Capítulo 11

En su choza y por primera vez en once noches, disfrutamos de la comodidad de un colchón, pero no por ello pudimos descansar porque Iv no nos dejó. Al igual que en la tarde, se mostró insaciable y alternando sus caricias entre los tres, no cejó hasta dejarnos totalmente exhaustos. Le dio igual que fueran mías o de mis compañeras el cuerpo con el que disfrutar, desplegando una pasión sin límite buscó con denuedo el placer.

―Joder con la pelirroja, no se corta un pelo― llegó a decir mi prima cuando nada más terminar de ordeñarme por enésima vez, Iv se lanzó en picado entre sus muslos sin pedirle opinión.

Rocío tampoco se libró de sus atenciones porque la náufraga no dudo en saborear y recrearse repetidamente en el coño de la morena, devolviendo así con creces el orgasmo que ésta le regaló al conocerse.

        Por ello no me extrañó que a poco de amanecer me despertara acariciando mi pene. Todavía medio adormilado abrí los ojos y observé a la francesa, a mis pies, lamiendo mi glande mientras me agarraba la verga entre sus dedos.

«Esta tía me va a dejar seco», murmuré para mí al advertir que esa mujer no había tenido bastante con la maratoniana sesión de sexo de la noche anterior y que a pesar de los múltiples orgasmos que obtuvo de los tres, seguía sedienta de caricias.

He de reconocer que me impresionó la expresión de deseo con la que esa pelirroja se apoderaba de mi miembro y recordando lo que para ella significaba el contacto humano, en silencio y sin moverme, disfruté de los tiernos y sensuales lametazos con los que obsequió a mi extensión.

Para su regocijo, sus mimos fueron despertando al monstruo y ella, al comprobar que poco a poco mi pene iba creciendo, se puso a reír como si estuviera haciendo una travesura.

― ¿Qué es lo que encuentras tan divertido? ― pregunté.

Entornando sus ojos en plan coqueto, respondió:

―Tu sexo se alegra de verme y eso me hace feliz.

La alegría que sentía al tener mi erección entre sus manos me enterneció y atrayéndola hacia mí, me apoderé de sus labios con la intención de alargar los prolegómenos porque sabía que, si la dejaba, no tardaría en empalarse con ella.

Si con caricias ella había despertado mi pene, el sentir mi lengua jugando con la suya resucitó a la bestia y aprovechando que estábamos desnudos, comenzó a rozar su cuerpo con el mío mientras usaba sus manos para acariciar suavemente mis testículos. Confieso que ni siquiera tuve que tocarla para que esa mujer se pusiera como una moto, como tampoco hice nada para forzar que frotando su sexo en mi pierna se empezara a masturbar.

― ¡Fóllate a esta zorra! ¡Demuéstrale que es tu hembra! – chilló usando las soeces expresiones que había escuchado de Rocío.

Me hizo gracia lo rápido que aprendía y llevando mis dedos hasta su coño, descubrí que estaba empapada. Al sentir mis yemas, se puso a jadear y moviendo sus caderas, buscó mis caricias con decisión.

―Rómpele el culo de una puta vez para ver si así nos deja dormir― escuché a María decir cabreada desde el otro lado de la cama.

―No seas bruta, todavía tiene mucho que disfrutar antes de entregarme su trasero― contesté descojonado.

Lo que nunca me imaginé es que Iv al oír nuestra conversación, me preguntara que era eso romperle el culo. Por experiencia, sabía su tendencia a entender todo de modo literal y por ello decidí medir mis palabras para explicarle que era lo que significaba.

―Como habrás visto hay muchas formas de hacer el amor y una de ellas es que el hombre meta su virilidad dentro del culo de una mujer.

Escandalizada, creyó que nuevamente la estaba tomando el pelo porque según ella ese agujero solo servía para cagar.

―Te equivocas― repliqué― aunque al principio duele, se puede disfrutar mucho por vía anal.

―No te creo. Puedo ser novata, ¡pero no tonta!

―Va en serio. A Rocío, por ejemplo, es su forma preferida de hacer el amor.

Que a una de ellas le gustara, la hizo dudar y cuando ya creía que iba a pasar página, olvidándose del tema, se puso a cuatro patas sobre el colchón, diciendo:

― ¡Demuéstramelo!

Verla separándose los glúteos con sus manos mientras me exigía que la convenciera de era posible sentir placer por su entrada trasera, fue una tentación demasiado atrayente para dejarla pasar. Por ello, acerqué mi boca y sacando la lengua empecé a recorrer los bordes de su ano mientras acariciaba su clítoris con mi mano.

―Estás haciendo trampas― protestó― las cosquillas que siento son porque me estás tocando el coño.

Aunque tenía algo de razón, corté de cuajo sus quejas diciendo:

―Déjame hacer y luego te permito que critiques lo que quieras.

Me dio la razón y volviendo a su postura inicial, me permitió seguir jugando con su ojete mientras la masturbaba. Como había previsto, Iv no tardó en ponerse cachonda y eso lo aproveché para introducir mi lengua en su interior con el objetivo de ir lubricándolo sin que se diese cuenta.

―Es agradable― comentó menos segura de su posición al sentir que un calor diferente se iba apoderando de su cuerpo.

Sin ningún lubricante que hiciese menos doloroso su estreno, me entretuve relajándolo con la boca mientras la pelirroja empezaba a sentir cómo los primeros síntomas de placer la forzaban a exigirme que me diese prisa.

―Todavía no estás lista― dije al ver que esa rosada entrada seguía demasiado cerrada para ser traspasada.

Sabiendo que podía desgarrarla si metía mi pene, comencé a follarla con la lengua. Mis maniobras provocaron que gimiendo de gozo me chillara que la estaba entusiasmando. Dando el siguiente paso, introduje uno de mis dedos con la intención de relajarla, lo que me hizo comprobar que seguía totalmente tensa.

En mi desesperación, la pregunté si no tenía crema, aunque sabía que era imposible. Iv, muerta de risa, me contestó que para qué la quería. Al explicarle que necesitaba algo con que lubricarla, me soltó:

― ¿Te serviría un poco de miel?

Al ver la enorme sonrisa que iluminó mi cara, comprendió que servía y levantándose de la cama, fue a una esquina de la choza y volvió con un trozo de panal repleto de ese empalagoso néctar.

Estaba a punto de arrebatárselo, cuando a mi espalda escuché:

―Déjame que te ayude.

Sin esperar mi respuesta, Rocío cogió el panal mientras pedía a la francesa que se volviese a colocar a cuatro patas. Esta obedeció y nuevamente, usó sus manos para separarse las nalgas.

―Tienes un culo precioso― comentó impresionada la morena al verla en esa posición: ―Me gustaría haber nacido hombre solo para poder ser yo quien te lo rompiera.

El descriptivo halago alentó la curiosidad de Iv por saber que se sentía y dándole las gracias, le pidió que comenzara. Rocío obedeció y cogiendo una cantidad excesiva de miel entre sus dedos, untó su ano para acto seguido comenzar a relajar el cerrado esfínter de la pelirroja.

―Cabrona, eso no es mi culo― protestó al sentir que la muchacha aprovechaba el sobrante para embadurnar su sexo.

―Era una pena que se desperdiciara― replicó muerta de risa la morena mientras introducía dos yemas en su entrada trasera― y no hay nada de malo en endulzar el conejo que me voy a comer.

El ser penetrada por detrás le causó una rara pero placentera sensación y ya convencida de que quería probar lo que se sentía al ser usada de esa forma, me rogó que empezara y sabiendo que no tardaría en hacerle caso, apoyó su cabeza en la almohada mientras levantaba su trasero.

        Al acercarme, pude comprobar que los muslos de la mujer temblaban cada vez que Rocío introducía las falanges dentro de su culo. Ella debió pensar lo mismo porque, más seguro de lo que hacía y dándole un azote en una de sus nalgas, metió un tercer dedo en su orificio.

― ¡No puede ser que me guste tanto! ― aulló al sentir la violación de la que estaba siendo objeto su trasero y completamente excitada por fin, llevó las manos a sus pechos para irse pellizcando los pezones mientras la morena la empezaba a masturbar.

Ese doble estimulo, la hizo correrse sonoramente y creyendo llegado mi momento, embadurné mi órgano con miel antes de llevar y mi glande ante su entrada: 

― ¿Crees que ya está lista? ― pregunté a Rocío al ver que se tumbaba bajo Iv con la intención de comerle el coño.

La francesa ni siquiera esperó a que mi amiga contestara y llevando su cuerpo hacia atrás lentamente fue metiéndoselo. La lentitud con la que lo hizo me permitió sentir cada rugosidad de su ano apartándose ante el avance de mi miembro.

Demostrando una entereza que me dejó acojonado, sin gritar, pero con un rictus de dolor en su cara, siguió empalándose hasta que se sintió llena. Entonces se permitió quejarse del sufrimiento que estaba experimentado.

― ¡Cómo duele! ― exclamó adolorida.

―Tranquila, se te pasará― dijo Rocío al tiempo que comenzaba a lamer su clítoris.

Venciendo las ganas que tenía de empezar a disfrutar de culo de la francesa, esperé que fuera ella quien decidiera el momento, sabiendo que mi amiga no dejaría que se enfriara. Tal y como había previsto, la morena viendo su sufrimiento aceleró las caricias sobre su clítoris y en menos de medio minuto, Iv se había relajado y girándose hacia mí, me rogó que comenzara a cabalgarla. 

Su expresión de deseo me terminó de convencer y con ritmo pausado, fui extrayendo mi sexo de su interior. Casi había terminado de sacarlo cuando la pelirroja con un movimiento de sus caderas se lo volvió a introducir. Poco a poco, el compás con el que nos meneábamos se fue acelerando, convirtiendo nuestro tranquilo trotar en un desbocado galope, donde ella no dejaba de gritar al sentirse empalada y mamada a la vez.

― ¡Me estás rompiendo! ― chilló― ¡Pero sigue! ¡Me está gustando!

―Ya te dije que te gustaría, ¡putita mía! ― contesté satisfecho al tiempo que le daba un azote. 

        El gemido de placer que brotó de su garganta me convenció de completar su estimulación a base de nalgadas y alternando de una a otra, le fui propinando sonoros manotazos cada vez que sacaba mi pene de su interior.

Iv ya tenía el culo completamente rojo cuando empezó a estremecerse al sentir los síntomas de un orgasmo brutal. Fue impresionante ver a esa pelirroja, temblando mientras no dejaba de pedir que siguiera follándomela.

Rocío al oír que el placer desgarraba su interior, llevó las manos hasta sus pechos y cogiendo sus pezones, los pellizcó mientras mordisqueaba el erecto botón que tenía entre sus pliegues. La unión de dolor y placer hizo que la francesa perdiese el control y agitando sus caderas, se corrió. El enorme caudal de flujo que cayó sobre la cara de Rocío empapó sus mejillas y como si estuviera muerta de sed, se puso a beber la dulce mezcla de miel y pasión que brotaba de la pelirroja.

 La avidez con la que le devoraba el sexo fue el acicate que me faltaba y olvidándome que para Iv era su primer anal, empecé a usar mi pene como si de un cuchillo de se tratara y cuchillada tras cuchillada, fui violando su intestino mientras la francesa no dejaba de aullar desesperada por el gran placer que estaba disfrutando.

Mi orgasmo fue brutal y mientras vertía mi semilla en el interior de sus intestinos, sentí que había hecho mis deberes al haber conseguido explicar a esa mujer que era eso de romperle el culo y que encima disfrutara con ello…

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