentar esa intrusión, sintió renacer con fuerza su deseo y antes de que me diera cuenta, colapsó sobre las sabanas corriéndose. La sorpresa de verla disfrutar no me paró y profundizando en su inesperado clímax, metí y saqué el dedo de su trasero sin volverme loco.</p>



<p>&#8211; ¡Siempre consigues llevarme al cielo! – exteriorizó su felicidad al notar el ritmo cada vez más rápido con el que premiaba su entrega.</p>



<p>Implícitamente me acababa de decir que estaba lista y separando sus nalgas con las manos, observé que no estaba relajada. Por ello y sin avisar, metí mi lengua en esa virginal entrada y su sabor picante me envolvió provocando que mi excitación creciera.</p>



<p>&nbsp; ― ¿Estás convencida de dármelo? – pregunté mientras entre mis piernas mi pene lucía una brutal erección.</p>



<p>Aunque era una pregunta retórica, no dudó en responder y usando sus propias manos para separar ambos cachetes, susurró:</p>



<p>―No puedo darte algo que ya es tuyo.</p>



<p>La renuncia que se escondía tras esa afirmación me hizo obviar mis reparos y tomando un poco del flujo que manaba de su coño, embadurné su ojete.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Toda la vida guardé celosamente mi trasero para el hombre con el que pasaría el resto de mi vida- sollozó al sentir que aproximaba mi glande a su ojuelo.</p>



<p>El significado de sus palabras me impactó al ver en ello una declaración y dudando si yo era ese hombre o si me merecía ese honor, no me atreví a tomar posesión de él. La pelirroja al notar mis recelos, decidió tomar cartas en el asunto y dejándose caer hacia atrás, forzó dolorosamente su culo. Con ese sencillo movimiento, mi virilidad fue haciéndose dueña de sus intestinos poco a poco y sin quejarse, pero con un rictus de dolor en su rostro, siguió presionando hasta que se sintió empalada por completo. Entonces y solo entonces, rugió diciendo:</p>



<p>―Me encanta.</p>



<p>Por si fuera poco, sumida en una calentura sin par, llevó sus manos hasta los pechos para acto seguido dar un duro pellizco en cada uno de sus pezones, buscando quizás maximizar su excitación. La jugada le salió bien porque todavía no había comenzado a moverme cuando, mordiendo la almohada, se corrió sonoramente. Su renovado placer me hizo no esperar más y mientras la pecosa se retorcía gozosa sobre las sábanas, con ritmo pausado, comencé a sacarla de su interior. Mi lentitud exacerbó la pasión que sentía y cuando todavía tenía la mitad de mi verga dentro, con un breve movimiento de caderas, se la volvió a encajar hasta el fondo.</p>



<p>―Hazme saber que soy tuya, ¡por favor! ― chilló.</p>



<p>Vi en su grito el permiso que necesitaba para iniciar el asalto y mientras yo hacía todo lo posible por sacársela, Elizabeth lo evitaba al empalarse con ella nuevamente. De ese modo, nuestro ritmo se fue acelerando consiguiendo que nuestro lento galope inicial se fuera desbocando.</p>



<p>-Sigue, por Dios- la pecosa me imploró.</p>



<p>Como todo el mundo comprenderá, acepté su sugerencia y por eso, La premié apuñalando el interior de sus intestinos.</p>



<p>― ¡Demuestra a esas putas quién es tu mujer! ― aulló, voz en grito, al sentir mis manos apretujando sus dos pechos.</p>



<p>&nbsp;Sonreí complacido al percatarme de que si la pelirroja gritaba tan fuerte era para que María y Lidia la escucharan. Eso lejos de molestarme, me excitó y deseando que fuera así, azucé a mi montura con un duro azote sobre sus ancas mientras le exigía que diera rienda a su placer. Con esa nalgada, la americana sintió que el placer volvía a acumularse en su interior y olvidando que su propósito inicial, me exigió que continuara con mas, confirmando de esa manera que le gustaba ese tipo de trato. No tuvo que decírmelo una segunda vez y, alternando de una nalga a la otra, marqué el compás con el sonido de mis azotes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/59/50263741/50263741_049_4eda.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>― ¡Cómo me gusta sentirme indefensa en tus brazos! ― aulló al notar que, en vez de cortar su excitación, ese maltrato la estaba incrementando.</p>



<p>Ni que decir tiene que disfruté de su entrega hasta que, con su trasero totalmente colorado, se dejó caer sobre las sábanas y ante su propia sorpresa, se vio inmersa en otro orgasmo no menos brutal.</p>



<p>― ¡Me vuelves loca! ― exclamó al saber que su cerebro estaba a punto de explotar.</p>



<p>Los gritos de la pelirroja fueron el empujoncito que me faltaba y cogiendo sus rosadas areolas entre mis dedos, las pellizqué con dureza mientras seguía machacando su culo con mi pene. Esos pellizcos fueron su perdición y sin poderlo evitar, un clímax sin par la dominó.</p>



<p>Sabiéndola derrotada, me concentré en mí y apuñalando su esfínter, derribé las últimas murallas que evitaban que se sintiera completamente mía.</p>



<p>― ¡Riega a tu pecosa! ― consiguió gritar antes de caer agotada sobre las sábanas.</p>



<p>Su renovado placer coincidió con el mío y ya agotado, premié su entrega con mi simiente. Al notarla recorriendo sus intestinos, decidió no fallarme y moviendo sus caderas, no cejó en su empeño hasta que consiguió que me vaciara por completo en ella. Contento con mi labor, pero sin fuerzas para nada más, me tumbé a su lado. La americana me abrazó agradecida y llenándome con sus besos, me juró que me sería fiel hasta la muerte.</p>



<p>Podrá parecer extraño, pero al romperle el trasero había sellado nuestra unión y comprendí que la adoraba. Por ello, acariciando su rojiza melena, le solté que mis sentimientos. Levantando su cara de mi pecho, me miró incrédula y contestó:</p>



<p>-No me mientas, por favor.</p>



<p>-No lo hago, mi pecosa. Lo único que no te puedo asegurar es que pueda vivir lo suficiente para demostrártelo.</p>



<p>Cómo agente de inteligencia comprendió el problema, pero luciendo una sonrisa de oreja a oreja, intentó engañarme diciendo:</p>



<p>-Con mi protección, ni tú ni tus zorritas tenéis nada que temer.</p>



<p>-A esas dos, me da lo mismo si les clavas una lanza por el culo&#8230; ¡se lo tendrían merecido!</p>



<p>Mi exabrupto la hizo reír y demostrando que a pesar del cariño que me brindaba, la violencia seguía en ella, con una sonrisa en la boca, me soltó:</p>



<p>-Como dices tanto, Lidia como María se merecen un escarmiento y si lo deseas, yo puedo dárselo.</p>



<p>&#8211; ¿Qué has planeado? – no evité preguntar.</p>



<p>Viendo mi interés, contestó:</p>



<p>-Nada que debas saber ahora, pero no te preocupes ¡te gustará la sorpresa que les tiene reservada tu pecosa!&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">19</h1>



<p>Tras ese asalto, Elizabeth me llevó al baño y metiéndome en el jacuzzi, me deleitó con su impresionante y dulce voz mientras se entretenía enjabonándome. En sus maneras descubrí no solo su cariño, sino que estaba concentrada pensando en el modo que en que haría efectiva mi venganza. Por eso no me extrañó que una vez bañado, tras vestirme, me pidiera que la siguiese. Mi confianza al acompañarla sin preguntar se vio compensada cuando, en el sótano de la mansión, me mostró unas instalaciones que jamás supuse encontrar.</p>



<p>&#8211; ¿En qué estaba pensando tu gobierno al construir esto? &#8211; exclamé.</p>



<p>La pelirroja no tuvo reparo en contestar:</p>



<p>-Las diseñaron por si teníamos que sacar información a algún invitado.</p>



<p>Todavía impresionado, dejé que me enseñara que ese refugio contaba, además de unas jaulas que reconocí como mazmorras, con una sala en la que un potro de tortura y demás aditamentos me dejaron meridianamente clara su función. Tras lo cual, llevándome a una habitación desde la cual se podía observar lo que sucedía en toda la planta mediante una serie de espejos, me preguntó con cuál de las zorras me apetecía que empezara. Reconozco que estuve a un tris de echarme atrás al ver sus ojos el odio que las tenía, pero, recordando que por su causa estaba encerrado en esa finca, respondí que me daba igual la que eligiera.</p>



<p>-Ponte cómodo que ahora vuelvo- dijo al desaparecer.</p>



<p>Aunque me pareció una eternidad, apenas debieron pasar unos minutos cuando los gritos de esas putas me alertaron de su llegada. Sé que me comporté como un cerdo cuando no pude dejar de sonreír al ver que las traía tirando de sus melenas y que con todo lujo de violencia las metía en dos jaulas diferentes.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/59/50263741/50263741_082_53d7.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Desnudaos- ordenó sin alzar la voz.</p>



<p>Al negarse ambas, no insistió. Mientras la latina y su novia seguían protestando, tomó una manguera y abriendo el grifo, dedicó unos momentos a bañarlas por entero.</p>



<p>-Nos vemos en cinco minutos- dijo dejándolas solas.</p>



<p>Ninguna de las dos entendió esa maniobra hasta que desde el techo notaron el abrazo gélido del aire acondicionado a toda potencia, pero aun así esperaron a que se volviese insoportable la ropa mojada antes de pedir a gritos que lo apagara.</p>



<p>-Desnudaos- volvió a exigir al retornar a su lado.</p>



<p>En esta ocasión, ambas obedecieron despojándose de sus vestidos. Al verlas en ropa interior, sonrió diciendo:</p>



<p>-Dije desnudas- tras lo cual, volvió a bañarlas y se sentó frente a ellas.</p>



<p>&nbsp;Mientras se quedaban en pelotas, Lidia tuvo el coraje de enfrentarse a la pelirroja:</p>



<p>-Zorra, ¿qué quieres de nosotras?</p>



<p>Sin dejar la silla ni alterarse, Elizabeth respondió:</p>



<p>-Que mi hombre disfrute mientras os torturo.</p>



<p>Esa respuesta las dejó aún más heladas y por eso tardaron unos segundos en pedir mi ayuda. No tengo duda de que tenían la esperanza de que acudiría a liberarlas, pero cuando los minutos pasaron sin que respondiera a sus gritos, esa seguridad quedó hecha añicos y llorando rogaron a su captora que tuviese piedad de ellas.</p>



<p>-Estoy en un dilema, no sé con cuál debo empezar&#8230;- con tono dulce comentó la pelirroja: -&#8230;por lo que os lo dejo a vuestra elección. Seré menos dura con la primera que diga el nombre de la otra.</p>



<p>Desde la cómoda butaca en la que había posado el trasero, comprendí que la pelirroja deseaba crear una brecha entre ellas, pero dudé de su efectividad al ver que tanto Lidia como María en cierta forma se habían adaptado al frio. Como si hubiese leído mis pensamientos, la espía se puso en acción y lanzando sobre ellas el contenido de dos cubetas, volvió a sentarse.</p>



<p>-Dentro de nada, comenzareis a sentir una especie de comezón en vuestra piel que se irá intensificando hasta volverse doloroso y que solo parará cuando nuevamente os bañe. Así que decirme, ¿con cuál queréis que empiece?</p>



<p>-Cuando salga, pienso denunciarte- chilló Lidia cuando muy a su pesar comenzó a rascarse.</p>



<p>&#8211; ¿Quién te ha dicho que algún día saldrás? &#8211; dejó caer mientras maximizaba el desapego que sentía poniéndose a leer una revista.</p>



<p>La implícita amenaza que les había lanzado a la cara, las hizo temblar y nuevamente pidieron mi ayuda:</p>



<p>-Alberto, ésta tía está loca. Por favor, sácanos de aquí.</p>



<p>Cuando no respondí y la piel le ardía, María decidió tomar la iniciativa pidiendo que fuera ella la primera en ser torturada. Reaccionando ante el sacrificio de su pareja, la latina desde la jaula de al lado imploró a la pelirroja que la tomara a ella echándose la culpa de mis problemas.</p>



<p>-Tanto peca el que mata a la vaca como el que le coge la pata- sin levantar la vista de lo que estaba leyendo, respondió demostrando su dominio de nuestro idioma.</p>



<p>Las dos mujeres comprendieron que no le bastaba que se autonombraran y que lo que realmente buscaba la gringa era que se traicionaran entre ellas y por eso casi al unísono, ambas le gritaron que jamás conseguiría su propósito.</p>



<p>-Por supuesto que lo conseguiré. Mi única duda es cuál de las dos echará a los perros a la otra.</p>



<p>Sabiendo que no podían esperar nada de ese témpano de mujer, por tercera vez pidieron mi intervención. Asumiendo que debía hacerles llegar mi negativa para que no siguieran soñando con ella, apreté el botón del intercomunicador diciendo:</p>



<p>-Elizabeth, cariño. Te apuesto una cena a que será Lidia.</p>



<p>-Te equivocas, mi amor. Será la puta que algún día creíste tu amiga- girándose hacia el espejo, sonrió.</p>



<p>Tal y como preví, esa conversación derrumbó la última confianza de las cautivas y gimiendo desconsoladas, se retorcieron en el suelo con la esperanza que el agua ahí derramada les sirviera para aliviar el picor que les recorría la piel. Tarde comprendieron que en tan pequeña dosis ese líquido solo lo incrementaría y ya descompuestas, imploraron que las bañara.</p>



<p>-Lo haré cuando alguna designe a la otra.</p>



<p>Siguiendo la lógica que había previsto, empezaron a discutir entre ellas sobre cuál debía traicionar a la otra. Ninguna quería dar el paso y por eso tuvo que pasar todavía unos diez minutos antes de que la latina dijera “María”. La carcajada de Elizabeth al escuchar la traición hasta a mí me resultó siniestra y aún con el corazón encogido observé que tomando la manguera cumplía la promesa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/59/50263741/50263741_092_8a90.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Zorra, ¡dejé todo por ti! &#8211; no tardé en escuchar el reproche de la cincuentona mientras Lidia le retiraba la mirada.</p>



<p>La angustia de la morena se incrementó cuando, abriendo la jaula, Elizabeth sacó a la que era su novia de los pelos.</p>



<p>-Llévame a mí- sintiéndose una piltrafa, rogó.</p>



<p>-Tu arrepentimiento llega tarde- la pelirroja contestó mientras se llevaba a rastras a María.</p>



<p>Increíblemente tranquila, la castaña esperó a que cerrara los grilletes en la camilla donde sería torturada para con un arrojo fuera de lugar pedir a la mujer que empezara, que no la temía.</p>



<p>-Anciana, sé que me temes- forzando su boca con la lengua, respondió.</p>



<p>Ese beso y que le hubiese llamado con el nombre de sumisa, hizo que mi ex amiga se confiara y mientras sentía que le adosaba unos electrodos por el cuerpo, se ofreció a satisfacerla sexualmente si la liberaba.</p>



<p>-Para eso, no me haces falta. ¡tengo a Alberto! &#8211; le informó y sin que supusiera ningún esfuerzo, encendió la corriente.</p>



<p>El chillido de dolor que brotó de su garganta mientras su cuerpo era zarandeado obligó a la hispana a taparse los oídos y ciertamente a mí me hizo dudar si deseaba ver cómo mi amante culminaba la venganza. Apenas fueron unos segundos, pero la dejaron agotada y por eso ni siquiera se movió cuando la pelirroja le incrustó un enorme pene en la vagina.</p>



<p>-Como bien sabes o al menos sospecharas, para que una tortura sea eficiente se debe alternar placer y sufrimiento. Por eso mientras me ocupo de la traidora, disfruta un poco.</p>



<p>&nbsp;Aun sabiendo lo que le venía, María no pudo evitar gemir cuando el dispositivo de su coño y los electrodos que tenía en pecho y ojete comenzaron a cumplir su labor.</p>



<p>-Ves, anciana. Al contrario que en vosotras, en mí se puede confiar que cumpliré lo que prometo. No luches y déjate llevar&#8230; mientras vuelvo.</p>



<p>Desde mi privilegiada posición, presté atención a cómo poco a poco la cincuentona se iba calentando mientras en la otra habitación, mi pecosa obligaba a la hispana a ponerse un sugerente camisón. Reconozco que, valorando lo guapa que estaba con el pelo mojado y ese tul, no comprendí esa tan atípica vestimenta en una cautiva. Mordiendo sus labios, la pelirroja le anticipó que cuando la reuniera con su novia debía hacerla disfrutar con la lengua o por el contario que asumiera las consecuencias.</p>



<p>-Así lo haré, mi señora- temblando de miedo, respondió.</p>



<p>Aumentando su humillación, abrochó un collar de perro alrededor de su cuello y mediante una correa, la llevó gateando donde María seguía debatiéndose por no caer en el placer.</p>



<p>-Mira la cachorrita que ha adoptado- girándole la cara, la hizo contemplar que Lidia estaba vestida a sus pies.</p>



<p>-Zorra, ¡te has vendido! &#8211; rugió llena de ira sintiéndose nuevamente traicionada por la morena a la que tanto había querido.</p>



<p>Cuando ésta intentó disculparse, tirando de la cadena, Elizabeth le recordó que el pacto al que habían llegado y tras sentarse en una silla, la azuzó a comenzar. La relación que la cincuentona había creído eterna se desmoronó cuando Lidia sacó la lengua y comenzó a lamer la almeja de su captora</p>



<p>&#8211; ¡Alberto! ¡Qué razón tenías cuando decías lo bien que te la mamaba tu princesa! &#8211; girándose hacia mí, chilló la americana.</p>



<p>Ante la consternación de las cautivas, usé nuevamente el intercomunicador para alabar el desempeño que siempre había mostrado conmigo:</p>



<p>-Princesa es una máquina y su lengua una delicia.</p>



<p>-Sí, que lo es. Tengo los pezones excitados y apenas me ha dado un par de lametazos. Creo que esta noche, la llevaré a tu cama para que la desvirgues.</p>



<p>-Estaré esperándola, nada me apetecería más que tener a dos bellezas como vosotras a mi lado.</p>



<p>La indignación de María se maximizó al percatarse del tamaño que habían adquirido los pezones de la morena con el cariñoso recibimiento que recibiría en pago de su traición y desgañitándose, gritó que cómo podía aceptar en mi cama a una puta después de lo que había hecho, haciendo hincapié en que no había dudado en publicarlo a sabiendas de la situación en que me pondría.</p>



<p>&#8211; ¿Por qué lo hiciste? Mi pequeña y dulce princesa- acariciando su negro pelo, la pecosa preguntó.</p>



<p>-Por el bien de mi patria- sollozó dejando por un momento de lamerla.</p>



<p>&#8211; ¡Mentira! Fue tu ambición sin límite la que te indujo a hacerlo- desde la camilla y mientras la ira magnificaba lo que estaba sintiendo, la que había sido su pareja hasta hace menos de una hora exasperada gritó.</p>



<p>Sin mostrarse contrariada, Elizabeth levantó la cara de la latina y la besó mientras rehacía la pregunta:</p>



<p>&#8211; ¿Qué ambicionabas bella criatura?</p>



<p>-Quería que el presidente cayera y que el clamor popular hiciera que me nombraran en su lugar- derrumbándose ante la ternura de la pelirroja, reconoció.</p>



<p>Sin dejar de acariciarla y mientras a dos escasos metros, María caía por la colina que le llevaría al orgasmo, insistió en el sutil pero efectivo interrogatorio.</p>



<p>-Y Alberto, ¿qué pintaba? No lo necesitabas para ser la primera presidente de tu país.</p>



<p>Sucumbiendo al fin al placer, la castaña contestó por ella:</p>



<p>-Claro que lo necesitaba, la guarra a la que llamáis princesa sabía que sus compatriotas nunca aceptarían una lesbiana gobernándolos.</p>



<p>Por el movimiento de las caderas de María supe que se estaba corriendo y como yo, también su torturadora, la cual sonriendo giró el mando que intensificaba la potencia de los artilugios que llevaba adosados al cuerpo, mientras con estudiada dulzura preguntaba a la morena:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/5/117/94626959/94626959_013_aed2.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&#8211; ¿Es eso cierto? Mi preciosa princesa. ¿Querías casarte con Alberto para que evitar las suspicacias de tu gente? ¿Acaso no sientes nada por él?</p>



<p>No contestó y de nuevo fue María la que habló:</p>



<p>-Claro que siente algo: ¡celos! No soportaba que tras tantos años yo siguiera enamorada de él.</p>



<p>&#8211; ¡Eso fue al principio! ¡Pero al conocerlo también yo me enamoré! &#8211; desesperada y como gato panza arriba, se defendió.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tú solo amas a tu ambición y como a mí, tampoco dudaste en traicionarlo para salvar tu culo- sin dejar de menear el trasero al ritmo que le marcaba el consolador, bramó la cincuentona.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las lágrimas de la hispana aceptando la crítica hicieron saber a la pelirroja que poco más podía sacar de ellas. Por lo que, dando por finalizada su intervención, ató a Lidia con unas esposas de la pared y volvió donde María:</p>



<p>-Anciana, toma esta fusta y castiga a la princesa. Puedes hacer lo que quieras con ella, pero abstente de metérsela por el coño. Cuando acabes, tráela al cuarto de mi hombre, para que él sea el que decida vuestro destino mientras la desvirga.</p>



<p>Los sonidos de la vara impactando contra el culo de la hispana y la melodía de sus gritos nos acompañaron por las escaleras de vuelta a la habitación.</p>



<p>-Te recuerdo, mi adorada pecosa, que me debes una cena.</p>



<p>-Lo sé, amor mío, lo sé- respondió con una sonrisa embelleciendo sus facciones.</p>



<p>Viendo lo poco que le había afectado perder la apuesta, añadí que me había defraudado como interrogadora, ya que no les había sonsacado nada que no supiera con anterioridad.</p>



<p>-No fue esa mi intención.</p>



<p>&#8211; ¿Entonces cuál? &#8211; extrañado, pregunté.</p>



<p>Su cara risueña desapareció y fue sustituida por un rostro pétreo:</p>



<p>-Lo que hicieron esas malditas no tiene marcha atrás y de ahora en adelante vas a necesitar protección. Para asegurártela, será necesario que esa Lidia cumpla su sueño y que te cases con ella. Por ello, decidí destruir su relación.</p>



<p>-No entiendo.</p>



<p>-Cariño, llevan mucho tiempo sosteniéndose una a la otra. Ahora que se odian y a su manera te aman, ambas verán en ti el único salvavidas con el que cuentan.</p>



<p>-Sigo sin entender- reconocí.</p>



<p>&#8211; ¡Por dios! ¡Estás espeso! – desesperada por mis pocas luces, exclamó: &#8211; Las mujeres que van a aparecer en nuestro cuarto no serán ellas, ¡habrán cambiado! Al haber destrozado sus valores, serán dos lienzos en blanco que podremos pintar a nuestro gusto.</p>



<p>Comprendiendo a medias, quise saber en qué había pensado en convertirlas mientras la tomaba de la cintura.</p>



<p>Muerta de risa y mientras se pegaba a mí, respondió:</p>



<p>-Cuando llegué a tu cama, esas guarras ayudaron a que un viejo como tú me engatusara. Debo agradecérselo haciendo de ellas los juguetes sexuales que añadan el picante que necesitaré para aguantarte el resto de mi vida.</p>



<p>Despelotado por su dulce menosprecio y sin medir sus consecuencias, pregunté a la americana qué pasaría si teniéndolas en mi cama me olvidaba de ella.</p>



<p>-No te lo aconsejó- contestó apretando mis huevos entre los dedos: -Soy extremadamente celosa y si algún día me abandonas, ¡no dudaré en hacer de ti un eunuco!&#8230;</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/5/117/94626959/94626959_014_5bec.jpg" alt="" width="680" height="454"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Una jovencita y sus problemas trastocaron mi vida 8&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 17:19:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Pocas horas después, el sonido de una melodía me despertó y al abrir los ojos, me topé con Elizabeth a mi lado. Avergonzada al ser descubierta velándome mientras cantaba, calló. Pero entonces le pedí que siguiera, reconociendo mi sorpresa de que tuviera una voz tan formidable. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; -Tu pecosa tiene muchos dones que todavía no conoces- susurró deslizándose por mi cuerpo mientras retomaba la canción. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; Increíblemente, mi vetusta anatomía se reactivó al sentir que agarrando mi pene como si fuera un micrófono la traviesa pelirroja comenzaba a menearlo. &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; &#8211; ¿Entre ellos no estará el ser maga? &#8211; riendo [&#8230;]]]></description>
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<p>Pocas horas después, el sonido de una melodía me despertó y al abrir los ojos, me topé con Elizabeth a mi lado. Avergonzada al ser descubierta velándome mientras cantaba, calló. Pero entonces le pedí que siguiera, reconociendo mi sorpresa de que tuviera una voz tan formidable.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tu pecosa tiene muchos dones que todavía no conoces- susurró deslizándose por mi cuerpo mientras retomaba la canción.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Increíblemente, mi vetusta anatomía se reactivó al sentir que agarrando mi pene como si fuera un micrófono la traviesa pelirroja comenzaba a menearlo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Entre ellos no estará el ser maga? &#8211; riendo señalé mi extrañeza del tamaño que estaba adquiriendo éste tras una noche de desenfreno.</p>



<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus carcajadas me sonaron a música celestial cuando aprovechó esa inusitada erección empalándose y es que, bajo la luz de la mañana, me parecía imposible que una belleza como ella disfrutara siendo amada por alguien de mi edad. Como si hubiese leído mis pensamientos, comenzó a poseerme mientras me decía:</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Te parecerá difícil de creer, pero es la primera vez que estoy tan cachonda que quiero echar otro polvo.</p>



<p>La facilidad con la que mi sexo campeaba dentro de su vagina fue la demostración de que no mentía y asiéndome desesperado a sus nalgas, forcé el ritmo con el que me montaba.</p>



<p>&#8211; ¿Qué crees que dirán tus mujeres cuando sepan que quiero seguir siendo tuya? &#8211; preguntó al tiempo que se pellizcaba los pezones.</p>



<p>-Ni lo sé, ni me importa. Como bien sabes anoche terminé con esas zorras- repliqué un tanto molesto.</p>



<p>Sin dejar de cabalgar, Elizabeth preguntó si entonces eso significaba que me tendría para ella sola. Al decirle que sí, se lanzó en un galope desenfrenado en el que sus gritos de placer retumbaron en el cuarto.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/262/94074609/94074609_003_4f59.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>&#8211; ¡Por dios! ¡Cómo me tienes! &#8211; chilló mientras su flujo desbordándose bañaba mis piernas.</p>



<p>Esa prueba irrebatible del orgasmo que la embargaba, aceleró mi placer y cediendo a él, exploté dentro de su vagina. Contrariamente a lo que esperaba, la pelirroja no se quejó de mi pobre desempeño y abrazándome, susurró en mi oído que llevaba tanto tiempo sin pareja que había dejado de tomar la píldora. Por su tono, no parecía molesta sino esperanzada y por eso, midiendo mis palabras, quise saber qué haría si se quedaba embrazada.</p>



<p>-Llevo mucho tiempo pensando en jubilarme y eso solo aceleraría las cosas. Ya estoy vieja para mi profesión.</p>



<p>&#8211; ¿Pero cuántos años tienes para pensar así? &#8211; exclamé confundido.</p>



<p>-Los suficientes para saber que tengo que buscarme otra cosa- contestó sin revelar su edad.</p>



<p>Como ese tema era tabú para muchas mujeres, preferí no seguir indagando y besándola, le pregunté si tenía alguna ropa que pudiera ponerme ya que tenía que ir a trabajar.</p>



<p>-Ahora vuelvo- cogiendo una bata, me dejó solo sobre la cama.</p>



<p>Confieso que pensé que iba a revisar en la casa si tenía algo de mi talla, quizás de un antiguo amante, por eso, no supe que decir cuando al cabo de unos minutos apareció con un par de camisas y un traje que reconocí como míos. Debió de ver mi extrañeza porque levantándome casi a empujones, me llevó a la ducha diciendo:</p>



<p>-Como solo tengo mis vestidos, fui a tu casa y María me los dio.</p>



<p>&#8211; ¿Todavía siguen ahí? &#8211; mascullé entre dientes mientras la americana abría el agua caliente.</p>



<p>-Están esperando a hablar contigo. Quieren disculparse- sin rastro de celos, replicó.</p>



<p>Me abstuve de responder y en silencio comencé a ducharme. Interpretando correctamente mi mutismo, la treintañera me aconsejó escuchar lo que querían decirme.</p>



<p>-Lo único que espero de ellas es que me devuelvan las llaves y desaparezcan.</p>



<p>Fue tal la rotundidad de mi deseo que Elizabeth se abstuvo de insistir y cambiando de tema, me preguntó qué era lo que desayunaba. Al decirle que un café, recordé con cierta nostalgia los que me había preparado Lidia desde su llegada a España, pero rechazando esa idea no dije nada y terminé de enjabonarme. Lo cierto fue que mientras la pelirroja se iba a poner la cafetera, el recuerdo de las dos arpías me torturó y por eso al vestirme, mi cabreó era máximo.</p>



<p>«Recuerda que son unas hijas de puta y que para ellas solo eras un medio de conseguir sus planes», me tuve que repetir para no salir corriendo a su encuentro.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Saber que añorara tanto el modo de entregarse de la cincuentona como las mamadas que últimamente recibía de mi princesa me terminó de indignar y tras beberme de un trago el café, me despedí de la americana saliendo fuera de ahí. No sé si al guardaespaldas que tenía asignado le extrañó que saliera de casa de su jefa. Lo único cierto es que no dijo nada y siguiendo con la función que le habían encomendado, me llevó sano y salvo a la oficina. Una vez ahí, sufrí el interrogatorio de mi socio preguntando si era verdad lo que Elizabeth había dicho y que en la intimidad me comportaba sexualmente como dominante.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; ¿Por qué lo quieres saber? ¿Acaso eso cambiaría algo entre nosotros? &#8211; pregunté.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Colorado hasta el tuétano, Perico reconoció que su última conquista se había quedado intrigada por esa clase de sexo y que en el calor de la noche le había pedido practicarlo, aunque fuera una sola vez:</p>



<p>-Le ofrecí intentarlo, pero no sé ni cómo empezar- comentó sacando a la luz la razón de sus problemas.</p>



<p>Despelotado de risa, lo llevé a su despacho y abriendo su ordenador, le enseñé las páginas webs en las que me había inspirado. Su cara al ver lo que consideraba a buen seguro una aberración, me hizo tratar de consolarle y señalando que esas prácticas solo se diferenciaban de la forma en la que trataba a sus parejas en que ambas partes sabían a qué atenerse, se quedó tranquilo y tímidamente preguntó sobre la dureza que debían tener sus castigos.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/262/94074609/94074609_058_0005.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Macho, cambia el chip. No va por ahí. Lo único que debes hacerla ver es quien manda y que debe de plegarse a tus deseos si quiere que la correspondas con placer.</p>



<p>-Eso ya lo hago- protestó defendiendo su virilidad.</p>



<p>-Lo ves, lo que único que varía es que siendo tu sumisa sabrá por anticipado que debe aceptar todas tus órdenes y cumplir tus caprichos.</p>



<p>&#8211; ¿Todos? ¿Incluso si le pido…?</p>



<p>Quitándole la palabra, añadí:</p>



<p>&nbsp;-Dependiendo del acuerdo que llegues con ella. Por pedir que no quede y si lo que seas es follártela en público o compartirla con un colega, pregúntaselo y si acepta, hazlo. El límite será el que ella y tú os impongáis.</p>



<p>Supe que finalmente había comprendido cuando me preguntó dónde podía comprar unos aditamentos en los que había pensado. Mientras le daba las señas de un sex shop que conocía, mi amigo me reveló sus intenciones al comentar lo guapa que estaría Ana vestida de “pony-girl”. La imagen de la americana ataviada con un bocado y unas bridas se formó en mi mente, pero no dije nada y sin despedirme, me fui a mi cubículo mientras pensaba sobré qué opinaría mi nueva amante si le llegaba pidiendo que se pusiera ese disfraz.</p>



<p>«Sería capaz de encasquetármelo a mí», concluí y rechazando su compra, abrí mi correo.</p>



<p>Al hacerlo, me saltó uno de “némesis”. Palidecí al saber que era del hermanastro de Lidia y no supe cómo reaccionar al darme cuenta de que al echar a la latina de mi casa me había puesto en peligro y que cuando ese hombre se enterara, cumpliría la amenaza de hacer público mi pasado.&nbsp; Temblando por si todo lo que había construido en los últimos veinte años se iba al garete, pensé en qué alternativas tenía y tras meditar el intentar arreglar lo mío con ese par, lo descarté más que nada por amor propio.</p>



<p>«Me niego a ser un títere en manos de esas zorras», pensé y agarrándome a un clavo ardiendo, decidí llamar a Elizabeth para que ella fuera la que hiciera llegar esa documentación a la activista.</p>



<p>Sabiendo que esa solución era momentánea, ya que más temprano que tarde Joaquín Esparza se enteraría de que habíamos terminado, hice la llamada. La pelirroja tardó unos segundos en coger su móvil, segundos que se me hicieron eternos. El tono cariñoso con el que contestó consiguió tranquilizarme y por ello, no me importó que esa monada me tomara el pelo preguntando si tanto la echaba de menos que no podía soportar estar una hora sin oír su voz.</p>



<p>-Ya sabes que sí, pero no te llamo por eso. Necesito que me hagas un favor.</p>



<p>Al preguntar cual, y a pesar de que saber que quedaría en deuda con ella, le expliqué el embrollo en que me había metido y sus consecuencias. La americana esperó a que le pidiera hacer llegar la información a su destinataria para muerta de risa decirme que no tenía por qué preocuparme y que le renviara el mail.</p>



<p>&#8211; ¿En serio no te importa dárselo tú?&nbsp;</p>



<p>-Para nada- contestó: -Ahora mismo estoy con ellas.</p>



<p>Como no podía ser de otra forma, quise saber los motivos por los que en ese instante estaba con esas dos arpías:</p>



<p>-Ya sabes que a mis superiores les interesa que sigamos en contacto y por eso les estoy ayudando a encontrar alojamiento, ya que mi “cerdito insensible” las ha dejado sin un techo donde vivir.</p>



<p>Que aprovechara el momento para restregarles en la cara que nos habíamos acostado, no me pareció mal y menos cuando gracias a su intervención esas dos putas desaparecerían de mi vida. Por eso, tras prometer compensárselo, me despedí de ella y colgué con la intención de enfrascarme en los temas que me daban de comer. Para mi desgracia, llevaba un par de horas ocupándome de mi negocio cuando apareció por mi despacho Manuel Espina, mi contacto en el CNI.</p>



<p>Como su presencia empezaba a ser habitual, dejé todo lo que estaba haciendo para recibirlo. Tal y como preví, venía en visita oficial y tras los típicos saludos, me informó que en el ministerio estaban preocupados por la campaña que desde España estaba llevando “mi novia” contra su gobierno y que querían saber de antemano que se proponía publicar para tomar medidas antes. Al no convenirme que supieran que había terminado con Lidia, preferí sacar balones fuera prometiendo tenerle al tanto y como prueba de mi buena fe, imprimí la documentación que me había hecho llegar su hermano.</p>



<p>Al no haberla leído con anterioridad a dárselo, no supe qué decir cuando leyéndola, exclamó que si me había dado cuenta que habríamos cavado nuestras tumbas si se publicaba esa información. Preocupado por su reacción, eché una ojeada a lo que le había hecho entrega. Leyendo supe que esos papeles eran la demostración de que la acusación vertida por el suicida era verdad.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/262/67312118/67312118_005_fb29.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Según esto, el actual presidente fue quien aprobó que su campaña electoral se financiara por los narcos- murmuré para mí no demasiado intranquilo.</p>



<p>&#8211; ¡Mierda! ¡Joder! ¡Alberto! ¡Es mucho más! ¡Revela las cuentas secretas del cartel y en qué banco tienen depositadas sus ganancias! En cuanto se enteren de que poseéis estos datos, pondrán precio a vuestras cabezas. Habla con ella y que se abstenga de hacerlo público.</p>



<p>Comprendiendo por fin el alcance, vencí mis reparos a hablar con la hispana. ¡Debía hacer esa llamada! Por lo que tomé mi móvil y marqué el teléfono de Lidia. La morena lo cogió inmediatamente y creyendo quizás que quería hacer las paces, se echó a llorar de alegría diciendo lo arrepentida que estaba de haberme ocultado su relación con María. Como mientras hablara conmigo, no podía publicar nada y sabiendo que le iba a rogar algo que iba en contra de la razón que la había guiado desde niña, me quedé escuchando sus disculpas:</p>



<p>-En cuanto la gente lea lo que me has mandado, el usurpador caerá y entonces te juro que tu princesa se olvidará de su misión y dedicara su vida a hacerte feliz- intentando conciliarse conmigo, comentó.</p>



<p>Asustado por sus palabras, la corté de cuajo y sin importarme la presencia de Manuel a mi lado, le conté lo que me había explicado y le rogué que no lo publicase. Por vez primera desde que había entablado su cruzada, la joven comprendió que la había llevado demasiado lejos y echándose a llorar, me pidió perdón por haberme puesto en peligro. Cabreado, le pedí nuevamente que se abstuviera de hacer una conferencia de prensa para darlo a conocer.</p>



<p>-Lo siento, mi amor. Ya lo he subido a la red y está corriendo como pólvora- aterrorizada respondió.</p>



<p>No seguí escuchando. Sin saber si había colgado o no, expliqué al burócrata que había llegado tarde y que esa bomba estaba explotando en esos momentos:</p>



<p>&#8211; ¡Su puta madre! Alberto eres hombre muerto, ni poniéndote un regimiento de escoltas puedo garantizar que mañana sigas vivo- dejándose caer en el asiento, contestó.</p>



<p>&#8211; ¡Algo se podrá hacer! – exclamé totalmente acojonado.</p>



<p>Durante un par de minutos, se quedó pensando hasta que, tomándome de las solapas, me sacó a trompicones de la oficina.</p>



<p>&#8211; ¿Dónde vamos? &#8211; pregunté sabiendo que daba igual lo que dijera, ya que para seguir respirando debía confiar en él.</p>



<p>-A un sitio seguro o al menos eso creo- fue su respuesta.</p>



<p>Que me sacara del edificio pistola en mano, incrementó mi acojono y como un zombi sin voluntad dejé que me subiera a un coche. A buen recaudo en el automóvil blindado hizo un par de llamadas, una de las cuales sin duda fue a Elizabeth ya que no podía ser de otra forma al haber sido nombrada su jefa. Por lo visto, la pelirroja no pareció sorprendida y le dio la ubicación a donde debía llevarme.</p>



<p>&#8211; ¡Esa zorra debía saber algo! No es lógico que ya lo tuviera preparado- rugió molesto mientras introducía en el GPS la dirección.</p>



<p>No pude ni quise decirle que la primera persona a la que había hecho participe de la documentación había sido a ella. Bastante tenía con asimilar que esa puta de ojos verdes me había traicionado al no evitar que Lidia cometiera el error, cuando en su condición de miembro de un organismo de inteligencia debía haber sabido las consecuencias que eso me acarrearía.</p>



<p>«Y yo que creía que estaba colada por mí», me lamenté en silencio mientras observaba que el chófer salía de Madrid por la carretera de la Coruña.</p>



<p>Apenas hablé durante las dos horas escasas que tardamos en llegar a la finca que habían designado como residencia. Desconociendo cuanto tiempo estaría ahí, miré a mi alrededor y exceptuando el caserón de piedra donde me alojaría, el resto era campo. Manuel no se cortó al inspeccionar el lugar y despotricando en voz alta se preguntó cómo era posible que los yanquis dispusieran de un sitio así en España. Como profano en temas de seguridad no veía nada raro y por eso no dudé en preguntar.</p>



<p>-Fíjate, este sitio es una fortaleza. En cada árbol hay una cámara por lo que con certeza llevan monitoreándonos desde que cruzamos la verja de entrada hace más de cinco kilómetros. No entiendo que malgasten tanta inversión en ti- comentó sin cortarse: -Estas instalaciones son de un solo uso. Cuando te marches, tendrán que desmontarlas y buscarse otras.</p>



<p>Su enfado me alegró al saber que esa mujer valoraba mi vida por encima del dinero que les costaría a los contribuyentes americanos y por eso más confiado tomé mi chaqueta para a continuación subir por la escalinata que llevaba a la puerta que se estaba abriendo. El alma se me cayó a los pies cuando de su interior salieron María y Lidia, las cuales, obviando que se debía a ellas el que me encontrara en esa situación, corrieron a mis brazos. Rechazando sus arrumacos, pregunté a un miembro del equipo de seguridad donde estaba mi cuarto.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/262/67312118/67312118_019_d8be.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Le acompaño y de paso le explicó qué debe hacer para facilitarnos la tarea de mantenerlo a salvo- abriendo camino a través de sus pasillos, comentó.</p>



<p>Mientras nos dirigíamos a la habitación, pude de pasada observar que, a pesar de su apariencia exterior, esa mansión medieval tenía todo tipo de comodidades modernas y eso lejos de calmarme, me encabronó al saber que si los Estados Unidos había considerado necesario hacer ese dispendio no era por mí sino por la latina.</p>



<p>«Ella es quién les interesa», me dije mientras escuchaba las explicaciones del tipo.</p>



<p>-Aunque el perímetro es seguro, no debe alejarse más de quinientos metros de la casa o saltaran las alarmas e iremos por usted. Además, tiene prohibido cualquier contacto con el exterior. Si necesita mandar un mensaje a alguien, deberá hacerlo por mi vía y seré yo quien lo haga. Cumpliendo a rajatabla estas instrucciones, usted y las dos mujeres pueden hacer una vida normal. La casa cuenta con un gimnasio, una sala de cine y demás facilidades que estarán a su disposición.</p>



<p>Molesto, pregunté al americano como se llamaba:</p>



<p>-Puede llamarme John Doe- contestó dejándome solo.</p>



<p>Reconozco que me hizo gracia que se autonombrara de esa forma, ya que era el alias que en su país usaban para referirse a alguien desconocido y que su versión hispana era Juan Sin Nombre. Lo que no me hizo tanta gracia fue descubrir, al revisar la habitación, que mi ropa y la de las dos arpías estaba colocada en sus armarios.</p>



<p>«Si confían en dormir aquí van dadas», rugí y cerrando con llave la puerta, me tumbé a ver la televisión desde la cama.</p>



<p>Al encenderse estaba sintonizado un programa del corazón, por lo que decidí buscar otra cosa que ver. Al revisar los canales comprobé que no solo contaba con los habituales, sino que también podía ver los de medio mundo. Al pasar por la CNN, estaban dando la noticia que a resultas de una operación de inteligencia el gobierno americano había congelado más de doscientos millones de dólares que un cartel tenía depositado en un banco de las Islas Caimán. Sabiendo que se debía a los papeles que le había dado a la pelirroja, me quedé escuchando el resto del reportaje y así me enteré que, como resultado de esa incautación, había caído el cabecilla financiero de ese grupo.</p>



<p>Al terminar y sin que los locutores lo relacionaran, hablaron de escándalo que habían producido las publicaciones de Lidia en su país, las cuales habían obligado al gobierno a dar explicaciones ante el parlamento. Explicaciones que tendrían lugar en cuatro días, aunque todo el mundo dudaba que el ejecutivo pudiera mantenerse en pie tanto tiempo.</p>



<p>«Lo normal sería que dimitieran en pleno», me dije y pensando en ello, caí en la cuenta de que, salvaguardando la vida de la latina, los yanquis se reservaban la carta de forzar que ella o alguien de su cuerda fuera nombrada para dirigir el destino de su patria: «Esos cabrones no dan un paso en falso y la utilizarán si lo consideran oportuno».</p>



<p>Meditando sobre las consecuencias que tendría para mí ese hipotético nombramiento, no supe discernir si sería bueno o por el contrario sería otra vuelta más a la soga que amenazaba con ahorcarme.</p>



<p>«Aunque se sepa que ya no andamos, sus enemigos verán en mí un método de hacerle daño, por lo que, si vuelvo con ella mal, si se va peor… ¡estoy jodido!».</p>



<h1 class="wp-block-heading">17</h1>



<p>Durante tres horas me quedé enclaustrado, ciento ochenta y tantos minutos en los que me comí la cabeza lamentando mi libertad perdida por culpa de mi bragueta. Y es que no podía echar la culpa al amigo que me pidió acogerla al asumir que había tenido muchas ocasiones para zafarme del entuerto, pero en vez de hacerlo había profundizado aún más mis problemas acostándome con María, pajeándome en la cara de Lidia y dando alas a Elizabeth para que cumpliera sus sueños. Saber que había lanzado mi vida por un precipicio y seguramente la de mi socio, por sentirme joven me produjo una angustia cercana a la depresión que no me permitía siquiera respirar. Tratando de salir de esa espiral autodestructiva, decidí dejar mi encierro y dar un paseo por el área que tenía permitida. Ya fuera de la casa, observé el mimo y buen gusto con el que algún paisajista había diseñado el jardín, reconociendo que para ser una cárcel el sitio era un paraíso.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ubicado a los pies del sistema central, esas montañas le daban un carácter único y olvidando momentáneamente que estaba cautivo, soñé con jubilarme algún día allí:</p>



<p>«Cualquiera se daría con un canto en los dientes por pasar su retiro entre estos muros», concluí mientras mi estómago me recordaba que no había tomado más que un café.</p>



<p>Renuente a volver a la mansión para no encontrarme con ellas, comprendí que era ridículo, que por mucho que lo postergara y hasta que la situación se resolviera de algún modo, no me quedaba otra que convivir con las causantes de que estuviera ahí.</p>



<p>«Aunque se lo han buscado, esas dos están en la misma situación que yo. Presas y con una sentencia de muerte a sus espaldas».</p>



<p>Por ello y haciendo de tripas corazón, recorrí el camino que me llevaba de vuelta. La presencia de hombres armados custodiando su entrada incrementó la sensación de reclusión cuando abrí la puerta. Al entrar, el olor que manaba de la cocina y que se extendía por la casa curiosamente me agradó al reconocer la mano de la hispana entre sus fogones.</p>


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<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/262/67312118/67312118_089_565f.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«Será una puta, pero como chef no tiene rival», salivé anticipadamente al rememorar la calidad de sus guisos.</p>



<p>María me recibió con una sonrisa en el comedor, sonrisa que no devolví y en silencio, tomé asiento. Agradecí que ni siquiera intentara entablar una conversación y mientras colocaba la mesa, me la quedé mirando. Cabreado, comprendí que me seguía gustando.</p>



<p>«Sería solo sexo», y disculpando de antemano el caer nuevamente entre sus brazos, murmuré para mí al valorar la rotundidad de su trasero.</p>



<p>Supe que la cincuentona había advertido el deseo que escondía mi mirada cuando bajo su blusa se marcaron dos pequeñas protuberancias, prueba inequívoca que a pesar de tener a su pareja cerca se sentía atraída por mí. Esa confirmación reafirmó mis temores de la tentación que iba a sufrir durante mi estancia entre esos muros. La llegada de Lidia con la comida no hizo más que profundizar esa certeza al notar como mi corazón se aceleraba.</p>



<p>«Parezco un crio», me lamenté mientras trataba de retirar mi vista de los labios que tanto placer me habían dado.</p>



<p>El recuerdo de su alegría recibiendo mi semen cuando me hacía una mamada azuzó mi excitación y nuevamente me vi tentado a volver a disfrutar de la ternura de su boca haciendo caso omiso de su traición. Asumiendo que para evitar caer en las caricias de esas dos zorras debía exteriorizar que seguía considerando rotos todos los puentes, esperé a que sirviera los platos para hacerlo:</p>



<p>-Ya que por vuestra culpa me halló aquí, os quiero dejar claro que sigo enfadado y que me niego a ser vuestro juguete. Nos comportaremos como personas civilizadas y en lo posible, reduciremos nuestros contactos a lo meramente imprescindible &#8211; viendo que me miraban con cara seria, añadí: -Os tenéis la una a la otra, por lo que si os pica el chichi ni se os ocurra buscarme.</p>



<p>&nbsp;Aunque preví resistencia por parte de la latina, nunca supuse que María, echa una hiena, se negara a aceptar mis condiciones y menos que encima tuviera el rostro de exigir que cumpliera mi promesa de dejarla embarazada:</p>



<p>-Creyendo en ti, me sometí al tratamiento de fertilidad y no pienso consentir que me niegues la posibilidad de ser madre. Es más, solo accedí a venir aquí porque Elizabeth, la pecosa que te tiras, me aseguró que te acostarías conmigo. Así que, si no piensas hacerlo, dímelo para que me vaya- rugió tirando la servilleta sobre la mesa para a continuación, y sin darme opción a hablar, salir llorando del comedor.</p>



<p>Todavía impactado, escuché a Lidia comentar:</p>



<p>-Si tienes que castigar a alguien es a mí, pero por favor no dirijas tus iras hacia ella. No sé cómo reaccionaría si la abandonas.</p>



<p>El descaro con el que obviaba que eran pareja me indignó y reteniendo las ganas de abofetearla, repliqué que jamás podría perdonar sus mentiras.</p>



<p>&#8211; ¿Qué mentiras? Te reconozco que nunca te dijimos que nos acostábamos desde antes de llegar a España, pero eres idiota si piensas que nuestro amor por ti es falso.&nbsp; María te quiere desde joven y yo ahora te adoro. Sí… aunque no lo creas, me he enamorado de ti y tampoco concibo la vida si no es a tu lado- con dulzura y sin alzar la voz, contestó.</p>



<p>Su tranquilidad me enervó y a pesar de desear creerla, respondí que estaba loca si creía que las cosas volverían al punto de partida y que jamás volvería a aceptar que fuera mi princesa.</p>



<p>-Lo quieras admitir o no, da lo mismo… Lo fui, lo soy y lo seguiré siendo, aunque me eches de tu lado y viva del otro lado del charco- sin alterarse, refutó mis palabras mientras comenzaba a comer.</p>



<p>Sin otra salida, la imité y por unos momentos, la exquisitez de su guiso me hizo olvidar mi enfado. La joven sonrió cuando alabé su sazón y tal como era su costumbre, aprovechó mi debilidad para tratar de sacar partida:</p>



<p>-Por mucho que sea una buena cocinera, sé que nada puede igualar el sabor de los regalos con los que mi señor me premia cuando está contento.</p>



<p>Que se lamiera los labios mientras hacía mención de sus mamadas, me excitó y casi caí en el error de pedirle una, pero en vez de ello preferí callar y seguir disfrutando del plato que con tanto mimo había preparado. La aceptación que escondía mi silencio la hizo sonreír y sabiendo que la lucha para que todo volviera a la normalidad seria encarnizada, eligió no seguir presionando y tal como había hecho desde que llegó a mi casa, aguardó que terminara para preguntar si quería tomar el café en el salón.</p>



<p>Aun reconociendo que su oferta tenía trampa, accedí a sus deseos pensando lo mucho que me gustaba la rutina de quedarme adormilado en un diván mientras saboreaba un expreso. De esa forma, unos minutos después y ya cómodamente sentado en un sofá con la tele puesta, la vi entrar portando una bandeja en la que, además de ese negro elixir, traía una copa de whisky. Satisfecho por esos cuidados a los que me había acostumbrado desde que apareció en mi puerta, pregunté cómo seguía María.</p>


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<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/262/67312118/67312118_150_c101.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Ahora te la mando- respondió mientras desaparecía por el pasillo sin dar tiempo a que le dijera que no era eso lo que quería.</p>



<p>Saber que tendría que soportar los reproches de esa mujer despechada me llenó de angustia e inconscientemente, preparé qué iba a decirle cuando llegara. Nunca llegué a pronunciar el discurso porque al llegar en completo silencio posó su cabeza en una de mis piernas y se quedó dormida. Tenerla acurrucada a mi lado, me permitió volver a observar su belleza y con el corazón encogido cerré los ojos, mientras deseaba que nuestro reencuentro hubiese sido de otra forma. Curiosamente, esa sensación de hogar se hizo total cuando percibí que Lidia volvía al salón e imitando a su novia, usaba mi otro muslo como almohada:</p>



<p>«¡Su puta madre! ¡Estoy colado por ellas!», exclamé en el interior de mi mente al admitir por fin que yo también las quería&#8230;</p>



<p>Tras la siesta, ninguno comentó lo sucedido. Sé que por su parte no querían forzar la máquina no fuera a ser que todo volviera a la situación de partida y volviese a recordar la razón de mi cabreo. Lo que todavía no comprendo es la razón por la que yo no dije nada y elegí mantener la supuesta tregua que implícitamente habíamos firmado.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; «Van a creer que las he perdonado», me dije.</p>



<p>Al ver que se levantaban cogidas de la mano, comprendí que se iban a compartir unas caricias que con gusto hubiera deseado para mí, pero que mi sinrazón negaba. Apenas habían pasado unos minutos cuando a mis oídos llegó el sonido de sus gemidos. Por mucho que intenté abstraerme, me vi poseído por la melodía de sus gargantas y cediendo a mis impulsos, caminé en busca de su origen. Sin meditar lo que estaba haciendo al llegar y ver la puerta abierta de mi cuarto, me quedé mirando como María separaba las piernas de su amante mientas se deslizaba por su cuerpo. Los suspiros de la latina la acompañaron en su viaje y al llegar a su ombligo, se detuvo brevemente:</p>



<p>&#8211; ¡Qué ganas tengo de ver a Alberto follándote! –musitó mientras dos de sus dedos le separaban los labios que daban entrada a su sexo.</p>



<p>Desde la puerta, pude observar que estaba excitada al ver la humedad de esos apetitosos pliegues. La cincuentona ajena a estar siendo observada, traspasó con las yemas la frontera visible que delimitaba ese terso vello púbico y sin esperar su aprobación, acarició su clítoris para a continuación con la punta de la lengua jugar con él. La exasperante lentitud con la que dio buena cuenta de ese manjar me tenía totalmente absorto y deseando ser yo quien lo mimara, fui testigo de su avance hasta que, recreándose en su dominio, mi amiga se puso a mordisquearlo. El chillido de la latina me hizo saber que el placer estaba dominándola:</p>



<p>«La tiene a punto de caramelo», murmuré con deseos de participar al contemplar la melena de María haciéndose fuerte entre las piernas de Lidia.</p>



<p>El efecto de esas caricias fue inmediato e impresionado, confirmé que el placer subyugaba a la morena, la cual, sin necesidad de disimular ante su amante, se retorció sobre las sábanas corriéndose. Confieso que me sorprendió tanto la violencia de su orgasmo como la potencia de los gritos que surgieron de su garganta al ser amada y excitado comprendí que sin mi presencia esa muchacha estaba dejando salir el amor que sentía por ella. Por eso me sorprendió que mientras su pareja bebía de su flujo fuese mi nombre el que gritara y que María demostrando una ausencia de celos que no era normal, murmuró en su oído lo poco que faltaba para que el comandante Omega tomara a su princesa.</p>



<p>-Ojalá no tarde, no puedo aguantar más sin que me haga suya- suspiró la joven inmersa en el éxtasis que la insistencia de la cincuentona sobre su vulva le estaba provocando.</p>



<p>―Pronto, será pronto― susurró mientras entrelazaba sus piernas con las de ella haciendo que por fin sus dos humedades se hicieran una.</p>



<p>―Necesito saber que me ama― chilló fuera de sí y con las hormonas de una hembra en celo al experimentar los pliegues de su novia frotándose contra los suyos.</p>



<p>Ese inconfesable deseo, dicho en voz alta, fue el banderazo de salida para que ambas mujeres se fusionaran en un cabalgar mutuo.&nbsp; Por el contrario, a mí, me llenó de turbación y mientras azuzadas por Lesbos, esas dos compartían besos y fluidos, me quedé pensando si podía ser cierto lo que acababa de oír. A nadie extrañará que me sentía alagado, pero entonces y mientras ambas se retorcían llenas de placer escuché la razón por la que la urgía ser tomada por mí de labios de su pareja:</p>



<p>-Cuando te desvirgue, se sentirá obligado a casarse contigo. Con un marido, nadie sospechará que nos amamos y entonces ya no habrá ningún impedimento para que te presentes a las elecciones.</p>



<p>Desolado al sentirme otra vez traicionado, me retiré a digerir ese nuevo desplante&#8230;.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/262/67312118/67312118_052_e0e3.jpg" alt="" width="664" height="442"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Una jovencita y sus problemas trastocaron mi vida 6&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Feb 2026 14:03:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
		<category><![CDATA[maduras]]></category>
		<category><![CDATA[maduros]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[La sensación de derrota no me dejaba ni respirar mientras las esperábamos. No me quedaba duda que esa hija de puta se había salido con la suya al propiciar de una manera tan ilusa que el enemigo se metiera en nuestra cama. Era tanto mi cabreo que María se dio cuenta y mientras me desnudaba, me preguntó qué me ocurría. Como no podía ni debía confesar que la pelirroja era una espía del gobierno americano, le respondí que lo raro que me resultaba que una hembra semejante un día apareciera en nuestras vidas y al siguiente, nos la fuésemos a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La sensación de derrota no me dejaba ni respirar mientras las esperábamos. No me quedaba duda que esa hija de puta se había salido con la suya al propiciar de una manera tan ilusa que el enemigo se metiera en nuestra cama. Era tanto mi cabreo que María se dio cuenta y mientras me desnudaba, me preguntó qué me ocurría. Como no podía ni debía confesar que la pelirroja era una espía del gobierno americano, le respondí que lo raro que me resultaba que una hembra semejante un día apareciera en nuestras vidas y al siguiente, nos la fuésemos a tirar.</p>



<p>-No soy un prototipo de seductor y mis encantos no llegan a tanto- añadí intranquilo.</p>



<p>-Quizás sea el morbo de ser tres- respondió sin hacer caso a mis sospechas.</p>



<p>Supe que, a pesar de su desdén inicial, mis palabras habían hecho mella en ella cuando se quedó pensando e insistió en que le contara mis sospechas. Sin mencionar exactamente su profesión, dejé caer que debíamos andarnos con cuidado dada la lucha política de Lidia y la multitud de callos que había pisado a pesar de su corta edad.</p>



<p>-Piensa solo en lo que provocó la conferencia de prensa de esta mañana.</p>



<p>Al recordarle la muerte del corrupto, la cincuentona palideció y ya asustada comentó que tenía razón y que la exuberante americana bien podía ser una periodista buscando información. Cómo me venía bien el rumbo que había tomado, le pedí que advirtiera a Lidia que se anduviera con cuidado y que no se fuera de la lengua con esa mujer.</p>



<p>-Aunque su princesa no es tonta, no está de más decírselo- sentenció meditativa.</p>



<p>Aprovechándome de ello, le rogué que mientras alertaba a la latina me dejara a solas con Elizabeth por si podía sonsacarle algo. Mi antigua amiga y actual amante no solo aceptó sino incluso me lo agradeció. En ese momento justo el ruido de unos pasos nos informó que estaban subiendo por las escaleras. Los pocos segundos que tardaron en entrar me sirvieron para hacerme una idea de cómo actuar, pero no me permitieron prepararme para la impresionante belleza de esa pecosa desnuda. Por eso no pude evitar que mi corazón se pusiera a mil por hora al verla acercándose a mi cama con una sonrisa. La certeza de que esa mujer se sentía al mando se intensificó al contemplar el bamboleo de sus pechos y reparar en el inmaculado afeitado que lucía entre sus piernas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/120/49371768/49371768_021_2704.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>«¡Joder!», exclamé para mí mientras la veía aproximarse como si ella fuera una pantera y el traidor de mi pene, su cena.</p>



<p>-Parece ser que al final, vas a poder empotrarme- susurró en mi oído viendo que María había desaparecido con la hispana.</p>



<p>El olor a cloro que destilaba no fue óbice para que mis ganas de poseerla crecieran exponencialmente. Mi erección se acrecentó aún más cuando tumbándose a mi lado noté el frío de su piel tras haber nadado y mientras su seguridad crecía, la mía menguaba al saberme en sus manos.</p>



<p>-Debes saber que no me atraes. Pero, si para cumplir mis órdenes tengo que acostarme contigo, eso haré- me dejó claro la zorra restregando su cuerpo contra el mío.</p>



<p>Su sinceridad teñida de menosprecio fue un error. Reponiéndome a su atractivo, le comenté que para que fuera creíble su actuación, antes de nada, debía saber que en cuestiones sexuales éramos un tanto peculiares y que tanto a mis niñas como a mí nos gustaba jugar duro.</p>



<p>-No me vas a enseñar algo que no sepa o no haya practicado- respondió demasiado segura de sí misma.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>Decidido a darle una lección, esperé a que María y Lidia volvieran. Nada más llegar, con tono duro, pedí a la cincuentona que dijera a nuestra invitada quién era yo. La inteligente castaña captó el mensaje que encerraba esa frase y cayendo postrada a mis pies, respondió:</p>



<p>-El dueño de nuestras vidas y nuestros cuerpos.</p>



<p>&nbsp;Imitando a su amante y quizás aleccionada por ella, la joven añadió:</p>



<p>-El amo que nos brinda placer y la razón de nuestra existencia.</p>



<p>De reojo, comprobé que la confianza de la pecosa había quedado hecha añicos y que no sabía cómo actuar. Creyendo que buscando una excusa se echaría atrás, quise darle una salida y girándome hacia ella, pregunté si seguía queriendo acompañarnos. Me hizo gracia la indecisión de la espía al verse en el dilema de huir o continuar sabiendo que de ser así se tendría que enfrentar a una sesión donde a buen seguro sería torturada. Al final pudo más la lealtad a su bandera y con voz temblorosa, me informó que quería quedarse.</p>



<p>-Princesa, preséntame a tu amiga y convénceme de que es digna de que tu señor pierda su tiempo con ella.</p>



<p>Me quedó meridianamente claro que María había hablado con ella cuando, tomándola de su rojiza melena, la levantó de la cama y obligándola a ponerse firme, respondió:</p>



<p>-Amo, la nueva no tiene nombre, pero en el mundo exterior la llaman Elizabeth.</p>



<p>Queriendo humillarla, la bauticé con un apodo:</p>



<p>-Para nosotros será “pecosa”.</p>



<p>Riendo, la morenita tomó uno de los voluminosos pechos de la americana y regalando un pellizco en el pezón, comentó si no sería más apropiado llamarla “tetitas”.</p>



<p>Dando su lugar a María, pedí su opinión:</p>



<p>-Aunque “tetitas” me gusta, la llamaremos “pecosa”.</p>



<p>La aludida tembló al oír las risas de la cincuentona mientras Lidia exponía sus ubres para mi examen. Acercándome a donde estaba, sopesé la dureza y el tamaño de sus atributos con absoluta frialdad, tras lo cual pedí a mi improvisada ayudante que probara la resistencia de esas rosadas areolas con un mordisco. Lidia no dudó en obedecer la orden y aproximando su boca, se permitió el lujo de darles un par de lametazos antes de cerrar sus dientes en ellas.</p>



<p>-Puta, ¡me has hecho daño! &#8211; protestó la pelirroja.</p>



<p>-Nadie te ha permitido hablar- con un sonoro y doloroso golpe en sus nalgas, María le recriminó.</p>



<p>A punto estuvo de saltar al recibir ese inesperado azote, pero en vez de hacerlo se mordió los labios intentando calmarse. Sabiendo que lo que realmente apetecía a esa militar era responderla con un tortazo, decidí intervenir. Para prevenir un posible comportamiento agresivo, cuyas consecuencias serían funestas para mis intereses, pedí que la ciñeran unas esposas a las muñecas. “Pecosa” estuvo a punto de claudicar al ver llegar a la castaña con ellas, pero haciendo gala de una profesionalidad encomiable echó las manos hacia atrás y permitió que la inmovilizara.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/120/49371768/49371768_034_3709.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>Indefensa quizás por primera vez en su vida, los pezones de la espía se endurecieron cuando aproximándome a ella, la tomé del pelo y premié su entrega con un mordisco en sus labios. Me dio igual si era miedo o excitación lo que había provocado que se le erizaran y siguiendo con el papel de amo estricto, ordené a la que se suponía mi novia que catara el coño de esa mujer.</p>



<p>-Pecosa, separa las rodillas- arrodillándose entre sus muslos, le exigió mientras, a su espalda, Lidia le comenzaba a examinar el trasero.</p>



<p>Asumiendo su indefensión, obedeció para no ser castigada y con los ojos cerrados, sintió las yemas de María separando los pliegues que decoraban su vulva. Con ánimo de humillarla, la castaña me informó que seguía seca y que, así, no había forma de probar su sabor.</p>



<p>&#8211; ¿Qué propones? &#8211; divertido, pregunté sabiendo de ante manos su propuesta.</p>



<p>-Un consolador es lo que “pecosa” necesita- abriendo el cajón donde los guardábamos, respondió.</p>



<p>-Me parece bien- sentencié al ver que había sacado uno de los más grandes.</p>



<p>Con mi permiso y a pesar de los gritos de nuestra víctima, María no tardó en embutírselo para, a continuación, y sin darle tiempo a que se acostumbrara a semejante invasión, ponerlo en funcionamiento a la máxima potencia. Desde la cama observé la angustia de la americana con una insana satisfacción y deseando incrementar la misma, pedí a la latina que me informara que opinaba del culo que estaba examinando.</p>



<p>-Mi señor, siento decirle que está usado. Se nota por la facilidad con la que entran mis dedos- respondió violando el ojete de “pecosa” con dos yemas.</p>



<p>El grito que pegó me alertó que no debía ser así y no queriendo para ella un daño irreparable, pedí a Lidia que trajera lubricante. Curiosamente, en los ojos de la americana leí agradecimiento en vez de ira y por ello decidí ser yo quien le extendiese ese mejunje.&nbsp; Al volver la morenita con el bote, pedí que la pusieran a con el culo en pompa sobre la cama. Viéndola así, reparé en que la joven aguardaba, ese trance, nerviosa pero expectante. Extrañado, usé las manos para separar sus cachetes y ante mí, apareció un tesoro tan rosado como atractivo. Relamiéndome de antemano, deposité una buena cantidad de ese líquido en él antes de comenzar y tras untar mis dedos, con estudiada lentitud metí el primero en su agujero. Al hacerlo corroboré que, si alguien había sido capaz de horadarlo, había sido hace mucho y por ello, ralenticé aún más el movimiento de mi yema.</p>



<p>Tras notar que su tirantez desaparecía, incrusté el segundo y en esa ocasión, “pecosa” dio un sollozo que nada tenía que ver con dolor.</p>



<p>-Tranquila y disfruta- murmuré en su oreja satisfecho y deseando que mis niñas colaboraran, las azucé a disfrutar de sus ubres.</p>



<p>La pelirroja suspiró aliviada cuando en vez de morderla ese par se puso a mamar de ella y aprovechándolo, comencé a meter y a sacar el consolador de su coño, manteniendo los dos intrusos en su ojete. Ese cuádruple estímulo fue demoliendo sus defensas y con lágrimas en los ojos, comenzó a mover sus caderas siguiendo el ritmo con el que la penetraba con la polla de plástico.</p>



<p>Asumiendo que la vergüenza era lo único que la mantenía en pie, acerqué mi boca y dije en su oído que no había nada malo en gozar mientras se trabajaba. Mis palabras fueron un misil que impactó en sus cimientos y pegando un largo aullido se corrió en mi presencia. Habiendo ganado esa escaramuza, decidí ir por la victoria total y por ello sin dejarla descansar seguí maniobrando el juguete con decisión, mientras con dulzura le rogaba que se dejara llevar. El contraste del recio movimiento de mis muñecas penetrándola con el tono tierno de mi voz fue una tortura para la que no le habían preparado en el ejército y uniendo una serie de orgasmos, a cuál más potente, cayó de bruces sobre el colchón.</p>



<p>Aproveché su agotamiento para pedir que la liberaran y tumbándome a su lado, la informé que había pasado la prueba y que ya podía dormir. Ni “pecosa” ni su alter ego, Elizabeth, entendieron que no las usara. Se sabían vencidas y en su fuero interno sentían que lo lógico era que el vencedor tomara posesión de lo que había conquistado. Por eso, con una tristeza llena de melancolía, me rogó que no la dejara así y la hiciera mía.</p>



<p>-Tu turno ha pasado. Quizás mañana, cumpla mi promesa y te empotre. Ahora le toca a mi princesa, recibir su premio- respondí regalándole una última caricia.</p>



<p>No pudo evitar llorar al ver la alegría con la que Lidia acudía por su regalo y mientras la morenita disfrutaba dando un lametazo a mi erección, su mundo se desmoronó al saber que un viejo de cincuenta y pico años la había derrotado. Compadeciéndose de ella, María la abrazó y señalándonos, murmuró en su oído que disfrutara viendo cómo su amo premiaba a la chavala.</p>



<p>&#8211; ¿Mi amo o Alberto? &#8211; preguntó colorada.</p>



<p>-Son el mismo, o ¿todavía no te has dado cuenta? Dulce “pecosa”.</p>



<p>Desesperada al percatarse de cuánto había cambiado en tan poco tiempo, Elizabeth buscó consuelo entre los pechos de la cincuentona y sin pensar en lo que hacía, la besó mientras en las mismas sábanas la razón de su presencia ahí tímidamente separaba los labios para recibir en el interior de su boca la virilidad que tanto tiempo llevaba ansiando. Satisfecho, dejé de observarlas y me centré en Lidia:</p>



<p>-Princesa. No tengas prisa, ¡tienes toda la noche! &#8211; dije a la morenita al sentir la forma en la que zarandeaba mi erección en busca de su premio.</p>



<p>-Lo siento- suspiró con mi reclamación y conteniendo las ganas que tenía de ordeñarme, reinició sus maniobras más lentamente.</p>



<p>Sonreí al ver que me hacía caso y para agradecérselo, por primera vez desde que había aparecido en mi puerta, deslicé mi mano entre sus piernas y comencé a acariciarla. La cría al sentir mis yemas separando los labios que escondían su clítoris se quedó paralizada sin saber cómo actuar.</p>



<p>-Sigue, zorrita mía. Bébete la leche de tu comandante mientras él te toca.</p>



<p>Mis dedos jugando entre sus pliegues abrieron la llave de su placer y mientras se corría como pocas veces, un manantial de flujo inundó el colchón donde íbamos a dormir. Desternillado de risa, llevé mis yemas mojadas a la boca y descubrí asombrado lo mucho que me gustaba su sabor. Como sabía que sería incapaz de contenerme y que me la terminaría tirando si osaba a probar ese manjar directamente de su fuente, volví a hundir mis dedos en ella buscando recolectar un poco más.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/120/49371768/49371768_029_5c0f.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>-Tenga cuidado para no depreciar su propiedad al desvirgarme – con su típica picardía comentó sacando brevemente mi verga de sus labios.</p>



<p>Admitiendo mi error, cometí otro peor: ¡Pedí a esa chavala que me mostrara esa telilla de la que tanto hablaba! Lidia no dudó en levantarse y poniéndose a horcajadas sobre mí, lentamente fue aproximando su coño a mi cara.</p>



<p>Cuando apenas había unos centímetros entre sus labios y mis ojos, usando dos de sus dedos, los separó para demostrar que seguía con el virgo intacto. Pero no fue ese pedazo de carnosidad lo que vi, sino el imprevisto chorro que brotó de su interior mojando mi rostro. Por un momento, creí que se estaba meando, pero al llegar su teórico orín a mi boca comprendí que era producto de su placer.</p>



<p>Sin importarme ya mis promesas ni mis miedos, la tumbé sobre el colchón. No mediando ni una palabra, hundí la cara entre sus piernas y me puse a saborear a conciencia el sabroso fruto de sus entrañas mientras la joven asustada y complacida por igual, se reía</p>



<p>-Mí señor, ¡era yo quién debía hacérselo!</p>



<p>-Calla puta, ¡tú también has perdido el turno! &#8211; respondí indignado por su interrupción.</p>



<p>&nbsp;Ese insulto y la acción de mi lengua profundizaron su gozo y dominada por un nuevo orgasmo, regó con más flujo mi sed. Absorto en la cata de su esencia, no advertí la cantidad de veces que la morena se corrió hasta que María me avisó que la joven ya no aguantaba tanto placer y que debía parar. Levantando la mirada comprobé que había caído en una especie de éxtasis religioso y que, con los ojos abiertos, era incapaz de siquiera hablar.</p>



<p>Viendo que mi verga permanecía inhiesta y necesitaba desahogar, Elizabeth se ofreció para hacerlo, pero anticipándose la cincuentona se encaramó sobre mí, y dejándose caer sobre mi erección, proclamó:</p>



<p>-Es el momento de la anciana de mi señor.</p>



<p>&#8211; ¿Anciana? ¿Ese es el apodo con el que quieres que te llame? &#8211; pregunté.</p>



<p>-Dime como quieras, pero no me dejes de follar.</p>



<p>&#8211; De acuerdo- respondí y asiéndome a sus pechos, descojonado añadí: -Mueve las caderas para que tu amo disfrute de su “anciana”.</p>



<p>Todavía no sé si su berrido fue por placer o por el sobrenombre con el que desde entonces la conoceríamos, pero lo cierto es que como cierva en celo “anciana” se lanzó a galopar sobre mí mientras “pecosa” se partía de risa a su lado&#8230;</p>



<h1 class="wp-block-heading">13</h1>



<p>Cuando amanecí al día siguiente, Elizabeth se había ido sin despedirse. Según Lidia, la americana se despertó temprano y por el modo en que se fue, iba preocupada. Teniendo en cuenta como se desarrolló la noche no me extrañó, ya que habíamos disfrutado de ella sin que esa pelirroja consiguiera sacarnos ningún tipo de información útil.</p>



<p>«No creo que se atreva a incluir en su informe el tipo de sexo que compartimos», me dije asumiendo que sería contraproducente para su carrera: «Dudo que se exponga de esa forma, admitiendo por escrito que fue por unas horas nuestra sumisa».</p>



<p>Por extraño que parezca después de una noche de desenfreno, no estaba contento al sentir que la hispana estaba más cerca de cumplir sus metas.&nbsp; La alegría de la joven esa mañana ratificó mi sospecha y es que todo en ella radiaba satisfacción. Un ejemplo de ello, fue la alegría con la que esa mañana me bañó, pero también que no se quejara en demasía cuando me rehusé a pagar la apuesta con una ración de leche recién salida de mis huevos.</p>



<p>-Aunque me gané limpiamente esa mamada, puedo esperar- únicamente dejó caer al responder a su pretensión con la excusa de estar cansado.</p>



<p>Admitiendo que esa arpía de ojos negros no iba a cejar hasta que lo consiguiera, salí de casa. La presencia de los miembros de CNI en la puerta, listos para escoltarme, me hizo recordar el embrollo en que estaba metido y bastante molesto, les di la llave del coche para que uno de ellos fuese quien condujera. Ya de camino, me percaté que el conductor había tomado una ruta que no era la que yo acostumbraba. Preguntando, me respondió:</p>



<p>-No es prudente ir siempre por el mismo lado. Sería ponerlo en bandeja, si realmente alguien le vigila. A partir de hoy, variaremos tanto el itinerario cómo las horas de salir y de llegar.</p>



<p>Tras lo cual, pasándome un papel, me pidió que lo memorizara. Al leerlo, descubrí el horario que habían establecido para mí. Que no siquiera hubiesen tenido el detalle de preguntar, me terminó de encabronar y por primera vez desde que me había separado, eché de menos la tranquila vida que disfrutaba con Raquel:</p>



<p>«No tendríamos sexo, pero al menos nadie deseaba acabar conmigo», guardándome el folio, refunfuñé.</p>



<p>Al llegar la empresa, Perico me estaba esperando y tras el típico saludo frente a nuestros empleados, pasé con él a su despacho. Nada más entrar, me echó en cara que no le hubiese puesto al día de mi cambio de estatus, haciendo especial énfasis en que su decente amigo se había convertido en un cerdo.</p>



<p>-Macho, cuéntame cómo cojones lo has hecho. Tú no eras así.</p>



<p>Por su tono comprendí que, a pesar de ir de broma, le corroía la envidia y que de haber podido se hubiese cambiado por mí. Como no me apetecía revelarle mis asuntos de alcoba, cambiando de tema, pregunté qué tal le había ido con la americana.</p>



<p>-De puto culo, esa zorra lesbiana solo tenía ojos para tus señoras y al llegar a su casa, me dio con la puerta en las narices.</p>



<p>Sin apiadarme de él, seguí hurgando en la herida:</p>



<p>-Pues es una pena, porque vi que sus tetas te habían puesto como una moto.</p>



<p>-Me lo vas a decir a mí, que me tuve que pajear tres veces para que se me fuera el calentón y, aun así, tuve que llamar a una puta para bajármela.</p>



<p>&nbsp;Siendo una evidente exageración que se hubiese corrido al menos cuatro veces en una noche, teniendo en cuenta la edad que compartíamos, me abstuve de mencionárselo y enfoqué la conversación al día a día de la compañía mientras en mi mente recordaba la entrega de esa mujer sobre las sábanas. Rememorando que tras un duro inicio en el que se sintió humillada, Elizabeth se había comportado como una ardiente amante me puse de mejor humor y a pesar de los problemas que podría acarrearme, deseé que esa noche de desenfreno con ella no fuera la última…</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/460/7/120/49371768/49371768_060_c709.jpg" alt=""/></figure></div>


<p>A partir de esa mañana, mi vida pareció estabilizarse convirtiéndose en algo rutinario. Durante el resto de la semana y hasta el viernes de la siguiente, me iba a trabajar después de que Lidia me ordeñara, pasaba mis diez horas trabajando, para al volver tener que cumplir con la castaña sin recibir noticias del hermanastro de la latina ni de la americana. Lo único digno de mencionar es que María cumplió su palabra de acudir a una clínica de fecundación y volvió entusiasmada con la noticia de que, según el médico que había consultado, tras un costoso tratamiento podía quedarse embarazada. He de confesar que me cogió desprevenido, ya que realmente no creía posible que con más de cincuenta años pudiese engrandar un retoño y eso me hizo recapacitar sobre si me apetecía ser padre. Siendo una locura, la idea de tener un heredero me obsesionó y cada vez llevaba peor las mamadas de la hispana al pensar que estaba desperdiciando un semen que por mis años no me sobraba y que iba a necesitar. Como en teoría, las hormonas que estaba tomando no tendrían su efecto hasta pasado catorce días, no puse las cartas sobre la mesa y seguí siendo mamado por Lidia a diario.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como ya anticipé, al segundo viernes todo cambió cuando al abrir mi correo vi que tenía dos mensajes que se salían de lo habitual, uno de “némesis” y otro firmado por “freckled”. Al traducir esa palabra inglesa, supe que me lo enviaba “pecosa” y con el corazón en el puño, preferí abrir primero el del hermanastro de la morena. Su contenido era un nuevo dossier sobre las malas prácticas de otro ministro, en este caso el encargado de Obras Públicas donde quedaba de manifiesto el enjuague que había realizado en la construcción de un aeropuerto. Sabiendo que el verdadero destinatario era la latina, lo imprimí y pasé al que realmente me importaba.</p>



<p>Para mi sorpresa, la información era la misma que el anterior y fue entonces cuando comprendí que los yanquis secretamente estaban empujando a Joaquín Esparza hacia la presidencia. Meditando sobre ello no me resultó extraño, ya que según sabía ese potentado era de lo poco salvable de los políticos de ese país y para más inri, la empresa que había sobornado no era americana, sino china. &nbsp;Sabiendo que el papel que esperaban de mí era de mero emisario, actué del mismo modo que la última vez y tras meter todo en una carpeta, se la mandé a su hermana para que ésta la hiciera circular por internet.</p>



<p>Para terminarlo de complicar, al mediodía y en mitad de la comida, mi secretaria me telefoneó para decirme que el señor Espina llevaba cinco minutos esperándome en la oficina. Dejando el segundo plato a la mitad, pagué la cuenta y volví al despacho, pensando que si ese funcionario se había dignado a ir a verme debía ser importante y que a buen seguro venía a echarme la bronca por lo que a buen seguro Lidia acababa de difundir.</p>



<p>Al saludarme con el ceño fruncido, me preparé para el regaño. Pero no fue así, Manuel venía a explicarme las nuevas órdenes que había recibido y que por lo visto quizás no me iban a gustar.</p>



<p>-Comienza- sentándome frente a él, respondí.</p>



<p>Tomándose unos segundos, comenzó a decir que tal y como ya sabía el cártel había mandado unos sicarios a Madrid y aunque los habían identificado, no les había sido posible localizarlos hasta el miércoles.</p>



<p>&#8211; ¿Eso significa que los habéis detenido? &#8211; aliviado, le interrumpí.</p>



<p>-No, cuando llegamos a donde un soplo nos mandó, los encontramos muertos y por la violencia que usaron fue una carnicería- contestó poniendo a mi disposición unas fotos con los cadáveres.</p>



<p>Supe que mostrármelas no era baladí cuando horrorizado comprobé que además de matarlos, el asesino les había cortado los genitales y metido en la boca.</p>



<p>-Según el forense, seguían vivos cuando los mutilaron- añadió al ver mi cara.</p>



<p>Sin poner en duda su afirmación, quise saber si tenían algún sospechoso de esa barbarie, pensando quizás en una guerra entre narcos.</p>



<p>-Por eso te vengo a ver- bajando la voz, replicó: -Un testigo afirma que vio a una pelirroja salir de la nave pocas horas antes de que los encontráramos.</p>



<p>Agradezco que estaba sentado, porque al oírlo casi me da un pasmo. Interpretando la expresión de mi rostro continuó:</p>



<p>-Eso mismo pensé y sabiendo que la culpable podía ser Elizabeth, hablé con el director para seguir investigando. El director al enterarse que la sospechosa era una agente americana habló con el ministro y este con el embajador.</p>



<p>-Me imagino que la han mandado a casa- murmuré todavía impresionado.</p>



<p>-Increíblemente, no fue así. Han creado un grupo mixto con mi gente y con un equipo de ellos y para colmo, ¡le han dado a ella el mando! ¿Te puedes creer? ¡Esa perturbada es ahora mi jefa!</p>



<p>-No entiendo- balbuceé: &#8211; ¿Han dejado mi vida en sus manos?</p>



<p>-Querido amigo, lamentablemente así es y no puedo hacer nada para cambiarlo.</p>



<p>Derrumbándome en el asiento, temí que esa pelirroja no hiciera nada por evitar mi muerte, ya que con ella se aseguraría de que nadie supiera la forma en que se había dejado abusar por mí. Secretamente, mi interlocutor debía pensar igual porque, sin dejarme asimilar lo que hasta entonces me había informado, añadió:</p>



<p>-Quieren hacerlo parecer un asunto de narcotráfico y de ahí el aviso que esa loca escribió con un pintalabios para los que los habían contratado.</p>



<p>&#8211; ¿Qué aviso? ¡Coño! ¡Está mi futuro por medio! &#8211; exasperado, pregunté.</p>



<p>Al escuchar mi queja, sacó de su maletín otra fotografía y poniéndola sobre la mesa, comentó:</p>



<p>-Son tan ineptos que nadie con dos dedos de frente lo va a creer. Joder, todo el mundo sabe que el señor de los cielos ha muerto o eso se supone.</p>



<p>Que mencionara a Amado Carrillo, el famoso delincuente mexicano, me descolocó y tomando la imagen entre mis manos, leí el mensaje del que hablaba:</p>



<p>“Este es el destino que recibirán todos aquellos que intenten atentar contra el señor que lleva a los cielos”.</p>



<p>Afortunadamente, el cabreo que tenía no le permitió observar la breve sonrisa que apareció en mi rostro al comprender que no era ese el mensaje y que realmente con él, aparte de alertar a los del cartel sobre las consecuencias de sus actos, “pecosa” me quería informar que velaría por mí y por los míos. Reponiéndome al instante, le devolví la foto sin advertirle de su error.</p>



<p>-Te dejo- cogiendo sus cosas, se despidió mientras mi corazón palpitaba de alegría al saber que, tras esa noche de pasión, no me había buscado una enemiga, sino una aliada y que quizás llegase el día en que esa belleza volviera a mí por más besos…</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdni.pornpics.com/1280/7/120/49371768/49371768_063_30e6.jpg" alt="" width="559" height="838"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: &#8220;Compañera decente se desata en la universidad 8&#8221; (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 07:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[trios]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[11 Esa noche no solo desfloré el trasero de Irene, sino que también me sirvió para comprobar lo ardiente que podía llegar a ser esa morena. Y es que no solo buscó su placer sino también el mío y el de las dos putitas que el destino había puesto en nuestro camino. «Uno podía acostumbrarse a esto», me dije mientras observaba a las tres mujeres desnudas que dormían a mi lado sobre el colchón. Las tres eran totalmente diferentes, pero mirándolas dormidas tuve que admitir que las tres eran unas bellezas. Si Mercedes con su espléndida madurez era preciosa, Irene [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h1 class="wp-block-heading">11</h1>



<p>Esa noche no
solo desfloré el trasero de Irene, sino que también me sirvió para comprobar lo
ardiente que podía llegar a ser esa morena. Y es que no solo buscó su placer
sino también el mío y el de las dos putitas que el destino había puesto en
nuestro camino.</p>



<p>«Uno podía acostumbrarse a esto», me dije mientras observaba a las tres
mujeres desnudas que dormían a mi lado sobre el colchón.</p>



<p>Las tres eran totalmente diferentes, pero mirándolas dormidas tuve que
admitir que las tres eran unas bellezas. Si Mercedes con su espléndida madurez
era preciosa, Irene con su juventud y descaro no le iba a la saga. Pero la que
realmente me tenía impresionado era Xiu, mi pequeña y dulce oriental.</p>



<p>«Es perfecta», pensé totalmente embelesado.</p>



<p>Y es que además de ser una mujer guapísima, tenía un cuerpo que inducía a
pecar. Con unas tetas desproporcionadas para su diminuto tamaño, parecía
diseñada para el deleite de todo hombre que se cruzara por su camino. </p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright is-resized"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/abczp47w.jpg" alt="" width="503" height="750"/></figure></div>


<p>«Dios, ¡qué buena está!», murmuré para mí, todavía sin creerme que era mía.</p>



<p>En ese momento, Xiu abrió ojos y vio que estaba observándola. La expresión
de deseo que descubrió en mí, la alegró y con una sonrisa en su boca, me dio
los buenos días diciendo:</p>



<p>―Ojalá sea una premonición de mi futuro y a partir de hoy, pueda
despertarme con mi amo a mi lado.</p>



<p>La dulzura y entrega de su voz me sobrecogió y atrayéndola hacia mí la
besé. La chinita se desmoronó al sentir mi lengua abriéndose camino a través de
sus labios y pegando su cuerpo al mío, sollozó diciendo:</p>



<p>― ¿Puedo suponer que sigo siendo su núli?</p>



<p>Desnuda y abrazada a mí, esa pregunta era al menos extraña y eso me llevó a
suponer que esa muñequita necesitaba sentirse deseada y por ello sin dejar de
acariciarla, acerqué mi boca a su oído y dije:</p>



<p>―No podría nunca deprenderme de ti. Me gustas demasiado.</p>



<p>Al escucharme, dio un prolongado suspiro y retorciéndose sobre las sábanas
insistió en si me gustaba como mujer.</p>



<p>―&nbsp;Sí, y lo sabes. Me gusta verte desnuda y disfrutar del tesoro que
escondes entre tus piernas.</p>



<p>El sollozo de deseo que salió de su garganta me informó que iba por buen
camino y que lo que realmente buscaba esa mujercita era que estimulara su ego.
Meditando sobre ello, comprendí que a pesar de ser una mujer hecha a sí misma y
dueña de un negocio, seguía siento una niña necesitada de cariño y que quizás
realmente no buscara tanto un dueño como una pareja que le ayudara a realizarse
anímicamente.</p>



<p>Queriendo comprobar ese extremo, le dije en voz baja que era una zorra
ninfómana que veía en mí a su macho. Al escucharme, se puso a restregar con
mayor fuerza su coño contra mi pierna y antes que pudiese hacer algo por
evitarlo, su flujo recorrió mi muslo dejando un gran charco sobre el colchón. </p>



<p>―Eres todavía más puta de lo que pensaba― le dije al tiempo que, llevando
una mano hasta sus pechos, retorcía una de sus aureolas.</p>



<p>&nbsp;Mi enésimo insulto la terminó de excitar
y sin importarle la presencia de las otras dos mujeres, me rogó que la tomara
otra vez. &nbsp;Haciendo caso a su deseo, la
besé metiendo mi lengua hasta el fondo de su boca mientras le estrujaba su culo
con mis manos. La&nbsp;pasión con la que Xiu reaccionó, me hizo saber que le
excitaba mi violencia y viendo que cogiendo mi pene entre sus dedos lo intentaba
que llevar hasta su coño, le comenté que no me apetecía follármela.</p>



<p>Con lágrimas en los ojos, la chinita se separó de mí y con una expresión de
dolor en sus ojos, me preguntó qué era lo que había hecho mal y porqué la
castigaba de ese modo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft is-resized"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/abmh4qhj.jpg" alt="" width="500" height="400"/></figure></div>


<p>Sacando la lengua, lamí la humedad de sus mejillas, mientras le pedía que
me dijera porque consideraba que la estaba castigando:</p>



<p>―Mi señor, soy su puta y las putas son folladas por su macho.</p>



<p>Su gritó fue una llamada de auxilio que me dirigió a mí pero que
curiosamente fue escuchada por las dos mujeres que descansaban a nuestro lado e
Irene, saliendo de su dormitar, me rogó que me apiadara de la oriental y que la
hiciera mía.</p>



<p>― ¿No te importa?― pregunté a mi compañera mientras cediendo a sus
pretensiones, hundía mi verga entre los pliegues de Xiu.</p>



<p>En vez de responder, la morena se lanzó sobre los pechos de mi sumisa y
viendo que se plegaba a lo evidente, comencé a mover&nbsp;mi pene lentamente
mientras extendiendo mi mano, me ponía a acariciar a la que en teoría era mi
novia.</p>



<p>Xiu al sentir que mi pene jugando en el interior de su vagina mientras sus
pezones eran mordisqueados por su dueña, creyó que no tardaría en correrse y
aullando descompuesta, pidió a Irene que la marcara.</p>



<p>Mi compañera me miró sin saber que hacer y comprendiendo que no había
entendido los deseos de la chinita, soltando una carcajada, se lo aclaré:</p>



<p>―La muy puta quiere que dejes la marca de tus dientes en sus tetas.</p>



<p>No tuve que repetírselo otra vez. Haciendo gala de una buena dentadura, le
regaló a la oriental un par de duros mordiscos que me dolieron hasta mí pero
que contra toda lógica lo que hicieron fue azuzar la lujuria tanto de la
víctima como de la agresora y por ello fui testigo del modo con el que las dos
mujeres se buscaron la boca mutuamente.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright is-resized"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/adg2WgAF.jpg" alt="" width="503" height="750"/></figure></div>


<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La
pasión con la que se comieron los azuzó el morbo que sentía por estar tirándome
la muñequita asiática frente a mi novia y viendo que Mercedes nos miraba desde
la esquina de la cama sin atreverse a participar, le pedí que se acercara. Al
hacerlo, observé que la rubia estaba excitada y sabiendo que no podía negarse
la exigí que me pusiera las tetas en la boca.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Son todas suyas― dijo con alegría.</p>



<p>Y demostrando por enésima vez su entrega, me rogó que las mordiera y le
hiciera un chupetón.</p>



<p>«Este zorrón está excitado», pensé mientras intentaba dar cauce a su
excitación mamando de sus pechos, eso sí, sin dejar de someter a la acción de
mi verga el interior de su vagina.</p>



<p>&nbsp;Mi novia demostró nuevamente que la
pasión la tenía totalmente abrumada cuando dando un chillido y sacando la
lengua, se puso a lamer la cara y las mejillas de la oriental mientras me
rogaba que le diera caña:</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft is-resized"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/abhcjoir.jpg" alt="" width="503" height="750"/></figure></div>


<p>―Sigue follándotela. Me pone bruta ver cómo te la tiras.</p>



<p>Sus palabras despertaron mi lado perverso y deleitándome en su confesión,
la obligué a acercar su sexo a mi boca. Al hacerlo, me apoderé de su clítoris
con mis dientes y comencé a mordisquearlo.</p>



<p>Disfrutando de esa comida de coño, mi novia ordenó a Mercedes que la
sustituyera con la chinita mientras me pedía que nunca la dejara porque sabía
que juntó a mí podría buscar sus límites en el sexo y poniéndose de rodillas
frente a mí, me sorprendió diciendo que al igual que la oriental quería ser marcada.</p>



<p>Al escuchar su deseo, solté una carcajada y le dije que tendría que esperar
a que terminara de follarme a Xiu. Demostrando una vez más lo guarra que era,
sonrió y girándose hacia la oriental, le metió un dedo en el culo mientras le
decía que se diera prisa en ordeñarme porque le urgía que la tomara.</p>



<p>Confirmé lo mucho que iba a gozar viviendo con ellas tres, cuando Xiu,
lejos de indignarse por el trato de Irene, me pidió si podía cederle el puesto
a mi “novia”, ya que la pobre necesitaba que me la follara.</p>



<p>Desde un inicio sospeché que esa petición tenía gato encerrado y por ello
no me extrañó que, al darle permiso, la chinita dejara claras sus intenciones
al obligar a Irene a ponerse a cuatro patas sobre la cama.</p>



<p>Como no podía ser de otra forma, en cuanto la vi en esa posición, la tomé
de la cintura con ánimo de penetrarla, pero entonces mi dulce oriental, sentándose
frente a ella con las piernas abiertas, la ordenó que comenzara a lamerle el
coño.</p>



<p>― ¿Y yo que hago?― riendo pregunté.</p>



<p>Con picardía y mientras presionaba la cabeza de la morena contra su sexo,
respondió:</p>



<p>―Una esclava no tiene opinión, pero si fuera una mujer libre le diría que le
rompiera el culo mientras ella me come el chumino.</p>



<p>Solo he de decir que entre esas cuatro paredes no tardó en oírse el
desgarrador chillido de mi novia al ser tomada por mí…<br></p>



<h1 class="wp-block-heading">12</h1>



<p>Totalmente agotado, me quedé dormido tras hacerles el amor. Fue más allá de
las diez cuando Mercedes me informó que el desayuno estaba listo y que su dueña
me esperaba. La adoración con la que se refería a Irene me sorprendió, pero
preferí no comentar nada y siguiendo sus indicaciones, la acompañé al comedor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Allí encontré a mi novia
charlando amigablemente con la oriental y por ello no me extrañó que nada mas
sentarme a su lado, me comentara que le parecía alucinante lo que tuvo que
pasar Xiu al llegar a España. </p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―No tengo ni idea de lo que
hablas― contesté recordándole que a pesar de las apariencias apenas la conocía.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―Siempre me olvido― musitó con
una sonrisa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tuve que ser muy avispado
para percatarme que me había hecho ese comentario con la intención de descubrir
si la había mentido sobre cómo me había hecho con los servicios de esa monada. </p>



<p>Acudiendo en mi ayuda, Xiu me explicó que al llegar a
Madrid se había pasado un año sin salir del taller de la gente que la había
traído y que solo cuando consiguió pagar la deuda con su trabajo, pudo pisar la
calle por primera vez.</p>



<p>―La tenían esclavizada― señaló colérica.</p>



<p>Juro que me hizo gracia su rabia porque no en vano en
ese momento, nuestra profesora, su sierva, la mujer que le había jurado
obediencia, permanecía desnuda y arrodillada a sus pies.</p>



<p>―No era para tanto― quitando hierro al asunto replicó
mi asiática: ― gastaron un dinero en traerme y era lógico que me exigieran su
devolución.</p>



<p>Reconozco que, en ese preciso instante, lo que menos
me importaba eran los padecimientos que había soportado esa morenita, lo que me
tenía acojonado fue reconocer en sus ojos el mismo tipo de adoración que había
descubierto en los de Mercedes al observar a Irene.</p>



<p>Constaté nuevamente que esa mujer bebía los vientos
por mí cuando al ir a servirme un café, me paró en seco y me pidió que me
sentara. Tras lo cual, trayendo la jarra en sus manos, con una sonrisa señaló
que estando ella su dueño no tenía que moverse. &nbsp;</p>



<p>―Tienes enamorada a la chinita. ¿Debo ponerme celosa? </p>



<p>Estaba pensando una respuesta cuando, adelantándose,
Xiu la contestó:</p>



<p>― ¿Debe mi señor estar preocupado por el amor que
siente por usted la perra que permanece arrodillada a sus pies?&#8230; Al igual que
Mercedes no puede evitar amarla por encima de su propia vida, sé que mi dueño
es todo para mí.</p>



<p>Las palabras de la oriental causaron un shock en Irene
porque jamás se había puesto a pensar en que sentía su sumisa por ella:</p>



<p>― ¿Me estás diciendo que estáis enamoradas de
nosotros?</p>



<p>Bajando la mirada, la bella asiática contestó:</p>



<p>―Señora, la devoción que siente una esclava por su amo
es mucho más profundo que el amor y no espera el ser correspondida. Nos basta
poder servir al dueño de nuestra existencia y que él nos regale unas migajas de
su cariño.</p>



<p>Mitad escandalizada, mitad orgullosa, mi novia preguntó
a Mercedes si eso era cierto. La madura se tomó unos instantes para analizar
sus sentimientos:</p>



<p>―Desde que me hizo suya, me he dejado llevar y nunca me
había puesto a meditar sobre lo que siento ―con lágrimas en los ojos replicó: ―solo
sé que moriría por usted.</p>



<p>Irene sintió que los cimientos se le movían al
escuchar de labios de la profesora la total dependencia que sentía: </p>



<p>«No puede ser que piense realmente así», se dijo
experimentando por primera vez la responsabilidad que involuntariamente había echado
sobre sus hombros y llamándola, la sentó en sus rodillas. </p>



<p>Mercedes
no opuso resistencia al sentir que Irene usaba sus manos para recorrer sus
pechos desnudos mientras le exigía que le explicara sus sentimientos al ser
acariciada por ella. Con sus areolas totalmente erizadas, contestó:</p>



<p>―Dichosa.
Me siento feliz.</p>



<p>Cogiendo
los hinchados senos de la rubia en sus manos, mi compañera sopesó su tamaño y
como si quisiera comprobar su consistencia, los empezó a magrear sin recato. Al
escuchar el primer gemido que salió de la garganta de su sumisa, dio un paso
más y aprovechando su calentura, los pellizcó.</p>



<p>Esta
vez los jadeos de la madura se prolongaron haciéndose más profundos.</p>



<p>―La tienes totalmente verraca― comenté mientras
imitando a Irene, sentaba a Xiu sobre mí.</p>



<p>―Lo sé― respondió y olvidándose de que tenía compañía,
la obligó a sentarse mirando hacia ella con las piernas abiertas sobre la mesa.</p>



<p>No dije nada al ver que lo concentrada que estaba al
recorrer con la lengua los muslos de Mercedes al saber que era el momento de
ellas dos. Mi chinita debió de pensar los mismo porque susurrando me pidió que
las dejáramos solas.</p>



<p>Supe que tenía razón y por ello, tomándola de la mano,
nos fuimos a la cocina donde le pedí otro café. La expresión de dicha de esa
monada mientras lo servía me hizo recordar lo poco que sabía de ella.</p>



<p>―Quiero conocerte, cuéntame: ¿Dónde y con quién vives?</p>



<p>―Vivo sola en un piso encima de la tienda, mi señor―contestó:
―Llevo ahí tres años.</p>



<p>Por un momento, intenté calcular su edad. Cuando la
conocí supuse que debía ser más o menos como yo, pero tenía mis dudas. </p>



<p>― ¿Cuántos años llevas en España?― pregunté.</p>



<p>―Seis en Valencia y cuatro en Madrid― me dijo.</p>



<p>― ¿Qué edad tienes?― con la mosca detrás de la oreja
repliqué. Si llevaba una década fuera de su país, no podía tener mis años a no
ser que saliera de China siendo una niña.</p>



<p>―Su putita es ya mayor― contestó con tono avergonzado:
―Tiene veinticuatro años.</p>



<p>Juro que me impactó que me llevara tantos años, porque
jamás lo hubiese supuesto ya que le había echado como mucho veintidós.</p>



<p>Xiu malinterpretó mi sorpresa y creyó que estaba
enfadado:</p>



<p>―Si mi señor me considera demasiado vieja para él, lo
comprendería.</p>



<p>Me impresionó la tristeza que destilaba y atrayéndola
hacia mí, la besé mientras le decía que era todo lo que un hombre podía desear.
No tardé en comprobar que mis palabras habían conseguido su objetivo y que, en
combinación con mis caricias, hacían que la pequeña asiática se sintiera feliz.</p>



<p>Su impresionante cuerpo y saber que era
mío, despertó mi lujuria.&nbsp; y se lo hice
saber llevando mis manos hasta su trasero. Me reí al comprobar que los pezones de
Xiu se endurecía con ese magreo y disfrutando de mi poder, susurré en su oído
que tenía un trasero que era una tentación irresistible. </p>



<p>―Mi
señor…― musitó mientras separaba sus rodillas para facilitar que mis dedos
recorrieran la abertura de su sexo. </p>



<p>Tal
y como preveía, me encontré su sexo mojado, y apoderándome de su clítoris, la
empecé a masturbar:</p>



<p>―Lo que voy a
disfrutar teniéndote de sumisa.</p>



<p>Las piernas de
la oriental temblaron al sentir mis caricias, pero por miedo a defraudarme se
mantuvo firme mientras me rogaba en voz suave que la hiciera mía. El morbo de
tenerla así, de pie a mi lado mientras me tomaba un café provocó que mi pene
empezara a endurecerse.</p>



<p>―Me excitas,
pequeñaja mía― dije llevando una de sus manos a mi entrepierna.</p>



<p>&nbsp;Se estremeció al sentir en su palma mi
extensión totalmente erecta y mordiéndose los labios, no pudo evitar que un
gemido de deseo la delatara.</p>



<p>―No te parece
que es una pena que esté tan sola― dije señalándola.</p>



<p>Xiu comprendió
mis deseos y agachándose frente a la silla donde estaba sentado, me bajó la
bragueta con la intención de hacerme una mamada, pero&nbsp;&nbsp; se lo impedí y agarrándola de la cintura, le
obligué a encaramarse sobre mí.</p>



<p>―Dios― gimió al
sentir que mi falo entraba en su sexo lentamente y disfrutando del modo en que
la iba empalando, se empezó a mover en busca de mi placer.</p>



<p>― ¡Quieta! ¡Es
mi turno! ―&nbsp;le grité.</p>



<p>Me gustó
observar en sus ojos una cierta desilusión porque dada su excitación era
evidente que lo que realmente deseaba en ese instante era menear su trasero
teniendo mi polla en su interior. A pesar de ello, se quedó inmóvil y premiando
su obediencia, le regalé un pellizco en su pezón mientras le decía que si se
portaba bien quizás me apiadara de ella y la dejara correrse.</p>



<p>Esa promesa
elevó hasta niveles insospechados su lujuria y de improviso su sexo se
convirtió en una especie de geiser expulsando un chorro de flujo sobre mis
muslos.</p>



<p>―Mi putita esta
bruta― susurré mientras incrementaba mi acoso, separando sus nalgas con mis dos
manos, e introduciendo un dedo en su interior.</p>



<p>La chinita, al
sentir que su dueño estaba haciendo uso de sus dos agujeros no pudo reprimir un
jadeo e involuntariamente empezó a retorcerse mientras trataba de evitar sentirse
dominada por el placer. Desgraciadamente la táctica que usó no fue la correcta ya
que, para postergar su orgasmo, presionó con su pubis sobre mi verga y con ello
solo consiguió que se acelerara su clímax.</p>



<p>― ¡No quiero
fallar a mi amo! ― sollozó al darse cuenta de su error.</p>



<p>&nbsp;Quizás fue entonces cuando realmente me
percaté de lo mucho que me gustaba que esa monada fuera mi sumisa y totalmente
dominado por la pasión, tomando sus nalgas con mis manos, incrementé la
profundidad de mi embiste mientras Xiu se deshacía de placer.</p>



<p>Sé que ese polvo
no pasará a los anales de la historia porque la excitación acumulada me hizo
correrme anticipadamente y aunque mi adorada oriental no paró de gritar lo
mucho que le gustaba sentir que la regaba con mi miente, supe que estaba
exagerando con la intención de alagarme.</p>



<p>Por ello, tras
descansar durante unos segundos, señalé la silla que tenía al lado y le pedí
que se sentara porque teníamos que hablar. Asustada por mi tono, Xiu tomó
asiento y se quedó esperando a que le comentara qué era lo que me pasaba. No
tuve que esforzarme mucho para observar la inquietud con la que aguardaba mis
palabras.</p>



<p>―Mercedes nos ha
ofrecido esta casa para que Irene y yo vivamos con ella. Como vivo en una
residencia de estudiantes, lo lógico sería aceptar… pero en mi caso tengo mis
dudas y quiero hacerte una propuesta.</p>



<p>―Usted me dirá―
sonrió al ver que sus temores se desvanecían.</p>



<p>―Como, al fin y
al cabo, esa rubia es la guarrilla de Irene, no quiero depender del humor con
el que se levante y por ello, me gustaría contar con tu casa en el caso que
esas dos se enfaden y nos echen de aquí.</p>



<p>―No entiendo,
¿me está pidiendo que viva aquí con usted pero que no deje el piso donde vivo
por si lo necesitamos?</p>



<p>―Así es―
repliqué.</p>



<p>Abriendo los
ojos de par en par, respondió llena de alegría:</p>



<p>―No hay cosa que
desee más que poder demostrar a mi señor que puedo ser su esclava veinticuatro
horas al día.</p>



<p>Preocupado por
la vaguedad de su respuesta, le pedí que respondiera claramente a mi pregunta. </p>



<p>Agachando su
mirada, Xiu contestó:</p>



<p>―Me encantaría
vivir a su lado. Donde y con quién me da igual, solo me importa el poder servirle.</p>



<p>Solté una
carcajada al escuchar su entrega y respondí:</p>



<p>―Vamos a probar
vivir con Irene y su putita. Si no nos gusta o no nos sentimos cómodos, cogemos
nuestras cosas y nos vamos a tu casa. ¿Te parece bien?</p>



<p>&nbsp;―Sí, mi señor― contestó y con una sonrisa de
oreja a oreja, prosiguió: ― desde ahora le prometo que todas las noches, al
volver de la universidad, me tendrá lista y caliente para lo que necesite.</p>



<p>Supe que la idea de vivir junto a mí entusiasmaba a la chinita al observar cómo se alborotaba su cuerpo y cómo sus pezones se erizaban bajo la blusa con solo saber que sería mía…</p>



<p><br></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter is-resized"><img decoding="async" src="http://i.imgbox.com/adsWoCK5.jpg" alt="" width="500" height="400"/></figure></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Relato erótico: “Compañera decente se desata en la universidad 7” (POR GOLFO)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[GOLFO]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Feb 2026 14:41:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[dominación]]></category>
		<category><![CDATA[hetero]]></category>
		<category><![CDATA[lésbico]]></category>
		<category><![CDATA[GOLFO]]></category>
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					<description><![CDATA[        ―No espero a nadie― comentó la profesora cuando Irene la miró.         ―No la mires a ella, es una sorpresa que traigo para ti― contesté muerto de risa.         Mi compañera y novia no esperó una explicación y saliendo como dios la trajo al mundo, fue a ver en qué consistía, pero justo cuando iba a abrir la puerta se percató de que andaba desnuda y por eso tuve que ser yo quien lo abriera. Ni que decir tiene que Irene creyó que la preciosa chinita que estaba plantada esperando que la dejásemos entrar le traía el regalo y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">        ―No espero a nadie― comentó la profesora cuando Irene la miró.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">        ―No la mires a ella, es una sorpresa que traigo para ti― contesté muerto de risa.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">        Mi compañera y novia no esperó una explicación y saliendo como dios la trajo al mundo, fue a ver en qué consistía, pero justo cuando iba a abrir la puerta se percató de que andaba desnuda y por eso tuve que ser yo quien lo abriera.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Ni que decir tiene que Irene creyó que la preciosa chinita que estaba plantada esperando que la dejásemos entrar le traía el regalo y no que ella misma era la sorpresa.  Por eso no supo qué decir cuando Xiu arrodillándose ante mí me rogó que le presentara a la que iba a ser su dueña. Haciéndola pasar, la tomé de la cintura y acercando mi boca a la suya, mordí sus labios mientras con las manos le quitaba el abrigo que llevaba.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Viene desnuda! ―  exclamó mi novia al verlo caer.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Riendo, contesté:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―No es cierto, fíjate bien. Lleva una gargantilla un tanto especial.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Cogiendo a la oriental del collar, la llevé a donde permanecía Irene completamente alucinada y una vez ahí, le pedí que leyera la inscripción que había grabado en él. La sumisión y servidumbre que demostró la recién llegada debió hacerle sospechar lo que se iba a encontrar, pero no por ello al leer el mensaje que llevaba en el cuello, dejó de exclamar impresionada que esa monada fuese mi esclava.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―No podía ser menos que tú, amorcito. Pero no te preocupes, ya le he dicho que a partir del momento en que te la presenté ella también será tuya.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Tal y como había previsto, saber que podría usar a su antojo ese precioso ejemplar de mujer la alegró y mas cuando sin preguntar su opinión, de una de las bolsas que acababa de traer la chinita saqué unas esposas y con ellas, la até a una columna.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Impresionada por que se dejara colocar en esa postura, se aproximó a ella y tomándola de la melena, le preguntó:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Puta! Según mi novio, estás dispuesta a entregarte a mí. ¿Es eso verdad?</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Xiu con una extraña alegría en su rostro, no dudó en contestar:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Lo que mi amo decide para su núli es ley.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/8/0/8/4/80849/1/I/4/i/1I4is/SexArt_Henkea_Vanda-B_low_0026.jpg" width="424" height="637" />Al escuchar su respuesta, se puso a observarla y sin importarle que ella estuviera presente, me preguntó si podía examinarla. Al decirle que sí, con un fulgor en sus ojos, se acercó a ella y me comentó que la muchacha era una perra muy bien enseñada.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Lo sé ― respondí llevando una de sus manos hasta la entrepierna de la cautiva, le pedí que me dijera que le parecía nuestra nueva posesión.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Con un extraño fulgor, usó sus dedos para jugar en el coño de la indefensa criatura, tras lo cual me cuestionó sobre Xiu y sobre si tenía permiso para estar excitada.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">«¡Tengo que comportarme como su dueño!», sentencié antes de contestar y sabiendo que no podía defraudar a ninguna de las dos, respondí:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Desde que la até a la columna, está a prueba. Como no soy yo quien la tiene que valorar, si eso la ha puesto bruta, no es mi responsabilidad sino la tuya.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Consciente de que la prueba era para ambas, Irene sonrió y obligó a la oriental a mirarla a los ojos. Xiu creyó erróneamente que quería besarla y por eso abrió sus labios para que recibir un beso.  Pero se quedó con las ganas y en vez de sus caricias, escuchó que me decía:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― Aunque un poco sosa, es una puta muy atractiva.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Ese insulto en vez de contrariarla entusiasmó a la joven atada y olvidándose que nadie le había permitido hablar, le dio las gracias diciendo:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Ama, le agradezco que me encuentre guapa.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Como única respuesta, recibió un sonoro azote en su trasero y sabiendo que no debía cometer nuevamente, se quedó callada al ver que la mi compañera quería proseguir con su inspección.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"> Desde una silla observé a Irene, deslizando su mano por el cuello de la extranjera, se ponía a masajearle los hombros y ésta, sabedora de que no debía reaccionar, apenas dio un suspiró cuando sosteniendo sus pechos en las palmas, mi novia me preguntó si sabía cuánto pesaban.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Tres cuartos de kilo cada una― respondí con una perversa sonrisa al suponer lo que iba a pasar.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Tal y como preví, no tardé en escuchar el grito de Xiu al experimentar la ruda caricia de mi amada y es que, sin cortarse en lo más mínimo, dando un duro pellizco en cada uno de los pezones de la oriental, se puso a su textura.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― No tiene malas tetas, aunque las he visto mejores― dijo sin dejar de torturarla.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Era evidente que mentía ya que los pechos de Xiu eran lo más perfectos que nunca había tenido a mi alcance, pero no dije nada y menos contesté que estaba mintiendo. La dueña del sex-shop me miró preocupada por la falta de entusiasmo que mostraba su futura dueña, pero supo que todo era un paripé al sentir que le daba un doloroso azote en sus ancas y que sin esperar a que se le pasara, mi compañera seguía auscultándola.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Bajando por su cuerpo, Irene llegó a su estómago. Allí se tomó su tiempo y recorriendo con sus dedos lentamente la distancia entre los senos y el ombligo de la muchacha me dijo emocionada al comprobar el tacto de su piel que era suave y cálido como el de la seda.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Sonreí al comprobar que ese inesperado elogio y el resto de sus maniobras, habían comenzado a afectar a la chinita y que para entonces su respiración se había acelerado al ritmo en el que Irene la acariciaba. Justo entonces, recordé a la profesora y buscándola con la mirada, la encontré escondida tras el sofá, masturbándose.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― Perdón, Amo, ¡No pude evitarlo! ― dijo la rubia al sentirse descubierta.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Cállate! ―  mostrando un enfado que no sentía, le pregunté que quién se creía para tocarse sin permiso y sin preguntar a Irene lo que opinaba, decidí castigarla con una serie de duros mandobles sobre su culo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"><img decoding="async" class="size-large alignleft" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/8/0/8/4/80849/1/I/4/i/1I4iv/SexArt_Henkea_Vanda-B_low_0028.jpg" width="424" height="637" />Mi novia únicamente se quedó mirando, pero entonces señalando a nuestra nueva sierva me soltó:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Aunque no comprendo el porqué, resulta que se ha puesto como una moto al ver como tratas a Mercedes.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Girándome hacia ella, comprobé que los pezones se le habían puestos como escarpias, síntoma inequívoco de que estaba bruta y llevando dos dedos hasta los pitones de la oriental, se los retorcí cruelmente mientras le decía a Irene qué opinaba de mi regalo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Todavía no lo sé― contestó mientras retomaba el repaso exhaustivo a su anatomía.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Al sentir que la lengua de su dueña iba recorriendo su cuerpo rumbo a su sexo, Xiu decidió facilitar la tarea y sin que nadie se lo tuviese que ordenar, abrió sus piernas de par en par. A Irene le encantó ver que mi sumisa llevaba su sexo depilado y tras comentármelo, jugueteó con los dedos en la vulva de la oriental.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Al separarle los labios, pudo comprobar que estaban hinchados por la pasión que empezaba a dominar a la oriental y desde ese momento, los toqueteos de mi novia se centraron en el clítoris de la cautiva sin saber que sorpresivamente este iba a estallar derramando y llenando de flujo sus dedos.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Viendo que estaba en buenas manos, decidí concentrarme en la otra y asiendo de la cintura a Mercedes, le pregunté cómo prefería que la tomara.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Me da lo mismo siempre que sea a lo bestia― replicó al mismo tiempo que usando mi verga se empalaba.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Me hizo gracia su actitud y premiando su entrega, me puse a castigar las duras nalgas de la madura. En un principio suavemente, pero asumiendo que no se quejaba, fui incrementando tanto el ritmo como la intensidad de mis azotes hasta convertir cada una de esas nalgadas en rudas reprimendas.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Tengo que confesar que cuando Xiu empezó a gemir siguiendo el compás de los golpes que descargaba sobre Mercedes, me costó interpretar lo que la ocurría y solo cuando llorando rogó a Irene que me imitara, comprendí que sentía envidia del castigo al que estaba sometiendo a la rubia.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Irene, ¡debes demostrar a nuestra putilla que eres merecedora de ser su dueña! ― susurré en el oído de mi novia.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Cazando al instante mi sugerencia, cogió un arnés y colocándoselo en su cintura, lo usó para empalar cruelmente contra la columna a la oriental. Ésta incapaz de repeler el ataque, se dejó llevar y a pesar de que sus sollozos eran una mezcla de dolor y de placer, supe lo mucho que estaba disfrutando al escuchar que la pedía que siguiera castigándola.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">«Joder con la chinita», pensé y sin darme cuenta hasta donde eso me excitaba, me dediqué a disfrutar de la rubia mientras le decía a Irene que su cachorrita estaba a punto de alcanzar otro orgasmo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― No tienes permitido el correrte, ¡esclava! ― ordenó haciendo énfasis en esta última palabra.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Mordiéndose los labios, Xiu reprimió su calentura. Curiosamente mi novia al ver que estaba agotada, la dejó descansar. Sin nuevos azotes, nuestra nueva adquisición consiguió irse relajando progresivamente mientras su dueña se ponía a verificar los daños.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Tienes el culo amoratado, pero nada que no se cure en un par de días― riendo comentó mientras proseguía con el examen que había interrumpido con el inminente orgasmo de la joven.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Señora, si lo tengo morado no se debe a sus golpes sino a los que esta tarde mi amo me dio mientras me hacía suya por primera vez.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Mi novia había supuesto erradamente que la relación mía con la oriental venía de lejos. Por ello le sorprendió escuchar de sus labios que solo llevaba unas horas siendo de mi propiedad.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¿Hoy es vuestra primera vez? ¿No me estará mintiendo? ― preguntó mirándome a los ojos.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Al explicarla que nunca la había visto hasta entrar a ese sex-shop a comprar los juguetes que me pidió, sonrió. Ya sin ningún rastro de celos, usó los dedos para separar los duros y tersos cachetes que formaban su trasero.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡No puede ser! ― exclamó al aparecer ante sus ojos un esfínter rosado, que, tras examinarlo, confirmó que era virgen y que ningún pene había hollado su interior: ― ¿Nunca has practicado el sexo anal? ¿Verdad zorra?</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Avergonzada, bajó sus ojos y respondió temiendo la reacción de la morena:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Se lo daría a usted, pero ya se lo he ofrecido a mi dueño.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Irene, aprovechando que seguía atada a la columna, la besó mordiendo sus labios y le comentó que quería estar presente cuando su querido amo la estrenara.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―No soy yo quien puede decidir eso― asustada Xiu replicó.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/8/0/8/4/80849/1/I/4/j/1I4j4/SexArt_Henkea_Vanda-B_low_0055.jpg" width="424" height="637" />No me costó comprender que siendo ella también virgen por su entrada trasera, quería ser testigo de su estreno para así decidir si daba ella ese paso o lo dejaba para más tarde. Fijándome en su cara supe que Irene estaba asustada y por ellos después de pensarlo unos segundos, intervine diciendo a Mercedes:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― Desátala y llévala hasta una cama.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Nerviosa, la madura miró a su dueña pidiendo que le diera instrucciones. Ésta, entusiasmada por la perspectiva de ver como estrenaba a la oriental, contestó:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¿Qué esperas? ¿No has oído que te ha ordenado llevarla a una cama?</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Bajando su cara y con ganas de llorar por el tono que había usado con ella, Mercedes preguntó a cuál de los cuartos tenía que llevarla.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Al que usaremos tu dueño y yo mientras vivamos aquí, ¡zorra!</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Sin nada que hacer ahí, fui a mi baño y cogiendo una crema hidratante hecha a base de aceite, pedí a mi novia que me llevara a la habitación que había elegido. Irene muy nerviosa me llevó a un enorme cuarto del segundo piso donde al entrar observé sobre la cama, que habían vuelto a atar a mi sumisa con las manos a su espalda.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"> Me intrigó saber quién había decidido colocarla así pero no por ello me extraño cuando pregunté quien había tomado esa decisión, oír que había sido la propia sumisa quien se lo había pedido a Mercedes. No sé si fue la cara de deseo de la profesora o el morbo que me daba hacer y ver algo diferente en materia sexual, pero lo cierto es que en ese momento se me ocurrió que, aprovechando que seguía con el arnés puesto, Irene pudiese saber que se sentía al sodomizar a alguien antes de que yo le rompiera el culo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Túmbate al lado de la otra putita― pedí a Mercedes y sacando de la bolsa, otras esposas, le até las manos a la espalda.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">La sonrisa de la rubia contrastó con el nerviosismo que mostró mi novia cuando teniendo a las dos sumisas atadas de la misma forma sobre el colchón, le ordené que debía imitar todo lo que yo hiciera.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">En silencio, cogí dos botes de crema y le di uno a ella, tras lo cual, poniéndome detrás de Xiu, extraje una buena cantidad de lubricante y lo coloqué sobre su intacto hoyo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Haz tú lo mismo – ordené.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Me agradó confirmar que no ponía reparo en imitarme al ver que extendía la crema por las rugosidades del ano de nuestra profesora mientras yo hacía lo propio.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Es importante lubricar bien un ojete antes de intentar siquiera manipularlo― señalé recorriendo el esfínter de mi nueva sumisa con mis yemas.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Siguiendo mis instrucciones embadurnó a conciencia el ano de la profesora antes de atreverse a introducir un dedo en su interior.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―No seas tan cuidadosa, el culo de tu puta hace mucho que dejó de ser virgen― comenté muerto de risa.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Al oírme, Irene no solo metió uno, sino que excediéndose a lo que la prudencia pedía, usó tres de sus dedos para sodomizarla. Curiosamente, Mercedes reaccionó bien y riendo le dijo a su dueña que estaba lista para ser tomada.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"> ― ¿Qué hago? ― me preguntó.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Dudé qué contestar al saber que el trasero Xiu todavía no estaba preparada para recibir mi verga, pero viendo que de nada servía que la profesora se enfriara, respondí:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Rómpele el culo. ¡Lo está deseando!</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Obedeciendo mi orden, colocó la punta del pollón de plástico que llevaba adosado en la entrada trasera de la rubia y ejerciendo una lenta presión con sus caderas, consiguió hundirlo unos centímetros en el culo de Mercedes, la cual, insatisfecha por la lentitud con la que la tomaba, se echó hacia atrás con violencia, acuchillando su trasero al hacerlo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―No tenga miedo. Tengo un culo resistente― gritó dejando claro que deseaba ser enculada en plan salvaje.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Mi novia comprendió cual debía ser su papel y sin que yo se lo tuviese que explicar, cogió a su sumisa de la melena y usándola a modo de riendas, comenzó a cabalgarla mientras con las manos la azuzaba que se moviera con duros azotes.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Así se hace― comenté.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Al contrario de lo que sucedía a mi lado, decidí que al ser la primera vez de la oriental debía de ser cuidadoso y por ello, delicadamente introduje un dedo dentro de ella mientras la acariciaba.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">        Xiu se puso tensa al sentir que mis yemas recorriendo su esfínter y por ello, le susurré en el oído que estuviera tranquila porque no pensaba romperle el culo hasta que supiera que estaba lista.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Gracias, mi señor― contestó.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"><img decoding="async" class="size-large alignleft" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/8/0/8/4/80849/1/I/4/j/1I4jH/SexArt_Henkea_Vanda-B_low_0086.jpg" width="424" height="637" />Tal y como había previsto, los músculos de esa monada se contrajeron al experimentar la acción de una de mis yemas entrando. Cualquier otro se hubiese asustado viendo su dolor, pero no fue mi caso y sin sacarla con movimientos circulares fui relajando ese virginal hoyuelo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">No tarde en ver que iba cediendo la presión que ejercía su ano sobre mi dedo y aumentaba el placer que sentía. Entonces al percibir que estaba preparada, metí otro más en su interior mientras que, con la otra mano, le pellizcaba su pezón izquierdo.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Me gusta! ― gritó.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">«Está disfrutando», pensé al escucharla y sustituyendo mis dedos, coloqué la punta de mi glande en su abertura.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Dime cuando quieres que empiece.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Su núli desea sentir a su amo― contestó.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Por lo quedando un pequeño empujón, embutí mi capullo en su interior.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Dios! ― gimió al experimentar el primer dolor.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">No sé como pude ser capaz de oírla, tomando en cuenta que, en ese preciso instante, los gritos de placer de Mercedes y el ruido de los azotes que estaba recibiendo eran ensordecedores.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Fóllate a tu puta de una vez o tendré que hacerlo yo― comentó a mi lado Irene.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">El fulgor de sus ojos me confirmó que esa amenaza iba en serio y no queriendo que me sustituyera, puse mis manos en las caderas de la pequeña oriental y tirando de ellas hacía mí, se lo clavé por entero.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Mi señor― sollozó la morenita al sentir que su trasero había absorbido por completo mi miembro― ¡me duele!</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Tranquila! ―  ordené temeroso que intentara librarse de mi ataque― ¡Estate quieta mientras te acostumbras! ¡Pronto se te pasará!</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Con lágrimas en los ojos, señal del sufrimiento que mi pene le causaba al romperle el esfínter, me obedeció y permaneció inmóvil, sin quejarse. Por mi parte esperé a que su culo se adaptara a esa invasión antes de con cuidado empezar a sacárselo lentamente.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"> Al hacerlo así, pude notar sobre toda la extensión de mi sexo cada una de las rugosidades de su anillo y sin haber terminado, volví a metérselo centímetro a centímetro.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Me gusta! ¡Mi señor! ― recalcó alegremente cuando repitiendo esta operación, aceleré el ritmo paulatinamente.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Para entonces Mercedes estaba desbocada y chillando pedía a su dueña que incrementara la violencia de su cabalgar al comprobar que mi compañera estaba más atenta a lo que ocurría con la chinita. Al percatarme de ello y sin dejar de sodomizar a mi sumisa, la dije muy enfadado que, debía domar a su montura, no fuera a ser que se le volteara las tornas.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Haciéndome caso, con renovado ímpetu, azotó las nalgas de Mercedes mientras la sodomizaba. Viendo que las cosas volvían a su lugar, pude concentrarme en Xiu y me gustó comprobar que el dolor casi había desaparecido y con cada envite, era mayor el placer de la oriental.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― Mi núlí tiene un culo estupendo― susurré en su oído y deseando hacerle saber que su destino era mío, le dije que si el negocio le iba mal bien podía venderlo en el sex-shop y así pagar el alquiler.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― Gracias, amo. Pero es usted el único que decide sobre mi cuerpo y si cree que debo venderme como vulgar puta, dígamelo, pero ahora, ¡mónteme más rápido! ¡Por favor!</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;"><img decoding="async" class="size-large alignright" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/8/0/8/4/80849/1/I/4/j/1I4jQ/SexArt_Henkea_Vanda-B_low_0094.jpg" width="424" height="637" />Solté una carcajada al escuchar su descaro y acelerando mi trote, lo convertí en un galope desenfrenado mientras Xiu ya no se quejaba de dolor y si algo salía de su garganta eran gemidos de placer al sentir que mis huevos rebotaban contra sus nalgas.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Para no haberlo practicado nunca, te gusta una barbaridad ― descojonado comenté al tiempo que, con intención de profundizar mis cuchilladas, me agarraba a sus pechos para usarlos como anclaje de mis ataques.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">El cambio de posición resultó que era mejor ya que en esa postura mi pene entraba más profundamente. Fue entonces cuando la cueva de la chinita explotó, encharcando todo a su alrededor.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Al sentir Irene el flujo de Xiu salpicándola, se olvidó de lo que hacía y saliendo del culo de Mercedes, se lanzó en tromba sobre el sexo de la oriental mientras la rubia gritaba insatisfecha. Comprendiendo que nada podía hacer por ayudarla, le ordené que le comiera los pechos a mi sumisa.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Supe que había hecho lo correcto al ver que mi profesora se ponía a mordisquear a Xiu sus pezones y que esta al experimentar ese triple ataque coordinado contra ella, con su cara brillando de alegría, me soltó:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">― ¡Amo! ¡Gracias por permitirme ser suya! ―  tras lo cual cayendo desplomada sobre el colchón se puso a convulsionar de placer.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Observando su estado y recordando lo sucedido entre Irene y la profesora, decidí que debía poner orden y sin preguntar a mi novia, la coloqué sobre mis rodillas y dejé caer sobre sus ancas una serie de duros azotes mientras le decía que no se podía dejar a una sumisa a medias.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Para mi sorpresa, no solo no se quejó, sino que, girándose hacia mí, contestó:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Yo también quiero que me trates como tu puta.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">Viendo lo poco que le importaba mi opinión, decidí hacerla caso y dirigiéndome a Mercedes, le ordené que me preparara a la nueva sumisa. La profesora sonrió y cogiendo del pelo a la que había sido su dueña, respondió:</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">―Usted descanse mientras preparo el segundo culo que esta noche ha de desflorar.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">-Espera un momento, antes necesito que hagas otra cosa- dije a la mujer y señalando mi verga todavía tiesa, le ordené que me la comiera porque no era lógico que teniendo a tres putas a mi disposición todavía no me hubiese corrido.</span></p>
<p><span style="font-size: 20px;">



</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 20px;">-Será un placer, ordeñarle. Querido amo&#8230;.</span></p>
<p><img decoding="async" class="size-large aligncenter" src="http://ist2-2.filesor.com/pimpandhost.com/8/0/8/4/80849/1/I/4/k/1I4kb/SexArt_Henkea_Vanda-B_low_0105.jpg" width="600" height="400" /></p>
<p><span style="font-size: 20px;">


<p></p>]]></content:encoded>
					
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